17. Cadena de Experanza

Xion Pov's

Llegué tan temprano al club de radio que Riku y Roxas aún no hacían acto de presencia. En el ajustado salón abarrotado de discos de acetato solo se hallaba Ventus, que a propósito estaba dentro de la cabina dando sus últimas recomendaciones de estudio en su programa Paper with ink. Le dediqué una sonrisa gentil y me senté frente al vidrio que lo aislaba.

—Si utilizan resaltadores de colores para estudiar será más fácil memorizar ciertos conceptos y palabras —decía Ven con una voz sumamente dulce—. Y esto ligado al buen habito de reservar un par de horas al día para adelantar todos los deberes puede ser muy útil. La clave es concentración y método. —explicó, se coloró un poco—. Por ejemplo, yo tiendo a ser muy distraído, mi mamá dice que tengo déficit de atención, entonces para estudiar todos los días me compro un chocolate y cuando llega la hora de hacer la tarea lo divido en cuatro partes y no las como hasta no terminar las obligaciones de cada asignatura correspondiente. Un premio es una buena forma de luchar contra la distracción y la procrastinación.

» Bueno, creo que eso es todo por ahora amigos, ya saben que siempre pueden sintonizar la emisora nueve punto ocho a las 9:30a.m todos los días, para seguir escuchando consejos de buenos hábitos de estudio en Paper with ink. Que tengan una linda tarde.

Ventus se quitó los audífonos, se quitó del micrófono y dejó sonando la canción Titanium de Sia. Me gusta, quizás no es lo que escucho habitualmente, pero sin duda es buena.

—Hola Xion, hoy llegas temprano —me saludó pasando a mi lado para buscar algunos cd en una caja azul detrás de la puerta—. Acá tengo todas las bandas y cantantes que me pediste que buscara, en lo personal no me agrada mucho el rock pesado y todo eso, pero comparto el gusto por los Beatles.

—Gracias, Ven —dije cariñosamente—. ¿Te importa si paso aquí la tarde? Son cerca de las 12:00p.m y hoy mi turno era desde las 7:00a.m hasta las 11:30a.m, y como igual tengo que atender mi programa, yo...

—Claro, tranquila, no hay problema, así me haces compañía —respondió tomando asiento junto a mí y subiéndose la mochila a las piernas para registrarla. Noté que tenía algunos broches de pokemon, el símbolo de la trifuerza y un colgante de verde con forma de estrella, me pareció adorable, como el bolso de un niño—. ¡Aquí lo tengo! —exclamó sacando por fin un envase que contenía varios cupcake con glaseado de chocolate.

Me lo tendió con timidez.

—Son para ti, yo los hice —comenzó sonando culpable—. Sé que me dijiste que no te debía nada, pero es que verdad estoy muy muy agradecido contigo por participar en la radio y no tenía idea de cual tarea de matemática podía suerte útil y... y... uhm...

—Oh, Ven, es esto muy considerado de tu parte —le agradecí con un abrazo breve pero fuerte y me dispuse a probar uno de los pastelillos.

Mordí el primero. Oh por dios, saben igual que los que sirvieron en la cena con mi padre. Me sentí tremendamente novata en área, los míos jamás consiguen este acabado tan profesional ni esta textura. Tiene demasiado talento.

—Ventus, el día de mi muerte quiero que sirvas estas cosas en el funeral, son deliciosas.

Se puso en exceso rojo, creo que no está habituado a los halagos.

—Yo... yo... yo creía —tuve que forzar los oídos para entender sus murmullos—. Yo antes creía que eras cruel y me daba miedo hablarte, porque a veces, de lejos, cuando te sientas en una mesa apartada de la cafetería a comer y empiezas a escuchar música te ves satánica, y te la pasas sola, como ese chico rudo de la sección C-3, y tienes perforaciones en las orejas, y siempre que te oía hablar estabas insultando a las fuerzas superiores que rigen a la sociedad —cogió más aire—. M-me daba la impresión de que odiabas a todo el mundo. Por eso envíe a Riku para que te pidiera este favor, creí que si lo hacía yo mismo me golpearías.

Sé que así me veo, pero auch.

