La mañana estaba fría y el viento soplaba regularmente haciendo que las mejillas se entumecieran y la punta de la nariz se pusiera roja. Era por ello que, Saga, se sorprendió al ver un nutrido grupo de niños correr de un lado a otro tras un balón, dentro de las instalaciones del orfanato, era increíble que aquel grupo de niños tuviera el entusiasmo para jugar pese al frío que estaba haciendo.
Seika, Shaka, Aldebarán y él, bajaron del auto que los había llevado hasta ahí y el santo de Géminis pudo percibir las risas y alboroto de los niños que ahí se encontraban. Alzó una ceja sorprendido. Caminaron hasta la entrada, donde pudo apreciar a la joven que los había recibido en el aeropuerto y otra rubia que, por la sonrisa de Aldebarán, supuso era la joven Erii.
Atenea, les había enviado con el propósito de que se involucraran en la vida pública; conocieran más de la vida fuera del Santuario y estuvieran al tanto de las actividades que realizaba la fundación Graad, ya que, una vez que estuvieran libres de sus obligaciones como santos de oro, podrían seguir estando bajo su servicio cumpliendo otras funciones. Algo que todos agradecían enormemente.
Se les había explicado que el Orfanato Niños de las Estrellas, había pasado a formar parte de la Fundación Graad a petición de Saori como favor especial hacia Seiya; también, como lugar para buscar futuros servidores del Santuario sí es que había algún niño que tuviera potencial y esa era una de las labores que tendrían que desempeñar, para contento de algunos y disgusto de otros, recordó el de Géminis.
Saga, no pudo evitar alzar la ceja echando un vistazo a los infantes que habían detenido sus juegos para observarles con detenimiento y no pudo evitar comparar a esos niños que a pesar de vivir en la orfandad parecían llevar una buena infancia y la que les había tocado vivir a ellos y al resto de sus compañeros, ¿podría quitarles eso para llevarlos a Grecia? Era su deber, se recordó, pero no podía evitar recordar las palabras de Afrodita: no era justo llevar a más niños a sufrir al Santuario, obviamente evocando a su propia suerte. Suspiró.
—Buenos días —saludaron a las jóvenes con una reverencia en cuanto llegaron a la entrada.
—Buenos días —devolvieron las jóvenes a los recién llegados el saludo.
Luego de un breve recorrido por el lugar y una explicación de lo que harían a lo largo de esas semanas —que no era mucho —Saga, se quedó solo en el patio de juegos, pues había visto a Shaka ir acompañado por la hermana de Seiya al interior y Aldebarán se había ido con Erii de compras. ¿Qué se suponía que debía hacer él? Se preguntó arrugado el entrecejo.
Vagaba solo por los jardines del lugar, sin más compañía que sus pensamientos. Distraído como estaba, no percibió el balón que iba directo a él hasta que golpeó su cabeza. Como reflejo se giró para mirar a su agresor, no encontrando más que un niño pequeño el cual se echó a llorar y luego a correr en cuanto su mirada lo encontró. Una risa se escuchó a su espalda.
—Sí así mira a un inocente niño, no quiero imaginar las miradas que les lanza a sus enemigos —comentó la joven que Saga pudo identificar como Miho.
Saga, recogió el balón olvidado antes de girarse hacia la joven que se burlaba de él con tanto descaro, frunció el ceño. No estaba acostumbrado a que las personas se dirigieran a él de esa manera, ni siquiera los santos de bronce, sin contar a Seiya, por supuesto. Cerró los ojos e intentó relajarse antes de volver a ver a Miho.
—No era mi intención —se defendió.
—Eso está claro, pero no se preocupe, su ceño fruncido no lo hace perder el encanto. Ya tiene un club de fans.
Miho señaló hacia su espalda y Saga se giró para ver a un grupo de niñas que lo veían con pequeñas sonrisas y chillaron de emoción cuando su mirada se posó en ellas. Soltó un bufido, recibiendo una nueva pequeña risa como respuesta de parte de la joven.
—No le encuentro la gracia —dijo volviendo a su interlocutora y sin relajar el gesto.
—Oh, vamos, no se enoje —respondió sin perder la sonrisa.
—No lo estoy, solo que...
—No está acostumbrado a que se rían de usted.
—No —aceptó.
—Disculpe, es que no pude evitarlo.
—No importa...
Un ligero jalon a su camisa lo hizo mirar a bajo, no había advertido en qué momento el niño se había acercado y casi en el acto se arrepintió de haber bajado la vista, pues el niño, había abierto los ojos asustados y un puchero advertía que en cualquier momento se echaría a llorar. Afortunadamente, Miho, se apresuró a calmar al pequeño.
—No llores, Tomy, está bien, el señor no está enojado ni te hará nada —la vio ponerse a la altura del niño—. ¿Vienes por el balón?
El niño asintió y Saga le entregó la pelota que el niño tomó titubeante y luego se echó a correr a todo lo que daban sus piernas. Volvió a suspirar, llevando el pulgar y el índice a la nariz.
