16
CAMBIO DE PLAN
HINATA ESTABA COLOCANDO los adornos navideños en la sala de estar cuando oyó ruidos en la puerta de entrada. Al instante dejó lo que estaba haciendo, la frente algo fruncida, concentrándose. No podía ser Naruto o Hiruzen, que regresaran por algo que hubieran olvidado (la habían acompañado aquella tarde a comprar los adornos).
Cualquiera de ellos la habría llamado por su nombre a través de la puerta. Naruto insistía en ello, para su tranquilidad. Escuchó un momento más, y al final identificó el sonido de una llave en la cerradura. Dejó a un lado las colgaduras y se encaminó a la puerta. Cuando se aproximó, pudo oír el murmullo de una voz, agitada y femenina.
Reconoció la voz de Shion y empezó a sonreír. Casi había llegado a la puerta cuando ésta se abrió con violencia y fue a golpear contra la pared, rozando el grupo de pinturas colgadas allí, que quedaron ladeadas.
—Hinata, ¿por qué diablos no arreglas la cerradura? —Exclamó Shion al pasar por su lado—. ¡Esta llave se atasca cada vez! ¡No puedo soportarlo!
Hinata se quedó un momento desconcertada, pero se recuperó con rapidez. Haciendo caso omiso de la evidente agitación de Shion y el hecho de que la puerta casi le había alcanzado el rostro, le dijo con calma:
—No te esperaba tan pronto. —Buscó el borde de la puerta y la cerró —. No sueles regresar hasta que es casi hora de levantarse.
«Si es que regresas», podría haber añadido, pero no lo hizo; no tenía una actitud tan arcaica, al margen de lo que Naruto pudiera comentar medio en serio en sentido contrario.
—Pues aquí estoy —musitó Shion mientras se quitaba el abrigo de armiño y lo arrojaba al otro lado de la sala; cayó de cualquier manera sobre el respaldo del sofá más próximo.
—Sasori pierde y yo gano —dijo Hinata, decidida todavía a no preocuparse por el evidente malhumor de su hermana—. Y nuestros caminos se han cruzado en el momento más oportuno. Por una vez no estoy ocupada en los deberes escolares y los mil detalles para la Navidad en la escuela, y por una vez estás en casa.
De inmediato se arrepintió por la falta de tacto de su observación. Sólo había querido suavizar parte de la tensión, no regañar a Shion por su conducta; ya había otras personas especializadas en eso.
Y, por lo menos, el hecho de no haberse visto apenas desde que Sasori entró en la vida de Shion le había ahorrado el esfuerzo de tenerle que hablar de Hiruzen y Navidad, algo que todavía no sabía cómo enfocar. Pero, un tanto irritada consigo misma, se dijo que eso carecía de importancia. Shion era libre de hacer lo que quisiera. Sonrió y trató de corregir su comentario.
—Eso no quiere decir nada; me alegro de que tengamos ocasión de estar juntas, eso es todo. Y me alegro realmente de que salgas con Sasori. Es precisamente lo que necesitabas para levantar el ánimo.
Su hermana ni siquiera la escuchaba.
—Oh, diablos —rezongó entre dientes mientras se quitaba los zapatos rojos, dándose un golpe contra el sofá en el tobillo.
Se agachó para frotárselo y, en un estado de ánimo aún peor, se levantó con brusquedad y fue a la cocina.
Hinata pensó que la alegre conversación no servía en este caso como panacea, y escuchó el ruido que hacía Shion en la cocina. Cruzó la sala para poner en marcha el estéreo. Luego se dirigió al sofá, recogió las piernas debajo de ella y se puso con calma a hacer lo único que podía en aquel momento: esperar el tiempo que fuera necesario a que Shion se calmara y le dijese lo que había ocurrido.
No tuvo que esperar mucho. Shion reapareció poco después con un vaso de ginebra y se apoyó en la puerta de la cocina. Hinata escuchó sus movimientos contra la pared y finalmente le dirigió una sonrisa.
—Supongo que sería retórico si te pregunto si tú y Sasori habéis tenido una discusión.
Shion tenía el ceño fruncido, la mirada fija en la cerúlea alfombra bajo sus pies.
