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Ay, a veces los caminos son tan extraños, tan cercano y, a la vez, tan lejanos…

Taichi empieza a obsesionarse tanto con el fútbol que olvida varias de sus responsabilidades. Por ejemplo, hacer los deberes o estudiar para los exámenes. Y la escuela ya no es tan sencilla como antes. La consecuencia es que sus padres se ven obligados a castigarle hasta que recupere la asignatura que le ha quedado y se centre un poco.

No consigue que le apunten al equipo bueno del barrio, pero sí a otro que todavía tenía una plaza libre cuando por fin recupera esa asignatura. Algo es algo.

Sora se encuentra un perrito. Está solo, tiene frío y parece abandonado. No tiene corazón para dejarlo allí, aunque sospecha que en su casa no será bien recibido. Así que lo mete en su habitación y, durante varios días, consigue mantenerlo en secreto. Le da comida, limpia todo lo que ensucia, consigue que no haga demasiado ruido.

Por supuesto, su madre no tarda en descubrirlo. Primero se enfada, pero después… no tiene corazón para separar a la niña de su nueva mascota. Así que le deja que se lo quede, con la condición de que ella se encargue de todos sus cuidados.

Sora se centra mucho en su perrito, olvidando otras cosas, como esa curiosidad que tenía por probar el fútbol. Le basta salir a correr por ahí con su mascota para quemar toda la energía. Y se siente muy querida por su mascota.

Y así, su infancia pasa sin que sus vidas se hayan entrelazado. Es curioso cómo funcionan las cosas a veces, ¿verdad? Pero que no cunda el pánico (yo estaría respirando con una bolsa si tuviera cuerpo, pero no te fijes en mí), habrá más oportunidades para ellos, para ti.

Elige sabiamente. (¡Y, por lo que más quieras, haz que se enamoreeeeeen!).

Decisión:

-Taichi se vuelve más responsable. (Ve al capítulo 1 de la Parte II) [Próximamente, o quizá cuando leas esto ya esté]

-Taichi no se vuelve más responsable. (Ve al capítulo 2 de la Parte II) [Próximamente, o quizá cuando leas esto ya esté]