Capítulo 18
La mañana del domingo fue agitada y laboriosa. Homura cumplía años y por la tarde se iba a celebrar una gran fiesta para familiares y amigos.
Karin, que aún se sorprendía cuando se miraba al espejo, ayudaba a Ko en la cocina, mientras Sakura y Temari se encargaban de retirar algunos muebles del salón para que hubiera más espacio.
Homura tenía prohibido bajar al comedor y, como Temari le había regalado su mp3 y Sakura su portátil, se entretuvo en la cama escuchando música y jugando al Buscaminas.
Sobre las cuatro de la tarde, las mujeres subieron a sus respectivas habitaciones a arreglarse. Al cabo de una hora llegarían los invitados. Con mimo, Sakura y Temari arreglaron a Karin. Querían que estuviera tan guapa que todos se quedaran sin palabras al verla.
Temari se ocupó de alisarle el pelo y Sakura, de maquillarla. Karin tenía unos ojos increíbles, y con el maquillaje ganaban mucho más. Al terminar de acicalarla pasaron al dormitorio, donde Karin quiso ponerse unos vaqueros nuevos, parecidos a los que ellas llevaban, una camiseta celeste y unas botas nuevas sin mucho tacón, puesto que no quería partirse la crisma. El resultado final fue espectacular.
Vestidas con unos simples vaqueros y unas camisetas de colores, Sakura y Temari se dispusieron entonces a recibir a los vecinos y amigos de Homura, que ya comenzaban a llegar. Todos felicitaron con cariño al anciano y, al ver a Karin, la colmaron de halagos. La muchacha estaba realmente preciosa.
Los amigos de Homura eran muy animados. La gran mayoría se conocían de toda la vida, y entre ellos existían unos lazos tan fuertes como los de una gran familia. Media hora después, muchos de los asistentes bailaban mientras otros tocaban con sus gaitas canciones típicas de la tierra que hacían que a Sakura se le pusiera la carne de gallina.
—¡No me lo puedo creer! —gritó de pronto Óbito, acercándose con una grata sonrisa—. ¿Quién es esta belleza y por qué no está casada conmigo?
—No seas tonto, Óbito —repuso Karin, que se ruborizó al sentirse halagada.
—Tesoro, estás... —murmuró él abrazándola con cariño—. Estás preciosa.
La muchacha se sentía en la gloria, nunca había sido tan piropeada ni tan feliz. Aun así, estaba nerviosa. No había visto a Suigetsu, y quería que la viera. Pocos segundos después, dejando a Sakura, a Temari y a Óbito, se marchó del brazo de Homura a buscar unas bebidas.
—Muchas gracias a las dos —les agradeció Óbito a las españolas—. Habéis conseguido hacerla sonreír como nunca.
—Ha sido un placer —contestó Sakura.
—Óbito —preguntó entonces Temari—, ¿sabes si vendrá Suigetsu?
—Hemos venido juntos. Está allí.
El muchacho estaba fumando un cigarrillo mientras charlaba con Jūgo junto a la ventana. Se lo veía guapo, afeitado y arreglado. En un principio, cuando Karin pasó junto a él acompañada de Homura, Suigetsu no la reconoció, aunque sí la miró. Sin embargo, al oír su risa, la miró extrañado unos instantes, luego apagó de inmediato el cigarrillo y se acercó a ella sin perder un minuto. En ese momento, Karin miró a las hermanas y sonrió con complicidad.
—Ha mordido el anzuelo —exclamó Sakura—. Como un pardillo.
—La presa ha picado —añadió Temari al ver cómo Suigetsu miraba a Karin con unos ojos como platos.
—¿Ahora vais de casamenteras? —preguntó Óbito al oírlas.
Con una sonrisa, Sakura se alejó de los tortolitos y se dispuso a ayudar a Ko a llenar la mesa de exquisita comida. Al poco, el ruido de un motor y unos ladridos llamaron su atención.
