Disclaimer: Harry Potter no me pertenece (llora), pero me gusta jugar con los personajes y ponerlos en situaciones que me hubiera gustado ver.

Este fic participa en el Fictober del grupo "Yo también estoy esperando un nuevo capítulo de Muérdago y Mortífagos", también es mi primer fic publicado, entonces por favor, tengan piedad.


8. Gafas

Junio, 1996.

Nunca puedes saber cuándo será la última vez que verás a alguien.

La incertidumbre te consume por dentro, y Theodore Nott lo sabía de primera mano. Ese mes, el día que Luna le había confesado como su cumpleaños soñado, Theo supo que la quería.

Porque ese día Luna había acudido al Ministerio de Magia, se había arriesgado y había acompañado a Potter a lo que era una muerte segura.

Esa tarde, cuando Zabinni maldecía fuera del despacho de Umbridge, supo que algo andaba mal porque a Blaise Zabinni nunca lo verías preocupado.

- Se han ido –le dijo .

Theo sintió de pronto que su estómago había desaparecido y en su lugar se encontraba un vacío infinito. Porque no se había encontrado con ella en días y eso ya lo tenía más susceptible de lo normal. Cuando supo que había seguido a Potter sintió por primera vez que lo odiaba.

La noche pasó larga, Draco los encontró en algún momento de la madrugada. Los tres pasaron la noche frente a la chimenea de la sala común, porque sabían que era una situación que iba mucho más allá de ellos. Sabían también que aquello les afectaría de manera directa, ganase quien ganase.

Theo esa noche caminó por los pasillos del castillo, fue a las aulas vacías del cuarto piso, a los pasillos del séptimo piso y salió a caminar por los invernaderos.

Siempre pensando que ella iba a regresar.

Luna regresó al siguiente día, con heridas leves, pero viva.

Todo el mundo mágico se enteró de lo que pasó esa noche en el Departamento de Misterios del Ministerio de Magia Inglés. Seis jóvenes magos y brujas lograron frustrar un ataque al Ministerio por parte de los Mortífagos.

El problema de Theodore era que en esa batalla, su padre había sido arrestado por los aurores y junto con Lucius Malfoy había sido enviado Azkaban.

Porque Luna había cambiado su visión del mundo y él ya no se sentía cómodo pensando en la supremacía de la sangre. Nunca quiso ser un lacayo más de El que no debe ser nombrado, pero ahora estaba seguro que no quería nunca formar parte de sus filas. Pensaba él que Luna podría alejarse de él si decidía continuar en ese camino.

No pudo ver a Luna sino hasta un día antes de que el curso terminara, porque le daba vergüenza pensar que ella lo culparía, lo relacionara con su padre. Lo que él no sabía era que Luna esperaba verlo más que a nadie, que quería saber cómo se sentía con toda la situación.

El día que Theo vio a Luna, la encontró en un pasillo… acompañada de Harry Potter.

Sabía, por El Profeta, que Sirius Black había muerto, pero no entendió el alboroto que Potter se traía hasta que escuchó la conversación que mantuvieron.

Al parecer Luna lo consolaba, y en ese momento Theo deseó romperle la cara a Harry Potter y enterrarle las estúpidas gafas hasta el cráneo. Luna era experta en consolar, pero él quería matarlo por haber permitido que ella pasara tal peligro.

Aunque con el tiempo Theo aprendió que Luna tenía tanto coraje como un estúpido Gryffindor, lo cual le provocó al joven muchas pequeñas muertes de angustia más a lo largo de los años.


Draco supo de inmediato que estaba en medio de un problema muy gordo, porque conocía de primera mano las historias de la furia del Señor Tenebroso.

De ahora en adelante, no podía seguir con juegos, no podía seguir rondando ni pensando a Granger, que no era solo una sangre sucia, sino la mejor amiga del niño que vivió. Sabía que al final los pensamientos que poseía terminarían siendo su perdición.

Necesitaba aprender oclumancia, ya.


-Me encuentro muy bien, de verdad.

-Sabes que puedes contarme si no es así, ¿verdad?

-Lo sé Theodore Nott –Luna le dio una sonrisa sincera y el buen humor de Theo regresó.

Resultó que el mago había recolectado por sí mismo los zapatos perdidos de Luna en esa larga noche.

-¿Qué harás ahora? –Theo no quería despedirse.

-Mi padre vendió muchas revistas este año, así que iremos a Suecia –Luna sonrió.

-Y eso te hace muy feliz, por lo que veo.

-Por supuesto, al fin podremos ver un Snorkack de Cuernos Arrugados- la cara de Luna se iluminó tanto que Theo habló sin pensar.

-¿Puedo acompañarte?

Para sorprender a Luna Lovegood necesitabas tomarla con la guardia baja. Theodore Nott ni siquiera intentó tomarle el pelo, pero Luna simplemente se limitó a mirarlo. Ella lo sabía, Theo era muy difícil de descifrar.