Naruto Y Hinata en:
EL LENGUAJE DE LAS FLORES
AMAPOLA ROJA
Placer
Besos a cambio de tiempo. Naruto estaba convencido de que era la proposición más extraña que había hecho a una mujer, pero Hinata no parecía impresionada.
─Muy propio de usted pensar algo así ─dijo ella mientras se alejaba de él riéndose─. Así usted siempre sale ganando. Eso era verdad, y no pudo evitar reírse con ella, pero en las tres semanas siguientes dejó de hacerle gracia. No podía dejar de pensar en aquel beso en todo el día. La exquisitez con la que su pierna se había amoldado a la suya, sus brazos rodeándole el cuello. El aroma a gardenia inundándole los sentidos, el dulce tacto de su boca y el calor que irradiaba su cuerpo. Pero lo que más recordaba era su cara cuando se separaron. La sorpresa, el placer genuino que había en su sonrisa y que no había sido capaz de ocultarle.
Él tenía razón. Ella era muy apasionada, pero mantenía ese sentimiento prisionero bajo su serena superficie. Él había logrado liberarlo por unos segundos y se moría de ganas de hacerlo de nuevo. Por las tardes, revisaban las piezas y escogían cuáles se enviarían al museo y cuáles no. Cada noche la cogía entre sus brazos y bailaba con ella. Le preguntó todo lo que quería saber sobre los lugares en los que había vivido, sobre las pirámides, el Coliseo, los mercados de Tánger y Marruecos. Discutía con ella, le tomaba el pelo, flirteaba con ella, pero nunca, en esas tres semanas, ni una sola vez intentó besarla de nuevo.
Besarla sería sólo el preludio de todo lo que había imaginado hacer con ella, y eso comprometería el honor de él y la inocencia de Hinata. Tenía que recordarse una y otra vez que él era un caballero, algo que nunca le había costado tanto tener presente. Hacía diecisiete años que cumplía con las obligaciones de su cargo, llevaba toda una vida acatando las normas de la sociedad y cumpliendo con una estricta disciplina, todo eso ahora podía ayudarle. No importaba el rango que tuviera, ni su título, un auténtico caballero no se aprovecha de una dama inocente, especialmente si ella trabaja para él. Besar de nuevo a Hinata no sería correcto, y Naruto sabía que tenía que controlarse. Pero ¡tenía tantas ganas, Dios, tantas!
Las implicaciones de lo que le había sugerido a ella no dejaban de perseguirle. Cada día se le ocurrían infinitas maneras de darle placer a cambio de que se quedara más tiempo. Maneras que lo obsesionaban de día y de noche invadían sus sueños. Ella aprendió a bailar el vals bastante bien, así que empezó a enseñarle los pasos básicos de otros bailes populares. No fue fácil, ya que la mayoría de esos bailes requerían de cuatro personas como mínimo. Tratar de explicarle qué era un moulinet o un interchassé sin otras parejas es casi imposible, pero él lo intentó de todos modos. Cogerse de las manos era la mayor intimidad que tenían esos bailes, así que para Naruto eran mucho más seguros que bailar el vals.
La presencia de otras personas habría sido de más utilidad que su determinación, claro, y ahora probablemente ella ya no tendría miedo de que la vieran, pero él no se lo sugirió. Que Dios le ayudara, no estaba dispuesto a sacrificar el placer de estar a solas con ella. La necesitaba, necesitaba estar con ella, y quería saber quién ganaría, si su deseo o su resistencia. Una apuesta muy peligrosa.
Sabía que estaba jugando con fuego, pero el riesgo valía la pena. Tres semanas después del beso en la antika se percató de que no podía aguantar más, de que estaba al límite, y dio cuerda a la caja de música para que sonara un vals.
─¿Vamos a practicar el vals esta noche? ─preguntó Hinata al oír la melodía─. Hace mucho que no bailamos uno.
Naruto le cogió la mano.
─Debemos repasarlo de vez en cuando. ─La acercó a él y le rodeó la cintura─. Además, prefiero bailar un vals con usted que formar las aburridas figuras de la cuadrilla a través de la habitación.
─¿De verdad?
─Sí, aunque mi pareja de baile sea tan cruel conmigo.
─¿Estoy siendo cruel? ─preguntó ella sonriendo ante el burlón tono de su voz─. ¿Y cómo es eso? ─Usted sabe lo importante que es el museo para mí y se niega a darme más tiempo a cambio del beso que le di hace tres semanas, un beso que sé que disfrutó. ─Él vio cómo ella se sonrojaba y se preguntó cómo había podido encontrarla sosa antes. Era la criatura más excitante que había conocido nunca. Decidió arriesgarse de nuevo─. Quizá podríamos volver a negociar.
