Shaman King no me pertenece


Fictober: 8 de octubre

Pareja: Yoh x Anna


Era una mañana bastante tranquila en la pensión. Yoh terminaba su entrenamiento, Manta preparaba el almuerzo y Anna revisaba como por cuarta vez en el día el mapa del mundo: en pocos días su prometido se iría y todavía no veía factible que se acostumbrara a su ausencia. Sí, estuvieron separados tres años, pero ahora que llevaban varios meses de convivencia estaba tan aferrada a él que la sola idea de saber que podía morir la atemorizaba. Eran chamanes, fácilmente el espíritu de Yoh la acompañaría hasta que ella también muriera, pero no bastaría, lo quería físicamente, cerca de ella, muy cerca, para ser precisos.

Nadie podía culparla. Si bien su cuerpo no estaba desarrollado en su totalidad para ciertas cosas, su mente la hacía pensar en él de formas no muy santas, aunque si lo analizaba más a fondo, la situación era bastante graciosa porque aún no se besaban. Sí, llevaban bastante tiempo viviendo juntos, y la confianza entre los dos era inquebrantable, pero faltaba algo que los impulsara a romper la barrera física y, teniendo en cuenta la situación, ese simple roce de labios no tardaría en llegar. Es más: no pasaría de ese mismo día.

—Manta, ¿hoy tienes clases extra?

—Sí. Dejaré la cena lista y me iré. ¿Necesitas que haga algo más?

Que se fuera, pero no iba a ser tan ruda como para echarlo de la casa.

—Compra unas pesas con varios kilos extra, Yoh necesita unas en su equipaje.

En parte no mentía.

Llegada la noche no había marcha atrás, Amidamaru estaba en el cementerio, Ryu estaba con sus amigos, Horo y Pilika en algún hotel y de Ren no tenían noticias: era el momento indicado.

Anna encendió la televisión y puso alguna película romántica que pudiera llamar el interés del Asakura: fracasó, Yoh estaba tan metido en su música que nada lo iba a perturbar. Subió el volumen del televisor, se movió en el suelo, dejó caer su vaso de té, pero todo fue en vano así que la última opción que le quedaba era ser lo más directa posible. Se acercó a él y le desconectó los audífonos del aparato, con eso la atención de su prometido fue completamente suya.

—¿Necesitas algo?

—¿Has besado a alguna chica antes? —Lo vio sonrojarse. ¿Eso era un sí?

—¿Por-por qué la pregunta, Annita? —Solo quería ganar tiempo antes de responder.

—¿No crees que es hora de que nosotros lo hagamos?

El sonrojó de él se intensificó; jamás pensó que Anna le propusiera esas cosas y menos ahora que estaba a pocos días de irse de la casa.

—No, nunca he besado a nadie. No he sido muy popular, además estamos comprometidos.

Eso complicaba y favorecía las cosas: por una parte, que los dos fueran el primer beso del otro era algo tierno; sin embargo, si ninguno tenía experiencia solo significaba que sería un desastre ese acercamiento.

—¿No quieres que lo intentemos?

Yoh no sabía si esa pregunta era broma o si Anna en verdad quería tener un encuentro más cercano con él. Tenía miedo. ¿Debía corresponder las intenciones de ella y fracasar o rechazarla y exponerse a un castigo mayor? ¿Cómo afrontaría la situación?

—¿Tú quieres que lo hagamos?

—¿Tú no?

Por la insistencia supo que no era ninguna broma y que era en verdad lo que le estaba pidiendo, así que, sentándose de golpe, quedó frente a ella para mirarse a los ojos: era una situación bastante incómoda. Ninguno de los dos era afectivo con el otro por lo que la sola intención de acercar su rostro era peor que todos los entrenamientos por los que cada uno tuvo que pasar.

—Tal vez si apagamos las luces le demos un toque diferente al lugar. —Al ver la expresión de su prometida supo que ella no estaba muy de acuerdo con esa idea—. Bien la luz queda encendida.

Anna asintió y se quedó quieta esperando que Yoh se acercara, pero al ver que no lo hacía decidió tomar la iniciativa. Fue un fracaso y quedó a medio camino.

—¿Sabes? Creo que esto no funcionará. Buenas noches.

