CAPÍTULO XVIII
El desayuno transcurrió entre algunas charlas de falsa cordialidad.
Terry y Candy se encontraban juntos en la mesa y tuvieron un acercamiento muy cariñoso, cuando él posó sus manos sobre las de ella. La ojiverde sintió el pinchazo de dolor en su pecho. Sabía perfectamente que él estaba fingiendo.
Los gemelos hablaban sin parar mientras su abuelo disfrutaba la convivencia familiar. No cesaba de observar a su nieta y esperaba al doctor en unos momentos más. Aunque la enfermera había revisado de nueva cuenta a Nicole, no encontró anomalía alguna, lo que dejó al anciano un poco más tranquilo:
- ¡Abuelo!, ¿puedo hacer una pregunta? – habló Nicholas, quien se encontraba muy relajado. Le había prometido a su padre que no hablaría de la pesadilla que había tenido la noche anterior.
- ¡Faltaba más, hijo!, ¿qué deseas saber? – respondió amablemente el anciano.
- Ya que Nicky se encuentra mejor, ¿podremos cabalgar un ratito? – inmediatamente su padre contestó.
- Nicholas, creo que eso no podrá ser posible. Tu hermana no se ha sentido bien y no sería prudente ocasionar un problema mayor – no pudo terminar.
- Pero, papá… ¡Nicky se siente mejor!, además, ella es la enferma, no yo – su hermana le miró seriamente.
- ¡Tonto, yo también quiero subir a un caballo! – y junto al gemelo, comenzó a presionar a los adultos.
Ante tanta negativa de los padres, como insistencia de los chicos, quienes habían iniciado un alboroto con tal de salirse con la suya, su abuelo habló:
- Está bien. Pero primero, deben esperar a que venga el médico para que revise a Nicky y dependiendo de lo que éste diga, podrán hacerlo, siempre y cuando estemos presentes. Además, su padre es muy buen jinete. Él podrá vigilarlos – ante la orden, Terry se quedó sorprendido y Candy en silencio.
- Papá, creo que he sido claro al decir que no podrán cabalgar. Nicky no está bien y no quiero que se arriesgue por algún problema que se pudiese presentar – la inesperada respuesta de Candy le dejó callado.
- Igualmente, no estoy de acuerdo, pero considero que tu padre tiene razón. Finalmente, si nuestra hija se siente mejor y el médico no indica lo contrario, bien podrías vigilarlos mientras cabalgan – añadió sin emoción alguna. Lucía cansada y su esposo se prometió internamente aclarar algunas cosas con ella más adelante.
- Creí que te opondrías, querida – la galante y amorosa voz de su marido le hizo sacar fuerzas para responder en el mismo tono.
- También merecen pasar un buen rato, ¿no crees, mi amor? – la réplica fue en el tono más dulce y cariñoso que sabía utilizar.
- ¿Entonces eso es un sí?, ¡hurra!, ¡podremos subir a los caballos Nicky!, ¿no es genial? – el gemelo contagió a su hermana con singular alegría.
- ¡Sí!, ¡por fin podremos aprender a cabalgar!, ¡le presumiré a mis estiradas compañeras que mi abuelo nos prestó sus caballos para pasar un excelente fin de semana! – la arrogante respuesta atrajo la atención de sus padres.
- ¿Ya vamos otra vez con problemas, Nicole?, no es correcto que tengas esas actitudes. Debes respetar a los demás – le reiteró seriamente su madre a lo que la gemela se disculpó bajando la cabeza apenada.
- Lo siento. No volveré a decirlo – fueron interrumpidos por la enfermera.
- El Dr. Sterling ha llegado – anunció la llegada del galeno.
El Duque y los padres se levantaron de la mesa, dirigiéndose al despacho privado de la residencia para hablar solos por un momento. Nicole se quedó con la enfermera fuera del lugar, en espera de la indicación del doctor para que la evaluaran.
Por su parte, Nicholas y Anisha siguieron conversando animadamente.
Después se dirigieron al jardín para dar una vuelta por los alrededores.
El gemelo quería asomarse a las caballerizas para adelantarse a escoger el caballo más bonito. Realmente era un niño con una increíble capacidad para sobreponerse. Parecía como si no hubiese pasado nada, después de la mala noche anterior. A pesar de que su padre le había encarecido no hacer comentario sobre ese sueño, tuvo la suficiente confianza como para contárselo a Anisha, y ella le reiteró su sincero agradecimiento por decírselo.
El secreto quedó entre ellos dos.
Por otro lado, el médico dejó su maletín en el grueso escritorio, y escuchó detalladamente lo que había sucedido esa noche. Su semblante se mostró confundido al oír la narración de los ataques. Estuvo haciendo algunas anotaciones y procedió a hacer preguntas rutinarias a los padres como el historial médico de Nicole y antecedentes de problemas mentales.
Al obtener negativas, se quedó pensativo:
- ¿No recuerdan algún otro momento donde hubiese tenido este tipo de problemas? – ambos padres explicaron todo lo referente a su actitud reciente.
- ¿Ha habido quejas de la escuela por su comportamiento? – recibió respuesta negativa.
- ¿Algún suceso traumático que haya sufrido antes, como un golpe en la cabeza o pérdida de conocimiento? – la contestación fue la misma.
- ¿Están completamente seguros de no haber tenido algún familiar con enfermedad mental? – Terry respondió que no, y Candy aclaró su situación.
- Fui adoptada y jamás conocí a mis padres. No sabría decirle si tengo parientes con esas enfermedades – la rubia respondió serenamente. Terry tomó en un impulso su mano. Ella no la retiró.
- Entiendo. Me gustaría verla – Terry se dirigió a la puerta y les hizo pasar.
