Disclaimer: The story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the plot belongs to Simaril. I just translate with her permission.


Disclaimer: La historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la trama de Simaril, solo me adjudico la traducción.


Este capítulo lo betearon mis amadas Yani y Meli, betas de Élite Fanfiction ( www facebook com / groups / elite . fanfiction / )


Capítulo nueve: Conociendo

POV Edward

Nuestra nueva casa estaba a solo quince minutos del campus. Bella me dirigió una mirada confundida cuando giré en un camino de tierra, para ella luciría como si estuviese conduciendo directamente en el parque estatal.

—Casi estamos ahí.

La observé por el rabillo del ojo mientras salíamos de la línea de árboles y ella obtuvo la primera visión de la casa.

Sus ojos se ampliaron.

—Guau, es hermosa.

Me había acostumbrado a la vista, así que era interesante ver su reacción mientras la observaba. Era una casa del siglo XVII que había estado descuidada por mucho tiempo. Esme casi había terminado la renovación para restaurar su antigua gloria.

Oí a Carlisle registrar el latido de corazón en el auto que estaba llegando, pero Esme estaba atrapada en un dibujo y no lo notó.

Abrí la puerta de Bella y desabroché su cinturón. Ella bajó torpemente del auto, sosteniendo su mano lastimada contra su pecho.

¿La trajiste?, cuestionó Carlisle. ¿Ella está bien?

—Se lastimó la mano, ¿puedes echarle un vistazo? —hablé en voz baja, pero Bella pareció notarlo de todos modos. Me dirigió una mirada curiosa.

Traté de poner una expresión inocente y ella se encogió de hombros. Tenía que ser más cuidadoso, era muy fácil relajar la farsa alrededor de ella.

La llevé a la casa y llamé a Carlisle. Él había estado caminando en la parte superior de la escalera, esperando mi llamado. Bajó con demasiada velocidad, como para parecer completamente humano. Aparentemente, no era el único que tenía dificultades con actuar como humano.

Escuché a Alice yendo a buscar a Esme a su estudio y explicándole que Bella estaba aquí y por qué. Esme no pudo controlar su grito de emoción. Estaba muriendo por venir a verla, pero Alice le advirtió que esperara hasta que termináramos con Carlisle.

—Bella se lastimó la mano, ¿podrías echarle un vistazo por ella? No quiere ir a emergencias —repetí la petición para los oídos de Bella.

—Por supuesto, estaré feliz de ayudar. ¿Vamos a la cocina? —Él estaba tratando de compensar la desastrosa (segunda) primera impresión que ella tenía de él, pero estaba un poco demasiado entusiasmado. Bella le dirigió una mirada interrogativa, como si estuviese evaluando su competencia mental.

Rodé los ojos, capturando su atención.

¿Demasiado?

Asentí, guiando a Bella hacia la cocina. Ella tenía los ojos muy abiertos mientras examinaba la habitación. Esme se había superado aquí. Estaba lleno de electrodomésticos que, incluso aunque comiéramos, dudaba que los usaríamos más de una vez.

Carlisle le señaló una silla a Bella y tomó su mano para examinarla. Ella se estremeció, ya sea por el dolor o por la frialdad de su piel, no estaba seguro.

—¿Es muy doloroso? —preguntó Carlisle.

—No realmente.

Parece que algunas cosas no han cambiado. Una sonrisa torció las comisuras de su boca. Él manipuló suavemente los dedos tratando de encontrar la fractura.

—Creo que tienes un nudillo roto. —Sacó una muñequera de su bolso y, con mucho cuidado, la puso alrededor de la mano de Bella—. Necesitarás usar esto por al menos un par de semanas.

Ella gruñó, cubriendo su rostro con su mano libre.

—¿Te duele? Tengo alguna medicación que puedo darte. —La preocupación de Carlisle era clara.

Bella negó con la cabeza.

—No, no duele tanto, tengo cosas en casa que puedo tomar. Estaba pensando en mi moto. No seré capaz de conducir por tres semanas. —Ella le frunció el ceño a la muñequera.

—Más tiempo si no te cuidas —le advirtió.

Bella maldijo bajo su aliento y sus ojos se ampliaron cómicamente.

—Puedes compartir el auto con nosotros, son solo tres semanas —ofrecí, pensando en todo el tiempo adicional que pasaríamos juntos.

—Está bien, no está tan lejos como para caminar. Todavía puedo correr, ¿no? —Fijó su atención en Carlisle. Él sabía por mi mirada suplicante que yo quería que se negara, pero no estaba dispuesto a mentirle.

