Estaban acurrucados en el sillón de la casa que los abuelos le habían heredado a Ben. Rey acariciaba el cabello negro y sedoso del fotógrafo mientras él respiraba profundo en sus brazos. La serie que estaban viendo en la televisión –Rebels-, lo había arrullado y ella decidió que lo dejaría descansar porque había tenido un día pesado.

Giró levemente su cabeza al lado izquierdo divisando la mesita al lado, en la que descansaba una lámpara y un portarretratos. La castaña se maravilló al descubrir que era Ben de pequeño el que se mostraba en esa fotografía junto con otras dos personas. Los tres estaban sentados en ese mismo sillón donde se encontraban en ese momento.

Paseó los ojos con detenimiento, primero en Ben: Sus ojitos estaban arrugados por la sonrisa que enmarcaba sus labios y calculaba, tenía como unos diez años. Del lado izquierdo, se encontraba un hombre de cabello ondulado y rubio, ojos azules y sonrisa brillante que tenía una mano sobre la pequeña rodilla de Ben. Del lado derecho, con las manos rodeando los hombros del niño, se encontraba una mujer muy hermosa que le recordó a Leia. Era castaña, de cabello ondulado y largo. Rey supuso que se trataba de los abuelos del joven y sintió la ternura emanar de esa imagen familiar. Aún no sabía la historia que tuvo Ben con ellos, pero esperaba que pronto se la compartiera., la fotografía en sí le mostraba que esos tres habían tenido una linda relación y el hecho de que Ben viviera en esa casa era otra prueba de ello.

Lastimosamente, el sonido de su teléfono irrumpió en su momento de reflexión y sueño de Ben, interrumpiendo a ambos.

— Lo siento, amor —se disculpó buscando su móvil en la bolsa del pantalón y haciendo que Ben se levantara.

— Descuida —habló él con su voz ronca y adormilada.

— Es Poe... que raro, a lo mejor es algo de trabajo —Rey miró la pantalla—. ¡Hola, Poe! No tenía el celular a la mano ¿qué pa...?

El entusiasmo de Rey fue cortado de tajo conforme Poe escupía las palabras, alterado.

Ben se estaba tallando los ojos para alejar el estupor que le supuso la siesta cuando percibió el cambio de actitud en Rey. Su novia se paró cual resorte del sofá y se quedó ahí, petrificada por unos segundos. Él no sabía lo que Dameron le estaba informando, pero escuchaba la voz de su ex amigo, amortiguada, emanando del aparato que Rey tenía en la oreja. Hablaba rápido y alto.

— D-De acuerdo... sí. Estaremos ahí enseguida. G-Gracias —Rey colgó el teléfono y fue cuando Ben se puso de pie también para tomarla de los hombros. Se dio cuenta que sus bellos ojos albergaban lágrimas y lo supo, o más bien, lo sintió. Aquel vínculo que compartía con su madre, era un digno ejemplo de a lo que su tío Luke el escritor llamaba "fuerza".

— ¿Qué le pasó a mi madre? —pronunció con la voz temblorosa.


Ben se aferraba de la mano de Rey mientras ocupaban el asiento trasero del taxi. Millones de cosas pasaban por su mente. Millones; culpa, tristeza, enojo, remordimiento, temor, miedo... mucho miedo.

Después de un viaje de la casa de Ben al hospital que se les hizo eterno, la fachada del hospital se postró delante de ellos. Ben se detuvo, paralizado por sus propios pensamientos y remordimientos.

— Estaré contigo —la dulce voz de Rey se coló en el momento. La jovencita le tomó la mano, esperando que eso le ayudara. Él le asintió y aspiró todo el aire que sus pulmones le permitían. Entraron aun tomándose de la mano, Ben siendo el que guiaba los pasos. Llegaron a la recepción del lugar en donde una enfermera les dio las buenas tardes.

— Busco la habitación de Leia Organa-Skywalker —pronunció él comenzando a sentir el peso de la realidad.

— Piso dos, habitación 19 —recibió en respuesta.

— Gracias —contestaron ambos al unísono y se precipitaron al elevador que estaba a unos metros de la entrada. Rey fue la que tecleó el número dos y esperaron sólo segundos para que la puerta se cerrara y también para que los trasladara al piso.