Conduciendo una potente moto, Sasuke llegó hasta la entrada, donde Stoirm, encantado de regresar, saludaba a todo el mundo con sus pegajosos lametones. Sin embargo, al ver a Sakura, que en ese preciso instante se había acercado a la puerta, se paró y se sentó.
—Hola, perro —lo saludó ella con una sonrisa.
En el tiempo que llevaba allí, los animales le habían demostrado que podía fiarse de ellos, especialmente Stoirm; a pesar de que aún le tenía miedo, poco a poco estaba logrando vencerlo.
—Vaya, vaya... —murmuró Temari acercándose a su hermana, que miraba lívida hacia el exterior—. Veo que tu cromañón ha regresado con compañía femenina. Qué mona... y, sobre todo, ¡qué jovencita!
—Por mí como si regresa con un faisán —escupió Sakura con acidez mientras su hermana le hacía una foto.
Intentar mantener el control en aquel momento no era fácil para ella. Llevaba días añorando su compañía, deseando su regreso, pero ver a la pelirroja de bote de no más de veinticinco años saludando con alegría a todo el mundo hizo que la moral se le bajara a los pies.
Segundos después, Sasuke estaba frente a ellas dándole un abrazo a Óbito. A continuación miró a Temari con una socarrona sonrisa.
—Cuidado, Temari, tienes un bicho a tu lado —soltó y, tras mirar de arriba abajo a Sakura con el mismo gestó burlón, se alejó.
—No digas nada —bufó ésta dirigiéndose a su hermana.
—No pensaba hacerlo.
—¿Es para matarlo o no? —gruñó Sakura herida.
—¡Es para matarlo! —confirmó Temari—. Ven, vayamos a ahogar las penas en alcohol.
Dos horas después, la fiesta estaba en todo su apogeo. Sasuke y Sakura no se habían saludado aún. Sólo se miraban, o más bien se retaban con la mirada. Todos los asistentes comían, reían y bailaban, incluso Homura, en un par de ocasiones, sacó a bailar a Sakura, que aceptó encantada.
Desde donde estaba, Sasuke disfrutaba viendo a su abuelo y a la chica juntos. Estaba feliz, y eso lo llenaba como pocas cosas en el mundo. Sasuke adoraba al anciano, y sabía que él lo adoraba también, por eso no le extrañó que, en un par de ocasiones, éste se acercara a él y lo animara a hablar con Sakura. Sin embargo, Sasuke era demasiado cabezota como para hacer eso, y en su lugar prefirió dedicarse a bailar con todas las mujeres que se acercaban hasta él, incluida la pelirroja.
Consumida por los celos, Sakura paseó la mirada lentamente por su cuerpo. Se había cortado el pelo y estaba más guapo aún. Sus anchas espaldas y su trasero prieto y duro lo convertían en un hombre muy deseable. Era el típico macho alfa cargado de testosterona que siempre había odiado. Vestido con unos Levi's y una cazadora marrón de piel vuelta, Sasuke podía competir con cualquiera de los modelos con los que ella estaba acostumbrada a tratar en Madrid.
«Soy tonta, pero tonta de remate, por no poder dejar de pensar en ti, cromañón», pensó mirándolo desde la otra punta del salón mientras él parecía pasarlo en grande.
Finalmente, harta de la situación, Sakura se armó de valor y decidió ir a su encuentro, pero en ese instante lo vio brindar con la pelirroja y huyó despavorida a la cocina. Necesitaba serenarse.
—Aquí va a arder Troya —canturreó Temari al ver desaparecer a su hermana.
—¿Por qué? —preguntó Óbito levantando su cerveza en un brindis general.
—¿Es que estás ciego? ¿Acaso crees que a mi hermana le gusta ver cómo tu primito vuelve después de varios días de ausencia con esa... con esa... guarrilla?
—¿A qué guarrilla te refieres? —se interesó Óbito.
