Pareja

Novios

Enamorados

Amantes

Palabras sinónimas que bien pueden servir para etiquetar o describir aquello que Sasuke y Naruto son desde hace prácticamente dos semanas.

Seguro que quieren saber cómo se han dado las cosas entre ellos desde aquel sábado por la noche, qué tal la está pasando Naruto y quienes están enterados ya de esto.

Bien, retomemos la narración desde aquí:

Naruto le regaló una radiante sonrisa antes de volver a besarlo.

Por si quedaba alguna duda, ese era un Sí

Te aseguro que no te arrepentirás, dobe —prometió sobre sus labios, hechizado por la ocasión.

Más te vale, puedo patearte hasta dejarte irreconocible —dispuesto a seguir con el dulce momento, posó sus labios de nueva cuenta sobre los de Sasuke y…

¡NO COMAN PAN EN FRENTE DE LOS POBRES! —les gruñó Deidara desde una de las ventanas ubicadas en el segundo piso, donde por cierto no era el único asomado.

¡YA LOS VI PECADORES! —Suigetsu no quería quedarse atrás.

Regalándoles una seña obscena desde el jardín, Sasuke tomó a su rubio de la mano y lo guío hasta la entrada de la casa. Era obvio que no podrían continuar con sus demostraciones de amor con esos mirones a la distancia.

Se preguntarán en dónde estaban los adultos a cargo: uno estaba ahogado de borracho en la sala y el otro durmiendo cual oso durante el invierno. Así que los jovencitos aprovechaban para espiar a la nueva parejita.

Ojalá lo hayan disfrutado, porque si Kushina hubiese estado ahí, nada de eso habría pasado.

Antes de volver al colegio, Naruto solicitó al resto no divulgar su relación, ya tendría suficiente con las bromitas y comentarios subidos de tono por parte de Suigetsu y Deidara como para soportar habladurías del resto de los alumnos.

Sasuke prefirió no contradecirlo.

Y así fue como esa noticia no llegó a oídos de los demás y vivieron felices por siempre…

Fin.

Nah, solo Karin sabe lo que mantener la boca cerrada significa.

Deidara le contó todo a su Danna.

Suigetsu a Juugo, Sai y hasta a Gaara.

Ok, no fueron demasiadas las personas que llegaron a saberlo por ahora…

Hablemos entonces de los cambios en su rutina diaria:

Si bien desde antes de hacerse novios formalmente, ya pasaban bastante tiempo juntos, este se amplió todavía más.

¿Cómo?

Por las mañanas Sasuke y Naruto se encontraban afuera de sus respectivas habitaciones para llegar juntos hasta el salón, no se tomaban de la mano durante el breve camino porque Rin seguramente les llamaría la atención. Así que era mejor no arriesgarse.

Durante el almuerzo, el orden en el que se reunían anteriormente sufrió ciertas variaciones: al mismo tiempo de que el grupo se amplió, Gaara optó por sentarse al lado de Sai, quedando frente a frente con Naruto y Sasuke y más de una vez pudo notar como se tomaban de la mano debajo de la mesa.

Sí, para él fue algo difícil en un principio. Lo que sentía por el rubio no iba a desaparecer de un día para otro pero le alegraba verlo sonreír a causa de un romance.

Asimismo, por las tardes hacían sus tareas juntos, aunque después Sasuke desaparecía para encargarse de Deidara o algo así fue lo que le comentó a Naruto.

En las noches, el Namikaze iba a su cuarto y ya no era regañado si entraba corriendo o no tocaba la puerta -¡Ay el amor!- para terminar de ver alguna serie o ponerse al día con algún anime. Ese era el plan inicial, no obstante, siempre terminaban por acurrucarse y besarse olvidándose de que hay más gente en la habitación.

No se preocupen, Suigetsu siempre estaría ahí para echarles agua en caso de ser necesario.

Ahora sí, entremos de lleno al capítulo…


En el día de los enamorados todo era color de rosa, literal.

Obito de encargó de convencer a su esposo para que todo el instituto fuera adornado para esta ocasión. Globos en forma de corazones, serpentinas, carteles y un sinfín de decoraciones era lo que tapizaba cada salón, cada pasillo y hasta la entrada a los sanitarios.

Ridículo.