Las puertas se abrieron, develando una sala de espera. Ben dio dos pasos al frente y se detuvo en seco. Lo primero con lo que se topó fue la espalda de Han, protegida por la chamarra favorita de su padre. Poe estaba con él.

El mecánico dueño del Halcón Milenario viró el cuerpo al escuchar el sonido del ascensor, topándose cara a cara con el rostro de su hijo.

— Ben... —susurró Han.

— Papá... yo... —balbuceó Ben desde su lugar, a punto de quebrarse. El joven no tenía idea de que ver a su padre de nuevo y en esas circunstancias que rodeaban a su madre, lo iban a hacer sentirse tan vulnerable.

El canoso señor fue quién tomó la iniciativa, caminó hasta el asustado y arrepentido muchacho y lo abrazó.

Rey fue hasta donde se encontraba Poe, para darles espacio a padre e hijo pero ya no pudo aguantarse las lágrimas. Dameron le tomó la mano y la guio hasta unos sillones que había al fondo.

— Lo sé... —contestó el canoso de los Solo. Rompiéndose con su hijo. Estaba más alto de lo que recordaba y llevaba ese cabello largo, como a él y a su madre no les gustaba. Al rodearlo, pudo apreciar que estaba más fornido que la última vez que lo pudo abrazar.

— Perdóname —pronunció al fin, con la voz partida y los ojos goteándole—, perdóname por todo.

— No, Ben... si alguien tiene que pedir perdón soy yo... y tu madre. No supimos... t-te fallamos hijo, hicimos todo mal y te perdimos, pero, aunque me encantaría, no es momento de eso ahora.

— ¿Qué le pasó a mi madre? —preguntó despegándose de su padre.

— Tuvo un infarto —confesó Han. Ben se tapó la cara con las manos—. La están interviniendo en este momento así que, sólo queda esperar a que nos den información.

— D-De acuerdo... —susurró, afectado.

— Va a estar bien, hijo, lo sé... ella es una guerrera. Tu madre podría dirigir un ejército, ¿recuerdas que solía decirnos eso? —Ben sonrió pese a que se limpiaba las lágrimas.

— Lo recuerdo perfecto —asintió. Han le acarició el rostro y sonrió con tristeza.

— Vamos a sentarnos con tu novia y con Dameron —sugirió.

Ambas altas figuras fueron a donde los otros dos estaban. Ben se sentó al lado de Rey y volvieron a enlazar sus manos. Han eligió la silla frente a ellos y al lado de Dameron. El silencio se instauró entre todos como un cuarto acompañante en esa sala de espera.

Rey se mordía el labio por la expectación. Estaba realmente consternada por su jefa y por Ben. La noche estaba cayendo y ninguno iba a moverse de ahí, aunque al día siguiente tuvieran que trabajar.

Cada uno, estaba envuelto en sus pensamientos y miedos propios. Había tristeza en el lugar, pero también, mucha esperanza.

Una hora y media después de que Ben y Rey arribaron al hospital, la médico a cargo de Leia al fin se presentó en la sala de espera.

— ¿Familiares de Leia Organa? —los cuatro se pusieron de pie, pero fueron Han y Ben quienes se acercaron a la doctora que había llegado hasta ahí. Se notaba acababa de salir del quirófano, pues vestía una especie de pijama color azul y un gorro cubría su cabello.

— Soy su esposo Han Solo y él, mi hijo Ben —se presentó el mecánico.

— Buenas noches. Soy la doctora Aayla Secura, cardióloga intensivista —los presentes se tensaron al escuchar la especialidad de la que se presentaba—. La señora Leia está bien. Se le ha practicado una angioplastia y se ha removido el coágulo que obstruyó la arteria coronaria y provocó el infarto. Ella se encuentra estable y fuera de peligro —todos sintieron que respiraron al escuchar a la doctora darles la noticia—. Debo decirles que, la trajeron a tiempo, si hubiera tardado más, el desenlace hubiera sido otro, pero gracias a la acción rápida de traslado nada se agravó. El plan a seguir con ella es que va a quedarse esta noche para observación y mañana en el transcurso de medio día podrá irse de alta a casa. Debe llevar una dieta estricta y hacer ejercicio, pero mañana que se elabore el alta les explicaré con mayor detalle eso.