La revisión fue muy general, y el galeno trató de llegar lo más que sus conocimientos le permitían. El diagnóstico fue positivo.
Físicamente, Nicole no tenía problemas de salud. Ahora, había que descartar algún problema mental. La chiquilla cooperó alegremente durante la consulta y respondió a todas las preguntas que hiciera el doctor. Al final, extendió una tarjeta al matrimonio con los datos de un psicólogo. Atribuyó la situación a una crisis nerviosa por el cambio tan repentino de vida y enfatizando sobre todo, los desequilibrios propios de una joven que iba llegando a la pubertad, conllevando cambios emociones y psíquicos. La jerga fue para gusto del actor, bastante enredada e incomprensible, tratando de comprender de entre todo ese argot médico que su pequeña finalmente se encontraba bien y que había sido una situación pasajera.
Muy en el fondo de su alma deseaba oír eso.
El galeno explicó sus razones a los Grandchester, después de permitir que su hija saliera a reunirse con su hermano y su amiga. Todos escucharon con atención, menos Candy quien no podía dejar de recordar las hirientes palabras de esa nota.
Su esposo la veía de reojo.
Después de que se hubiese marchado el médico, la familia, excepto Candy, se quedó más tranquila. Terry pidió a su esposa que en cuanto llegaran, tratara de contactar al psicólogo. Ella asintió mecánicamente. Estuvieron conversando por un momento más, mientras el abuelo les pedía estar al tanto de la situación:
- Ahora vayamos con los impacientes gemelos. Seguramente están escogiendo el caballo – añadió más sonriente el hombre. Terry le secundó.
- Quisiera me disculparan. No me siento bien. Iré a recostarme un poco a mi habitación – dijo Candy y antes de que alguno de los presentes hablara, la mujer ya había salido del despacho. Su esposo se quedó intranquilo.
- ¿Podrías adelantarte a ver a mis hijos?, debo hablar con mi esposa ahora – Terry le dio un afectuoso abrazo a su padre y salió tras Candy.
Al llegar a su habitación, pidió a la rubia que le dejase entrar. La débil y apática voz de su esposa le llegó desde dentro, pidiéndole que la dejara sola:
- ¿Me vas a decir qué te sucede? – su marido cerró la puerta sutilmente y se colocó a un lado de ella. No estaba molesto ni enojado.
- No tengo ganas de salir, Terry. Ve tú con tu padre. Quiero dormir. Estoy muy cansada – mintió Candy pero al final, el llanto la traicionó. Su esposo se acercó alarmado. La abrazó.
- Pecosa… ¿por qué no me tienes confianza?, ¡Por Dios, Candy!, ¡me duele saber que desconfías de mí!, ¡te amo tanto y no puedo concebir que a estas alturas tengas celos de mi trabajo! – le habló con infinita dulzura para tratar de recuperar su confianza.
- ¡No sé qué me pasa!, ¡me siento tan mal!, ¡mi hija se aleja de mí!, ¡y siento que tú también!, ¡estoy tan sola en esa casa!, ¡algo me dice que nuestra familia va muy mal y me siento tan inútil al no encontrar la razón! ¡oh cielos!, ¡mis hijos están sufriendo!– lloró como nunca. Terry la consoló.
- ¡Mi amor!, ¡mi vida!, ¡te prometo que haré todo lo posible por estar contigo más tiempo!, ¡no imaginé lo mal que te sentías aquí!, ¡ya habías estado en Londres y creí que todo marcharía bien!, ¡no estás sola Candy, estoy contigo!, ahora… ¿por qué piensas que está sucediendo algo malo? – la recargó sobre su pecho, mientras esperaba a que su esposa se desahogase.
Al no obtener respuesta, tomó suavemente su barbilla y le obligó a devolverle la mirada.
Sus ojos estaban llenos de lágrimas. Le volvió a hacer la misma pregunta y sin decir nada, Candy le extendió el papel.
Al leerlo, la mirada de Terry se llenó de furia:
- ¿Quién escribió esto?, ¡dímelo ahora! – gritó haciendo que Candy lo soltara al instante.
- ¡Por favor!, ¡no grites!, te lo explicaré después, no quiero que haya otra discusión por ahora. Te lo suplico – las frases de su esposa le sobresaltaron. Esperó a que hablara.
- Es la letra de Nicole. La encontré en su cuarto. No le digas nada. Tendremos que pensar en una estrategia. Alguien ha estado hablando con nuestra hija, y esa persona, de alguna forma se encuentra relacionada con Susana Marlowe. ¡Tengo miedo, Terry!, quizá nos estén vigilando. Sé que te parecerá exagerado, pero, no sabría de qué otra manera explicar el que Nicky sepa… eso – la rubia señaló la hoja.
Su marido se llevó las manos a la frente en señal de confusión y coraje. No dejaba de leer las frases. Estaba demasiado alterado y Candy intuía que ganas no le faltaban de ir a reprender a su hija. Pero, ¿cómo se había enterado ella?
La respuesta no existía justo en ese momento.
- Escucha, mi amor. Dejaremos pasar esta fin de semana, para que mi padre esté lo más tranquilo posible. Quiero estar presente en las sesiones psicológicas de Nicky. Hablaré con Igor y con Charles. Comprenderán que mi familia es más importante en este momento. Preguntaremos al especialista lo que debería proceder en estos casos. Quizá a él si pueda confiarle sus secretos. Es obvio que alguien pone a nuestra hija en contra de nosotros. Esto no se va a quedar así. Solo te pido me mantengas al tanto de cualquier situación anormal que detectes. Ahora Candy, ¿cuáles son las razones por las que desconfías de Clarissa? – la rubia se quedó callada. No esperaba la pregunta en ese momento.
