Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de Kat097, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight characters are property of Stephenie Meyer, this story is from Kat097, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite fanfiction)

FELIZ CUMPLEAÑOS, YANINA! Te queremos mucho y deseamos que disfrutes este día, un gran abrazo desde la distancia.

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Capítulo Ocho

Una semana transcurrió sin otro sueño, afortunadamente. Bella estableció una rutina de correr dos veces al día, cocinar, jugar con Sam, mirar televisión sin sentido durante el día y maldecir su novela hasta las profundidades más bajas del infierno.

Aún se le escapaba un final y cuanto más releía lo que tenía escrito, más crecía su disgusto por el protagonista. Estaba a punto de borrarlo todo y fue solo el pensamiento de la ira de Angela lo que se lo impidió.

Era un jueves por la tarde cuando Bella apoyó la cabeza en la mesa de la cocina, gimiendo ruidosamente. Tenía abierto un documento de Word en blanco con la idea de escribir algunas escenas alternativas para ayudar a que fluyera la creatividad, pero nada se le vino a la mente.

Nunca había sufrido un bloqueo como este, era agonizante. Hacía que sus dedos se contrajeran y su cerebro se sintiera tan pesado que le costaba sostener la cabeza erguida, por eso la tenía apoyada sobre sus brazos cruzados.

Su mente latía con cansancio y frustración por lo poco que había avanzado. Cerró los ojos, dejando escapar un profundo suspiro mientras pensaba en el documento de Word en blanco. Se sentía mejor recostada allí, tranquila y silenciosa y dejando que su mente drenara cualquier pensamiento que involucrara su novela o sus sueños o el hombre extraño.


Quién sabía cuánto tiempo estuvo allí, sintiéndose más tranquila y a gusto con cada momento que pasaba. Adormilada y soñolienta, Bella dejó escapar un leve suspiro mientras sus músculos se relajaban, como si una mano fría los recorriera, aliviándolos.

Después de lo que le parecieron unos pocos momentos, abrió los ojos y se sentó abruptamente, el pánico la golpeó, pero estaba sola. Se había quedado dormida y, mirando por la ventana, vio que el sol descendía en el cielo, proyectando largas sombras en la habitación. Bella calculó que faltaba una hora más o menos antes de la puesta del sol y arqueó la espalda, estiró la columna y sintió un crack.

Luego vio la pantalla de su computadora portátil y saltó hacia atrás, la silla traqueteando sobre el piso de piedra.

El documento de Word en blanco ya no estaba en blanco.

No pueden separarnos.

Las palabras eran claras y llamativas contra el fondo blanco y Bella se encontró cubriéndose la boca con las manos.

Ella no escribió eso. Antes de quedarse dormida, tenía una página en blanco y ahora… no lo estaba.

Alguien le escribió eso.

No, alguien no. El hombre de sus sueños. Él había dicho eso, le había dicho eso a ella, o mejor dicho, a Marie, que no se separarían.

—Mierda. Mierda. —Las maldiciones se le escaparon y cerró de golpe el portátil, retrocediendo de la mesa y dirigiéndose hacia la puerta trasera.

—Sam, ¿quieres salir? —gritó y él la miró por encima del respaldo del sofá, donde estaba recostado con expresión soñolienta. Después de un momento, su cabeza se hundió de nuevo en el sofá y ella se fue sin él, demasiado nerviosa para esperar más.


Sus pies la llevaron hacia la casa, su mente todavía girando alrededor de lo acontecido.

Sin importar lo que Jacob le había dicho, cuán racional intentara ser, esto no era algo que pudiera explicarse.

«Lo hiciste mientras dormías», dijo la mente de Bella con firmeza, «estabas agotada y confundida por la falta de descanso y has estado ansiosa».

Su mente conjugó una explicación perfectamente racional con respecto a la situación.

Su corazón latía con fuerza con un mensaje diferente. Uno de alarma y miedo.

Bella negó con la cabeza abruptamente y caminó más rápido, tratando de dejar los pensamientos atrás, dejándolos disiparse en el viento.

Sus pies la llevaron hacia adelante.

Bella levantó la vista hacia la ventana. Estaba en la sombra, junto con el resto de este lado de la casa. Un escalofrío recorrió su columna vertebral como un dedo helado y se volvió, sus ojos se posaron en la entrada del laberinto. Tenía casi una hora antes de la puesta del sol y no deseaba volver a su cabaña. Metiendo las manos en los bolsillos delanteros de su sudadera con capucha, caminó lentamente hacia el laberinto.


Era más relajante de lo que había imaginado, deambular entre los fríos setos. Bella caminaba a paso lento, pasando sus dedos sobre la textura rugosa de los arbustos. La luz golpeaba las plantas en ángulos extraños, dándoles una iluminación extraña, como algo salido de un sueño. Bella deambuló por el laberinto, sin prestar atención a la ruta que estaba tomando, pero cuando el sol descendía, llegó a una pequeña área abierta y se dio cuenta de que estaba en el centro del laberinto.

No era grande en absoluto, un parche circular de tierra, con dos entradas, una frente a la otra, y un pequeño pedestal en el centro, al que Bella se acercó, trazando el patrón de remolino grabado en el disco de bronce que estaba en la piedra. Se sentía casi como en trance, tan tranquila y separada de su yo habitual.

¡Edward, te lo suplico!

Ella saltó, apretando sus manos contra su pecho mientras la voz irrumpía en la quietud del aire. Una fuerte voz inglesa habló a pocos metros de donde ella estaba, al otro lado del seto más cercano. Acercándose, inclinó la cabeza, escuchando y conteniendo la respiración.