— ¿Podemos verla? —se aventuró Ben.

— Si, ya se encuentra en su habitación, sigan ese pasillo —les señaló—, el de la derecha, y hasta el fondo.

— Doctora Secura. No tengo palabras, pero, gracias por salvar a mi esposa —pronunció Han, con el corazón en la mano.

— Estoy para servirles —sonrió la médica—. Debo retirarme porque tengo que ver a más pacientes, pero si necesitan algo una enfermera estará pendiente de Leia y pueden contactarme a través de ella. Con permiso —dijo y se siguió de largo para perderse en otro de los pasillos.

— Bueno, creo que, yo me retiro. Supongo que ustedes tienen mucho que hablar con Leia y, ya estoy tranquilo de saber que ella está bien —anunció Dameron—. Rey... ¿te quedas o quieres que te acompañe a casa?

La castaña se miró con Ben unos segundos, porque en realidad no sabía si debía esperar. Como bien decía Poe, los tres necesitaban hablar y no quería meterse en un momento tan significativo entre ellos.

— Te iré a dejar más tarde, Rey... quédate por favor —pidió el joven.

— De acuerdo, entonces yo me voy. Por favor, cualquier cosa, manténganme informado —les pidió el reportero del Resistance.

— Gracias, muchacho —Han le dio un abrazo a Poe, y palmeó su espalda. Dameron sonrió.

— No hay nada que agradecer, Han. Voy a comunicarme con Lando, debido al ajetreo se me olvidó y creo que va a necesitar tomar algunas decisiones mañana en el periódico —reflexionó Poe, dándose cuenta de que no iban a tener a Leia pronto en las oficinas—. Rey, Ben... nos vemos.

El reportero se despidió de ellos con un asentimiento y caminó hacia el elevador. Ben volteó a ver a Rey y a su padre por unos segundos como esperando que uno de los dos dijera algo. La pecosa le asintió, adivinando sus pensamientos y Ben no lo postergó más.

— ¡Oye, piloto! —gritó y Poe se quedó inmóvil en su lugar al escuchar su viejo apodo. Se giró, para notar que se acercaba. La robusta figura de su ex mejor amigo quedó a centímetros de él. Poe lo miró hacia arriba, algo intimidado por la diferencia de alturas—. Gracias... —soltó suavemente Ben—. Gracias por cuidar de mi madre todo este tiempo que fui un idiota. Gracias por quererla tanto.

Poe abrió la boca sin poder decir nada, pero fue interrumpido cuando su amigo fotógrafo selló esas palabras con un fuerte abrazo que tomó desprevenido a su compañero de juegos, pero que aceptó con gusto.


Han fue el primero en entrar a ver a Leia, ya llevaba cerca de media hora con ella en la habitación. Rey y Ben estaban frente a la puerta, porque el fotógrafo, a punto de entrar para reunirse con sus padres, se había frenado.

Rey distinguía el conflicto en él. Sabía que lo estaba destrozando, pero también sabía que Ben tenía la fortaleza para pasar por eso y levantarse.

— ¿Qué voy a decirle? —murmuró al fin él—, todos estos años no tuve el valor de volver y ahora... ahora que su vida estuvo en peligro me di cuenta que no puedo seguir de esta forma. He estado actuando mal.

— Creo que puedes decirle eso. Hay tiempo Ben, ella está viva y nada grave pasó. No te culpes tampoco, seguramente ellos cometieron errores y todo eso provocó que se alejaran. Vas a poder Ben. Te ayudaré, estoy contigo.

Rey no lo sabía, pero que su presencia y sus palabras estuvieran para él justo en ese tiempo y lugar le hacía sentir seguro... y querido.

— No sé qué diablos he estado haciendo todo este tiempo con mi vida, pero te agradezco que hayas llegado a ella. Te he necesitado todo este tiempo, Rey.

— Pues aquí me tienes y no me voy a ir a ningún lado —contestó la chica con fervor.