─Oh, no, no ─negó sonriendo. A ella también le gustaba ese juego que había entre los dos─. No voy a darle un mes más.
─Pues entonces dos semanas.
─¡Qué presuntuoso de su parte! ─exclamó ella aún riéndose, y le dio una palmadita cariñosa en el hombro─. Sea serio en sus negociaciones o no me haga perder el tiempo con ellas.
Naruto la acercó un poco más a él, mucho más de lo que era apropiado en un vals. ─¿Qué consideraría usted una oferta seria?
Hinata simuló meditarlo durante unos instantes. ─Ese beso debió de durar dos minutos como mucho. Así que estaría dispuesta a darle dos minutos más de mi tiempo.
Naruto la miró con fingida indignación. ─¿Dos minutos? ¿Es eso todo lo que merezco? Hinata, me siento insultado. Creo que una joven dama que espera entrar en sociedad debería valorar más mi beso. Al fin y al cabo, soy un duque.
Los preciosos ojos de ella brillaron con picardía. ─Tal vez valdría más si pudiera contarlo, pero si explico en Londres lo bien que besa usted, arruinaré mi reputación.
Él sonrió, le encantaba poder flirtear con ella.
─Pero haría maravillas con la mía ─contestó él─. Me gusta la idea de que todas las mujeres de Londres estén al corriente de mis encantos.
─Y usted decía que no le gustaba ser el centro de atención.
Él la acercó aún más. ─Ah, Hinata, para un hombre, ser considerado un buen amante es mucho más gratificante, que cualquier otro chisme que puedan decir sobre él. Él creyó que a ella se le estaba acelerando la respiración, pero no podía estar seguro. Cuando contestó, lo hizo de manera seria y escueta, pero aún se le notaba la sonrisa en la mirada.
─Nadie oirá de mí lo bien que besa, señoría.
─¿Usted no es de las que presume de sus conquistas?
─No. ─Bajó la vista para luego mirarlo directamente a los ojos─. Además, si quiere que me quede más tiempo, tiene que ofrecerme algo más tentador que un simple beso.
Eso sin duda podía hacerlo. Sabía en todos los lugares donde le gustaría besarla: en los suaves lóbulos de las orejas, en su sedoso pelo, en el interior de sus muñecas, en las mejillas. Su imaginación se descontroló. Sus pechos redondos con los rosados pezones excitados por sus labios. La base de su espalda, su ombligo. Los rizos oscuros y la dulce y caliente hendidura de su entrepierna.
─Un simple beso puede ser mucho más tentador de lo que se imagina ─ dijo él sin reconocer su propia voz. Habían dejado de bailar y él ni siquiera se había dado cuenta. En algún lugar, a lo lejos, oyó cómo la música se iba deteniendo. Él iba a besarla de nuevo. Iba a permitir que el deseo que sentía por ella se descontrolara por un instante. Seguro que luego lograría contenerlo.
Sólo un beso. Sólo uno. Agachó la cabeza.
─La música se ha parado. ─Ella retrocedió unos pasos, se dio la vuelta y se encaminó hacia la caja de música. Él no iba a permitir que se alejara, así que la atrapó por la cintura y la atrajo con fuerza hacia él. Los dos se quedaron petrificados, la espalda de ella pegada contra su pecho.
Naruto cerró los ojos e inhaló la esencia de gardenia de Hinata. Sentía sus suaves cabellos rozando su mandíbula. Podía notar cómo a ella se le aceleraba la respiración en el brazo y sentía sus nalgas apretadas contra sus caderas. Notaba cómo sus pechos rozaban su mano, todo lo que tenía que hacer era mover un poco los dedos.
Pero en lugar de eso, se apartó un poco de ella y abrió los ojos. Se le secó la garganta al ver su nuca. Llevaba el pelo recogido en un precioso moño que Tenten le había hecho aquella mañana. Las minúsculas peinetas de concha parecían ámbar a la luz de las velas. Quería deshacérselo, pasar los dedos por aquella densa cabellera. No lo hizo, sino que inclinó la cabeza y le besó la nuca.
Tenía los tendones tan rígidos como las cuerdas de un arpa.
─¿Está segura de que otro beso no lograría tentarla? ─le preguntó, y se ladeó un poco para poder besarle el cuello.
─No me quedaré otro mes ─dijo ella quedamente por encima del hombro ─ Aquel beso no fue tan bueno.
Él rió suavemente y su aliento le rozó la oreja. ─Sólo fue el momento más extraordinario de su vida ─susurró él ─ Es el mejor cumplido que jamás he recibido de una mujer, Hinata.
