Capítulo 9: Tormentas y dioses

Allen Malenbeck

Año 278 después de la conquista

—Cierra la puerta —El anciano ordenó con cautela, o más bien, eran una súplica, no una orden. Allen hizo lo que le pedían, cerró la puerta y cortó el flujo de aire pestilente.

El bosque ponzoñoso era un lugar desagradable, se encontraba lleno de pantanos y la pestilencia negra corrompía el aire del lugar. "La pestilencia oscura", era una concentración extraña y misteriosa de aire inoloro con un tono negro intenso, nadie en la ciudadela conocía su origen, solo que se originaba en los pantanos más pútridos y desagradables del mundo.

—Hahaha, un ¿Maestre le teme a la pestilencia oscura?, temen a lo que desconocen, así son todos los de tu tipo, anciano —la mujer sonrió y se burló de su maestro.

—La pestilencia oscura en grandes concentraciones cusa la muerte roja —Afirmó el chico, queriendo defender a su maestro.

La "mujer" o mas bien bruja, le dedicó una sonrisa burlona y despectiva.

—He vivido en estos pantanos desde que tu puta madre te tenia en su gordo vientre, ¿Me ves padeciendo la muerte roja?

Allen enfureció de ira y pudo sentir como su rostro ardía en llamas. De no ser por la insistencia de su maestro en la "extrema necesidad" de contar con la bruja, ya la habría atacado desde hace mucho tiempo.

—Lady Kalane, hemos venido aquí por recomendación del maestre Marwyn, hemos recorrido el mar del verano para discutir sobre las velas de vidrio.

Allen sabia que era una locura, toda la situación era un completa locura. Después del inaudito evento en la ciudadela, su maestro había decidido largarse a las peligrosas costas de Sothoryos, específicamente a la llamada "isla de lo sapos". Habían tenido que convivir con corsarios y piratas a sueldo, luchar contra la temible jungla del continente maldito y soportar las burlas e insultos de esta supuesta "bruja".

—Eso ya lo sé viejo tonto, comprendo perfectamente la urgencia de la situación… mi propia vela de vidrio ardió y me reveló grandes misterios.

La bruja prosiguió a sentarse en una silla de madera, Allen observó a su alrededor. Toda la choza era espeluznante, hierbas de diferentes colores colgaban del techo, animales que nunca había visto en Westeros se encontraban enjaulados por todos lados, y los gemidos de las creaturas era asquerosamente repugnantes.

—Algo sucederá anciano, algo muy importante.

Allen se molestó por las palabras de la bruja.

—¡No hemos venidos hasta aquí solo para escuchar algo tan obvio! —dijo con frustración. Allen no había recorrido medio mundo para escuchar tonterías.

La bruja no se inmutó por sus quejas, en cambio se dirigió a su maestro.

—Debemos pedir conejo a los dioses oscuros —Kalane suspiró. Allen observó que la actitud desafiante de la mujer se había derrumbado, sus ojos expresaban… ¿Miedo?

—¿Dioses oscuros? —el maestre Walgrave comenzó a tocar suavemente la extensa barba que recorría su barbilla. Allen siempre había pensado que eso le otorgaba una gran aura de sabiduría a su maestro.

—¿De que dioses oscuros hablan? —Allen preguntó, totalmente desconcertado.

Allen solo conocía algunos "dioses" o mas bien ídolos venerados. Él conocía a la fe de los siete, los antiguos dioses del Norte y algunas de las deidades de Essos, como R'hllor y el dios caballo de los Dothraki… para Allen todos eran inventos tontos creados por los mortales para dar sentido a los fenómenos naturales. Allen sabía que su posición era la predominante dentro de los maestres de la ciudadela, sin embargo, el encendido de las velas de vidrio había causado que se cuestionara si algo de esos "dioses" era verdad.

—Dime chico —Kalane se levantó de la silla y comenzó deambular por la choza. Dando pequeños pasos y acariciando cuidadosamente objetos al azar, una actuación que no concordaba para nada con su personalidad anterior. Allen podría describirla incluso como, ¿Seductora?

