En cuanto Suga entró a su oficina, supo lo que tenía que hacer: organizar sus archivos antes de que pudieran asignarle otro trabajo como siempre hacía el Sr. Kim en cuanto llegaba. Era el único momento de la mañana que tenía libre, por lo que no podía desperdiciarlo haciendo otras cosas. Necesitaba tener una zona de trabajo libre de basura para poder concentrarse y que su humor estuviera a tope a la hora de recibir pacientes. Cosa que nunca hacía, pero nunca estaba de más prevenir.
Caminó hasta este, recogiendo varias carpetas para organizarlas por orden alfabético en el librero. Al parecer había juzgado mal su desastre, resultó ser menor de lo que esperaba. Le ponía un tanto orgulloso darse cuenta de que ni siquiera toda la carga de trabajo que tuvo los últimos días lo detuvo de mantener sus buenos hábitos de limpieza. Revisó el nombre en la última carpeta, advirtiendo que era de la escuela. Soltó un suspiro, tomando asiento de vuelta en su escritorio, comenzando a leerla.
Se trataba del caso de Ahn. El día anterior decidió llevárselo a la oficina, pensando que así podría estudiarlo mejor, aunque, al perderse entre los demás, se le había olvidado por completo que lo había llevado. Estaba agradecido de que el psicólogo principal le pidiera no ir aquel día a hacer su servicio. De otra manera, habría entrado en crisis ya que no habría encontrado el archivo de la chica.
Al inicio tan solo lo ojeó un poco, temiendo ser interrumpido en cualquier momento. Si había algo que odiara es que le hablaran cuando estaba concentrado. Pasaron unos minutos y nadie llegó, por lo que se arriesgó a leerlo un poco más a profundidad, tomando notas en una pequeña libreta. El chico comenzaba a frustrarse.
No importaba cuantas veces lo leyera ni la cantidad de teorías que formó en su mente, realmente no había nada que pudiera hacer con la poca información que tenía de la joven. Por suerte, la última sesión fue distinta. Logró hacer una conexión con ella, pero temía que, para la siguiente sesión, todo ese progreso volviera a cero ya que no terminó precisamente bien.
Rascó su cabeza levemente mientras recordaba el cambio de actitud tan repentino de la chica cuando le preguntó sobre su vida romántica. No tuvo ningún problema con los demás temas, por lo que sospechaba que el problema tenía que ver con algún dilema amoroso que le afectaba demasiado como para no querer hablar de ello. ¿Sería un amor no correspondido? ¿Algún sentimiento que Ahn pensara que no estaba bien tener? ¿Una pareja tóxica? El asunto se había delimitado mucho, pero todavía existían demasiadas variables a tomar en cuenta antes de que pudiera sacar una conclusión de todo eso.
¿Cómo podría volver a hablar de romance sin ser demasiado obvio? Para que aquello funcionara, la chica tenía que hablar del tema sin sentirse presionada, lo que implicaba ser discreto y lento al respecto. No ayudaba que se sintiera tan presionado por conocer el panorama completo de una vez, a sabiendas de que sus prácticas no iban a ser para siempre. Pronto dejaría la universidad, lo que implicaba dejar el caso en manos de su jefe o algún otro pasante. No era malo, pero sabía lo estresante que podía ser para alguien en una situación delicada cambiar de psicólogo constantemente ya que implicaba pasar por el mismo procedimiento una y otra vez. Por lo menos quería asegurarse de dejarla lo suficientemente fuerte para tolerar aquel cambio, por lo que daría su mejor esfuerzo.
—Buenos días— y justo cuando había logrado recuperar toda su motivación, pudo sentir cómo la realidad lo aplastaba nuevamente. El Sr. Kim acababa de entrar a su oficina y, por su expresión, era fácil asumir que tenía preparadas varias tareas para él aquel día —Espero hayas tenido una noche tranquila.
El pelinegro por poco se río. ¿Realmente acababa de decirle eso? ¿Después de que el día anterior prácticamente lo obligó a pasar varias horas extra en la oficina con trabajos estúpidos, dejándolo con muy pocas horas de sueño? Llevaba ya un tiempo pensándolo, pero comenzaba a darse cuenta de que el hombre no le tenía ni una pizca de aprecio. No entendía por qué ofrecerle un trabajo si ese era el caso, pero no pensaba decir nada al respecto, no de momento.
—Sorprendentemente sí, gracias.
—Bien, me alegro— la sonrisa que le dedicó era sumamente arrogante. De haber sido otra persona, se la hubiera borrado con un puñetazo. Haber estudiado psicología no cambió su afán de siempre querer responder violentamente ante los problemas —Porque vas a necesitar bastante energía hoy. Para empezar, necesito que lleves este paquete al centro y de ahí pases a recoger unos documentos al ayuntamiento. Como vas a estar por allá, también me gustaría que pasaras a comprar galletas y vino para tener qué ofrecerles a nuestros clientes el viernes que tengamos la reunión. Mientras más caro sea, mejor. Cuando regreses, por favor ve a telemarketing para apoyarlos. Como ellos salen a medio día, tienes suficiente tiempo para también mandar correos a todos mis socios respecto a lo que discutimos el otro día del plan de negocios y a ir a comprar mi almuerzo porque voy a estar muy ocupado con juntas todo el día. Recuerda que la carne esté tres cuartos y que por nada del mundo se les ocurra ponerle aderezo a la ensalada, soy terriblemente alérgico. Después de eso, archiva todos los documentos del año pasado por orden alfabético y registra todas las compras y gastos que hemos tenido durante el mes. También quiero que hagas la limpieza de los baños porque ayer no lo hiciste, a pesar de que fui muy claro en ello. Cuando termines, ve a buscarme para darte el resto de tus deberes.
Suga no era la clase de persona que se quejaba por tener mucho trabajo, pero aquello era ridículo. Ninguna de las cosas que acababa de enlistarle tenía algo que ver con el motivo por el que lo había contratado, además, la mayoría parecían sumamente innecesarias. Más que darle trabajos que fuera relevante para la empresa, parecía que solo quería agotarlo.
—Jefe, disculpe que lo interrumpa, pero si mal no recuerdo, para la mayoría de esas cosas ya hay personal más que suficiente. Aquí trabajan, al menos, cinco personas de intendencia, ¿es realmente necesario que lo haga yo?