- No… quiero hablar de eso – su esposo la interrumpió, mientras rodeaba su cintura con sus brazos. Hundió su rostro en el femenino cuello y le pidió que lo abrazara.
- Tenme confianza por favor. Necesito saber si he hecho algo mal. No desearía que surgieran problemas entre nosotros. Explícamelo, ¿quieres? – acercó sus labios al lóbulo de la oreja y Candy sintió una cálida sensación en la espalda. Mientras ella cerraba sus ojos comenzó a hablar de aquellas pesadillas. Sintió que el cuerpo de Terry se tensaba.
- ¿Qué pasa? – su esposa volteó a verlo, pero en ese momento, Nicholas entró desesperadamente a buscarlos.
- ¡Llevamos media hora esperando y ustedes aquí platicando!, ¡ya quiero subir a mi caballo! - el pequeño estaba muy serio. Sus padres asintieron entre ellos, en señal de que hablarían después.
Al llegar a las caballerizas, vieron que Nicky ya se encontraba parada junto a su caballo.
Terry no quitó la vista de ella en ningún momento.
La gemela actuaba de manera muy normal y cada cierto tiempo pasaba frente a su madre, sonriendo mientras le mostraba lo bien que lo estaba haciendo. Candy sonreía medianamente. Anisha platicaba a ratos con su tía, sin dejar de mirar a la niña. Su abuelo les gritaba palabras de ánimo.
El día llegó a su fin.
La merienda fue otro buen momento de reencuentro familiar. Los gemelos estaban extasiados por la actividad ecuestre y después de una larga convivencia, cada uno de los miembros se fue retirando a sus aposentos.
Se despidió emotivamente de su hijo, su nuera y sus nietos. A Anisha le pidió que velara por los niños y que tuviera una excelente estadía en Londres durante sus estudios. Había estado más alegre de lo normal.
Candy y Terry tuvieron una apasionada reconciliación mientras los demás dormían. Ella se había quedado más tranquila al saber que su esposo la seguía amando como nunca. Se encontraba sobre su pecho, mientras trataba de recobrar el aliento. El actor acariciaba su suave espalda con sus varoniles manos.
Nicole permaneció en su recámara, observando por la ventana hacia un punto perdido en la oscuridad mientras se perdía en infinitos pensamientos.
"Pronto", resonó la voz de Sue en su mente.
El Duque de Grandchester estaba en su habitación tratando de descansar.
Sarah le había dado sus medicamentos y se había retirado hacía rato. Como no podía concebir el sueño, se encontraba recostado en su cama, leyendo un libro.
Estaba poco concentrado en su lectura. Se sentía incómodo y no cesaba de pensar en su nieta y lo recientemente acontecido. También se había percatado de que Candy ocultaba algo. Se prometió hablar con ella al día siguiente.
Recordó lo sucedido en la caballeriza, antes de que llegaran su hijo y su nuera:
"Sarah le había ayudado a llegar al jardín y observó a los gemelos salir del establo.
Nicholas estaba pegado a Anisha, y ambos observaban a Nicole, quien se encontraba sonriente frente a ellos. Sin embargo, el Duque pudo percatarse de la extraña mueca de diversión de la chica. Al acercarse a ellos, notó que los tres habían callado al instante:
- ¿Qué pasa? – les preguntó muy gentil.
- ¡Nicky ha escogido el caballo que yo quería abuelo! – el gemelo se quejó, aunque con cierto temor en sus palabras.
- Creo que su hermana se ha encaprichado con el espécimen negro. Pasó algo curioso: el caballo se alteró en cuanto la vio. Parecía como si la fuese a golpear en el momento, al levantar sus dos cascos – explicó una sorprendida Anisha.
- ¡Dios mío!, ¿estás bien, cielo? – se acercó a su nieta y la abrazó.
- ¡Es muy exagerado!, solo me acerqué a él y creo que se asustó un poco. Se echó para atrás y tuve tiempo de hacerme a un lado. No hubo peligro alguno. Anisha, te pido no preocupes a mi abuelo, ¿quieres? – Nicole hizo una autoritaria expresión, mientras él se quedaba confundido por su molesta reacción.
- ¡Nicky, no estamos ciegos!, ¡vimos claramente como se quiso lanzar hacia ti!, pero… - ya no pudo seguir hablando. Nicholas les había interrumpido en clara señal de no seguir hablando de eso.
- ¡Iré por mis padres!, ¡se han tardado ya! – salió corriendo, dejándolos solos.
- ¿Pero qué? – la conminó a explicarse.
- Quizá lo he exagerado todo. Estoy un poco alterada por lo que sucedió. Discúlpame, Nicky, no fue mi intención causar alarma – Anisha bajó la mirada y se colocó a un lado de él. Se dio cuenta de que la evitaba.
Evitó preguntar sobre lo qué estaba sucediendo."
Richard colocó su libro en la mesita de al lado, mientras reflexionaba sobre lo que estaba sucediendo: la reacción de Nicole, los problemas entre sus padres, el miedo expresado en los rostros de su nieto y Anisha. Todo aquello era muy raro.
El sueño le estaba invadiendo cuando un leve golpe a la puerta lo despertó:
- Adelante – creyó que era Sarah, pero se sorprendió al ver a Nicole parada en la puerta.
- Abuelo, ¿me dejas pasar?, no puedo dormir – la visión de su nieta, en ese momento, era angelical. La blanca bata parecía refulgir enigmáticamente, mientras sus rizos castaños estaban recogidos en un moño del mismo color. Los verdes ojos y la postura arrogante le hacían ver, imponente. Era una versión en miniatura de su hermosa nuera.
