Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is iambeagle, I'm just translating her amazing words.
Thank you iambeagle for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por apoyarme beteando esta historia.
Capítulo Nueve: Sobras
Me resulta difícil, pero logro contener mis insultos cuando llego a la entrada de casa de Rose y Emmett, que está rodeada por bastones de caramelo gigantes. La casa está decorada en exceso con luces blancas parpadeantes. Los pilares del porche están envueltos con guirnalda. Hay un hombre de nieve inflable en el patio frontal junto con personitas y animales de plástico que forman parte del escenario navideño.
—Ayúdame a entender esto —comenta Bella cuando apago el motor—. Cuando nos fuimos, era Acción de Gracias… y ahora es Navidad.
—¿Estás asustada?
—Más bien confundida.
Suspiro en voz alta, agarrando la muñeca del asiento trasero.
—No dejes que esto afecte tu decisión de si pasarás o no Navidad con nosotros. Te lo garantizo, aparte de las decoraciones estrafalarias de la casa, nuestras Navidades son muy normales.
—Como si un hombre inflable de nieve pudiera asustarme —bromea, bajándose del carro.
Avanzamos hacia el porche y abro la puerta, dejando pasar a Bella primero. Entro directo a la sala, ni siquiera me sorprendo al ver un enorme árbol artificial en la esquina, cubierto con luces, escarcha y adornos.
—Jesús —exhala Bella.
—Él es la razón de la temporada —bromeo, luego señalo al otro lado de la habitación—. Y mira. Colgaron muy cuidadosamente las botas junto a la chimenea.
Mis labios se juntan en una sonrisa y la miro echar la cabeza hacia atrás al reírse en voz alta de mis bromas. Su carcajada se convierte en una ligera risita, y sigue sonriendo enormemente cuando me mira, sus ojos se arrugan en las comisuras. Se ve tan jodidamente bonita así. Me doy cuenta que ya no estoy sonriendo, solo la estoy mirando.
—¿Qué? —pregunta, quitándose el abrigo.
—¿Qué? —repito, quitándome también el mío.
—¿Por qué me miras así?
Contengo mi sonrisa.
—No te miro de ninguna forma. Oye, ¿qué debería hacer con esto? —pregunto, alzando la muñeca para cambiar el tema.
—¿Se lo darán a Emily antes de Navidad?
—No tengo idea. ¿Supongo?
—¿Tal vez puedas dejarlo bajo el árbol por ahora?
Frunzo el ceño.
—¿Por qué no sabemos más sobre este asunto?
—No tengo idea —suspira.
Dejo la muñeca debajo de árbol, tapándola con una manta del sofá.
—Listo. Perfecto.
—Perfecto. Entonces… ¿ahora qué?
Nos quedamos ahí parados. Debería ofrecerme a llevarla a casa, pero no quiero hacerlo. O sea, sí quiero llevarla a casa, pero todavía no. Aunque, no hay mucho en realidad que podamos hacer en casa de mi hermana, así que probablemente deberíamos irnos. A menos de que quiera relajarse un rato en el patio de atrás y saltar en el trampolín, aunque entonces me vería obligado a intentar hacer una voltereta de espaldas, y no tengo muchas ganas de romperme el cuello esta noche.
—¿Tienes hambre? —pregunto, sobándome la barba con una mano—. Podríamos comernos las sobras que quedaron de hace rato.
—Definitivamente podríamos hacerlo —acepta, siguiéndome a la cocina.
Abro el refrigerador.
—¿Cerveza?
Junta los labios en una sonrisa y niega con la cabeza.
—Sigue siendo raro.
—Eh. Están dormidos. No es raro si te tomas su cerveza. De hecho, te deben una cerveza después de lo que hiciste por ellos esta noche.
Ni diez segundos después de decirlo, Rose entra saltando a la cocina. Lleva puesta una bata, una máscara para los ojos que está posicionada sobre su frente y tiene una mirada de locura en los ojos. Salto inintencionadamente al verla.
—Conseguiste la muñeca —declara.
Asiento y avanza un paso, prácticamente atacándome con un abrazo. Esta podría ser la primera vez que mi hermana me abraza y todo por una muñeca.
