Disclaimer: Tengo tanto derecho a reclamar como propios los personajes y argumento de Orgullo y Prejuicio en la misma medida que el resto de la humanidad que no es Jane Austen.

Las situaciones y diálogos, así como los personajes no mencionados en la obra original que a continuación se muestran, son producto de mi imaginación.

8


La primera semana en Hertfordshire transcurrió de forma calmada y pronto una rutina se estableció entre las casas de Purvis Lodge y Longbourn. Elizabeth continuó residiendo en la casa de los Bennet, aunque pasaba gran parte del día en Purvis Lodge conociendo a los Spencer. En algunas de esas visitas, ocasionalmente la acompañaban Jane y Mary, la segunda de ellas parecía bastante a gusto con la compañía de los gemelos Walden, quienes eran amantes de la música y estaban dispuestos a ayudarla a mejorar.

Robert se sentía más inclinado por la compañía de Elizabeth, en parte porque ella le parecía una persona agradable y en parte por motivos egoístas que incluían conocer mejor a Jane Bennet. Entre el círculo de amigos de Robert, era bien conocido el hecho de que Bingley tendía a enamorarse con facilidad y superar los tan alegados sentimientos; de igual manera, siempre le atraían el mismo tipo de mujeres, con ojos claros y cabelleras rubias. Jane no era diferente, al menos en el aspecto físico, de las mujeres que Bingley había admirado a lo largo de su vida, sin embargo, Robert la encontró como el epítome de la nobleza y la lealtad.

A diferencia de Bingley, Robert se mostró más discreto respecto a su admiración por Jane, decidido a que primero establecería una amistad con ella para ver si sus temperamentos eran compatibles. Elizabeth encontró interesante el plan de su primo, ya que frente a Jane, él era bastante controlado, pero en la ausencia de ella, no dejaba de prodigar cumplidos. Elizabeth solo esperaba que esta vez, las cosas resultasen mejor para su hermana.


Varios días después de haber llegado a Hertfordshire y confirmar la presencia de Wickham en la zona, Robert y Daniel fueron en busca del coronel Forster y Sir William. Robert había aprendido por varias fuentes sobre la reputación de Wickham como un caballero amigable que parecía tener a todo Meryton comiendo en la palma de su mano, hasta el punto de que estaba en medio de un cortejo con una señorita que había heredado unas diez mil libras de un pariente. En cuanto Robert supo esto, pidió más detalles acerca de la señorita y si ella tenía familia. La gente, con tal de congraciarse con el apuesto joven, estuvo más que dispuesta a darle la información y pronto una carta fue enviada a Liverpool para advertir a los tíos de la señorita Mary King lo que estaba sucediendo.

Para confrontar a Wickham, Robert se valió de una vieja deuda que se remontaba a los días de Cambridge, cuando él pidió alguna vez dinero que jamás pagó. Era un monto relativamente pequeño, pero suficiente para sentar el precedente de Wickham como deudor. Lo encontraron en las afueras de Meryton, donde los soldados entrenaban.

—Señor Wickham, es un placer verlo—dijo Robert sin perder los buenos modales—, ha pasado tanto tiempo que me temo que no ha usted de recordarme.

Wickham lo observó, fue entonces cuando vagamente reconoció las facciones del joven y los malos presentimientos empezaron.

—¿Walton?—preguntó él, dudando.

—Cerca, señor Wickham, Walden. Nos conocimos cuando yo estaba en mi segundo año en Cambridge, usted era buen amigo de Darcy, por lo que recuerdo.

—Ha pasado bastante tiempo desde los años de Cambridge, señor Walden—Robert ignoró la omisión del título, no era muy importante por el momento.

—Ya lo creo. Cuando me enteré, a través de mi prima, que usted estaba aquí, creí que sería un momento conveniente para pedirle el pago de treinta libras que le presté hace cuatro años, señor Wickham. Necesito disponer de ese dinero por razones personales y estoy dispuesto a condonar el pago del interés correspondiente si usted en este momento cubre el monto.

—Creí que Darcy...—empezó él, nervioso.

—No, señor Wickham, Darcy no cubrió esas deudas porque no fue él quien las contrajo. No consideré justo abusar de los fondos personales de él.

—¿Wickham, tiene usted el dinero o no? Los documentos que el señor Walden presenta son legítimos—, intervino el coronel Forster.

—Si usted pudiera escribir una vez más a Darcy, estoy seguro que él pagará la cantidad, señor—, después de lo sucedido en Ramsgate, Wickham dudaba que Darcy hiciera algo, pero al menos eso le daría tiempo para escapar.