- Pasa, nena. Me has encontrado en la misma situación. Tampoco puedo dormir. Tal vez sea la cena. Creo que debemos dejar los dulces y panqueques – le comentó con una mirada cómplice. Nicole sonrió divertida. Se sentó frente a él, al borde de la cama.
- Abuelo, quisiera conocer más sobre la historia de mi padre. ¿Tú conociste a mi mamá mucho antes de que se casara con él? – la pequeña se cruzó de piernas y colocó sus nudillos en sus mejillas, al iniciar con el alud de sorpresivas e inesperadas preguntas.
- ¡Claro, mi amor!, ¡tu madre siempre ha sido una mujer admirable!, ella me hizo ver muchos errores cometidos en el pasado, con respecto a tu padre. Siempre creí que era un rebelde y a quien con dinero podría mendigar un poco de afecto. ¡Por fortuna me hizo recapacitar a tiempo!, desde ese instante supe que era la mujer adecuada para tu papá – mientras su abuelo hablaba, la mirada de Nicole se volvió sombría.
- ¿Es cierto que mamá dejó la escuela para ir tras él? – la pregunta hizo sonreír a su padre. Al parecer ya sabía parte de la historia.
- Algo así, mi amor. Pero no fue tras él directamente, sino tras su destino. Ambos debían buscar sus propios caminos y tuvieron que separarse. ¿Sabes?, tu padre ya no volvió a ser el mismo chico a raíz de eso. Cuando volvieron a coincidir, había sucedido una desgracia que obligó a tu madre a dejarlo nuevamente. Pero bueno, finalmente todo salió bien ¿no crees?, tengo un par de adorables nietos conmigo – respondió alegremente el anciano.
- ¿Qué era esa desgracia? – Nicole alzó una ceja en señal de interés.
- Bueno, una actriz que trabajaba con tu padre en ese momento, tuvo un accidente, por salvarle la vida y quedó paralítica. Terry tuvo que quedarse con ella para reparar el daño – la mirada del hombre se perdió en tan incómodos y nada agradables recuerdos.
Cuando regresó a Nicole, se percató de que ésta se encontraba frente a su cama, de espaldas a él. No le había sentido alejarse y sintió que un inexplicable pavor comenzaba a emerger desde lo más profundo de su ser. Su sexto sentido se puso en alerta máxima.
La infantil voz tensó aún más el ambiente:
- Esa actriz demostró cuánto amaba a mi padre, abuelo y mi madre había prometido dejarlos en paz. Lo amaba tanto, que hasta estuvo a punto de morir por él, ¿lo sabías? – cada palabra fue taladrando las sienes del Duque. "¿Cómo lo sabe?".
- ¿Quién te ha dicho semejante barbaridad, Nicky?, ¿te sientes bien?, ¿acaso conoces a alguien del que nosotros no sepamos? – su estómago sufrió un enorme vuelco, al ver que la infantil figura comenzaba a voltear lentamente.
Conforme lo iba haciendo, se iba transformando en la imagen de aquella mujer a quien jamás esperaba volver a ver. El cabello rubio y lacio y la mirada de odio en esos ojos azules, jamás los olvidaría.
- ¡Dios mío!, ¿quién eres?, ¿dónde está Nicky? – intentó incorporarse de su cama, pero el espectro fue más rápido.
Cuando reaccionó, se dio cuenta que la tenía encima de él.
Ahora su rostro se había deformado, en una serie de heridas profundas y restos de piel cayendo de sus mejillas. Los ojos eran como lo de un felino y la dentadura puntiaguda, emitía un fétido aliento. Creyó ver a la encarnación del mismo demonio.
La tétrica y antinatural voz retumbó por todo el cuarto.
Cerró los ojos rogando porque terminara la pesadilla, pero al abrirlo, la aparición seguía ahí. Observándolo diabólicamente divertida:
- ¡Nadie te oirá, anciano inútil!, ¡ahora es mi turno de cobrarme todo el daño que hiciste al no aceptarme en la vida de tu hijo! – soltó una espantosa carcajada que lastimó sus oídos - ¡hace poco que llegué de nuevo a la que debía haber sido MI familia y que por culpa de aborrecidos personajes como tú, nunca pude tener! ¡Disfruto tanto lo que está sucediendo con el comportamiento de esta mocosa malcriada!, ¡el plan va perfecto!, ¡será una lástima que no puedas llegar hasta el final de esta venganza!, ¡la muerte clama por tu arrugada presencia, Duque de Grandchester! – la mujer se acercó lentamente a él, mientras Richard trataba de gritar.
- ¡Alguien ayúdeme!, ¡Terry!, ¡Sarah!, ¡auxilio! – sintió las gélidas manos descarnadas presionar sobre su pecho, ocasionándole un enorme dolor en el mismo. El espectro emitió un chillido que erizó su piel, mientras iba aumentando la presión - ¡Dios… te… perdone!, ¡ellos… no… te… dejarán! – el anciano cerró los ojos, mientras una inmensa oscuridad se apoderaba de él.
El inmóvil cuerpo quedó tendido sobre la cama. Las manos del Duque yacían sobre su corazón. La habitación se encontraba ocupada sólo por él.
Richard Grandchester acababa de morir.
La mañana estaba ya muy entrada cuando Terry despertó.
Se volteó para observar a su esposa, quien dormía placenteramente a su lado. Ambos se encontraban desnudos. Una ligera preocupación le llegó en ese momento. Se levantó rápidamente, tratando de no despertar a Candy y se vistió para dar una vuelta a sus hijos.
Cuando salió al pasillo, vio que Sarah salía de la habitación de su padre, con el semblante consternado.
Algo iba mal.