Anna no espero a que Yoh respondiera, simplemente se levantó del suelo y pasó directo a su habitación. No quería reconocer que estaba dolida, ella lo amaba más que a nada y sabía que él también lo hacía, entonces ¿cómo es que un simple beso no salía tan natural en dos personas que se querían? ¿Por qué no era tan fácil como en las películas o en las telenovelas de la tarde?

Quiso dormir pero era inútil: no dejaba de pensar en ese estúpido beso. Dio vueltas sobre el futón en un vano intento de olvidar ese momento tan incómodo. Falló. ¿Cómo sería su relación más adelante? ¿Si ni siquiera eran capaz de besarse cómo suponía que afrontarían su vida de casados? ¿Ese era el fin de su compromiso? Era una obsesión bastante insana. ¿Tan difícil era juntar sus labios, contar hasta tres y separarse? Sin embargo, al sentir la presencia de Yoh tras la puerta por fin pudo parar de pensar: él tampoco debía estar pasándolo bien. La sombra de su mano estaba sosteniendo la puerta, al parecer estaba decidiendo si entrar o no. Al final no lo hizo y habló desde afuera.

—Tal vez nos estamos presionando —Era un buen argumento, pero no lo aceptaría— Quizá más adelante las circunstancias cambien y sea más fácil hacerlo.

Pero Anna no lo iba a permitir, ella quería y estaba decidida a que sería esa misma noche, además no era tonta, los nervios de Yoh y su expresión corporal solo podían significar que él también quería romper esa barrera y lo mejor era hacerlo juntos, no importaba si a la primera salía mal, podían seguir intentando hasta que ambos descubrieran la forma de disfrutarlo. La rubia deslizó la puerta y el Asakura entendió que era una invitación a que pasara. No usaría más excusas para evitar algo que él deseaba, porque sí, durante semanas había pensado en la mejor manera acercarse a ella y ahora no podía desaprovechar la oportunidad.

—Solo es un tonto roce de labios. ¿Qué es lo peor que puede pasar? ¿Estás listo?

Yoh asintió y esta vez fue él el que se acercó. Puso las manos en la cintura de su prometida y poco a poco bajó su rostro para estar cerca de ella. Al final Anna fue la que terminó de acortar las distancias.

Sus bocas ni siquiera se movieron, no sabían cómo y no estaban muy seguros de lo que se tenía qué hacer. Se separaron, pero aún Yoh sostenía a Anna.

—Fue lindo.

Anna movió la cabeza de manera afirmativa.

—Quizá si intentamos mover los labios la situación cambie.

Yoh volvió besarla, pero esta vez abrió un poco su boca antes de tocarla y solo tomó el labio superior de ella; Anna sintió una pequeña succión y quiso hacer lo mismo, así que se separó y repitió esa acción con su prometido solo que en su labio inferior.

Cuando finalizó esa caricia lo sintió sonreír: eso era un buen presagio y, sin entender mucho lo que estaba pasando, pasó sus manos por el cuello de Yoh y lo atrajo más hacia ella. Ninguno sabía qué estaba haciendo, pero sus bocas ya habían perdido la timidez y el beso ya no se estaba quedado solo en un inocente roce.

Les gustaba, les faltaba práctica, sí, pero les gustaba y mucho.

Se volvieron a separar, pero ninguno quitó las manos del cuerpo del otro. Sonreían y por cómo se veían era obvio que querían seguir. Anna tomó la iniciativa esa vez y, sintiéndose un poco menos cohibida, decidió morder el labio inferior de su prometido sin saber que eso sería un arma de doble filo: Yoh soltó un gemido y algo en la entrepierna de ambos se había movido. Era suficiente por esa noche.

Se alejaron por completo, estaban asustados y nerviosos. Eran adolescentes, ¿cómo culparlos?

—Entonces, ¿estuvo bien? —Anna no quería ni hablar, tenía miedo de que su voz no saliera en su tono habitual. Yoh entendió su silencio como un sí—. Creo que debo ir a la cama.

Yoh se alejó unos cuantos centímetros y Anna aprovechó para cerrar la puerta. ¿Qué carajos iba a pasar en la mañana? Volvió a su cama aunque era obvio que no dormiría en lo absoluto, o si lo hacía soñaría con él y en deseo de que ese sonido se volviera a repetir.


Fin


¡Buenas, buenas! Que no se pierda la costumbre de manifestarme a estas horas de la noche. Seguimos avanzando. Muchas gracias por acompañarme, (L)

¡Que los ilumine la eterna luz!