—¿Dónde está? —pregunta, de pronto me está esculcando.
Aparto sus manos.
—Dios. Está bajo el árbol
—¿Y los accesorios?
Parpadeo.
—Espera, ¿qué?
—Los accesorios —dice, estirando la palabra, como si yo no entendiera el significado.
Bella y yo intercambiamos una mirada.
Rose se lleva una mano al puente de la nariz y lo pellizca.
—Edward, por favor dime que tienes las alas que brillan en la oscuridad. —Se ve como si estuviera temblando. No creo que sea saludable reaccionar de esta forma por un juguete.
—¿Me estás jodiendo? —pregunto incrédulo. La fatiga y el hambre me están poniendo quejumbroso—. Me dieron un codazo en el ojo. Bella fue atacada por una perra lunática que, al final, fue derrotada con un puñetazo a la garganta. En serio…
—Bella, ¿le diste un puñetazo en la garganta a alguien? —interrumpe Rose, viéndose impresionada.
—Sí. —La indiferencia de Bella brilla al encogerse de hombros—. No es para tanto.
Esbozo una sonrisa, la cual dura unos segundos antes de girarme hacia Rose y fulminarla con la mirada.
—¿Sabes qué otra cosa no es para tanto? Los jodidos accesorios.
No puedo creer lo malagradecida que está siendo. Ella inhala profundamente y aprieto la mandíbula justo cuando Bella intercede.
—De verdad que ni siquiera vi los accesorios en la tienda. ¿Tal vez puedas intentar pedirlos en línea o algo así? Y estoy segura que Emily estará tan emocionada por tener la muñeca que probablemente ni siquiera notará que no están las alas que brillan en la oscuridad.
Rose lo piensa un segundo.
—Sí, probablemente tienes razón. De todas formas, buscaré en línea en la mañana.
Mi mandíbula sigue tensa, así que respiro profundamente. El enojo se disipa, pero todavía me siento ligeramente ansioso. Creo que podría estar sufriendo trastorno de estrés postraumático. Walmart me hizo esto. No le desearía esto ni a mi peor enemigo. Ni siquiera a Voltereta Garrett.
—¿Y cómo lograron conseguir la muñeca? No estábamos seguros de que pudieran hacerlo.
—Puedes agradecerle a Bella por eso —le digo a mi hermana—. De verdad fue todo gracias a ella. Es maravillosa.
Rose me mira inquisitivamente, y por más tiempo del que apreciaría. Me aclaro la garganta. No me gusta la forma en que me está viendo, como si carajo supiera que me interesa Bella.
—No seas tan modesto, Edward —argumenta Bella, dedicándome una pequeña sonrisa—. Fue un esfuerzo en equipo. Tú también eres bastante maravilloso.
En cuanto dice esas palabras, nos quedamos ahí parados sonriéndonos el uno al otro. Se moja los labios e inmediatamente estoy pensando en su boca sobre la mía. Tengo la sensación de que ella también está pensando en eso.
—Pues —dice Rose, captando nuestra atención de nuevo—, gracias, chicos. En serio.
—De nada —dice Bella amablemente, como si no hubiera estado follándome con la mirada hasta el cansancio.
—Sí. De nada —murmuro—. Ahora… dame comida.
Las dos se ríen. Me alegra tanto brindarle tanta felicidad al mundo.
—Las sobras están en el refrigerador. Pueden servirse. Regresaré a la cama. —Rose hace ademán de irse, pero se detiene y su voz suena sincera al decir—: Oye, eres un buen tío.
—Ya lo sabía —admito, bromeando más que nada—. Pero me alegra que al fin te des cuenta.
—Sí, sí. Limpien todo cuando terminen aquí —nos indica antes de desaparecer por el pasillo.
—De verdad eres un buen tío —dice Bella en voz baja, mirándome.
—Pues tú eres una buena niñera.
—Creo que no les cobro lo suficiente —bromea.
Resoplo, sacando dos platos y dos tenedores mientras Bella se disculpa para ir al baño. Treinta segundos después de que se va, escucho la pequeña voz de Emily hacer eco desde algún lugar en la casa.
—¿Santa? ¿Eres tú?
