N/A: Si, Azul se quedó con las dos…¿O ellas capturaron a Azul?...


Capitulo VIII

Atrapado

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La señora Ashengrotto camino temerosa por los pasillos de la escuela, había recibido un mensaje de que su hijo se metido en problemas y de inmediato aquello la puso alerta, Azul nunca causaba estragos, era un niño tranquilo, callado y educado, si le pasaba algo no solía compartirlo (como los conflictos con sus compañeros de los que ella ya tenía conocimiento y había insistido en hablar pero su pequeño era tan terco como su progenitora y los negaba) así que la idea de que se viera involucrado en tal suceso era alarmante.

Con cuidado de coordinar sus ocho tentáculos y bajo la mirada curiosa de los niños (las sirenas pulpos eran muy poco comunes en aquella zona del mar) se dirigió a la dirección. No negaría que cuando observó aquella puerta su mano tembló antes de llamar y al escuchar el "Adelante" sintió como si los ocho corazones (con los cuales no contaba), se aceleraban.

"Permiso, buenas tardes"

Sus ojos recorrieron la sala hasta llegar a su hijo y al encontrarlo su instinto de madre la llamó a protegerlo (justo como cuando estuvo embarazada y por fin lo tuvo en sus brazos, sano, salvo y *vivo) pero debía ser prudente, era un adulto y era su deber comportarse.

Por su parte, notó como su hijo bajaba la mirada y sus tentáculo se contraían, seguro estaba avergonzado, pobre, casi notaba la tinta que luchaba por derramarse de esos hermosos ojos azul cielo.

"Tome asiento por favor"

La voz del director la hizo salir de su estado ansioso y con cuidado se acercó, había una sillaalado de Azul y otras tres más, al acercarse tuvo cuidado con sus tentáculos y aprovecho el largo de estos y su cantidad para acerca la punta de uno a su pequeño y unirlos con el de él en una señal de consuelo, el menor se sorprendió pero no levantó la mirada.

"Lamento los inconvenientes señora Ashengrotto pero como verá..."-la postura del director era rígida, además de que se notaba nervioso, lo cual, era extraño - "tuvimos un pequeño incidente"

La madre de Azul sonrió y negó, tratando de darle un poco de consuelo a aquel anciano, aunque en su corazón ardió una llama de rencor al recordar que muchas veces se había detenido de presentar sus reclamos a la institución por el trato que le daban a su hijo sin embargo su esposo le recomendó el no meterse en problemas (principalmente por la beca).

Era hasta ahora que al mencionar la problemática su mirada vagó por la sala y se percató de que no estaban solos, que había dos personas más en la habitación, al principio se hizo extraño aquel silencio, pero ahora entendía porque, las otras dos criaturas acechaban a su hijo.

En las otras dos sillas continua a Azul había tres más y dos de estas se encontraban ocupadas por un par de sirenas, sus colas apenas daban en el lugar y estaban entrelazadas, a primera vista era como mirar un espejo pero no, eran dos niñas quienes estaban observando de manera penetrante a su hijo, una con una sonrisa calmada y otra con unos ojos de aburrimiento pero, lo increíble de eso, es que ambas no dejaban a Azul, incluso cuando las vio, ellas le regresaron la mirada (de una interesante heterocromía) pero aquella batalla no duró mucho antes de que sonrieran y volvieran a prestar atención a su hijo antes de compartir algunos murmullos.

La señora Ashengrotto en ese instante sintió deseos de tomar a su hijo y sacarlo de ahí, su tentáculo se apretó alrededor de su retoño y este de inmediato notó el cambio, sus ojos azules y brillantes la miraron y su pequeño y regordete tentáculo acarició el suyo, entregándole cierta tranquilidad misma que la mujer agradeció aunque percibió que las morenas también lo notaron, para ese entonces la señora Ashengrotto quería acabar con aquello pero justo cuando iba a hablar, la puerta volvió a abrirse.

"Permiso, perdonen la tardanza"

La voz grave de un hombre le llegó a los oídos y un brusco cambio de temperatura le indicó la presencia de una criatura de gran tamaño, al regresar la vista apretó su bolso ante la magnitud de aquel ser, si bien, cuando observó a las niñas notó la amplia extensión de sus colas, al ver a su padre se quedó sin aliento, dos metros de puro músculo y fuerza bruta que estaba segura podría aplastar a cualquiera y una fila de caninos afilados listos para arrancarle un pedazo a alguien, los deseos de llevarse a su hijo aumentaron, pero apretó su bolso y se contuvo antes de soltar su tinta (un mecanismo de defensa muy común en ellos).