Ben colocó sus grandes manos sobre las delicadas y sonrosadas mejillas de su chica. Depositó un dulce beso en sus labios y sintió en ese gesto que ella le infundía valor.

— Qué la fuerza te acompañe —clamó Rey, sonriente. Ben le devolvió el gesto curvando su boca y giró la manija de la puerta.

La puerta se abrió poco a poco. Ben divisó la figura de su madre recostada sobre la cama y arropada entre las blancas sábanas. La mirada castaña de ambos, conectó enseguida.

— Hijo... viniste —susurró suavemente ella alzando su mano en dirección a la figura de Ben. Con pasos lentos y dubitativos él se acercó a la cama. Han estaba del otro lado sosteniendo la mano izquierda de su esposa y siendo testigo de eso que jamás pensó que sucedería: el reencuentro de las dos personas que más amaba en la galaxia.

Ben llegó hasta su madre. Leia tenía la cara pálida y los labios partidos, el cabello canoso le caía sobre los hombros y un catéter salía de la muñeca que estaba elevada en su dirección.

Él tomó la mano de su madre y se inclinó para colocarse de rodillas a su lado y postrarse a su altura al lado de la cama.

— Hola, mamá —soltaron sus labios trémulos al tiempo que las lágrimas saltaban—. Ya llegué...

— Bienvenido a casa mi cielo... te he extrañado tanto...

— Yo también, a los dos... —confesó mirando a su padre.

— Perdóname hijo —le pidió Leia en un susurro y miró a Han—. Perdónanos. Sé que nada de lo que diga regresará el tiempo, ni enmendará los errores que cometimos contigo, pero, déjanos intentarlo... por favor —le pidió. Era la primera vez que Ben veía a su mamá así de consternada.

Ben clavó el rostro en el colchón de la cama y se derrumbó ahí. Leia le acarició los risos negros y Han fue hasta su hijo para tomarle el hombro. Había cientos de cosas por decir, y los tres lo sabían, pero primero dejaron que las lágrimas que llevaban aguatándose por mucho tiempo, fluyeran para preparar la senda que iban a retomar.


Los ojos azules en esa cara desfigurada de Snoke observaban a Armitage Hux con todo el odio que era capaz. La mirada paseaba del papel que le había puesto enfrente a su cara de tanto en tanto. Su reportero no demostraba ni un poco de miedo, al contrario, lo estaba desafiando.

La ira comenzó a burbujear dentro de él, pues algo le decía que todo eso se debía a la fotógrafa del Resistance. Qué estúpido había sido al pensar que la lealtad del hijo de Brendol Hux, que había sido un buen amigo, estaba con él.

— ¿Te crees muy listo no, Armitage? —exclamó señalándolo.

— No sé qué quiere decir, señor —ladeó el rostro, el pálido y delgado chico.

— Trabajas para esa mujer ¿cierto? Eres el espía del Resistance —las líneas pelirrojas que tenía por cejas chocaron entre si, denotando una expresión confusa.

— Creo que sus delirios de persecución se le están yendo de las manos, Señor pero no tengo tiempo para seguir discutiendo esto y también sé que no lo haré entender. Este periódico sólo explota a su personal y usted, y Ventress en vez de ser buenos jefes, sólo plantan la semilla del miedo y la insuficiencia en todos nosotros. Así que, como ya leyó —cabeceó, señalando la hoja que descansaba entre ellos—, le presento mi renuncia.

— ¿Y a donde te vas a ir a trabajar? ¿Crees que alguien quiere un elemento como tú? Recuerda donde naciste... nadie quiere un reportero que se codea con los escándalos y que los replica.

— Seguí sus órdenes al principio, porque era joven y tonto, pero me reformé los siguientes años que estuve en este lugar y eso no me define —lanzó seguro el joven.

— ¡Tú no eres nadie! ¡Yo te hice! —gritó el viejo, pegando con el puño en su escritorio de caoba.

El pelirrojo se puso de pie perdiendo la calma. Sabía que Snoke no lo iba a dejar ir de la forma amistosa, pero si su aun jefe tenía cosas que decir, él también hablaría. Estaba a punto de gritarle, pero al tiempo que abrió la boca para vociferar, alguien irrumpió dando un portazo.

