14/10/20

Si Faby Sama la madre de Kagome es irritante pero bueno aqui el siguiente cap al final de este agregue otra cosita inventado por mi imaginacion no se espero que les gustes

aqui les dejo la lista de personajes que participan en este capitulo

Elizabeth Bennet (Kagome Higurashi)
Señor Bennet (Señor Higurashi)
Señora Bennet (Naomi Higurashi)
Señor Blingley (Yoshiro)
Jane Bennet (Midoriko Higurashi)
Lydia (Sango)
Catherine (Tsubaky)
Señor Hurst (Inu no Taisho Touga)
Darcy (Sesshomaru)
Señora Hurst (Izayoi)
Señorita Blingley (Kagura)
Señorita Charlotte (Abi )
Señorita Georgina Darcy (Sara )
Señor Collins ( Kuranosuke)
Wickham (Miroku)
William Lucas (Bankotsu)
Lady Lucas (Yura)

Capitulo 9
Partida y Traiciones

Algo mas que miradas... robaste de mi anlgo mas lose
es que tu inocencia se a vuelto preligrosa para mi
Sin darme cuenta letamente me pierdo en el
latir de mi corazon...


Las discusiones sobre el ofrecimiento de Takeda tocaban a su fin; Kagome ya no tenía que soportar más que esa sensación incómoda, que inevitablemente se deriva de tales situaciones, y, de vez en cuando algunas alusiones puntillosas de su madre. En cuanto al caballero, no demostraba estar turbado, ni abatido, ni trataba de evitar a Kagome, sino que expresaba sus sentimientos con una actitud de rigidez y con un resentido silencio. Casi no le hablaba; y aquellas asiduas atenciones tan de apreciar por su parte, las dedicó todo el día a la señorita Abi que le escuchaba amablemente, proporcionando a todos y en especial a su amiga Kagome un gran alivio.

A la mañana siguiente, el mal humor y el mal estado de salud de la señora Naomi no habían amainado. El señor Kuranosuke también sufría la herida de su orgullo. Kagome creyó que su resentimiento acortaría su visita; pero los planes del señor Kuranosuke no parecieron alterarse en lo más mínimo. Había pensado desde un principio marcharse el sábado y hasta el sábado pensaba quedarse.

Después del almuerzo las muchachas fueron al monte Fuji para averiguar si Miroku había regresado, y lamentar su ausencia en el baile de La Casa de la luna. Le encontraron al entrar en el pueblo y las acompañó a casa de su tía, donde se charló largo y tendido sobre su ausencia y su desgracia y la consternación que a todos había producido. Pero ante Kagome reconoció voluntariamente que su ausencia había sido premeditada.

–Al acercarse el momento –dijo–me pareció que haría mejor en no encontrarme con Sesshomaru, pues el estar juntos en un salón durante tantas horas hubiera sido superior a mis fuerzas y la situación podía haberse hecho desagradable, además, a otras personas.-

Kagome aprobó por completo la conducta de Miroku y ambos la discutieron ampliamente haciéndose elogios mutuos mientras iban hacia Shikon, adonde Miroku y otro oficial acompañaron a las muchachas. Durante el paseo Miroku se dedicó por entero a Kagome, y le proporcionó una doble satisfacción: recibir sus cumplidos y tener la ocasión de presentárselo a sus padres.

Al poco rato de haber llegado, trajeron una carta para Midoriko. Venía de la Casa de la luna y la joven la abrió inmediatamente. El sobre contenía una hojita de papel muy elegante y satinado, cubierta por la escritura de una hermosa y ágil mano de mujer. Kagome notó que el semblante de su hermana cambiaba al leer y que se detenía fijamente en determinados párrafos. Midoriko se sobrepuso en seguida; dejó la carta y trató de intervenir con su alegría de siempre en la conversación de todos; pero Kagome sentía tanta curiosidad que incluso dejó de prestar atención a Miroku. Y en cuanto él y su compañero se fueron, Midoriko la invitó con una mirada a que la acompañase al piso de arriba. Una vez en su cuarto, Midoriko le mostró la carta y le dijo:

–Es de Kagura Bingley; su contenido me ha sorprendido muchísimo. Todos los de la casa han abandonado la Casa de la luna y a estas horas están de camino a la capital, de donde no piensan regresar. Oye lo que dice.- dijo la peli negro aborde del llanto

