Aclaraciones:
-Los personajes no son míos, son de Hajime Isayama, el creador de Shingeki no kyojin.
-Esta historia es completamente de mi autoría, por lo que no se permite resubidas o adaptaciones.
-Las veces que se toma el nombre del autor es sólo para fines del desarrollo de la historia. No es real, es totalmente ficticio.
9
Unos golpes en la puerta me despertaron, tenía los nervios a flor de piel. Jamás tuve días tan estresantes y pesados como estos en mi vida, es burlesco recordar que un día consideré que la vida universitaria y laboral serían complicadas ¡ja! Quería golpearme el siquiera haberme atrevido concebir semejante idea.
Estaba segura que moriría en cualquier momento, ya sea por agotamiento o por el tipo de vida que aquí se lleva.
-Liz ¡Date prisa!
-Ya desperté Petra. Gracias.
Petra hacía esto casi todas las mañanas, ella era como un despertador para mí, aunque más linda y confiable, me levanté prácticamente corriendo y fui al enorme baúl.
No tenía tiempo de desayunar, necesitaba llegar pronto o sería castigada, el alboroto de afuera era señal de que todos estaban saliendo disparados a formarse. Por suerte, la noche anterior había dejado listo mi uniforme, la blusa blanca no tenía ni una sola arruga.
El primer día fui regresada y castigada por ese motivo. No entendía cómo eran capaces de tallar la ropa con tanta destreza; ellos utilizaban planchas de hierro dotados de un asidero que se calentaban directamente sobre el fuego. Para evitar que la ropa se queme suelen utilizar un paño desgastado sobre la prenda, era un trabajo extenuante debido a que el calor que llegaba era mínimo.
Necesito el swash.
No tenía más remedio que planchar de la manera que me habían indicado.
El capitán era capaz de percatarse de cosas tan triviales como una arruga.
Parecía que en los ojos tenía un escáner de limpieza, orden y pulcritud, me pareció gracioso en un primer momento, pero la mirada que me dio de como si estuviera observando a una rata inmunda me desagradó.
Desde el primer día en que estuve a su mando él fue muy claro y estricto, debía escuchar y hacer absolutamente todo lo que disponga, no toleraría estupideces ni quería que le cause molestias. Es arisco y desconfiado.
Parece fastidiarle todo esto, yo por mi parte, no tenía problemas en seguir sus disposiciones así que ignoré su rostro de piedra asumiendo que evitaría cualquier tipo de problemas con él.
Pero… no pensé que sería tan complicado…
Ante sus ojos debía presentarme de forma impecable.
-Si llegas con esos harapos sucios o ajados, vas a limpiar todo el lugar.
Eso fue lo que me dijo la vez que no había planchado correctamente. En mi poder tenía dos juegos de cada prenda excepto las botas. Tenía que lavarlos el mismo día que se ensuciaban y una vez secos plancharlos.
Fue ahí que apareció uno de los primeros problemas…
Nunca en mi vida había lavado mis ropas a mano o planchado, para eso tenía la lavadora que con unas pocas tecleadas me entregaba la ropa limpia con aroma primaveral y la magia de mamá que siempre planchaba por mí cuando el Swash no estaba disponible.
-¿Acaso tu ropa está húmeda?
Quería que la tierra me tragara en ese momento.
-Si señor.
Respeto.
Nunca me advirtió este punto, pero sabía que debía hacerlo o lo pasaría muy mal.
Lo acepto esto no me causo problema alguno, pese a que él se ve casi de mi edad su aptitud hace sencillo que lo trate con formalismos.
Durante mi estancia había escuchado rumores de que el capitán es inusualmente más viejo de lo que podría imaginar. No entré en un debate a fondo sobre ese tema, es más me mantuve al margen y solo me limité a escuchar, pero debo aceptar que ese rumor despertó mi curiosidad. Curiosidad que, por cierto, jamás en la vida tendría la oportunidad de conocer a menos que el mismísimo Levi lo hiciera, teniendo en cuenta esto podía asegurar que seguiría siendo un tema tabú y desconocido para todos.
En fin, es un superior, no tenía porque no respetarlo, así que solo lo trataba de señor y capitán.
Sentía que disimuladamente me miraban todos lo que se encontraban en la formación, algunos con miedo y otros ya habituados a verme siempre en aprietos.
Cuando ingrese como miembro oficial se dispuso que él sería el asignado para nivelarme con los demás, eso fue extraño para todo incluso para mí.
Grande fue la sorpresa y alarma cuando Levi comenzó a acercarse a los entrenamientos, aunque me acaparaba completamente, aprovechaba para dar unas pocas directrices a los demás.
