Disclaimer: Naruto es propiedad legal de Masashi Kishimoto.

Pareja: Kakashi X OC


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Capítulo 9.

Misiones

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Al día siguiente, Emiko volvió a despertar en el hospital, donde volvía a estar usando el cabestrillo en su brazo derecho más un vendaje en la pierna que fue mordida por la serpiente de Kabuto Yakushi. El resto de su cuerpo estaba en mejores condiciones, y la gripa se había esfumado sin dejar más rastros que una nariz irritada. Era medio día cuando le dijeron que podría irse a su casa después de almorzar algo, por lo que comió con buen apetito y marchó agradeciendo a las enfermeras que cuidaron de ella.

— Tsunade-sama me ha dicho que descanse un poco... — murmuró mientras caminaba por el centro de la aldea. — ¿Qué debería hacer?

Se preguntó mientras veía a lo lejos una librería y recordaba que tenía un mensaje que leer en su bolsillo. Metió la mano a su bolsillo y sacó tuvo donde iba almacenado.

Las cosas no han cambiado y nuestro señor no ha preguntado por ti.

K. T.

Emiko dejó escapar un suspiró y procedió a entrar a la librería para ver si tenían el periódico de la capital. Una vez adentro, encontró a un pequeño niño castaño peleando con el vendedor a cargo.

— ¿Por qué no puedo comprar ese libro? Kakashi-sensei lo lee todo el tiempo y Naruto dice que contiene secretos para ser más fuerte...

— Lo siento joven, pero la venta de este libro se reserva para mayores de edad...

— ¿Acaso no sabes quién soy? — los gritos divirtieron a Emiko, quien tomó un periódico y se acercó al vendedor para pagar. — ¡Soy el honorable nieto del Sandaime Hokage!

— Lo siento, joven maestro, pero sigo sin poder venderle este libro... — el vendedor vio a Emiko y la saludó. — Buenas tardes... ¿Es todo?

— Sí, muchas gracias... — y le estiró el dinero.

— Onee-chan... — el niño la miró con ternura. — ¿Me ayudaría a comprar este libro?

Emiko vio el libro de tapa naranja.

— ¿De qué trata el libro? — le preguntó al vendedor, quien se sonrojó.

— Me temo que es una lectura erótica no apta para menores de edad.

Emiko recordó que Genma había comentado algo sobre unos libros para pervertidos.

— ¿Kakashi Hatake lee eso? — Emiko preguntó al niño, quien se sonrojó y asintió.

— Pero Naruto-nii-chan dijo que esos libros habían sido escritos por Jiraiya-sama, así que deben contener en algún lugar el secreto para ser invencibles...

Emiko llevó una mano a su barbilla.

— Le compraré ese libro, señor ¿Cuánto es?

Los ojos del niño brillaron y el vendedor asintió.

— Son 900 yenes... — Emiko sintió un tic en su ojo derecho, era mucho dinero y sus finanzas no eran las mismas, no es como que sus últimas misiones le hubieran abonado mucho capital.

— Ya qué, puedo ir a cazar si me quedo sin dinero para cenar... — murmuró con bastante pesar mientras pagaba. Al salir de la tienda, el niño la siguió y le estiró el dinero esperando recibir el libro a cambio. — ¿De dónde sacaste tanto dinero, pequeño?

— Me dedico a ayudar a la gente todo el día y algunos me dan propina...

— Vaya, yo me juego la vida y Tsunade-sama me dice que está corta de presupuesto... — murmuró mientras observaba al niño, al parecer éste esperaba que le diera el libro. — ¿Cuántos años tienes?

— Nueve años, onee-san...

— ¿Y no vas a la academia?

— Sigue en reconstrucción, así que mis amigos y yo ayudamos a las personas a hacer reparaciones y en las tardes entrenamos. — el niño le sonrió. — ¿Me dará el libro ya mismo?