—Puedes correr siempre y cuando tengas cuidado. Si llegas a caerte sobre ella…

—No me caigo —dijo con confianza. Se bajó del taburete y me miró—. ¿Te importaría llevarme a casa?

¿Importarle? Te cargaría en su espalda si dijeras las palabras, bromeó Carlisle. Él definitivamente estaba pasando demasiado tiempo con Emmett.

—Para nada. ¿Te quieres ir ahora? —¿O puedo persuadirte para que te quedes un poco más, tal vez un par de meses?

—Por favor. Tengo cosas que necesito hacer.

Controlé mi expresión decepcionada con esfuerzo y la llevé otra vez hacia el salón. Esme estaba esperando impaciente por verla y, como Carlisle, tuvo problemas para controlar sus reacciones.

—Bella —dejó escapar feliz.

—Mmm… hola. —Bella estaba claramente confundida por su saludo emocionado.

Teníamos casi tanta dificultad para controlar nuestras emociones a su alrededor como una vez habíamos tenido controlando nuestra sed. Un par de días más como hoy y ella lo averiguaría.

—Es un placer conocerte. He oído mucho sobre ti.

Bella asintió, la mirada interrogante que le había dado a Carlisle ahora estaba dirigida a ella. Esme la malinterpretó y sonrió deslumbrante.

Dándome cuenta de que Esme estaba a un paso de abrazar a Bella, la guié hacia el garaje y abrí la puerta del Volvo para ella. Ella suspiró y se subió, me preguntaba si su mano le preocupaba otra vez.

El silencio era un poco incómodo, pero no sabía qué decir para romperlo. Ella parecía perdida en sus pensamientos, así que la dejé y encendí el estéreo en su lugar. Su casa no estaba lejos de la nuestra y deseé que el viaje fuera más largo. Aunque lo pasara en silencio, todo el tiempo que tenía con Bella era precioso. Cuando estacioné en frente de su casa, habló por primera vez.

—¿Puedes entrar? Hay algo sobre lo que me gustaría hablar. —Mi corazón se apretó. Lo sabía. Habíamos sido demasiado obvios y ahora lo sabía.

¿Cuál sería su reacción? Esta Bella era muy diferente de la que había conocido antes. ¿Reaccionaría de la misma forma? Tal vez me pediría que la dejara. ¡No podía! ¡No podía soportar estar lejos de ella otra vez!

—Edward, ¿estás bien?

Aparentemente, mis pensamientos conmocionados me habían causado estar en silencio demasiado tiempo. Alejé el estupor.

—Lo siento, me encantaría entrar. —Solo no rompas mi corazón. Por favor.

La seguí dentro de la casa y observé como encendió la máquina de café. Era fascinante verla en su hogar. Estaba poco amueblado, pero igual era acogedor. Había señales de su personalidad esparcidos por la habitación: los libros apilados en un mueble, las fotografías pegadas en el refrigerador. Estaba celoso de ver en cuántas de ellas aparecía Jacob.

Sin embargo, había otros signos de cambios más molestos: notas adhesivas en lugares aleatorios, recordatorios de cerrar con llave antes de irse y de revisar la máquina contestadora.

Aún más doloroso —para mí al menos— fueron los potes de medicina en el cajón. Ella sacó uno y se tomó una pastilla. No vi la etiqueta antes de que lo guardara otra vez, y no había forma de que viera lo que había tomado sin causar sospechas.

Ese era el problema con no poder visitar su casa como había sido capaz antes. Mi familia se burlaba de mí por "acosarla", pero ¿cómo podía saber qué estaba pasando si no podía comprobarlo?

—¿Quieres café? —preguntó.

—No, gracias, la cafeína me pone nervioso.

No era completamente mentira. La cafeína me ponía nervioso hasta que podía purgarla de mi sistema. Sentirla moverse alrededor de mi estómago no era una experiencia placentera.

Ella se sirvió una taza y salió al porche trasero. La seguí lentamente y cuando palmeó el asiendo a su lado en el columpio, me senté junto a ella. Hubiera estado extasiado por compartir el momento con ella, si no fuese por el miedo a que me pidiera que la dejara sola.

No lo haría. Estaba decidido; me quedaría fuera de la vista, pero permanecería cerca. Ella necesitaba protección. Si Victoria descubría que ella no estaba en La Push, estaría aquí en horas.

Ella respiró hondo.

—Necesito decir algo y, aunque va a sonar loco, necesito que me escuches. ¿Está bien?