Midoriko leyó en voz alta el primer párrafo donde se manifestaba que habían decidido ir con su hermano a Londres y que tenían la intención de comer aquel mismo día en la calle Grosvenor, donde el señor Touga tenía su casa. Lo siguiente estaba redactado de la siguiente forma: "No siento dejar Sengoku más que por ti, queridísima amiga; pero espero volver a disfrutar más adelante de los deliciosos momentos que pasamos juntas y entre tanto podemos aminorar la pena de la separación con cartas muy frecuentes y efusivas. Cuento con tu correspondencia." Kagome escuchó todas estas soberbias expresiones con impasibilidad por la desconfianza que le merecían. Le sorprendía la precipitación con la que se habían marchado, pero en realidad no veía por qué lamentarlo. No podía suponerseque el hecho de que ellas no estuviesen en la Casa de la luna impidiese venir a Yoshiro; y en cuanto a la ausencia de las damas, estaba segura de que Midoriko se consolaría con la presencia del hermano.

–Es una lástima –le dijo después de una breve pausa– que no hayas podido ver a tus amigas antes de que se fueran. Pero ¿no podemos tener la esperanza de que ese "más adelante" de futura felicidad que tu amiga tanto desea llegue antes de lo que ella cree y que esa estupenda relación que habéis tenido como amigas se renueve con mayor satisfacción como hermanas? Ellas no van a detener al señor Yoshiro en Londres.-

–Kaguea dice que decididamente ninguno volverá a Sengoku este invierno. Te lo leeré: "Cuando mi hermano nos dejó ayer, se imaginaba que los asuntos que le llamaban a Londres podrían despacharse en tres o cuatro días; pero como sabemos que no será así y convencidas, al mismo tiempo, de que cuando Yoshiro va a la capital no tiene prisa por volver, hemos determinado irnos con él para que no tenga que pasarse las horas que le quedan libres en un hotel, sin ninguna comodidad. Muchas de nuestras relaciones están ya allí para pasar el invierno; me gustaría saber si usted, queridísima amiga, piensa hacer lo mismo; pero no lo creo posible. Deseo sinceramente que las navidades en Sengoku sean pródigas en las alegrías propias de esas festividades, y que sus galanes sean tan numerosos que les impidan sentir la pérdida de los tres caballeros que les arrebatamos."

–Por lo tanto, es evidente –añadió Midoriko con voz triste– que el señor Yoshiro no va a volver este invierno.

-Lo único que es evidente es que la señorita Kagura es la que dice que él no va a volver.- dijo Kagome

–¿Por qué lo crees así? Debe de ser cosa del señor Yoshiro: No depende de nadie. Pero no lo sabes todo aún. Voy a leerte el pasaje que más me hiere. No quiero ocultarte nada. "El señor Taisho está impaciente por ver a su hermana, y la verdad es que nosotras no estamos menos deseosas de verla. Creo que Sara Taisho no tiene igual por su belleza, elegancia y talento, y el afecto que nos inspira a Izayoi y a mí aumenta con la esperanza que abrigamos de que sea en el futuro nuestra hermana. No sé si alguna vez le he manifestado a usted mi sentir sobre este particular; pero no quiero irme sin confiárselo,y me figuro que lo encontrará muy razonable. Mi hermano ya siente gran admiración por ella, y ahora tendrá frecuentes ocasiones de verla con la mayor intimidad. La familia de Sara desea esta unión tanto como nosotras, y no creo que me ciegue la pasión de hermana al pensar que Yoshiro es muy capaz de conquistar el corazón de cualquier mujer. Con todas estas circunstancias en favor de esta relación y sin nada que la impida, no puedo equivocarme, queridísima Midoriko, si tengo la esperanza de que se realice el acontecimiento que traería la felicidad a tantos seres."

–¿Qué opinas de este párrafo, Kag? –preguntó Midoriko al terminar de leer mientras gruesas lagrimas escapaban de sus ojos–. ¿No está bastante claro? ¿No expresa claramente que Kagura ni espera ni desea que yo sea su hermana, que está completamente convencida de la indiferencia de su hermano, y que si sospecha la naturaleza de mis sentimientos hacia él, se propone, con toda amabilidad, eso sí, ponerme en guardia? ¿Puede darse otra interpretación a este asunto?-

–Sí se puede. Yo lo interpreto de modo muy distinto. ¿Quieres saber cómo? –

-Claro que sí.- respondio Midoriko a un llorando

–Te lo diré en pocas palabras. La señorita Kagura se ha dado cuenta de que su hermano está enamorado de ti y ella quiere que se case con la señorita Taisho. Se ha ido a la capital detrás de él, con la esperanza de retenerlo allí, y trata de convencerte de que a Yoshiro no le importas nada.- termino de decir Kagome

Midoriko lo negó con la cabeza.