Hux se giró para encontrarse con la cara roja y llena de rabia de Kylo. Su amigo hiperventilaba y llevaba en la mano lo que parecía el ejemplar de un periódico.

— ¡Eres un maldito infeliz! —gruñó Ben, aproximándose a su jefe y tomándolo del cuello—. ¿Qué demonios significa esto? —le reclamó, restregándole el periódico en la nariz deforme.

— Oh vaya... cálmate Kylo, sólo son unas pequeñas palabras de pésame —sonrió con malicia el director del DASOC—, aunque si lo prefieres, te las pueda dar en este momento.

Phasma que había entrado a la oficina por el alboroto le quitó el periódico a su amigo de las manos. Hux se asomó también y descubrieron que en la edición matutina del Dark Side of the City, en primera plana, estaba publicada una esquela dedicada a Leia Organa, firmada por el mismísimo director del periódico. Le había firmado la guerra a su acérrima rival, prácticamente burlándose del ataque al corazón que había tenido y dando por hecho, su deceso.

— No sé qué demonios pretendías con esto y no sé quién te informó pero mi madre está viva —bramó el joven Solo.

— Si ella no ha muerto, su carrera y su periodicucho están por hacerlo —amenazó con una sonrisa en la boca. Ben lo levanto centímetros del suelo comenzándolo a ahogar—. Siempre fuiste un debilucho, incapaz de dejar su sentimentalismo por dos padres que te abandonaron y que quiso vengarse de ellos, aliándose con su enemigo número uno, así que no te sientas tan libre de culpas.

— ¡Cállate! —le espetó Ben, zarandeándolo.

— Yo te creé, yo los hice a todos en este lugar. Deberían estar agradecidos —habló con dificultad porque tenía la mano de Ben en el cuello, pero aun así no cedió—. Deberías agradece que acepté tenerte aquí porque con tu incipiente talento ya estarías en la calle.

El aludido afianzó la otra mano, apretando con rabia, cegándose por el coraje que sentía.

— No, Ben... no lo hagas —el pelirrojo tomó una de las muñecas de su amigo y lo miró a los ojos. Phasma se unió al gesto, colocándole una mano en la espalda.

— Vámonos de aquí, Ben —soltó la alta rubia.

El joven Solo los miró, aspiró aire y se calmó. Segundos después, soltó el agarre del que tenía preso a quien fuera su jefe por años.

— Mi nombre no es Kylo Ren —dijo con la sombra del orgullo en la cara—. Soy Ben Solo —empujó a Snoke y éste cayó sobre su silla—. Igual y no hace falta que lo diga, pero renuncio.

— Yo también —coincidió la rubia.

— Y yo ya lo había hecho así que... hasta nunca viejo —soltó Hux ante la mirada entrecerrada de Snoke.

Los tres amigos salieron de la oficina de su jefe directo y afuera se encontraron con el semblante frío de Venrtress y Bazine, escudriñándolos.

— Son una bola de ineptos —soltó Asajj, filosa—. Gente como ustedes no tiene cabida en nuestras filas. Malditos traidores.

— ¿Sabes qué? Tú eres una bruja de Dathomir, ex jefa —contra atacó Armitage. Dejándola callada.

Entraron a los que por años fueron sus cubículos, recogieron sus pocas pertenencias lo más rápido que pudieron y el trío abandonó el periódico esa misma mañana, dejando a Snoke con un serio problema de personal y la rabia atorada.


Ben sonrió complacido al momento en que colgó el último cuadro de su última colección que había completado. Estaba nervioso, pero también muy emocionado por el acontecimiento que se llevaría a cabo ese día.

Después de haber renunciado al DASOC, no le tomó mucho tiempo decidir lo que quería hacer de su vida. Con el dinero que había ahorrado y el apoyo de Rey y sus padres, Ben se atrevió a materializar sus sueños en esa galería que soñó por tanto y que recibió el mismo nombre que su blog de fotografía: Naberrie.

En un año, su vida había cambiado por completo, y para bien.

