Disclaimer: Los personajes que reconozcáis y el universo le pertenecen a JK Rowling. La historia es mía. No obtengo beneficios económicos al escribirla.


Aviso: Este fic participa en el Reto #44: "La magia del azar" del foro Hogwarts a través de los años.


Categoría: Personajes de Gryffindor.

Prompt: Enamoramiento.

Palabras: 500.


La paciencia del león


-Seamus, no es el fin del mundo. -Dean suspiró. -Solo tienes que intentarlo de nuevo.

-¿Pero por qué no lo entiende? Es que más claro no puedo ser. A no ser...

El moreno miró a su mejor amigo. ¿Qué plan descabellado se le habría ocurrido?

-A no ser que sí lo haya entendido y que no quiera nada conmigo. ¿Es eso, no? Le he asegurado que alguien siente cosas por él, que tiene un posible admirador secreto, le he enviado cartas...

-O tal vez Mirtle te mintió y no lo vio besarse con ningún chico. -Thomas apuntó.

Finnigan se sentó en su cama y sintió como sus ilusiones se desplomaban.

-Sí... Quizá sea eso. O a lo mejor no se ha enterado todavía...


-No lo entiendo, padrino. Se comporta muy raro. Al principio se interesaba por las cartas que me llegaban, luego me traía cosas de Irlanda... Y ahora cada vez que me ve, que por cierto es todo el tiempo, dice algo sobre mi ropa, mi pelo, mis ojos, cómo camino... ¿Es algún tipo de broma extraña?

Sirius no quiso reírse pero no podía contenerse. ¿De verdad Harry era tan denso?

-¿No es obvio? -Le preguntó.

Harry lo miró mal.

-Si fuera tan obvio, no habría esperado hasta las vacaciones de navidad para preguntarte en vez de hacerlo por carta.

Black se estremeció.

-¿Y desde cuándo ocurre esto?

-Desde finales de mayo. -Admitió. -Al principio no sabía que las cartas eran suyas...

-¿Y lo has tenido esperando tanto tiempo? -Sirius le preguntó.

El menor frunció el ceño.

-¿Esperando para qué?

-Cachorro... Ese chico está enamorado de ti.

-Sí. Tiene sentido. Lo había pensado, pero luego me dije: ¿Cómo puede ser? Y lo descarté.

-¿Y por qué sería imposible? -Black no daba crédito.

-Bueno... No estoy seguro. -Murmuró. -¿Y cómo sé si lo está?

Su padrino suspiró.

-Lo está.


Seamus decidió esperar a Harry en la estación. No quería esperar hasta llegar a Hogwarts.

Cuando lo vio se apresuró a su encuentro y le sonrió.

-Hola, Harry. Bonito jersey. Combina con tus ojos.

-Supongo. Gracias. -Dijo inseguro.

Sirius los estaba escuchando no tan disimuladamente.

-Oye Harry... ¿Quieres sentarte conmigo en el tren? -Finnigan trató.

-Claro. Será divertido.

-Solos. -Insistió el irlandés.

-Oh, claro. Sí. Será genial.

-Como una cita. -Probó.

Harry lo miró desconcertado y Seamus quiso gritar.

¿Por qué era tan complicado?

-Harry. Me gustas. Estoy enamorado de ti. Quiero que seamos pareja. -Soltó.

-Veo. Pensé que podría tratarse de eso aunque no estaba seguro. -Potter comentó.

-¿Y bien? -El de pelo color arena pensó que al fin estaban llegando a alguna parte.

-¿Y bien qué?

-Te he dicho lo que siento. Me gustaría que me dijeras lo que piensas.

Harry asintió.

-Tiene sentido. Entonces... Digo que lo entiendo y que me gustaría todo eso que has dicho. No sé por qué no lo has expresado así desde el principio. Habría sido más sencillo.

Seamus suspiró. Iba a quedarse calvo a los 20. Estaba seguro.

El animago rió. Fuerte.