Capítulo 8
Mirajane apareció en el apartamento un poco antes de las seis de la tarde. O al menos lo intentó, porque primero golpeó la puerta, haciéndola vibrar, y luego llegaron los insultos y las patadas, ante la imposibilidad de entrar.
-¡Juvia! ¿Juvia? ¿Por qué demonios no se abre la puerta?
Una vez que deslicé el pasador, entró en el salón.
-Tienes la puerta estropeada – aseguró con el ceño fruncido.
-No. Gray ha instalado un pestillo. Le preocupaba la seguridad del apartamento.
Una mañana, poco después de que Gray desapareciera para ensayar con el grupo, llegó un tipo rubio y musculoso. Al parecer, las estrellas del rock delegan sus tareas domésticas al jefe de su equipo de seguridad. Ese hombre instaló un nuevo cerrojo en un periquete. Fue muy eficiente y amable. De hecho, la experiencia resultó un tanto rara.
-¡Guau! – le dije observando su aspecto impecable -. Estás fantástica. – Llevaba un elaborado peinado con una orquídea lila detrás de la oreja y un vestido de fiesta -. ¿Por qué te has arreglado tanto? ¿A dónde vas?
-¡Bah! ¿Te refieres a este trapo viejo? – Pasó una mano por el elegante modelo de seda color caramelo -. Gracias. Solo he pasado un momento para decirte que te lo has montado genial enrollándote con Gray Fullbuster. Seguramente no te merece, pero espero que disfrutes con él.
-Mmm… Gracias.
-Cuando me lo contó, no podía creérmelo. Un amor a primera vista. Un flechazo. ¿No es increíble, Juvia? – Noté que se el empañaban los ojos. ¡Mierda! -. Creo que hacéis una pareja fantástica. Por cierto, ¿por qué no estás arreglada?
-¿Eh?
Justo en ese momento Gray salió de la habitación que había sido de Sherri con un traje negro de tres piezas. ¿Desde cuando me parecía excitante que los hombres llevaran chaleco? Noté que se me encogían los pulmones. Era eso, o bien la habitación se estaba quedando sin aire. Gray estaba muy elegante; llevaba el pelo retirado de la cara y sujeto detrás de las orejas, por lo que se podía ver el ángulo de su mandíbula. Todavía no me había acostumbrado a verlo medio desnudo por el apartamento, pero que apareciera con un traje de Armani… No me daba tregua. Imaginé que postrarme a sus pies sería la reacción más adecuada para un espectáculo de este calibre. Todavía no sé cómo me las arreglé para permanecer de pie.
Bond y sus imitadores no le llegaban a la altura de los talones. Un batería con traje de vestir era un asunto muy serio.
Mirajane me lo demostró cuando soltó un largo silbido de admiración.
-Gray… ¡Guau! ¿Desde cuando eres modelo de pasarela?
-Perdona, Mirajane, pero solo mi bomboncito puede tratarme como un hombre objeto – protestó, estirándose los puños. Unos puños con gemelos.
-¡Joder! – murmuré, aunque luego me cubrí la boca con la mano por haber dicho tal cosa. No solo era idiota, estaba decidida a demostrarlo.
-Cuando quieras… - me respondió, guiñándome un ojo. Menudo mentiroso.
-Creo que tu bomboncito todavía no se ha vestido – intervino Mirajane, ignorando el intercambio de frases.
Él me miró y frunció el ceño.
-Juvia… Nats quiere que vayamos arreglados. No puedes ir con jeans y una camiseta.
-No sé de qué estás hablando.
-¡De la fiesta! Venga, bombón, espabila. No tenemos tiempo para arrumacos.
Sacudí la cabeza. No tenía ni idea de qué estaba diciendo.
-Venga, ya está bien. No sé a qué os referís. ¿Podéis darme alguna pista?
-Ya te lo conté – me dijo Gray con gesto de complicidad.
-¿Igual que me contaste que pensabas venir a vivir conmigo?
-¿No le dijiste que ibas a vivir con ella? – preguntó Mirajane en voz baja, de una forma letal.
-Era una sorpresa – aseguró él, encontrando una disculpa con rapidez -. Un gran gesto romántico por mi paste. Además, sabía que Juvia me quería aquí con ella. Pero es demasiado tímida para decir esas cosas. ¡Mírala!, se podría decir que adora el suelo que piso. Y ya la has escuchado, exigiéndome sexo a todas las horas del día. Y es que no puedo dárselo si no estoy con ella, ¿verdad?