Su primogénito notó el cambio en su madre y su tentáculo se enredó aún más en el suyo sacándola de su ataque de pánico, para cuando su postura volvió a la normalidad, el hombre ya se encontraba sentado a lado de sus hijas y acariciando el cabello de ambas.

"Bien director, ¿A qué se debe esta sorpresiva llamada?"

La señora Ashengrotto de inmediato notó el cambio en el ambiente y el temblor en las manos del anciano, casi deja caer su plum, pero logró disimularlo y apoyándose en la mesa como un método para mantenerse firme, hasta ese momento la madre de Azul decidió mantenerse callada, dispuesta a escuchar lo ocurrido y acabar de una vez por todas aunque las presencias a lado suyo fuera poderosas.

"Pues verá señor Leech..."

"Quiero que sepa que he estado muy ocupado estas semanas y no me gusta desperdiciar mi tiempo, mis hijas ya lo saben"

Aquel comentario fue cortante y notó como la mano que se apoyaba en la cabeza de una aumentaba la presión sin embargo la niña no se quejó, soltó una mueca pero permaneció callada, la señora Ashengrotto no aguantó aquello y desvió la mirada mientras las ganas de huir se hacían más presentes

"Papá, solo estábamos jugando"

Esta vez fue la niña de ojos caídos, aquella que se encontraba junto a Azul quien alzó la voz, en su cara había un mohín y sus ojos se desviaron a su hijo el cual se contrajo en su lugar.

"Es culpa de Azul-chan por no querer jugar con nosotras, ¡Es un grosero!"

"¡No es cierto!"

Su hijo pareció no medir las consecuencias y alzó la voz pero, al ver la mirada que le dedicó el padre de las gemelas (si, ahora entendía porque parecían un espejo, eran idénticas) se quedó callado. La mano del mayor dejó el cabello de su hija quien pareció relajarse pero se puso alerta cuando su padre se dirigió a ella.

"Jade, ¿Podrías explicar que sucedió"

La niña que parecía más tranquila, asintió y con una risita empezó a explicar la situación.

"Lo que ocurre es que queríamos jugar con Azul pero una compañera lo estaba molestando, así que Floyd se enojó y lo marcó"

"¿Marco?"

Era la primera vez que la señora Ashengrotto hablaba y los ojos de las tres morenas se clavaron en ella, eso la hizo sentirse nerviosa pero no flaqueó.

"Si, lo marcó" -recalcó la menor y le dedicó una sonrisa que le dio escalofríos

El padre de estas, que hasta ahora se había mantenido en silencio la miró o más bien, la examinó detalladamente, de arriba a abajo, la señora Ashengrotto tembló ante aquellos ojos, era dorados, penetrantes, parecían hechizarte y luego a devorarte.

"La mamá de Azul-chan, ¿Supongo? Señora Ashengrotto, un gusto, soy el padre de las gemelas"

Con una voz muy cordial el mayor le extendió su mano con garras afiladas y la mujer tuvo miedo de tomarla, era como si pudiera percibir el olor a sangre de ellos, como viera el rojo flotar las puntas pero al final, correspondió y regresó el apretón aunque notó que este tardó en soltarla, su mente quiso creer que aquello había sido una jugada de su imaginación.

"U-un gusto"

Con una pequeña sonrisa alejó su extremidad aunque sus miradas continuaron conectadas, era como si él la estuviera retando y ella no pudiera escapar aunque, tampoco supo de donde salió su determinación para no ceder.

"Mamá..."

La voz sacó a ambos del concurso de miradas, Ashengrotto observó a su hijo, estaba temeroso y la veía con preocupación, ahora deseaba abrazarlo con fuerza pero aquello sería una vez que salieran de ahí y con suerte...vivos.

Al mismo tiempo la mayor también notó que en el cuello de su hijo se asomaba algo que no pudo ver porque se había encogido lo más que pudo cuando entró, era una marca de dientes en su cuello...una dentadura completa.

"¡Bueno! Entonces este solo es un incidente menor"

La forma tan animada con que el otro expresó aquello le hizo enojar, ahora entendía lo de "marcar" y no era solo un "incidente", a pesar de que la medicina cubría lo suficiente supo que su hijo sangró, que fue herido y aquello hizo hervir su sangre.

"¡Pero...!"

Estaba por reclamar pero la mirada de señor Leech la hizo callar, esos ojos dorados se clavaron más allá de su alma disipando su argumento a pesar de que el enojo seguía instalado en su corazón.