—Sí, y solo tenemos una persona de intendencia, quien marcó ayer para avisar que no podría venir durante toda la semana debido a problemas familiares. Los demás renunciaron— Seung tomó una manzana que descansaba sobre el escritorio de Suga, dándole una gran mordida —Yoon Gi, quiero pensar que eres un chico responsable y que no acabas de quejarte porque te estoy dando trabajo. Como pequeño recordatorio, si te asigno otras cosas es simplemente porque tengo que desquitar tu salario de alguna forma. Yo no voy a pagarle a un empleado por no hacer nada y, seamos honestos, me eres mucho más útil así que haciendo de loquero para mis empleados— lo miró a los ojos —En mi opinión, la psicología no es más que una tontería. Quienes acuden a terapia son personas débiles que necesitan a alguien más que resuelva su vida. Además, los psicólogos son todos unos estafadores que se aprovechan de la debilidad de las personas en beneficio propio. Sin ofender, por supuesto.
El tono que usó dejaba en evidencia que lo dijo con toda la intención de ofenderle, pero no le dio importancia. Aunque era triste, no era la primera vez que escuchaba un comentario así sobre su carrera. Le quedaba claro que nadie en aquella empresa valoraba su salud mental, ya que solo una persona, una chica de su edad aproximadamente, había acudido a él para una consulta. Allá ellos si no le querían dar la importancia necesaria a su estado emocional, eso no desvirtuaba la labor que los psicólogos cumplían. Soltó un suspiro y negó algo resignado. No tenía caso seguir discutiendo con su jefe.
—Bien, entonces será mejor que empiece cuanto antes.
—Esa es la actitud— El Sr. Kim dio media vuelta sin decir más, lanzando la manzana a medio comer a la cesta de basura del lugar, fallando —Recoge eso, no queremos que el lugar se llene de cucarachas— cerró la puerta detrás de él. Suga quería exigirle que recogiera su basura, pero prefería que el otro no regresara. Tomó la fruta a medio comer y se encargó de que esta vez sí terminara en la basura para después caminar hacia recepción.
Ahí se encontraba la misma chica de siempre, quien, apenas lo escuchó acercarse, levantó la mirada, sonriendo. Aquel gesto le pareció algo enternecedor debido a lo regordetes que eran sus cachetes.
—Buenos días, Yoon Gi. ¿Puedo ayudarte con algo?
—Sí, ¿podrías darme la llave de alguno de los coches de la empresa? Tengo que ir a hacer varios encargos afuera.
—Oh. Lo siento mucho, pero el Sr. Kim me ordenó no prestar ningún coche el día de hoy. Al parecer les están haciendo mantenimiento.
Vaya, qué conveniente. Negó, decidiendo empezar mejor con las tareas que no implicaran salir. Ya después pensaría en cómo hacerle para ir por el paquete y todo lo demás. Era por cosas como esa que necesitaba hacer más amigos con vehículos y que estuvieran dispuestos a prestárselos.
—¿Dónde puedo encontrar las cosas de limpieza?
La joven lo miró al instante con simpatía, entendiendo por qué se le preguntaba. Apuntó hacia una puerta bastante apartada de donde estaban.
—Ahí, Si hace falta algo, aquí guardamos los repuestos— la secretaria miró a un lado y después al otro, asegurándose de que no hubiera nadie cerca. Con un gesto de su mano le indicó al chico que se acercara —¿Te pidió que hicieras la limpieza?
—Así es.
—Mi más sentido pésame.
—Está bien. De cualquier forma, yo suelo ser quien se encarga de la limpieza en mi casa. También solía trabajar en un bar antes de esto, así que ya no existe nada en este mundo que pueda asquearme— su prospecto a futura amiga soltó una risita ante eso. El joven tuvo que apartarse ya que otro empleado, al pasar cerca de ellos, les dedicó una mirada extraña debido a lo cerca que estaban hablando —¿No sabes por qué renunciaron las otras personas de intendencia?
—¿Perdón?
—El Sr. Kim acaba de decirme que, por ahora, solo hay una persona encargada de la limpieza porque las demás renunciaron.
—Uhm... eso no es cierto— la chica abrió un archivo dentro de su computadora —Todavía están dentro de la nómina. Ahora que lo recuerdo, el jefe los obligó a tomar vacaciones con goce de sueldo esta semana— dijo aquello casi en un susurro. A pesar de que no había nadie alrededor, su miedo estaba más que justificado.
El pelinegro parpadeó, perplejo, sin poder creer lo que acababa de oír.
—¿En serio? Wow— por supuesto que todo fue mentira. Desde el inicio pensó que sus excusas eran demasiado convenientes, ni siquiera entendía por qué estaba sorprendido. La joven parecía comprender su sufrimiento —Típico. Debí haberlo esperado. Cómo sea, al parecer voy a estar visitando mucho el cuarto de mantenimiento esta semana. Tal vez debería mover mis cosas para que sea mi nueva oficina.
—Ánimo. Cualquier cosa, aquí estoy.
El pelinegro le sonrió y asintió levemente mientras se arremangaba la camisa. No tuvo tiempo para descansar el resto de la mañana, pero logró realizar todas sus tareas con éxito, de alguna forma u otra. Aunque quería creer que eso era todo, Seung le había dicho que, cuando terminara, fuera con él para asignarle más cosas. Nunca antes caminar hasta la oficina del hombre le había resultado tan pesado como en ese momento. Al llegar a esta, encontró a su nueva amiga secretaria hablando con el jefe. Su conversación no duró mucho, ya que casi al instante y no sin antes dedicarle una pequeña mirada a Suga, se retiró, dejándolos solos.
—Una verdadera belleza ¿no crees?
El psicólogo dirigió su atención hacia el señor, quien sonreía con más honestidad que en la mañana.
—¿Quién?
—Lucy, la secretaría. Es hermosa, al estilo clásico ¿sabes? Simple, pero agradable a la vista— el hombre hablaba de ella como si se tratara de alguna clase de vino o queso caro —Me gusta para Tae, siempre imaginé que harían una hermosa pareja.
Suga sintió sus intestinos retorcerse, era increíble lo poco sutil que el Sr. Kim podía llegar a ser.
—Supongo, lástima que Taehyung sea gay.
Seung soltó una carcajada y comenzó a analizarlo con la mirada. Parecía que estaba cambiando de estrategia.