—Ah, pero en este momento Darcy y yo no estamos en muy buenos términos, señor Wickham— dijo Robert, con una sonrisa que reflejaba la diversión que estaba teniendo.

El coronel Forster se fastidió del intercambio y en presencia de Sir William fue hecho un arresto. Sir William dio la instrucción de recaudar todas las deudas que se hubieran acumulado en el área de Meryton, eso mientras llegaba la información de otras localidades gracias a la intervención de los Walden.

Todo fue rápido y sin mayores complicaciones que, una vez más, Robert sintió enojo por la desidia de Darcy. Daniel se divirtió en ver la expresión asustada de Wickham mientras Robert estuvo ocupado dando indicaciones a uno de sus empleados para trabajar en conjunto con Sir William.

Nadie lamentó la pérdida de la compañía de Wickham, y la señorita Mary King ni siquiera tuvo tiempo para sufrir la pérdida del hombre que la estaba cortejando, ya que el tío de ella vino de inmediato desde el norte para llevársela y alejarla de otros posibles oportunistas. Al menos en el pueblo de Meryton, los Walden cubrieron las deudas acumuladas hasta el momento. Esa fue la última vez que se supo de Wickham en el área de Hertfordshire.

.

Mientras los Walden estaban en Meryton lidiando con Wickham, una interesante conversación entre los Gardiner, la señora Bennet, Jonathan, Matthew, Lord Walden y Lady Cassandra tenía lugar en el estudio de Purvis Lodge. Después de observar por algunos días a la familia Bennet y escuchar a Elizabeth, Lord Walden y su esposa habían decidido como apoyarían a la familia de Longbourn.

—Es mi intención, recompensar el extraordinario esfuerzo que su familia ha hecho, señora Bennet—, comentó Lord Walden después de que platicaron sobre cómo Elizabeth se integraba con los Spencer y agregó con precaución— Espero no ofenderla con la manera en la que pretendo ser de ayuda a su familia, especialmente a sus hijas.

La madre de Elizabeth creció como una hija de mi familia, y a pesar de que la dote de Emily era más que sustanciosa, mi esposa y yo siempre contemplamos darle un monto extra a lo destinado por los Spencer. Yo no dudo que ahora que hemos corroborado el origen de Elizabeth, el señor Blake querrá proporcionarle a su hija una dote de los fondos de Houghton Park, por lo que consideramos que nuestra dote para Emily debe ir a la mujer que actuó como madre de Elizabeth—Lord Walden hizo una pausa cuando vio que las manos de Fanny empezaron a temblar—. Son veinte mil libras, señora Bennet, que usted podrá dividir entre sus cuatro hijas; cada una de ellas tendría cinco mil libras adicionales a los fondos que su familia ha considerado para ellas.

Los nervios traicionaron a Fanny y empezó a llorar frente los asistentes. Lady Cassandra se acercó a ella y tomó su mano para tratar de calmarla.

—Es lo menos que podemos hacer, señora Bennet. No pudimos hacer algo cuando fue el momento apropiado, de esta manera, al menos podemos agradecer por la intervención de una familia de buen corazón que tomó a una niña ajena como propia. No pretendemos pagar por el amor que le han dado, esa es una deuda que jamás podemos saldar—dijo ella con los ojos ligeramente húmedos—Por favor acepte nuestro regalo. Nosotros, al igual que Elizabeth, queremos lo mejor para ustedes.

Lady Cassandra abrazó a Fanny hasta que los sollozos disminuyeron y ella finalmente pudo responder de manera apropiada.

—Gracias, mi lady, gracias mi lord. Esto significa mucho para mí y mis hijas—Fanny bajó la mirada a sus manos y se sinceró ante ellos—, desde que supe ya no podría tener más hijos, me he preocupado. Lizzy les debió haber dicho que la finca está vinculada a un primo de mi esposo, en ausencia de un heredero por parte de los Bennet, él es quien un día será dueño.

—Esa es la segunda parte de nuestro regalo, señora Bennet—finalmente intervino Jonathan—, una casa en las afueras de Meryton será adquirida para que usted disponga de ella, en caso de que el señor Bennet falleciera y usted quisiera permanecer en el área. Elizabeth nos comentó que este ha sido uno de los más grandes temores que usted ha tenido por muchos años. La propiedad será puesta al resguardo del señor Gardiner para que de ninguna manera esté ligada al nombre Bennet. A usted jamás le faltará un lugar donde vivir—comentó Jonathan con una sonrisa llena de gratitud.

