CAPÍTULO 17.
Candice evitó a Terrence en los días siguientes, Ella no podía darle un horario para ver a su hija, ya que él estaba de visita, y había viajado desde Nueva York para conocer más de Elynor y que la niña se acostumbrara a él como lo que era su padre, pero Candice evitaba cruzarse con él.
Sin embargo Terrence no era estúpido y se dio cuenta de lo que ella pretendía casi desde el primer día. Terrence tenía planes. Estaba resuelto sino a recuperar a su mujer, por lo menos en avanzar un poco en su relación antes de volver a Nueva York. No se daría por vencido sin tratar todas las posibilidades que tuviera. Así que se presentó a mediodía en la oficina de Candice para invitarla a almorzar. En cuanto cruzó la puerta absorbió el aire de lugar, las mujeres lo miraban embobadas, Terrence llevaba una gafas oscuras que lo hacían ver más guapo, si eso fuera posible. Su presencia no pasaba desapercibida y hasta los oídos de Candice llegaron los suspiros y las sonrisas tontas de las mujeres, que ni siquiera ella podía sustraerse a su encanto como hubiera querido. Era demasiado masculino, demasiado guapo, y demasiado prohibido.
La puerta de la oficina de Candice estaba abierta.
—Hola —lo saludó.
—Hola, hermosa. ¿Tienes unos minutos? —preguntó él de pié sin cruzar la puerta de su oficina con esa voz que la volvía al pasado. Ella hizo un gesto afirmativo con la cabeza. Estaba como tonta. Terrence entro y cerro la puerta.—Andaba por estos lados y me pregunté: ¿por qué no invito a almorzar a Cadice?
En cuanto lo dijo , y como era de esperarse, Candice quiso negarse, pero de pronto meditó que era el momento de poner las cosas en su lugar. —Y aquí estoy. Terrence y con su presencia, grande y viril, opacó el pequeño espacio.
—No era necesario —refutó ella, nerviosa—, podrías invertir tu tiempo paseando, conociendo la ciudad. Él la acechaba sin darle espacio a que se negara.
—Puedes acompañarme. Tómate la tarde libre —dijo él de pronto resuelto.
—No puedo.
—Vamos, Candice, un par de horas entonces. ¿Qué son dos horas para discutir cosas sobre Elynor? —Astuto, pensó.
—¿Qué pasa con Elynor?
—No me has dicho si ya presentaste el cambio de apellido en las oficinas del seguro social —respondió dócil.
Unos toques en la puerta interrumpieron la respuesta de Candice antes de que abriera la boca para decir " pase" , la puerta se abrio y un hombre asomó la cabeza.
—Mil disculpas, pensé que estabas sola, cielo.
Candice se levantó apresurada de la silla, e hizo entrar a Archie, que paseó la mirada de uno a otro, frunciendo el ceño.
—Pensé que todavía estabas en la reunión —dijo Candice cada vez más nerviosa.
—Terminó pronto.
Algo de testosteronas flotó en el ambiente, cargándose enseguida de pura esencia masculina.
—Archie el es Terrence. Terrence Archie. Candice los presentó.
—Eres el padre de Elynor. Dijo Archie sin ocultar lo desagradable que le parecía su presencia.
—Sí —contestó Terrence, con mirada acuchillada. Así que este era el tipo que estaba enamorado de Candice. Él tipo Tenía pinta de maniquí de aparador.
—Terrence GrandChester. —Dijo pero no le tendió la mano.
—Archibal Cownwell —dijo con voz que intento fuera grave. Candice no pudo evitar comparar a ambos hombres. La diferencia entre los dos hombres era evidente, Archie tenía el porte de un hombre de oficina de lujo y del modernismo. Terrence era más alto y corpulento, más masculino. Más guapo.
Terrence casi podría jurar lo que pasaba por la mente del hombre. Pero le importaba una mierda.
—Elynor es una niña encantadora —señaló Archie, que se acercó a Candice y le pasó el brazo por los hombros. Aunque los celos estaban cociendo a fuego alto en su interior , Terrence no les iba a dar el gusto de que se dieran cuenta.
—Lo es —contestó con arrogancia.
—Candice lo ha hecho muy bien. Sola. Terrence elevó la comisura de los labios y pasó la mirada entre los dos. la sonrisa que siguió después dejó al descubierto sus dientes blancos absolutamente blancos, hubiera querido provocarlo de alguna forma, cuando se acordó de que estaba allí por Candice. Terrence pensó que él tipo era una mancha en el piso, no más.
—Estoy seguro de eso, Candice... es... una mujer capaz e inteligente, no veo que fuera a ser de otra forma.