Una mezcla de entusiasmo y sorpresa se dibujaba en los rostros de los reclutas al ver a este soldado que estaba ganando fama de ser increíblemente fuerte y talentoso.
Pronto llegaron los murmullos en los comedores y las mirabas curiosas hacia mí.
Cosas como:
¿Por qué el capitán debe ser el encargado de nivelarla?
¿Es debido a ella que ahora el capitán tiene más trabajo?
Qué envidia…
Opté por ignorar los murmullos hasta que uno llamó mi atención.
¿Por qué no la envían al campo de entrenamiento con el señor Keith Shadis?
¿Qué?
-Ven conmigo.
Su rígida voz me trajo de vuelta al presente.
Nada bueno vendría de eso.
Caminé detrás de él aun con ese pensamiento perturbándome el cerebro.
Creo que debería hablar con Erwin.
Me llevó al "Almacén" yo me quedé en el filo de la entrada, no pensaba ingresar, sabía que el capitán se enojaría si lo ensuciaba, era muy quisquilloso respecto a ese asunto.
-Quítate eso. Tal vez nadie te lo dijo, pero fuiste un dolor en el trasero cuando enfermaste.
Asentí.
Cuando acepté la blusa que él tenía en las manos me quité la chaqueta en silencio, parecía que él estaba a punto de retirarse.
-Capitán.
Volteo a verme, yo por mi parte estaba dejando la chaqueta sobre una silla cercana.
-¿Erwin cuando se convirtió en comandante?
Lo miré fijamente esperando una respuesta.
Era la primera vez que llamaba en voz alta a Erwin por su nombre, estaba lista en caso de que decidiera regañarme, pero no lo hizo y solo se limitó en responder.
-Hace unos seis meses.
¿Seis meses? ¿Me dijo que estábamos en el año 844, correcto?
Suspiré.
-Capitán, necesito hablar con él.
Sus cejas se fruncieron y se acercó un poco.
-¿Qué piensas decir ahora? ¿Otra extraña historia?
Crucé mis brazos ante su comentario.
-Si desea escuchar no tengo problemas.
Su rostro era de ligera sorpresa creo que no esperaba una respuesta como esa.
-¿Urgente?
¿Es urgente? Mhm… no lo sé.
-No.
Opté por esa respuesta no quería un revuelo por mi culpa.
-Seguramente él querrá escucharte cuando regrese, por ahora enfócate y aprende. Ahora, cámbiate de una vez.
Asentí, él salió de la habitación, no sin antes decirme que si tardaba más de tres minutos correría todo el terreno de arena hasta que me desmaye o vomite, lo que ocurra primero.
¿Eres un despiadado? ¿Verdad?
No sabía que tanto hacía Erwin, pero pasaron días y aún no había tenido la oportunidad de hablar con él.
Por ahora no podía pensar en nada más que en lo agotada que estaba.
Aun así, sabía que el esfuerzo físico que estoy haciendo ahora no es comparable con lo que están acostumbrados los otros reclutas.
Hoy llegué a la habitación muerta de cansancio y completamente sucia. Agradecía que nadie estuviera conmigo en esta habitación, por supuesto había más camas, pero por ahora era enteramente para mí.
Una vez que me bañaba y comía un poco me acostaba en la cama.
-Ya está anocheciendo…
Este era el único tiempo que tenía para mí y era justo en estos momentos que una niebla oscura me rodeaba.
Este era el principal problema que tenía.
La soledad y la preocupación.
No podía evitar preocuparme y preguntarme.
Si mamá lograba dormir o si papá se encontraba bien de salud.
Mi cerebro no deja de crear diversos escenarios sin embargo en cada uno de estos estaba segura de algo.
Sabía que Elli estaría bien.
Ella intentaría apoyar a mis padres en esta situación, ella es una mujer fuerte.
Creo que pensar en ella, me hacía sentir un poco menos tensa, ahora esperaba poder dormir esta noche.
Pese a que me sentía agotada, sufría de insomnio y las pocas veces que lograba dormir despertaba gritando o al borde del pánico.
-Estoy bien, estoy bien, estoy bien.
Me levanté torpemente de la cama y fui al escritorio.
Agarré el reloj y me lo puse en la muñeca, era un consuelo para mí tenerlo puesto, pero estaba prohibido utilizarlo, según el capitán era inusualmente llamativo y moderno para la época así que lo utilizaba por las noches como un amuleto tranquilizante.
Mientras lloraba asustada por el mismo sueño de siempre me sentaba en la cama apegando mis piernas a mi cuerpo.
Sabía que necesitaba ayuda psicológica, me aterraba esto y la sensación de vacío que a veces perturbaba mi corazón.
-Estoy bien, estoy bien, estoy bien.