—¿Y tú, Yoon Gi? Quiero decir, Lucy es verdaderamente hermosa y me pareció escuchar que ella y tú se llevaban muy bien— no le gustaba para nada lo que trataba de insinuar —Quién sabe, tal vez serías más feliz con alguien como ella.
—Aprecio su preocupación, pero le aseguro que encuentro en Taehyung toda la felicidad que necesito. Podría decirme qué es lo que tengo que hacer ahora.
El mayor de los dos rodó los ojos y se puso de pie.
—Por ahora nada, te llamaré si te necesito. Puedes retirarte.
No necesitó que se lo dijera dos veces para que el joven se fuera. Se sentía sofocado y harto. Al comienzo, creyó que todo iba bien con los padres de Taehyung. Siempre se mostraron a favor de lo suyo, motivo por el cual le confundía demasiado la repentina actitud del hombre. ¿Estuvo fingiendo todo ese tiempo?
Al caminar, pudo notar que el hombre también iba en su dirección. Apresuró el paso. Estaba pensado en ir a comer algo, aprovechando su tiempo libre. No quería ver sus planes frustrados por algún cambio de opinión del mayor. Ambos tomaron el elevador, bajando hasta recepción. Seung fue el primero en salir de éste, yendo hasta donde estaba Lucy. Suga tenía la ligera sospecha de lo que quería hablar con la chica.
Intentó caminar lo más lento posible para poder escuchar la conversación de esos dos sin lucir demasiado extraño. Conforme se iba acercando, iba escuchando más. Pronto, el hombre dijo una oración que confirmó su miedo.
—He visto como lo miras, estoy seguro de que Yoon Gi es tu tipo.
Así que iba en serio con eso. Genial, lo que le faltaba. Como si su vida laboral no fuera ya un infierno gracias a la excesiva carga de trabajo, ahora también tenía que soportar que el hombre tratara de forzar una relación entre él y Lucy. Esperaba que la chica respondiera con una negativa y que eso no impidiera que se formara una relación de amistad entre ambos. Lucy, sin embargo, superó sus expectativas.
—No realmente, pero su esposa sí que lo es, jefe.
Suga tuvo que hacer un gran esfuerzo por no soltar una carcajada, revelando que había estado escuchando todo ese tiempo. Lucy, sin embargo, lo atrapó, dedicándole una mirada de complicidad. Definitivamente tenía que hacerse su amigo.
Seung, que se había quedado sin palabras, se retiró con el rostro rojo, tanto por el enojo, como por la vergüenza, mientras farfullaba algo acerca de que ahora estaban en todos lados y que ya no había valores entre la juventud de estos días. Suga lo ignoró, acercándose a la chica.
—¿Estás ocupada?
—No, ¿por qué?
—¿Te gustaría ir a comer conmigo?
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Después de dar un muy agresivo "gracias" al taxista y cerrar la puerta con cierta fuerza, pero no demasiada porque él no era grosero, Jimin caminó, furioso y decidido, hacia el edificio donde se encontraba la oficina de Jungkook. Llevaba días mandándole mensajes al abogado para hacer planes con él, ya que tenía algo muy importante de qué hablarle. Su "amigo", sin embargo, había estado rechazándolo bajo la excusa de que tenía mucho trabajo.
Entró al lugar y su presencia por poco pasa desapercibida para Jackson, quien estaba concentrado, escribiendo algo en su computadora. Fue gracias a la campanita de la entrada que alzó la mirada, listo para recibir a otro cliente.
—Buenas tardes. ¿En qué puedo...— no necesitó posar su mirada demasiado tiempo en el otro para ver que se trataba de su pareja. Estaba algo confundido, el bailarín solía avisarle cuando iba a visitarlo —¿Jimin? ¿Qué haces…?
El rubio lo pasó de largo, caminando directamente hacia la oficina de Jungkook. Una parte suya chilló por haber ignorado a su novio. Otra, mucho más asertiva, le recordaba que no tenía tiempo para perderse en una sesión de cursilerías con el otro, por más que quisiera. Entró sin tocar la puerta, encontrando al abogado en plena llamada. Se veía tan sorprendido como su recepcionista de que estuviera ahí.
El bailarín caminó hasta una de las sillas, sentándose con cierta torpeza. Se cruzó de piernas y brazos, haciendo muy prominente su puchero mientras miraba al menor.
—Estoy harto, Jungkook.
El pelinegro, que solía ser demasiado comprensivo con él cuando hacía sus berrinches, parecía más que dispuesto a ahorcarlo, como si no pudiera creer que el otro estuviera haciendo eso. Sabía muy bien que su amigo no lo dejaría en paz hasta que le pusiera atención, por lo que casi al instante se dio por vencido. Puede que se tratara de un cliente difícil la persona con la que estaba hablando, pero nada comparado con un Jimin enojado. Esperaba que no lo fuera a despedir luego de eso.
—Oye Han, una disculpa. Acaba de surgir algo importante, tengo que colgar. Te llamo después— Jungkook dejó el teléfono en su lugar, orando desde el fondo de su alma para lo que tuviera que decir Jimin valiera la pena —¿Qué sucedió?
—Estoy harto Jungkook, ya lo dije. Quiero denunciar a alguien por difamación.
El abogado soltó un suspiro sumamente pesado mientras frotaba sus sienes. Al parecer, aquel día una fuerza mayor estaba poniendo su paciencia a prueba.
—Jimin, ya hablamos de esto. Tú no quieres denunciar a alguien por difamación, quieres demandarlo. No es lo mismo.
—Lo que sea, solo quiero que esa estúpida acabe en la cárcel.
—Así no funciona, pero está bien. ¿Por qué no me cuentas qué pasó?
El abogado sacó una pequeña pelota antiestrés que tenía guardada en un cajón, descubrió que era muy efectiva a la hora de hablar con el rubio de sus problemas. Violentar un objeto inanimado lo hacía sentir en paz y evitaba que hiciera o dijera algo de lo que después se lamentaría. Miraba al chico con cansancio, cosa que el bailarín ignoró.
—¿Te acuerdas de Karen? ¿La del boliche?
—¿La maestra problemática de la academia a la que todo el mundo evita y a quién explícitamente te dije que no te le acercaras y muchos menos te relacionaras con ella? ¿Esa Karen, Jimin?
El joven, por primera vez desde que llegó, le sonrió.
