Capítulo VIII
Recuerdos y más recuerdos
FLASHBACK
Diez años atrás, 840.
Siendo una muchacha de alta cuna, había crecido rodeada de lujos y personas carecientes de piedad, pero ella no compartía esos mismos pensamientos. Su padre era noble por nacimiento, al contrario de su madre anciana madre, quién había nacido en los confines de la Ciudad Subterránea.
Como era de esperarse, su progenitor no estuvo de acuerdo con su decisión de unirse al ejército, mucho menos a la Legión de Reconocimiento. Su madre, quién pasaba los cincuenta años, se había mostrado compresiva ante su decisión. Fue gracias a ella que se alistó oficialmente en la milicia.
– No consentiré que mi única hija se marche al ejército por falsas ilusiones. –expresó su padre con furia–. ¿Es que no te das cuenta de lo grave que es esto? Seremos el hazmerreír de la corte, todos esos muchachos que pidieron tu mano se burlarán de mi alcurnia por tu desobediencia y osadía. ¿Es que quieres ser una mugrosa soldado en lugar de crear una familia? Maldita sea, niña impertinente.
Theresa levantó el rostro y le miró fijamente, como si quisiese leer la marchita alma del patriarca. Para ese entonces, contaba con veintidós años recién cumplidos, no necesitaba el consentimiento de sus padres para escoger su camino. Después de todo, el sub-comandante Erwin la quería en sus filas por su curiosa manera de pensar, no la deseaba por su posición política.
– Lo lamento, pero tengo edad suficiente para escoger lo que quiero hacer.
Dicho aquello, sin ánimos de extender la discusión, se marchó de la mansión Schneider sin volver la cabeza en ningún momento. Fue la última vez que pisó ese lugar, el cual nunca consideró un hogar.
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FLASHBACK
Ocho años atrás, 842.
Theresa demostró ser todo lo que Erwin había supuesto al conocerla, un soldado excepcional.
Ella poseía ímpetu, inteligencia y una tremenda agilidad con el equipo de maniobras; como si antes hubiese hecho el mismo entrenamiento sin parar. Bajo criterio del sub-comandante, era demasiado talento desperdiciado en una mansión aristócrata durante años. Incluso sus compañeros, quiénes no corrían la misma suerte que la muchacha, se mostraban asombrados por su actitud, alegando que era imposible dominar el entrenamiento en tan solo dos años.
Schneider se dirigió al patio a primera hora de la mañana, trotaba hacia el campo con la vista puesta sobre sus compañeros, los cuáles parecían divertirse improvisando pequeñas luchas. Ignorando por completo lo que hacían, se detuvo a estirar los músculos antes de la llegada del instructor. Ese día, tocaba contienda cuerpo a cuerpo.
– Schneider, al frente. –esa definitivamente no era la voz del instructor.
Levantó la cabeza, confusa por quién le había ordenado aquello y se sorprendió por lo que veía; Erwin Smith y Hange Zoe, soldados que no tenían nada que ver con los reclutas, se hallaban firmes ante la atónita tropa. Todavía no terminaba de comprender qué hacían ellos ahí y por qué la estaban llamando al frente.
– Quiten esas caras largas, muchachos. El instructor Keith Shadis tuvo un problema y nos ha pedido sustituirle este día. –Hange les guiñó el ojo–. Bueno, bueno: ¿en dónde está Theresa Schneider? Nos comentaron que es tremendamente hábil.
– Aquí. –y dio un paso al frente para hacer el saludo militar–. Theresa Schneider a su disposición.
Erwin la observó, con las manos tras la espalda y un semblante indiferente.
– Comenzarás con la pelea. –informó Smith, sereno–. Con la única diferencia que tu contrincante no será uno de tus compañeros, sino que lucharás contra mi subordinado más fuerte: Mike Zacharius.
¿Había escuchado bien? Sus ojos se abrieron como platos y el corazón comenzó a latirle rápido, no estaba preparada para enfrentar al soldado más fuerte de todos. Como si fuera poco, el dichoso soldado se adentró al patio con fuertes pisadas y un semblante reservado, medía más de un metro noventa y confirmó que, con una patada de ese hombre, acabaría en el hospital.
Mientras más alto, más lento. Confía en todo lo que has aprendido, podrás hacerlo si te concentras; no es difícil, convéncete de ello, obtendrás la victoria sin que te des cuenta. Se aseguró a sí misma.