Asentí, preparándome para las próximas palabras.

—No eres como las otras personas, ¿no? Tú y tu familia, hay algo diferente en ustedes.

Asentí otra vez.

—¿Van a lastimarme?

—¡No! —Estaba horrorizado. Aunque había sido una posibilidad real la primera vez que nos conocimos, no había ninguna posibilidad de que la lastimara ahora; ella era mi mundo.

—Te lo prometo, Bella, nunca te lastimaría. Yo, toda mi familia de hecho, nosotros somos…

Levantó una mano para callarme.

—No quiero saber.

¿Qué demonios?

—Lo siento, ¿qué?

—No quiero saber —repitió, mirándome como si fuera un poco tonto.

En verdad, me sentí un poco lento por un momento. De todas las cosas que ella podría haber dicho, esa era la última cosa que esperaba.

—Mientras no me hagan daño, no me importan las diferencias. Tengo algunas preguntas, por supuesto.

Sonreí. Era exactamente lo que me había dicho cuando descubrió mi secreto la primera vez. No pude resistirme completamente a la simetría.

—Por supuesto.

—No comen, ¿verdad?

—No. ¿Cómo lo supiste?

—Alice no es tan sigilosa como ella cree. Desperdició un picnic perfectamente bueno. Simplemente podría haberme dicho que no tenía hambre.

—Tomo nota, no más picnics desperdiciados —dije con una sonrisa irónica—. ¿Algo más?

—No corren como yo, ¿no? Vi la forma en que te movías cuando estábamos en el auto, fue aterradoramente rápido.

—Podemos movernos muy rápido, sí.

—Entonces, ¿por qué aceptaste venir hoy? Debió ser muy aburrido para ti mantener mi paso. —Sonaba un poco molesta mientras preguntaba.

—No fue aburrido para nada, solo estaba feliz de ser capaz de pasar tiempo contigo.

Temí haber dicho demasiado cuando se quedó callada por mucho tiempo.

—¿Viniste a correr, incluso aunque era lento, solo para pasar tiempo conmigo? —preguntó, la incredulidad clara en tu tono.

Asentí.

—Bueno, eso es estúpido. Si quieres pasar tiempo conmigo, solo tienes que preguntarme. —La miré con incredulidad—. Tal vez no lo notaste, Edward, pero me gustas mucho.

—¿Mucho?

—Cielos, ¿son todos los hombres tan tontos? —murmuró y después se giró para encararme—. Me gustas así de mucho. —Sus labios se presionaron contra los míos en un beso abrasador, y perdí la cabeza.

Ella era tan cálida, suave y familiar. Envolví mis brazos a su alrededor y la empujé hacia mí. No había nada en el mundo que se comparara con eso. Había pensado que besarla antes era perfecto, pero ahora que besarla no iba acompañado de una sed ardiente, era indescriptible.

Demasiado pronto para mi gusto, ella se alejó jadeando. Luché contra el impulso de atraerla hacia mí otra vez.

—¿Ahora lo entiendes? —preguntó.

Asentí, seguro de que si abría mi boca saldrían declaraciones de amor eterno.

—Bien. Como correr está fuera y no comes, ¿dónde me llevarás?

—¿Llevarte? —chillé.

—Creí que el próximo paso era que me pidieras una cita. Pareces tener un poco de torpeza social, así que pensé hacer las cosas más fáciles para ti.

Sonreí. Estaba empezando a entender que todas las diferencias en ella con las que había estado obsesionado eran positivas. Ella era más segura y feliz, pero todavía mi Bella.

—¿Qué te gustaría? —No estaba seguro de si le interesarían las mismas cosas que antes.

—¿Te gusta la música? Hay un concierto en el parque el domingo por la tarde. Podríamos ver quién tocará e ir ahí.

—Tendré que comprobar el clima, pero eso suena como una buena idea.

—Es un área cubierta, así que no importa si llueve, ¿o es algo que tiene que ver con tus diferencias? —La forma en que lo dijo lo hacía sonar como si tuviera una enfermedad rara.

Me reí.

—Tiene algo que ver con mis diferencias. No puedo…

Presionó un dedo sobre mis labios.

—No quiero saber. Tú tienes secretos. Está bien, yo también. No preguntaré por los tuyos si no preguntas sobre los míos. ¿Está bien?

La culpa me atravesó como un cuchillo. Ella no tenía secretos, nos habíamos asegurado de eso cuando hackeamos sus registros e interrogamos a sus amigos. Me arrepentía de mi elección ahora. Debería haberle mostrado el mismo respeto que ella me mostraba.