Así es como lo había calificado el director Hatake, pero todo lo hacía por complacer a su querido esposo y que los alumnos estuvieran en un ambiente más acorde a la festividad.

Incluso autorizó que solo hubiera media jornada escolar, para que después del medio día, todos pudieran dedicar tiempo a disfrutar de las actividades programadas para ese día.

Entre estas se encontraban:

Un buzón del amor

Una pequeña Kermés

Y, por último, un baile por la amistad.

Nada de esto era acostumbrado a realizarse anteriormente, sin embargo, los tiempos cambian, la juventud necesita sentirse tomada en cuenta, darse un tiempo para el ocio, motivarse… o esos fueron los argumentos de Obito en favor de toda esa locura.

— Si los alumnos se salen de control, tú te las arreglarás solo —advirtió seriamente el director a su pareja.

— Que no va a pasar nada, relájate amor —decía mientras le masajeaba los hombros con delicadeza— además así tendremos tiempo de…

La mano del Uchiha viajó hasta entrepierna del Hatake, dándole un ligero apretón obteniendo un pequeño jadeo como recompensa.

—¡Obito! ¡por favor!—expresó entre dientes—. Estamos en el pasillo, joder.

—Vamos a la oficina, entonces.

La voz seductora de su querido esposo lo incitó a seguirlo, que más daba si se encerraban unos minutos para "trabajar".


Cerca de las 10 am, un comité de alumnos liderado por Sasori se encargaba de separar las cartas que fueron depositadas por los demás a lo largo de la semana. Era el momento de organizarlas y pasar a entregarlas a sus destinatarios.

Afortunadamente eran varias personas las que conformaban el comité, porque en cuanto destaparon el buzón algunas cartas cayeron desparramadas por los costados del mismo. Realmente eran demasiadas.

— ¡Joder! Ni cuando se trata de un proyecto de clase escriben tanto —expuso Naruto.

— Pronto la mayoría de estas cartas serán solo corazones rotos —añadió el Akasuna.

El resto asintió y se dispusieron a repartirse las cartas en pequeños montones para avanzar más rápido y entregarlas antes de que terminen las clases. Afortunadamente, Rin les asignó un salón para que llevaran a cabo la actividad a gusto, pronto todas las mesas estaban repletas de papeles.

Bien podían confundir esa estancia con la oficina de correos.

— Oye, Sasori-kun… ¿hay un límite de cartas que puede recibir un mismo alumno? —preguntaba Hidan sin dejar de clasificar las mismas.

— Claro que no ¿Por qué?

— Pues… —el religioso volteó a verlo dudoso en continuar— sucede ya he encontrado 8 para Uchiha Sasu…ke.

Ni bien terminó de decir el nombre cuando toda la atención del Namikaze estaba enfocada en él. Y luego el resto del equipo también lo hizo.

— Yo también tengo algunas para el por aquí, creo que son 6 cartas —comentó Fuu que también formaba parte del equipo.

Naruto estaba levemente enfadado y sorprendido, solo que trataba de disimularlo. Continuó haciendo su parte como si nada, después de todo no puede enojarse porque es solo una actividad más y todos son libres de escribirles a la persona que les gusta ¿no?

Si darse cuenta él también había juntado cartas dirigidas a Sasuke, 5 más…

— Podemos romper algunas si te sientes inseguro, después de todo nadie está supervisándonos —le sugirió Sasori parado a su lado, sacándolo de su ensimismamiento.

— ¿Inseguro? ¿De qué? Sasuke y yo no somos nada aún.

— Conmigo no tienes que fingir, sabes que Deidara no se iba a quedar callado —el mayor se recargó de espaldas contra la mesa cruzando sus brazos— Sasuke es tu novio y este asunto te está afligiendo demasiado, niño.

— Voy a… lavarme la cara. Ya vuelvo.

Salió del aula en la que se encontraban, caminando casi arrastrando los pies y con las manos en sus bolsillos.

—Celos de porquería —Maldijo Sasori en voz baja regresando a su lugar.


Luego de entregar algunas de las cartas que le fueron asignadas y de hacer mil pedacitos aquella que estaba destinada a Sakura, Fuu se encaminó de vuelta a su salón.

Le tomó días el poder elegir las palabras precisas y plasmarlas en aquella hoja, y tan solo unos segundos reducirla a un montón de pedacitos. Esto sin contar todas las veces que dudó en depositarla en el dichoso buzón.