—Sería retórico, en efecto —se limito a responder.
Hinata ladeó la cabeza, sonriendo para alentarla.
—¿Quieres que hablemos de ello?
Por alguna razón, el ofrecimiento de una atención comprensiva reavivó el malhumor de Shion.
—No hay nada de qué hablar. ¡Ese hombre es un pelmazo increíble! Por el amor de Dios... ¡No tenía dinero! —Su renovada irritación le hacía ser locuaz a pesar suyo—. No tenía dinero para la velada. ¡De hecho, me informó que no lo tendrá hasta fin de mes!—Entonces se echó a reír con aspereza—. Imagínatelo. Un Uzumaki sin dinero hasta fin de mes. ¡Es para morirse!
Entonces se aparto del umbral y caminó hasta las ventanas. Retiró las cortinas y miró al exterior.
—Me habló de no sé qué inmovilización de su cuenta bancaria. ¿Cómo es posible que un hombre con un crédito ilimitado se encuentre en esa situación? ¡Me gustaría saberlo! —De repente pensó en la impresión que su arranque debía de producirle a Hinata—. No importa. No... no me hagas caso. Supongo que no estaba de humor para discutir. Debe de ser a causa de la luna llena.
Se preguntó, incómoda, en qué estaría pensando Hinata, pero lo cierto era que sus pensamientos no se centraban en el malhumor de Shion. Las diatribas por cualquier nadería eran algo corriente en ella. Más bien las palabras de su hermana le habían hecho pensar en algo que la venía preocupando desde hacía se manas.
—Verás, Shion —le dijo lentamente—, la verdad es que su crédito es bastante pobre.
Shion no la escuchaba, absorta de nuevo en el episodio del Club de Caza. Había sido imprudente huir de Sasori de aquella manera. Podía verlo ahora, una vez restaurado su raciocinio. Pero a pesar de lo desacertado de su actitud, había sido él el iniciador de todo. En realidad, era probable que su reacción hubiera sido la única posible, y tal vez sería incluso una táctica eficaz.
Que se preocupara un poco; eso le haría bien. Así le aliviaría más escuchar su voz cuando le llamase por la mañana. E iba a hacerlo. En otra ocasión dejaría que estuviera algún tiempo preocupado por ella, pero esta vez no. Sasori significaba mucho para ella. No iba a permitir que su futuro peligrara por una discusión estúpida. Se serenó del todo mientras pensaba en lo que sin duda sería una conmovedora escena de reconciliación.
Hinata estaba sumida en sus propios pensamientos. Al parecer Shion había pasado por alto sus palabras, y no sabía si decírselo de nuevo o no. Sin duda la introducción al tema perdería impacto si la repetía.
—Shion —dijo al fin—, la verdad es que su crédito es bastante malo.
Shion se volvió, distraída.
—¿Cómo?
—Siento que se te estropeara la velada, pero creo que debes saber algunas cosas sin demora. —Hizo una pausa y luego dijo con la mayor suavidad que pudo—: Sasori tiene el vicio del juego.
Su hermana le dirigió una mirada socarrona y apuró el resto de la ginebra.
—No seas mojigata, Hinata —le dijo mientras se dirigía a la cocina, desde donde añadió—: El juego no tiene nada de malo.
Hinata aguardó a que regresara. Cuando volvió a oír el movimiento de Shion en la sala, de nuevo cerca de la ventana, prosiguió:
—No se trata de eso. Nunca he dicho que el juego tuviera nada malo, como pasatiempo ocasional. Pero ése no es el caso de Sasori. En él es algo compulsivo, la clase de vicio que arruina una vida, no un juego sólo de vez en cuando. Yo... ¿No te ha mencionado nada?
—No.
Hinata asintió. No, claro que no lo haría. No era la clase de cosa que uno anda admitiendo a los nuevos conocidos.
—Pues lo es. Un vicio, no tiene otro nombre, y pierde enormes sumas de dinero. Shion, en Sasori el juego es una enfermedad.
Shion se había pasado al vino y sostenía con elegancia el vaso delicado mientras volvía a mirar a través de la ventana y fruncía los labios, irritada. Lo último que necesitaba en aquel momento era un sermón de Hinata.