Ella malinterpretó mi expresión como una de molestia.

—Te lo diré en su momento, lo prometo. Solo quiero ser normal un poco más. Eres el único que no me trata de manera diferente, y me gusta eso.

—Lo entiendo. Debería irme a casa. Mi familia debe estar preguntándose qué me pasó. —Debía irme antes de confesar todo y destruir mi oportunidad con ella por completo.

—Está bien, necesito acostarme un poco de todos modos, mi mano está doliendo.

Había más que eso. Su mano sana subió para masajear su sien.

—¿Dolor de cabeza? —pregunté.

—Un poco, aunque no es uno malo. —Captó mi mirada interrogante—. Secretos, ¿recuerdas?

—Secretos.

—Me puse de pie y extendí una mano para ayudarla a ponerse de pie.

—Eres muy anticuado, ¿sabes? —dijo, mirando mi mano extendida.

—Me lo han comentado, sí. —Tú, cien veces antes.

—Me gusta. Es refrescante conocer un hombre con modales. Tu madre te enseñó bien.

La inocencia de su comentario me hizo reír. Mi madre me había enseñado bien, los buenos modales eran muy valorados a principios del 1900.

La vi en la puerta y esperé torpemente, no estaba seguro cuál era la etiqueta aquí. ¿La besaba otra vez? Ella tomó la decisión por mí. Se puso de puntas de pie y besó mi mejilla.

—Comprueba el clima y avísame si iremos mañana. Alice tiene mi número.

Asentí, todavía un poco aturdido por el beso.

—Adiós, Edward.

—Adiós, Bella. —Me preguntaba si podía escuchar el anhelo en mi voz.

Ella cerró la puerta y escuché su suave suspiro.

—Edward.

Su tono era tan feliz que quería gritar. En lugar de eso, le dirigí una última mirada nostálgica a la casa y volví a mi auto.

El viaje a casa pasó en un borrón mientras repetía el momento en que me besó, una y otra vez. Cuando entré a la casa, vi al resto de mi familia esperando ansiosos por mí.

Vi mi cara a través de los ojos de Carlisle y noté la sonrisa tonta. Traté de cambiar mi expresión a algo un poco más digno, pero me rendí; estaba demasiado feliz como para que me importara.

—Bueno, ¿cómo fue? —preguntó Alice.

—¿Quieres decir que no estabas mirando?

—No, te estaba dando privacidad.

Le arqueé una ceja, estaba sorprendido de que hubiese sido capaz de resistirse.

—Esme me hizo hacerlo —admitió—. Ella dijo que no querrías que te espiáramos.

Le sonreí con agradecimiento a Esme y me senté en el sofá a su lado.

—Fue… bien.

—Si no les dices pronto, tendré que irme —dijo Jasper—. La anticipación me está volviendo loco.

—Está bien, primero lo primero. Bella sabe.

—¡Se lo dijiste! —me acusó Rosalie.

—Por supuesto que no, ella lo averiguó por su cuenta. No sabe exactamente qué somos, pero sabe que hay algo diferente en nosotros. —Sonreí pensando en su impactante declaración—. Tampoco quiere saber.

Hubo jadeos de miedo ante mis palabras, ya que cada uno trataba de procesar la misma cosa contra la que había luchado.

Emmett fue el primero en encontrar su voz otra vez. Su tono era incrédulo.

—¿Me estás diciendo que Bella Swan, la Nancy Drew* de Forks, sabe que somos algo diferente pero no quiere detalles?

—Sí. Me preguntó si íbamos a lastimarla y le dije que no lo haríamos. Hizo algunas preguntas sobre nuestra velocidad, no más viajes para correr para nosotros, y nuestros hábitos alimenticios. —Miré a Alice—. Sus palabras exactas fueron: "Alice no es tan sigilosa como ella cree. Desperdició un picnic perfectamente bueno".

Emmett gruñó, sus pensamientos lamentaban perder las oportunidades para vincularse.

—Aparte de eso, ella no quiere saber. Dijo que no le importan las diferencias. Nos permitirá tener nuestros secretos si le permitimos tener los de ella. —Mi tono de voz era amargo cuando terminé, la culpa me retorcía otra vez.

—Oh. —La expresión de Alice se volvió triste—. Pero nosotros no lo hicimos.

—Lo sé.