—La del pelo rojo —contestó ella—. Esa que ahora tontea con el de la camisa de cuadros. —De pronto se sobresaltó—. ¡Dios Santo! ¿Has visto lo que ha hecho, la muy lagarta?
—¿Qué ha hecho? —murmuró Óbito atrayéndola hacia sí.
Le encantaba Temari. Sus expresiones, su chispa, su ingenuidad. Toda ella era una caja de sorpresas de la que jamás se cansaba. Tenía que hablar con ella y contarle su secreto, pero nunca encontraba el momento y, cuando lo hacía, no era capaz de confesarle lo que lo carcomía por dentro.
—¡Acaba de besar al chico de la camisa de cuadros! —respondió Temari—. ¡Será guarra!
—Normal —asintió Óbito, besándola a su vez a ella—. Es su marido. Creo que tiene derecho, ¿no te parece? —Al ver la expresión de sorpresa de la joven, rompió a reír a carcajadas—. Esa supuesta lagarta es nuestra prima. Seguro que Sasuke se la ha encontrado por el camino y la ha traído hasta aquí.
—¡Oh, Dios mío! —murmuró Temari mirando a su alrededor—. Tengo que hablar con Sakura urgentemente.
Con paso decidido, Sakura llegó hasta la cocina, donde Ko y algunas otras mujeres charlaban mientras secaban platos y vasos. Sin pararse a pensar en lo que dirían, cogió un vaso, y tras echarle un par de cubitos de hielo, sacó la botella de whisky de Homura de la alacena y, dejándolas a todas con la boca abierta, la abrió, se sirvió un poco y se lo bebió de un trago.
—¡Sakura, cariño! —la llamó Ko asustada, pues nunca la había visto así—. ¿Ocurre algo?
—¡Caray! —exclamó ella al sentir cómo el whisky le quemaba la garganta—. No te preocupes. Lo necesito para serenarme, o soy capaz de matar a alguien.
De nuevo, y sin pararse a pensar, volvió a servirse otro trago, y se lo bebió también de golpe.
—¡Aaahhh, caray! —volvió a exclamar.
—¡Por todos los santos, Sakura! —la regañó Ko—. Deja esa botella de una vez.
—Sólo uno más —dijo ella con un hilo de voz.
—Pero, muchacha, ¿qué es lo...?
—¡Aaahhhh, Diossssssssss! —gritó esta vez, y tras dejar el vaso y besar a Ko, esbozó una sonrisa dirigida a todas las presentes y salió de la cocina.
—Quizá en su país beben así —señaló una de las mujeres.
—¡Por todos los santos! —señaló otra cogiendo la botella—. Si yo bebo medio vaso de este whisky, me enterráis mañana.
Extrañada, Ko siguió con la mirada a Sakura, que, tras salir de la cocina, se dirigió hacia Homura, que la agarró al ver sus ojos vidriosos. Sólo cuando la anciana vio a Sasuke reír junto a su sobrina, la guapa de la familia, entendió lo que sucedía y regresó con sus amigas con una sonrisa divertida pintada en la cara.
—¿Estás bien? —preguntó Homura al notar a la muchacha un poco alterada.
—Oh, sí... ¡Perfectamente! ¡Vamos a bailar!
—Saku —los interrumpió Temari—. Tengo que hablar contigo.
—Muchacha, ¿qué has tomado? —inquirió Homura.
—Un poquito de whisky del que guardas en la alacena. Bueno, la verdad es que han sido tres vasitos de nada —declaró Sakura y, mirando a su hermana, inquirió—: Temari, ¿qué quieres?
—¿Tres vasitos? —exclamó el anciano, incrédulo de que aún se tuviese en pie—. ¡Por todos los santos, muchacha!
—Saku, me he enterado de que... —empezó a decir Temari, pero de pronto un hombre la cogió de la mano y de un tirón se la llevó a bailar.
—Tranquilo, grandullón —dijo Sakura mirando a Homura—. Estoy acostumbrada a beber whisky. Aunque éste es un poquito fuerte.