–Así es, Midoriko; debes creerme. Nadie que os haya visto juntos puede dudar del cariño de Yoshiro- Kagome agarro por los hombros a su hermana mayor- Su hermana no lo duda tampoco, no es tan tonta. Si hubiese visto en Sesshomaru la mitad de ese afecto hacia ella, ya habría encargado el traje de novia. Pero lo que pasa es lo siguiente: que no somos lo bastante ricas ni lo bastante distinguidas para ellos. Si la señorita Kagura tiene tal afán en casar a la señorita Taisho con su hermano, es porque de este modo le sería a ella menos difícil casarse con el propio Sesshomaru; lo que me parece un poco ingenuo por su parte. Pero me atrevería a creer que lograría sus anhelos si no estuviese de por medio la señorita Izayoi de Bourgh. Sin embargo, tú no puedes pensar en serio que por el hecho de que la señorita Kagura te diga que a su hermano le gusta la señorita Sara, él esté menos enamorado de ti de lo que estaba el jueves al despedirse; ni que le sea posible a su hermana convencerle de que en vez de quererte a ti quiera a la señorita Taisho.- dijo Kagome decidida mientras en su mente juraba que esa fria youkai Kagura pagaria por romper el corazon de su hermana de esa manera.

–Si nuestra opinión sobre la señorita Kagura fuese la misma –repuso Midoriko–, tu explicación me tranquilizaría. Pero me consta que eres injusta con ella. Kagura es incapaz de engañar a nadie; lo único que puedo esperar en este caso es que se esté engañando a sí misma.-

–Eso es. No podía habérsete ocurrido una idea mejor, ya que la mía no te consuela. Supón que se engaña. Así quedarás bien con ella y verás que no tienes por qué preocuparte.-

–Pero Kag ¿puedo ser feliz, aun suponiendo lo mejor, al aceptar a un hombre cuyas hermanas y amigos desean que se case con otra?-

–Eso debes decidirlo tú misma –dijo Kagome–, si después de una madura reflexión encuentras que la desgracia de disgustar a sus hermanas es más que equivalente a la felicidad de ser su mujer, te aconsejo, desde luego, que rechaces a Yoshiro.-

–¡Qué cosas tienes! -dijo Midoriko con una leve sonrisa mientras se limpiaba las lagrimas–. Debes saber que aunque me apenaría mucho su desaprobación, no vacilaría.-

–Ya me lo figuraba, y siendo así, no creo que pueda compadecerme de tu situación.-

–Pero si no vuelve en todo el invierno, mi elección no servirá de nada. ¡Pueden pasar tantas cosas en seis meses!- dijo Midoriko

Kagome rechazaba la idea de que Yoshiro no volviese; le parecía sencillamente una sugerencia de los interesados deseos de Kagura, y no podía suponer ni por un momento que semejantes deseos, tanto si los manifestaba clara o encubiertamente, influyesen en el ánimo de un hombre tan independiente.

Expuso a su hermana lo más elocuentemente que pudo su modo de ver, y no tardó en observar el buen efecto de sus palabras. Midoriko era por naturaleza optimista, lo que la fue llevando gradualmente a la esperanza de que Yoshiro volvería a la Casa de la luna y llenaría todos los anhelos de su corazón, aunque la duda la asaltase de vez en que no informarían a la señora Naomi más que de la partida de la familia, para que no se alarmase demasiado; pero se alarmó de todos modos bastante; y lamentó la tremenda desgracia de que las damas se hubiesen marchado precisamente cuando habían intimado tanto. Se dolió mucho de ello, pero se consoló pensando que Yoshiro no tardaría en volver para comer en Shikon, y acabó declarando que a pesar de que le habían invitado a comer sólo en familia, tendría buen cuidado de preparar para aquel día dos platos de primera.


Los Higurashi fueron invitados a comer con los Shinshirintais, y de nuevo la señorita Abi tuvo la amabilidad de escuchar a Kuranosuke durante la mayor parte del día. Kagome aprovechó la primera oportunidad para darle las gracias.

–Esto le pone de buen humor. Te estoy más agradecida de lo que puedas imaginar –le dijo.