Leia cedió la presidencia del periódico a Poe que llevaba las riendas con gran dignidad y a la altura, para enfocarse en ella, en cuidar de su salud y pasar más tiempo con él y con su padre. Cada fin de semana se reunían en casa de los abuelos, para comer y él acompañaba a su madre a sus citas médicas periódicas.

Han había reducido su horario laboral, para estar con su esposa por las tardes, que pasaban viendo películas y discutiendo series de televisión. Padre, madre e hijo, iban correr por las mañanas, juntos.

Phasma al fin le había hecho caso y se abrió un blog de moda que estaba cobrando gran popularidad en internet. Mitaka la ayudaba a administrar su cuenta y él le había dado un curso básico de fotografía. Así que se había vuelto quien le tomaba las fotografías y editaba los post en el blog, ayudando así a su novia en ese proyecto.

Debido a la renuncia de su personal con más antigüedad, el DASOC comenzó a irse en picada. Finn fue el encargado de hacer una nota muy seria, exponiendo los acontecimientos sobre la esquela que fue publicada para Leia y el periódico perdió credibilidad, aumentando en consecuente la de la directora del Resistance y del mismo periódico. Se rumoreaba en el medio periodístico que Snoke había sufrido un colapso en su salud porque nadie quería unirse a las filas de su redacción. El quiebre meses después fue inminente.

— Ben ¿estás listo? —los ojos rasgados de Rose se asomaron por el marco de la sala "Amidala" en donde descansaba la colección del fotógrafo.

— Todo listo... ¿quieres que te ayude a colgar algo?

— No, he terminado ya —le anunció su amiga, acercándose hasta él—. Tus fotografías son preciosas, a Rey le va a gustar esa —señaló la pared que albergaba la pieza estelar.

— Eso espero, porque me costó mucho convencerla de que posara para mí y tampoco le dejé ver el resultado —sonrió con algo de malicia.

— Estoy segura que le va a encantar —le aseguró—. Y Ben... ya sé que ya te lo dije, pero, quiero darte las gracias por darme un espacio aquí. Significa demasiado, exponer en tu galería y contigo.

— No me agradezcas colega, tu trabajo es impresionante también.
Siempre tendrás un espacio aquí, para ti, lo sabes.

— Gracias, Ben.

— Bien, creo que ya casi es hora —anunció con la vista en su reloj—. Rey no tarda en llegar y supongo que Armitage y los demás invitados también... ¿podrías encargarte un momento? Debo ir a mi oficina por algo.

— Yo los recibiré no te preocupes —atestó la jovencita.

— Gracias... te veré en un momento.


Armitage sonrió sin poder ocultar el inmenso amor que le profesaba a la chica bajita de ojos negros y rasgados que tenía por pareja, desde hacía poco más de un año.

Un año en el que, había vivido grandes cambios y también mucha felicidad. Después de dejar el DASOC, y al igual que Ben y Phas, él no se había quedado atrás en el rubro profesional. Poe lo había reclutado para laborar en el Resistance y desde entonces, se incluyó en el equipo que alguna vez consideró el enemigo. Rose y él pensaron que ser pareja, trabajar juntos iba a representar un problema entre ellos, pero, los dos eran aparte de novios, los mejores amigos y todo marchó mejor de lo que esperaban. Fue así que, terminaron descubriendo que eran una gran dupla, trabajando juntos en eventos y notas. También, habían comenzado a vivir juntos, dos meses atrás y aunque al principio les costó acostumbrarse a ciertas actividades, gustos y acciones del otro, pudieron lograr un equilibrio y estaban muy contentos por eso.

La gente ya había abarrotado la entrada de la sala "Anakin" nombrada así en honor al abuelo de Ben.

Han, Leia, Finn, Jannah, Poe, Kaydel, Phasma, Mitaka, Lor San Tekka y demás personalidades del medio y público en general los acompañaban esa tarde.

Ben y Rey estaban en primera fila, muy cerca de sus dos amigos y esperaban a que Rose develara su colección para pasar a la del dueño de la galería minutos después.