—Hola, Sakura —saludó entonces una voz a su espalda al tiempo que alguien le tocaba el hombro.
Al volverse, aún agarrada a Homura, se encontró con la cara de alguien que le sonaba, aunque no lograba recordar su nombre.
—Hola —saludó ella efusivamente plantándole un par de besos—. Tu cara me suena pero, lo siento..., no me acuerdo de tu nombre.
—Es Shisui —señaló Homura—, el médico.
—¡Ah..., sí! —soltó ella al reconocerlo—. Madre mía, madre mía..., el guapetón del doctor. ¿Te apetece bailar?
—Creo que le vendría bien tomar el aire —señaló Homura buscando a Sasuke. Su nieto debía ocuparse de ella.
—Yo la llevaré —se ofreció Shisui agarrándola por la cintura—. Es tu cumpleaños y tus invitados te esperan.
Al otro lado del salón, Sasuke hablaba con Óbito poniéndolo al día de lo acontecido durante el tiempo que había estado fuera, y al ver a Shisui acercarse a Sakura y agarrarla por la cintura, sintió un enorme deseo de apartarlo de ella a golpes. No obstante, en vez de eso, y furioso por sus primitivos pensamientos, se volvió para tomar una nueva cerveza e intentó entretenerse observando a Karin y su espectacular cambio de imagen. De inmediato se contagió de la alegría que destilaba la muchacha. Era increíble lo que las hermanas habían conseguido con ella. Había pasado de ser un patito feo a un precioso cisne.
—¡No quiero tomar el aire! —protestó Sakura—. ¿Por qué no bailamos?
Divertido por la situación, Shisui se detuvo unos pasos más adelante. Había pensado en visitarla en un par de ocasiones, pero la mirada de Sasuke el día de la fiesta de Hatake le había indicado que la chica no estaba libre.
—Saku... —dijo Temari acercándose a ella—. Pero bueno, ¿qué has bebido?
—Nada. Sólo tres vasitos del whisky de Homura.
—¿Del que guarda en la alacena? —preguntó Shisui, recordando que aquel brebaje era más fuerte que el matarratas.
—¡Madre mía, Saku! ¡Cómo vas! —exclamó Temari—. Si pudieras verte, te odiarías a ti misma. ¿Por qué has hecho eso?
—Porque he sentido unas ganas enormes de arrancarle los dientes a la pelirroja de bote. ¡Joder, Temari! Me ha hecho sentirme vieja, fea y caduca.
—¡Saku, qué tonta eres! —la regañó su hermana con dulzura—. Esa chica es...
—Creo que es mejor que la lleve afuera —interrumpió Shisui conteniendo la risa—. ¿Podrías traer un poco de agua fría?
—Por supuesto —contestó Temari, que de inmediato se encaminó hacia la cocina.
—Oye, Shisui. ¿Sabes que eres muy mono? —le preguntó Sakura entre risas, poniéndole un dedo en la mejilla—. Pero guapo guapo, y también sexy. ¿No has pensado en ser modelo?
—No, gracias, me gusta mi vida como médico rural —repuso él con humor sacándola del salón con disimulo.
—¿Estás casado?
—No —respondió él una vez en el exterior—. Nunca me ha atraído el matrimonio.
—Haces bien. —Se sentaron en los escalones—. Yo estuve a punto de casarme, pero ¿sabes?, pillé al cabronazo de mi novio haciendo un trío con la que se suponía que era mi mejor amiga y con un amigo de él. ¿Te lo puedes creer?
—Lo siento —murmuró Shisui incrédulo.
—Ufff..., no..., no lo sientas. Ha sido lo mejor que me ha podido pasar. ¡Te lo juro! —aseveró Sakura, que sonrió al sentir el aire fresco en la cara.
—¿Qué tal están tus manos? —preguntó él entonces para cambiar de tema.
—Gracias a ti, muy bien —dijo ella enseñándoselas.