"Señora Ashengrotto, permítame le explico..."

La voz aparentaba amabilidad pero en sus ojos era palpable la amenaza (ahora entendía de donde surgía esa parte en la hija que había relatado el acontecimiento).

"Por naturaleza las anguilas solemos tener un instinto depredador, lo cual hace que sin querer seamos posesivos con algunas cosas, desgraciadamente es algo con lo que nacemos y conforme vamos creciendo aprendemos a controlarlo"-la sonrisa que estaba plantada en su cara no mostraba muestra de arrepentimiento- "Como verá mis hijas son apenas muy jóvenes y no han aprendido a controlar estas acciones y en consecuencia han dañado a su hijo ya que al parecer, lo consideran como algo suyo" -¿Suyo?-"La situación tuvo un impacto en ellas que provocó que sus instintos salieran a flote"

La explicación fue algo larga pero detallada y aunque en su mente la señora Ashengrotto sabía que nada de aquello justificaba lo ocurrido por su seguridad y la de su hijo, solo asintió pues aquellos ojos no dejaban de mirarla con insistencia.

Durante un segundo hubo silencio, la tensión cargaba el ambiente mientras el director solo los veía ambos buscando una solución, el cierre, todos deseaban huir de la sala y de aquella familia.

"Ya veo..."

"¡Si! Es culpa de Azul por preferir a esa sirena fea cara de ostra"

La voz de segunda hermana la hizo salir del trance, poco después esta fue acompañada por una risa de su padre, sin embargo los demás adultos (y Azul) no rieron.

"Floyd, quería, ya hemos hablado de esto"

La menor se cruzó de brazos y su mohín creció mientras su padre acariciaba sus cabellos, aunque la imagen podría parecer tierna todos sabían que no era así, había algo más oscuro por detrás.

"Entonces, ¿Podemos considerar esto como un accidente? La verdad tengo muchos asuntos que atender y esta reunión se ha alargado, supongo que para no dar más vueltas señor director, no permitirá retirar a nuestros hijos ¿no?"

El hombre mayor reaccionó al ser mencionado y solo asintió aunque no dijo más, permaneció en silencio.

"Entonces señora Ashengrotto, una disculpa"

Observó al mayor inclinarse y a sus hijas igual (una primero ya que la otra tuvo que pellizcarle el brazo su hermana para que dejara su berrinche e imitara a su padre) pero la disculpa le dejó un sabor amargo.

"Bueno, creo que es hora que nos vayamos, Floyd, Jade"

Tanto el mayor como las menores se pararon y se dirigieron a la puerta sin embargo antes de salir, se volvieron para despedirse, el padre sostenía una mano de cada hija.

"Muchas gracias por su comprensión, esperemos esto no vuelva ocurrir, un gusto señora Ashengrotto, ojalá no encontremos en mejores circunstancias, adiós"

"¡Bye Azul-chan!"

"Nos vemos mañana...Azul"

Con ellos, las gemelas y su padre atravesaron la puerta y dejaron un aire de tensión en toda la sala.

La señora Ashengrotto no había notado cuando paró de respirar hasta que se vio obligada a tomar una bocanada de agua, su mirada fue a su hijo y esta vez, lo notó temblar, al principio no entendió porque hasta que recapituló lo ocurrido.

"Nos vemos mañana...Azul"

Oh...ahora entendía, a su pequeño le esperaba un duro camino por delante...

"Señor Ashengrotto"

La voz del director la sacó de sus pensamientos pero al mirarlo y verlo temblar, sus labios se fruncieron en una mueca, apretándolos en una línea, no estaba lista para recibir excusas.

"Esta bien director, si me disculpa tenemos que irnos, deje el restaurante encargado con mi esposo y debe estarnos esperando"

Con ello, también se retiró, sin mirar atrás.

"Vamos Azul"

"Señora..."

Tomó la mano de su hijo y salió.

Durante el inicio del trayecto no hablaron, pero la mano de la mujer apretó la del menor, provocando que esta la mirara preocupado.

"Madre..."

"Azul"

La voz de esta lo interrumpió.

"¿Qué pasó realmente?"

Al escuchar esto el infante bajó la mirada y se mordió el labio, no había hablado para no molestar a su progenitora pero ahora no tenía más opción

"Estaba solo, escribiendo, me escondí para estar tranquilo pero unos compañeros me invitaron a jugar porque les faltaba uno, iba a aceptar pero...ellas aparecieron..."

La señora Ashengrotto entendió la situación, ahora estaba claro lo que había pasado...pero...

