Sakura estaba en la salida de la biblioteca, el sol aún no se ocultaba. Tsunade le había permitido salir antes para resolver asuntos importantes, así que tenía gran parte de la tarde libre. Tres días desde que su sensei partiera de misión, sabía que no era para evitarla o algo parecido, pero no dejaba de pensar en lo que sucedería cuando regresara, en unas horas más.

Caminó por la Aldea, estaba distraída. Pensando en la última vez que lo vio, la madrugada después de estar juntos la acompañó hasta su casa y allí se despidió con un delicado beso en la frente. Al día siguiente estaba de misión. Naruto, Ino y el resto le habían preguntado por su ausencia, era la segunda vez que se ausentaba de una reunión, comenzaban a pensar que no le agradaba verlos o estar con ellos. Sakura argumentó que se había quedado dormida, Naruto le creyó sin mayor esfuerzo, conocía mejor que nadie lo demandante que era su entrenamiento. Ino, por su parte, la observó con cierto recelo, quizá veía en su amiga una duda, algo que le advertía que algo más estaba sucediendo. Pero no dijo nada.

La médico seguía caminando sin rumbo fijo, podría ir con Naruto, o a su casa, pero ninguna idea parecía la adecuada. Era como si estuviera esperando que algo sucediera, que el ninja volviera y decidir su futuro de una buena vez, o continuar o dejarlo. Y esas dos opciones la inquietaban, ¿podría continuar con el silencio, con los altibajos tan marcados, la falta de comunicación?, ¿podría dejarlo, apartarse de sus besos, de las caricias suaves y delicadas que él le dedicaba, de su protección, podría darse por vencida y olvidar lo que sucedió en la otra realidad, al hombre que dijo que la amaba?

¿Por qué era tan difícil? Mejor dicho, por qué lo complicaban todo. En lugar de hablarlo de una buena vez, se quedaban callados. No tenía ni idea de qué había hecho en la otra dimensión para estar juntos, pero claramente, en esta, no estaban haciendo lo mismo, no estaban ni cerca. Sakura sacudió la cabeza, sus pensamientos la tenían dando vueltas por toda la Aldea, cuando se concentró en su entorno, el sol estaba oculto. La oscuridad de nuevo. Dejó de vagar y se dirigió a casa, era momento de ir a un lugar conocido.

Caminó, estaba decidida a no rendirse, por lo menos no esa noche. Se sinceraría con el ninja, y entonces podrían tomar una decisión, juntos. Sus pasos que eran firmes y rítmicos se detuvieron. Habían tomado la decisión por ella. Un ANBU estaba entre las sombras, pero no sólo, había una ANBU, por su cabellera larga y negra, además de su figura, que tenía ambas manos sobre su pecho, que estaba de puntillas y tan cerca de él como Sakura lo había estado días antes. Y no, no era que él estuviera tocándola, era que no se alejaba. Si no estaba cómodo, tampoco le molestaba. ¿Cómo es que no reconoció esa máscara antes?, era el mismo ANBU que ella atendió en el Hospital, el último. Era gracioso que no lo reconociera antes, era gracioso en las cosas que se ponía a pensar ahora que todo había terminado. Aquel ninja le había parecido tan atractivo, y resultó que era el mismo que ahora se escondía en las sombras, su sensei. Se quedó quieta, se obligó a ver lo que sucedía frente a ella. Su mirada debió ser muy intensa, porque el ninja no tardó en notar su presencia.

Sakura retomó su camino, pero en lugar de ir a casa, se desvió al parque. Buscó el lugar más apartado, el más frío y oscuro. Se quedó quiera y esperó. Segundos después alguien apareció a su espalda.

-Pensé que estarías en la Biblioteca.

-Tsunade-sama me permitió salir antes – se giró y en lugar de enfrentarlo con una mirada dolida, le ofreció una sonrisa sincera – Me alegra que la misión fuera un éxito.

-No hagas esto, Sakura. Fingir que no ha pasado nada, que no he hecho nada.

-No lo hago – pero siguió sonriendo con una tranquilidad que parecía ridícula para ese momento.

-Entonces dilo.

-¿Que diga qué?

-Que no soy lo que esperabas, que te fallé.

-Creo que nos falló a ambos, a lo que podíamos llegar a ser.

-No puedo, lo intenté, pero mi mejor intento terminó por herirte.

Sakura negó con la cabeza y se abrazó a sí misma.

-Este... esto, no es su mejor intento. No está ni cerca, así que no se atreva a repetirlo.