— Lo siento pequeño, pero no es algo que debas leer... — Emiko inspeccionó el libro, lo ojeaba y notó que tenía algunas ilustraciones demasiado gráficas. — Pero te prometo algo... si al terminar de leerlo, encuentro un secreto para ser muy fuerte, te lo diré.

El gesto de molestia del niño pasó a ser uno de sorpresa.

— ¡¿Leerá el libro por mi y me contará sus secretos?!

La pelinegra asintió.

— Eso es fantástico, ¿Cómo puedo encontrarla en la aldea?

— Vivo en el edificio enorme y gris que está a un lado de la zona de comida, es más... — Emiko sacó un pedazo de pergamino y un bolígrafo. — ¿Harías algo por mi? Me gusta leer el periódico pero no siempre puedo ir a comprarlo, ¿Lo comprarías por mi y me lo dejarías en casa? Te pagaré un extra y podré avisarte cuando acabe el libro.

El niño recibió el papel con la dirección exacta.

— ¡De acuerdo! — Aceptó el pergamino y la tarea. — Me llamo Konohamaru Sarutobi...

— Yo soy Emiko Ryuzara, es un placer...

— Entonces me iré, ¡Mañana empezaré a llevarle el periódico!

El niño corrió y Emiko decidió que pasaría su semana libre descansando un poco, así que fue a comprar ingredientes para preparar su cena y la comida de algunos días. Después de las compras y sin dinero, llegó a su departamento y comenzó a limpiar las capas de polvo que comenzaban a amontonarse sobre sus impersonales muebles. Una vez que terminó, sacó su espada ninja y se dedicó el resto de la tarde a pulirla, lavar ropa y a leer con calma el periódico.

Cocinó un poco de sopa miso y pollo al teriyaki y ya con el cielo completamente oscuro se sentó a comer mientras abría el famoso libro de Jiraiya-sama. Nunca había conocido en persona a ese mítico personaje, pero conocía de sobra su fama. Se decía que era uno de los shinobis más fuertes del mundo, que su inteligencia era legendaria y que era un hombre soltero muy codiciado por las mujeres.

Abrió la primera página del libro mientras comenzaba a comer su sopa y se asombró de encontrar una historia de amor. En la capital se había dedicado a leer haikus, literatura medieval, y algunos tratados políticos. También tuvo que leer algunas historias de amor pero eso lo hacía por órdenes de su sensei, quien les decía que debían aprender todo lo que estaban dispuestos a hacer los hombres para enamorarlas y que no cumplieran su misión. Básicamente usaban las novelas de romance como manuales de todo lo que los hombres esperaban de las mujeres y cómo ellas lo usarían a su favor para infiltrarse y lograr sus objetivos.

Emiko se preguntaba si esa seria otra historia de amor cliché, cuando en la página dos el protagonista... su rostro se puso rojo... eso estaba mal descrito, la manera en que estaban teniendo relaciones sexuales los protagonistas era... ¡Tan inverosímil! No, las mujeres no podían hacer eso sus piernas, ni era posible hacer aquello con el codo... y era físicamente imposible correr con aquello en ese otro lado... ¡¿Qué clase de mente trastornada había escrito aquello?!

Bajó el libro mientras perdía el apetito en su sopa de miso. Se notaba que el libro había sido escrito por un hombre que ignoraba por completo la perspectiva de las mujeres. Como una kunoichi especializada en la seducción e infiltración, aquel libro era una broma llena de fantasías eróticas de adolescentes, ella podía pensar en cosas más creíbles y funcionales que eso.

— ¡¿Por qué Kakashi lee esto?! — gritó mientras dejaba caer el libro al piso sin querer.

El ruido de una ventana abriéndose le llamó la atención, pero segundos después, una presencia en su ventana la sorprendió.

— ¿Me hablabas?

La chica atinó a patear el libro para que se metiera bajo el sofá que estaba junto a su mesa.