Él le lamió la oreja y ella emitió un entrecortado suspiro. Aún intentó seguir discutiendo con él. ─Yo dije... que... había sido... uno de los momentos más extraordinarios. Uno de muchos. He tenido otros, ¿sabe?
─¿De verdad?
─Además, creo que dos minutos es... es... muy generoso por mi parte. Para usted, besarme debería ser una recompensa en sí misma.
¿Recompensa? Él estaba totalmente excitado por el roce de su espalda, temblaba por el esfuerzo que estaba haciendo por contenerse. Aquello era una tortura, no una recompensa. Si en aquel instante ella le pedía que le devolviera un mes a cambio de permitirle seguir abrazándola de aquel modo, aceptaría. Dios, sí. Al instante.
Movió la mano y cubrió su pecho con ella. Ella se sobresaltó y se dio la vuelta. Colocó las palmas sobre su torso, como si tuviera intención de apartarlo.
Él no podía dejarla ir. Aún no.
─¿Es ésta mi recompensa? ─ preguntó él deslizando las manos hasta su cintura. Inclinó la cabeza─.Enséñemelo.
Sus labios acariciaron entreabiertos los suyos. Mientras la besaba, movía suavemente la mano que tenía en su espalda dibujando tímidas caricias, pero Hinata no se movió. No le devolvió el beso. En vez de eso, se mantuvo rígida, con los labios fuertemente apretados.
Ahora que Naruto había decidido sucumbir a la tentación no iba a permitir que ella se resistiera, y sabía que si quería disfrutar de su pasión tenía que hechizarla. Le acarició las mejillas con las yemas de los dedos y le lamió lentamente los labios, de un lado a otro, una y otra vez, obligándola a suspirar. La boca de ella tembló con la suave caricia de su lengua, pero aún no estaba dispuesta a rendirse.
─Hinata, Hinata, bésame. Te lo pido por favor.
─Yo... ─empezó a decir ella, al hacerlo, abrió sus labios entre los suyos.
Naruto aprovechó para besarla profundamente, introduciendo su lengua al notar cómo ella se relajaba. Bajó las manos hasta su cintura y se apretó contra ella al tiempo que daba un paso adelante haciéndola retroceder hasta llegar a la pared. Los dedos de Hinata se agarraban a su camisa: tiraba de la tela atrayéndolo hacia ella. La boca de ella contra la de él, su lengua buscando la suya. Un silencioso permiso. Él buscó sus manos y entrelazó los dedos con los de ella, así cogidos, respirando el uno la esencia del otro, poco a poco ella se fue relajando en su abrazo hasta rendirse a él.
Naruto le soltó las manos y le rodeó la cintura. Empezó a acariciarle las costillas. Gracias a Dios no le había hecho caso en lo de llevar corsé; lo último que querría ahora sería ese tipo de impedimento. Fue subiendo hasta llegar a sus redondos pechos y notó cómo se endurecían bajo sus manos. Sólo dos capas de ropa separaban la cordura de la locura.
«Me detendré ─le prometió a ella en silencio─. Lo juro.» Dejó de besarla y, mientras le acariciaba los pechos, dibujó un camino de besos a lo largo de su mandíbula. Las suaves curvas de ella le quemaban dondequiera que le tocaran. Sus caderas se movían ansiosas contra sus muslos y oleadas de placer inundaban todo su cuerpo.
Quería tumbarla en el suelo y sentir cómo esas caderas ondulaban bajo las suyas, quería notar sus largas piernas alrededor. Quería oírle pronunciar su nombre, una y otra vez, mientras le hacía el amor. Él no podía llegar tan lejos, no podía, pero tenía que besarla un poco más antes de dejarla ir.
Separó sus labios de los de ella y hundió su cara en la suavidad de su cuello. Besó cada centímetro de su piel, saboreando cada uno de los suspiros de placer que ella exhalaba al acariciarle los pechos. Cuando atrapó el pezón entre sus dedos y se lo rodeó con sus lentas caricias, esos suspiros se convirtieron en gemidos: fue el sonido más dulce que había oído en su vida. Todas las piezas de su ahora roto autocontrol le recordaban que tenía que parar. Pero aún no.
Le besó el cuello, la mandíbula y la barbilla hasta volver a capturar su boca. Esta vez, ella separó los labios al instante; había abandonado toda resistencia. Le deseaba tanto como él a ella. Antes de que a él se le ocurriera parar, ella le rodeó el cuello con los brazos y apretó su cuerpo contra el suyo.