-¿Y tú cómo lo sabes? No me conoces realmente, Sakura. Ni siquiera te conoces a ti misma, no puedes reprocharme nada.

-¿Qué no me conozco a mí misma? No puede decirme eso, en todo caso, no he tomado las mejores decisiones.

-¿Y me incluyes en esas malas decisiones?, no, ni siquiera es necesario que respondas. No te conoces, y si lo haces, entonces te falta valor para reconocer que sigues enamorada de Sasuke.

-¿Qué tiene qué ver Sasuke en esto? – Sakura hizo un gesto de extrañeza absoluta.

-Pero...

-¡No! – la médico dio un paso hacia atrás – Usted se presenta aquí y me dice que la razón por la que se portó como un auténtico patán es porque cree que sigo enamorada de Sasuke. Tiene razón, no es el hombre que esperaba.

-¿Qué esperabas?, déjame pensar, un caballero atento y obediente, listo para cumplir tus deseos, dependiente y entregado por completo... ¿eso era lo que esperabas?

-En realidad esperaba a un hombre enamorado...

-No puedo... yo no puedo, yo no soy.

-No quiso serlo.

-¡¿Por qué estás tan segura de que era yo?! No lo entiendo. ¿Qué te hizo pensar que podría serlo?

-Tuve un sueño extraño... Pero sólo fue eso, un sueño.

-Sakura...

-En caso de que no lo sepa, usted no tiene mejores o peores versiones, sólo tiene una. Todos tenemos una, pero para conocerla, primero hace falta enamorarse, y usted no se enamoró de mí.

-Lamento si no soy el hombre con el que soñaste, pero tienes razón, fue sólo un sueño.

-Esto es lo que sucederá... - Sakura limpió una solitaria lágrima que resbalaba por su mejilla, ni siquiera la dejó llegar a su barbilla y caer. No, la secó apenas salió de sus ojos jade – No volveremos a vernos hasta que Tsunade-sama ordene una nueva misión para el equipo siete, creo que eso no sucederá pronto, así que tendremos tiempo para olvidarnos de estas semanas.

La médico le ofreció una sonrisa realmente sincera, pero rota, estaba esforzándose por no romper a llorar, por controlar el tono de su voz, por aparentarse más fuerte y segura de lo que se sentía en ese momento. Le dio la espalda, y fue difícil hacerlo, ¿cómo todo había terminado tan mal?, el hombre de la otra dimensión, ella misma, su relación, nada era como en aquella realidad, no eran los mismos, ni los sentimientos, ni ellos. No tenía sentido desear algo que no era. Se quedaría con los recuerdos, con los buenos, y seguiría con su vida. Ese era el adiós, y supo que lo esperaba desde que se aventuró a conquistar a ese hombre, la parte de ella que no estaba cegada con amor, le advertía y se preparaba para ese momento. Nunca sabría qué los había unido en la otra dimensión, pero en esta, lo que los separaba estaba muy claro.

-¿Cómo era en el sueño que tuviste?

-Estaba enamorado de mí – la jovencita se dio la vuelta para la despedida – Cuídese mucho sensei, la compañía no es tan mala, ¿sabe?, todos la necesitamos.

-Yo solía estar solo antes de ti, Sakura, así que no pasa nada.

-Sensei... - dio un par de pasos hacia el hombre que se sumía en la oscuridad – ¿Realmente cree que algún día estuve enamorada de Sasuke-kun?

-Sí.

-No creo que usted y Sasuke-kun tengan algún parecido. Hokage-sama debió pensar algo muy diferente para convertirlo en el encargado del equipo siete, usted mismo piensa en él como una versión maltratada de su versión joven. Pero para mí son tan diferentes – se encogió de hombros – Usted está aquí.

-No era tan valioso como para que alguien deseara mis habilidades...

-Se equivoca – lo interrumpió – La diferencia es la lealtad hacia la Hoja, hacia sus compañeros y todos nosotros, y eso, me parece, es lo que los hace tan opuesto.

-¿Sólo la lealtad?

-Sólo lo más importante.

-Algo tenemos en común, los dos te dejamos ir. Vaya ironía, solía pensar que Sasuke no había hecho nada más estúpido que lastimarte – le tendió una de sus manos a la médico que la observó durante infinitos segundos.

-Debo ir a casa – dijo rechazándolo.

-Chica lista – contestó el mientras se sumía en la oscuridad absoluta.