Un sabor amargo subió a su boca, mientras pasaba de largo de las habitaciones donde se encontraban los gemelos, llegando hasta donde se encontraba la enfermera.
La encontró sollozando, lo que le hizo alarmarse:
- ¿Qué pasó con mi padre? – ya no siguió preguntando.
Al asomarse en el umbral de la puerta, vio la trágica escena.
Corrió hacia él, mientras le hablaba con cariño
- ¡No está muerto!, ¡mi padre no está muerto!, ¿me oyes verdad, papá?, ¡dime algo!, ¡háblame! – sacudió el rígido cuerpo y al instante se percató del rigor mortis en el rostro del anciano.
- Es inútil. No responde. Su corazón... no resistió más – dijo con pesar la mujer.
Terry no pudo menos que abrazarse a él.
Dejó salir palabras ininteligibles mientras acariciaba su fría espalda. La escena era aterradoramente tierna. Candy entró en ese momento y no pudo evitar las lágrimas al ver a su esposo en ese estado.
Dio órdenes a Sarah de que alejaran a los gemelos de la casa, en lo que llamaban a su médico para que diera el parte y autorizara el traslado del cuerpo. La jornada sería pesada. Lo primordial era acompañar a su marido en esa dramática situación. Todo se iba complicando.
Como pudo, logró convencerle de que cooperara para hacer el momento menos incómodo. Posteriormente, debido a su alterado estado de ánimo, le tuvieron que administrar un tranquilizante. Encargó a sus hijos y Anisha que no se separaran de él. Ya habían dado la noticia a estos últimos de la muerte del abuelo, y lo tomaron con demasiada tristeza, pero a la vez serenidad. Nicole fue la más afectada y permaneció junto a su padre todo ese tiempo.
La rubia estuvo al pendiente de todo y asistió al médico en la redacción de la muerte, junto a Sarah.
La casa se llenó de personal hospitalario, y los sirvientes observaban con consternación la escena. La propia enfermera no daba crédito a lo que sucedía. Había observado el semblante de su difunto patrón y sintió una infinita tristeza por el buen hombre. Menos mal que no había sufrido una larga agonía, motivo de otras enfermedades. Elevó una plegaria en silencio por él.
La jornada se vaticinaba dura y tuvieron que dar parte a la otra familia del Duque.
Sorpresivamente para los Grandchester, la Duquesa no se portó altanera ni grosera con ellos. Los demás hijos de su padre fueron educados y amables con él. La seriedad de la situación actual no se prestaba para pleitos baratos y sentimientos mezquinos. Todo se dio en completa y absoluta calma. El título nobiliario le quedaría al mayor de sus hermanastros. A él no le interesaba.
Cuando llegó el triste momento de enterrarle en la capilla privada de los Grandchester, Candy sostuvo moralmente a su marido, en compañía de sus hijos. Terry lucía completamente devastado. No esperaba perder a su padre tan pronto.
El emotivo entierro fue prescindido por el reverendo Folsom.
Tanto sus hermanastros como el actor, dedicaron unas palabras a la memoria de su padre. Candy sostenía la mano de sus hijos, y Anisha estaba a su lado, infundiéndole fortaleza. Aunque la rubia mantenía frecuente correspondencia con los Andrey, sus misivas eran generales y siempre positivas. Lo que menos quería era preocuparles. Los había mantenido al margen de la situación que vivía en Londres y así se lo había hecho saber a la hija de Annie. Esperaría un tiempo para poder enviar las noticias sobre el sensible fallecimiento de su suegro.
Nicole estuvo al lado de su padre.
Fue la que más ánimo le transmitió. Al enterarse de que él no acudiría a trabajar por esa semana, pidió a su madre quedarse con él en vez de ir a la escuela. Fue el propio Terry el que se negó. La vida continuaba y ellos debían seguir estudiando y viviendo. La gemela se resistió, pero finalmente accedió con la condición de permanecer por las tardes junto a él.
Candy agudizó la vigilancia sobre su hija.
Habían pasado un par de semanas desde el fallecimiento de su padre.
Terry se encontraba de mejor ánimo y había recobrado un poco más el apetito.
Charles e Igor le hacían visitas a menudo para saber de su estado y ayudarle a superar un poco su dolor. Le habían llevado estado llevando los saludos y algunas noticias del reverendo Folsom, quien se encontraba en esas semanas, fuera de la ciudad.
Esa tarde, Charles les estaba narrando como habían ido los avances de la puesta en escena – mismos que habían proseguido a pesar de su forzada y comprensible ausencia -, mientras Igor hacía comentarios sobre el talento de los demás actores.
Al mencionar el nombre de Clarissa, Terry había volteado a ver a su esposa, quien había guiñado un ojo en señal de haberlo superado. Afortunadamente para la rubia, esas pesadillas habían dejado de producirse últimamente.
Lo había atribuido al hecho de haberlo hablado con su marido.
- Terry, ¡te extrañamos mucho!, ¡arriba ese ánimo y sigue adelante, por la memoria de tu padre!, no creo que apruebe tu comportamiento – le comentó el empresario.
- Confiamos en que saldrá esa gran calidad interpretativa en ti, Grandchester, y espero verte de mejor humor en los ensayos. Te tenemos preparada una sorpresa – anunció Igor muy emocionado.
- Les agradezco mucho su apoyo en estos momentos amigos. He decidido retomar los ensayos a partir del próximo lunes y confío en que todo saldrá de maravilla – les dijo el actor un poco entusiasmado.
Cuando se hubieron retirado sus amigos, y acostado a sus hijos, leyéndoles un cuento como antaño lo hacían, la pareja se encontraba en su habitación. Candy se recostó mientras esperaba a que su esposo la alcanzara en la cama. Su semblante era pensativo.