– Mike, preciso que uses toda tu fuerza. –ordenó Erwin y sus palabras le taladraron a ella el oído. Le miró en busca de compasión, pero él no se inmutó–. No quiero que se contengan.
Maldita sea, maldita sea, ¡maldita sea contigo, Erwin Smith!
No transcurrieron ni siquiera segundos cuando notó que Mike se acercaba con fuerza, con mucha dificultad logró echarse a un lado y esquivar el puñetazo que iba dirigido a la cara. Tras el hecho, corroboró que la lucha iba en serio. Se movió rápido sobre los pies y, cuando su oponente se giró a recibirla con un golpe en el rostro, dio una patada certera en su estómago; no le hizo el más mínimo daño al hombre, pero al menos lo había alejado de ella por la fuerza.
Theresa mantuvo la respiración y se puso en guardia, si atacaba primero, lo más seguro era que obtendría una llave como recibimiento. Debía confiar en sus instintos, él debía tener la confianza por las nubes y probablemente embestiría en su contra. Estaba claro que de un solo golpe podía noquearla, pero no podía pasarse toda la pelea esquivando sus golpazos; en algún momento debía corresponder.
Su única salida era usar la fuerza de Mike contra sí mismo.
Schneider saltó hacia atrás cuando él se acercó rápido y despiadado, intentó visualizar qué haría; ¿usaría sus manos o sus piernas? Eso no importaba, le convenía pensar en una estrategia cuánto antes. Se movió con la misma velocidad que él, y aprovechando su estatura, se lanzó al suelo para deslizar sus piernas con el fin de hacerlo caer. No sucedió, él no cayó sino que se tambaleó; pero cuando se volvió, ella le recibió con un puñetazo directo en la mejilla.
Bien hecho, le había acertado el primer golpe cuando él ni siquiera la había tocado.
– Maldita… –masculló Mike–…te enseñaré a respetarme.
Pronto una lluvia de puñetazos fue a su contra, pero Theresa lograba esquivar cada uno de ellos. Debió haber previsto que la suerte no estaría de su lado por mucho, lo entendió cuando el hombre le pegó brutalmente en un costado, fue un golpe tan potente que no comprendió cómo pudo ser propiciado por su puño.
Mike la sujetó por el cuello y la alzó, causando que la muchacha llevara sus manos a las ajenas para intentar coger aire. Sus pies no tocaban el suelo y presentía que perdería el conocimiento en algún momento, ¿estaba él tratando de matarla?
La posición no duró demasiado, la soltó y ella cayó de rodillas al suelo; pero no consiguió levantarse a continuar debido a que el soldado le propició la primera patada al rostro, acción que tuvo como consecuencia una hemorragia en la comisura de sus labios. Logró cruzar los brazos sobre la cara cuando un nuevo ataque se aproximó, en cualquier momento ese hombre acabaría por humillar su extraordinaria reputación. No podía permitir aquello o sus padres la devolverían a casa.
De la nada, y sacando fuerzas de dónde no tenía, levantó el torso para darle una potente patada directo en el estómago, con el fin de sacarle el aire. Ni siquiera se fijó si funcionó, solo se colocó de pie en una nueva posición y avanzó con ímpetu: no iba a permitirse perder.
Estaba recibimiento una paliza frente a todos, perdiendo esa reputación que le había costado forjar durante esos dos años. Y por si fuera poco, sus músculos estaban agarrotados y tenía la boca seca, en cualquier momento podría desplomarse inconsciente en el suelo. Sin embargo, su orgullo no le iba a permitir perder esa pelea ni desmayarse como una cobarde; era el momento de hacer alarde de esa fuerza que tenía o Zacharius iba a asesinarla con su brutalidad.
Era suficiente de tanta humillación, haría pagar a ese hombre sin importarle una mierda su título.
Piensa, Theresa. Todos tienen un punto débil, ¿cuál es el de él?
Zacharius se aproximó a golpear la parte baja de su estómago, pero la cadete giró a tiempo sobre sí misma y esquivó aquello. Ahora que estaban de espaldas, era el momento idóneo para su estrategia; tomó impulso, sin importarle que su cuerpo estaba sucumbiendo, y estrelló con fuerza su pierna en la parte trasera de sus rodillas. Las piernas del hombre fallaron y cayó de rodillas al suelo, repitiendo el mismo acto que minutos antes había hecho con ella.