—Lo que haga es asunto suyo —dijo por encima del hombro.
—Cierto —concedió Hinata de inmediato—. Pero tú deberías seberlo, por tu propio bien. Pareces interesarte mucho por él. —Se levantó del sofá y se acercó a Shion. Cuando estuvo junto a ella, cerca de los pliegues de las oscuras cortinas, le tocó el brazo antes de continuar—. Su asignación se le agota en una o dos semanas.
» No es asunto mío cómo o con quién pasas el tiempo, y si realmente te interesas por Sasori me parece muy bien. Pero no quiero que salgas perjudicada. Y no creo que Sasori te perjudique, pero... tiene algunos defectos, eso es todo.
Shion se había vuelto y la miraba con el ceño fruncido.
—¿Asignación? ¿Qué quieres decir con eso?
—Le dan una cierta cantidad todos los meses, considerable desde luego. Por desgracia, parece que no puede adaptarse a su presupuesto. Acosa constantemente a Naruto para que le haga un aumento, pero Naruto no está de acuerdo, como tampoco lo estaría yo en su lugar. De vez en cuando le hace un préstamo, pero tampoco eso le sirve de mucho.
» Sasori es adulto y tiene que aprender a valerse por sí mismo. —Percibió la súbita tensión de Shion y aplicó una mano en su brazo, su expresión una mezcla de disculpa y conmiseración—. Siento que hayas tenido que averiguarlo así, Shion. Me refiero a Sasori y el juego. Yo...
Shion permanecía inmóvil, mirándola.
—¿Que significa eso de que siempre acosa a Naruto? ¿Qué tiene él que ver con esto?
—Naruto es quien controla el dinero de los Uzumaki. Todas las finanzas de la familia, incluida la asignación de Sasori, han de pasar por sus manos. No le gusta mucho esta situación, pero así es como lo quiere su abuelo.
Las palabras de Sasori en el club resonaron en su mente. Quien no podía costear sus hábitos con la asignación que percibía mucho menos podía mantener los de alguien como ella. Miró a Hinata con los ojos entrecerrados, pero mantuvo normal el tono de su voz.
—En otras palabras, que al contrario que Naruto no dispone de nada más que su asignación.
—Así es. Francamente, Shion, sería desastroso que le diera rienda suelta. Es... un auténtico problema. Su abuelo no le permitiría poner las manos en nada excepto su propia asignación. Y Naruto está de acuerdo.
Shion ya no la escuchaba. Se había vuelto hacia la ventana y permaneció allí largo tiempo sin decir nada, mientras sus pensamientos daban vueltas incesantes. Hinata soportó su extraño silencio tanto tiempo como pudo, y luego suspiró.
Tenía que decirlo; había sido por el propio bien de Shion. Pero no abundaban los hombres buenos e interesantes; lo sabía tan bien como Shion, y lamentó haber puesto una marca tan negra en un hombre que Shion había juzgado prometedor. Sintió la repentina necesidad de decir algo, lo que fuera.
—Oye, ¿qué te parece si comemos algo? ¿Has cenado?
Shion se volvió en aquel momento, no en respuesta a la sugerencia de Hinata sino a sus propios pensamientos preocupados. Empezó a moverse y casi tropezó con Hinata, a la que ni siquiera había visto. Meneó la cabeza, tratando de disolver la niebla.
—¿Que has dicho?
—Que si te apetece comer algo.
—Lo que sea —murmuro Shion, y mientras seguía mirando a Hinata, sus pensamientos calculadores tomaron otro giro. Volvía a estar despierta y miraba a Hinata fijamente. Ahora las inspiraciones le acudían con rapidez. Se movió al fin, rodeando a Hinata para cruzar la sala—. Por cierto, Hina, esta noche Sasori y yo nos hemos encontrado con Shizuka Barstok.
Mientras dejaba el vaso de vino intacto sobre la mesa, se volvió para mirar a Hinata. No recibió más reacción de ésta que una sonrisa de curiosidad.
—¿Quién es Shizuka?
Shion recogió sus zapatos de donde los había arrojado, uno ante el sofá y el otro bajo la mesa. Se enderezó y miró con fijeza a Hinata, un zapato colgando de cada mano.