—Aw sí la recuerdas. Sí, esa misma— al parecer no había logrado captar el pequeño regaño en sus palabras —Lo que pasa es que, por algún motivo extraño, ha estado actuando raro conmigo. También me enteré por mi coordinadora que incluso me acusó de amenazarla con violencia y plagiar una de sus coreografías. Es por eso que quiero a la maldita detrás de rejas.
Jungkook parpadeó, notando lo agitado que el otro estaba. Entendía que era una situación de estrés para el bailarín (aunque no del todo en realidad), pero aquello le resultaba demasiado excesivo. Era simplemente uno de esos casos de los que Jackson solía encargarse de acuerdo al trato que habían hecho.
—Primero, necesito que te calmes.
—¡No quiero calmarme! ¡Quiero denunciarla!
—Demandarla.
—¡Lo que sea!
Jimin gritó como un niño malcriado. El abogado se dio cuenta de que estaba en una situación difícil, tenía que proceder con mucha cautela sino quería que el humor del chico empeorara. No había mucho que pudiera hacer en su caso, no creía que demandarla por difamación fuese necesario, pero estaba seguro de que había una manera sensible de decírselo y evitarse otra escena. La pelota que estaba usando comenzaba a perder su forma debido a la fuerza con la que la aplastaba, no era consciente aún de lo tenso que se encontraba.
—Jimin, es que no creo que sea necesario. Si son solo rumores y no te está afectando, no veo el sentido en que gastes dinero en un abogado que no va a poder hacer nada al respecto.
—¡Es que sí me está afectando! ¡¿Qué no entiendes que tengo una reputación que cuidar?! Si permito que esos falsos rumores continúen, pronto voy a ser conocido como un ladrón violento y créeme, esa no es la clase de profesor que los alumnos suelen escoger.
Jungkook iba a replicarle, para empezar porque sería un plagiador violento en todo caso, no un ladrón. El sonido de alguien que tocaba la puerta para después abrirla con suavidad, metiendo su cabeza poco a poco lo detuvo. Jackson los miraba desde afuera con cierta preocupación en su rostro.
—¿Está todo bien? Me pareció escuchar gritos.
El bailarín volteó a mirar a su pareja como si estuviera a punto de llorar. Había llegado al punto máximo de su berrinche.
—Estoy enojado.
El secretario actuó en cuestión de segundos, corriendo hacia él para poder abrazarlo con fuerza y consolarlo. Odiaba verlo así, ¿quién había osado a hacer sentir mal a su bebé?
—¿Qué pasó, lindo? ¿Por qué estás llorando?
—No estoy llorando, solo estoy muy molesto porque Jungkook va a hacer que pierda mi trabajo.
El abogado conocía a Jackson desde hacía tiempo, incluso desde antes de que comenzara a trabajar para él. Sin mencionar que recientemente se habían vuelto mucho más cercanos debido a las constantes salidas de los tres, por lo que Jungkook quiso pensar que lo conocía bien. Ahora se daba cuenta que estaba equivocado. Jamás lo había visto con una mirada tan despiadada y llena de odio como la que le estaba dedicando en aquel momento. Sentía que, si se movía, el otro se le iba a ir encima.
—¿Es eso cierto?— dijo con tono glacial.
Jungkook negó rápidamente.
—No, para nada. Esto es solo un malentendido.
—¡Mentira! ¡Está mintiendo!
—Hablo en serio— Jungkook suspiró —Lo que trataba de decir es que no tiene caso levantar la demanda, basta con que yo vaya a hablar con Karen para que se asuste y desista. Probablemente después diga la verdad y tu reputación se mantendrá intacta.
Jimin borró su expresión de berrinche, mirando al otro, esperanzado.
—¿Harías eso por mí?
Como si tuviera opción.
—Sí.
—Eres el mejor Kookie, te debo la vida— a pesar de que el cumplido iba al abogado, a quien estaba abrazando era a su novio. Lo miró, sonriente —¿Ya oíste? Me va a ayudar.
—Por supuesto que lo hará precioso, no mereces menos.
La pareja se perdió al instante en su mundo, como era costumbre. Jungkook no apreciaba lo fácil que la personalidad de su asistente podía dar un giro de 180 grados. No volvería a retar a Jimin otra vez, no le convenía. Se recargó en su silla, dejando la pequeña pelota sobre su escritorio.
—Dios, ¿por qué todo el mundo quiere resolver las cosas a golpes? No puedo creerlo.
Jimin y Jackson lo voltearon a ver a él y luego a la pelota, ahora amorfa, que descansaba frente a él, juzgándolo con la mirada.
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Namjoon había estado muy preocupado últimamente ya que la cantidad de clientes que recibían era cada vez menor. No es que fueran pocos, pero se habían acostumbrado a recibir una cantidad considerable de ingresos por día y ver que estos disminuían poco a poco los angustiaba a ambos, por más que su pareja tratara de disimularlo. Los silencios de vez en cuando al hacer las cuentas del día lo delataban.
Fue por eso que cuando abrieron el local esa mañana, el menor de los dos creyó que no tendrían demasiado trabajo que hacer. Aquello resultó ser verdad durante las primeras horas del día. Solo llegaban uno que otro estudiante o profesor, así como oficinistas que iban tarde a su trabajo y necesitaban su dosis de cafeína diaria para enfrentarse a todo lo que les esperaba en sus respectivos oficios. Fue alrededor del medio día que todo comenzó a descontrolarse. De tener uno o dos clientes ocasionalmente, el local se encontró lleno por completo. Hacía mucho que todas las mesas se ocupaban.
Tanto Namjoon como el pelinegro corrían por todo el lugar, llevando bebidas y alimentos y tomando órdenes. Era como si alguien se hubiera compadecido de su situación y hubiera decidido mandarles de golpe todo el trabajo que no tuvieron los últimos días. Aunque lo agradecía porque podía sentir cómo volvían a estabilizarse económicamente, lidiar con tantas personas a la vez, y más siendo solo ellos dos, estaba resultando ser todo un reto. Apenas tenía tiempo para registrar una orden cuando otra ya estaba lista, por lo que tenía que salir corriendo a recogerla, no sin recibir otras seis más en el camino.
El castaño miró a su esposo, quien, si bien se veía igual de atareado que él, lo manejaba todo con calma y profesionalismo. Lo envidiaba y admiraba demasiado en ese momento. Él apenas era capaz de mantener el ritmo. Soltó un suspiro mientras se reunía de valor para atender a las siguientes personas, quienes llevaban ya un buen rato esperándolo. A juzgar por el rostro de una de ellas, pudo notar que no estaba nada feliz con la idea de seguir esperando, por lo que tenía que actuar rápido. Forzando una sonrisa, caminó hasta ellas.