Abi le aseguró que se alegraba de poder hacer algo por ella, y que eso le compensaba el pequeño sacrificio que le suponía dedicarle su tiempo. Era muy amable de su parte, pero la amabilidad de Abi iba más lejos de lo que Kagome podía sospechar: su objetivo no era otro que evitar que Kuranosuke le volviese a dirigir sus cumplidos a su amiga, atrayéndolos para sí misma. Éste era el plan de Abi, y las apariencias le fueron tan favorables que al separarse por la noche casi habría podido dar por descontado el éxito, si Kuranosuke no tuviese que irse tan pronto de Sengoku. Pero al concebir esta duda, no hacía justicia al fogoso e independiente carácter de Kuranosuke; a la mañana siguiente se escapó de Shikon con admirable sigilo y corrió a casa de los Shinshirintais para rendirse a sus pies. Quiso ocultar su salida a sus primas porque si le hubiesen visto habrían descubierto su intención, y no quería publicarlo hasta estar seguro del éxito; aunque se sentía casi seguro del mismo, pues Abi le había animado lo bastante, pero desde su aventura del miércoles estaba un poco falto deconfianza. No obstante, recibió una acogida muy halagüeña. La señorita Abi le vio llegar desde una ventana, y al instante salió al camino para encontrarse con él como de casualidad. Pero poco podía ella imaginarse cuánto amor y cuánta elocuencia le esperaban.

En el corto espacio de tiempo que dejaron los interminables discursos de Kuranosuke, todo quedó arreglado entre ambos con mutua satisfacción. Al entrar en la casa, Kuranosuke le suplicó con el corazón que señalase el día en que iba a hacerle el más feliz de los hombres; y aunque semejante solicitud debía ser aplazada de momento, la dama no deseaba jugar con su felicidad. La estupidez con que la naturaleza la había dotado privaba a su cortejo de los encantos que pueden inclinar a una mujer a prolongarlo; a la señorita Abi, que lo había aceptado solamente por el puro y desinteresado deseo de casarse, no le importaba lo pronto que este acontecimiento habría de realizarse.

Se lo comunicaron rápidamente a sir Bankotsu y a lady Yura para que les dieran su consentimiento, que fue otorgado con la mayor presteza y alegría. La situación de Kuranosuke le convertía en un partido muy apetecible para su hija, a quien no podían legar más que una escasa fortuna, y las perspectivas de un futuro bienestar eran demasiado tentadoras. Lady Yura se puso a calcular seguidamente y con más interés que nunca cuántos años más podría vivir el señor Higurashi, y sir Bankotsu expresó su opinión de que cuando Kuranosuke fuese dueño de Shikon sería muy conveniente que él y su mujer hiciesen su aparición en St. James. Total que toda la familia se regocijó muchísimo por la noticia. Las hijas menores tenían la esperanza de ser presentadas en sociedad un año o dos antes de lo que lo habrían hecho de no ser por esta circunstancia. Los hijos se vieron libres del temor de que Abi se quedase soltera. Abi estaba tranquila. Había ganado la partida y tenía tiempo para considerarlo. Sus reflexiones eran en general satisfactorias. A decir verdad, Kuranosuke no era ni inteligente ni simpático, su compañía era pesada y su cariño por ella debía de ser imaginario. Pero, al fin y al cabo, sería su marido. A pesar de que Abi no tenía una gran opinión de los hombres ni del matrimonio, siempre lo había ambicionado porque era la única colocación honrosa para una joven bien educada y de fortuna escasa, y, aunque no se pudiese asegurar que fuese una fuente de felicidad, siempre sería el más grato recurso contra la necesidad. Este recurso era lo queacababa de conseguir, ya que a los veintisiete años de edad, sin haber sido nunca bonita, era una verdadera suerte para ella. Lo menos agradable de todo era la sorpresa que se llevaría Kagome Higurashi, cuya amistad valoraba más que la de cualquier otra persona. Kagome se quedaría boquiabierta y probablemente no lo aprobaría; y, aunque la decisión ya estaba tomada, la desaprobación de Kagome le iba a doler mucho. Resolvió comunicárselo ella misma, por lo que recomendó a Kuranosuke, cuando regresó a Shikon a comer, que no dijese nada de lo sucedido. Naturalmente, él le prometió como era debido que guardaría el secreto; pero su trabajo le costó, porque la curiosidad que había despertado su larga ausencia estalló a su regreso en preguntas tan directas que se necesitaba mucha destreza para evadirlas; por otra parte, representaba para Kuranosuke una verdadera abnegación, pues estaba impaciente por pregonar a los cuatro vientos su éxito amoroso.

Al día siguiente tenía que marcharse, pero como había de ponerse de camino demasiado temprano para poder ver a algún miembro de la familia, la ceremonia de la despedida tuvo lugar en el momento en que las señoras fueron a acostarse. La señora Naomi, con gran cortesía y cordialidad, le dijo que se alegraría mucho de verle en Shikon de nuevo cuando sus demás compromisos le permitieran visitarles.