—Oh, creí que lo sabías. Es una antigua novia de Naruto. ¡Una auténtica preciosidad, por cierto! —añadió en tono conspiratorio—. La clase de mujer que esperarías encontrar con él: bella y sofisticada, y al parecer una buena amazona.
» Sasori me dijo que solían cabalgar juntos. ¡Y qué bailarina! Todos estábamos encantados viéndola bailar con su pareja. Oí decir que los dos eran aún mejores de lo que habían sido ella y Naruto. ¿Sabes? Deberías dejarle ir al club de vez en cuando, Hinata. Sus amigos preguntaban por él, decían que no le habían visto el pelo desde hace medio año.
Sonrió ante su fluida improvisación, otro de sus puntos fuertes, y luego fue a buscar su abrigo y lo dobló sobre un brazo. Finalmente miró a Hinata para valorar su reacción.
Era exactamente como había previsto. Hinata estaba inmóvil ante la ventana, todavía sonriendo, pero con un esfuerzo consciente mucho mayor. Shion pudo ver su expresión desmoralizada. Satisfecha, rió dulcemente.
—¡Oh, Hinata! ¡Qué mal acabo de expresarme! Lo único que quería decir es que deberías estar muy orgullosa de ti misma, al apartarle de una mujer como esa. Yo lo estaría. Hay pocos hombres en el mundo capaces de cambiar su estilo de una manera tan absoluta como lo ha hecho Naruto desde que te conoce. Créeme, es una hazaña.
Una vez en el dormitorio, Shion dejó el abrigo y los zapatos y cogió el cepillo del cabello. De pie ante el espejo, pensó en el breve intercambio que acababa de tener con su hermana. Había sido corto, sí, pero muy eficaz, al jugar con las dudas de Hinata, dudas que serían necesarias más tarde, cuando llegara el momento de atar todos los cabos sueltos.
Sonrió de repente, recordando la máxima que siempre había tratado de seguir en todo lo que decía y hacía. Una preparación adecuada era un ingrediente esencial de todo plan bien pensado. O cambio de plan, si se daba el caso.
NARUTO ESTABA EN la casulla de Morgan, tensando la cincha de su silla de montar inglesa. Deslizó la almohadilla de lana bajo la cincha y al cabo de un momento el caballo volvió la cabeza y olisqueó con curiosidad la manga de Naruto. Este lo observó brevemente y luego le acarició el hocico aterciopelado.
—Sí, lo sé. Lo último que quieres hacer es dar vueltas por esa pista interior. No te culpo, y no eres el único que se siente tan fastidiado. A Hinata tampoco le gusta.
Le dirigió una sonrisa de comprensión y volvió a su actividad, probando la tirantez de la cincha. Estaba demasiado suelta, y la desabrochó de nuevo, tirando con fuerza de la cinta de cuero para reajustarla.
La lección de Jennie había terminado una hora antes, y se había ido a casa en un taxi. Naruto sonrió al recordar a la pequeña, muy satisfecha de sí misma, que daba instrucciones al taxista. Cuatro meses antes ni se le habría ocurrido viajar sola en un taxi.
Pero cuatro meses antes no le habían administrado todavía la medicina de Hinata Hyûga y Naruto Uzumaki contra el abatimiento intratable. Se maravilló de nuevo por la intuición de Hinata: las lecciones de equitación habían surtido aquel efecto.
Naturalmente, él y Hinata todavía supervisaban que Jennie llegara a casa la mayor parte de los días, y Hinata nunca estaba lejos durante las lecciones de equitación. Normalmente se encaramaba en las gradas que ocupaban tres lados del enorme cobertizo donde estaba la pista interior.
Le gustaba alzar la vista y verla allá, sabiendo que formaba parte integral de todo aquello, y siempre parecía una mujer muy profesional, con sus vestidos elegantes y el cabello negro azulado recogido hacia atrás y sujeto con agujas de carey. En otra mujer que no fuera Hinata, las ropas inmaculadas habrían parecido fuera de lugar en el polvoriento recinto.
Pero en su caso no era así, pues Hinata Hyûga era una mujer para quien no tenía importancia un poco de suciedad en la ropa o barro en los zapatos cuando tenía trabajo que hacer. Su clase de trabajo: dar nueva esperanza y vida, junto con la voluntad de montar en el caballo una vez más.