Mirajane arqueó una ceja.
-Gray, cuando me llamaste me dijiste que ella había dicho que sí, pero que se había olvidado de darte una llave.
-Bueno, era prácticamente la verdad. – Alzó las manos en el aire -. ¡Venga, señoritas!, no tenemos mucho tiempo.
-Juvia, lo siento – se disculpó Mirajane.
-No pasa nada. Me alegro de que Gray esté aquí. – Y aunque la idea me tentaba, lanzarle algo en este momento no iba a ayudarme demasiado. Respiré hondo e intenté mantener la calma -. Retrocedamos un poco y vais a responder a mi pregunta: ¿podéis darme alguna pista? Esta noche tenemos un acontecimiento de etiqueta, ¿verdad?
-Ya te lo dije – Gray arrastró las palabras mientras sacaba el teléfono del bolsillo y deslizaba el dedo sobre la pantalla antes de ponérmelo delante de la cara -: Soy un buen novio, ¿ves?
En el mensaje se podía leer:
Tienes la American Express encima de la mesa. Vístete de gala para esta noche
Sin embargo, mi nombre no estaba a la vista. En efecto, había una tarjeta de crédito negra sobre la mesa del comedor, aunque yo pensé que se la había olvidado. La idea de que la dejó allí para que yo fuera de compras no se me había pasado por mi cabeza, ni un solo segundo.
-Perdona. Ahí pone que le has enviado el mensaje a una mujer llamada Jenny – repliqué con firmeza -. No me lo has mandado a mí, Gray.
-¿En serio? – Miró el teléfono sorprendido -. ¡Joder! Qué despiste.
-¿Quién es Jenny? – intervino Mirajane.
-Ni idea, pero me parece que aún debe de estar buscando la tarjeta – se rió -. Como si se la dejara a cualquiera. Lo siento, Juvia. ¿Podrás improvisar algo elegante? Tenemos que marcharnos ya.
-¿A dónde?
-Por ahí.
Fruncí en ceño, pero no me moví ni un centímetro.
-Venga, dime algo más… - lo animé.
-Es una fiesta que dan Nats y Lu con motivo de su aniversario de buda. Ya. Ya sé que no ha pasado ni un año desde que se casaron, pero ¿quién los entiende? La cosa es que Nats se ha volcado en esto y nos ha pedido que vayamos bien vestidos. Lo siento, lo he jodido todo al no avisarte antes. – Se dejó caer dramáticamente mientras se llevaba las manos al pecho -. Por favor… Lo siento mucho. Lo siento, soy un puto desastre. ¿Ves? Mírame aquí, de rodillas ante ti, Juvia. Me arrastro como un humilde gusano a tus pies.
-De acuerdo, de acuerdo. Iré contigo. Pero la próxima vez asegúrate de que me envías a mí el mensaje.
-Lo haré. ¡Gracias! ¡Muchas gracias! – dijo de forma efusiva, poniéndose de pie de un salto -. ¡Eres la mejor, bomboncito!
Sólo tenía un vestido apropiado en mi armario. Un modelo vintage de encaje negro, estilo años cincuenta. Lo había comprado el año anterior para celebrar mi vigesimoprimer cumpleaños. Siempre que me lo ponía me sentía como si acabara de salir del plató de Mad Men. Por suerte, mi pelo no estaba demasiado mal, así que podía dejármelo suelto. Me apliqué algo de corrector, un poco de máscara de pestañas y brillo de labios. ¡Listo! Maquillada en menos de cinco minutos, todo un récord. Algún día de estos me arreglaría de verdad para ir a algún evento de los Fairy Tail, pero no sería ese día.
En el salón, Mirajane y Gray seguían discutiendo.
-No puedo creerme que le enviaras un mensaje a una mujer que no es tu novia – replicaba Mirajane, intentando que no la oyera.
-Bueno. ¿Mi novia está enfadada? Yo diría que no. Así que… dime, ¿por qué te importa tanto?
-Como le hagas daño, Lu y yo nos turnaremos para sacarte el hígado con una pala. Así que… mucho cuidadito.
Era una imagen horrible, pero no pude evitar sonreír al escucharla de boca de Mirajane. Me gustaba la sensación de que mis amigas me protegieran.
-No se puede sacar el hígado de nadie con una pala – se burló Gray.
-Claro que se puede. Solo que habría más sangre.