Todos los días me esforzaba, no quería dejar que el miedo me perturbara demasiado, siempre intentaba sonreír y ser entusiasta, ser yo, en ocasiones lo lograba, pero en otras la sensación de desesperación me atrapaba.
Esa noche tampoco había tenido suerte.
Subí el cierre de mis botas.
Estaba lista.
Abrí la puerta y corrí por los pasillos, la salida estaba cerca así que la pasé a velocidad con dirección a la zona de formación.
Giré a la derecha, vi a Petra mirando por todos lados, al verme me llamó con la mano.
Inmediatamente fui hacia ella y me apoyé en su hombro, tomando algo de aire.
-Dime que aún no llega. – Le pedí casi como una súplica.
-Aún no, pero fórmate. – su respuesta me indicaba que este día no sería malo.
Estaba aliviada.
-¿Aun no puedes dormir? Se te están formando ojeras.
Sonreí un poco y me mantuve en silencio.
Petra es una chica muy dulce y parece genuinamente preocupada por mí.
Ella fue la primera persona que se acercó a mí e intentó incluirme en su círculo, su primer acercamiento fue el primer día que fui a los comedores, todos estaban en grupos conversando y comiendo, yo por mi parte me senté sola en una de las mesas vacías.
-Hola.
Al verla me sentí un poco menos nerviosa pero cuando noté que junto a ella estaban sus compañeros de equipo me avergoncé.
Ellos me habían visto en una situación muy bochornosa.
Que mal momento de recordar aquello.
-¡Ah! ¿Este es su lugar? L-lo siento, me iré.
Me retiré de ahí como si quemara y me fui rápidamente.
Los evitaba siempre que me los topaba, de hecho, evitaba a todos.
Yo no encajaba en este lugar…
-Hola ¿Podemos sentarnos contigo?
Su voz me sobresaltó, pero asentí de inmediato.
Petra se sentó a mi lado mientras que Erd, Gunther y Auruo me rodearon.
Durante la cena estuve rígida y callada, el ambiente se tornó muy pesado.
Creo que no tenía problemas que Petra se me acercara, pero cuando alguno de sus compañeros la acompañaba me sentía inquieta, pese a eso ella no se rindió conmigo y continuó intentándolo.
Ahora me sentía menos tensa a su alrededor.
Agradecía de todo corazón que ninguno de ellos preguntase cosas que me hicieran sentir incómoda, al contrario, fueron muy hospitalarios, sobre todo Gunther y Petra que se había ofrecido a mostrarme los alrededores y me hablaban un poco sobre sus experiencias como soldados.
-Liz.
Erguí mi postura, el capitán estaba acercándose, todos mantuvimos una posición firme y golpeamos nuestro pecho con el puño directamente donde se sitúa nuestro corazón.
Lo reafirme, este día sería bueno, no me había reído.
Parece tonto, pero hacer esto me hizo reír la primera vez.
Vamos ¿No parece esto algo sumamente irreal que causa gracia?
Esa vez me había ganado una reprimenda y miradas sorprendidas por parte de mis compañeros.
-Van a entrenar su corte con las cuchillas y luego harán peleas cuerpo a cuerpo en parejas.
Todos asintieron, sus palabras se han convertido en la ley absoluta para nosotros, es un maestro muy estricto e intimidante, peor de lo que hubiera imaginado.
Aunque entraba en esta formación yo no entrenaba con estos reclutas.
Mi entrenamiento a diferencia de ellos era mucho menos, todos lo sabían, pero nadie cuestionaba ese hecho, todo lo contrario, parecían sentir algo de lastima por mí, ya que todos ellos serían supervisados por otros superiores menos sanguinarios que Levi.
Vi como todos se alejaron en grupos y quedé sola en la formación.
Eso me sentía mal, pero ambos sabíamos que aún no estaba lista para ingresar a los entrenamientos junto a mis compañeros.
Fui sincera desde el minuto uno, yo no era buena para cosas físicas y él lo comprobó cuando me enviaba a correr o hacer ejercicios de resistencia.
Sabía que él se contenía conmigo, tal vez por pena o por sugerencia de Erwin, quien sabe.
Aun así, él no tenía compasión en sobrecargarme de ejercicios, había veces en las que despertaba en medio del terreno de entrenamiento tirada en el suelo en plena oscuridad o madrugada porque me había desmayado.
Sí, él me dejaba tirada ahí toda la noche.
Mi mente regresó a tierra cuando se acercó a mí.
Observé que todos ya estaban en grupos entrenando.
-Vamos. –dijo.
Asentí y caminé atrás de él.
El entrenamiento del día de hoy iba a iniciar.
Continuará…
¡Feliz año nuevo!