Me dirijo a la sala y la veo parada al pie de las escaleras, frotándose soñolienta ambos ojos con las manos.
Contengo una carcajada.
—No es Santa, Emmy. Soy yo.
—¿Qué estás haciendo, tío Edward?
—¿Qué estás haciendo tú? —le pregunto—. ¿No deberías estar en la cama?
—Tengo sed —murmura en voz baja—. ¿Me puedes dar agua, tito?
Oh, sacó la artillería pesada al decir eso. No me ha dicho tito desde que tenía tres años. Le despeino el cabello. Con un asentimiento rápido entro a la cocina y agarro uno de sus pequeños vasos coloridos de plástico que son para que solo los use ella. Sé que a Rose le daría un ataque si supiera que estoy usando agua del grifo, pero soy demasiado flojo para sacar la jarra de agua purificada del refrigerador.
Regreso a la sala y la veo sentada en el sofá. Sus pequeñas manos se estiran cuando le entrego el vaso y me dejo hundirme en el sofá a su lado.
—Gracias —dice con agua cayéndole por la barbilla mientras le da un trago. Me doy cuenta que esta podría ser la primera vez que me agradece por algo. Puede ser muy dulce cuando está cansada.
Bella entra al cuarto, sonriéndole cálidamente a Emily.
—¿Alguien se escapó de la cama?
Ella se anima cuando ve a su niñera. Bella se sienta en el brazo del sofá y Emily rodea el muslo de Bella con sus brazos. Puede que me sienta celoso de una niña de cinco años.
—Bella, ¿te quedarás aquí conmigo para siempre?
Ambos nos reímos. La forma en que piensa me resulta muy extraña.
—No. Me iré pronto. —Sus ojos se mueven hacia mí—. Tu tío Edward es muy amable y me llevará a casa.
Emily se ilumina.
—¿Crees que es amable?
—Sí. Es el más amable de todos —le dice Bella, susurrando como si fuera un secreto.
—¿Quieres casarte con él? —pregunta Emily, explotando en un ataque de risitas.
—Bien, tú. Ya es suficiente —la interrumpo, estirando la mano para hacerle cosquillas. Lo cual es estúpido. Le estoy dando cuerda cuando debería volver a la cama. Pero necesito que deje de hablar con Bella y esta parece ser la forma más rápida.
—¡Detente! ¡No! —grita—. ¡Me haré pipí! —Me aparto al carajo—. ¡Te engañé! —se ríe y me relajo visiblemente.
Nunca es divertido bromear sobre pipí. A menos que seas Dave Chappelle*.
—¿Estás usando maquillaje? —pregunta de pronto Emily. Se sube a mi regazo para ver mejor mi cara.
—Uh, no.
—¿Papi te pegó en el ojo?
Me preocupa que esas sean sus primeras dos suposiciones.
Resoplo.
—¿Qué? ¿Por qué crees que Emmett me pegó en el ojo?
Ella toca mi mejilla. Su gracia y coordinación están muy desenfocadas, porque me pica el ojo en lugar de la mejilla.
Retrocedo.
—Ow. Gracias.
—¿Quién te pegó?
—No me pegaron. Alguien me dio un codazo en el ojo.
—¿Por qué?
—Porque las personas son cabronas —le digo honestamente.
Emily se tapa la boca.
—Esa es una mala palabra —murmura desde detrás de su mano.
—Entonces no le digas a tu mamá que la dije frente a ti —suspiro—. Escuché que hace rato tuviste problemas con Santa.
—Es falso —susurra con ojos abiertos como platos.
—¿Por qué piensas eso?
—Porque sí.
—¿Por qué?
—¡Porque sí!
Bueno, esta conversación no va a ninguna parte.
—Escucha, niña. Santa es real —insisto y Bella suelta una carcajada—. Ve a ver bajo el árbol.
La cabeza de Emily se gira y sale disparada al árbol. Se ve decepcionada.
—¿Santa me trajo una manta?
Se me está acabando la paciencia.
—Mira debajo de la manta, Emmy —dice Bella por mí.
Emily levanta la manta y grita.