- ¿Te pasa algo, pecosa? – la sensual voz de Terry la distrajo por un momento de sus preocupaciones.
- Nada, mi amor. Estaba pensando en la consulta de Nicole. Es el próximo martes por la tarde y… - su marido posó sus labios sobre los suyos para besarla.
- Ahí estaré pecosa. He hablado con Charles, ¿acaso creías que no cumpliría mi palabra?, no seas tontita. Me siento de mejor ánimo para poder estar ahí presente. Creo que no debimos posponerla por mi condición. Nicky es lo más importante y ahora es nuestra máxima prioridad – su esposo le dio un suave beso, mientras la acurrucaba en su pecho para poder dormir.
La pareja se encontraba profundamente dormida, cuando el desgarrador grito de su hija les despertó abruptamente, haciéndoles salir corriendo rápidamente a su habitación, sin percatarse de que la temperatura había descendido inexplicablemente.
Al abrir la puerta, una impactante escena les recibió.
Nicole estaba de espaldas a la pared, con las manos sobre su cara. Las cortinas se movían a pesar de las ventanas cerradas mientras algunos objetos tales como libros, zapatos y colores de su cuarto saltaban con movimiento rítmico, en sus mismos lugares.
- ¡Nicky!
Candy se acercó a ella pero no pude tomarla puesto que una fuerte y repentina bofetada cruzó su rostro, haciéndole caer cerca del muro a sus espaldas.
El actor se quedó pasmado al ver lo que sucedía. El grito de la niña le hizo regresar su atención a ella y corrió a auxiliarle.
- ¡Papá!
Trató de tomarla entre sus brazos mientras su esposa intentaba acercarse de nuevo a ella. El golpe había dejado su rostro bastante adolorido. Cuando intentó tocarle, la reacción infantil fue bastante agresiva. El rostro de su hija expresaba una expresión jamás antes vista en ella:
- ¡No me toques estúpida hija de p…! – gritó, mientras su padre, confundido ante el altanero vocabulario de su hija, trataba de calmarla.
- ¡Nicky!, ¿qué te pasa? - preguntó Candy con lágrimas en los ojos.
- ¡No quiero que se me acerque! ¡Aléjala de mí!
La chiquilla se soltó de los brazos de Terry y se dejó caer sobre la cama mientras pedía histéricamente que su madre no se le acercara, destrozando el corazón de ésta.
En ese mismo instante, todos los objetos que se hallaban dentro de su cuarto comenzaron a moverse. Libros y colores cayeron de la mesita de trabajo; sus zapatos salieron volando del armario, al igual que sus ropas y varias de sus muñecas.
Todo realizado por manos invisibles.
"¿Qué diablos está sucediendo?", el desconcierto asomó al rostro del actor mientras sus ojos atestiguaban los eventos sobrenaturales en la habitación.
- ¡Papá, cuidado!
Terry alcanzó a esquivar un libro que iba proyectado justo a su nuca, gracias a la advertencia del asustado gemelo que ya se hallaba en el mismo cuarto junto a su prima. Se agachó y con su cuerpo protegió a su hija, quien seguía manoteando sin cesar, presa de un ataque de aparente histeria.
Anisha y Nicholas pudieron salir con Candy del lugar dirigiéndose al teléfono para llamar una ambulancia en tanto que el afligido padre intentaba calmar los incontrolables y furiosos movimientos de Nicole.
¡Todo aquello parecía una locura!
Los minutos se les hicieron interminables, hasta que finalmente llegaron los paramédicos.
La hija de Annie les llevó hasta el cuarto donde el actor aún forcejeaba con la gemela, en un intento por tranquilizarla. Los refuerzos se acercaron y a duras penas pudieron someterla para aplicarle el sedante.
La familia completa salió con la pequeña rumbo al hospital.
Anisha y Nicholas tenían miedo de quedarse solos en esa casa por esa vez, por lo que Terry tuvo que pedir un extraordinario favor a Charles para que pudiera acogerlos. Su socio comprendió la emergencia y fue por ellos al hospital.
Candy no dejó sola a Nicole por ningún momento.
La cantidad de sedante había sido tan fuerte que la tendría dormida por muchas horas. La rubia esperó a que Terry regresara de dejar a su hijo y a Anisha. Ya estando juntos, se quedaron en completo silencio, mientras se turnaban para acompañar un rato a la gemela.
Aprovechando que había una capilla en el hospital, Candy decidió ir a rezar por un instante, en lo que su esposo vigilaba a Nicole. Al entrar, un fuerte aroma a rosas inundó su olfato. El lugar se encontraba vacío, y se dirigió hacia uno de los oratorios cerca del altar. Lloró al ver la impasible mirada del Cristo en el altar. En un acto reflejo, tomó su crucifijo – aquel que había sido el más preciado de los regalos de sus madres – y comenzó a rezar.
Estaba tan concentrada en sus plegarias que de repente, sintió que no estaba sola. Al abrir un poco los ojos, vio de reojo a varias figuras vestidas de blanco, hincadas en las bancas. Creyó que era personal del hospital que le acompañaba, orando también.
Volvió a cerrarlos.
No supo por qué, pero un escalofrío recorrió su piel.
Lo adujo al tiempo que llevaba ahí hincada orando. Cuando se incorporó y volteó a su alrededor, casi se va de espaldas. Ahora, toda la gente de blanco la miraba fijamente. No llevaban ropa del hospital. Eran ancianos, niños, mujeres y adultos. Aproximadamente unas veinte personas.
El silencio era inquietante.
