Me pasé por quinta vez la mano por el cabello. Suspiré en un intento por hacer algo y calmar mi desesperación, Annie llevaba varios minutos de retraso y eso solo aumentaba mi ansiedad. Miles de pensamientos se amontonaban en mi mente, por más que trataba de darle un orden, simplemente no lograba concretar nada.
-Te notas muy agobiado, Terry- levanté el rostro para toparme con la dulce sonrisa de Annie, la miré tomar asiento y sonreír aún más. –Dime, ¿qué puedo hacer por ti, pequeña alma en desgracia?
-Sinceramente, creí que no llegarías- me recliné en el asiento y llamé la atención del mesero. -¿Qué vas a pedir?-
-Un latte con leche descrema y una tartaleta de limón-
-¿Usted, caballero?-
-Otro café, por favor-
-Bueno, soy toooooda oídos- juntó sus dos manos y recargó la barbilla en ellos. Lancé otro suspiro y comencé a confesarme.
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Estuve en el consultorio de mi madre la mayor parte del día, y aunque ella me había pedido que regresara a casa, el solo hecho de pensar que me podía encontrar con la feliz pareja, hacía que me esmerara más en mi trabajo de acomodar los medicamentos y no regresar a mi hogar hasta bien entrada la noche.
-¿Qué te pasa, Candy?- giré el rostro hacia Dolly, que me miraba desde el marco de la puerta.
-Nada ¿por qué?- fruncí el cejo y regresé mi vista a las cajas de diclofenaco que tenía en la mesa.
-Bueno, si tomamos en cuenta que has estado acomodando los medicamentos donde no van… entonces sí, creo que te pasa algo-
-Yo no he… - y la miré señalar varias cajas en estantes donde no iban -¡Oh! Lo siento, no volverá a pasar-
-Toma un descanso, chiquilla-
-Pero estoy bien-
-Candy, te conozco de toda la vida, ¿qué te sucede? ¿es por un chico?-
-¿Qué te hace pensar que estoy así por un chico?-
-Pequeña- la miré de nuevo y me senté derrotada en la silla. Alcé la mirada al techo y lancé un suspiro… podía contarle a Dolly casi toda la historia.
-Pues sí, es por un muchacho. Me ha engañado-
-¿A ti? Increíble-
-¿Tomo eso como sarcasmo?
-¡No! Por supuesto que no, querida. Eres una muchacha muy hermosa, divertida, algo alocada, pero buena muchacha, se me hace difícil entender por qué alguien te haría daño.
-Pues yo me hago la misma pregunta-
-¿Quieres contarme?-
-¿Sabes guardar secretos?
-Soy una tumba-
-Lo conozco de toda la vida, la verdad no le había puesto atención o no quería aceptar lo que sentía, él no estaba aquí, se fue durante un tiempo pero regresó, y en ese regreso volvió mi mundo de cabeza y los sentimientos salieron a flote. Nos habíamos visto todos los días, estábamos juntos en todo momento, nosotros…- y me quedé callada.
-No diré nada, Candy- Dolly me tomó de las manos y me alentó a seguir.
-Nosotros estuvimos juntos, ya sabes, hicimos… eso. Nos cuidamos todas las veces. De verdad que me sentía muy feliz, estaba en el cielo cada vez que estaba a su lado, pero… había algo en nosotros que no nos dejaba ser felices por completo.
-¿Y qué pasó?-
-Bueno, pues, además de eso que no nos dejaba ser felices por completo, debo agregar que llegó su prometida.
-¿Su qué?-
-Prometida, el muy bastardo me había engañado todo este tiempo. Él tenía a alguien más esperándolo en otro lado, me sentí traicionada, humillada cuando los vi juntos. Te juro que jamás me había sentido así. Tanto amor lo convertí en odio-
-Eres muy pequeña para albergar esos sentimientos, Candy-
-Dolly, tú no entiendes. Me traicionó, me dijo que solo me amaba a mí, que yo era la única… ya sabes, todas esas palabras bonitas que usan los hombres cuando quieren algo-
-Sabes, sonará muy cliché, pero hay más peces en el agua, eres joven y bella, encontrarás a alguien más-
-Lo sé-
-Pero tú no quieres a nadie más ¿cierto? -
-Por ahora-
Dolly se fue después de veinte minutos más de platica. De nuevo me quedé sola y tuve, con todo el dolor de mi corazón, que reorganizar los medicamentos.
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Mamá fue a verme y llevarme algo de comer, estaba terminando con mi comida cuando mi celular sonó. Me limpié la comisura de mis labios y las manos para contestar.