¿Para qué arruinar su amistad con la Haruno sabiendo que aquella -posiblemente- seguirá interesada en Sabaku no Gaara?

Prefería conformarse con el puesto de mejor amiga y pasar este día junto a ella compartiendo unos chocolates y quejándose de no tener a ningún hombre interesado en ellas.

Sí, mejor eso.

—¿Y? ¿nada para mí?

—Lo siento, Sakura-chan —contestó con desgano la peliverde para luego sentir como la Haruno le agitaba el cabello en un gesto dulce.

—No seas tonta, sabes que me tiene sin cuidado eso de las cartitas. Por la noche nos vamos a poner unos vestidos bien coquetos para ser las más bellas del colegio ya verás —Fuu asintió ya más alegre—. Por ahora cuéntame ¿Quién es el más codiciado?

—Uchiha Sasuke, de la clase 2-a. Le enviaron 19 cartas y al parecer a Naru-chan no le gustó la idea porque se fue antes de que termináramos de revisar.

Sakura adoptó una posición entre pensativa y dudosa al escuchar la reciente información. Naruto nunca mostró ese tipo de interés en nadie, ni con la pobre Hinata…

¿Será posible que se haya enamorado al fin?


—¿Cuándo te lo pidió?

—Hace dos semanas aproximadamente.

Shikamaru se frotó la cara en una clara muestra de frustración.

¿Quién en su sano juicio trataría a toda costa de ocultar su relación?

Ya era demasiado el hecho de que a él no se lo hubiera contado desde el principio, esto aunado a que tenía la ligera sospecha de que, si alguien más llegaba a preguntarle directamente, Naruto sería capaz de negar la existencia de ese noviazgo y probablemente esto detonaría una pelea en la naciente relación del Namikaze y el Uchiha.

— Eres un reverendo idiota.

— Te lo agradezco, amigo. No podía esperar menos de ti eh —verbalizó sarcástico el rubio.

— Es la verdad, estás que te derrites por el Uchiha y sales con la estupidez de "hay que mantenerlo en secreto" —Naruto formó un puchero con sus labios sintiéndose ridiculizado—. Oh, y eso no es todo. Ahora te enojas porque las chicas del colegio le escriben cartas a Sasuke siendo que todo mundo piensa que está soltero y sin compromisos. Dime ¿Qué tienes en la cabeza?

— Vine por un consejo, no a que me regañes "mamá".

— Un consejo, claro que sí mi estimado Naruto… —suspiró tratando de mantenerse sereno y no caer en la locura de terminar golpeando a su amigo—. ¡Ve a por tu hombre, hermano! Deja de perder el tiempo o llegará alguien con los pantalones que a ti te faltan, arriesgará todo por el arrogante de Sasuke y tú te quedarás viendo.

— Te refieres a que vaya ahora… o quizá más tarde

No pudo más, se levantó de su asiento y tomó a Naruto por el brazo sacándolo del salón y cerrándole la puerta en sus narices.

— Ok, ya entendí ¡Qué agresivo! —lo escuchó gritar desde el pasillo.

Bostezó y apoyo la cabeza sobre su lugar. Suficiente esfuerzo para un solo día.


A la ultima hora de clase estuvo en el club de arte al que pertenecía.

Naruto no apareció por ahí, ya que a pesar de que estaban en diferentes clubes este acostumbraba a ir a alcanzarle, por lo que Sasuke supuso que aun estaría ocupado con los demás chicos del comité y el asuntito ese de las cartas y el baile de la noche.

Solo esperaba poder pasar un rato con el antes de esa hora y poder invitarle tal como Itachi le sugirió, aun cuando él no tiene idea en lo que a bailar se refiere, el chiste es invitar a su novio porque la intención es lo que cuenta ¿no?

Ya después se las arreglaría si resultaba que su dobe si quiere bailar…

Y entonces pánico.

De ese que te entra cuando estás a punto de comenzar a exponer y todas las miradas de tus compañeros están sobre ti. Bueno, la verdad es que Sasuke nunca ha experimentado eso porque, al ser un alumno tan destacado, no tiene ese tipo de dificultades, pero este sí que era un tema completamente desconocido para él.

Bailar.