Le ofreció la última sonrisa rota y se marchó. Pudo haber tomado su mano, dejar que la llevara a su casa y llenarlo de calor, pero lo dejó en la oscuridad, helado y solo. Tendrían que aprender separados, enamorarse de otros, rodearse de otra gente, quizá con el tiempo sabrían por qué no funcionó juntos, por qué ellos no y otros sí. Caminó hasta su casa, soportando las lágrimas, tragándose un nudo en la garganta, sufriendo la revoltura de emociones que su acumulaban en su estómago y cabeza. Pero consiguió llegar, cenó con sus padres, después se dio un baño y preparó para dormir. Todo lo hizo de manera automática, de tal manera que cuando se recostó en la cama, las lágrimas, el nudo en su garganta, la sobrecarga de emociones e ideas, todo, seguía ahí, calando, pugnando por salir y encontrar un final.

Observó a su alrededor, la ventana estaba abierta, como si esperara a alguien. Se levantó para cerrarla y volvió a la cama. No esperaba a nadie y mañana debía levantarse temprano. No tenía tiempo para visitas.

Kakashi seguía justo en el mismo lugar. Parado en la oscuridad, el viento helado que soplaba y nadie cerca. El ninja no sentía nada, no era consiente de lo tarde que era, ni del frío que ya le helaba la piel, no de lo solo que se encontraba. En su mente era como si Sakura aún estuviera parado frente a él, hablando, con ese tono tranquilo, lleno de resignación con el que lo había hecho. Ella seguía allí, seguían juntos. Parpadeó un par de veces y eso le ocasionó un golpe de realidad, darse cuenta de que lo único que había frente a él, era la oscuridad.

Dio un par de pasos y se estremeció, por el frío, por la realidad. Nunca era tan tarde como para no encontrar compañía, pero esa ocasión no quería a nadie a su lado. En esa ocasión su mente no olvidaba a Sakura, lo obligaba a pensarla y recordarle que ninguna otra mujer se comparaba con ella. De pronto no quería a nadie más, su alumna estaba tatuada en su piel, estaba seguro de que en su pecho aún seguían las marcas de sus besos, en su ropa su perfume. Impregnado de ella, de su sonrisa cálida, caricias dulces y aroma inolvidable. Su mente le suplicaba, le imploraba que la buscara, que fuera detrás de ella y la recuperara a cualquier precio porque si no el dolor sería eterno y áspero.

Se movió como por instinto, como si fuera una sombra más de la noche. Daba pasos que ni siquiera recordaba, su mente no parecía pensar en otra cosa que no fuera su alumna y en estar cerca de ella. El ninja ya comenzaba a sentir las consecuencias de su lejanía, algo en su pecho que se agitaba, que protestaba y lo incomodaba, pero sospechaba que pronto se convertiría en dolor. Ni hablar de su piel que seguramente estaba helada. Llegó con el corazón retumbando en su pecho, con la garganta seca como si hubiera corrido durante horas cuando seguramente no lo hizo más de un par de minutos. Le pareció que nunca fue tan veloz y, sin embargo, había llegado tarde. Lo supo cuando vio la ventana cerrada. No podría interrumpirla, importunarla con sus necesidades y deseos.

-No es justo – se dijo mientras se daba la vuelta y ponía una mano sobre su pecho. El dolor sofocante y áspero ya comenzaba a expandirse por todo su cuerpo. Pensar en otra mujer le provocaba náuseas -¿Qué hiciste conmigo, Sakura?

Tampoco era justo para él que todo fuera diferente después de su alumna.

-¿Qué se supone que debo hacer sin ti? – le preguntó a la ventana de la joven, deseaba que su voz llegara hasta ella y le respondiera, que le diera instrucciones de cómo sobrevivir, cómo calmar ese dolor en el pecho, por qué de pronto ninguna otra mujer era suficiente.

Se dio la vuelta y comenzó a andar, se llevó las manos a la cabellera gris y la despeinó, se frotó la cara y sin importarle dónde estaba o si alguien podía verlo, soltó un grito a la nada. Fue una especie de alarido lastimero. Su mente lo había traicionado, cuando estaba con Sakura la olvidaba, pensaba en otras mujeres y en placeres tan distintos, pero ahora que la perdía, que las posibilidades de estar a su lado se esfumaron, entonces su mente lo atormentaba de una forma más insoportable. No había segundo en que no pensara en ella, cada latido de su corazón iba acompañado de un recuerdo de la joven y el dolor por perderla se volvía más intenso.

-Mi mente me jugó un truco, Sakura – era su mejor justificación. No era suficiente, lo sabía, pero era la verdad – No quiero ser como antes, pero ya no estás conmigo.

Necesitaría ese tiempo para volver a la normalidad. Ese día era el número veinte, había estado tan cerca...