-¿Qué pasa, Annie?-
-¡Hola a ti, querida amiga! ¿Dónde estás?-
-En el consultorio organizando los medicamentos-
-Pues debes tener todo el día ahí, porque he llamado a tu casa y nadie me ha contestado-
-¿Nadie?- de seguro Terry y aquella se habían ido a algún lugar a hacer sus cochinadas. –Pensé que…-
-No, nadie me ha contestado, y fui y no había ningún coche. Necesito verte-
-Ann, no puedo ahorita, estoy con mamá-Sostuve el teléfono con el hombro mientras seguía acomodando aquellas tontas cajas de medicina.
-Amiga, creo que tu madre entenderá que es una emergencia-
-Annie, creo que tus emergencias no se pueden clasificar como tal-
-Pues esta sí, y más te vale que llegues. Te espero en mi casa, tienes veinte minutos para llegar-
Y sin más, me colgó. Rodé los ojos y negué con la cabeza, mi amiga era la persona más exagerada del mundo y por lo mismo sabía que tenía que ir. Salí y busqué a mi madre para decirle que ya me iba.
-¿Candy?- me giré al escuchar mi nombre, me sorprendí al ver a un sonriente Joe acercarse hacía mí.
-¡Joe! No te había visto desde… bueno, tú sabes. Ya no contestaste mis mensajes-
-Tienes un hermano muy celoso-
-Sí, eso dicen. ¿Cómo has estado? ¿Qué haces aquí? ¿Te sientes mal?-
-No, yo estoy bien, traje a mi madre a consulta, ya sabes, algo de rutina-
-¡Oh, que bueno! Te dejo entonces, me tengo que ir-
-Candy, espera-
-Dime- lo miré algo curiosa y deseosa de que se apurara a decirme lo que quisiera, se me había hecho algo tarde ya para llegar a casa de Annie y no quería demorarme más.
-¿Te gustaría salir conmigo un día?-
-¿Cómo? Pensé que habías pasado de mí-
-No, yo… tuve miedo de tu hermano, impone mucho, pero… tú lo vales-
-¡Joe! Claro que sí, ¿nos ponemos de acuerdo un día de estos?
-Sí-
-Nos vemos- intenté despedirme, pero me tomó de la mano.
-Yo puedo llevarte-
-Pero tu mamá…-
-Siempre tarda 40 minutos-
-¿Estás seguro? Yo puedo tomar un taxi-
-Por favor-
-Está bien- sonreí y caminamos hacia el estacionamiento.
En todo el camino Jose me hizo olvidar los amargos momentos con Terry, Joe me hacía recordar porqué me había gustado tanto… quizás había una oportunidad para mí.
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Llegamos a casa de Annie y se estacionó, me giré para agradecerle, lo que menos esperaba era que me besara, estaba tan sorprendida que me quedé quieta.
-Lo siento… yo no…-
-Creo que vamos muy rápido, Joe-
-Me gustas mucho Candy-
-Y tú también me gustas, pero creo que no es momento. Gracias por traerme-
Me bajé del coche y caminé directo hacia la puerta sin prestarle atención a nada ni nadie. Toqué el timbre y segundos después mi amiga abría la puerta.
-¿Por qué te trajo Joe?-
-Me lo encontré en el consultorio- dije tocándome la cabeza, comenzaba a dolerme y de repente sentía el cuerpo débil, busqué el sillón más cercano y me dejé caer. -¿A dónde vas?- miré que mi amiga llevaba su bolso en la mano.
-¿Y por eso dejaste que te besara?-
-Yo no…-
-¿CÓMO QUE TE BESÓ?-
Giré mi rostro al escuchar aquella conocida y varonil voz. Terry se encontraba al final de la sala. Su rostro denotaba ira y el cuerpo parecía listo para atacar, verlo ahí hizo que mi cerebro hiciera click.
-¡Tú!- señalé a mi amiga que no se había quitado de la puerta -¡Me engañaste! ¿cómo pudiste? -
-Tienen que hablar- y salió, la seguí e intenté abrir solo para darme cuenta de que nos había encerrado.
-¡ANNIE!-
-Candy, tienes que explicarme por qué ese bastardo te besó-
-Yo no tengo nada que explicarte ni hablar contigo- lo pasé de largo buscando la otra salida, pero también estaba cerrada. Furiosa regresé sobre mis pasos, pero Terry no me dejaba pasar -¡Hazme el enorme favor de quitarte de mi camino!-
-No, necesitas escucharme-
-¿Escucharte? ¿ahora sí quieres que te escuche? ¿Y qué te hace pensar que te escucharé?
-Candy, preciosa, todo tiene una explicación-
-Pues explícale a alguien que quiera saberlo, porque yo no tengo intención de escucharte-
-Preciosa-
-¡Deja de decirme preciosa!- lágrimas corrían por mi rostro, caminaba de un lago a otro tratando de pensar en una forma de salir de aquella casa, ahora me sentía doblemente herida, mi mejor amiga me había traicionado, se había aliado con el enemigo y eso no se lo perdonaría jamás.