Quizá era mejor idea regalarle un bote de ramen instantáneo a Naruto y pedirle disculpas por no poder ir al baile porque tiene migraña. Claro, esto si quería fallar en su intento por ser un buen novio para el rubio.

Caminando por el pasillo que da hacia la salida del colegio, en dirección a su dormitorio, fue interceptado por Sasori que llevaba consigo un montoncito de cartas dentro de una bolsa transparente.

—Sasuke —aludió el pelirrojo—. Lamento interponerme en tu camino pero es necesario que te haga entrega de estas cartas. Sí, todas son para ti —agregó ante la mirada escéptica del Uchiha— Disculpa que sea en el último momento, lamentablemente el representante de tu clase no estaba presente cuando terminamos.

—Naruto —pronunció haciéndose una idea de lo que pasaba y el Akasuna solo asintió— ¿Sabes dónde está?

—Ni idea. Ahora si me disculpas, debo agendar una cita con un psicólogo.

—¿Cómo? —. Sasuke no entendió para nada eso ultimo.

—No te recomiendo ir a la oficina del director por ahora, deben estar matando a alguien ahí adentro— contó haciendo un gesto de repulsión.

Posteriormente Sasori se marchó dejándolo solo mas confundido.

¿Matando a alguien?

¿En una oficina?

En fin, en todo caso ese no es asunto suyo. Se descolgó la mochila de un lado y la abrió para poder guardar el montón de cartas, aunque sinceramente quería tirarlas pero esa sería una acción bastante cruel.


A unos metros de él, cierto rubio lo observaba en silencio como no queriendo que se percatara de su presencia. Había llegado hasta ahí movido por el impulso y la motivación del Nara, sin embargo, ya estando tan cerca de él se le hacía difícil cumplir con el "¡Ve a por tu hombre!".

¿Qué demonios significa eso?

Inseguro, mientras veía como su novio guardaba aquella bolsa repleta de cartas en la mochila, empezó a caminar lentamente hasta él. Ya que lo tuviera de frente pensaría que hacer o decir.

Por ahora bastaba con dejarse llevar…

O eso planeaba hasta que fue empujado brutalmente por una horda de jovencitas escandalosas provenientes de diferentes grupos. Todas ellas con un paquetito de chocolates en sus manos, corriendo en dirección a su adorado novio.

Chocolates

Chicas

San Valentín

Sasuke.

No le agradaba para nada la situación.

Y es que no hay necesidad de ser adivinos para saber lo que aquellas tramaban: si las más inseguras le escribieron cartas, estas serian más directas y seguramente habían elaborado aquellos chocolates con sus propias manos.

¿Cómo se atreven?

¿Quién les dio permiso de tratar de conquistar a su teme?

Viendo como las muchachitas rodeaban a Sasuke, Naruto apretó los puños con los brazos a cada lado de su cuerpo en un intento por controlar su desagrado, su incomodidad, sus ganas de gritarles a todas ellas que jamás tendrían y una oportunidad porque simple y sencillamente, Sasuke es su novio.

Celos.

No es la primera vez que los experimentaba y muy probablemente no sería la última, aun así esta vez era muy diferente. La sensación es aún más insoportable porque antes no podía ni debía reclamar nada, básicamente porque ni siquiera aceptaba sus sentimientos por el atractivo Uchiha, pero ahora claro que tiene el derecho más no el valor.

Cobarde.

Así es como se describiría en este momento, por querer esconder un noviazgo con el tipo más increíble, maravilloso, jodidamente guapo que jamás había conocido. Cobarde, por no ser capaz de entregarse por completo a esta nueva experiencia.

«El que no arriesga, no gana. Y si tú no te arriesgas, te van a ganar…»

Más claro ni el agua, ahora podía observar la realidad frente a sus ojos. Si él no se atrevía a darlo todo por Sasuke, hay muchas otras personas que sí.

El colmo fue cuando una chica de cabello castaño fue la primera en armarse de valor, empujar a las demás y plantársele de frente a su azabache. La intención era muy clara, la muchachita no dijo nada y solo se puso de puntitas para darle un beso en la mejilla a Sasuke.

Para su fortuna, este reaccionó a tiempo y se movió apenas unos centímetros provocando que la chica se fuera de boca contra el piso. Lo bueno fue que no se lastimó, o por desgracia según el rubio.

Pensó que todo pararía ahí, pero…

—¡Sasuke-kun! ¡te amo!