La lengua de ella se introdujo en su boca, eliminando así de su mente cualquier estúpido residuo sobre el honor que aún pudiera quedarle. Sintió cómo perdía totalmente el control y deslizó las manos por todo su cuerpo hasta acariciarle las nalgas. La levantó del suelo hasta notar que sus caderas quedaban a la misma altura que las suyas. Hinata separó las piernas todo lo que le permitió su falda y se apretó contra él. Sus cuerpos se movían al unísono, cada balanceo incrementando el placer. Él oía los jadeos que ambos emitían, sentía cómo sus lenguas se acariciaban, cómo sus caderas se acompasaban. Se permitió unos segundos más de esa exquisita tortura y luego dejó de besarla. Había llegado el momento de parar.
Naruto susurró una maldición contra su cuello. Estaba excitado y ansioso pero la soltó y dio un paso atrás, luego otro, y otro, apartándose de ella en un intento de controlar el deseo insatisfecho que ardía dentro de él.
Ninguno de los dos habló. Cuando hubo dado doce pasos se detuvo, allí ya no la tenía a su alcance. Ella no tenía experiencia en esos asuntos pero él sí. Sabía que no podía quedarse allí ni un minuto más o haría algo que no debía hacer. Podía arruinar la reputación de ella y él perder todo su honor. Mientras aún le quedaba un atisbo de cordura, Naruto se dio la vuelta y se marchó, tenía que alejarse lo máximo posible. Pero dos pisos no fueron suficientes para huir de ella. Sus ropas se habían impregnado de su olor a gardenia y, pese a la insistencia de su mayordomo, durmió con la camisa que llevaba puesta y esa esencia lo torturó toda la noche, inundando su sueño de imágenes eróticas. Cuando se despertó por la mañana, ella ocupaba todos sus sentidos y supo que lo más seguro era poner tierra de por medio.
A la hora del desayuno ella se enteró de que se había marchado. El señor Uchiha le contó que se había ido a Londres con todas las piezas que ya estaban listas para el museo. No, no había dicho cuándo iba a regresar.
Había una carta junto al plato de Hinata pero no era una carta de despedida de él. El sello no tenía el escudo de Naruto. Era una carta de Ino. Hinata miró sin ver la carta sin abrir que tenía en la mano. Naruto se había ido por culpa de lo que había pasado entre ellos o, mejor dicho, por lo que casi había pasado. Ni siquiera le había dicho adiós.
«Un beso puede llegar a ser mucho más tentador de lo que se imagina.»
Tentador sí, lo había sido para ambos. Hinata se juró a sí misma que no iba a torturarse recordando, y abrió la carta de Ino. Dentro había otro sobre pero primero leyó la de la vizcondesa.
Hinata:
La noticia de que Naruto te está enseñando a bailar me ha hecho muy feliz, dominar ese arte te ayudará a disfrutar más de tu estancia en Londres. También estoy muy contenta de saber que por fin te has dado cuenta de que mi hermano es encantador, yo siempre lo he pensado, pero al ser su hermana quizá no soy objetiva. Él siempre se ha preocupado tanto por mí...
Querida Hinata, tengo que confesarte una cosa. Me temo que he abusado de tu confianza y me he atrevido a investigar sobre el matrimonio de tus padres. Te adjunto la carta que recibí del vicario de una pequeña parroquia de Gretna Green en Escocia. En ella encontrarás el certificado del matrimonio que contrajeron sir Hiashi Hyuga, y la señorita Hanna Durand, el 24 de febrero de 1805. Dado que tú tienes veinticuatro años, las fechas coinciden perfectamente.
Si el nombre de tu padre era Hiashi Hyuga, creo que ya tienes bastantes pruebas para reclamar tus derechos. Espero que me perdones por haberme entrometido así en tu vida, pero lo he hecho con la mejor intención. Te mereces que tu familia te reconozca y te ofrezca todo su apoyo, ¡deseo tanto que seas feliz! Mientras tanto, espero ansiosa tu llegada. Da mis recuerdos al señor y a la señora Uchiha.
Tu amiga,
Ino
─¿Alguna novedad interesante de Chiswick o Londres? ─preguntó la señora Uchiha.
Sin contestar, Hinata miró la carta que sujetaba en la mano. El barón no la quería y ella no tenía ninguna intención de reclamarle nada, ni dinero ni apoyo. Sabía que era muy orgullosa y que quizá se equivocaba, pero a no ser que no tuviera ninguna otra opción, nunca iría a pedirle nada a una familia que no la quería. Primero viajaría a Londres y disfrutaría de la temporada social tal como había previsto, luego buscaría trabajo como institutriz.
Dobló las dos cartas y se las guardó en el bolsillo.