—¡Princesa Luna Resplandor! —Se aferra la muñeca al pecho, abrazándola con fuerza—. ¡Santa no es un cabrón!
Me suelto riendo, luego lo comprendo.
—Oye. No… digas esa palabra.
—Pero tú la dijiste.
Me encojo de hombros. Rose y Emmett pueden lidiar con eso.
Vuelve a gritar y a saltar diciendo:
—¡Amo a Santa! ¡Lo amo mucho, muchísimo!
Está bien y todo eso. Me alegra que esté feliz. Solo apesta que Santa se lleve todo el crédito por esto cuando el cabrón no hizo absolutamente nada. Apuesto que nunca recibió un codazo en el ojo ni tuvo que empujar a nadie. Estoy seguro que nunca ha tenido que lidiar con compradores de Walmart. Estoy seguro… que me estoy volviendo loco. Estoy celoso de un tipo ficticio.
Emily comienza a cantar una canción, girando con la muñeca, cuando Bella dice:
—Sabes, tu tío es uno de los ayudantes de Santa.
Su bailecito se detiene de golpe y me lanza una mirada antes de girarse hacia Bella.
—Sus orejas son algo puntiagudas, pero no parece un elfo.
Me llevo una mano a la oreja consciente de mí mientras Bella se pone de rodillas frente a Emily.
—No es un elfo, tontita. Pero tu tío fue quien te consiguió la muñeca. —Emily frunce el ceño, al parecer no lo entiende—. Santa está muy ocupado y a veces contrata ayudantes.
Los ojos de Emily se abren como platos. Se ve a punto de llorar. Hijo de puta.
—Tío Edward, ¿tú me trajiste a Princesa Luna Resplandor?
—¿Tal vez? Bella ayudó…
Antes de poder decir algo más, los pequeños brazos de Emily me están rodeando el cuello y me está abrazando.
—Eres mi favorito —susurra en mi oído.
Le regreso el abrazo. Creo que estamos teniendo un momento juntos. Bella se ve como si esta fuera la cosa más dulce que ha visto en su vida. Y tal vez lo es. Claro, Emily es una malcriada, pero lo admitiré, me agrada la niña, lo suficiente para arriesgar mi vida en Walmart durante el Viernes Negro.
El momento termina cuando Emily me estornuda en la cara.
—De acuerdo. Necesitas volver a la cama —murmuro, limpiándome la mejilla. Se ve que está a punto de protestar, así que la bajo de mi regazo y me pongo de rodillas—. Te subiré de caballito en las escaleras.
Funciona. Grita, manteniendo la muñeca en su mano, y se sube a mi espalda, agarrando mis hombros para apoyarse.
Se desean buena noche la una a la otra, subo cuidadosamente las escaleras y entro al cuarto de Emily. La luz de noche brillando en la esquina me ayuda a encontrar el camino hacia su cama, y la deposito ahí.
—A la cama —digo en voz baja, quitando los animales de peluche de su cama y dejándolos en el piso.
Se mete debajo de la manta y pone la muñeca a su lado en la almohada.
—¿Estás cómoda? —pregunto. Asiente, bostezando—. Bien. Buenas noches.
—¿Tito? —me habla cuando llego a la puerta—. Dile a Santa que gracias.
Me paso una mano por el cabello, comprendiendo que mi trabajo aquí está hecho. Ella vuelve a creer en Santa. Puedo dormir tranquilo esta noche. Genial.
—De acuerdo. Se lo diré. —Dejo la puerta entreabierta y bajo las escaleras.
—Eso fue muy rápido —dice Bella, parada frente al sofá—. Usualmente tardo una hora en meterla a la cama. Vas a hacer que me despidan.
—Sí, claro. Te adoran —replico, dándole una pequeña sacudida a su hombro—. Por cierto, no tenías que decirle que fui yo quien le trajo la muñeca.
Bella ladea la cabeza.
—Lo sé. Pero o sea… no podía dejar que Santa se llevara todo el crédito. Hiciste todo esto por Emily sin la perspectiva de recibir leche y galletas. Eres mejor que Santa.
—¿Mejor que Santa? —pregunto, fingiendo sorpresa.
—Sí. —Se ríe—. También más apuesto.
Le sonrío.