–Mi querida señora –repuso Kuranosuke–, agradezco particularmente esta invitación porque deseaba mucho recibirla; tenga la seguridad de que la aprovecharé lo antes posible.-

Todos se quedaron asombrados, y el señor Higurashi, que de ningún modo deseaba tan rápido regreso, se apresuró a decir:

–Pero, ¿no hay peligro de que lady Irasue lo desapruebe esta vez? Vale más que sea negligente con sus parientes que corra el riesgo de ofender a su patrona.-

–Querido señor ––respondió Kuranosuke–, le quedo muy reconocido por esta amistosa advertencia, y puede usted contar con que no daré un solo paso que no esté autorizado por Su Señoría.-

–Todas las precauciones son pocas. Arriésguese a cualquier cosa menos a incomodarla, y si cree usted que pueden dar lugar a ello sus visitas a nuestra casa, cosa que considero más que posible, quédese tranquilamente en la suya y consuélese pensando que nosotros no nos ofenderemos.-

–Créame, mi querido señor, mi gratitud aumenta con sus afectuosos consejos, por lo que le prevengo que en breve recibirá una carta de agradecimiento por lo mismo y por todas las otras pruebas de consideración que usted me ha dado durante mi permanencia en Sengoku. En cuanto a mis hermosas primas, aunque mi ausencia no ha de ser tan larga como para que haya necesidad de hacerlo, me tomaré la libertad de desearles salud y felicidad, sin exceptuar a mi prima Kagome- La nombrada solo miro con indiferencia

Después de los cumplidos de rigor, las señoras se retiraron. Todas estaban igualmente sorprendidas al ver que pensaba volver pronto. La señora Naomi quería atribuirlo a que se proponía dirigirse a una de sus hijas menores, por lo que determinó convencer a Kikyo para que lo aceptase. Esta, en efecto, apreciaba a Kuranosuke más que las otras; encontraba en sus reflexiones una solidez que a menudo la deslumbraba, y aunque de ningún modo le juzgaba tan inteligente como ella, creía que si se le animaba a leer y a aprovechar un ejemplo como el suyo, podría llegar a ser un compañero muy agradable. Pero a la mañana siguiente todo el plan se quedó en agua de borrajas, pues la señorita Abi vino a visitarles justo después del almuerzo y en una conversación privada con Kagome le relató el suceso del día anterior.

A Kagome ya se le había ocurrido uno o dos días antes la posibilidad de que Kuranosuke se creyese enamorado de su amiga, pero que Abi le alentase le parecía tan imposible como que ella misma lo hiciese. Su asombro, por consiguiente, fue tan grande que sobrepasó todos los límites del decoro y no pudo reprimir gritarle:

–¡Comprometida con el señor Takeda! ¿Cómo es posible, Abi?- Dijo Kagome mientras ocultaba sus manos en puño bajo su haori de sacerdotisa que ya se le habia hecho constumbre usar, se sentia traicionada por su mejor amiga.

Abi había contado la historia con mucha serenidad, pero ahora se sentía momentáneamente confusa por haber recibido un reproche tan directo; aunque era lo que se había esperado. Pero se recuperó pronto y dijo con calma–¡De qué te sorprendes, Kagome? ¿Te parece increíble que el señor Takeda haya sido capaz de procurar la estimación de una mujer por el hecho de no haber sido afortunado contigo?- una batalla de miradas se desato entre ambas morado contra azul

Pero, entre tanto, Kagome había recuperado la calma, y haciendo un enorme esfuerzo fue capaz de asegurarle con suficiente firmeza que le encantaba la idea de su parentesco y que le deseaba toda la felicidad del mundo.

–Sé lo que sientes –repuso Abi–. Tienes que estar sorprendida, sorprendidísima, haciendo tan poco que el señor Takeda deseaba casarse contigo. Pero cuando hayas tenido tiempo de pensarlo bien, espero que comprenderás lo que he hecho. Sabes que no soy romántica. Nunca lo he sido. No busco más que un hogar confortable, y teniendo en cuenta el carácter de Kuranosuke, sus relaciones y su posición, estoy convencida de que tengo tantas probabilidades de ser feliz con él, como las que puede tener la mayoría de la gente que se casa-.

