Señorita Constructora
Esta historia es una adaptación.
La historia original es Miss Fix-It de Emma Hart
Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer
Capítulo 18
Mira, no quise ir a casa y cambiarme.
Bueno, no del todo. No fue mi idea inicial, pero cuando construí la estructura principal del armario y solo tuve que agregar el riel y los estantes, y Edward aún no regresaba, hice una elección rápida a la hora del almuerzo.
En mi defensa, él lo comenzó. Él fue quien me declaró la guerra y a mi sonrojo.
Sí. Él comenzó, y yo estaba lista para terminarlo.
Ajusté mi sujetador y miré mis piernas. Esta falda era básicamente pantalones indecentes, pero sin la tira de mezclilla que cubría la vagina. Esperaba que no tuviera que inclinarme sobre los niños.
Jesús, eso marcaría a las pobres cosas para toda la vida.
Metí la barandilla en el armario de Ellie y di un paso atrás. Las puertas se hallaban abiertas, pero el armario rosado y blanco era el sueño de toda niña. Completo con asas personalizadas en forma de tiara. Iba a enloquecer cuando volviera y viera esto.
Cerré las puertas y lo empujé por el piso para que quedara contra la pared. Solté un profundo suspiro, luego volví mi atención al desastre del empaque. Mi lista de reproducción de Spotify marcó la próxima canción, y tarareé mientras la melodía familiar de "Galway Girl" de Ed Sheeran llenaba la sala.
Hizo la limpieza un poco mejor. No iba a celebrar un concierto improvisado esta vez... por las dudas.
Lo último que necesitaba era que Edward viniera y me viera usando un destornillador como micrófono esta vez.
Con toda la basura ordenada en la esquina opuesta, me dirigí al garaje y encontré la caja que tenía los cajones de Ellie. Primero construiría sus muebles y prepararía su habitación, excepto la cama, antes de volver mi atención a la de Eli.
La caja era más liviana que la del armario, y pude moverla yo misma. La llevé a su habitación escaleras arriba y la dejé ahí. Miré a mí alrededor en busca de mi cortaplumas para abrirla, tarareando otra canción de Ed Sheeran de la cual no sabía el título. Lo encontré en la papelera en la esquina de la habitación, lo agarré y me arrodillé para abrir la caja.
—¡Jesús!
Mi mano se deslizó en estado de shock y corté mi dedo.
—¡Mierda! —De inmediato solté el cuchillo y me llevé el dedo a la boca—. ¡Ay! —murmuré contra mi dedo.
—Oh, mierda. —Edward cruzó la habitación en dos pasos rápidos—. Me encontraba a punto de decirte que avises a un chico cuando casi no llevas nada de ropa, pero da igual. Déjame ver.
Negué con la cabeza y saqué mi dedo de mi boca. —Está bien. No es profundo. Dejará de sangrar en un minuto.
Aunque realmente dolía jodidamente mucho.
—Déjame ver. —Agarró mi muñeca y miró—. Eso no se va a detener solo.
—¿Cómo lo sabes? —Me lo llevé a la boca.
Me miró a los ojos y dijo secamente—: Tengo un hijo de cuatro años. He visto más cortes y rasguños de los que puedes imaginar. Baja las escaleras y te daré el botiquín de primeros auxilios.
—De acuerdo —murmuré contra mi piel—. Realmente, es mi culpa.
—No voy a discutir con eso. —Se levantó—. Ven.
Suspiré y lo seguí. Tal vez tenía razón, mi dedo no mostraba signos de disminuir su sangrado.
Simplemente genial.
—Oh, no. —Suspiró Eli, sentado en la mesa de la cocina con rebanadas de manzana—. ¿Tienes un boo boo?
Hice una mueca de dolor y asentí. —Sí. Abriendo una caja.
—¿Abriendo una caja? —preguntó Ellie, su voz subiendo al final—. ¿Cómo te cortas abriendo una caja?
—Cuando tu papá comienza a gritar en la entrada y me asusta —le respondí con sinceridad.
—¡Oh, papá! —Ellie lo miró fijamente—. Mira lo que le hiciste a Bewa.
Edward se congeló, botiquín de plástico en la mano. —No hice nada. Si hubiera sabido que tenía un cuchillo en la mano, no habría dicho nada.
—Mentiras —murmuré en voz baja.
Se encontró con mis ojos. —Es culpa tuya y lo sabes.
—Tú empezaste.