Allen no se había observado detenidamente a la "bruja", ciertamente era una mujer bella. Tenía el caballo rojo intenso como el fuego, rasgos detallados y finos que recordaban a las mujeres de descendencia Valyria. Su cabello pelirrojo, que en ese momento llevaba sin alfileres, caía liso y brillante hasta la parte donde se estrechaba la espalda. Llevaba un camisón de seda purpura, y las velas encendidas en la choza hacían que su camisón se transparentase, dejando ver sus curvas.

—¿Crees en demonios o en dioses? —dijo, deteniéndose frente a él. Allen no lo había visto venir, así que torpemente dio marcha atrás, sonrojándose y bajando la vista al suelo.

—Soy un quinto hijo de una familia pequeña. No me considero ningún experto en demonios, dioses o lo que sea que me digas —Allen recuperó un poco la compostura—. Pero he visto a demasiados hombres y mujeres mortales actuar como tales, niñas de no más de seis años llegar ensangrentadas a la Ciudadela para pedir asistencia medica debido a violaciones grupales, a reyes decidir sobre el destino de otros hombres y a septons obesos vestidos con seda fina y joyas de oro afirmando que siguen designios de los "dioses".

—Chico —Kalane dejó escapar una pequeña risa, apenas audible—, Hay dioses metidos en esto. Si te mantienes en tal ignorancia, es posible que cualquier día de éstos te topes con uno de ellos y ni siquiera te des cuenta.

Allen quería replicar y decir que solo eran tonterías, pero su maestro le interrumpió.

—¿Qué importancia tiene hablar de dioses ahora? —el maestre Walgrave dijo con tono pensativo.

—En esta isla existe un antiguo ídolo construido con una extraña piedra negra aceitosa de la cual solo los dioses conocen su origen… —Kalane dijo tranquilamente—, mediante ese ídolo podemos comunicarnos con algunos de los dioses.

Kalane caminó de nuevo hacia la puerta de la choza, invitándoles a seguirla.

—Vamos, los guiaré a la estatua.

Allen observó como la mujer salía del lugar, con su maestro siguiéndola. A regañadientes él se hizo lo mismo, esperando que realmente obtuvieran algo de la situación.

"Si los dioses existen, espero nos estén observando" pensó, suspirando y caminando hacia la salida.


Daeron

Año 280 después de la conquista

Daeron, se hallaba de puntillas para asomarse por encima de la almena. A su espalda se erigía la fortaleza roja, capital y centro de poder del Imperio, una fortaleza llena de historia, puesto que fue el lugar de desembarco cuando su antepasado, Aegon el conquistador, llegó a Westeros y el continente había sido conquistado. En ese entonces según decían, la fortaleza era apenas un pequeño fuerte mal construido, ahora poco quedaba de ese pequeño fuerte. La fortaleza había sido engrandecida por los diversos reyes, hasta alcanzar su máxima gloria justo antes de la temible guerra civil de "la danza de dragones".

Daeron estaba demasiado familiarizado con la antigua fortificación, que se imponía sobre la ciudad, aun así, la fortaleza siempre podía despertar su interés. Aquella visita era común para él, que había crecido dentro de esos muros, hacía tiempo que había explorado el patio de armas con sus adoquines levantados, el viejo fuerte construido por Aegon (que a esas alturas servía más de establo, y almacén para los granos de comida), los viejos salones (tantos que algunos estaban llenos de polvo y telarañas), incluso ya había explorado todos los túneles ocultos que llevaban a pozo dragón.

Era mediodía, pero el cielo estaba oscurecido y enormes rayos dejaban ver grandes destellos de luz, haciendo tronar el cielo. La "tormenta", sin lluvia, volvía lúgubre y cargado el ambiente. El cielo había estado así desde hace una semana completa, su padre, el rey Aerys, había llamado a los grandes septons y maestres del reino. Los septons rezaban a los siete para recibir una respuesta, los maestres decían que era un extraño fenómeno natural, pero ninguno tenía una solución concisa a la "tormenta".

Después de uno de esos grandes truenos, otro chico vestido de soldado, acompañado por el estruendo metálico de la armadura, se le acercó en la muralla. Se inclinó, apoyando en la almena los antebrazos, y sonriendo comenzó a hablar.

—Bonito día, ¿No, Daeron?