—Ven, haces que suene como si lucifer hubiese reencarnado en mi —dije algo dolida.

—¡No, no! ¡Para nada! ¡A eso quería llegar! —agregó acalorado—. Creí que tenías un pacto con el diablo la primera vez que te vi en el instituto, pero ahora que te conozco de cerca me pareces la chica más agradable, linda y dulce de todas. Eres comprensiva y paciente, y me llamas caramelo y no te molestas conmigo cada tres minutos. Pero al mismo tiempo eres taaan genial, actuando como si nada te importara y desafiando a todo el sistema y... y... y... eres franca, profunda, y me gustan tus ojos...

Mi piel erizó, esto no va por buen camino.

—Xion, ¿podrías tener una cita conmigo? —quedé pasmada. Al instante él agregó sin tomar ni una pausa:— sinoquieresno, porfavornomemates.

¿Será que le digo que no me gustan los rubios y huyo por la tangente?

—No te voy a matar, tranquilo, no eres del tipo de chicos con los que me pondría violenta, te me haces muy tierno pata eso —con ello solo logré que el rojo en su rostro incrementara escandalosamente—. Ven, esto de verdad me halaga, tú también eres un chico asombroso, no lo dudes. Pero no me parece que liarnos sea del todo buena idea, creo que ya hay alguien que me gusta y tengo que poner en orden muchas cosas —dejé en claro—. Sin embargo, si aún después de saber esto quieres seguir teniendo esa cita conmigo, entonces acepto.

Él me devolvió una sonrisa amable, aunque ligeramente herida.

—Saldré contigo aun sabiendo eso —replicó más o menos armado de valor.

—Entonces solo queda planear la fecha y a donde —dije cruzándome de piernas—. Pero la verdad es que hoy quería hacerte unas cuantas preguntas, antes de que se me olvidaran. Me ayudarán con el tema de hoy en la radio.

—¿Puedo saber cuál es el tema?

—No, claro que no —solté decidida—. Ahora, primera pregunta; ¿qué carrera te gustaría estudiar una vez acabado el instituto?

Ventus no lo pensó tanto como esperé que lo hiciera.

—¡Quiero ser veterinario! —exclamó recuperando el brillo en la mirada—. Sueño con tener un consultorio que pueda tener abierto más de la mitad del día y una casa lo suficientemente grande para adoptar varias mascotas —comenzó entusiasta—. Y me encantaría llevar un refugio para animales en dónde no tengan que matarlos solo por no tener un hogar. Si me esfuerzo mucho, lograré cumplirlo. Cuando acabe en la academia entraré a una universidad especializada en ciencias de la salud donde pueda estudiar Veterinaria. Eso es lo que quiero.

—Eso es hermoso, de pequeña, creo que también quería una casa grande para tener al menos diez perros, así que digamos que comprendo el sentimiento —él asintió contento—. Ahora bien, una parte de mi esperaba que mencionaras algo con respecto a la radio o la repostería, se ve que ambos también te gustan mucho.

—Sí, pero solo son más que pasatiempos —admitió con un suspiro—. Mírame, tuve que pedir ayuda para mantener abierto este club en el que nadie quiere estar, y la audiencia ha aumentado solo porque tú y Roxas aceptaron tener un programa, yo solo no podría ocuparme de una radio, sería un dial no sintonizado.

Mi propio corazón se estrujó al oírlo hablar así.

—¿Y la repostería?

—Me gustaría ser dueño de una panadería o una pastelería —admitió—. Pero me da muchísima pena tener que tratar con los clientes o fijar precios, además, si elijo algo como locución o intento ser repostero mis padres me cortarán la cabeza. Apenas y se tragan la idea de ser veterinario, pero mínimo la respetan.

—¿Dices mínimo?

—No les gusta la carrera, porque podría ser médico y ayudar a personas en lugar de desperdiciarme con los animales —concluyó.

—No te dejes convencer por ellos, Ven. Recuerda, las personas apestan, los animales no.