—Gracias por la espera, ¿qué les puedo servir?
—¡Al fin! Para mí va a ser un Chai Latte con una rebanada de tarta de moras— fue una mujer bastante atractiva y joven la primera en hablar —Para mis hijas te voy a encargar dos chocolates calientes y una rebanada de pay de plátano para compartir— en realidad fue la única que lo hizo, las niñas se limitaron a observarlo con curiosidad.
Sabía que algo que podía darle puntos extras con aquella mujer para recibir una propina decente, era tratar de interactuar con sus hijas, pero era terrible con los niños, por lo que se limitó a sonreírles. Aclaró su garganta y rápidamente anotó todo en una pequeña libreta que cargaba consigo.
—Un chai latte, dos chocolates calientes, una rebanada de tarta de moras y una de pay de plátano, ¿correcto?
—Así es.
—¿Sería todo?
La joven pareció estar a punto de darle la razón, pero se detuvo en seco al recordar algo. Dio una rápida escaneado al menú, buscando algo.
—En realidad, se nos va a unir alguien más, por lo que también va a ser un café negro y… ¿de casualidad el Sándwich Pansement tiene aderezo? Es que es terriblemente alérgico— esa era una pregunta excelente. Aunque sabía de cual le estaba hablando, nunca se había molestado en fijarse en la receta. No pensó que llegaría el día en que fuera algo que tuviera que saber. Se quedó mirando a la mujer, en blanco. Esta soltó un suspiro —Si sí tiene, te voy a encargar un baguette a la francesa, pero de preferencia el sándwich.
—Una disculpa, en seguida les traigo sus alimentos.
Rápidamente se dirigió hacia la barra para empezar con las bebidas por ser lo más sencillo de preparar, más cuando tenía que consultar con el encargado de los postres y alimentos acerca del dichoso sándwich. Miró alrededor, asegurándose de que nadie más estuviera listo para ordenar. Gracias al cielo, todos estaban comiendo o pensando qué pedir. Tomó cuatro tazas y empezó con el proceso. Su esposo se acercó, exhausto.
—Vaya día, eh.
Namjoon soltó una risita.
—Y que lo digas, hace mucho que no teníamos tanto trabajo.
—La verdad no sé si alegrarme o ponerme a llorar— el mayor de los dos comenzó a sacar varias cosas, leyendo una y otra vez su propia lista —Por cierto, no olvides la promoción. Ya casi nos acabamos la reserva infinita de café.
—Señor, sí señor.
Estaba por ir a la cocina para recoger los postres cuando recordó que aún tenía que resolver el asunto del sándwich. Volteó hacia el mayor, quien le daba la espalda, para preguntarle, pero apenas abrió la boca, se quedó sin palabras. Era muy sencillo, tan solo tenía que llamarlo para que volteara y hacerle la pregunta. Solo tenía que hacer eso. Decir su nombre, uno que tenía grabado en su mente y corazón y el cual adoraba pronunciar por lo dulce que sonaba. El nombre del amor de su vida. Solo tenía que decirlo, era una palabra bastante sencilla de pronunciar. Pero no pudo por una razón.
¿Cuál era su nombre?
Namjoon entró en shock. ¿Cómo era posible que olvidara el nombre de su esposo? ¿Tan cansado estaba que ya no pensaba bien? Apretó los ojos y negó levemente. Estaba seguro de que lo sabía, solo estaba teniendo un mal momento. Era cuestión de que se concentrara un poco más. Mientras trataba de hacerlo, el miedo comenzó a consumirlo con el pasar de los segundos. No pudo recordar el nombre de Jin, pero recordó el día en que su papá no supo el nombre de su mamá, el día en que todo se fue en picada. Ese no era su caso, no podía serlo. El chico se quedó de pie en donde estaba, con la mirada perdida y una expresión aturdida. Todo comenzaba a tener sentido, pero una parte de él se negaba a aceptarlo. Seguía sin poder recordar su nombre.
Jin, por su parte, seguía ocupado preparando sus propias órdenes, ajeno al dilema que su pareja enfrentaba. Colocando todo sobre una charola, dio media vuelta y comenzó a caminar de regreso a las mesas para entregar todo, revisando en su lista que no le faltara nada. Al estar tan enfocado en ello, no vio que el otro bloqueaba su camino hasta que por poco se estrella contra él. Se asustó ligeramente al no esperar la presencia del menor aún ahí. Alzó la vista, mirando a Namjoon un tanto preocupado.
—¿Qué haces parado ahí, Joonie? ¿Te encuentras bien?
Su voz hizo que el castaño saliera de su ensimismamiento.
—¿Qué? Ah sí, todo bien— todavía estaba un tanto abrumado con el descubrimiento que tanto deseaba ignorar. Tenía que decirle, pero le parecía innecesario considerando que no estaba seguro del todo aún. Además, no se encontraban en el lugar para hablar de eso. —Ahm... amor, ¿sabes de casualidad si el Sándwich Pansement tiene alguna clase de aderezo?
—Por supuesto que sí, tonto, su nombre lo dice— respondió a manera de broma —Hazte a un lado por favor, tengo que llevar estos pedidos a sus dueños antes de que se enfríen.
Casi como un robot, Namjoon se apartó, dejando al otro pasar. Su mente estaba en blanco, no solo porque seguía sin recordar el nombre de Jin, sino porque tampoco sabía qué sentir. Todo aquello lo estaba abrumando demasiado y no le gustaba. No quería. Al menos no aún, cuando su vida estaba apenas comenzando. Lentamente caminó hasta la cocina, sacando todo lo que necesitaba y colocando el baguette dentro del horno para que estuviera caliente una vez lo entregara. Sabía que lo más inteligente era llevar el resto de las cosas a la mesa ya que el baguette no estaría listo hasta dentro de unos quince minutos, pero el barista no encontró la motivación suficiente para moverse.
Los síntomas estaban ahí, el historial también. Aunque su mamá le había asegurado que a él jamás le pasaría, algo dentro de él le decía que era mentira. No por nada evitó formar un vínculo demasiado fuerte con las demás personas durante tantos años. Por miedo a que después ni siquiera fuera capaz de reconocerlas. Apretó su mandíbula, tenía que recordar el nombre. Con eso sería más que suficiente para sentirse tranquilo.