Aquel día, sin embargo, Hinata no vestía con tanta elegancia. Había llegado con traje completo de montar, pantalón color de ante, chaqueta negra y botas, y aguardaba a que él sacara sus caballos. Casi no habían cabalgado desde el inicio de las nevadas: con semejante tiempo, tenían que confinar sus ejercicios a la pista interior, y Hinata había dicho que eran aburridos y que ahogaban su imaginación.
Naruto se rió de la graciosa explicación; sin embargo, la obligaba a subir a la silla de vez en cuando, «sólo para mantener frescas las habilidades que has vuelto a aprender», como él le explicó razonablemente, pero ella replicó de buen humor que era más bien para que él «pudiera preservar su papel como amo y el mío como esclava». Tal vez estuviera en lo cierto, se dijo Naruto tras terminar de ajustar la cincha; era la única parte en que tenía pleno control del destino de Hinata y sabía que era seguro.
Había pasado demasiado tiempo desde su último ejercicio, y aquel día él había pasado por su apartamento, para darle firmes instrucciones de que se cambiara de ropa. Ella, desde luego, expresó las quejas de rigor, pero se encontró con la admonición de la pequeña Jennie, la cual le dijo: «¡señorita Hyûga, es bueno para usted!».
Rió para sus adentros al recordar esta observación y se agachó bajo la cabeza de Morgan para coger la pata delantera derecha del animal. La semana anterior había empezado a cojear, a causa de una piedra empotrada en la parte sensible de la pezuña. Aquel día parecía repuesto, pero Naruto revisó el casco de todos modos, y frunció el ceño cuando sus pensamientos errantes se centraron de repente en Shion.
Era curioso que hubiera ido con ellos aquella tarde cuando salieron del apartamento de Hinata en dirección al club. No era menos extraño que hubiera estado en el apartamento, porque hasta entonces no había mostrado el menor interés por lo que hacía Hinata.
Sintió la tentación de soltar una risa despectiva por la repentina demostración de preocupación fraternal, pero no lo hizo. Por la experiencia que tenía, difícilmente encontraba hilarantes las acciones de Shion. Y, desde luego, su propensión a pasar noche y día lejos de casa beneficiaba a Naruto en ciertos aspectos. Era una demostración de insensibilidad hacia Hinata, pero a él le ahorraba el esfuerzo de mantener hacia ella una cortesía que ya no sentía, y restaba a Hinata muchas oportunidades de estar expuesta a su influencia.
Reflexionó en el hecho de que al parecer ella y Sasori se habían entendido a la perfección, y sonrió sobriamente ante aquel pensamiento. Era natural, pues tenían mucho en común, eran de la misma clase..., aunque este juicio podía ser un poco duro para con Sasori.
Finalmente se enderezó y retrocedió rodeando a Morgan; cuando se disponía a coger las riendas y pasarlas por la cabeza del caballo, notó el ligero contacto de una mano en el hombro. Tenía la suavidad del toque de Hinata y se volvió con una sonrisa para darle la bienvenida. Pero la sonrisa se desvaneció al instante cuando se encontró ante los ojos violeta de Shion.
Sus ojos brillaban con una expresión de interés y tenía las manos en los bolsillos de unos elegantes pantalones sujetos a los tobillos, la camisa blanca con varios botones desabrochados; el cabello estaba recogido en una cola de caballo, y sobre los hombros llevaba un suéter de cachemira. En conjunto parecía una modelo de revista ilustrada. No se sonrojó lo más mínimo bajo la mirada apreciativa de Naruto y sonrió
—Hinata me ha hecho toda clase de alabanzas de tu caballo, y se me ocurrió venir a verlo. —Su sonrisa se hizo más cautivadora y entonces dirigió la vista con curiosidad hacia Morgan. Se aparto para observarlo críticamente desde cierta distancia, y luego se acercó de nuevo y le pasó una mano acariciante por el flanco—. Sí, es una auténtica belleza.
La expresión de Naruto era inescrutable mientras observaba la acción de Shion.
—Gracias.
—¿Es un pura sangre?