—Se mi novio, por favor…

—¡Me gustas muchísimo!

La horda de chicas se empujaba para estar cerca de su novio y poder confesarle sus sentimientos.

SUFICIENTE.

Le tomó segundos avanzar desde su posición de espectador hasta comenzar a abrirse paso entre el motón de chiquillas alborotadas. Probablemente estaba siendo impulsivo, egoísta, desconsiderado y pese a ello no se detuvo.

Con determinación se paró justo frente a él, acto seguido se acercó peligrosamente a su rostro y con su mano derecha cogió la corbata del Uchiha atrayéndole hacia él, hasta estampar sus labios contra los suyos.

Lento, tortuoso, pero a la vez lleno de entrega, así era aquel beso en un inicio.

Sin importar las miradas de ahora gran parte del alumnado que pasaba a esas horas por aquel pasillo, más las de aquellas chicas esperanzadas, Sasuke no dudo ni un momento en aferrar sus brazos a la cintura de Naruto y deleitarse con esos labios que lo enloquecían.

Que se fueran todos al carajo.

Que cerraran los ojos o se fueran de ahí si no querían ver la manera en la que se profesaban su amor, la manera en la que le hacían saber al mundo que ahora están juntos. Que se adoran como solo dos polos opuestos pueden hacerlo.

Para sorpresa de la pareja, que seguía fundida en aquella danza labial irrefrenable, los espectadores emitieron un grito de júbilo (podrían jurar que se trataba de Deidara, Suigetsu y Kiba), hubo aplausos, lágrimas y quizás corazones rotos, pero más era la alegría y la emotividad del momento.

Un poco avergonzados por el escándalo, dejaron de besarse, más sus ojos mantuvieron esa conexión por unos instantes.

—Me encantas, Naruto —confesó acariciándole la mejilla con devoción.

— Y tú a mí.

Sasuke sonrió como nunca y lo abrazó contra su pecho, era demasiada felicidad como para tratar de disimularla y deseó poder tenerlo así para siempre…

—¡MUY BONITO!

Una voz de ultratumba rompió con la magia en el ambiente, ambos dejaron los arrumacos para centrar toda su atención en la persona a sus espaldas.

—Sasuke Uchiha y Naruto Namikaze, a la dirección de inmediato— ordenó Rin con tono de severidad y los brazos cruzados.

El show terminó, poco a poco los mirones se fueron apartando antes de que ellos también corrieran con la misma suerte.


Dos jóvenes se mantenían aislados de todo el ajetreo por la celebración del día de San Valentín, su lugar preferido dentro de las instalaciones es su preciado club de arte completamente vacío a esas horas.

—¡¿Viste eso, Danna?!— preguntaba Deidara a su fiel amigo haciendo movimientos extravagantes con sus manos— Mi hermanito casi se traga a Sasuke con semejante beso… y la cara de las chicas fue de antología ¡JA! Ingenuas.

20 minutos.

Es el tiempo que el rubio llevaba alardeando de la reciente hazaña de Naruto, como si fuera algo muy difícil de superar. Algo sumamente increíble.

—Deidara…

—¿Qué pasa, Danna?

—Guarda silencio —exigió Sasori ya bastante aburrido con el tema, centrando su atención en aquella hoja que trataba de disimular entre las páginas de un libro.

Quizás debió dejar que el chico explosivo siguiera hablando pues ahora no podría evitar lo que venía.

De un pequeño jalón, Deidara le quitó la única carta que había recibido este día y que solo hasta ahora se le ocurrió leer. Mala decisión.

—¡Vaya! Una carta para el enigmático Sasori. Debo leerla —manifestó emocionado, alejándose del pelirrojo al notar sus aires asesinos.

—¡Devuélvemela ahora mismo!

—En cuanto termine de leerla.

—Uno

—Aunque cuentes…

—Dos

—No seas infantil, Danna…

—¡Tres!

Se arrojó sobre el rubio dispuesto a lo que sea con tal de arrebatarle la mentada carta que le pertenecía, pero al no medir su fuerza, la silla en la que Deidara estaba sentado cedió cayendo hacia atrás.

Fueron a parar al suelo, desplomando a Deidara de espaldas con el Akasuna encima suyo, en una posición bastante digna de malinterpretaciones.