En el salón, la felicidad de Karin no lograba consolar a Sasuke, que decidió acabar el absurdo juego con Sakura y hablar con ella. La chica no dejaba de alabarla, de decirle lo maravillosa que era y lo bien que se había portado con ella durante su ausencia.
Pero ¿dónde se había metido?
El estómago le dio un vuelco cuando, tras recorrer el salón, no la encontró, y sintió que el corazón se le aceleraba al pensar que podía estar con Shisui.
Sentada en los escalones, Sakura fumaba un cigarrillo consciente de que había bebido demasiado.
—¿Te encuentras bien? —preguntó Shisui divertido por los comentarios de ella.
—Ufff —exclamó Sakura soltándose el pelo—. Creo que llevaba siglos sin sentirme tan bien. Oye, ¿puedo preguntarte algo?
—Por supuesto. Dime.
—¿Te parece que soy deseable? ¿O, por el contrario, se me ve arrugada y vieja?
—Creo que eres una mujer muy atractiva y, sobre todo, deseable.
—¿Y mis pechos? ¿Y mi trasero? —dijo levantándose con torpeza—. ¿Crees que necesito pasar por el quirófano?
—Sakura —comentó él divertido—, no necesitas pasar por ningún quirófano. Tal como eres estás bien. Eres perfecta.
—Gracias..., muchas gracias —asintió ella con una sonrisa tonta—. Oír eso me sube la moral a los cielos.
A continuación se sentó de golpe en los escalones, se acercó a él y le dio un ligero beso en los labios.
—¿Te ha gustado?
—Claro que me ha gustado —afirmó Shisui a pocos centímetros de su boca.
Aquella mujer lo tenía desconcertado...: primero le preguntaba si la veía deseable, luego si creía que sus pechos y su trasero estaban bien y ahora lo besaba.
—Oye, Sakura —susurró el médico—. Si sigues por ahí, no sé hasta qué punto voy a poder controlar mis apetencias. Será mejor que pares antes de que los dos lamentemos esto.
En ese preciso instante apareció Temari seguida por Sasuke; se quedaron sin habla al ver la escena.
—¿Te gustaría besarme otra vez? —preguntó Sakura sin percatarse de que no estaban solos.
—¿«Otra vez»? —exclamó su hermana, haciendo que se separaran y la miraran.
Los ojos oscuros de Sasuke observaron primero a Sakura y luego a Shisui, que al sentir su mirada furiosa se apresuró a ponerse en pie.
—No es lo que parece, Sasuke, ella necesitaba tomar el aire y...
—¡Fuera de mi vista!
—¡Hombre! —exclamó Sakura—. Mira quién ha venido. ¡El playboy de la familia! El vividor. El nieto mimado que se va de vacaciones y deja a sus abuelos a cargo de todo. Eres un ¡EGOÍSTA! Cuando el conde regrese pienso contárselo todo.
—¡Saku! —la regañó Temari.
—No veo el momento en que se lo cuentes todo al conde —se mofó Sasuke, mirando a un Shisui fuera de juego.
—¡Ay, Dios! —murmuró Sakura agarrándose al médico—. Creo que voy a vomitar.
Y dicho y hecho. La papilla de su estómago salió irremediablemente por su boca al tiempo que Sakura sentía que el poco glamour que le quedaba se desvanecía con ella.
Temari se acercó hasta su hermana con un vaso de agua.
—Enjuágate un poco la boca, Saku —misitó retirándole el pelo de la cara—. Y, por favor, cierra tu piquito de oro.
—Oh, Dios... ¡Qué asco! —susurró ella humillada.
—Anda, toma este chicle de frutas —dijo Temari—. Te vendrá bien.
Avergonzada, Sakura miró de reojo a Sasuke.
—¿Qué hace ese imbécil mirando? —gimió en español.
—No lo sé, Saku. Pero ¿qué hacías besando a Shisui?
—No lo sé —confesó ella mascando el chicle.