¡Eso es! Su altura es exagerada y por eso que no usa sus piernas, porque si su oponente se encuentra ilesa, puede detener sus patadas carecientes de velocidad. Buscará usar sus brazos y mover rápido los pies para impactar el rostro, anhela vencerme a punta de un desmayo.
Una sonrisa se curvó en su rostro, finalmente había encontrado su punto débil. Se movió veloz y se detuvo justo frente a él, sujetó su rostro con potencia y levantó su pierna derecha, entonces un rodillazo se clavó directo en su nariz. Por fin, Mike soltó las primeras gotas de sangre.
Pateó su estómago y con la poca fuerza que le quedaba lo hizo retroceder, pronto su cabeza golpeó contra el suelo y ella no tardó en subirse sobre su cuerpo, inició una lluvia tremenda de puñetazos. Zacharius tomó el cuello de su camisa y la atrajo para golpearla con la cabeza, rodó sobre sus inertes cuerpos y fue cuando la aporreó de nuevo.
Tenía que quitárselo de encima o en serio iba a desfallecer, ambos se miraban a los ojos conforme él la apaleaba sin misericordia. ¿Es que acaso ese imbécil no era humano? La sangre que corría por el rostro le impedía visualizar su entorno, pero buscaba un objeto con el cual quitárselo de encima. Casi lloró cuando encontró una piedra cercana, estiró el brazo lo más que pudo y sujetó la pequeña roca con fuerza, sin importarle lastimar su mano en el proceso, entonces estampó aquel objeto en la cara del hombre.
Si él quería matarla, entonces ella también.
Mike perdió fuerza debido al impacto y Theresa logró quitárselo de encima, jadeando e intentando coger aire para apaciguar su taquicardia. Debilitada, y con la sensación de desmayarse en cualquier instante, terminó por incorporarse a medias, a sabiendas de que se hallaba cubierta de sangre. ¿Iban a seguir con esa matanza o era suficiente? El soldado se levantó también, con la mirada cargada de aborrecimiento.
– ¡Es suficiente! –exclamó Erwin–. Los dos, deténganse.
Fueron casi diez minutos de sufrimiento o eso era lo que calculaba, qué más daba. Le mataban las costillas y sus músculos se sentían desgarrados, definitivamente no podía más. La amarga sensación de querer vomitar se hacía cada vez peor, en serio iba a desmayarse allí mismo. Justo cuando sus piernas perdieron fuerza y sus ojos se cerraron, sintió unos brazos acogerle antes del impacto.
Lo último que vio, fue el rostro intranquilo de Erwin.
Y ese mismo día, cuando despertó adolorida y debilitada, Erwin se encargó de explicarle lo sucedido. Aquella pelea que la había dejado noqueada, había sido por una sola causa; su graduación precoz como soldado. Esa fue la razón, si ganaba la pelea o la igualaba, entonces se convertiría en miembro de la Legión de Reconocimiento de una vez.
¿A qué se debía ese plan tan malicioso y cruel? Sencillo, porque Smith requería de sus habilidades en la legión. No había ganado, pero había aguantado hasta el final. Ella era asombrosa.
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FLASHBACK
Cinco años atrás, 845.
– Nadie responde. No parece haber nadie detrás de la puerta ni encima de la muralla. Es como si se hubiesen evaporado. –le dijo Thomas a Erwin, volviendo a la formación–. ¿Habrá pasado algo?
Finalmente el momento había llegado, tras cien años, había llegado. Ese día inevitable dónde los titanes acorralarían a la humanidad y la despedazarían, arrebatándole esa falsa sensación de paz.
– Levi.
Fue suficiente para que Levi subiera al lomo de su caballo y se impulsara, rumbo hacia la muralla. Theresa se mordió el labio, intranquila por aquella situación; se había puesto tensa e inspiraba con agitación, ese día al que tanto había temido, había llegado. Erwin pareció notarlo y la miró, sutil.
– Theresa, no pierdas la calma. –pidió con tranquilidad, aunque en el fondo él también dudase de la traumática situación–. Sea cuál sea, sabremos manejar el escenario.
Ella no lo dudaba, después de todo el cerebro del rubio podía idear planes magníficos; estaba segura de que él podía encontrar una solución a ese desastre. Aun así se permitió suspirar ante las cálidas palabras del comandante, pero no se atrevió a conectar sus miradas por temor a debilitarse.
– Mi padre viajó a Shiganshina por negocios. –contestó, pero en ningún momento su voz se quebró. Erwin la miró sobre su hombro–. Supongo que consiguió escapar, es un cabeza dura cuando se trata del peligro. Habrá sobornado a los soldados. –continuó mirando al frente.