—¿Te lastimaste? —preguntó el pelirrojo con cierto deje de vergüenza, después de todo ese accidente había sido culpa suya. Lo más raro era que no hacía ningún movimiento por levantarse.

—No… creo —admitió el rubio sintiéndose intimidado por aquellos ojos cafés que no se apartaban de los suyos—. ¿Y-y tú?

—Tampoco…

—Vale…

Aprisionado bajo el cuerpo de su amigo pelirrojo, Deidara sintió el tiempo detenerse, seguramente ya llevaban un buen rato así, analizándose a conciencia sin decir palabra alguna.

¿Qué están esperando para levantarse?

No lo sé, probablemente que Sasori se hiciera a un lado primero…

—Concédeme un poco de tu arte…— pidió a Deidara en un susurro con esa voz tan varonil.

—¿Quieres una figura de arcilla? Pero si nunca te han gustado…

—Nuestras concepciones del arte siempre han sido opuestas. Si para ti es efímero considero entonces que no te importará darme algo que para mí durará para siempre…

—No entiendo, Danna.

—Nunca lo haces y no tienes por qué empezar a hacerlo ahora. Solo perdóname por lo que estoy a punto de hacer, olvídalo, ve con Itachi y permíteme seguir siendo tu mejor amigo…

Pudo ver cada movimiento de su compañero, como tomó un leve impulso hacia él y cortamente rozar sus labios en un muy ligero beso, tanto que el cosquilleo en su piel apenas y le fue perceptible. Para cuando reaccionó, Sasori ya no estaba encima de él, sino de pie junto a la puerta a punto de irse.

—Tengo una cita esta noche —habló enseñándole la carta que por supuesto consiguió quitarle al final—. Te lo contaré todo después.

Una vez que salió de su ensimismamiento, Deidara ya se encontraba solo. Se apoyó en una de sus rodillas para poder pararse, sacudió un poco su uniforme con sus manos…

Sasori lo besó.

Pese a que nunca ha sido muy listo, supo comprender el mensaje oculto y deseó con todo su corazón que se adorado Danna tuviera suerte, que la persona que escribió aquella carta pudiera tocar su corazón y llenarlo de alegrías.

Tal vez sino hubiera aparecido Itachi, habrían terminado juntos en algún momento, pero él hubiera no existe.

Deidara ama a Itachi. Itachi ama a Deidara.

Ahora, es turno de que Nagato haga su mejor intento con Sasori.


—Así que novios ¿eh?

Kakashi giraba sentado sobre su silla, como un niño que acaba de descubrir que puede hacer eso.

Sasuke y Naruto permanecían de pie frente a él, como dos delincuentes a la espera de su sentencia.

Obito, recargado de espaldas contra la pared solo negaba con la cabeza, adoptando una pose seria, fingida por cierto.

Rin se acomodó en una de las sillas y cruzó sus piernas con elegancia, tampoco estaba molesta pero evitar y sancionar ese tipo de acciones por parte de los alumnos es parte de su trabajo.

—¿Sus padres lo saben? —preguntó el Hatake apoyándolo los codos sobre su escritorio— ¿Tienen permiso de ellos?

—¡Ay por favor! ¡ni que fuéramos niños! —refunfuñó Naruto.

—Itachi lo sabe —añadió Sasuke mucho más relajado que su novio.

—Pero yo no —Obito se sentía excluido—. Y yo soy aun mayor que tu hermano.

—¿Tú qué, tío? —el menor se giró hacia donde este se encontraba—. Si te la pasas encerrado aquí disque "trabajando".

—¡Chamaco igualado! Ahora veras…

El mayor de los Uchihas ahí presentes, se encaminó para aplicarle un correctivo a su sobrino, uno que le hiciera entender que no debe hablarle de esa manera a una figura de autoridad como lo es el.

—Pueden retirarse.

Obito y Rin lo miraron impactados, Sasuke y Naruto solo se encogieron de hombros y comenzaron a caminar hacia la puerta. Obviamente no pensaban replicar.

Una vez que el par de noviecitos hormonados salió por la puerta de la dirección, subdirector y prefecta necesitaban explicaciones.

—¿Qué? —dijo Kakashi—. Es el día del amor. Vayan a bailar o algo…

No pensaba complicarse la vida corrigiendo al par incorregible, además estaba de tan buen humor que no quería arruinarse el resto del día con problemas insignificantes.