—Uhm... no me desagrada la idea de ser médico —dijo sinceramente—. Sería asombroso ayudar a salvar vidas y ser capaz de curar a las personas, o al menos aminorar sus malestares, créeme, me encantaría ser médico. Es solo que... siento que los animales necesitan en este momento más apoyo, son más indefensos y están desprotegidos y no todo el mundo se da cuenta de ello, me preocupan más, mucho más...

Me pregunté un segundo si se identificaría con ellos.

—Desde luego —agregué—. Todo eso sin mencionar que al no distinguir entre el bien y el mal son puros de corazón.

—Ya... que pena... creo que nadie había pedido mi opinión antes —comentó volviendo a su antigua vergüenza—. ¿Es que vas a hablar de los animales hoy? ¿un movimiento de concientización?

—No, aún no, no se me había ocurrido.

—¿Entonces hablarás de la selección y orientación hacia determinadas carreras?

—Uh, no, pero déjame anotar eso, sí es una buena idea —lo escribí en el block de notas de mi moví, este niño me va a ahorrar pensar en los temas.

—¿Entonces?

—Hoy voy a hablar de las cadenas de esperanza —revelé con una misteriosa sonrisa—. ¿A qué te suena?

—No sé, soy malo adivinando, y a veces pesimista, me suena a que quiero ser veterinario pero mi mami me puede pegar para hacerme cambiar de parecer y de carrera, pero la esperanza es lo último que se pierde, ¿no?

—Vayaaa... No, pero casi.

De hecho, Ventus es una mis cadenas de esperanza.

(...)

Eché a rodar los ojos. Se pone intenso por cualquier cosa.

—Muy bonito.

—Roxas ya cierra el orto —pedí sentada dentro de la cabina—. Tú lo que quieres es discutir por gusto, búscate un oficio.

Era completamente cierto y él muy capaz de reconocerlo, pero eso le arruinaría la imagen como rey del drama así que prosiguió:

—Me doy la espalda un segundo y ya andas besando a Ventus, ¡me habías dicho que no te gustaban los rubios! —exclamó fingiéndose ofendido, todo porque cuando él y Riku llegaron, Ven y yo estábamos solos sentados lado a lado, sin hacer absoluta y completamente NADA.

—No lo besé. La difamación está penada por la ley, bastardo. Le estornudé en la cara y fue un accidente.

Cualquiera con dos ojos funcionales lo podía afirmar.

—¿No le gustan los rubios? —preguntó el niño todo escandalizado—. ¿E-Eso es cierto Xion?

—Jajajaja... n-no es que no me gusten...

—¡Es que los odia! —exclamó Roxas.

—¡¿Los odia?! —repitió el aterrorizado Ventus.

—No, no, caramelo, no los odio, solo tengo una opinión algo particular de ellos. Pero no es que su cabello esté mal ni nada —le aseguré—. Roxas, ya deja de sembrar la discordia y si tanto te arde tíñete el pelo.

—¿Por qué lo mandas a teñirse el pelo? —replicó Ven lloroso.

Riku se metió en medio de los dos chicos para zanjar el tema, lucía harto.

—Perdón por interrumpir su importante conversación, caballeros. Pero Xion sale al aire en treinta segundos —anunció haciendo los últimos ajustes en el tablero—. ¿Estás preparada?

Sonreí y subí los pulgares.

—Todo listo.

El cartel rojo se encendió.

—Buenas tardes a toda, toda la audiencia que me escuche hoy desde algún lugar del instituto. Esto es Cry Light y yo soy Xion Russell —inicié, ya le estaba cogiendo la vuelta a esto de hablar por micrófono—. Pese a que he recibido (y vaya que es larga) una lista de parte de ustedes pidiéndome hablar de ciertos temas en particular que a todos nos atormentan, la verdad es que el día de hoy yo ya traía algo que quería compartir con todos ustedes —crucé las piernas, subí mi codo a la rodilla más alta y me recosté de la palma de mi mano—. A estas alturas no es un secreto para nadie que aborrezco el funcionamiento de esta sociedad. Y más allá de eso, me molestan la mayoría de las personas, (me estoy jugando la cabeza por decir esto en la radio) pero prosigo; voy en el tren de regreso a mi casa y de pronto veo a un tipo acosando a una chica en la fila de adelante. O bien veo a un grupo de pubertos lanzándole piedras a un gato o a un perro que probablemente esté ya demasiado herido como para moverse. Seamos honestos —lancé un fuerte suspiro—. Todos hemos visto este tipo de cosas desagradables.