— Lo siento... yo solo estaba pensando en voz alta... — respondió con evidente vergüenza... — ¿Quisieras comer algo? — Se felicitó por pensar rápido.

— ¿Qué hay? — preguntó despreocupadamente mientras entraba de un salto a la casa.

— Sopa miso y pollo al teriyaki...

— Sí, huele bastante bien... aunque voy de salida, tengo otra misión.

— Llévalo para el camino, nunca está de más.

Emiko se puso de pie y en una caja de Bentou sirvió abundante pollo y en un termo guardó algo de sopa. Regresó de prisa a la sala donde el peligris había sacado su propio libro naranja.

— Así que sigues leyendo, ¿Eh?

— Sí, Jiraiya-sama es un gran escritor...

Emiko sonrió divertida.

— Aquí tienes. — Y le entregó el Bentou y el termo envueltos en una tela de color azul.

— Gracias, debo marchar... ¡Hasta pronto!

Y la chica se despidió con un movimiento de mano. No había estado tan nerviosa, tal vez por fin podría tener esa relación de amigos que siempre quiso con el peligris. Así que con buen humor retomó su cena, levantando el libro y riendo conforme iba leyendo.

En cambio Kakashi invocó al pequeño Pakkun y le pidió un favor.

— Saldré de misión, pero había una presencia sospechosa en el edificio, avisa a Asuma o a Genma Shiranui, después puedes regresar con el resto... — dijo con gran seriedad.

— Sí, Kakashi. — Y Pakkun cumplió con su encargo.

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Dos semanas después, Kakashi regresó a la aldea, cansado pero satisfecho con el resultado de su misión. Pronto llegó a la oficina de Tsunade-sama para reportarse, cuando Jiraiya iba saliendo de la oficina de la rubia.

— Buenas tardes, Kakashi, hace bastante calor afuera, ¿No es así?

— Sí, un poco. — asintió mientras hacía una breve reverencia.

— Me alegra verte... hablé hace unos días con Naruto y le he ofrecido entrenarlo en un viaje que durará más o menos dos años.

— ¿Qué? ¿Habla enserio? — justo ese había sido su mayor pensamiento desde que Sasuke se fue: necesitaba encargarse de entrenar a Naruto. — Supongo que sería lo mejor...

— Tsunade ya lo aprobó... tenemos que estar listos para los futuros retos que enfrentarán las naciones shinobi, pero quería decírtelo personalmente.

— Se lo agradezco. — hizo una reverencia mayor. — Sé que Naruto no podría estar en mejores manos...

— ¿Qué hacen los dos afuera de mi puerta? — Tsunade apareció tras la puerta mientras llevaba dos botellas vacías de Sake en las manos.

— Le decía que Naruto y yo partiremos en un largo viaje, supongo que podrá enfocarse en su linda alumna. — comentó Jiraiya.

— Me temo que yo he aceptado tomar a Sakura bajo mi tutela, ella será una excelente ninja médico en el futuro. — y la mujer sonrió con autosuficiencia.

— ¿Significa que me he quedado sin equipo? — preguntó un sorprendido Kakashi, no lo había esperado.

— Puedo asignarte un equipo nuevo o puedes continuar con las misiones. — señaló la Hokage.

Kakashi lo pensó un segundo. Había hecho un terrible trabajo con el equipo siete y eso se reflejaba en la huida de Sasuke, no se sentía capaz de enfrentar a otro grupo de gennin, había fracasado como instructor.

— Si le parece bien, Tsunade-sama, desearía continuar cumpliendo misiones.

— De acuerdo, deja tu informe en mi escritorio y ve a descansar, han sido unas semanas agotadoras y las misiones solo siguen llegando.

— Hai... — asintió el peliplateado mientras veía alejarse a los dos sannin, se dio prisa en dejar el informe en el escritorio y marchó con dirección al monumento de los caídos.