—Bueno, no hay nada que podamos hacer sobre eso ahora. Quiero saber por qué estabas sonriendo como un tonto cuando entraste. ¿Qué más pasó? —Rosalie estaba impaciente y dejé que el silencio se alargara un poco más antes de responder.

—Le gusto.

—Bueno, ¡ya sabíamos eso! —Alice rodó los ojos—. Todos le gustamos.

—Es cierto, pero no creo que bese a ninguno de ustedes para demostrarles su afecto.

Alice gritó tan fuerte que lastimó mis oídos.

—Guau, ahora me gustaría haber estado mirando.

—Muy espeluznante de tu parte, Alice —dijo Emmett.

—Oh, ya sabes lo que quiero decir. Entonces, ¿cómo fue? ¿Ella te besó o tú la besaste? ¿O fue uno de esos momentos en que solo pasó?

Pensé en cómo Bella se giró hacia mí, el brillo decidido en sus ojos. La sensación de sus labios suaves contra los míos. Ninguna señal de repulsión o miedo por mi fría y dura piel contra la suya cálida.

Mantendría ese recuerdo para mí mismo.

xXx

Me detuve frente a la casa de Bella el domingo por la tarde con la emoción bordeando la histeria.

La había llamado, pero me atendió su contestadora. Entré en pánico, pensando que algo había pasado, pero Carlisle me detuvo de correr a su casa y le pidió a Alice que la revisara por mí. Ella estaba bien, solo durmiendo. Cualquier pastilla que había tomado la había dejado noqueada.

Por mucho que quisiera respetar su privacidad, era un inconveniente no ser capaz de estar cerca de ella todo el tiempo. Incluso si ella supiera el alcance de todas mis diferencias, dudaba que estuviera tan dispuesta a permitirme tener el mismo contacto cercano que había disfrutado antes.

Pude escucharla chocándose cosas alrededor de la casa, murmurando maldiciones bajo su aliento. Cuando golpeé la puerta, se detuvieron abruptamente y escuché que tomaba una respiración profunda.

Ella abrió la puerta con una sonrisa que no llegó a sus ojos.

—Hola, Edward.

—¿Qué pasa?

—Esa no es una respuesta normal a mi saludo —dijo con una ceja arqueada—. ¿Quieres tratar otra vez?

—Lo siento. Luces un poco disgustada y estoy preocupado.

Diferencias —dijo, hablando más para sí misma que para mí—. Solo acabo de despertarme con una desagradable sorpresa en mi contestador y eso me tiene un poco enojada.

Mi rostro decayó y ella se apresuró a tranquilizarme.

—No el tuyo, esa fue una sorpresa agradable. Te habría devuelto el llamado, pero no quería hablar con el doc… alguien más.

No había forma de que ese apodo pasara de moda pronto. Carlisle sería para siempre el doctor Pendejo.

—Resulta que Jacob se las arregló para hablar con mi padre antes de que yo tuviera la oportunidad. Él tiene esta gran cosa sobre que yo esté con Jacob, aparentemente él y el padre de Jacob han estado planeándolo desde que éramos niños. Me dejó una larga perorata porque los eché y me exigió que lo llamara. Esperaré a que me calme un poco antes de hacer esa llamada. Lo que me recuerda…

Ella hizo una nota en un pósit y lo pegó a la contestadora: Llamar a Charlie y explicarle por qué Jacob puede irse al infierno.

—Solo un recordatorio —dijo radiante.

El viaje al parque pasó de manera amigable. Alice me había asegurado que el clima sería nublado, pero lo suficientemente cálido para que Bella estuviera cómoda.

El concierto era de un grupo de músicos de la universidad y Bella estaba deseando verlos tocar. Estaba sorprendido, pero feliz, de ver que sus gustos musicales no habían cambiado mucho.

Había ido un poco mejor preparado esa vez. Esme había empacado una bolsa para mí con bocadillos para Bella y una manta para que nos sentáramos. Llegamos un poco temprano, la música no empezaría hasta dentro de media hora. Sin embargo, no éramos los únicos que habíamos llegado temprano, esparcidos por la hierba había otras parejas y familias disfrutando el día.

Acomodé la manta en el suelo y ella se sentó con las piernas cruzadas debajo de ella.

—Así que, ¿alguna vez vas a convertirte en un estudiante de verdad o planeas merodear por el campus todo el año? —preguntó.

Me apoyé sobre mis codos.

—¿Te opones a mi merodeo?

—No, es divertido tenerte alrededor. Solo me preguntaba cuándo te tendría como compañero de estudio.

