La música llenó de golpe el pequeño salón donde se llevaba a cabo la ceremonia. Los asistentes se pusieron de pie, girando hacia el final del pasillo, quedándose sorprendidos por la vista que Shoto ofrecía. Caminando completamente erguido, con una expresión de total seriedad, sus ojos bicolor no se apartaban de la espalda del rubio que le esperaba en el altar. Los murmullos de los invitados, le incitaron a mirar a otro lado. Su padre, apretaba los puños, con las venas del cuello resaltando por el enfado; sus futuros suegros, le miraban sorprendidos, y aun así, no se mostraban indignados ni mucho menos. Al contrario, Masaru le regaló una cálida sonrisa, como si entendiera por lo que estaba pasando en esos momentos.

Algo no muy lejos de la realidad, pues luego de enterarse de la verdadera razón para ese matrimonio, intentaron disuadir a su hijo de esa ridícula idea, aun sabiendo de su derrota ante la idea ya asentada de éxito de su hijo. Ahí, de pie en sus asientos, y con una muy bien disimulada sonrisa, los señores Bakugo observaban al joven novio desfilar entre los asistentes, sintiendo pena por la vida tan triste que tendrá. Por su parte, Shoto esbozó una efímera sonrisa, al momento en que su mirada se topó con la esmeralda; ambos amigos temían por las consecuencias de ese plan, pero también estaban felices por haber encontrado una manera de anteponer los deseos de Shoto al par de alfas que intentaban manejar su vida como quisieran.

Bakugo se dio la vuelta al sentir al omega más cerca, con una sonrisa ladeada ante su victoria. Gesto que se deformó al notar el maldito trozo reforzado de cuero que adornaba el cuello de aquel bastardo mitad-mitad. El chico llegó a su lado, con ese aire de suficiencia y superioridad, ladeando coquetamente su cabeza, bajando un poco el hombro, como se estuviera estirando, solo para mostrar el lindo artículo que complementaba su atuendo. La mirada grisácea apareció por el rabillo, en la silenciosa declaración de guerra. "Podré estar casado contigo, pero NUNCA te perteneceré"; Bakugo hervía de la rabia que esa simple mirada le transmitía, mientras el menor volvía la mirada hacia el juez, que intentando mantenerse imparcial, comenzó a hablar, guiando la ceremonia.

Todos los presentes podían sentir la tensión entre los novios; incomodidad que incrementó al momento de decir los votos y el "acepto". Incluso en las fotos de los recién casados, Shoto mostraba su siempre seria expresión, y Katsuki no dejaba de fruncir el ceño. Ambos respondían automáticamente con un "gracias", a todas las felicitaciones vacías que recibían de los empresarios invitados por Enji Todoroki. —Mi más sentido pésame, Todoroki-kun —habló en voz alta Midoriya, posando una mano en el hombro de su amigo. Ambos miraron de soslayo a Katsuki, notando como su mandíbula se crispaba por el enfado que la frase de aquel pecoso le había provocado. —Supongo que a algunos, la muerte nos llega temprano, y con demasiada lentitud —añadió el bicolor, notando como Kirishima llegaba hasta ellos, escuchando también lo que el omega y su amigo insinuaban. —A la perra le gusta fastidiar, ¿eh? —soltó Izuku, haciendo que Eijiro y Shoto le miraran sorprendidos.

—Ammm… felicidades, viejo… supongo —murmuró el pelirrojo, solo atreviéndose a palmear el hombro de su amigo, al notar los rubíes inyectados con veneno por todo lo que, supone, ha estado escuchando. —Felicidades, señor To… Bakugo —murmuró Eijiro, bajando la mirada, y rascando su nuca. —Solo dime Shoto. Y gracias… pero no hay nada que celebrar hoy —añadió con total calma, mientras estrechaba la mano del joven asistente. Si Katsuki esperaba un omega sumiso y cobarde, estaba claro que había olvidado que su nuevo esposo era hijo de un hombre que prefería las apariencias y el éxito sobre cualquier cosa. Ni siquiera disimuló su asco cuando, al empezar a caminar por el pasillo y dirigirse al banquete, Katsuki intentó abrazarlo para seguir con la farsa. El rubio se quedó de pie, frente al altar, temblando de coraje ante el actuar tan altanero de su esposo, antes de caminar pesadamente tras los gráciles pasos del bicolor.

La fiesta no fue mejor. Los únicos que tuvieron permitido dar un discurso, fueron Enji y Katsuki, así como a los padres del rubio. A Midoriya se le negó el micrófono, e incluso dieron por comenzada la cena, antes de que Shoto pudiera expresar su deseo de decir algo. El bicolor se negó a pararse de su lugar para bailar con Katsuki; una batalla ganada, gracias a la necesidad del rubio y su padre de mantener las apariencias. —No siempre estarás rodeado de gente, imbécil —siseó contra su oído, antes de alejarse para bailar con su madre. Un escalofrío recorrió su espalda, haciendo que el corazón comenzara a latirle desbocado en el pecho; ideas de lo que posiblemente Katsuki pudiera hacerle al estar a solas, se agolparon en su cabeza, paralizando su cuerpo por el terror. Pero no daría vuelta atrás; había decidido evidenciar el desagrado que sentía por su marido, y la idea de ese matrimonio, y había aceptado todas y cada una de las consecuencias.