Sasuke las observaba inmóvil en su sitio. No sabía de qué hablaban, aunque sí había entendido que Sakura lo había llamado «imbécil». Si algo había aprendido en ese tiempo con ella, era la variedad de insultos que el idioma español podía ofrecer.
—Ya te encuentras mejor, ¿verdad? —preguntó el médico al ver cómo el color regresaba a sus mejillas.
—Sí, Shisui —asintió ella abochornada—. Gracias.
—Princesita —ironizó Sasuke al verla en ese estado—. Creo que necesitas algo más que tomar el aire. —Y, con los ojos entornados, añadió mirando a Shisui—: Ya no precisamos de tu ayuda, puedes marcharte.
—¡No la precisarás tú! —gritó Sakura incrédula—. ¿Qué haces aquí, que no le estás metiendo la lengua hasta la campanilla a tu jovencísima pelirroja?
—Saku, cierra el pico —remugó Temari avergonzada.
—Iré adentro a por una cerveza —se disculpó Shisui.
—Temari —pidió Sasuke sin dejar de mirar a su hermana—, ¿podrías dejarnos un momento a solas?
—¡Ni se te ocurra dejarme con este troglodita! —espetó Sakura con rabia—. Te juro que, como se acerque a mí, soy capaz de cualquier cosa.
—Creo que no es buena idea, Sasuke —señaló Temari.
—Sí, sí es buena idea —insistió el escocés sin darse por vencido.
—Dos minutos —indicó Temari—, ni un segundo más.
Una vez solos, el silencio se adueñó del momento. Al final fue Sasuke quien empezó.
—¿Qué se supone que estás haciendo?
—¿Qué se supone que estás haciendo tú? —replicó ella dando un paso adelante—. Me besas y luego me dices que soy la típica mujer que sólo sirve para pasar el rato...
—Aquello fue un error —reconoció acercándose a ella—. Esperaba el momento apropiado para estar a solas contigo y pedirte disculpas por mis absurdas palabras.
—Oh..., sí..., claro —asintió ella retirándose el pelo de la cara—. Por eso ahora has regresado con esa jovencita. ¿Qué es lo que pretendes?, ¿humillarme? ¿Quieres que vea cómo te lo montas con ella delante de mí? Oh..., pues mira, ¡no! Ya me humillaron una vez, y te aseguro que no pienso permitir que sean dos.
Sasuke estaba desconcertado. ¿Por qué iba a querer humillarla? Y, sobre todo, ¿quién la había humillado en el pasado?
—¿Estás celosa? —preguntó él, sonriendo sin poder evitarlo—. ¿Estás celosa de Lorna?
—Dios —murmuró Sakura avergonzada—. ¡Soy patética! Pero ¿qué estoy haciendo?
Y, tras dar media vuelta para evitar mirarlo a la cara, echó a andar en dirección a los árboles. Deseaba alejarse de él, ese comportamiento no era propio de ella. Pero antes de llegar al bosque notó cómo Sasuke la sujetaba por la cintura.
—¡Suéltame si no quieres que te golpee! —siseó rabiosa como una pantera.
—Uff... ¡Qué miedo! —se mofó él al ver cómo volvía a alejarse.
—¡Deberías tenerlo! —bramó ella.
—¿Adónde vas? Es de noche, y tu estado no es el más indicado para andar en la oscuridad. Ven, volvamos a casa.
—¿Qué casa? ¡Tu casa! —gritó lanzándole una piedra que él esquivó—. Vuelve con tu... joven pelirroja de bote y déjame en paz, ¿vale?
Sakura echó a correr entonces entre los árboles. Apenas si veía lo que tenía a un palmo de distancia y las lágrimas que le corrían por la cara dificultaban aún más la tarea, pero necesitaba huir de él.
—Sakura, ¡ven aquí!
—Déjame en paz.
—¡Maldita seas, mujer! ¿Quieres parar?
—No.