Le dirigió una breve mirada inquisitiva, y enseguida volvió a mirar al caballo.
—Sí.
—¿Lo montas para ir de caza?
—En ocasiones.
Ante las breves y secas respuestas, ella le miró directamente, con expresión inquisitiva. Naruto estaba de pie al lado de la silla de montar, una mano en ésta y la otra en el costado. Como su expresión inescrutable no cambió lo más mínimo, ella reanudo su examen admirativo del caballo, acariciándole el costado mientras hablaba.
—De pequeñas, Hinata y yo cabalgábamos mucho. Teníamos caballos, pero no como éste. —Como si se diera cuenta de lo que acababa de decir, le miró con expresión mortificada—. Claro que ya sabes todo eso. Dios mío, hace años que no monto. A veces lo echo a falta.
—¿De veras? —le preguntó Naruto con una sonrisa enigmática.
—Puedes creerme. Parece que lo tuyo es enseñar a cabalgar a la gente, o a que lo hagan de nuevo. Debería conseguir que hicieras lo mismo por mí.
—¿Estás segura?
El tono de Naruto era cortés, pero tenía en el fondo algo que ella no podía identificar. Sin embargo, seguía sonriendo, y eso impulsó a la mujer a retroceder a lo largo del costado de Morgan, hasta que los dos quedaron a la misma altura, separados por la silla de montar.
—Sí, estoy segura. Eso me gustaría. Es una de las cosas que siempre he querido hacer. Y tú pareces un instructor muy bueno.— Se humedeció los labios con la punta de la lengua, y muy lentamente alzó la vista hacia él; sus miradas se encontraron—. Además, así tendríamos ocasión de conocernos mejor.
Naruto no se movió. La ligera sonrisa de su rostro fue lo único que varió, haciéndose más ancha.
—¿Te gustaría eso, ¿verdad? ¿Que nos conociéramos mejor?
Shion permaneció en silencio durante un largo rato, mirando la correa de cuero que sujetaba la silla, y al fin miró a Naruto. Sus labios se separaron ligeramente, revelando unos dientes perfectos y brillantes.
—Sí, me gustaría. ¿A ti no?
Él contempló su rostro y luego la reveladora abertura de la camisa; lo hizo sin disimulo, y al cabo de un momento se irguió bruscamente y se dirigió a la cabeza de Morgan. Con el ceño un poco fruncido se puso a sujetar las bridas. Tras un infructuoso momento esperando el reconocimiento verbal de lo que los ojos de Naruto le habían dicho, Shion se reunió con él a la cabeza del caballo, aproximándose hasta que apenas les separaron unos centímetros.
Era tal su cercanía que podía oler el agradable aroma de la loción para después del afeitado y casi notar la rasposa textura de su chaqueta de montar contra su rostro... como ocurriría cuando él la abrazara. Casi sonrió entonces por el éxito de su «nuevo plan».
Iba a ser mucho más apropiado en bastantes aspectos, tanto para Naruto como para ella misma, se dijo mientras miraba con los ojos semicerrados sus anchos hombros que encajaban de un modo exquisito en la chaqueta bien cortada. Evaluó su continuo silencio y llegó a la conclusión de que era en deferencia a las reglas del juego; naturalmente, él las conocería tan bien como ella. Muy bien. Ella haría su papel.
—Naruto —murmuró, sonriendo tímidamente.
—Shion, me pregunto si alguien te habrá dicho que Hinata y yo vamos a casarnos —le dijo sin mirarla. Hizo una pausa para dejar que penetrara su observación, y entonces abandonó su pretensión de interesarse en la brida. Se volvió hacia ella y la miró con los ojos entrecerrados—. La quiero a ella y sólo a ella. Punto.
Esta vez no había lugar a la confusión. En cuanto a la reacción de Shion era imposible de adivinar. Su bello rostro había adquirido al instante una expresión indignada. Se aparto de él.
—¡Eso había supuesto! Sabiendo lo que ella siente por ti, desde luego había esperado eso.
—Hace un momento, hubiera jurado que no pensabas exactamente así.
Era tiempo de marcharse. Ella no volvió a mirarlo mientras se movía a lo largo del caballo.