"¿Desde cuándo?"

"Desde que fueron trasladadas"

Así que su hijo había llamado la atención que no debía...

El camino al restaurante era corto pues se encontraba cerca, ambos mantuvieron el silencio, reflexionaron. Azul se sentía culpable, le molestaba no haber aguantado lo suficiente, que sus compañeros hubiera llamado al maestro, no haber sido capaz de decir no y que por eso lo hirieran, el no comprender que ahora pertenecía a las Leech y eso le hizo querer llorar pero, al llegar, la señora Ashengrotto se detuvo.

"¿Madre?"

Con cuidado la mayor descendió y al verla el menor se preocupó, en sus bellos labios había una sonrisa, Azul siempre había admirado lo suaves que eran estos cuando besaban sus mejillas y con aquel rojo carmín solo se resaltaban, ante sus ojos, su madre era la mujer más bella de océano y solo verla sonreír, le daba tranquilidad.

"Azul cariño, sé que es difícil pero...mami está aquí"

Las palabras llegaron al corazón de Azul y le hicieron sentir la calidez que desde lo ocurrido estaba buscado, al fin, lágrimas de tinta que estaba guardando salieron y abrazo a su madre.

"L-lo siento mami"

Su voz era entrecortada y la tinta bailaba alrededor de ellos pero a la señora Ashengrotto no le importó ahora lo único que quería era darle seguridad a su hijo y así, utilizando sus tentáculos lo acunó, formó una barrera entre ellos y el mundo.

"Tranquilo cariño, mami está aquí y lo solucionaremos"

Y es que no mentía, ella se aseguraría de que su pequeño estuviera bien, que esas anguilas no lo tocarán, después de todo era una mamá pulpo y ese instinto era natural aunque…al final, lo que no sabía, era que no podría proteger a su bebé lo suficiente.


Mientras tanto en otro lugar del océano, la familia de anguilas llegaba a casa.

El camino había sido silencioso y ambas morenas se sentían inquietas por el silencio de su padre. Al entrar y escuchar el seguro de la puerta se pusieron alertas y se tomaron de las manos.

"Así que...un pulpo..."

La voz de mayor volvió a adoptar un barítono que causo un estremecimiento en las gemelas pero no mostraron debilidad, sabían que era lo que menos debían demostrar ante su padre.

Cuando este dio la vuelta para verlas y se acercó evitaron retroceder aunque sus colas se balancearon ligeramente, para cuando este se hinco frente a ellas con una sonrisa, tragaron duro.

"Floyd, ¿Qué habíamos hablado sobre atacar demasiado pronto a la presa?"

El tono juguetón de su padre les advirtió que no se encontraba molesto y ambas sonrieron, la menor se separó un poco de su hermana y se abrazó a la cintura del mayor.

"Pero es que una maldita sirena tonta cara de ostra se lo quería llevar, era tan fea que me dieron ganas de arrancarle la sonrisa de la cara"

Ante el tono infantil que uso los demás en la sala soltaron una risita, aunque el comentario fuera inapropiado en su totalidad.

"Oh, oh, mis pequeñas sanguijuelas comen ansias"

Las manos del mayor acariciaron los finos cabellos de su hija y su sonrisa creció depredadora, mostrando sus afilados dientes sin esconder su malicia.

"Debo admitir que Azul se veía apetitoso cuando comenzó a llorar, igual sentí ganas de morderlo"

La otra gemela coincidió con su hermana y a diferencia de lo que mostraba en el exterior, ahora su sonrisa se asemejaba a la de su pariente, incluso su lengua se deslizó por sus dientes en un gesto hambriento.

"Oh mis niñas" -las manos del adulto acariciaba aquellos finos cabellos de ambas, girando entre sus dedos ese mechón que era diferente a todos los demás-"No coman ansias o lo asustaran"

Ante esto, ambas sonrieron y abrazaron a su progenitor, la familia entera parecía regocijarse ante la idea de una nueva caza.

"Azul será nuestro, no dejaremos que nadie lo toque"

Era la voz de Floyd

"Es un juguete interesante sin duda"

El mayor se alegró de escuchar que sus pequeñas practicaban su caza y aunque, la presencia de la mamá del pequeño lo hizo ponerse alerta, él se aseguraría de que no interfiriera, después de todo, le gustaba complacer a sus pequeñas aunque, tampoco creía que necesitaran su ayuda, así, la familia había hecho un pacto, que a futuro cumplirían...