—¿Quién comenzó qué? —preguntaron los gemelos al unísono.
—No importa. Come tu fruta —dijo Edward, y me hizo un gesto para que me acercara—. Enjuaga tu dedo y sécalo cuidadosamente.
Hice lo que me dijo mientras básicamente vaciaba el contenido de una sala de almacenamiento del hospital en la encimera. Quedé impresionada por la cantidad de curitas, vendajes y varios otros tipos de botiquín de primeros auxilios que tenía allí.
—¿Fuiste médico en una vida pasada? —le pregunté mientras sostenía la toalla roja oscura alrededor de mi dedo.
—No —respondió—. Soy un padre en la actual. Te sorprendería la frecuencia con que uso esta cosa.
Eché un vistazo a Eli, que en ese momento tenía un rasguño en el codo. —Tal vez hace dos semanas hubiera sido así. ¿Ahora? No tanto.
Se rio, tomando la toalla. —Aprendes rápido. Apoya tu brazo en el mostrador y te vendaré el dedo.
—No creo que esté aprendiendo nada —dije lentamente, poniendo mi antebrazo sobre la toalla—. Todo tiene más sentido ahora.
—Lo que sea que digas. —Se puso a trabajar en vendar mi dedo.
—¿Qué haces? —preguntó Ellie—. En el piso de arriba.
Giré la cabeza hacia un lado y le ofrecí una sonrisa. —Estoy construyendo tus muebles, en realidad. Ya hice tu armario. Estaba a punto de armar tu tocador cuando me corté.
—¡Oh no! ¿Está bien mi admadio?
Edward resopló.
—Perfectamente bien. A diferencia de mi dedo.
—Tú eres la que tiene los dedos de mantequilla —dijo Edward, envolviendo un vendaje alrededor de mi dedo.
—Me asustaste —respondí—. No lo hice a propósito.
—¿Todavía puedes construir mi admadio? —preguntó Ellie alrededor de un bocado de fresas.
Fue agradable saber dónde se encontraban sus prioridades.
Estaba bien, no es que a ella le importara.
—Sí, todavía puedo construir tu armario —le respondí cuando Edward me pegó cinta adhesiva en el dedo—. Asombroso. Puedes hacer eso, pero no construir una estantería.
Suspiró, dejando caer la cabeza hacia atrás. —Podría construirlo si tuviera que hacerlo. Pero, no tengo que hacerlo. Tú lo haces.
—Creo que mientes. —Admiré su obra en mi dedo antes de cruzar los brazos y finalmente hacer una mueca cuando presioné mi corte.
—Papá no puede construir Legos —dijo Eli—. Intentó construir un castillo para Ewwie pero no pudo.
—Está bien. Primero —Edward movió su dedo hacia Eli—, faltaron ladrillos.
—Los robé. —Ellie sonrió.
Edward dirigió su mirada hacia ella. —Exactamente. Y segundo, puedo construir Legos, solo elijo no hacerlo.
—¿Porque no puedes? —le ofrecí.
—¿No tienes algo que hacer?
—Interrupción obligatoria —respondí.
—¿Por qué motivo?
—Mi dedo realmente, realmente duele.
Miró mi mano, luego negó con la cabeza. —No sé cómo discutir eso, así que no voy a hacerlo. Voy a decir que está bien y lo dejaré así.
Elección inteligente. Y dijo que yo era la que aprendía rápido...
—¿Puedo ayudarte a construir mi admadio? —preguntó Ellie, tomando una caja de jugo de manzana y bebiéndola con tanta fuerza que sus mejillas se ahuecaron. Unas gotas de jugo rojo se deslizaban por su barbilla desde las mejillas.
Edward presionó un botón en el lavavajillas y lo cerró. —¿Qué pasó la última vez que alguien intentó ayudar?
—Pero, no hay tiempo de pintura —respondió ella.
Ja. Punto para Ellie.
—Bella ya cortó su dedo. Solo puedo ver este final mal.
—No corté mi dedo. Es solo un rasguño.
—Un rasguño que no deja de sangrar.
—Dios mío, eres tan pedante. Lo que sea.
Estalló en carcajadas. —Estás muy luchadora hoy. ¿Es ese momento del mes?
—Sabes muy bien que no es así. —Puse mis manos en mis caderas—. No estaré aguantando esto. Me voy a trabajar.