—Cielo —dijo el hombre a Candice ignorando el comentario de Terrence sin disimular —. La agente de vienes raíces me dejó un mensaje, encontró nuevas propiedades que le gustaría que viéramos, desafortunadamente tengo una reunión… —miró su reloj—… en diez minutos. ¿Puedes ir tú?
—Pensaba tomar un tiempo libre, si no te molesta.
—¿Tienes algo más importante que hacer? —Archie elevó una ceja, contrariado.
—Voy a ir a las oficinas del seguro social con Terrence —mintió ella, a Archie le daría un ataque si le dijera que solo saldría a almorzar con el padre de su hija—. Pero llamaré al de vienes raíces tan pronto como me desocupe. —Le dio un corto beso en la mejilla y salió, presurosa. Terrence sonrió ante la mentira, y aunque no le dio ni una puñetera gracia al menos ella se iba con el, antes de salir detrás de Candice miró al hombre.
—No sé a qué horas te la devuelva —señaló con intención y Candice quiso darle una patada en las espinillas. Cuando avanzaban por el pasillo dentro de las oficinas, Terrence estaba furioso, Él tipo le cayó antipático por razones obvias, pero no era solo eso, era un verdadero imbécil, no lo quería cerca de Candice, y mucho menos de su hija.
—A las oficinas del seguro social —dijo furioso y con sarcasmo—, eso sí que está bueno. ¿Por qué?
—¿Por qué, qué?
—¿Por qué la mentira?
—No quiero problemas.
—¿Es del tipo celoso?
—No, simplemente no me pareció correcto. Candice miraba como las mujeres miraban a Terrence.
—Yo me pondría hecho un energúmeno si mi mujer saliera a almorzar con otro tipo.
—Eso es porque tú eres un neandertal. Candice recordó los últimos meses de su relación, y los celos que lo atormentaban.
—Si no es celoso, entonces, ¿por qué le mentiste?
—Porque no quiero responder a sus preguntas, a si como no quiero seguir respondiendo las tuyas.
En cuanto salieron de las oficinas, Terrence la guío a la orilla de la acera, después abrió la puerta del automóvil rentado. Ella frunció el cejo.
—¿Qué haces? Hay buenos restaurantes aquí cerca, podemos ir caminando. Terrence se puso las gafas, y la jaló con suavidad para que ella entrara en el automóvil.
—Déjame sorprenderte. Ella lo miró, confusa, y él quiso besarla allí, delante de todo el mundo, que se derritiera en sus brazos como en el pasado, quería borrar los besos del tipo que ojalá fuera un pésimo amante, o mejor aún, impotente. Candice se mantuvo callada mientras Terrence sorteaba el tráfico en las avenidas. Él mantuvo su mirada en el camino y debes en cuanto en el rostro de ella, la palabra "cielo" retumbaba con fuerza en su cabeza. ¿Cielo? ¿Acaso había un apodo más cursi que ese? Candice era mucho más que el cielo para él, los años en la prisión y el tiempo que había transcurrido desde que la había conocido Terrence se dio cuenta de que ella para él era el Universo.
Dispuesto a conquistar de nuevo el corazón de la única mujer que ya tenía el suyo, la llevo a uno de los sitios más románticos de la ciudad. Candice solo se dejó llevar aunque no estaba muy contenta tampoco pudo evitar sentirse atraída, y conquistada. Como todo un caballero retiró la silla para ella, invitándola a sentarse, al tiempo que un camarero se acercaba presuroso a atenderlos. Terrence pidió una botella de vino, pero Candice se negó, alegando que tenía que volver al trabajo.
—No te preocupes, solo es una copa de vino. No creo que afecte tu productividad laboral. El mesero se acercó con un Merlot del año anterior.
—Desearía poder quedarme más tiempo en la ciudad —dijo Terrence, una vez que el vino fue servido. Candice llevó la copa a sus labios, disfrutando el sabor.
—Elynor está muy contenta contigo aquí.
—¿Y tú?
Candice no pudo evitar poner los ojos en blanco, y una sonrisa que no decía nada se formó en sus labios rosas.
—Eres un buen padre, tal cual como te imaginé un día.
—Podríamos dejar de hablar de mi paternidad, solo por un momento. Me gustaría hablar de nosotros. Señaló un poco exasperante.
—No hay un nosotros, solo somos, los padres de Elynor. Creí que Archie te lo había dejado claro.
—Tú Archie... puede decirme que el fin del mundo será mañana y me importará un carajo. —Se acercó a ella, rozando el dorso de su mano con el pulgar—. Me importa lo que me digas tú.
—Tengo una relación.