—Ven aquí, fierecilla —le ordenó él asiéndola por los brazos, pero un movimiento rápido de ella golpeó con fuerza su estómago, lo que hizo que la soltara—. ¿Estás loca? —gritó enfadado—. Ven aquí.
—¡Ni muerta!
Tomándola de nuevo por los brazos, Sasuke consiguió que se detuviera, pero cuando Sakura se volvió hacia él, le lanzó una patada en toda la espinilla, y los dos cayeron al suelo.
—¡Maldita sea! Eres peor que una gata —exclamó Sasuke. Con un movimiento ágil se sentó a horcajadas sobre ella y la agarró de las muñecas para inmovilizarla—. Basta ya, estate quieta.
—¡Acabo de tragarme el chicle! —chilló ella—. ¡Suéltame!
Sorprendido por la fuerza que mostraba la muchacha, el escocés bajó su boca hasta la de ella y la besó. Al sentir aquellos dulces labios, Sakura abrió los suyos, ofreciéndole entrar e investigar a sus anchas. Lo anhelaba. Anhelaba que le hiciera el amor. Necesitaba sentirse deseada.
—No me beses —suspiró avergonzada—. Acabo de... y debo de saber horrible.
—Adoro tu sabor —murmuró Sasuke mirándola—. Te he echado de menos.
—¡Ja! Permíteme que me ría —dijo Sakura con sorna, ansiosa de que él prosiguiera con aquel caliente beso—. Es por eso por lo que me has llamado bicho en cuanto me has visto y has traído a esa pelirroja, ¿verdad?
—Esa mujer es mi prima Lorna, cabezota —replicó él, y rio al ver la cara de desconcierto de ella—. Esa pelirroja a la que según tú tenía que meterle la lengua hasta la campanilla es mi prima. Y si te he llamado bicho es porque quería ver latir esa venita tuya del cuello que tanto he añorado.
«Tierra, trágame... Eso me pasa por bocazas», pensó Sakura horripilada por el ridículo tan espantoso que había hecho.
—Princesita —prosiguió Sasuke—, ¿no tienes nada amable que decirme?
—No me llames princesita. Lo odio.
—Vale —asintió él pacientemente—. ¿No tienes nada que decirme?
—¡Suéltame las manos y te lo diré!
—Jajaja —se carcajeó el escocés—. Tus ojos me dicen que eso no sería una buena idea. ¿Debo fiarme de ti?
—Inténtalo.
Con cuidado, Sasuke aflojó la presión que ejercía sobre sus manos hasta que las soltó por completo, aunque continuó sentado encima de ella.
—Estoy esperando —susurró a continuación rozándole los labios—. Llevo esperando mucho tiempo, cariño.
Incapaz de contener su deseo, Sakura cogió el rostro de Sasuke entre las manos y lo atrajo hacia sí. Entonces lo besó. Sin dejar de mirarlo, pasó su lengua húmeda y cálida alrededor de sus labios, luego la introdujo en su boca, provocándolo, y finalmente mordió con delicadeza su tentador y apetecible labio inferior.
—Yo también te he echado de menos —declaró para incredulidad de él, que, excitado por la sensualidad que le demostraba, sintió la tentación de arrancarle los pantalones y hacerle el amor allí mismo.
—¿Sabes que es lo mejor de este momento? —preguntó Sasuke, duro como una piedra.
—No, ¿qué? —inquirió ella extasiada, sintiéndose arder por dentro.
—Las expectativas, princesita —respondió él.
—Entonces déjame decirte que las expectativas que yo veo son magníficas —dijo Sakura antes de besarlo de nuevo.
En ese preciso instante oyeron pasos y a Temari y a Óbito que los llamaban a voces.
—Tú y yo tenemos una conversación pendiente, no lo olvides —susurró Sasuke. Luego la besó con ardor y a continuación gritó—: ¡Temari! ¡Óbito! Estamos aquí.
🍀 Esta historia es de Megan M. Los personajes utilizados en la historia pertenece a M. Kishimoto.
🍀 Gracias por leer.
