Miraculous, les aventures de Ladybug et Chat Noir y sus personajes son propiedad de Thomas Astruc y Zag Entertainment.
Palabras: 1066.
08.- No molestar
Penny durmió en su suite. Nada de licor. Nada de quitarse la ropa. Había conseguido recuperar las bragas sin que Jagged las viera evitando así que el ridículo subiese un escalón más.
Tenía que programar un par de entrevistas y, con un poco de suerte, Jagged no le pediría ninguna cosa extraña. No sabía si iba a poder concentrarse demasiado después de la conversación que habían tenido, la había descolocado y había acabado preguntándose si él sentía algo más por ella. Si Jagged la correspondía no estaba segura de poder evitar que pasara algo y no quería que ocurriese. Le encantaba aquel trabajo, perderlo sería terrible.
Salió de su suite y se detuvo frente a la puerta de Jagged topándose con el cartel rojo de "no molestar" colgando de la cerradura metálica. Pocas veces lo colgaba, pero, cuando lo hacía, significaba que estaba componiendo algo y que no quería a nadie rondando cerca, eso la incluía a ella.
Penny sacó su móvil del bolsillo de la chaqueta y le escribió un mensaje rápido:
Como estás ocupado, cuando acabe con lo que tenía pendiente para hoy, saldré a hacer algunas cosas. Si necesitas algo puedes llamarme.
Lo envió y regresó a su suite para poder gestionar aquellas entrevistas antes de llamar a una de las pocas amigas que conservaba de su etapa en el instituto.
Penny se había acostumbrado a permanecer alejada de su barrio, pisarlo se le hizo incómodo y molesto sobre todo cuando empezaron a saludarla al reconocerla. Vivir allí había sido un infierno, las peleas, las redadas, los tejemanejes de las pequeñas mafias... los ataques gratuitos por vivir en aquel barrio y el racismo y la superioridad moral con la que la trataban cuando, al color de su piel, le sumaban el conocer su origen.
Llegó hasta el pequeño bar en el que había quedado con su amiga Cécile y, tras saludar al dueño y a uno de sus amigos de la infancia, se acomodó en la mesa que habían usado hasta la saciedad durante la adolescencia. Sus nombres seguían grabados sobre la madera de aquella mesa: Cécile, Penny, Val y Delphine; el recordatorio de una vieja promesa de ser amigas para siempre. Val se había marchado a China, Delphine se había enfadado con el mundo y desaparecido del mapa. Ya sólo quedaban Cécile y ella que, aunque no se veían a menudo, procuraban hablar por teléfono al menos una vez a la semana.
Para cuando Cécile llegó Penny apuraba su segundo café.
—Lo siento, lo siento, lo siento. He pillado un atasco terrible.
—Tranquila —respondió levantándose—. No tengo prisa.
Cécile le sonrió como cuando eran unas crías, no había cambiado demasiado, llevaba el pelo castaño más largo, pero las gafas de pasta naranja eran exactamente las mismas de cuando eran adolescentes.
—Hacía siglos que no nos veíamos las caras.
—Lo sé y lo siento —musitó Penny abrazándola—. Este trabajo no me deja ni respirar.
—Ser la canguro de una estrella del rock debe de ser excitante.
—No te creas, la mitad del tiempo se me va buscando cosas con lentejuelas y el resto hablando por teléfono...
—Meddhi, ponme lo de siempre —pidió Cécile cuando el camarero pasó por su lado.
Cécile le sonrió, la miró como si tratase de ver más allá de su piel y leerle la mente.
—¿Qué?
—Pensaba en cómo has cambiado, Penny —siseó pausada—. Cuando éramos unas crías si había algún marrón, ahí estabas tú, dispuesta a partirle la cara a quien hiciera falta. Mírate ahora, pareces toda una señorita de casa buena con un toque rebelde.
—Creo que si nos peleáramos ahora podría ganarle —intervinó Meddhi dejando una cerveza sobre la mesa—. Ya no intimida.
—En tus sueños, Med —replicó Penny.
En el colegio se habían peleado tantas veces que ambos habían perdido la cuenta, Penny solía alzarse con la victoria a pesar de ser dos años más pequeña. Eran buenos amigos y, aquellas peleas, habían sido el modo incorrecto de liberarse de la frustración, la presión y la rabia que acumulaban.
—Te espero fuera al acabar el turno —declaró él guiñándole el ojo—. Verás cómo puedo contigo, pequeñaja.
Penny soltó una sincera carcajada y le hizo burla cuando se apartó de ellas para atender a otro cliente.
—Penny, ¿qué es lo que pasa? —interrogó Cécile—. Te preocupa algo.
—No puedo hablar de esto con nadie más Cécile y necesito que me jures que esto no va a salir de aquí, no puedes decírselo a nadie.
—Ya me conoces, soy una tumba. Escupe, ¿qué pasa?
—No sé ni por dónde empezar.
Soltó un suspiro pesado, se abrazó a sí misma como si de repente tuviese frío y la miró nerviosa.
—Si ese cerdo te ha hecho algo...
—No, no es eso —se apresuró a quitarle la idea de la cabeza antes de que acabase de formarse—. Me trata bien, no me ha tocado. El problema soy yo.
—¿Tú? Si te encanta ese trabajo.
—Precisamente por eso.
Cécile enarcó las cejas e hizo una mueca.
—Llámame idiota, pero no lo entiendo.
—Me encanta este trabajo, no quiero perderlo, pero me he enamorado de él y eso es un problema.
—¿Y él? ¿Siente algo por ti?
—No lo sé —musitó agobiada—. A veces creo que tal vez siente algo, otras no.
—Yo no le conozco, sólo le he visto por la tele, pero las pocas veces que le he visto responder algo sobre ti me ha parecido que eres muy importante para él —replicó tomándole las manos con fuerza—. Parece un adulto, no un niñato rico con un ego del tamaño de la vía láctea. Creo que deberías decírselo y si él no siente lo mismo asegúrale que no pasa nada y que no tiene que cambiar nada entre vosotros.
—Pero cambiará, porque sabrá que para mí no es sólo trabajo.
—Pénélope, eres humana, no puede tragarte tus sentimientos y mandarlos a la papelera de reciclaje.
El móvil de Penny tintineó sobre la mesa, liberó sus manos de las de Cécile y lo desbloqueó; Jagged le había enviado un simple «diviértete» que la hizo suspirar.
—¿Te reclama?
—No, está encerrado en su suite componiendo algo.
—Pues ya que no tienes prisa te propongo que vayamos a comer algo y así me cuentas más sobre porqué a veces sí y otras no, ¿te parece bien?
—De acuerdo.
Realmente necesitaba desahogarse con alguien.
Continuará
Notas de la autora:
¡Hola! No voy a especificar cuál es el barrio de Penny, porque no quiero darle una mala fama inmerecida, ya que, como cualquier barrio, no debe de ser juzgado por lo que hagan unos cuantos.
Mañana más.