—Se ve que será muy popular por aquí —comentó Miho —las niñas suspirarán y los niños se intimidarán. Trate de no asustarlos demasiado.
—Hace casi quince años que no trato con niños, de hecho con muy pocas personas en realidad —confesó.
—Oh, lo sé. Seiya nos contó su... —Saga la miró y alzó una ceja —desafortunado desenlace.
—Seiya... —Miho asintió.
—Lo admira mucho y le tiene un gran respeto.
—Ojalá lo demostrara —se quejó. Miho volvió a reír.
Estuvieron charlando durante un largo rato, viendo a los niños ir y venir de un lado a otro, hasta que comenzaron una nueva partida de fútbol. Miho, notó el interés que ponía Saga en ellos, no parecía estar muy cómodo, pero se veía que intentaba relajarse. Tuvo una idea.
—Venga, ¿por qué no juega con los niños?
—No creo que... —intentó negar mientras la joven lo tomaba de la mano —Yo no...
Sin embargo las palabras se le atoraron en la garganta cuando Miho le regaló una tierna sonrisa y sintió que un ligero calor se asentaba en sus mejillas al ser consciente de la pequeña y delicada mano que lo sujetaba.
—Solo déjese llevar.
Lo llevó a donde los niños jugaban y llamó su atención para presentarlo. Luego de que les informara que era el superior de Seiya —aunque no por mucho tiempo—, los niños lo rodearon y no dudaron en invitarlo a jugar con ellos. De mala gana aceptó.
Estuvo casi una hora intentando aprender a jugar fútbol, ante las risas de los niños, la mirada divertida de Miho y Aldebarán, la sorpresa de Shaka, que acababan de llegar al patio de juegos y la admiración de las niñas que no dejaban de gritar y alentarlo —para su vergüenza—. Jamás se había sentido más abochornado en su vida, pero se negó a darse por vencido y aceptó su derrota hasta el final, cuando Erii anunció que era hora de entrar.
Los niños no se fueron sin antes hacerle prometer que volvería a jugar con ellos y por su puesto, preguntarle sí tenía historias tan extraordinarias como las de Seiya y los otros para contar, sin dejarlo hasta obtener una respuesta positiva, los niños dijeron que estarían felices de escucharlo y finalmente entraron a merendar.
—Bueno, al menos ya no van a llorar cuando lo miren.
—No sé ni qué prefiero —se quejó.
—Le irá bien, ya verá —aseguró Miho, antes de darse la vuelta e ir tras los niños.
Saga, regresó junto a Seika y los otros a la mansión Kido. Tendido en su cama no dejaba de pensar en lo que había sido su día, jamás se había sentido tan desorientado. Sin embargo, reconocía que se la había pasado bastante bien. Ni siquiera recordaba la última vez que se había divertido. Iban hacer dos meses bastante interesantes. Unos golpes en la puerta lo sacaron de sus cavilaciones.
—Adelante —se incorporó en la cama, para observar a Shaka entrar.
—Espero no molestar —saludó adentrándose en la habitación.
—Nah, ¿pasa algo?
—¿Cómo estás?
Saga, de inmediato entendió a lo que se refería, de hecho, de los tres el único que realmente se veía cómodo en el lugar era Aldebarán, pero él siempre fue más sociable, ellos se la habían pasado encerrados en el Santuario.
—Estaré bien, solo es cuestión de que me acostumbre, ¿y tú?
—Igual. Es increíble. Todo este tiempo preocupados en proteger al mundo y ahora es que me doy cuenta que no conozco aquello que se supone debía proteger. Es un tanto perturbador.
—Sí... —coincidió en tono pensativo —creo que desde hace más de quince años no abandonaba el Santuario.
—Yo las pocas misiones que hice, realmente no me detenía a observar lo que había a mi alrededor...
—Fuimos demasiado egocéntricos, ¿no? —Shaka asintió—. Bueno, ahora tenemos una nueva oportunidad y hay que aprovechar, estaremos bien. Al menos no hemos tenido un ataque de pánico al estar rodeado de niños.
—Cierto y hablando de niños, quisiera pedirte un favor.
—Claro, ¿qué es?
—Pasado mañana, ¿podrías ayudar a la señorita Miho con los niños? —Saga alzó una ceja—. Aldebarán saldrá con la señorita Erii y Seika —Saga alzó ambas cejas al escuchar a Shaka mencionar el nombre de la hermana de Seiya con tanta familiaridad—, me pidió que la acompañara de compras. Claro, que sí lo prefieres podemos cambiar...
—No —se apresuró a negar —sí la señorita Seika te lo ha pedido a ti, sería una descortesía que vaya yo —agregó recordando lo cómodo que se notaba Shaka con ella.
—Perfecto, nos vemos más tarde —se despidió. Saga hizo un asentimiento de cabeza y lo vio irse.
—Con que con Seika, ¿he? —dijo Saga sonriendo una vez que Shaka cerrara la puerta.
Sin imaginar que Shaka tenía un pensamiento similar de él con Miho.