Candy se dirigió con paso lento hacia la puerta sintiendo como su estómago se estrujaba del miedo, al tener que pasar por el pasillo de las bancas. La gente se encontraba apostada a los lados.
Se contuvo como pudo.
Una figura adulta ubicada al final del pasillo le hizo llorar. Era la mismísima Eleanor Baker, quien lucía un angelical semblante:
- No dejes que le haga daño. Estaremos aquí para ayudarte, hija – le dijo en un tono muy suave y al instante, Candy perdió el conocimiento de la impresión.
Cuando regresó en sí, Terry estaba sosteniéndole ambas manos. Le miraba extrañado:
- Pecosa, ¿qué te pasó?, llevo rato hablando contigo y no dices nada – le dijo mientras la rubia veía a su alrededor. Estaba fuera de la habitación de Nicole.
- ¿Cómo llegué aquí?, yo… estaba en la capilla – frunció el ceño, confundida.
- ¿En la capilla?, Candy, creo que necesitas descansar mi amor. No puede ser posible. Venías caminando y hablando con una simpática enfermera anciana, por cierto, muy parecida a mi madre – su voz era de preocupación.
Su esposa decidió no sacarlo del error. La había visto, de eso estaba segura.
- ¿Cómo sigue mi hija? – desvió la conversación.
- Los doctores han estado vigilándola constantemente. No tiene problemas internos de salud pero – se quedó callado antes de proseguir. Su expresión era de confusión y miedo - ¿Lo viste verdad Candy?, ¡dime que viste lo mismo que yo! – la abrazó, desesperado.
Ambos se quedaron así durante un buen rato. Aquella fue la noche más larga de toda su vida.
No imaginaban que lo que había acontecido, sería solo el inicio.
Un día después de la crisis de la gemela, el médico se encontraba hablando con sus padres, mientras Nicole comía con voraz apetito su desayuno. Increíblemente, no recordaba nada. Todos la observaban incrédulos.
- ¿Está seguro de lo que dice? – Terry alzó una ceja, en señal de confusión.
- Los exámenes generales no demuestran alteración alguna, señor Grandchester. Los paramédicos me han comentado por igual el estado en el que se encontraba su hija, y no sabría explicarle a ciencia cierta lo qué le ocurre. Creo que es prudente dejar a Nicky unos días más en el hospital – el doctor observaba constantemente la hoja del informe médico. Estaba completamente asombrado por la excelente salud que poseía la paciente. No había rastro alguno de anomalía física o mental.
- ¿Hay alguna posibilidad de que vuelvan a repetirse las mismas reacciones? – preguntó Candy, consternada.
- No las ha presentado a lo largo de este día, y dado que las ha tenido de forma excepcional, estoy en la imposibilidad de contestar a su pregunta. Sin embargo, le prescribiré un tranquilizante y un antidepresivo. Es necesario que la vea un psicólogo. No dude en llamarme en caso de alguna emergencia. Le daré mi teléfono personal – el galeno les dio una tarjeta con sus datos personales.
- ¿Es necesario que permanezca por más días en el hospital?, mi hija ha dicho que ya quiere irse – el actor estaba de brazos cruzados, mientras se quedaba pensativo.
- Como ustedes lo deseen. Yo opino que permanezca por un par de días más, pero finalmente, la opción la tienen los padres – la pareja se quedó observando.
- Nos iremos a casa. Cualquier emergencia que se presente, no dude en que le contactaremos – determinó Terry.
Al salir del hospital por la tarde, la familia iba en completo silencio en el auto.
Nicole hablaba con ellos como si nada hubiese sucedido. Inclusive, había pedido a su madre que se sentara a su lado, mientras ella acurrucaba su cabeza en su regazo. Iban abrazadas. Candy acariciaba dulcemente sus rizos:
- ¿Me van a decir por qué me trajeron al hospital, por fin? – la pregunta hizo que su padre se estacionara en una de las aceras para poder encararla de frente.
- Nicky, ¿estás segura que no recuerdas nada? – la observó fijamente.
- Papi, te he dicho que yo me quedé dormida y cuando desperté, estaba en el hospital con esa aguja en mi brazo y muchos doctores viéndome. ¡Les juro que no recuerdo lo qué pasó! – se expresó con tal inocencia que el actor desistió de insistir.
- Anoche tuviste una crisis nerviosa. Saltabas de tu cama y gritaste que no nos acercáramos a ti, – la rubia omitió hacer algún comentario sobre el fuerte golpe que le había propinado y desvió un poco el tema - hija, por favor, quiero que me respondas esta pregunta: ¿has estado hablando con alguien que nos conoce? – Nicole se quedó sorprendida. Su verde mirada se ensombreció.
- No. ¿Por qué?
- Sé que últimamente has estado muy interesada en saber cómo nos conocimos tu madre y yo. ¿Me quieres explicar con qué objetivo lo haces?, o debería preguntar, ¿por influencia de quién lo haces? – Terry la cuestionó con el rostro serio. Nicole volteó a ver a su madre pero ella desvió la mirada hacia algún punto imaginario en la ventana.
- Es simple curiosidad, papá. He preguntado a mi mami desde tiempo atrás. No lo hago tan seguido. No conozco a nadie más que me pregunte por ustedes. Ni siquiera tengo amigas – su padre la interrumpió.
- ¿Quién es esa supuesta persona que te comprende y escucha en el colegio entonces, Nicky? – el rostro de la gemela palideció al escucharle referirse a eso. Lo había mencionado en la casa de su abuelo.
- Se llama Sue y es profesora de los alumnos más pequeños. Es muy tierna y muy comprensiva conmigo. La veo muy poco de hecho. Aprovecho los recesos para charlar con ella – las palabras hicieron mella en la rubia.