Elizabeth le contestó dulcemente: –Es indudable.-

Y después de una pausa algo embarazosa, fueron a reunirse con el resto de la familia. Abi se marchó en seguida y Kagome se quedó meditando lo que acababa de escuchar. Tardó mucho en hacerse a la idea de un casamiento tan disparatado. Lo raro que resultaba que Kuranosuke hubiese hecho dos proposiciones de matrimonio en tres días, no era nada en comparación con el hecho de que hubiese sido aceptado. Siempre creyó que las teorías de Abi sobre el matrimonio no eran exactamente como las suyas, pero nunca supuso que al ponerlas en práctica sacrificase sus mejores sentimientos a cosas mundanas. Y al dolor que le causaba ver cómo su amiga se había desacreditado y había perdido mucha de la estima que le tenía, se añadía el penoso convencimiento de que le sería imposible ser feliz con la suerte que había elegido.


Kagome estaba sentada con su madre y sus hermanas meditando sobre lo que había escuchado y sin saber si debía o no contarlo, cuando apareció el propio Sir Bankotsu Shinshirintai, enviado por su hija, para anunciar el compromiso a la familia. Entre muchos cumplidos y congratulándose de la unión de las dos casas, reveló el asunto a una audiencia no sólo estupefacta, sino también incrédula, pues la señora Naomi, con más obstinación que cortesía, afirmó que debía de estar completamente equivocado, y Naomi, siempre indiscreta y a menudo mal educada, exclamó alborotadamente:

–¡Santo Dios! ¿Qué está usted diciendo, sir Bankotsu? ¿No sabe que el señor Kuranosuke quiere casarse con Kagome?-

Sólo la condescendencia de un cortesano podía haber soportado, sin enfurecerse, aquel comportamiento; pero la buena educación de sir Bankotsu estaba por encima de todo. Rogó que le permitieran garantizar la verdad de lo que decía, pero escuchó todas aquellas impertinencias con la más absoluta corrección.

Kagome se sintió obligada a ayudarle a salir de tan enojosa situación, y confirmó sus palabras, revelando lo que ella sabía por la propia Abi. Trató de poner fin a las exclamaciones de su madre y de sus hermanas felicitando calurosamente a sir Bankotsu, en lo que pronto fue secundada por Midoriko, y comentando la felicidad que se podía esperar del acontecimiento, dado el excelente carácter del señor Takeda y la conveniente distancia de Sengoku a Londres.

La señora Naomi estaba ciertamente demasiado sobrecogida para hablar mucho mientras sir Bankotsu permaneció en la casa; pero, en cuanto se fue, se desahogó rápidamente. Primero, insistía en no creer ni una palabra; segundo, estaba segura de que a Kuranosuke lo habían engañado; tercero, confiaba en que nunca serían felices juntos; y cuarto, la boda no se llevaría a cabo. Sin embargo, de todo ello se desprendían claramente dos cosas: que Kagome era la verdadera causa de toda la desgracia, y que ella, la señora Naomi, había sido tratada de un modo bárbaro por todos. El resto del día lo pasó despotricando, y no hubo nada que pudiese consolarla o calmarla. Tuvo que pasar una semana antes de que pudiese ver a Kagome sin reprenderla; un mes, antes de que dirigiera la palabra a sir Bankotsu o a lady Yura sin ser grosera; y mucho, antes de que perdonara a Abi.

El estado de ánimo del señor Higurashi ante la noticia era más tranquilo; es más, hasta se alegró, porque de este modo podía comprobar, según dijo, que Abi Shinshirintai, a quien nunca tuvo por muy lista, era tan tonta como su mujer, y mucho más que su hija.

Midoriko confesó que se había llevado una sorpresa; pero habló menos de su asombro que de sus sinceros deseos de que ambos fuesen felices, ni siquiera Kagome logró hacerle ver que semejante felicidad era improbable. Sango y Tsubaky estaban muy lejos de envidiar a la señorita Abi, pues Kuranosuke no era más que un clérigo y el suceso no tenía para ellas más interés que el de poder difundirlo por Fuji.

Lady Yura no podía resistir la dicha de poder desquitarse con la señora Naomi manifestándole el consuelo que le suponía tener una hija casada; iba a Shikon con más frecuencia que de costumbre para contar lo feliz que era, aunque las poco afables miradas y los comentarios mal intencionados de la señora Naomi podrían haber acabado con toda aquella felicidad.

Entre Kagome y Abi había una barrera que les hacía guardar silencio sobre el tema, y Kagome tenía la impresión de que ya no volvería a existir verdadera confianza entre ellas. La decepción que se había llevado de Abi le hizo volverse hacia su hermana con más cariño y admiración que nunca, su rectitud y su delicadeza le garantizaban que su opinión sobre ella nunca cambiaría, y cuya felicidad cada día la tenía más preocupada, pues hacía ya una semana que Bingley se había marchado y nada se sabía de su regreso.