—Con suerte pronto. —Carlisle estaba trabajando en los últimos detalles, y donaciones, con la universidad ahora—. ¿Por qué elegiste psicología?

—Técnicamente, elegí psicología y ciencia cognitiva. Tuve una… experiencia que desencadenó mi interés por la mente. ¿Por qué la elegiste tú?

Porque es lo que estás estudiando. Me hubiese especializado en danza si eso era lo que necesitaba para pasar tiempo contigo.

—Siempre estuve fascinado por la mente humana. —No pude evitar sonreír cuando lo dije. Estaba fascinado por la mente humana, principalmente porque era bombardeado por pensamientos la mayor parte del tiempo.

—Hay algún tipo de broma privada en eso, ¿no? —dijo, mirándome astutamente.

—Sí. Verás, yo…

Levantó una mano para silenciarme.

—No quiero saber.

Una vez había deseado que Bella permaneciera ajena a mi verdadera naturaleza, ya que parecía complicarlo todo para nosotros, pero ahora estaba cerca de desear lo opuesto.

—Así que… Cuando no estás pasando el rato alrededor de campus universitarios, ¿qué te gusta hacer?

Me reí.

—Me gusta pasar tiempo con mi familia, me gusta la música y me gusta conducir.

—Y sin embargo conduces un Volvo. —Se tapó la boca con la mano, como si se hubiese sorprendido por sus propias palabras.

—¿Qué está mal con mi Volvo?

—Olvida lo que dije. No quise hacerlo. —Ella lucía mortificada. Lo entendía, me sentí igual cuando empecé a escupir estadísticas sobre muertes en motocicletas.

—Por favor dime. —Me incliné más cerca y abrí más mis ojos. Solía acusarme de "deslumbrarla" cuando hacía eso. Ahora no funcionaba de la misma forma.

Ella se encogió de hombros.

—No quiero ofenderte.

—No lo harás, solo dime.

—Es un auto de papá —dijo con un tono de disculpa—. Pensé que estabas tomando prestado el auto de tu padre, pero lo he visto en ese caliente Mercedes. Así que tengo que preguntarme qué demonios estabas pensando cuando lo compraste.

La miré boquiabierto. Seguro de que no había escuchado correctamente.

—¿Un auto de papá?

—Ves, sabía que te ofenderías.

—No estoy ofendido. —No era completamente mentira. No estaba ofendido, pero me quedé pensando en lo de "auto de papá". ¿Conducía un auto de papá? ¿Por qué nadie me lo dijo antes? Hice una nota mental de mostrarle el Aston Martin la próxima vez que tuviese oportunidad.

Había señales de movimiento en el escenario mientras la banda preparaba su equipo. Las conversaciones a nuestro alrededor comenzaron a calmarse mientras esperábamos que comenzara el concierto. Me senté, mirando la distancia entre nosotros, deseando tener el valor para cerrar la brecha.

Ella captó mi mirada y se acercó, apoyando su cabeza en mi hombro. Envalentonado por su movimiento, envolví un brazo alrededor de sus hombros y la empujé hacia mi costado.

—Eres un hombre extraño, Edward Cullen. Justo cuando creo que te descifré, vuelves a ser un adolescente torpe. —Se giró, así estaba mirándome—. Me gusta.

Me reí.

Había imaginado nuestra vida juntos muchas veces y esto era casi la visión exacta que había tenido de nosotros. Me sentía casi humano sentado con ella. La única diferencia era que en mi imaginación no había secretos entre nosotros. La culpa me molestaba. No podía evitar temer que descubriera la verdad, ya sea porque se le escapara a uno de sus amigos o familiares, o porque recuperara sus recuerdos por sí misma.

Era como si estuviéramos viviendo en una burbuja que, tarde o temprano, explotaría.


*Nancy Drew: es una detective aficionada que ha sido protagonista de varias series de novelas de misterio para niños y adolescentes, que fueron escritas por varios autores fantasmas y lanzadas a la venta bajo la firma colectiva «Carolyn Keene».


Gracias por los comentario en el capítulo anterior: Kriss21, Isis Janet, Tata XOXO, tulgarita, alejandra1987, Pili, Car Cullen Stewart Pattinson, bbluelilas, Adriu, Elmi, Liz Vidal, Leah De Call, Isa Labra Cullen, pax399, Dess Cullen, jupy, Tabys, somas, Andy55TwilightOverTheMoon, Tecupi y Angie Muffiin.

¿Me cuentan en los comentarios qué les pareció el capítulo?

¡Nos leemos pronto!