—Entonces crees que soy amable, un buen tío y más apuesto que Santa.
—Básicamente.
—Bella. —Intento mantener una expresión seria al decir—: Suena como que te gusto.
Sus ojos se entrecierran un poco y ella también mantiene una expresión seria.
—Pues después de ese beso en Walmart, ¿cómo podrías no gustarme?
Trago, ya no estoy intentando evitar mi sonrisa.
—¿Has estado pensando en eso?
—Más que nada me he estado preguntando por qué no me has besado otra vez.
Ah. Sí. Yo también me lo he estado preguntando.
—No estoy seguro de cuál es el protocolo. No sé si tienes una obsesión por besar solo en Walmart.
—Creo que es muy simple. Si te gusta alguien, y parece que tú también le gustas a esa persona, entonces puedes besarla —explica, poniendo gentilmente su mano en mi pecho.
Echo la cabeza atrás y me río.
—Carajo. Juro que usualmente no actúo tan… confundido y torpe cuando se trata de cómo funcionan estas cosas. Eres tú… —me callo, poniendo una mano en un lado de su cuello.
—¿Soy yo? —repite sin aliento.
Asiento en silencio antes de bajar la cabeza y juntar mis labios con los suyos. Nuestras bocas se mueven juntas, de forma lenta al principio. Pero luego sus manos suben por mi pecho y me agarran la camisa, está respirando en mi boca y puede que me esté poniendo duro, nuestro beso se vuelve frenético y deslizo mis manos alrededor de su cintura para acercarla y seguimos parados en la sala de mi hermana, lo cual explica el porqué de repente escuchamos la voz de Emmett.
—Vayaaa.
Nos separamos y miro a Emmett. Intento no verme presumido, pero no puedo evitarlo, carajo. Bella se acomoda la blusa y yo me ajusto un poco.
—Hola, Emmett —digo.
—Hola, Emmett —repite Bella.
—No es que no… me parezca bien todo esto —dice, riéndose—, pero necesito correrlos antes de que mi hija baje y los encuentre follando en el sofá.
No estoy seguro de haber visto alguna vez a alguien sonrojarse tanto como Bella se está sonrojando ahora.
—Sí, ya nos… íbamos —murmuro—. Solo necesito agarrar las sobras que Rose juntó para mí.
—Ajá. Ve a hacerlo. Esperaré aquí. —Tiene una sonrisa engreída en la cara y cruza los brazos.
Bella y yo nos ponemos rápidamente nuestros abrigos y desaparezco en la cocina para agarrar todos los contenedores de comida que puedo. Al carajo. Yo hice la mayor parte del trabajo. Es justo que me quede con todas las sobras.
Emmett me abre la puerta principal, pero no antes de agarrar el contenedor que está arriba, el cual está lleno de puré de papas.
—Mío —gruñe.
—Adiós, Emmett —digo al salir.
—Adiós, Emmett —vuelve a repetir Bella.
Cierra la puerta de golpe detrás de nosotros.
—¿Nos acaban de correr de la casa de tu cuñado porque nos atraparon besándonos en la sala? —pregunta Bella sorprendida.
—Básicamente. Oye, ¿puedes sacar mis llaves del bolsillo?
Bella mete la mano en el bolsillo de mis jeans y sonrío presumido.
—El bolsillo de mis jeans no. —Me río—. Lo siento. Están en el bolsillo de mi abrigo.
Se ve un poco avergonzada.
—Claro.
Después de que ella abre el carro, dejo los contenedores en el piso del asiento trasero. Y luego estamos sentados en mi carro, otra vez en la oscuridad igual que hace rato. Excepto que esta vez me inclino y la beso porque es simple: me gusta y estoy bastante seguro de que yo también le gusto.
Cuando nos apartamos y le pregunto si quiere ir a mi casa, porque está cerca y necesito ayuda para terminarme todas las sobras, ella dice que sí.
Y así es como, veinte minutos después, estamos sentados en mi sala, comiendo sobras, bebiendo cerveza y escuchando a The Proclaimers en repetición.
*Dave Chappelle: es un comediante, guionista, productor de televisión y cine, actor, artista y skater estadounidense.