Midoriko contestó en seguida la carta de Kagura Blingley, y calculaba los días que podía tardar en recibir la respuesta. La prometida carta de Kuranosuke llegó el martes, dirigida al padre y escrita con toda la solemnidad de agradecimiento que sólo un año de vivir con la familia podía haber justificado. Después de disculparse al principio, procedía a informarle, con mucha gran dilocuencia, de su felicidad por haber obtenido el afecto de su encantadora vecina la señorita Abi, y expresaba luego que sólo con la intención de gozar de su compañía se había sentido tan dispuesto a acceder a sus amables deseos de volverse a ver en Shikon, adonde esperaba regresar del lunes en quince días; pues lady Irasue, agregaba, aprobaba tan cordialmente su boda, que deseaba se celebrase cuanto antes, cosa que confiaba sería un argumento irrebatible para que su querida Abi fijase el día en que habría de hacerle el más feliz de los hombres.

La vuelta de Kuranosuke a Sengoku ya no era motivo de satisfacción para la señoraNaomi. Al contrario, lo deploraba más que su marido: "Era muy raro que Takeda viniese a Shikon en vez de ir a casa de los Shinshirintai; resultaba muy inconveniente y extremadamente embarazoso. Odiaba tener visitas dado su mal estado de salud, y los novios eran los seres más insoportables del mundo." Éstos eran los continuos murmullos de la señora Naomi, que sólo cesaban ante una angustia aún mayor: la larga ausencia del señor Yoshiro

Ni Midoriko ni Kagome estaban tranquilas con este tema. Los días pasaban sin que tuviese más noticia que la que pronto se extendió por Fuji: que los Bingley no volverían en todo el invierno. La señora Naomi estaba indignada y no cesaba de desmentirlo, asegurando que era la falsedad más atroz que oír se puede.

Incluso Kagome comenzó a temer, no que Yoshiro hubiese olvidado a Midoriko, sino que sus hermanas pudiesen conseguir apartarlo de ella. A pesar de no querer admitir una idea tan desastrosa para la felicidad de Midoriko y tan indigna de la firmeza de su enamorado, Kagome no podía evitar que con frecuencia se le pasase por la mente. Temía que el esfuerzo conjunto de sus desalmadas hermanas y de su influyente amigo, unido a los atractivos de la señorita Sara y a los placeres de Londres, podían suponer demasiadas cosas a la vez en contra del cariño de Yoshiro.

En cuanto a Midoriko, la ansiedad que esta duda le causaba era, como es natural, más penosa que la de Kagome; pero sintiese lo que sintiese, quería disimularlo, y por esto entre ella y su hermana nunca se aludía a aquel asunto. A su madre, sin embargo, no la contenía igual delicadeza y no pasaba una hora sin que hablase de Yoshiro, expresando su impaciencia por su llegada o pretendiendo que Midoriko confesase que, si no volvía, la habrían tratado de la manera más necesitaba toda la suavidad de Midoriko para aguantar estos ataques con tolerable tranquilidad.

Kuranosuke volvió puntualmente del lunes en quince días; el recibimiento que se le hizo en Shikon no fue tan cordial como el de la primera vez. Pero el hombre era demasiado feliz para que nada le hiciese mella, y por suerte para todos, estaba tan ocupado en su cortejo que se veían libres de su compañía mucho tiempo. La mayor parte del día se lo pasaba en casa de los Shinshirintai, y a veces volvía a Shikon sólo con el tiempo justo de excusar su ausencia antes de que la familia se acostase.

La señora Naomi se encontraba realmente en un estado lamentable. La sola mención de algo concerniente a la boda le producía un ataque de mal humor, y donde quiera que fuese podía tener por seguro que oiría hablar de dicho acontecimiento. El ver a la señorita Abi la descomponía. La miraba con horror y celos al imaginarla su sucesora en aquella casa. Siempre que Abi venía a verlos, la señora Naomi llegaba a la conclusión de que estaba anticipando la hora de la toma de posesión, y todas las veces que le comentaba algo en voz baja a Kuranosuke, estaba convencida de que hablaban de la herencia de Shikon y planeaban echarla a ella y a sus hijas en cuanto el señor Naomi pasase a mejor vida. Se quejaba de ello amargamente a su marido.