ALGÚN TIEMPO DESPUÉS:

Estaban en una pequeña posada, era un grupo bastante grande, pero se las habían arreglado para distribuirse en las habitaciones disponibles. La Hoja estaba a varios días de distancia y las noticias que llevaban no eran del todo exitosas. Habían ido hasta ese lugar rastreando a su alumno, Uhiha Sasuke, siguiendo una pista que podría guiarlos hasta su paradero e intentar traerlo de regreso. Utilizó a sus niken, los distribuyó entre el extenso grupo, todos utilizaron sus habilidades, contribuyeron a su manera, pero el resultado fue el mismo. Sabían que el Uchiha estaba bien, pero nada más.

-¿Estás bien? – le preguntó a su alumna que terminaba de arreglar sus cosas. Pasarían la noche en la posada y volverían a primera hora del día. No es que tuvieran la habitación para ellos dos, la compartían con Naruto, como era de esperar, pero el ninja estaba con el resto buscando algo decente para comer. De todos modos, no podían hacer algo más por la misión.

-Sí, lo estoy, sensei – Sakura le dedicó una sonrisa y terminó de guardar su equipo médico en la mochila.

-Lamento que no pudiéramos traerlo de vuelta.

-Hay cosas más importantes en qué pensar.

-¿A qué te refieres?

-Ya no soy una niña, sensei. La actitud de Tsunade-sama, las misiones, los enemigos, el ambiente entre las Aldeas, todo está más tenso, sucederá algo que nos cambiará a todos...

-Sakura... – la joven se había quedado quieta mientras hablaban, sus ojos jade estaban fijos en su mochila, pero veían algo más intenso, más futuro.

El ninja no lo pensó mucho, la abrazó con ternura, para él seguía siendo demasiado joven. Haría lo que fuera para protegerla y mantenerla a salvo.

-Gracias, sensei – la médico rompió el contacto pero le ofreció una sonrisa – Iré con Naruto para ver si encontró algo de comer, yo también me muero de hambre.

Salió aunque no había terminado de guardar su equipo de curación, él lo hizo por ella. Ya había pasado mucho tiempo desde aquella despedida. Demasiado tiempo, los meses pasaron y no se detuvieron para darle una segunda oportunidad, claro que él tampoco la pidió ni luchó por una. El tiempo hizo lo suyo y con el paso de las misiones todo volvió a la normalidad, a lo que eran antes de que se complicara, pero nunca logró ser tan feliz como lo fue con ella.

Tampoco era el mismo, las mujeres fugaces, los besos amargos, la compañía pasajera, todo se había terminado. Algunos podrían pensar que estaba más solo que nunca, pero se equivocaban. La soledad estaba en su vida pasada. Seguramente Sakura no había notado los cambios que ocasionó en él, que quizá ahora podrían intentarlo de nuevo con un resultado menos desastroso. Sólo que nunca sucedería, era una única oportunidad y ellos la tuvieron. De esa clase de amores que es una vez y para siempre, o una vez y nunca más.

-No puedo creer que lo arruinara de esa manera – susurró para sí mismo. El recuerdo de su comportamiento tan infantil, tan absurdo y desatinado lo hacía avergonzarse. Lo arruinó él solo, se comportó como un verdadero patán, y lo peor de todo era que nunca se disculpó como la joven se merecía. Consideró hacerlo, todos los días pensaba en eso, pero no sabía cómo hacerlo, seguramente la incomodaría. Y ella estaba tan recuperada, era feliz y estaba tranquila. No, era mejor que todo siguiera su curso.

Sakura estaba acostada en la cama, en la única cama de esa habitación. Naruto roncaba en el suelo y su sensei permanecía de pie observando el exterior por la ventana. Ella fingía dormir, pero la verdad era que lo veía a él, lo veía desde que se levantara de su improvisada cama y se dedicara a mirar por la ventana.

La luz de la luna lo iluminaba ligeramente, sus rasgos finos cubierto por la máscara, pero era como si ella pudiera verlo sin esa tela. Recordaba perfectamente su rostro, cada detalle. Se le veía tan relajado, con ese toque de misterio que le iba tan bien y que ni en sus mejores días lo abandonaba, tan concentrado en sus pensamientos, siempre alerta, preparado para cualquier imprevisto. Era casi el mismo, casi. Pero esa oscuridad que lo rodeaba, que lo envolvía y que una vez la amenazó a ella. No fue un cambio de un día para otro, pero ahora lucía tan diferente. La luz ya no le molestaba, no se opacaba con la oscuridad que alguna vez lo envolvió. Había cambiado.