El cielo era completamente naranja cuando se apareció en el monumento a los caídos, donde había un par de girasoles bajo el nombre de Obito Uchiha. Suspiró cansado, la única persona que dejaba distintos tipos de flores, era Emiko Ryuzara.

— ¿Así que ya tienes más visitas cotidianas, Obito? — le susurró mientras se perdía en sus pensamientos. Cada uno de sus alumnos serían entrenados por un legendario Sannin, Naruto incluso sería entrenado por el maestro de su propio padre, estaba orgulloso pero también sabía que no era mérito suyo; así que sentía que les había fallado a sus tres alumnos.

— Iré a saludar a Rin, nos vemos mañana — se despidió de su amigo mientras caminaba hacía el cementerio de la aldea donde reposaban los restos de su amiga.

El peligris llegó hasta donde estaba la tumba de su amiga y vio un lirio blanco, por lo que alzó la vista y le pareció ver a lo lejos la larga melena negra de aquella mujer, que al parecer estaba visitando a otra persona.

— ¿Realmente amaste a Obito al final? — preguntó al viento sin obtener mayor respuesta que el susurro de las hojas al compás de las corrientes de aire frío. — Jamás podré perdonarme por lo que te hice sin importar si era lo que querías o no, tu y Obito merecían vivir más que yo pero no fue así... entonces me siento obligado a hacer las cosas bien para compensar por lo menos un poco mis errores del pasado... pero a pesar de eso, acabo de fallarle a los tres niños que me encomendó el sandaime, me siento un fracaso...

Entonces una corriente de viento más fuerte que las anteriores, hicieron que el lirio blanco saliera volando en la dirección en que se encontraba la pelinegra.

Kakashi sonrió como si aquella fuera la respuesta más graciosa que pudo haber recibido y notó que la mujer emprendía el regreso a la aldea. Con calma fue tras la flor y se la regresó a Rin.

— ¡Oye, Kakashi! ¿O deberíamos llamarte "El hijo de un fracaso"? — uno de los niños del parque le gritaba a Kakashi cuando este regresaba con los ingredientes que necesitaría para cocinar. Kakashi no necesitó mucho para ignorarlo, desde la muerte de su padre algunos niños sentían el valor de molestarlo y burlarse de él. — Parece que aparte de huérfano es sordo, vamos a darle una lección...

Y de reojo vio como los cuatro niños que acompañaban al bravucón empezaban a preparar unas bolas de lodo con la intención de arrojárselas. Kakashi se preparó para esquivar el ataque sin inmutarse, cuando una niña con un vestido rosa brillante llegaba corriendo hasta los niños y derribaba a dos de ellos.

— ¡Dejen en paz a Kakashi-kun!

— ¡Emiko! — gritaron los niños con molestia... — ¿Por qué siempre eres tan molesta? — escuchó que le gritaban.

— Porque son unos tramposos, son cinco contra uno... — Kakashi no tenía ganas de seguir escuchando, así que aceleró el paso. Él no había pedido que lo ayudaran, y le molestaba que Emiko siempre estuviera revoloteando a su alrededor metiéndose en todo.

Sonrió con nostalgia. Estaba loco por lo que iba a hacer, pero sintió que era lo correcto.

— Volveré mañana, nos vemos Rin... — metió las manos en sus bolsillos y comenzó el retorno al centro de la aldea.

Avanzó por los techos de la aldea hasta llegar al enorme edificio donde vivía y a donde cierta presencia presencia llegaba.

— ¡Hey!

Emiko alzó la mirada y vio al peligris aterrizar a su lado.

— Hola Kakashi, ¿Vas regresando de misión? — preguntó ella mientras era iluminada por las luces amarillas del alumbrado público.

— Así es, pensaba en ir a cenar algo.

— Suena bien, ten una linda noche... — se despidió la chica mientras retomaba su camino.

Kakashi carraspeó.

— ¿Quisieras ir por un plato de ramen?