– Benedict Schneider es inteligente, se las habrá arreglado para salir vivo.
– ¿Qué pasa si no queda nada? –su duda exaltó a los demás hombres, quiénes se le quedaron viendo como si ella hubiese perdido la cabeza. Smith la observó también, pidiendo en silencio que alargara el relato–. Existe una posibilidad de que Rose y Sina han caído también, ¿qué pasa si llegamos a las demás murallas y no encontramos más que cadáveres?
Levi cayó de nuevo en el caballo y sujetó las riendas, firme.
– Hasta dónde me alcanza la vista, los titanes han logrado cubrir todo el territorio y no hay más que sangre por todos lados. –miró al frente–. Parece que han entrado por Shiganshina, todo es un río de fuego y sangre. Sin embargo, la puerta principal está intacta.
Se quedó en silencio por unos segundos, aguardando por las órdenes del comandante. Erwin, por su parte, parecía pensativo conforme cabalgaba. Finalmente, habló:
– Pasaremos la noche en el interior de las puertas. No podremos actuar si no conocemos la situación, además de que debemos reponer fuerzas para enfrentarnos a un nuevo combate. Hange y Theresa, vigilen los alrededor y cuiden que no vengan titanes. Los caballos y carros se quedarán afuera mientras que nos resguardamos, ¿ha quedado claro?
No les dejó contestar, ya que saltó del caballo junto a Levi y emprendieron rumbo a la muralla, seguramente a abrir la puerta. Ambos soldados a cargo hicieron lo que se les ordenó y de hecho contaron con la suerte de aniquilar solamente a dos titanes excéntricos, lo que les causó una pizca de alegría en medio de todo. Si algo tenían en mente los soldados durante ese momento, era que la humanidad finalmente podría haber sucumbido.
Erwin tuvo razón todo el tiempo. La fecha que habían estado esperando desde el nacimiento, y que al mismo tiempo no querían que llegara, se burlaba de ellos en ese instante. Los malditos titanes llevarían a la humanidad a la extinción, finalmente se saldrían con la suya. Algunos quisieron llorar, sus familias pertenecían al distrito Shiganshina y seguramente habían muerto, pero se contuvieron por su ética profesional.
La puerta no tardó en abrirse y los soldados entraron, repartiéndose en el pequeño espacio con la esperanza de dormir un poco. Querían dejar sus pensamientos atrás, sobre sus hombros cargaban demasiadas muertes como para dar cabida a otras, por su propio bien, debían descansar. Por otro lado, fueron cuatro personas quiénes permanecieron sobre la muralla durante la noche, cuidando de los demás hombres.
Erwin, Theresa, Hange y Levi estaban allí; el cuarteto observaba ese extenso río de sangre y las casas destrozadas con detenimiento. En teoría, debían sentirse tristes por la devastación de su mundo, pero el sentimiento de ira era más que el remordimiento. Esa madrugada gélida y silenciosa, se prometieron dar todo de sí mismos para salvar a la humanidad. De repente, fue el comandante quién rompió dicho silencio.
– Tengamos fe de que la humanidad ha sobrevivido, que los otros dos muros continúan intactos.
– Tsk. –Levi chasqueó la lengua cuando la muchacha apoyó su cabeza en sus piernas, sin previo aviso ni consentimiento de este–. Quítate de encima, mocosa. –bufó.
Smith les observó, curioso por la escena.
– ¿Cuántas veces debo recordarte que tenemos casi la misma edad? –murmuró ella y cerró los tormentosos ojos, intenta conciliar el sueño–. Déjame dormir. –se quedó quieta en su regazo.
– Maldita chiquilla, cree que puede hacer lo que quiera. –sin embargo, el capitán era incapaz de arrebatarle la comodidad a la muchacha. Le echó un vistazo y bufó, los mechones de cabello le caían desordenadamente por el rostro y, como consecuencia de ello, no podía apreciar sus ojos–. Tsk, aunque no lo hizo tan mal hoy.
– Qué curioso. –interrumpió Hange, divertida–. Levi está elogiando a Theresa, pensé que ambos se llevaban fatal y que se detestaban. Las vueltas que da la vida. –se encogió de hombros y echó una mirada al infierno ante sus ojos. Su cara cambió drásticamente, dándole un semblante serio–. Me preocupa esta situación, ¿será que algunos se han salvado o han muerto? Los cerdos de Sina jamás sabrían cómo controlar este desastre y las Tropas Expedicionarias no están acostumbradas a luchar.