Con que los demás estudiantes creyeran que los habían regañado o castigado era más que suficiente.


El camino de regreso hacia el dormitorio nunca les había parecido tan largo.

Uno al lado del otro avanzaban al mismo ritmo, sus brazos y los dedos de sus manos alcanzaban a rozarse por el movimiento. Hasta que Naruto fue quien tuvo la iniciativa de ignorar su reciente "llamada de atención" y entrelazar su mano con la de su novio.

Aunque claro, agachó la cabeza cuando el otro lo miró con expectación.

—Eres un dobe —indicó sonriéndole.

—Pues este dobe es tu novio —presumió el rubio señalándose con emoción marcada— y te encanto.

Sasuke negó con la cabeza sonriendo todavía más. Desbordante de felicidad por el cambio en Naruto, por saber que se estaba arriesgando a todo tanto como lo hacía el.


Por la noche, el dichoso bailecito inició.

Lo típico: las chicas bailaban entre ellas, mientras los varones se juntaban a las orillas solo a observar y conversar.

Con el paso de los minutos, algunas parejitas se apoderaban de la pista. Posiblemente acaban de hacerse novios o tal vez ya llevaban tiempo juntos, nadie lo sabe.

Lo cierto es que ahí estaban, disfrutando del momento entre luces y caras conocidas.

—No sé bailar —comentó de la nada Naruto cuando Sasuke le extendió una bebida.

—Ni yo—admitió el contrario comenzando a sorber por el popote de su bebida—. No creí que fuera necesario aprender…

El rubio sonrió sin decir nada mas y el azabache notó cierto deje de tristeza en sus ojos, en esos ojos azules tan hermosos y cautivadores.

Una idea bastante descabellada llegó a su mente, aun así se dejó llevar por esta y jaló al Namikaze del brazo con poca delicadeza. No dijo nada, solo caminó con el detrás suyo abriéndose paso entre la muchedumbre.

—Van a follar —contó Suigetsu a su novia en voz baja mientras bailaban, al ver como el par de chicos pasó a su lado.

—¡Idiota! —Karin no pudo evitar sentirse abochornada por el comentario referido a su hermano. No, ella no podía imaginar a su hermanito siendo profanado así que le propinó un golpe en la cabeza al peliblanco por ser tan imprudente.


09:30 pm

Desde ese punto aun era posible escuchar la música proveniente desde el interior del salón de usos múltiples.

Ahora se hallaban cerca de la entrada al colegio, a un lado de la fuente que a esas horas era iluminada por pequeñas luces a sus costados. No había nadie por ahí a esa hora, pues todos debían estar en el baile o en sus dormitorios.

—¿Qué hacemos aquí?

Sasuke se detuvo para girarse y tomarlo por la cintura.

—Tu quieres bailar ¿no es así?

Naruto no contestó y solo bajó su mirada al suelo como ya se le estaba haciendo costumbre.

—Aquí nadie vendrá a molestarnos o a burlarse.

Con un pequeño balanceo de sus pies, Sasuke comenzó a moverse lentamente haciendo que Naruto le imitara. Este no pudo evitar que se le escapara una risita de emoción, de vergüenza, de alegría, de todo.

Es cierto, quizás no sabían bailar pero estuvieron así alrededor de media hora. Dejándose envolver por las canciones lentas que ahora sonaban, abrazados, mirándose embelesados.

El rubio mantenía sus brazos alrededor del cuello de Sasuke, aferrándose a él, como punto de apoyo no solo físico, sino emocional. Sasuke se está convirtiendo una pieza importante en el rompecabezas de su vida…

Pronto, el ritmo de la música cambió (suena Make You Mine de fondo porque si xd).

—No tengo idea de como se baila esa canción —admitió el Uchiha dejando de moverse.

—Y yo no tengo idea de cómo se lleva una relación —el azabache lo miró curioso—, pero quiero llegar al fondo de esto contigo, teme.

—Iremos con calma ¿vale? —el de ojos azules asintió feliz— Te quiero tanto Naruto.

Sus labios se unieron gustosos, sellando con este una promesa por hacer las cosas bien y poner todo de su parte para que la relación funcione y perdure por muchos años.


Muy bonito ¿cierto?

Sería una pena que alguien lo arruinara… :)