La fotógrafa lucía nerviosa frente a todos, pero ensanchaba esa sonrisa que al pelirrojo y enamorado reportero lo volvía loco. Le notaba la emoción brotar por todos los poros de su piel contagiándolo irremediablemente.

Rose cortó el listón rojo y los aplausos irrumpieron en el recinto. Armitage fue hasta su chica y la abrazó con toda la fuerza que fue capaz.

— Estoy orgulloso de ti, preciosa —confesó en su oído mientras la mecía en sus brazos—. Te mereces todo el éxito del mundo y te agradezco que me dejes compartir esto contigo.

— No hubiera logrado esto sin ti, que has estado ahí para apoyarme todo este tiempo. Gracias, guapo —agradeció ella colocándose de puntitas y dándole un besito rápido—. Hay algo que quiero enseñarte —le anunció—. Agregué una fotografía de último momento a la colección.

— ¿Enserio? ¿Por qué no me lo dijiste antes? —le preguntó algo extrañado. Él y Rose habían pasado días decidiendo las fotografías que la jovencita expondría. Él las había visto una y otra vez y escuchado de la dulce voz de Rose, el significado que encerraba cada una.

— Porque era una sorpresa —le guiñó el ojo y se dirigió hasta el fondo de la sala con él de la mano. Rose volteó y les hizo una seña a sus amigos que miraban la colección, para que se acercaran. En la pared, yacía un cuadro tapado por una cortina de terciopelo.

— Rose... ¿qué es? —le preguntó el pelirrojo, emocionado.

Rey y Ben llegaron hasta ellos intercambiando miradas de expectación. Ni el fundador de Naberrie sabía lo que se encontraba detrás de esa cortinilla pues Rose no le había comentado nada. Parecía que todos ahí iba a enterarse junto con el pelirrojo.

— Lo sabrás en un momento, pero antes quiero que sepas que te amo demasiado y que soy muy feliz a tu lado —Armitage sintió que iba a derretirse ahí de dulzura.

— Y yo te amo a ti mi cielo, pero la curiosidad me está matando... ¿puedo...?

— Adelante —le asintió.

El delgado y pelirrojo tomó el cordón dorado que pendía de un extremo y lo jaló. Lentamente la fotografía enmarcada en un cuadro se fue develando.

Armitage contempló la imagen que mostraba una especie de líneas blancas sobre un fondo negro. Le tomó tres segundos darse cuenta de que se trataba de la imagen de un ultrasonido.

— Dios mío... —soltó volteando a ver a su novia—. Rose es... ¿es verdad? ¿V-Vamos a tener un hijo? —ella le asintió derramando lágrimas y Hux no se aguantó más. Le robó un beso profundo y después la tomó de la cintura para alzarla y dar vueltas con ella.

Segundos después la bajó y acarició su vientre emocionado de que una vida que era mitad de ambos estuviera alojada ahí dentro.

— Gracias, preciosa... ¡Gracias! —exclamó sintiendo que explotaba de emoción y de amor.

— Te adoro, Armitage Hux —declaró Rose.

El revuelo en la sala se hizo entre los amigos de ellos y los asistentes que estaban igual de emocionados por presenciar tan bello momento y noticia para la pareja.

Poco a poco se fueron acercando para felicitarlos uno por uno, llenándolos de buenos deseos para ese bebé en camino.


El embarazo de Rose no sería la única noticia que se recibiría ese día en ese lugar. Ben pensó que él y su amiga habían escogido un momento sumamente especial para darles una sorpresa a sus parejas. Aunque en su caso, no le había escondido a la hermosa reportera que tenía como novia, que incluiría una fotografía suya dentro de lo que expondría en la sala.

Ben se separó un momento de su novia y fue hasta sus padres que lo cobijaron en un abrazo. Luego, el fotógrafo regresó al lado de Rey y comenzaron a caminar de la mano pasando una por una de las imágenes.

Rey estaba sintiéndose dichosa por vivir eso y por haber conocido al hombre intrigante detrás del blog de fotografía en línea que ella gustaba de visitar y que admiraba. Que él resultara ser el chico del metro que la acompañaba en el trayecto a su trabajo regalándole miradas furtivas y reventándole la curiosidad había sido el regalo más grande que la vida le pudo haber dado.