. —¿Y? El mesero llegó con los platos y rellenó la copa vacía de Terrence. Ella quizá podría estar en una relación, pero Terrence la conocía. La forma en que lo observaba, su postura cuando él estaba cerca le decían que lo que sentía por su "novio" no era amor, al menos no el amor que sintió por él. Y eso lo impulsaba a aferrarse a ella, a luchar por ella, a insistir hasta obtenerla. Su novio podía irse por la misma calle por la que había llegado. No lo conocía, él era un GrandChester y un GrandChester siempre obtenía lo que quería. Y él quería a su mujer de regreso y a su hija en su vida. Sabía que en esa primera cita no iba a conseguir que ella lo aceptara. No lo había conseguido cuando era la esposa de Richard, pero iba a dejar la duda en ella, y con la seguridad de que pensaría en él cuando ya no estuviera en la ciudad. Tal como imagino ella evadió la pregunta, volviendo al único tema que creía que tenían en común: Elynor.
Necesitaba hacer tiempo.
Terrence se propuso guardar más recuerdos, impregnarse de todo lo relacionado con Elynor antes de irse. Llegó el sábado temprano para hacer todo lo que su hija le propusiera. Como era de esperar él llegó sin avisar. Candice ya no se sorprendió es más casi lo esperaba aunque no lo reconocería ni para ella misma.
El día de familia había sido agradable y Candice estuvo bastante tranquila. Terrence no la estuvo acorralando con cualquier excusa. Todo el tiempo fue Elynor la que tuvo su atención. Ya entrada la tarde decidieron regresar y hacer pizzas.
—Mami no puede enseñarte, ella hace pizzas con comida verde —dijo la niña, sin mirarlo, estaba concentrada en la masa. Candice pensó que su hija había desarrollado una maravillosa conexión con su padre.
Cuando la masa estuvo delgada, Elynor se apropió del cuenco que contenía la salsa, en un intento por ser más rápida, movió la cuchara hasta ensuciar la camiseta de su padre. Él no le dio importancia, y siguió con su labor colocando el queso y los demás ingredientes, mientras su hija seguía ensuciándolo.
—Alguien necesita un baño —señaló Candice, distraída. Era un buen dia y estaba feliz .
—¿Lo necesito? Se miró. — Es verdad estoy hecho un desastre —dijo colocando la pizza en el horno. Mientras Elynor se acomodó a ver una película de Barbie's frente al televisor.
—Puedes darme la camiseta y usar mi baño, puedo lavarla y secarla, estará lista para cuando te vayas. A Terrence le encantaba la manera en que Candice se había transformado. No quedaba nada de la mujer que vio por primera vez en la noche de inaguración de la hotelera de Richard.
—Si no te importa que este medio desnudo en tu sala. Soltó con intención.
—Te recuerdo que tienes seis años más. Dijo ella desafiante.
Él, pícaro, y seguro de lo que tenía debajo de la ropa tomó el dobladillo de la camiseta, lo pasó sobre su cabeza y se la entregó, la miró a sus ojos verdes con sus ojos muy azules preguntando ¿Seis años?. Candice aunque se sonrojó, no evitó y su mirada paseo por sus músculos más definidos, más tentadores, por su mente pasó el recuerdo de lo prohibido, cuando el se quitó la camisa y estuvo a un paso de hacerla su mujer , cuando extasiada después él le hizo el amor la noche de su cumpleaños, cuando se recostaba en su torso y dejaba que sus dedos lo acariciaran.
Ambos se observaron con la respiración agitada, el calor inundó el pequeño cuarto de lavar junto a la cocina , Candice sentía las mejillas quemándose haciendo que Terrence emitiera una sonrisa y sacando un poco de su arrogancia.
—Si tú lo dices
Ella atontada se quedó con la camiseta en la mano mientras lo observaba salir de la cocina. No pudo evitar imaginarlo desnudo, en su baño, con el agua trazando caminos por su piel, hizo que un relámpago de deseo atravesara su cuerpo. Inhaló profundamente el olor de la prenda que seguía entre sus dedos, Sacudió la cabeza intentando calmar el torrente de recuerdos, puso la prenda dentro de lavadora antes de salir del cuarto de lavar atravezar la cocina hasta llegar a la sala. La casa olía a pizza cuando Terrence salió de la ducha con el cabello despeinado y húmedo, el torso desnudo.. Encontró a su hija completamente dormida en el sofá. Candice estaba organizando los utensilios en la cocina, se acercó sigiloso hasta quedar tras ella, las manos en su cintura, sus labios tan cerca de su oído que todo el cuerpo de Candice tembló ante su presencia. Se dio la vuelta.