Gray soltó un gruñido.
-Y ya que estamos, ¿qué hacías en el otro dormitorio? ¿Ya se ha cansado de ti o qué?
-Tengo que guardar mi ropa en algún sitio. El armario de Juvia está a rebosar. Las mujeres no sabéis compartir el espacio.
Cerré la puerta de la habitación y empecé a quitarme los jeans y la camiseta. Luego me cambié de ropa interior. El escote del vestido era considerable, y los sujetadores que no tenían tirantes me hacían daño… y dado que mis pechos eran bastante grandes… La imagen que me devolvía el espejo me gustaba y, por suerte, el vestido aún me quedaba perfecto. Sin embargo, no podía subirme la cremallera de la espalda. Me puse los stilettos que guardaba para ocasiones especiales como esta y salí de la habitación, con el vestido puesto pero sin abrochar.
-Mirajane, ¿te importa…?
-¡Oye, oye! Eso ahora es cosa mía. – Gray sonrió y se colocó detrás de mí -. ¿A ver? Un vestido perfecto, Juvia. Elegante y con clase. Como a mí me gusta.
-Gracias.
Se acercó más y me cantó el cuello con su aliento mientras me subía la cremallera muy despacio. Al instante se me puso la piel de gallina.
-No me había dado cuenta de lo largo que tienes el cuello. Es precioso.
-Mmm…
-Y tienes unas orejas muy suaves – continuó.
-Gracias.
-Por cierto. ¿vas sin sujetador? – preguntó como quien no quiere la cosa.
-Esto… Sí. Con este vestido no puedo, se vería el… Bueno, no es necesario que hablemos de esto ahora, ¿verdad?
Me deslizó los dedos por la columna, justo antes de cerrar la cremallera. Aquel gesto me hizo estremecer y me dejó sin palabras.
-Esto va a ser un infierno, bomboncito. Voy a estar muy distraído – susurró -. Sé que me voy a pasar toda la noche tratando de mirar por debajo de tu escote.
La mirada que me dirigió me hizo sentir calor en lugares muy concretos. Ese era mi mayor problema: nunca sabía si hablaba en serio. Sabía que esa escena era para que pareciéramos una pareja delante de Mirajane, ¿no? Pero por alguna razón, no lo tenía muy claro. Algo en su tono me sonaba a que era mucho más personal. De hecho, cuando Gray empezó a tocarme, me olvidé de que ella estaba en la habitación. Aunque estaba muy presente, porque la oí quejarse en voz alta.
-¡Oh, Dios mío! Voy a taparme los oídos.
Él, que me hacía arder sin proponérselo. Tenía que controlar mis reacciones y no perder la cabeza; sólo así funcionaría nuestro acuerdo.
-Gracias – dije cuando finalmente sentí el vestido ceñido a mi cuerpo y bien cerrado.
-Ha sido todo un placer.
Esperé a que se pusiera frente a mí, pero no lo hizo. Incluso se acercó más. El cálido aroma masculino que emanaba de él, su fricción, dura como el hierro al aproximarse más… Traté de alejarme para conservar lo que me quedaba de cordura, pero él continuó acercándose. La palabra abrumador no me servía para describirlo por completo.
-¡Eh, vosotros dos! – Mirajane golpeó el suelo con el pie -. Lo que sea que estéis haciendo, ya basta, por favor. Sigo aquí.
-No le hagas ni caso, Juvia. Está celosa de nuestro amor. – Gray me rodeó la cintura con un brazo, apretándome contra él. Noté su dura erección contra el trasero de una forma inconfundible. Se suponía que éramos una pareja, pero ¿era necesario que frotara su polla contra mí? No tenía nada que ver con que me gustara… No, eso era algo en lo que no debía ni pensar.
-Sí, Gray, envidio muchísimo vuestro amor. Has acertado. – Mirajane sacudió la cabeza muy despacio -. Venga, tenemos que salir ya. Lax nos está esperando y no le gusta nada esperar.
-Será mejor que nos vayamos – susurré a Gray, que seguía pegado a mí.
-Sí. – Su voz era tierna y soñadora, y prometía buenos momentos salvajes en la cama. Al ponerse delante de mí me mostró su sonrisa habitual -. Bomboncito, ¿por qué no te despegabas de mí? ¡Hay que ver! No tenemos tiempo para hacerlo ahora. Siempre tan ardiente…
Sin duda, a veces la tentación de golpearle era muy fuerte.