El chico aún no lograba hacerlo cuando una campanita sonó, indicándole que ya estaba listo el baguette. Soltó un suspiro y tomó los alimentos para después colocarlos sobre una charola junto a las bebidas. Trató de ubicar la mesa en donde se encontraba la hermosa mujer, cosa que no tardó mucho en hacer. Ahora, sin embargo, un hombre bastante apuesto y extrañamente familiar también las acompañaba. Namjoon pensó que ya había visto varios de los rasgos de aquel sujeto en alguien más. Caminó hasta ellos, depositando todo frente a sus respectivos dueños. Ninguna de las personas pareció notar su presencia, estaban demasiado enfrascados en una pequeña discusión.
—Te dije que ya había comido antes de venir aquí.
—No es cierto, dijiste: "puede que coma algo antes".
—"Puede" suele significar que lo haré, cariño. ¿Qué esperas que haga con toda esta comida?
—Comerla. Ya la encargué, más te vale disfrutarla— el hombre soltó un gruñido —Si no te parece, puedo mandársela por paquetería a tu hijo sin problemas, cariño. Estoy segura de que va a estar muy complacido de recibir un obsequio de parte de la amante de su papá.
—No te atreverías.
—¿Me estás retando?
En aquel momento Namjoon decidió que lo mejor era retirarse. Ah, el amor. Deseaba de todo corazón que jamás fuera a llegar al punto de su matrimonio en el que tuvieran que buscar amantes. Ni él ni su pareja, por supuesto. Era una idea tonta, se amaban demasiado como para que algo así les fuera a pasar. Jamás podría serle infiel a… a…
Sintió una fuerte punzada en su corazón. ¿Infiel a quién, Namjoon? ¿Cómo podía estar seguro de que el otro eventualmente no se iba a cansar de él si ni siquiera podía recordar su nombre? La realidad de lo que estaba sucediendo cada vez era más difícil de negar. Aquello no se trataba de un desliz o un descuido y tampoco lo de las últimas semanas. No era normal olvidar tantas cosas a la vez y él lo sabía. Lo sabía muy bien. Miró alrededor para descubrir que nadie requería de sus servicios, cosa que agradeció profundamente.
Se dirigió hacia la caja registradora, desplomándose en la silla que se encontraba detrás de ésta y escondiendo su cara en sus manos mientras enterraba sus dedos en su cabello, masajeando su cabeza un poco. Como si eso fuera a hacer que funcionara mejor. Tenía un nudo en la garganta y pudo sentir como una lágrima se resbalaba por su mejilla. La limpió rápidamente. Quería llorar por la impotencia que sentía al saber que no podía hacer nada para evitar lo que seguramente se avecinaba, pero no lo haría. No ahí y menos frente a su esposo, no quería que nadie se preocupara por él.
Sabía que pronto iba a tener que tomar una decisión muy importante si es que todos sus miedos resultaban ser verdad. Él sabía lo doloroso que era perder a alguien de esa manera y no quería que nadie más tuviera que pasar por una experiencia como esa, mucho menos provocarla. Tenía que…
Un par de manos suaves lo tomaron de la cabeza e hicieron que alzara su cara. Se encontró con los hermosos ojos marrones de su pareja, que lo observaba sumamente consternado. Al parecer, él también acababa de desocuparse.
—¿Qué sucede? Has estado actuando muy extraño hoy.
Soltó un suspiro. Se estaba adelantando demasiado a las cosas, tenía que mantener la calma o, si no, iba a tomar malas decisiones.
—Nada, es solo que me está doliendo mucho la cabeza y me siento algo cansado.
—¿La cabeza otra vez? Cariño, eso no es normal, llevas toda la semana así— el joven comenzó a examinarlo, checando que nada estuviera fuera de lugar —Esto ya es demasiado, necesitas ir al doctor a que te hagan un chequeo.
El doctor. Por supuesto. Tenía que ir, necesitaba respuestas o alguien que le diera un análisis claro de lo que le estaba pasando. Esperaba que el doctor que lo había ayudado cuando su papá empezó con el problema siguiera trabajando ahí. Era experto en el área, no había nadie mejor que pudiera atenderlo. Aquel pensamiento lo entristeció considerablemente.
—Sí, creo que haré una cita para esta semana. Deja que se tranquilicen un poco las cosas aquí, no quiero dejarte solo.
Jin iba a replicar, pero un cliente nuevo entró. Era su señal para ponerse manos a la obra. Soltó un suspiro y asintió. Se retiró sin decir nada más, dejando a Namjoon con sus pensamientos. Iba a encontrar una manera de solucionar todo solo.
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Jungkook no estaba de humor. Tuvo un día muy difícil en la oficina, tanto por la cantidad excesiva de trabajo, como por el hecho de que, después de su pequeño numerito, Jimin decidió quedarse con ellos. No es que no apreciara al chico, el problema era que podía ser una patada en el trasero cuando quería. Inicialmente, accedió ya que pensó que el bailarín se dedicaría a fastidiar a su pareja únicamente, pero la vida se burló de su ingenuidad ya que el rubio entró a su oficina en varias ocasiones buscando atención. Decir que estaba agotado e irritado era poco, motivo por el cual no le causaba gracia que su puerta no quisiera abrir.
Trató varias veces de empujarla, sin lograrlo. Su desesperación llegó a tope y le dio una fuerte patada, lo que logró que finalmente cediera. Era algo deplorable y altamente criticable que hubiera cedido con tanta facilidad a sus impulsos violentos, pero no podía importarle menos. Quería acostarse de una vez por todas y nada en el mundo se lo iba a impedir.
Entró a su apartamento, cerrando la puerta detrás de él, por suerte aún funcionaba. Jungkook comenzó a entrar en modo reposo. Dejó su maletín tumbado en el suelo seguido de sus zapatos y corbata. Una vez en la sala, se desplomó en uno de los sillones, soltando un gruñido. Su espalda agradeció aquel cambio. Estaba demasiado tenso. Frotó su cara un poco y miró al techo. ¿Cómo es que terminó en una situación como esa?