—Te quiero de regreso, Candice —susurró, sin dejar de mirarla a los ojos—. Quiero a mi familia conmigo. Candice intentó soltarse de su agarre. Terrence no lo permitió, llevó la mano izquierda hasta su mejilla y ella recostó su rostro sobre la palma. Cerrando los ojos y permitiéndose disfrutar de la caricia, él se acercó, se moría de ganas por probar sus labios, era la primera vez desde que se habían vuelto a encontrar que la sentía así, tan cerca. Quería más, su cuerpo lo pedía, su mente le exigía que se lanzará y, que devorara su boca con el hambre de años y cuando ella colocó su mano justo sobre su corazón, se sintió perdido ante las sensaciones que lo asaltaban, acercó sus labios a los de ella, su lengua humedeciendo los tiernos y suaves labios de Candice, mientras saboreaba el beso con anticipación. Sentía que era el momento y antes de que pudiera atravezar los labios con su lengua, entonces se escuchó el timbre de la puerta rompiendo el encanto. Aturdida, Candice observó la puerta, negó con la cabeza y pensó que por unos minutos se había vuelto loca. Ella no podía besarlo, no podía permitir que Terrence volviera a traspasar sus defensas, todas sus alarmas se activaron, ella era una mujer distinta, no quería ser vulnerable otra vez y todo sobre Terrence era el camino a la vulnerabilidad. Ella ya le había dado todo una vez, quedándose sin nada. Bueno sin nada no, Elynor fue su regalo, una bonificación por todo lo que perdió esa tarde, por la decisión de él. ¿Cómo confiar en que no rompería de nuevo su corazón? Lo que había sentido por Terrence, la conexión, la adoración, el deseo intenso, le tenía miedo a esas sensaciones. Una parte de ella quería dejarse llevar, dejar de ser tan prevenida, pero… ¿cuál sería el precio? El timbre volvió a escucharse, todavía aturdida escuchó a Terrence susurrarle un: "No abras", pero no hizo caso, se separó de él y caminó con pasos firmes hacia la puerta. Archie estaba allí en la puerta con una caja de pizza en sus manos.
—¡Pizza y películas para mis chicas —Terrence lo escucho. "Mis chicas. Ni lo sueñes. ¡Ellas son mías!". Candice distraída, se apartó de la puerta, dejándo pasar a Archie. La sorpresa y el disgusto del hombre fueron evidentes al ver a Terrence sin camisa.
—¿Qué está pasando? —preguntó, molesto—. ¿Qué hace él aquí?
—Terrence parte mañana de regreso a Nueva York, quería pasar el tiempo antes de irse con Elynor.
—Hemos hecho pizza…—dijo Terrence con diversión.
—¡La pizza! —exclamó Candice, dejando a los hombres solos. Recordar la pizza en el horno había sido un respiro para ella, necesitaba calmar sus nervios antes de volver a la sala. ¿Cómo justificar a Terrence casi desnudo y a su hija dormida?
Terrence miró al tipo frente a él de los pies a la cabeza en una clara posición dominante, Archie no se quedó atrás y lo observó de igual manera.
—Sé lo que pretendes… Y no lo voy a permitir. —Archie fue el primero en hablar.
—¿Sí? Intente detenerme —replicó Terrence, moderando el tono de su voz ante su hija que seguía dormida sobre el sofá.
—Vete por donde llegaste y déjelas, no lo necesitan.
—No es cuestión de necesidad, te daré un consejo gratis…No te meta en lo que no te importa.
—Ellas me importan, amigo.
—Yo no soy su amigo.
—Claro que no lo eres, ellas están conmigo ahora. — negó con la cabeza—. ¿Qué puedes brindarles tú? ¿Dónde estabas cuando la niña nació o enfermó?... Ah, ya recuerdo, te estabas pudriendo en una cárcel…— Terrence empuñó sus manos, dispuesto a callar la boca del hombre de un solo puñetazo, sin embargo, la suave respiración de su hija lo detuvo—. No eres más que un maldito expresidiario, por mucho que ahora pretendas ser un hombre distinguido y con responsabilidad, eso no quita que estuviste ahí culpado de asesinato.
Candice apareció en ese momento con la camisa en sus manos, Terrence se la quitó molesto y se la puso con rapidez.
—La pizza se arruinó —dijo ella con pesar.
—Bueno cielo, traje pizza. Archie se colocó al lado de ella con la firme intención de besarla, ella giró el rostro y el beso quedó en su mejilla. Terrence la miró un par de segundos antes de acercarse al cuerpo de su hija, depositó un suave beso entre sus cabellos negros y salió de ahí sin dirigir la palabra a ninguno de los dos. No había que conocerlo bien para saber que estaba completamente furioso.
Continuará...
Saludos lectores. JillValentine.x.