Años después…

La señora Ashengrotto cargaba un pañuelo, sus lágrimas antes de tinta ahora en tierra firme eran transparente, su esposo estaba asegurándose de que todo saliera perfectamente y mientras ella observaba desde lejos el mar y a su hijo que se encontraba en medio de sus futuras esposas, con cada uno de sus brazos ocupado por la mano de estas, notó en su rostro una sonrisa elegante y el brillo feliz de su mirada, le alegraba que al final, todo hubiera salido correctamente, siempre supo que Azul podría manejar las cosas.

"Oh, señora Ashengrotto, ¿Lista para la ceremonia?"

Tan distraída se encontraba que no notó la presencia del señor Leech a su lado, se hallaba vestido elegantemente aunque en su cuello se asomaban algunas marcas de sus tatuajes.

"Señor Leech, es un placer encontrarlo ¿O debería llamarlo consuegro?"

Una risita escapó de sus labios rojos y vio al otro sonreír, después de tanto tiempo había logrado limar algunas asperezas y hallar cierta paz entre ellos.

"Oh, ¿Así que por fin lo ha aceptado?"

El comentario no era adecuado pero no cargaba con esa malicia que antes podría haber iniciado la guerra entre ambos, la señora Ashengrotto aún tenía las marcas en su hombro derecho (una pequeña línea cicatriz apenas imperceptible) de su último encuentro hace ya varios años.

"Al final, uno no puede negar el destino ¿Cierto?"

El comentario fue un tanto amargo pero ambos compartieron una sonrisa, sus ojos se encontraron en un mutuo acuerdo.

"Tengo entendido que su hijo va para su segundo negocio de restaurantes en tierra, así que puedo asumir que nada les faltará a mis hijas"

Notó el intento por cambiar la conversación y agradeció un poco esto, no quería regresar a la incomodad de antes.

"Si, es un joven inteligente, sabe manejar sus negocios"

Una sonrisa de orgullo pinto sus labios y de ahí, vino un silencio cómodo.

Ahí, frente al mar, la señora Ashengrotto sintió tranquilidad, el ver a su hijo hablar con los invitados con una sonrisa mientras se desenvolvía con facilidad le hizo sentir lejanos aquellos días donde se ocultaba en sus tentáculos, aquella época donde lo cuidaba, ahora, el podía nadar por el océano solo.

"Entonces debo tener la confianza de que mis futuros nietos estarán a salvo, ya sabe, ambas hijas mías están en encinta..."

La noticia pesó como un ladrillo en el estómago de la mujer, no era una sorpresa, ya lo sabía pero escucharlo en voz alta era algo deferente, al final, no negaría que aún tenía esperanza de que su primogénito pudiera escapar, pero con dos bebés en camino, eso era imposible, sobre todo con un padre que cazaría al bastardo que se atreviera abandonar a sus niñas y que usaría a todo su séquito en la persecución.

"Si, puede confiar en mi hijo..."

Lo notó cuando la mano de Azul se aferraba a ambas al acercarse alguien demasiado y la sonrisa de estas, el cómo a veces se acariciaban el vientre sin querer y aunque el vestido blanco disimulara, para alguien que ya había sido madre era evidente, aquellas dos morenas habían cumplido su objetivo y su hijo estaba atado a un contrato de por vida.

"Perfecto, será interesante ver como la familia Ashengrotto-Leech crece"

Notó la sonrisa de este, el cómo se burlaba de su desgracia e impotencia pero al final del día, le señora Ashengrotto había aprendido a confiar en su hijo y si este continuó con aquello es porque sabía manejar su negocio.

"Si, será interesante"

Con esto, ella extendió su mano, un acto que no solo realizaba su descendencia, al final esa inteligencia para negociar Azul la había heredado de algún lado. Por un momento observó la sorpresa en el otro pero la sonrisa regresó a su cara rápidamente y terminó estrechando su extremidad, era una alianza, un acuerdo de paz, de aceptación, pues sabían quien había ganado pero ninguno de la forma en que se planeó, ambos perdieron algunas cosas en el camino y terminaron ahí.

El saludo y encuentro de miradas se detuvo cuando escucharon el sonido de una campana, la ceremonia iba a comenzar, entonces, se soltaron, la señora Ashengrotto fingió arreglar su vestido y el señor Leech su cuello, pero después, este le ofreció su brazo a la mujer.

"¿Vamos?"

La mujer observó este gesto sorprendida pero terminó por aceptarlo y sonrió.

"Por supuesto"

Y el destino siguió corriendo...


*Vivo: la probabilidad de que un tritón pulpo nazca es muy baja y el que sobreviva es aún más baja.