Lo observó con tranquilidad, sin sentirse acechada por los recuerdos, por los malos momentos que tanto trabajo le costó superar, por la forma tan caótica en la que había terminado todo. Cuando veía a su sensei ya no estaba ese hombre cambiante, pero tampoco podía recordar al ninja de aquella otra dimensión. Lo había olvidado todo, aquel lugar, la habitación que compartían, la actitud de él, su calor, el tono que había utilizado cuando le dijo que la amaba. Ahora era su sensei y nada más, un buen hombre, sí, pero era ridículo volver a intentarlo, conquistarlo.

-Deberías dormir, Sakura – le susurró el ninja. Era claro que se mantenía tan alerta como siempre, la joven no pudo menos que sonreír.

-Lo sé, pero no puedo.

La médico se incorporó de la cama y se acercó a la ventana por la que el ex ANBU veía atentamente. La vista no era extraordinaria, había otra posada frente a la que se hospedaban así que lo único para admirar era una estructura de madera con algunas ventanas, la luz de la entrada estaba encendida, las calles completamente solitarias, nadie que perturbara la tranquilidad de la noche. No estaban tan cerca, pero Sakura podía sentir cierta calidez que provenía del cuerpo del ninja a su lado, eso tampoco era nuevo. Hacía un tiempo que él tenía su propio calor.

-Sé que le pidió a Tsunade-sama que no me envira a esta misión – la jovencita suspiró, no con fastidio o enojo, era sólo un suspiro.

-Sí. Entiendo la necesidad de tenerte en las misiones, eres una médico extraordinaria, pero estas misiones son exponerte de sobremanera.

-Sé que venir aquí no cambiará el resultado, y no lo hago para intentar traer a Sasuke de regreso, no lo hago por él, sino por mi equipo, por todos lo que se arriesgas. Quiero asegurarme de protegerlos a todos.

-¿Y si resultas herida por esto?

-Son gajes del oficio.

-Hablo en serio, Sakura.

-Soy una ninja, sensei. No me convertí en médico para quedarme en la Aldea, en el Hospital y estar a salvo, esperar por compañero heridos. Fue para esto, para intentar darles una oportunidad más, no de lograr una misión, de sobrevivir.

Se quedaron en silencio durante algunos minutos, observando la noche, la nada, el parco paisaje frente a ellos, sumidos en sus pensamientos e intentando a toda costa no pensar en tiempos pasados.

-Debes volver a la cama – le indicó el ninja cuando la jovencita tosió un par de ocasiones.

En otro tiempo, en un tiempo muy pasado, la habría tomado de la cintura y guiado hasta la cama, se habría acostado a su lado y compartido calor. Pero esos eran tiempos pasados, ahora las cosas eran diferentes, no estaban juntos, y Naruto estaba dormido a un metro de distancia.

-Intente dormir, sensei. Mañana volveremos a casa.

El ninja asintió y de reojo observó a su alumna volver a la cama. Se movía ligera, delicada, con pasos silenciosos. Inevitablemente pensó en el hombre que terminaría por conquistar a la médico, quien la vería justo como él lo hacía en ese momento, volviendo a la cama. Definitivamente no sería Sasuke, no, ¿Naruto?, tal vez, pero lo dudaba, y si no era ninguno de los dos entonces quién. Estaba seguro de que su alumna podría conquistar a un ninja de alto rango, de relevancia, y no es que sus alumnos no lo fueran o no llegaran a serlo, pero Sakura necesitaba algo diferente, algo seguro, que la pudiera a salvo, verdaderamente a salvo. No tendría problemas en conquistar a cualquiera que se lo propusiera, y ni siquiera esforzarse, la joven tenía un encanto tan visible. No, su figura no era particularmente voluptuosa como la de otras mujeres, o sus rasgos tan delicados, pero una vez que se le prestaba la atención correcta, no tenía comparación. Sus curvas naturales, resaltando cada centímetro de piel, sus preciosos ojos jade sin rival, esa melenita que se sacudía con el viento. Era una auténtica flor, una flor en todo su esplendor. Y su carácter, tan único, esa peculiar mezcla de dulzura con agresividad, tan preocupada por el resto, pero dispuesta a regañar a quien se lo mereciera.

La observó llegar a su cama y envolverse en las cobijas. Sería el hombre más afortunado el que lograra conquistarla, pero conquistarla realmente, disfrutar del amor que esa jovencita podría brindar. Él había tenido una oportunidad, y la desaprovechó. Y había sido la única.

No, no eran los mismos, pero su tiempo había pasado.