Ninguno quiso responder a eso, se limitaron a observar el infierno desde lo alto.
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FLASHBACK
Tres años atrás, 847.
Levi y Theresa se miraron fijamente, con medio metro de separación y lágrimas corriendo por los ojos de ella, ¿cómo era que habían terminado así? El capitán chasqueó la lengua y salió del comedor sin mirar atrás, dejándola completamente en sola en medio de mesas vacías.
Fue el momento idóneo para limpiar sus lágrimas y acomodarse la camisa, intentando olvidar lo que minutos antes estuvo a punto de suceder sobre una de las mesas. Cogió aire antes de salir también, dentro de poco servirían la cena y no quería que los soldados la vieran llorando. Todo sea por evitar preguntas estúpidas sobre su estado psicológico, no le apetecía charlas con nadie esa misma noche.
– Theresa. –y por supuesto la suerte no estaba de su lado, ¿por qué de todas las personas en el mundo debía toparse cara a cara con el comandante? Se mordió el labio inferior–. ¿Ha pasado algo? Me encontré con Levi saliendo del comedor antes que tú y ahora resulta que te encuentro llorando. Responde, ¿ha sucedido algo? –acogió su rostro entre las manos, delicado.
Ella se quedó callada y tragó en seco, lloraba silenciosamente.
– Le advertí que permaneciera alejado de ti, maldita sea.
La soltó e hizo ademán de perseguir al capitán. No fue la primera vez que Theresa lo miró actuando por impulso, pero continuaba sorprendiéndose sobre cómo podía actuar Erwin cuando se hallaba del todo furioso. Sujetó su mano para detenerlo, tragándose un sollozo y limpiando sus lágrimas con el dorso de su otra mano.
– Por favor, no. Quédate conmigo, te necesito.
Fue suficiente para que Erwin la silenciera con un dulce beso.
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FLASHBACK
Un año atrás, 849.
Ingresó al despacho del comandante sin tocar, ajena a lo que pudiese estar ocurriendo dentro de la habitación. Erwin suspiró cuando la vio entrar, ella estaba enojada por lo que había hecho y él no podía culparla, ya que había actuado a sus espaldas. Theresa dio largas zancadas hasta el escritorio y dio un manotazo en el mismo, acto que tuvo como consecuencia la atención del comandante sobre su subordinada.
– ¿Quién diablos te dio permiso de cambiarme de facción? –preguntó de lo más furiosa, volviendo a dar un golpe en el escritorio color caoba–. ¡Maldita sea, Erwin! –suspiró y tomó asiento, consciente de que con la violencia no conseguiría nada.
Smith, quién era conocido por su tranquilidad y paciencia, no se inmutó ante la ofensa.
– Exaltarte y actuar impulsivamente no hará bien al bebé. –comenzó con serenidad–. Por otro lado, contestando a tu no tan educada pregunta, fue mi posición la que me permitió hacerlo. De ninguna manera permitiría que te arriesgaras en las expediciones. Preví que no estarías del todo contenta con quedarte dentro de las murallas, por lo que me vi obligado a cambiarte de facción.
Ella frunció el ceño, incrédula.
– Te recuerdo que soy adulta, Erwin.
– Tu edad no define mis acciones.
– ¡Lo peor de todo es que me han nombrado capitana! –exclamó con fuerza–. No solo me cambiaste de facción, sino que me has conseguido un puesto en dónde el alto mando pueda vigilarme. ¿Estás al tanto que tendré que volver a Sina? No usaré de nuevo cuchillas sino unas malditas pistolas, ¿qué tiene eso de divertido? –rodó los ojos.
– Lamento eso. –hizo una pausa–. Theresa, desde la caída del Muro María todo ha sido un caos. No sabemos cuándo los titanes volverán a atacar y, en caso de que eso ocurra, es mi deber mantenerte a salvo. A ti y al bebé.
– Felicitaciones, me has enviado a la muralla más jodida de todas. –chasqueó la lengua–. Nile se ha contactado conmigo, seguro ha sido él a quién le has pedido el favor. Sea como sea, volveré a Sina mañana y comenzaré con mi absurdo papel de capitana. A lo mejor mi padre quiera recibirme de nuevo en casa y molerme a golpes por mi insensatez, es lo más probable.