0o0o0
En el apartamento de Natsu y Lu había el doble de gente que la última vez que estuve allí. Gente de todas las edades, desde adolescentes hasta ancianos, conservadores o provocadores… Y todos estaban engalanados para la ocasión. El lugar estaba decorado hasta el último metro. Había velas blancas de todos los tamaños en cada rincón de la estancia. Jarrones llenos de flores en cada superficie libre. El sonido de las copas y los estallidos al abrir las botellas de champán sonaban por encima de los acordes de rock clásico. El ambiente de esta noche era sin duda mucho más romántico, más elegante, como más familiar. En el aire vibraba una curiosa expectación. Todo resultaba muy emocionante.
Gray no me soltó la mano en ningún momento. Sentía sus largos y cálidos dedos rodeando los míos. Interpreté a la perfección esas señales y me quedé a su lado. Cuando alguna sirena trataba de acercarse a él, me utilizaba como escudo con un te presento a Juvia, mi novia. Casi me caí las primeras veces que lo escuché, pero una vez que me acostumbré, gané en soltura. Cuando vi venir a la última, simplemente me limité a levantar una mano mientras le soltaba un está conmigo. Se lo tomó bastante bien.
-He llegado a pensar que iba a pegarme – confesé a Gray, mirando a la decepcionada de turno mientras se perdía entre la multitud -. Ser tu novia es un deporte de riesgo.
-¡Qué quieres que te diga! Soy un magnífico ejemplar de masculinidad. Todas me desean, no puede ser de otra manera. Pero te agradezco mucho que protejas mi honor.
-Eso espero. – Sonreí.
-Ven, quiero presentarte a Jerall. Te caerá muy bien. – Se abrió paso entre la gente, arrastrándome con él -. Perdón… Perdón… Dejen paso.
Jerall Dragneel estaba junto a la chimenea como si lo hubieran pintado allí mismo. Aquel hombre era puro arte en movimiento. Pelo azul y peinado hacia atrás, brillantes ojos marrones…No se parecía mucho a su hermano, Natsu, era también alto y delgado, pero parecía más tranquilo y algo más robusto. Más intenso, si eso era posible. Quizá Lu había sosegado a Natsu. Pero, sin duda, Jerall no tenía la tierna mirada de un hombre enamorado.
La incisiva mirada que le lanzaba a la mujer que tenía al lado no era precisamente amable. Ella erguía la cabeza y no le hacía nada de caso. Estoy segura de que no habría sido capaz de mantener tal indiferencia. Jerall Dragneel poseía un magnetismo que hacía difícil no prestarle atención. Circulaban muchos rumores sobre lo que había estado haciendo desde que salió de rehabilitación. Dado el tamaño de sus músculos, yo apostaría por el levantamiento de pesas. Gajeel era un tipo robusto, grande como un leñador. Pero Jerall parecía haberse esforzado en parecer tal cosa.
-¡Hey, Jer! – lo saludó Gray, haciendo un sitio a su lado para mí -. Te presento a mi novia, Juvia. Juvia, este es Jer.
En efecto, Jerall me dirigió el mismo movimiento de barbilla que los demás. Era una especie de apretón de manos secreto, como un código entre ellos. Así que le respondí con el mismo gesto. Sonrió, pero fue tan fugaz que pensé que me lo había imaginado.
Gray se inclinó delante de mí, justo a pocos centímetros de mi nariz.
-¿A ver? No. No te hacen chiribitas. Tu teoría se ha caído por su propio peso, bomboncito. Solo te salen conmigo.
-Encantada de conocerte, Jerall – dije, apartando un poco el rostro de mi novio falso.
-¿Sigue haciendo eso con los ojos? – le preguntó Jerall Gray.
Sí, las estrellas de rock eran muy cotillas. Y aquí tenía prueba.
-La lujuria no tiene fecha de caducidad, Jer. Hola, Erza. Estás muy guapa. – Gray le tendió la mano a la chica que acompañaba a su amigo. La distante actitud de ella se volvió cálida al instante. Qué cosa más rara…
-Hola, Gray. ¿Qué tal va todo? – La joven estrechó sus dedos con suavidad antes de ofrecerme a mí su mano. El cabello pelirrojo le caía sobre la espalda y llevaba unas gafas con montura de pasta azul oscuro -. Tú debes de ser Juvia. Es un placer conocerte. Gray nos ha hablado mucho de ti.