El joven abogado recordaba aun la época en la que era feliz con todo y carga de trabajo. Ahora, difícilmente podía decir que sentía algo. Sabía que todo se debía a las malas decisiones que tomó en el pasado. Aunque nada le aseguraba que, de haber actuado distinto, su vida hubiese resultado mejor. En algunas ocasiones, todavía se atrevía a imaginar qué hubiera pasado si jamás le hubiera sido infiel a Jimin y se hubieran casado. ¿Realmente hubiera sido feliz así? En aquel entonces, pensaba que sí, pero el Jungkook de ahora lo dudaba. Ya no albergaba ningún sentimiento romántico por el bailarín, por lo que podía ver las cosas de manera objetiva y darse cuenta que sus sentimientos nunca fueron genuinos. Aquella relación no habría funcionado, las cosas estaban mejor como estaban.
Aquello lo desanimó. ¿De verdad esa era la mejor versión de su vida? Realmente no le faltaba nada, pero las cosas eran demasiado raras como para que estuviera cómodo con ellas. En primer lugar, de algún modo terminó formando un grupito extraño con su recepcionista y su ex novio. Cuando todo terminó con Jimin, se esforzó para que su relación no fuera mala. La idea era mantener las cosas lo más civilizadas posibles, sin embargo, en algún punto todo se torció, pasando de "seamos gente madura que puede seguir hablándose sin rencor por el pasado que compartimos" a "somos mejores amigos que salen a todos lados juntos". Era muy bizarro, pero comenzaba a acostumbrarse.
Eso no era lo que perturbaba a Jungkook, sino todo lo demás. Repentinamente, Suga lo invitó a cenar para hacer las paces y convivir a pesar de que jamás, salvo algunas ocasiones muy puntuales, tuvieron alguna clase de relación real. Apenas hablaban y solo porque pertenecían al mismo grupo de amigos. También estaba el hecho de que a Namjoon, después de años sin hablarle más que para cuestiones legales, se interesara en retomar sus salidas semanales nada más porque sí. Apreciaba la compañía, pero le desconcertaba no saber los motivos detrás de las acciones de ambas personas. ¿Por qué ahora? ¿Por qué él? ¿Querrían algo o genuinamente estaban interesados en formar un vínculo con él? Nada tenía sentido en su cabeza.
Sus pensamientos se desviaron al recordar la actitud de Namjoon la última vez que lo vio. Sabía que su "amigo" podía llegar a ser muy torpe, sobre todo cuando se trataba de labores físicas o que no requirieran de mucho intelecto, pero todos los errores que cometió aquel día rayaban lo absurdo. Al inicio, lo atribuyó a que estaba muy cansando o nervioso por algún motivo, pero, ahora que lo pensaba, eso no era normal.
El joven abogado cambió de posición, mirando ahora una de las lámparas del lugar. Comenzaba a sospechar que lo de Namjoon, más que una simple característica de su personalidad, podía tratarse de un síntoma de algo más serio. Recordaba a la perfección el estado del padre del mayor cuando empezó a llevar su caso, dándose cuenta de que compartía muchas semejanzas con el estado actual del chico. No quería ser entrometido, pero aquello lo preocupaba. Aprovecharía una de sus ya frecuentes salidas para platicar al respecto con el otro. Conociéndolo, si ya se había dado cuenta, no le ha dicho a nadie. Pensaba que así los protegería, sin darse cuenta de que se estaba perjudicando a sí mismo.
Jungkook estaba atascado en trabajo, por lo que no podría involucrarse demasiado como la vez pasada, pero los años habían hecho que consiguiera el número de varias personas que podrían ayudar bastante a su amigo. Solo era cuestión de esperar a que se sincerara con él y al instante comenzaría a mover hilos para hacer el proceso más fluido que la última vez.
Estaba pensando en mandarle un mensaje para ponerse de acuerdo y salir uno de esos días cuando su celular vibró, indicándole que alguien buscaba contactar con él. Lo miró por unos segundos, no dejaba de vibrar gracias al sin fin de mensajes que estaba recibiendo. Solo conocía a una persona capaz de eso y no le hacía gracia que estuviera arruinando su momento de descanso. Tomó su celular y suspiró. En efecto, se trataba de Jimin, quien le decía incesantemente lo importante que era que no olvidara hablar con la tal Karen lo más pronto posible ya que cada vez inventaba más cosas para hacerlo ver peor que antes.
Arrojó su celular lo más lejos posible de él, no quería lidiar con el bailarín. Lo apreciaba mucho, a él y a Jackson, pero no estaba de humor para hablar con ninguno de los dos. Si tan solo fueran un poco menos problemáticos, tal vez no le conflictuaría que lo asociaran con ellos. El joven se sentó en el sillón, volviendo a preguntarse qué estaba haciendo con su vida. ¿Por qué demonios continuaba saliendo con su ex y su recepcionista? La mayoría de sus problemas se debían justamente a esos dos. Necesitaba vacaciones.
Los ojos del abogado brillaron mientras se ponía de pie bruscamente. ¡Eso era! Necesitaba urgentemente unas muy largas vacaciones lejos de todo y de todos. En especial de todos. O tal vez podría cerrar el despacho por un tiempo y encargarse solos de los casos que ya tenía abiertos. O mejor aún, primero cerrar la oficina y una vez terminara con todo el trabajo, irse de vacaciones a alguna playa lejana para meditar mejor las cosas y redescubrirse. Hacía mucho que había perdido la conexión consigo mismo y sus necesidades. Suspiró. Era una idea fantástica, pero poco realista. Si fuera un negocio de un solo hombre, tal vez no se la pensaría tanto, pero era consciente de que arrojar todo por la borda también afectaría a Jackson. Eran tiempos difíciles, por lo que le iba a costar mucho conseguir otro trabajo al castaño, por más experimentado que fuera. Sobre todo, uno igual de bien remunerado.
Jungkook a veces deseaba que las cosas no le importaran tanto como lo hacían, pero no podía evitarlo. Por más tentadora que fuera la idea, no pensaba hacerle eso al chico, y menos cuando ha sido uno de los mejores empleados que ha tenido hasta el momento. Con sus particularidades, por supuesto, pero el mejor de igual modo. Se estiró, decidiendo que lo mejor era dejar de ilusionarse y darse un baño. Quizá fuera igual de relajante que pasar una tarde entera echado en la playa, dormido. Necesitaba convencerse de que ese era el caso o se volvería loco.