- Quiero conocerla y mañana iré contigo a la escuela para que me la presentes. Seguro la directora la conoce también y podría darnos referencias sobre ella – la sugerencia sorprendió a Candy, haciéndole voltear a verlo.
- Como quieras. Verás que no miento – respondió en tono desafiante su hija.
Terry volvió a encender el vehículo y se dirigieron a casa.
Al llegar, los empleados se encontraban ya en la residencia.
Por petición expresa de Candy, les pidieron permanecer en la residencia debido a que estarían saliendo frecuentemente. No entraron en detalles con respecto al extraño comportamiento de su hija. No hacía falta. El personal ya se había percatado de la tensa situación en esa casa, pero tan discretos como siempre, se reservaban sus comentarios.
Inclusive la propia Theresa se mantenía alejada de ellos, para no molestar.
Charles llevó a Nicholas y Anisha a su hogar.
Saludó brevemente a Terry y Candy y se retiró después de una breve charla en la que tuvo más detalles sobre el estado de salud de su hija.
Por la noche, después de haber acostado a Nicholas, a quien habían tenido que tranquilizar, y de quien aceptaron la sugerencia de compartir la habitación con Anisha, la pareja se dirigió al cuarto de Nicole.
La gemela se encontraba sentada en su cama, mientras observaba su uniforme y sus enseres escolares ya listos para el día siguiente. Había sido un fin de semana ajetreado. Al entrar sus padres, les recibió con una enorme sonrisa:
- Papi, entonces, ¿mañana me irás a dejar a la escuela?, ¡estoy feliz y sé que mi mami irá también! – aplaudió brevemente con las manos.
- Aquí estaremos puntuales para acompañarte. Te iremos a dejar a tu salón, después de que hablemos con la directora – le recordó su padre. Nicky ni se inmutó.
- Hasta mañana – se metió en las cobijas y esperó a que sus padres le dieran el beso de las buenas noches.
Ya dentro de su alcoba, Candy y Terry yacían despiertos, mientras se miraban con temor:
- Tengo miedo, mi amor – el cuerpo de la rubia tembló por un instante, a lo que su esposo respondió con un cálido abrazo.
- Jamás en mi vida había visto una cosa así. ¡Dios mío!, ¡Mi Nicky parecía una lunática!, yo también me asusté al ver la fuerza con la que te aventó – la apretó más contra sí.
- Esa misteriosa amistad tiene algo que ver. Estoy segura. No dejo de pensar en esas insultantes palabras – su esposa sollozaba en silencio.
- Mañana nos daremos cuenta de quién se trata. Charles está al tanto de la situación y compensaré mis salidas extendiendo el horario de trabajo. Por favor, pecosa, te pido me comprendas. Tengo una familia que mantener y mi trabajo me exige mucho también. Sabes que te amo, ¿verdad? – le dio un beso en la frente.
- Entiendo, Terry. He estado pensando en la propuesta del reverendo Folsom. Esta semana lo iré a visitar – su marido la secundó.
- Verás que te hará mucho bien, Candy. Ese hombre me da confianza. Creo que harás nuevas amistades en ese lugar – se quedaron después en silencio.
Horas después, al estar sumidos en un sueño profundo, nadie se percató de que una silueta femenina se encontraba parada en el patio de la casa abandonada.
La misteriosa figura flotó hasta saltar la cerca de la casa y acercarse hacia la fuente, recorriéndola en círculos. Los rasgos físicos se hicieron más nítidos, dejando al descubierto la pálida tez del cadavérico rostro, cuyo cuerpo se hallaba envuelto en una sucia bata de hospital y unas delgadas pantuflas de un rosa deslucido. Un chillido tétrico salió de su garganta, asemejando una risa macabra, mientras volteaba hacia la mansión de los Grandchester.
Sólo una persona había sido testigo del extraño acontecimiento.
Theresa Straub decidió salir de la casa, con un crucifijo y un hisopo, probablemente con agua bendita. El viento arreció de forma sobrenatural, como si intentase tirar la figura de la enjuta mujer.
- ¡Aléjate de esta casa! – gritó, reprimiendo el inmenso miedo que inundaba su ser.
La aparición respondió con una grotesca carcajada. Theresa se estaba acercando hasta situarse a unos pocos metros de ella.
- ¡En el nombre del Señor exijo que te alejes, demonio!
No hubo respuesta. Un silencio mortal le envolvió por completo.
El viento ya no soplaba como antes.
Ni siquiera escuchó el ruido normal de los animales.
La inquietud se apoderó de su corazón. Echó un vistazo a su alrededor e intentó dirigirse de nueva cuenta a la residencia. Algo se movió bajo sus pies.
La tierra se volvió tan blanda que parecía hallarse caminando sobre arenas movedizas. De súbito, un par de manos emergieron del suelo jalándola hacia su interior.
Theresa gritó como pudo, pero fue inútil. Nadie la escuchó.
Fue hundiéndose lentamente mientras sus ojos y su garganta expresaban el miedo ante lo inevitable. Presintió el siniestro paso de la muerte que acechaba desde lo más profundo de aquella derruida casa. Una inmensa negrura envolvió su mente.
Cuando despertó, se dio cuenta que se hallaba en el solitario y abandonado salón de la casa contigua.
La misma silueta le observaba desde uno de los rincones y la mujer pudo sentir la imponente maldad que emanaba de aquel espantoso ser. Ésta se fue acercando peligrosamente a ella y con terror, vio como las oscuras manos se posaban sobre su cuello, tratando de asfixiarla. Gritó hasta el último aliento.
Mientras tanto, en casa de los Grandchester todos dormían, sin percatarse de que el ama de llaves había desaparecido.