Más risas me siguieron cuando salí, y me di cuenta de que eso era exactamente lo que él intentaba que hiciera.
Me detuve al pie de las escaleras. »¡Bien jugado!
De nuevo, risas.
»¡Ellie! ¡Vamos! —llamé, moviendo mi mano hacia ella.
—¡Sí! —Lanzó su pequeño puño en el aire y saltó de su silla, subiendo detrás de mí mientras me dirigía al piso de arriba.
. . . . . .
Ellie inclinó una pequeña bolsa con los tornillos en su mano. Sosteniéndolo, tomó un tornillo de su palma y me lo tendió.
—Gracias —dije.
Aparentemente, a los niños de cuatro años les gustaban los tornillos si eso significaba que podían ayudar. Organizarlos todos la entretuvo durante la totalidad de esta construcción: los sacó todos, los agrupó y luego los volvió a poner en bolsas.
—Bewa —dijo, mirándome mientras ponía un cajón.
—¿Sí?
—¿Quieres a mi papá?
Hice una pausa en medio del tornillo. Esa era una pregunta cargada. —¿Qué quieres decir?
Se movió, luego metió un poco de su cabello detrás de su oreja. —¿Son amigos?
—Por supuesto. Definitivamente somos amigos.
—¿Son amigos que se besan?
Parpadeé hacia ella. Esta no era una conversación que alguna vez me hubiera imaginado tener. —¿Por qué preguntas?
—Porque se die mucho más ahora, y sé que no tiene ningún amigo.
Apreté el tornillo, luego dejé caer el cajón completo y mi destornillador.
Era una niña observadora.
Y no tenía idea de cómo tener esta conversación con ella.
—¿Le has preguntado esto a papá?
Sacudió su cabeza. —No quiero ponerlo twiste.
—¿Por qué me preguntas? —Lo dije suavemente, porque realmente quería saber.
—Papá se veía twiste. Duego, nos mudamos aquí. —Bajó los ojos y jugó con los tornillos en la mano—. Entonces, viniste. Y ahoda papá se ve feliz. Y, a veces, cuando estoy twiste, papá me besa y dice que estoy feliz de nuevo. Entonces, cweo que tal vez besaste a papá y lo hiciste feliz ota vez.
Guau.
Lógica de niño.
Bastante preciso, en realidad.
Mierda.
Tomé una respiración profunda y lentamente la dejé ir otra vez. ¿Cómo se supone que debo responder eso? ¿Cómo se suponía que iba a responder de una manera que no lo tomaría y llegaría a algún escenario salvaje?
Porque, sí, besé a su papi, y mucho más, y él ya me dijo que lo hacía sentir feliz. Pero explicarle eso a Ellie cuando obviamente tenía algún tipo de esperanza para algo no sería fácil.
Tal vez ni siquiera debería ser explicado en absoluto.
—Me gusta mucho tu padre —dije lenta y cuidadosamente—. Pero eso no quiere decir que soy la razón por la que parece tan feliz. Tal vez a él realmente le gusta estar aquí en tu hermosa casa nueva.
Negó con la cabeza, sus rizos rebotando. —No. Él se encoge de homblos.
—Tal vez piensa que soy graciosa. Como si pensaras que ese perro en ese programa de televisión que es realmente torpe es divertido.
Levantó la vista, con una leve sonrisa en su rostro. —Marshall es glacioso cuando choca contla el elevadol.
—¿Cierto? Mira, tal vez así es como papá piensa que soy graciosa.
La sonrisa desapareció lentamente de su rostro, y asintió. —Bueno.
Moví el cajón hacia un lado y agarré dos pedazos para comenzar el siguiente. Ella ya me pasaba un tornillo. Lo tomé y me detuve. Había algo más que la molestaba.
—¿Ellie? —dije en voz baja—. ¿Hay algo más?
Levantó la vista y miró a mis ojos. —Todos los niños en la casa de Ángela tienen una mami.
Oh, chico.
—Sí, lo hacen —dije con cuidado.
—Pedo mi mami es un ángel. —Frunció el ceño—. ¿Clees que pueda tenel ota?
Oh.
Chico.
Empecé a maldecir. —Bien, quizás. A veces es así como funciona. ¿Sabías que mi mamá también es un ángel?
—No. ¿Cuántos años tenías cuando voló?
—Tenía cinco años —le dije, tomando el siguiente tornillo—. Me sentía muy triste, pero cuando crecí un poco, mi papá conoció a otra persona, y ahora ella es mi madrastra.