Daeron sabia perfectamente quien era ese "soldado", con la armadura roja y un elegante león dorado forjado en el peto de la misma. Jaime Lannister gran amigo de la infancia y ahora compañero de armas. Desde el torneo de Lannisport que había sucedido ya hace cuatro años, Jaime se había mudado a la fortaleza roja por insistencia de su padre, para "fortalecer" el lazo de los Lannister con la corona, aunque había quien llamaba a Jaime un "rehén" para asegurar la lealtad de la mano del rey, Lord Tywin.

—Los septons dicen que los dioses están enojados —Daeron dirigió su mirada a Jaime—, que algo muy malo sucederá en el futuro.

Jaime sonrió de manera arrogante, muy típico de él.

—Los maestres dicen que se trata solo de un fenómeno natural, dicen que el cielo es extraño, pero no sobrenatural, dicen que desaparecerá en unos días.

Daeron no podía dejar de pensar en los dichos de la "bruja" le había contado en las tierras del oeste. Tal vez no eran tonterías, tal vez los dioses estaban enojados y esa "tormenta" era una señal de lo que estaba por venir… o tal ves solo era su sugestión y realmente los maestres tiene razón al decir que la "tormenta" solo se trataba de un extraño fenómeno natural.

—Solamente falta un año para que te cases con mi dulce hermana —Jaime le miró con una mirada picara—, escuché que se ha vuelto la mujer mas bella de todos los siete reinos.

Daeron solamente dejó escapar un pequeño bufido. Daeron se había enterado del compromiso inmediatamente después de haber dejado Lannisport, sinceramente no le agradaba casarse con una chica que había alabado y adorado tanto a su hermano, Rhaegar. Su hermano ya se había casado e incluso tenido una hija con la princesa Elia de Dorne, sin embargo, eso no había ablandado ni un poco el carácter frio y melancólico de su hermano, seguramente seguía obsesionado con sus tontas profecías.

Cuando estaba por continuar la inútil conversación con su amigo, otro soldado los interrumpió. Se trataba de Ser Jonothor Darry, su fiel amigo y guardia real.

—Mi príncipe, un maestre llamado Walgrave quiere reunirse urgentemente con usted.

Daeron estaba intrigado, no todos los días un maestre le pedía una reunión, después de todo, solamente era un segundo hijo.

—Recíbelo en mis aposentos, no negaré una reunión a un maestro del conocimiento —dijo, provocando la risa burlona de Jaime. Darry asintió y se marchó de lugar.

—¿Vienes? —preguntó a Jaime.

—¡No me perdería una reunión para escuchar balbucear a un anciano de la ciudadela!

Ambos sonrieron y comenzaron la caminata hacia dentro del castillo. Daeron sentía que algo sucedería, aunque no sabía exactamente qué.


Recordatorio

Si están confundidos por los personajes, deben revisar el capitulo 7 "Insulto real". En ese capitulo aparece tanto el maestre Walgrave como su novicio, Allen.

Glosario ingles/español:

Ídolo de piedra negra

"The Toad Stone is an ancient idol located in the Isle of Toads, one of the Basilisk Isles. It is described as standing forty feet high and being made of greasy black stone, crudely carved into the semblance of a gigantic toad of malignant aspect."

"El Sapo de Piedra es un antiguo ídolo ubicado en la Isla de los Sapos. Esta tallado en piedra negra y resbaladiza, con la forma de un sapo gigante de aspecto maligno de quince varas de altura".

Muerte roja

"The Red Death was a disease that erupted in the slave pens of Gogossos seventy seven years after the Doom of Valyria. It swept across the Isle of Tears and then spread across the rest of the Basilisk Isles. It killed nine of every ten men, who died screaming, bleeding copiously from every body orifice, their skin shredding like wet parchment".

"La Muerte Roja fue una enfermedad que estalló en los corrales de esclavos de Gogossos setenta y siete años después de la Perdición de Valyria. Se extendió por la Isla de las Lágrimas y luego se extendió por el resto de las Islas Basilisco. Mató a nueve de cada diez hombres, que murieron gritando, sangrando copiosamente por todos los orificios del cuerpo, con la piel desgarrada como un pergamino húmedo".

Todo esta narrado en el universo de canción de hielo y fuego, es extremadamente recomendable pasarse por la wiki de ASOIAF.