– No discutiré contigo sobre una decisión tomada, Theresa.
Schneider se incorporó del asiento y caminó hacia la puerta.
– Qué lástima, porque ya no estoy bajo tus órdenes.
Se marchó dando un sonoro portazo.
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FLASHBACK
Meses atrás, 850.
No podía consentir aquella situación, pero debía esperar a las órdenes dadas por su amado. Ese era, sin duda, el peor plan que se le había ocurrido a la legión en toda la historia; ¿cómo demonios habían dejado que magullaran de esa manera al comandante? Apretó los puños a los costados, intentando mantener la calma y no actuar impulsivamente. No debía dañar el plan por sentimientos personales.
Erwin se encontraba de rodillas en el suelo, con el rostro magullado y el cabello rubio cayéndole sobre la frente sin más, aunque continuaba viéndose tan imponente como siempre. ¿Cuánto tiempo llevaban sin verse? Calculaba que un mes entero, desde que había comenzado la persecución sin sentido a la Legión de Reconocimiento, cuatro semanas enteras en las que tuvo que permanecer en silencio.
Gracias a Dios, no había tenido que ser partícipe de los horribles interrogatorios.
Él no la había mirado en ningún momento, supuso que era para no levantar sospechas sobre quién era ella. Siempre tan atento, no deseaba involucrarla en ese peligroso plan. Por su parte, Theresa quería acercarse a su esposo y limpiaré la sangre fresca del rostro, pero por obvias razones no podía hacerlo.
Conforme escuchaba las palabras de Erwin y las ilógicas respuestas por parte de los nobles, tuvo ganas de patear a cada uno hasta la muerte. Se controló de nuevo, cogiendo aire para no estallar; a la legión le convenía que el plan siguiese su curso, aguantando los comentarios estúpidos de esos hombros.
Palideció cuando lo sentenciaron a muerte. No había manera en que la legión hubiese pasado ese tema por alto, ¿cierto? La inexpresión de Smith terminaría por volverle loca, solo él podía mantener la calma cuando estaban a punto de llevarlo a la horca. En cuanto terminara toda esa mierda, era ella quién iba a ahorcarlo.
Entonces visualizó una sonrisita en el rostro de él.
Todo pasó demasiado rápido. Una chica entró gritando que los titanes habían atravesado la Muralla Rose y que la evacuación había iniciado, causando que los nobles pegaran un grito al cielo; todos habían perdido la cordura, tal como lo había previsto Erwin minutos atrás.
– ¡Cierren las puertas, no dejen pasar ni a un solo refugiado! –exclamó un noble.
¿Qué? Maldita rata…
Como cereza al pastel, apareció Darius Zackly rodeado de sus hombres, quiénes apuntaron sin temor a aquellos farsantes. Se permitió inspirar tranquila, el plan había sido un completo éxito; me causó gracia la expresión de los nobles, no terminaban de caer en su asombro. Recién caían en cuenta que aquel era un Golpe de Estado.
– ¡Maldita sea! ¡Despierta, viejo! –su voz le taladró los oídos y apretó los puños–. ¡Eres un inútil!
De pronto, Theresa se movió con agilidad de su posición y lanzó una patada justo al rostro del noble regordete; causando que este se desplomara en el suelo con un afanoso grito de dolor. Le había roto la nariz con semejante fuerza aplicada.
– Tsk, hablas demasiado.
Después caminó hacia Erwin, se detuvo ante el comandante e hizo el característico saludo militar. Su esposo no tuvo tiempo de responder ni tampoco quería, no cuando los labios de ella presionaban los suyos con delicadeza. La capitana le acarició con dulzura el rostro y no le importó llenarse de su sangre, tampoco le interesó que todos los mirasen boquiabiertos. A continuación, lo liberó de esas estúpidas cuerdas y el brazalete de hierro en su mano.
– Me alegra que haya terminado.
– A mí también, Tessa.
Nile miró atónico a Pixis, confuso por la situación.
– ¿Es que no la conocías, muchacho? Theresa Schneider es la esposa del comandante Erwin Smith y madre de su primogénito. –informó.
FIN FLASHBACK
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Y volvió a la realidad, todavía inmóvil y con los ojos dilatados, sorprendida por lo que el recluta decía. Erwin estaba vivo, continuaba respirando y aunque estuviese inconsciente, podía tenerlo en brazos un rato más; vagando por su memoria y conmemorando todos esos momentos que estuvo a su lado.