—¿Ella hace coletas en tu cabello, te pinta las uñas y te ayuda a decogel bonitos vestidos?
—Solía hacerlo. Soy un adulto ahora, pero lo hizo, sí.
—¿Tengo que espedal hasta sel glande pada una nueva mamá?
—Eso depende de papá, supongo. Tiene que encontrar a alguien que lo haga feliz y que los ame a ti y a tu hermano.
—¿Cómo un compañedo feliz?
—Algo así. —Me detuve—. Tal vez deberías terminar esta conversación con papá. Probablemente tendrá más respuestas que yo, ¿bien?
Frunció el ceño otra vez, pero asintió de acuerdo de todos modos. Gracias a Dios, eso se acercaba rápidamente a una línea de preguntas para las que no tenía respuestas.
Si no me detuviera, sabía que ella conectaría las cosas. Y lo último que quería hacer era romperle el corazón.
Porque ni siquiera estaba segura de si había aceptado lo que sentía por Edward.
. . . . . .
—Hombre, eso se intensificó rápidamente —dijo Rosalie cuando terminé de explicar todo lo que pasó. Arrancó un trozo de pan e inclinó la cabeza hacia un lado—. ¿Le preguntó algo a Edward?
Me encogí de hombros, mojando mi pedazo de pan en la salsa en mi plato. —No lo sé. Se quedó hasta que terminamos de construir, luego desapareció. Puse un par de estantes y me fui rápidamente.
—¿No fue incómodo?
—No creo que lo haya escuchado, honestamente. Cuando terminé, él estaba en una llamada de trabajo, así que solo indiqué que tenía que irme y vine aquí. —Mordí el pan, lo bajé y tomé mi vino—. Es todo... Mierda, no sé, Rose.
—Está todo jodido. —Terminó por mí.
—Básicamente. —Suspiré y me recosté en el sofá.
Acunó su vaso de vino contra ella, acurrucándose en la esquina. —¿Pero solo te sientes así porque lo ves literalmente todos los días? Al igual que, cuando termines la próxima semana, ¿con qué frecuencia lo verás?
Ese era un buen punto.
»¿Y es alguien con quien considerarías salir si no lo hubieras conocido así? No. Por lo de los niños. Y la única razón por la que estás en esta situación es porque conoces y te gustan sus hijos.
—Tú eres la que me dijo que me lo follara, ¿recuerdas?
—Sí —dijo lentamente—. Pero no sabía que tenías sentimientos por él.
—Tampoco lo sabía hasta que me folló de siete maneras el domingo.
Bufó. —Es curioso cómo sucede eso. —Apoyó el vaso en su muslo—. Quiero decir, piensa en esto, Bella. Si actuaras con seriedad en la forma que sientes en este momento, literalmente todo en tu vida cambiará. No estarías interviniendo para cuidar a los niños porque él está desesperado. Los niños se convertirían en tu responsabilidad. ¿Estás lista para eso?
—Asumes que voy a decirle que tengo sentimientos por él.
—Bueno, eso es lo primero que debes decidir.
—Me encanta cuando dices lo obvio —dije secamente—. Ni siquiera sé cómo me siento. ¿Está bien? Tal vez. Tal vez es solo porque lo veo todos los días en este momento. No lo sé. —Apoyé la cabeza en el sofá—. Tengo que resolverlo.
Rosalie asintió, casi haciendo una mueca al hacerlo. —Y necesitas hacerlo rápido. ¿Es solo atracción, o te estás enamorando de él?
—Gracias, Dr. Phil.
—De nada. —Sonrió—. Una cosa que podrías hacer es ir a una cita y ver cómo te sientes al respecto.
Hice una mueca. —No he comprobado la aplicación por días.
Alzó las cejas.
»¡No he tenido la oportunidad!
—¿Porque te han perforado contra una pared?
Suspiré. —Cállate.
Hola chicas!
Espero disfruten el capítulo y gracias por sus reviews!
Tengo blog! Se llama: Maly's infinity place, y pueden encontrar el link directo en mi perfil de Twitter (thoughtswen) si desean verlo. Voy a subir reseñas, recomendaciones y mucho más.
Y...¡Subí reseña al blog! ¿Conocen la Saga Indebted? Pues si no vayan a darle una miradita a la reseña y a lo mejor les da por leerla ;)
Nos vemos.
Bye Sweeting!