Notó cómo ella se congelaba en su lugar y alzaba la mirada con bastante sorpresa.

— ¿Quieres que te acompañe? — preguntó un poco extrañada, bueno, para Kakashi también era nuevo eso, nunca había tomado la iniciativa en algo.

— Si quieres.

La vio dudar pero al final asintió y sin decir más caminó hacía la zona de comida con la chica siguiéndolo unos pasos detrás.

— Buenas noches... — los saludó el dueño del Ichiraku, Takeuchi.

— Buenas noches, yo quiero un miso ramen...— dijo el peligris.

— Yo también... — indicó la chica mientras tomaba asiento junto a Kakashi.

— ¿Vas llegando de misión, Hatake-san? — preguntó Ayame, la hija del dueño.

— Así es, justo a tiempo antes de que se vaya Naruto... — comentó el shinobi.

— Sí, ya nos contó Naruto, esto estará muy triste sin él... — Takeuchi se quejó.

— Nuestro amigo y mejor cliente se va para hacerse más fuerte. — Ayame sirvió ambos platos. — Buen provecho.

— ¿A donde va Naruto? — preguntó Emiko con un tono de voz más bajo de lo habitual, Kakashi estaba seguro de que algo preocupaba a la mujer.

— Irá a entrenar con Jiraiya-sama, no tengo ni idea al lugar en específico al que irán... — Kakashi le pasó unos palillos de madera a la mujer y él tomó unos propios.

— Entiendo... — y observó a la chica comer en silencio.

— Por cierto... — trató de llamar su atención. — La comida que me diste cuando salí de misión estaba deliciosa, aunque creo que perdí el termo y el bentou.

Una sonrisa escapó de ella.

— Es lo de menos, me alegra que te gustara. — Pensó un poco antes de decir lo siguiente. — Ayer pesqué un par de peces bastante grandes, y mañana los prepararé, si quieres puedo llevarte uno a tu casa.

— ¿Sabes pescar? — no se lo hubiera imaginado.

— Sí, ayer regresé temprano de una misión y aproveché para pescar en la tarde.

— Entiendo... Sí, me gustaría probarlos.

Volvieron a comer en silencio, y cuando terminaron, Kakashi pagó los dos platos de ramen.

— Por favor, deja que lo haga como parte de mi agradecimiento.

Ella frunció el ceño mientras salían del local y caminaban de regreso a su departamento.

— ¿De qué hablas, Kakashi?

— Sakura me dijo que pensabas ir tras Naruto y Sasuke desde antes de que se encontraran conmigo, pero no solo eso, sino que continuaste la persecución a pesar de que Sasuke te hirió antes.

La chica negó.

— Sandaime-sama dio su vida por esta aldea, creo que lo menos que puedo hacer es cuidar de los niños que heredaron su voluntad de fuego.

El peligris sonrió, ¿Por qué nunca antes se había tomado la molestia de hablar y escuchar a Emiko? Ahora no le parecía tan pesada como antes.

— Aún así... ¿Cómo sigue tu hombro?

— Bien, Shizune-san me ha dejado algunos ejercicios para rehabilitar un poco, fuera de eso todo es normal.

Justo cuando llegaron al edificio, un ANBU apareció frente a ellos.

— Tsunade-sama tiene una misión urgente para Ryuzara-san. — le entregó un pergamino y desapareció.

La chica suspiró.

— Creo que esos pescados no serán... — abrió el pergamino y leyó. — Debo partir de inmediato... ¿Querrías cocinar para ti esos pescados?

— ¿Piensas que sé prepararlos? — preguntó divertido.

La chica asintió mientras subían por las escaleras del edificio.

— Obito me dijo que los preparabas como un profesional, quizá podrías invitar uno a Naruto antes de que parta.

A Kakashi no se le había ocurrido hablar con Naruto, solo había dado por hecho que el rubio se marcharía y no lo vería en un largo tiempo.

