Breath Mints & Battle Scars By Onyx and Elm (Traducción autorizada)

s/13008307/1/Breath-Mints-Battle-Scars

Beteado por mi gemela malvada mayitatime (no usa FF, pero sí Twitter ~)


VIII

3 de octubre, 1998

Diario,

Yo...

Bueno, la verdad es que no es tu puto problema, ¿no? Respondiendo tu pregunta:

"Enlista los aromas que te producen calma. Considera colocarlos cerca de tu cama durante las noches".

No me digan cómo organizar mi mesa de noche. Solo para que sepan: manzanilla, madera de teca y pino. Diría menta pero ahora me molesta...

Es todo lo que tengo para ustedes, estoy seguro de que me regañarán por esto.

Draco


3 de octubre, 1998

Es resaca.

No es la peor que ha tenido pero definitivamente la más reciente y, en este momento, se siente como la peor. Se despierta entre sábanas sudorosas y pegajosas con su cabello hecho un enredo y su sien palpitando. Está nublado —¡gracias a Dios!— pero incluso la pálida luz que se cuela por las cortinas de la cama es demasiado, haciéndola entornar los ojos.

Quiere quedarse acostada todo el día y nunca más beber cerveza de mantequilla. Quería recordar cada detalle de la fiesta de anoche para determinar qué tanto tomó, pero no es un sábado corriente.

Madam Pomfrey la estaba esperando en menos de una hora, por lo que se levanta de la cama escuchando el rugir de su estómago. Se cambia dentro del baño, golpeando cosas sin querer y sufriendo por su dolor de cabeza.

Realmente no debería empezar a trabajar en la enfermería hasta la semana que viene, pero hoy estaba programado como día de práctica y no iba a perdérselo por su autoimpuesta migraña.

Evitando los espejos a toda costa, usa su varita para limpiar, arreglar y reparar el nido de lechuzas que se formó en su cabeza.

Las escaleras que dan a la sala común son más largas de lo normal y se encuentra a sí misma agarrándose de las paredes para mantener el balance mientras baja.

La sala común está desastrosa. Confeti y serpentina están regadas en el suelo, junto a botellas y jarras vacías en cada superficie posible. Hay manchas cada tanto en la alfombra rubí y, aún así, la gran mayoría de Gryffindor está despierto y reunido, tomando té y disfrutando la mañana.

Suspira, moviendo la varita para deshacerse del desastre que encontraba a su paso, hasta encontrar un sofá vacío en una esquina. Antes de sentarse conjura un expreso.

Reposándolo en su regazo y con la frente enterrada en su mano, toma un sorbo cuando empieza a sentir varios ojos sobre ella. Levanta la cara rápidamente, esperando que no sea nada importante, pero definitivamente la están mirando. Todos ellos. Dean, Seamus, Parvati, Harry, Ginny... casi todos los Gryffindor despiertos. Ni siquiera están tratando de disimular.

Pestañea, sentándose recta. ¿Nunca la habían visto borracha antes? No había pasado nada realmente escandaloso, al menos no para merecer esto. Cada mirada está tan confundida como sorprendida a su manera.

—¿Qué? —dice sobresaltada—, ¿tengo algo en la cara?

Por un largo momento, nadie dijo una palabra a pesar de que seguían mirándola sin vergüenza. Fue Harry quien rompió el silencio:

—Un poco más abajo… —murmuró.

La sorprendió. ¿Qué sería? ¿algo en su mandíbula o en su cuello?, ¿alguna mancha o vómito? Aún así, no había necesidad de mirarla tanto. No de esa manera. Resopla molesta, levantándose mientras toma otro sorbo del café que conjuró.

Se acerca a un espejo que está al lado de la chimenea mientras murmura enojada:

—Por la cara de embobados que tienen, uno pensaría que tengo algo como...

Sintió como si una cubeta de agua helada cayera sobre su cabeza. No, más bien como si hubiera sido lanzada a una piscina en la Antártida. La sensación de caer y estar en shock por el frío al mismo tiempo.

Creyó que había sido un sueño.

Un humillante, inaceptable, estrafalario y accidentado sueño que debía intentar enterrar muy profundo y nunca volver a pensar en ello, reprimiéndolo.

Y aún así, ahí está la fría y dura prueba de que no solo no podía reprimir sino que fue real. Sí pasó. Era una prueba en forma de un oscuro chupetón que se extendía por ambos lados de su garganta.

Se sobresalta sonoramente, tirando su expreso y tropezándose antes de conjurar un Glamour apresurado para que otros incautos no lo notaran cuando entraran.

Pero ya todos allí lo habían visto.

Se arriesgó a mirarlos horrorizada, sintiendo como sus mejillas ardían cuando Dean, riéndose entre dientes, le dice:

—Bien hecho, Granger, ya era hora de que te divirtieras —provocando un coro de risas entre Dean y otros.

Mueve la mirada hacia Harry, cuya boca se abre y cierra mientras ella intenta desesperadamente encontrar una excusa. Parte de ella se odia por no haber sido un poco más promiscua en años anteriores, ya que hubiera hecho que esto pasara como si nada. Hubiera significado que ellos no necesitaban excusas. Al menos Ron no estaba-...