Riku, Ventus y Roxas intercambiaron miradas frente a mí. Ya sabían por dónde iba mi discurso.

—Si no es esto, entonces escuchamos a un grupo de señoras criticar a su vecina. O a algún imbécil tirar el vaso de plástico por la ventana abierta del autobús. Y claro, nunca falta el bastardo que piensa que es divertido comerse las luces del semáforo o la cretina que deja la toalla sanitaria abierta encima del baño público —el sentimiento que trato de expresar afloró muy fuerte en mi pecho—. Somos constantemente testigos de violencia, hipocresía, desacato de las leyes, vandalismo e ignorancia; gente que no hace la fila, se mete y le roba el puesto a alguien más. Personas que estafan. Dejan animales vivos tirados en bolsas de basura, o sencillamente maltratan a los que están alrededor.

» Tal vez no todos compartan mi opinión, pero los que sí lo hagan van a entenderme —declaré—. Nosotros "Los neutrales" salimos un instante de nuestra burbuja de fantasía y cuando miramos alrededor nos encontramos con este tipo de cosas, y son justo este tipo de cosas las que nos hacen perder la fé en la humanidad, porque pensamos «Wow, los humanos no podemos hacer cosas tan simples como seguir normas de cortesía y bienestar moral, para así evitar conflictos internos en la sociedad organizada ¿por qué carajos habría entonces de detenerse el Bullying? ¿Por qué carajos habría de disminuir el calentamiento global? ¿Por qué carajos habría de cesar la violencia de género? ¿Por qué carajos creemos que podemos resolver problemas tan importantes si no somos capaces de trascender algo tan banal como lo es tirar basura a plena calle? ¿Por qué?»

» Miramos al suelo y juramos que no tenemos salida, las personas neutrales creemos que ser parte de una posible solución es inútil porque el daño es demasiado, el daño ya está hecho, y el daño jamás podrá ser detenido. Entonces decidimos en buen juicio que si no vamos a ser parte de la solución, entonces tampoco seremos parte del problema y nos limitamos a permanecer en la línea de la resignación.

Una repentina sonrisa pintó mi boca.

» Gracias al cielo existen las matemáticas y las estadísticas —dije con una voz cargada de ironía—. No solo pueden existir personas malas, también hay personas buenas y lo diré así: si no generas problemas eres neutral, pero si eres un ser positivo y amable entonces formas parte de mi parte favorita de la sociedad; las cadenas de esperanza. Oh, vale, por dónde empiezo —miré a Ventus delante de mí y mi mirada se suavizó aún más—. Las cadenas de esperanza son un respiro para mi corazón, conozco muy pocas, pero mi alma se alegra de que existan. ¿Nunca les ha pasado que ven a alguien más siendo cortés y eso los inspira? —pregunté—. Un chico abriendo la puerta a una señora, o una chica dando su puesto en el autobús, o un grupo de amigos regalando comida a un perrito abandonado, o alguien ayudando a un anciano a cruzar la calle; son cosas muy, muy sencillas y son el deber ser, sí, pero cuando las ves... puedes darte el lujo de sentir que no todo está perdido. Se te derrite el corazón con la amabilidad ajena, no hay que negarlo, es una de las cosas más bonitas que puedan pasar.

» Tengo un amigo... al que veo, suspiro, y pienso «Vaya, menos mal que de verdad existe gente como él» porque si no, estar viva fuese un suplicio más desagradable de lo que ya lo es, díganme si me equivoco o no. Todos tenemos a alguien que con su buena educación, amabilidad y bondad desinteresada nos hace pensar «hay personas llenas de luz en este mundo tan distorsionado, y son invaluables»

Hice una seña leve a Riku.

—Correcto audiencia, no quiero perder toda la hora con mi pesimismo. Seguiremos hablando acerca de esto después de algunas canciones, por ahora, los dejaré escuchando Yesterday de The Beatles.

Me saqué los audífonos y despejé el flequillo de mi rostro.

Aurora