— Es un buen plan. — sonrió ante la mención del Uchiha, la mayoría de sus compañeros de generación no los mencionaban, como si fuera un tema tabú. Rápidamente llegaron hasta el departamento de Kakashi. — ¿Vamos a tu departamento por los peces?

— Sí..

Cuando llegaron al piso de arriba, Emiko abrió y Kakashi alzó una ceja. El departamento estaba impecable, pero dos cosas resaltaban demasiado: una pila considerable de periódicos en una esquina y una gran mancha de sangre seca en el respaldo del sillón de la chica.

— Los tenía en el congelador, así que sería bueno que los dejaras descongelarse un poco antes de cocinarse. — ella regresó con los dos pescados en un plato.

— ¿Sucedió algo? — el peligris señaló la mancha carmín.

— No es nada.

— ¿Tuviste visitantes indeseados en estos días?

— Si con indeseado te refieres a Genma y Gai, sí, todo el tiempo que no tuvieron misiones estuvieron aquí.

El peligris asintió mientras tomaba el plato con los dos pescados, al parecer se habían tomado muy en serio la alerta que dio antes de partir a su misión.

— Buenas noches. — se despidió ella y Kakashi solo asintió antes de marcharse por la puerta.

En cambio, cuando cerró la puerta, Emiko dejó escapar un largo suspiro.

¿Eso fue una cita? — se preguntó así misma. — ¿Qué pasó por la mente de Kakashi? Seguro se golpeó en la cabeza durante su misión... — murmuró para sí misma mientras observaba la mancha de sangre que el jounnin miró antes. — Voy a limpiar eso.

Mientras saca un trapo y un poco de jabón líquido, volvió a sentirse extraña por la invitación de Kakashi. Aún se le hacía extraño esta nueva versión del peligris, aún recordaba sus desplantes cuando eran más jóvenes.

— Tienes que hacerlo... — La anciana se lo aconsejó mientras Emiko terminaba su desayuno, ambas mujeres estaban sentadas en la mesa.

— No creo que sea una buena idea obaa-san, además estoy bien de esta manera. — replicó Emiko pero la mirada triste de la mujer le hizo arrepentirse de sus palabras.

— Estoy segura de que mi nieta Rin lo hubiera querido, además te mereces ser feliz, últimamente terminas en el hospital muy seguido, no quiero que otra vida tan joven se acabe sin haber vivido lo bello que es el amor.

Desde que se volviera gennin junto a Rin y Obito, la anciana le insistió en que se fuera a vivir con ellas. Siempre decía que no era bueno vivir rodeado de fantasmas y sin duda así era como Emiko se sentía en aquella enorme casa. Sin embargo, cuando el tercero acompañado de Minato Namikaze fueron a la casa a informarles de la muerte de Rin, la pelinegra supo que no podía dejar a la anciana sola con su corazón roto. Había perdido a su amada nieta, su último familiar vivo. Así que Emiko se quedó con la idea de cuidar de la anciana y de no dejarla sola.

— Kakashi me va a rechazar como ha hecho con todas las chicas, no será diferente conmigo. — Replicó Emiko con un suspiro.

— En ese caso estoy segura de que si te rechaza, tu corazón podrá sanar con el tiempo y entonces podrás enamorarte de alguien más... pero si nunca sacas lo que sientes en tu corazón, te vas a lastimar conforme pase el tiempo. — Emiko no entendía por qué la anciana insistía en aquello.

— De acuerdo, lo haré cuando regrese de su misión, desde que se unió a ANBU es imposible encontrarlo más de dos días seguidos en la aldea.

— Muy bien niña, entonces ya vete a tu entrenamiento y no olvides la hora de la comida.

— ¡Sí Obaa-san!

Y salió corriendo mientras terminaba de ponerse su sudadera negra sobre la blusa de rejillas que usaba para entrenar. Pronto llegó al campo de entrenamiento que su equipo utilizaba.