Ella había perdido a su padre adoptivo en Jakku, pero al llegar a la gran y bella ciudad de Naboo, encontró una familia que la arropó como si la hubiera estado esperando desde hacía años. Su trabajo iba viento en popa, y comenzaba a hacerse de un nombre. Zorii Bliss le había contactado no hacía mucho para invitarla a formar parte de su iniciativa feminista para que escribiera notas que involucraran noticias de ese rubro. Rey había aceptado gustosa.

No estaba sola... jamás volvería a estarlo. Sus amigos, Leia, Han y Ben eran su gran felicidad y su apoyo.

— ¿Ya me vas a dejar ver el resultado de esa fotografía que te encaprichaste en poner? —le preguntó divertida a su amor.

— Está al final, vamos a verla de una vez —propuso, animado.

— Te parece gracioso, ¿cierto?

— Para nada, Rey. Si la puse fue porque, te ves como la diosa que eres y porque la sesión ocurrió en el lugar donde nos conocimos y eso tiene mucho valor para mí.

— Oh, mi vida... no lo había pensado de esa forma —dijo Rey a modo de disculpa.

Llegaron al fin a la pared que resguardaba esa fotografía. Rey, enfundada en un hermoso vestido negro posaba sentada en el vagón del metro donde se conocieron. El contraste entre la elegancia que ella irradiaba con su pose altiva, labios rojos, cabello ondulado y las ventanas, las luces y hasta los tubulares del sitio, era sexy y a la vez poderoso.

— De acuerdo... debo decir que no luzco tan mal, pero es por tu talento mi amor —concedió la chica analizando la fotografía. Ben negó divertido.

— Eso no es cierto y lo sabes, guapa.

— Oh... y le has puesto un nombre a la pieza. Eso no me lo dijiste —Rey volteó a ver a Ben y él elevó una ceja. El fotógrafo le empujó suavemente por la espalda para que se acercara a leer el título en la pequeña plaquita de acero que el enmarcado tenía a un lado. Ella así lo hizo.

El corazón de Rey dio un vuelco cuando sus ojos toparon con las palabras:

"La futura señora Solo"

La jovencita se paralizó ahí y llevó una mano a su pecho. Lentamente se volteó esperando encontrar el rostro de su amado con su característica sonrisa, y ciertamente lo encontró, pero hincado ofreciéndole un hermoso anillo de compromiso.

— Rey Kenobi... te amo por sobre todas las cosas. Me haces el hombre más feliz del mundo y quiero hacerte la mujer más feliz también. No concibo mi vida, sin ti... ¿me aceptarías como tu esposo?

Si ella había creído que su felicidad no podía crecer aún más, Ben acababa de demostrarle que todo era posible en esa vida. Todo era posible a su lado.

La vista se le nubló debido a las lágrimas de felicidad que derramaba. Le tendió su mano derecha a Ben y asintió, sin una pizca de duda.

— Si... ¡por supuesto que si Ben!

Temblando, Ben deslizó la sortija en el dedo de Rey. Se puso de pie y la besó al tiempo en que todos se volvían locos.


Cruza la línea,

que separa a dos jóvenes desconocidos, destinados a ser amantes, compañeros... una Diada.

Cruza la línea,

que separa a unos padres con su hijo.

Que separa a dos bandos.

Que separa al miedo de la acción y,

a la luz de la oscuridad.

Cruza la línea,

pues del otro lado se encuentra el destino, una nueva vida, el amor...

la felicidad.


Y así es como ha terminado esta aventura al día en que inicia este nuevo año. Este fue mi primer AU Reylo y espero de corazón que no les haya decepcionado el final porque tuve algunos problemas por meses que me impidieron regresar al fic y continuarlo. Pero no iba a abandonarlo.

Agradezco a cada una por haber leído este fic, que me echaron porras, que tuvieron paciencia, que esperaron y que estuvieron. Significa mucho para mi terminar esta historia.

Yo sólo quiero amor para estos bebés, porque es lo que merecen y mientras esté viva, así será. Gracias de verdad por leer y compartir el amor por nuestra Diada.

Un abrazo y feliz año nuevo 2021!