La puerta del dormitorio de chicos se abre, asomando la cabeza pelirroja que usa pijamas manga larga mientras camina pesadamente hacia la sala común. El estómago de Hermione cae directo hacia sus pies.

—Buenos días —murmura con pereza, restregando sus ojos con las mangas de su pijama. Nota la inquisición impuesta por Gryffindor y, pestañeando, sigue las miradas hasta Hermione—. ¿Qué está pasando?

Por favor no lo hagan, por favor no, por favor no, por favor-

—Mione consiguió chupetones anoche —respondió Seamus aguantándose la risa, haciendo que Hermione recordara que todo esto es su culpa y tomara su varita, a punto de hechizarlo hasta que Ron, su-primer-jodido-beso-Ron, hace la pregunta:

—¿De quién?

—Dinos, Mione —es la primera cosa que dice Ginny, pero Hermione no se pierde ese tono ligeramente herido que trata de ocultar. Parece que esta es una de las cosas que ella esperaría saber antes que nadie.

El pánico crece en su estómago y su corazón empieza a bombear tan fuerte que siente como todo su torso, incluyendo su cara, enrojece y arde.

—De nadie, no es nada- es nadie —dice casi gritando y poco convencida.

Sale corriendo a través del retrato y no se detiene por 15 segundos.

No puede- no debe-...

Siente que necesita esconderse.

No.

No.

La calmada y racional Hermione hace uso de su cerebro, arreglando el desastre que se estaba saliendo de control. Necesita enfocarse. Tiene que reunirse con Madam Pomfrey en menos de 20 minutos. El expreso sigue su curso en sus venas y estará lista y aprendiendo y manteniendo sus manos ocupadas; una distracción perfecta en un momento perfecto.

Toma una inhalación profunda y reinicia todo. Su postura, su corazón. Camina hacia la Enfermería con la intención de mantener su mente en blanco.

Ha pasado una hora y media estudiando cómo debe cortar raíces siguiendo las instrucciones de Madam Pomfrey para la fábrica de antídotos cuando tiene su primer desliz.

Es la primera vez que se permite pensar en ello, asumiendo el hecho de que sí pasó realmente. Eso pasó.

Eso que es besar a Malfoy.

Ser besada por Malfoy.

Incluso cuando solo bordea la superficie del recuerdo, las sensaciones y sonidos emergen. La esencia de su colonia, el sabor de la menta, sus manos... sus frías y largas y demasiado reales manos muy debajo de su cintura, en su cadera. Su boca, fría por fuera y caliente por dentro, besándolo todo.

Inconscientemente, sus dedos arden al tocar la piel de su cuello, tensándola. Su respiración se agita y retira rápidamente su mano de su cuello, volviéndola cerca de las raíces incluso cuando escucha los gruñidos de Malfoy haciendo eco en sus oídos.

¿Cómo pudo pensar que fue un sueño?

¿Cómo pudo olvidar que sí pasó?

Ni siquiera puede recordar lo que pasó después. No recuerda cómo llegó a la sala común y lo que pasó después sigue nublado. Sin embargo a él lo recuerda perfectamente...

Sus dedos están temblando cuando se da cuenta de que debería estar asqueada consigo misma. Lo odia. Debería odiarse a sí misma por haberse acercado tanto y dejarlo tocarla. Su tía era la responsable de la cicatriz permanente que tiene en el brazo, su propia sangre.

Debería encontrarlo a él y a su tonto experimento repugnantes.

Sin embargo, su mente traicionera iba a otro lado, rebobinando los besos pasados.

El primero fue Ron y siempre esperó que así fuera, tanto que era casi predecible que sucediera. También decepcionante, fue húmedo, apurado y descuidado.

Después de él, fue un muggle llamado David, durante su ida a Londres para una fiesta post-guerra. Había sido suficientemente bueno, la besó con delicadeza, pero el lapso de remordimiento y culpa no la permitieron llevarlo más lejos. No había una relación ni una segunda cita. No avanzó.

Luego otra vez Ron a ver si había mejorado y no.

Después alguien que nunca supo su nombre, en otro club. Tampoco pasó nada.

Luego Malfoy. Su quinto beso.

Nota sus labios hinchados y se pregunta si Madam Pomfrey puede notarlos. Se pregunta si su glamour se mantiene, incluso cuando nunca ha dudado de sus conjuros antes.

No se permite preguntarse si lo considera su mejor beso porque sabe que lo fue pero no quiere aceptarlo. En cambio, se pregunta dónde está él ahora y qué está pensando.

Malfoy, que la odia tanto como ella lo odia o incluso más. Malfoy, que le asquea su sangre sucia. Malfoy, cuyas manos jugaron con el botón de su jean más de una vez si recuerda bien. Malfoy, cuya lengua estaba más que preparada para lamerla.

—Señorita Granger, está temblando —dice Madam Pomfrey dándole una mirada, notando que las raíces están más que machacadas—. Tenemos suficiente por hoy, creo. Lo has hecho bien —Poppy le da una palmada en el hombro—, ve a descansar.

Aún así, en su camino fuera de la enfermería, nota lo sola que está con sus pensamientos y es lo último que necesita.


¡Hasta el próximo domingo! ;)