-Está bien, no te diré más así. Pero escúchame- sentí su mano tocar mi hombro, de pronto el calor de su mano traspasó mi ropa hasta llegar a mi alma, aquello dolía porque sabía que todo en él serían mentiras.
-Nada de lo que digas hará que cambie de opinión, nada de lo que salga de tu boca he de creer. Eres un mentiroso Terry- me giré lentamente para encararlo.
-Sí, sí lo soy. Tienes razón, soy un mentiroso, Candy- escucharlo decir aquello me quebró aún más el corazón, me llevé las manos a mi boca para ahogar mis gritos. –Pero nada de lo que te dije, pero nada de lo que te confesé es mentira. Todo lo que he sentido, todo lo que siento por ti es verdad, te he amado toda mi vida y siempre lo haré. Candy, tú eres la única mujer que necesito en mi vida-
-Pues no fue lo que yo vi anoche, creo que olvidas que tienes una prometida-
-Bere no es mi prometida-
-De seguro ya debe ser tu esposa-
-¡No! Ella no es nada mío, ni mi novia, ni mi esposa, ni mi prometida. Bere solo es mi mejor amiga-
-Mira qué conveniente, ahora resulta que tienes una mejor amiga-
-¿Tan celosa te pone que yo tenga una mejor amiga? ¿Por qué no he de poderla tener?
-Tú puedes tener todas las personas que quieras, pero yo no soy una de ellas. Ya no-
-Candy, Berenice solo es mi mejor amiga-
-Pues qué bien por ti-
-Debes de creerme-
-Pero no lo hago-
-¡Es la verdad!-
-Ya te lo dije, Terry. Díselo a alguien que le importe-
-Yo sé que te importa, Candy. A Berenice la conocí en mis citas con la psicóloga, ella también…
-¿Ella también se enamoró de su hermana?
-Sabes que ese es un golpe muy bajo, pero tú no eres mi hermana y no caeré en tus provocaciones-
-Pues los felicito a los dos, ojalá tengan más citas juntos-
-Eres la mujer más terca que conozco
-¿Y qué esperabas?
-Solo pido que me escuches-
-¿y si lo hago me dejarás en paz?-
-Yo…-
-¿Me dejarás en paz, sí o no?-
-Sí-
-Bien, habla de una vez-
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Lo escuchaba sin creer lo que decía, todo aquello sonaba de película. Por dentro me reía de lo tonto que eran los hombres, con cada palabra que decía Terry, solo me confirmaba que Dios les había dado poco cerebro. Mi intento por mantener mi corazón frío y cerrado a lo que me fuera a decir, se desvanecía con cada confesión, muy dentro de mí y muy a mi pesar, sabía que todo lo decía desde el fondo de su alma. Podía notar el arrepentimiento marcado en aquel bello rostro. Terry me tenía en la palma de su mano desde el momento que me dijo que me amaba, pero él no tenía por qué saber que ya lo estaba perdonando. Él merecía sufrir.
Habíamos dejado la casa de Annie, después de que él me dijera que tenía la llave. Nos encontrábamos en un parque, yo estaba sentada mientras que él se encontraba frente a mí y caminaba de un lado a otro explicando y suplicando.
Hubo un punto en el que dejé de prestarle atención y me concentré en mí, en lo que pasaría de ahora en adelante. No sé cuánto tiempo divagué en mis pensamientos, solo me di cuenta cuando sentí que tomaba mis manos entre las suyas.
-¿Qué haces?- intenté alejarme pero no me lo permitió.
-Sé que dije que te dejaría en paz, pero la sola idea de estar lejos de ti me mata-
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Ni siquiera entendía qué hacía Terry en mi casa, tampoco entendía por qué Annie estaba hablando tan misteriosamente con él. Mi plan para enterarme de lo que hacía ese par se fue al caño cuando mi cita de ese día llegó puntual a mi puerta.
En toda la tarde mi mente divagaba en Terry y mi hermana Annie. A todo esto, yo sabía que ella salía con Archie, en cambio Terry, bueno, él era de otro mundo.
-Susan, ¿te parece si paramos un momento? Necesito recoger un traje-
-Claro que no, yo te espero aquí, Daniel-
Le sonreí al guapo pelirrojo mientras él estacionaba su coche frente al parque y bajaba. Suspiré deseando llegar a mi casa y olvidar que la cita había sido un desastre. El chico era atractivo, millonario y divertido; pero no me movía nada más, aburrida miré por la venta para ver por donde estábamos.
Si me hubieran dicho lo que mis ojos veían, jamás lo habría creído. Mis manos temblaban buscando desesperada mi celular, en cuanto lo desbloqué, busqué la cámara y tomé la foto esperando que el momento sí fuera captado por el lente.
Ellos eran hermanos ¿Qué hacían besándose?