-¿En serio? – Le sostuve la mano mientras le devolvía la sonrisa.
-Sí. Durante el ensayo de hoy solo ha hablado de ti – aseguró.
-Ay, es que es el amor de mi vida – dijo Gray con un suspiro, poniéndome un brazo sobre los hombros.
-¿Lo ves? Eres el amor de su vida. – Erza esbozó una sonrisa. Al parecer solo detestaba a Jerall.
-Será esa semana… - replicó Jerall.
Erza volvió la cabeza hacia él con un suspiro. No fue necesario decirle más.
-Lo siento – se disculpó Jerall con una sonrisa forzada -. No debería haber dicho eso, chicos.
Gray hizo como si no hubiera escuchado eso último.
-Bomboncito, Erza es lo que llamaos una niñera – me explicó Gray -. Por Ejemplo, si eres un idiota que no sabe comportarse, consigues que una mujer espectacular como Erza te siga a todas partes para asegurarse de que no te conviertes un marrón para los relaciones públicas de la compañía discográfica.
-Ya he dicho que lo sentía. – Jerall escudriñó la sala, frunciendo el ceño de la misma forma que su hermano. Con ese gesto me recordó a James Dean.
- h ola. – Gajeel apareció a mi lado en ese momento y me miró desde lo alto.
Vi unos cuantos intercambios más de gestos de barbilla entre ellos. Me fijé en que todos los miembros del grupo llevaban el mismo modelo de traje negro, aunque Jerall había prescindido del chaleco y lo combinaba con una corbata negra. Gajeel llevaba también corbata y tampoco usaba el chaleco, aunque tenía las mangas subidas y había enrollado las de la camisa, que asomaban por debajo del traje. Los dos lucían varios tatuajes. ¡Oh, Dios! Tatuajes y trajes de firma eran una combinación letal.
Esta noche la media de hombres impresionantes era muy elevada. Pero Gray era el más guapo de todos, por supuesto.
-Bomboncito, ¿sabes qué?
-¿Qué?
Antes de que pudiera adivinar lo que estaba pasando, me cargó sobre su hombro y vi la sala del revés. ¡Dios! ¿Se me habría bajado el escote? Me aplasté el brazo contra el pecho apoyando la mano en la clavícula, por si acaso.
-¡Gray, bájame! ¿Qué haces?
Al instante me dejó de pie en el suelo. La sangre bajó de mi cabeza y la habitación comenzó a dar vueltas. A nuestro lado, Gajeel y Erza se rieron. Creo que Jerall estaba demasiado ocupado pareciendo aburrido, me resultaba difícil adivinarlo con las vueltas que me daba la cabeza. Estaba bastante segura de que miraba todo el mundo. Si yo hubiera visto una chica bocabajo lanzando maldiciones por la boca, hubiera alucinado, como mínimo.
-Pero si nadie ha visto nada – aseguró Gray, leyendo mi mente como un libro abierto -. ¿Estás bien?
-Sí – dije al tiempo que me estiraba el vestido.
Comenzó a frotar una mano en el hueso de mi cadera, sin dejar de mirarme.
-Lo siento, bomboncito. Lo he hecho sin pensar.
-De acuerdo.
Me miró con los ojos entornados.
-¿Estás bien de verdad o solo lo dices para que me calle y darme una patada en las pelotas más tarde?
Lo medité un momento para estar segura.
-No. Pero no vuelvas a hacerlo, o te daré esa patada.
-De acuerdo. No volveré a subirte.
-Gracias.
-No volveré a avergonzarte de nuevo, Juvia. Lo prometo.
-Te lo agradezco muchísimo.
-Ven aquí – dijo, acercándome más -. La comunicación que tenemos como pareja es cojonuda. ¡Somos la hostia!
-Sí, lo somos – convine, totalmente eufórica.
Todo era muy raro. Apenas hacía unos días que nos conocíamos, pero ya confiaba en él. Me caía muy bien y me sentía feliz de poder pasar tiempo con él. Después del desastre que había supuesto la partida de Sherri, estaba encantada de que Gray Fullbuster formara parte de mu vida. Pero ¿qué estaba diciendo? Necesitaba a Gray después de aquellos últimos siete años. Apareció en mi vida como un rayo de sol.
-Claro que sí… - susurró.
Y luego me besó, arruinándolo todo.
¿Y? ¿Qué os ha parecido? Dejadmelo en un review