—Me has interpretado mal, Naruto —dijo ligeramente por encima del hombro. Se detuvo al instante, consultando su reloj de un modo ostensible, y frunció el ceño con una expresión consternada.
» ¡Dios mío, hace casi media hora que he dejado a Hinata sentada en las gradas! Será mejor que regrese. ¿Cuánto tiempo le digo que tardarás? ¿Otros cinco o diez minutos? —inquirió sin mirar atrás.
Debería haberlo hecho; así habría visto la expresión de Naruto y no se habría sobresaltado cuando la llamó bruscamente en el momento en que ponía la mano en la mitad inferior de la puerta dividida en dos paneles.
—¡Shion!
Ella giró en redondo. Naruto estaba a la cabeza de Morgan, como antes, pero ahora había algo casi amenazante en su postura, las piernas algo separadas y las riendas de Morgan en una mano. Sin embargo, cuando habló de nuevo su voz era suave como la seda.
—No te he interpretado mal en absoluto. Y la verdad es que me alegro de que estemos estos momentos a solas, para que tú no me interpretes mal. —Hizo una breve pausa y añadió—: El bienestar de Hinata es de importancia primordial para mí. Por encima y más allá de todo lo demás en el mundo.
—Sí, desde luego —concedió ella precipitadamente, y se volvió para salir.
—¡Shion!
Se volvió de nuevo, mordiéndose el labio sin darse cuenta.
—Escúchame con atención. Puede que Hinata no pueda verte como eres, aunque he intentado decírselo. Pero yo lo sé muy bien.
Shion había empezado a sentir un martilleo insistente en la sien; ya no podía mantener sus plácidos modales y adoptó una actitud de aburrimiento e irritación.
—Naruto, me temo que no te sigo...
—Entonces permíteme que te aclare las cosas. —El tono de su voz seguía siendo peligrosamente bajo—. Hiruzen va a venir por Navidad. Me he encargado de eso. Y que no me entere yo de que has vuelto a hablarle a Hinata del asunto. Fue una declaración breve pero elocuente, y aunque ella no reaccionó, Naruto pudo ver en sus ojos que había comprendido. Sonrió sombríamente—. Así es, Shion. Yo estaba allí y lo oí todo. Lo sé todo acerca de ti.
Ella abrió la boca para hablar, pero la cerró con brusquedad. Tardó pero al fin fue capaz de sonreír con despreocupación, mientras ajustaba las mangas del suéter echado sobre los hombros. Era una prueba suficiente de que no le afectaban ni él ni sus observaciones, pero sólo para recalcarlo, permaneció un momento más en el umbral antes de volverse y salir sin decir una palabra más.
Mantuvo aquella actitud despreocupada hasta que estuvo fuera del establo, y entonces la sustituyó otra, más parecida a la de un animal acosado. Las cosas no tenían que haber salido así. Él tenía que haber reaccionado de buen grado, tan susceptible como cualquier otro hombre en el mundo a sus encantos.
Por el amor de Dios, desde luego ella podía ofrecerle mucho más de lo que Hinata jamás podría. Alzó la cabeza, cerrando los ojos para protegerse de los dolorosos latidos en las sienes. Naruto no había reaccionado y, para postre, le había revelado el hecho de que fue testigo de la pequeña escena con Hinata. Era desalentador, tenía que admitir no mera mente irritante como ocurría con Hiruzen, saber que él tenía cierto conocimiento; después de todo, era una clase de hombre del todo diferente, mucho más formidable.
Sus opciones estaban empezando a desaparecer, a desmoronarse como castillos de arena alcanzados por la resaca. Y sin embargo su preocupación podía mitigarse con el conocimiento de que había algo invencible en su relación con Hinata..., proporcionado por su propia hermana. Hinata todavía podía resultar útil.
Finalmente la tensión empezó a ceder y emergió un pensamiento claro. Reflexionó durante otro instante y luego se sacudió el polvo de sus ropas. Con una renovada actitud de resolución y confianza se puso en marcha hacia la pista de equitación donde se encontraba Hinata.
Sasori. Tendría que ser Sasori, pues no había otra manera. No sabía cómo ni cuándo, ni siquiera dónde, pero sin duda el tiempo lo diría.
Iba a conseguirlo.
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Continuará...