— ¡Emiko! — Asuma la saludó al llegar.

— ¿Cómo estás?

— Bien, aunque tengo malas noticias... mi padre necesita que atienda los pendientes del clan otra vez — hizo una mueca de molestia

— No te preocupes, aunque si quieres puedo ir a ayudarte. — se ofreció pero el chico negó.

— Son cosas ridículas de clanes, no te preocupes, pero tengo que irme ya, ¿Podrías avisarle a Genma por mi?

— Claro, nos vemos, Asuma.

Y el chico comenzó a correr mientras Emiko se sentaba al pie de una gran árbol a esperar al castaño, quien por cierto acababa de regresar de una misión en solitario ayer por la noche... tal vez lo mejor sería que fuera a su casa por si se había quedado dormido... pero mientras pensaba qué hacer, vio una cabellera gris avanzar a lo lejos en dirección a la aldea. Como si un resorte la hubiera lanzado, se puso de pie de inmediato y recordó las palabras de la abuelita de Rin.

— Bien, es momento de hacerlo y seguir con mi vida. — Emiko corrió hasta alcanzarlo. — ¡Kakashi!

El aludido la miró de reojo mientras bajaba su libro de cubierta negra.

— Emiko — saludó de manera cortante.

— No he podido cocinar últimamente, el horno de mi casa se descompuso y de momento no hay refacciones en la aldea. — empezó a decir mientras los nervios la traicionaban. — Pensé en preparar galletas pero no quedan igual si las preparo en la parrilla...

La mirada del chico evidenció su molestia y eso la puso aún más nerviosa.

— Tengo cosas que hacer, Emiko...

Ella asintió enérgicamente.

— Está bien, yo solo... dentro de unos días vas a cumplir catorce años y me preguntaba si quisieras que preparara un pastel... estoy segura de que te gustará.

— No te molestes... — y se dio la media vuelta.

— Espera... — lo sujetó de un hombro y sintió que se tensaba. — Solo necesito un minuto, ¿Está bien?

Notó como Kakashi suspiraba y se detenía sin verla.

— ¿Qué pasa, Emiko?

— Es solo que... — estrujó sus manos. — Me gustas Kakashi y quería que lo supieras.

El peligris giró para verla con la misma expresión aburrida de siempre.

— Lo siento, no te puedo corresponder — y volvió a caminar y leer como si nada.

Emiko ya sabía que no iba a obtener la respuesta que le gustaría, pero por lo menos había esperado que no fuera tan frío y cortante como lo era con las otras chicas... se suponía que eran amigos. Suspiró derrotada, aquel trago amargo hubiera sido tolerable de no ser que al darse la vuelta, vio a Genma observarla con pena, saber que alguien más fue testigo de aquel momento tan humillante, hizo que los ojos se le humedecieran.

— Ko... — Genma se acercó a ella.

— No tenías porqué ver eso, es humillante... — dijo con evidente molestia.

— Lo siento, yo solo iba de camino a nuestro entrenamiento.

Ella se limpió las lagrimas con la manga de su sudadera.

— Olvida lo que viste y no hablemos de ello... — se sintió mejor al ver que el chico asentía. — Asuma me dijo que no va a poder entrenar.

— Está bien, ¿Entrenamos nosotros?

— Si, Genma.

Y caminaron de regreso al campo, pero entonces sintió que el chico sujetaba su mano.

— Kakashi es un idiota, pásame la lista de refacciones que necesitas, arreglaremos tu horno.

La chica desvió la mirada avergonzada... por esa vez no replicaría.

En el presente Emiko suspiró, Genma siempre cuidó de ella y vaya que siguió intentando quererlo pero... ¿Qué demonios tenía Kakashi Hatake que la hizo aceptar cenar con él a pesar de todos esos malos recuerdos?

Suspiró, quedarse en Konoha sería más difícil de lo que pensaba.

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Continuará...

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