Estaba por ir a su cuarto para tomar todo lo necesario para bañarse cuando su celular comenzó a sonar, indicándole que tenía una llamada. Jimin era increíble, ¿tan difícil era entender que quería estar solo? La oficina ya había cerrado, no pensaba hablar más del tema con él hasta el día siguiente, luego de su café. Ignoró al dispositivo tomando sus cosas, este sonó durante un rato más hasta que paró, lo que hizo que el abogado se relajara bastante.
Casi al instante, sin embargo, comenzó a sonar de nuevo. Al parecer, el bailarín no iba a descansar hasta que obtuviera una respuesta. Resignado a que no podría bañarse hasta dentro de un buen rato, fue a recoger su celular y miró el número. Grande fue su sorpresa al descubrir que no se trataba del bailarín, sino de un número desconocido. Aquello lo hizo dudar más sobre si tomar la llamada o no. Si era un cliente, lo más probable era que no podría bañarse hasta mañana.
Miró la pantalla unos segundos y suspiró, no podía darse el lujo de rechazar clientes sin haberlos escuchado primero. Él mismo lo había dicho, las cosas estaban yendo muy bien, pero eso no significaba que fuera a ser así para siempre. Trabajo era trabajo. Contestó la llamada.
—¿Bueno?
—Buenas noches— era la voz de una mujer —Disculpe las molestias, ¿es usted Jeon Jung Kook?
—Así es, ¿hay algún problema?
—No, en lo absoluto. Tengo entendido que lleva casos de índole familiar, ¿es correcto?
—Así es, mi especialidad es todo lo relacionado con civil.
—Perfecto, es que mi hijo ha hablado mucho de usted y me gustaría contratar sus servicios— se hizo un breve silencio en la línea —Vera…
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No era usual que el profesor cocinara, lo normal era que pidiera algo de comer o se pegara a su novio, quien siempre preparaba algo. Ese día, sin embargo, Suga aun no llegaba. Taehyung no tenía antojo de comida rápida y comenzaba a tener hambre, por ello, la conclusión lógica era que cocinara algo para comer. Ahora bien, el chico realmente nunca lo había intentado, por lo que no conocía muchas recetas. Bastó con que hiciera una rápida búsqueda en internet para encontrar varias sencillas. Hasta él podría hacer algo como eso sin quemar la cocina o que la comida terminara matando sus papilas gustativas.
Buscó los ingredientes necesarios, se colocó un mandil, solo para sentirse un poco más profesional y se puso manos a la obra. Iba a la mitad de la receta cuando escuchó que alguien entraba soltando un gruñido. Supo que se trataba de Suga por la manera en que arrastraba los pies hasta la cocina. Fue uno de esos días, entonces. Lo miró de reojo.
—Hola, vida
—Hola— el joven había llegado hasta donde él estaba, asomando la cabeza por encima de su hombro para ver lo que estaba haciendo. Por la diferencia de alturas, el pelinegro tuvo que pararse de puntitas —¿Qué haces?
—Pollo cordon bleu.
Suga simplemente asintió, caminando hacia la isla para desplomarse en una de las sillas, recargando su cara contra la mesa.
—¿Y ese milagro que cocinas?
—Nada más, pensé en tomar el reto —explicó —Sirve que aprendo a cocinar para que no seas solo tú quien lo hace.
—No es necesario, siempre podemos pedir comida.
El profesor hizo un ligero puchero, esa no era la respuesta que esperaba.
—Pero la comida casera siempre es mejor y mucho más saludable— lo miró —¿Quieres que te prepare un poco?
El psicólogo pareció meditarlo algunos segundos. Negó mientras enterraba su cara entre sus brazos.
—No, estoy demasiado cansado. Creo que tomaré un baño y luego a dormir.
Debido a la posición en la que se encontraba, el profesor tuvo cierta dificultad para escuchar lo que decía. Soltó un suspiro mientras volvía a su pollo.
—¿Tan mal estuvo tu día?
—Sí— y después de eso, ambos jóvenes se quedaron en silencio. el cual solo era interrumpido por el sonido del aceite saltando y burbujeando. El mayor de los dos se estiró y miró el techo —Creo que tu papá me odia.
Aquello hizo que Taehyung se tensara levemente. No esperaba aquella oración tan pronto. Sabía sobre los sentimientos para nada agradables que su padre albergaba por su pareja, pero pensó que los disimularía frente al otro un poco más.
—¿Por qué lo dices?— preguntó con cautela.
—Porque me está haciendo la vida de cuadritos en la oficina. Tengo demasiado trabajo que hacer y nada que tenga que ver con mi profesión.
Oh, entonces era eso. Soltó un suspiro, aliviado. Si el hombre estuviera acosándolo por ser su novio, jamás se lo perdonaría.
—Ya veo, ¿quieres que hable con él?
—No es necesario— Suga lo miró —Es pesado, pero creo que es preferible a no tener nada que hacer. Al menos así "desquita mi salario".
Taehyung sonrió y pensó que eso era algo muy Suga de su parte, aunque detestaba verlo en ese estado. Apagó la estufa y se quitó el mandil. Lavó sus manos en el fregadero y se dirigió hacia su novio. Este, al ver que se acercaba, se puso de pie y extendió sus brazos hacia él. El profesor lo atrajo hacia su cuerpo y lo abrazó con fuerza, acariciando su espalda en círculos.
—Mi pobre bebé está agotado.
No había nada en el mundo que Suga odiará más que Taehyung le llamará bebé. Lo encontraba desagradable y, hasta cierto punto, denigrante. En aquel momento, sin embargo, lo necesitaba. Quería ser mimado por el otro, así que podía pasarlo por alto. Al menos en esa ocasión.
—Sí— enterró su cara en el pecho del menor —Vaya que sí.
El profesor lo observó y mordió su labio inferior. No recordaba cuándo fue la última vez que lo hicieron, nadie podía juzgarlo por la forma en que su cuerpo estaba reaccionando. Comenzó a bajar sus caricias poco a poco por la espalda de Suga mientras se acercaba a su oído para murmurarle.
—¿Demasiado cansado como para pasar tiempo de calidad juntos?
Trato de desabrochar la camisa del otro, pero el psicólogo lo detuvo, sosteniendo su mano. Lo miró a los ojos.
—Ahora no Taehyung, en serio estoy muy cansado.
—Está bien.
Al menos lo intentó. Retomó sus caricias simples mientras depositaba un suave beso en la cabeza. Eso tampoco estaba mal.