Fue ese el momento en el que Fanny se quebró por completo. Ella jamás hubiese esperado tanta generosidad por parte de los Walden y los Spencer. Los Gardiner se unieron en los agradecimientos y trataron de calmar a Fanny, quien parecía incapaz de controlar las emociones que sobrevinieron. Posteriormente se unió al grupo Lady Mary y Catherine, para abordar otro punto con la señora Bennet.

Lady Mary y Cathy, le hablaron de la posibilidad de llevar a las señoritas a Londres. Fanny estaba tan emocionada por las nuevas oportunidades que podían tener sus hijas que, cuando Cathy mencionó que Lydia y Kitty podían esperar un par de años y mejorar su preparación, ella no dudó en lo conveniente que sería. Después de ese tiempo, ellas tendrían temporadas en la capital bajo el ala de la familia Walden.

La aceptación de una propuesta que mantuviera a las dos menores Bennet fuera de la sociedad era, en opinión de Elizabeth, la mejor opción para proteger no solo la reputación de ellas sino de toda la familia. Tanto Kitty como Lydia habían mejorado bajo la disciplina más estricta de Jane durante el invierno, sin embargo, muchos aspectos de su educación podían ser mejorados.

Después de la reunión, Fanny agradeció a Elizabeth por haber pensado en el resto de sus hermanas. A Fanny le hubiera gustado que el señor Bennet hubiera estado presente en la reunión, pero él delegó la responsabilidad en el señor Gardiner, en vista que Edward parecía bastante cómodo con la verdadera familia de Elizabeth. Elizabeth también lamentó la ausencia del señor Bennet en la reunión, sin embargo, encontró consuelo en que por lo menos él no había objetado a que el resto de la familia fuera apoyada.

Durante el transcurso de los días posteriores a esa reunión, varios eventos tuvieron lugar: Lord Walden y el señor Gardiner coordinaron la transferencia del dinero y la titularidad de una casa cerca de los Philips para tranquilidad de Fanny; Lydia y Kitty dejaron Hertfordshire acompañadas de los Gardiner, el conde y la condesa; y Robert tuvo tiempo para descubrir que Jane Bennet era una mujer digna de admiración más allá de la belleza física.

Se trataba de cambios importantes para todos, incluida Elizabeth, quien durante la última semana de los Spencer en la región, finalmente había empacado algunas de sus cosas para permanecer esos días en Purvis Lodge. Ella ya sentía plena confianza en la familia que la había encontrado e incluso utilizaba las palabras tío y tía para referirse a los Walden y Spencer.


Después de casi cuatro semanas en Hertfordshire, tuvo lugar lo inevitable. Los Spencer regresarían a Kent y los Walden a la capital y después a Northampton, y esta vez, Elizabeth no se quedaría en Longbourn.

Fue una momento difícil que solo la compañía de Jane pudo aliviar ligeramente. Las cinco hermanas tendrían caminos diferentes. Mientras las más grandes irían a Kent, Mary recibió una invitación por parte de Lord Denton y Lady Mary para acompañarlos a la capital. Los gemelos le habían tomado verdadero afecto a la más reservada de las hijas Bennet y sugirieron a sus padres ofrecer la invitación. Lydia y Kitty ya estaban en sus respectivos seminarios, por lo que un ritmo de calma se asentaría en Longbourn después de la partida del resto de las señoritas. El viaje de Elizabeth y Jane a Kent cumplía también el propósito de hacer una visita a Charlotte, quien había invitado a su amiga a visitarla en Hunsford. Charlotte no estaba enterada de los recientes cambios en la vida de Elizabeth, por lo que habría mucho que contar entre las amigas.

.

Triste fue el día en el que Elizabeth dejó el hogar en el que había crecido. Un hogar donde cuatro hermanas le habían dado amor y compañía, peleas y reconciliaciones propias de la convivencia familiar. Por el momento, también les decía adiós a los únicos padres que había conocido, a una madre que a pesar de sus defectos, jamás le dio menos amor. Le decía adiós a un padre que había idealizado, pero al que al menos le debía muchos aspectos positivos de su educación.

Los campos de Longbourn quedaban atrás, los Philips, la familia Long, los Jones, los Lucas y otras veinte familias pasaban a formar parte de un capítulo que se cerraba. Elizabeth tomó la mano de Jane mientras el carruaje se alejaba. Cuando ella sintió que las lágrimas acudían a inundar sus pupilas, recargó su cabeza sobre el hombro de la mujer que durante el resto de su vida consideraría como una hermana, sin importar qué.

Para todas las hermanas Bennet, el viaje apenas empezaba.

.

8


Saludos a quienes se toman el tiempo de leer esta historia y un agradecimiento a todos aquellos que extienden un comentario, deciden seguirla o agregarla a favoritos.

D