Sonó un profundo suspiro.

Marcus, te puedo asegurar que no hay nada que discutir.

El corazón de Bella dio un vuelco y sintió que sus piernas temblaban debajo de ella. Ella conocía esa voz.

Me parece bastante improbable, Edward. Has estado dando vueltas por la casa con un mal genio que nunca te he visto. Como hermano tuyo, sería una negligencia de mi parte no preguntar por sus razones.

Edward se rio por lo bajo y Bella trató de tragar, pero su garganta estaba demasiado seca para realizar esa acción.

Marcus, no mancillaría tu idílico humor con tanta tristeza. No cuando estás claramente encantado por tus inminentes nupcias como para sentir verdadera empatía con mi difícil situación.

Marcus se rio ahora, un sonido feliz y despreocupado, tan diferente al de su hermano. Bella se preguntó si tenía los ojos oscuros y el cabello suave de Edward.

¿Puedes culparme? ¿Has visto alguna vez a una mujer tan guapa como mi Didyme?

¿Te refieres a ella por su nombre de pila? —Edward sonó sorprendido y Marcus volvió a reír.

Mi querido hermano, si alguna vez tienes la suerte de encontrar a una mujer de la que apenas puedas soportar separarte, descubrirás que el nombre de pila significa poco en comparación con la emoción que sientes al pensar en ella.

Te has convertido en un romántico, Marcus. Qué decepcionante.

¿De verdad crees que puedes engañar a tu propio hermano, Edward? —La voz de Marcus era paciente, pero con el filo de alguien que encuentra la situación difícil—. El tío Aro declara que es hora de que encuentres a tu propia novia, y tu estado de ánimo se vuelve más oscuro que una tormenta enviada desde el mismo infierno.

Edward se quedó en silencio durante mucho tiempo y Marcus suspiró de nuevo.

Espero que lo sepas, Edward, que si necesitas algo solo tienes que pedirlo. No te negaría nada en este mundo.

Lo sé —afirmó Edward en voz baja y luego dejó escapar un profundo suspiro—. Caminaré un poco más. ¿Me dejarías con mis pensamientos?

Por supuesto.

Bella escuchó pasos y se quedó quieta, esperando a ver si sucedía algo. Pero nadie habló y ella dejó escapar el aliento que no sabía que estaba conteniendo, se giró hacia una de las dos salidas a la pequeña área y se detuvo de inmediato.

Edward estaba de pie en la brecha cada vez más oscura del seto, mirándola.

Durante un largo momento, se observaron el uno al otro. Edward fue el primero en moverse, dando unos largos pasos hacia ella, su hermoso rostro cambiando en una ligera sonrisa.

Marie, ¿qué haces aquí? Notarán tu ausencia —dijo, pero la alegría en su tono contradecía sus ansiosas palabras. Antes de que Bella pudiera reaccionar, él tomó su mejilla, deslizando su mano fría para acercar su cuello, su boca bajando para rozar la de ella.

Con un grito de alarma, Bella retrocedió. Edward la miró confundido antes de dar otro paso en su dirección.

Bella corrió.


No podía salir.

¡No podía salir!

Cada esquina se convertía en otro corredor de hojas verdes, otro giro que la llevaba más adentro del laberinto y las lágrimas ardían en su rostro y el miedo era como un pájaro: escarbando y aleteando en su pecho.

Cuando llegó a otra esquina, Bella dejó escapar un quejido, la desesperación latía por sus venas mientras jadeaba por respirar. Estaba oscuro, tan oscuro, demasiado oscuro para ver a más de unos pocos pies frente a ella, reduciéndola a tantear el camino a lo largo del seto.

¿Estaba él todavía aquí? Si se detuviera, ¿podría escuchar sus pasos, escuchar su voz llamando a Marie? ¿Qué haría él cuando la alcanzara?

Más adelante, vio algo que le dio un vuelco el corazón.

Había un seto más tenue, una brecha...

Ella estaba en la entrada.

Con otro grito jadeante, Bella corrió hacia allá, sus piernas doloridas, su pecho dando arcadas mientras atravesaba por el surco y gritó cuando golpeó una figura sólida.

—Bella, ¿qué diablos estás haciendo?

Jacob la agarró de los brazos, la alarma se reflejaba en su rostro mientras observaba fijamente su expresión de pánico, manchada de lágrimas.

—Él... él... —balbuceó Bella e inclinó la cabeza, sin atreverse a mirar hacia atrás por si veía la figura de pie en la entrada del laberinto.

—¿Bella? —El tono de Jacob estaba lleno de ansiedad.

Ella respiró hondo y volvió a mirarlo, aferrándose a su chaqueta.

—Él estaba ahí… Jacob, estaba ahí… estaba… —sollozó. Jacob, incapaz de encontrar palabras para consolarla o darle sentido a la situación, envolvió sus brazos alrededor de ella, buscando por encima de su hombro hacia la boca negra del laberinto donde, por un extraño momento, las sombras casi parecían tener la forma de un hombre antes de que finalmente se pusiera el sol.


Bueno, el hombre ya no es tan misterioso, ahora sabemos que se llama Edward (qué sorpresa), y tiene un hermano llamado Marcus y un tío llamado Aro...

Les dejo el capi hoy porque mañana tengo un día ocupado, disfrútenlo y me cuentan qué les pareció.

No tengo palabras para agradecerles el apoyo que le están dando a la historia con sus comentarios, alertas y favoritos, me alegra mucho saber que les está gustando la historia tanto como a mí.

Nos leemos en la siguiente actualización.

Sarai