─Nada nuevo, me temo ─contestó a la señora Uchiha─. Lady Ino les manda recuerdos. ─Y luego, dirigiéndose al señor Uchiha, preguntó─: ¿Le dijo el duque qué quería que hiciéramos mientras él no estaba?.
─Él mencionó los mosaicos que le di ayer y todavía hay uno o dos frescos. Sin olvidar, claro, las muchas piezas que aún nos faltan por restaurar y catalogar. Creo que tiene trabajo suficiente como para estar ocupada hasta el día de su partida.
Hinata notó la ironía de su voz y se animó un poco.
─En efecto, más que suficiente ─reconoció─. Suerte que ha llegado el frío y ha habido que dejar de excavar.
─Usted está haciendo un excelente trabajo, señorita Hyuga. Tengo que confesarle que, aunque sentía un gran respeto por el trabajo de su padre, cuando el duque me dijo que usted iba a ocupar su lugar, pensé que no sería una adecuada sustituta. Pero ahora me doy cuenta de que estaba equivocado, es usted insustituible. El duque no podrá encontrar a nadie tan bueno. La echaré mucho de menos, querida.
─No hablemos de su partida ─dijo su mujer─, es demasiado triste. ─Luego se dirigió a Hinata─: Aún tengo la esperanza de que cambie de opinión y se quede con nosotros.
─Ustedes dos han sido muy amables conmigo y los echaré mucho de menos ─dijo Hinata con los ojos llenos de lágrimas y sonriéndoles con afecto─. Pero dejemos de hablar de eso, aún faltan seis semanas para que me vaya.
─Lo sé ─dijo el señor Uchiha mientras se levantaba de la silla─. Pero la próxima primavera no será lo mismo sin usted. Tengo que dejarlas. Su señoría quiere que todo el suelo este restaurado a su vuelta y aún me queda mucho por hacer.
El arquitecto se fue y su mujer se acercó a Hinata.
─He recibido otra carta de mi amiga, la señora Treves ─le comentó la señora Uchiha─. En ella me cuenta que en Londres todo el mundo hace apuestas sobre quién será la próxima duquesa. La dama que se case con un hombre de la posición del duque tiene que ser, como mínimo, hija de un conde, y ahora en Londres no hay nadie que cumpla ese requisito. Es demasiado pronto. Así que, si el duque se ha ido a Londres tan pronto, dudo que haya ido a ver a lady Shion. Debe de ser un viaje de negocios, o quizá quiera visitar a su hermana. ─Miró a Hinata esperando que le confirmara su suposición.
─Lady Ino no decía nada de eso en su carta. Si me disculpa. ─Se levantó y se dispuso a marcharse del comedor, dejando a la señora Uchiha desconcertada.
─Hinata, querida, ¿se encuentra bien?
─ Sí ─le contestó ella ya en la puerta─. Es sólo que tengo mucho que hacer. De camino a la antika se repitió una y otra vez que a ella no le importaba con quién se fuera a casar Naruto. Iba a olvidarse de lo que había pasado la noche anterior. Lo olvidaría.
Encima de su mesa había un mosaico con la representación de Europa. Hinata lo miró fijamente y la imagen del continente empezó a difuminarse hasta formar otra distinta. Hinata veía a un hombre y una mujer desnudos, y recordó cómo Naruto había reseguido con sus dedos las formas de la mujer.
Así la había acariciado también a ella. Oleadas de calor inundaron su cuerpo al recordar esas caricias. Le era imposible dejar de pensar en lo que había sentido cuando él la abrazó por la espalda y apretó su cuerpo contra el suyo. Su voz susurrándole al oído, sus besos, su excitación.
Mirar frescos eróticos era una cosa, pero sentir las manos de él sobre la piel, su boca torturando la suya, era otra muy distinta, que la dejó ardiendo y deseando algo más. Él iba a casarse con otra. ¿Cómo había podido tocarla de ese modo si iba a casarse con otra?.
«Los hombres no tienen constancia en lo que a las mujeres se refiere.»
Las palabras de Naruto volvieron para atormentarla y entendió que un hombre podía desear a una mujer y no sentir nada especial por ella. Ellos dos habían estado flirteando durante semanas. Él la había besado y ella le había devuelto el beso. Los dos querían algo más y los dos lo habían obtenido.
El amor y el deseo no eran lo mismo. Quizá él la deseara, pero no estaba enamorado de ella. Ella también lo deseaba, anhelaba sus caricias, pero ya no lo amaba. La noche anterior, ambos habían sentido deseo, no amor. El deseo le había regalado uno de los mejores momentos de su vida. El amor le había roto el corazón. Haría bien en no olvidarlo.
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Continuará...