–La verdad, señor Higurashi–le decía– es muy duro pensar que Abi Shinshirintai será un día la dueña de esta casa, y que yo me veré obligada a cederle el sitio y a vivir viéndola en mi lugar.-

–Querida, no pienses en cosas tristes. Tengamos esperanzas en cosas mejores. Animémonos con la idea de que puedo sobrevivirte.-

No era muy consolador, que digamos, para la señora Naomi; sin embargó, en vez de contestar, continuó:

–No puedo soportar el pensar que lleguen a ser dueños de toda esta propiedad. Si no fuera por el legado, me traería sin cuidado.-

–¿Qué es lo que te traería sin cuidado? –

–Me traería sin cuidado absolutamente todo.-

–Demos gracias, entonces, de que te salven de semejante estado de insensibilidad.–

-Nunca podré dar gracias por nada que se refiera al legado. No entenderé jamás que alguien pueda tener la conciencia tranquila desheredando a sus propias hijas. Y para colmo, ¡que el heredero tenga que ser el señor Takeda! ¿Por qué él, y no cualquier otro?-

–Lo dejo a tu propia consideración.-

Lejos de aquella conversacion Kagome se encontraba en uno de los jardines de Shikon tenia un arco y flecha desde pequeña su abuelo antes de que se fuera le habia dado a cada una un arma para canalizar su reiki en este caso a Midoriko le dio una espada y a Kagome arco y flechas al igual que a Kikyo a Tsubaky una naginata y a Sango por no dejarla por fuera ya que era la unica que no tenia reiki le dio un boomerang. Kagome tensaba la cuerda del arco mientras dejaba libre la flecha la cual se dirigio con rapidez dando en el blanco que era un arbol que estaba algo lejos de ella- Espero no estes pensando en Sesshomaru- dijo Midoriko quien vestia una traje de sacerdotisa pero a diferencia de su hermana este era de mangas ajustada en su cintura tenia su espada.

-Khe si claro es lo que mas quisiera purificar a ese demonio engreido, frio y sin sentimientos- dijo Kagome con enojo mientras dejaba ir otra flecha.

-si claro eso no era lo que decia su mirar- dijo Midoriko desconcentrando a su hermana- que crees que no me di cuenta de eso -

Kagome iba a responder pero ambas dieron un salto esquivando un enorme boomerang- Sango te as vuelto loca o que-

La nombrada solo rio mientras la pesada arma volvia a ella a diferencias de sus dos hermanas vestia un traje completo pegaso a su cuerpo color negro con algunos detalles en rosa al lado de ella estaba kikyo con traje de sacerdotisa con arco y flecha y Tsubaky con ropajes negros muy diferente al traje de sacerdotisa- que tal si entrenamos todo este asunto entre Kuranosuke y la traicionera de Abi me tiene hasta la coronilla- dijo Sango a sus hermanas.

- Bien las mayores contra las menores- dijo Kagome mientras se ponian en guardia junto con Midoriko quien empuño su espada.

-Eso me gusta como en los viejos tiempos- dijo Tsubaky en guardia. Hacia mucho tiempo que las Higurashi no tenian un entrenamiento el ultimo fue dias antes de que su adorable abuelo se fuera a las lejanas tierras de Japon

Continuara...


Estudios Fanfiction

Los protagonista se quitaban todo el vestuario para retirarse mientras un periodista se habia colado en los estudios donde se procesaba la historia y entre la multitud vio a Kagome asi que sin dudarlo se acerco y llamo la atencion de la peli negro- Señorita Kagome que siente respecto a Sesshomaru-

- Ehhh pues bueno no sabria decir por un lado siento gran admiracion pero a la ves siento mucho indignacion ya que el y Kagura estoy mas que segura que se traen algo- Dijo Kagome mientras a su lado llegaba Midoriko.

-Señorita Midoriko que se siente saber que la persona que ama se fue lejos de usted- golpe bajo para Midoriko mientras tranquilizaba su respiracion para no hechar a patadas al periodista.

-Pues muy doloroso pero confio plenamente que Yoshiro y Yo estaremos juntos no importa cuanto tiempo pase-

El periodista tomaba tona mientras sacaba algunas fotos con su celular y notaba que todas estaban hay Sango, Kikyo y Tsubaky- referente al capitulo de hoy que tienen que decir-

-Pues a decir verdad nada Abi cayo en lo mas bajo al aceptar el compromiso con el niño de la nariz sucia- se rio por debajo Sango mientras la imagen de Kuranosuke llegaba a su mente.

-Sango eso es cruel- Dijo Tsubaky aguantando las ganas de reirse.

- Una ultima pregunta para Kagome- dijo el periodista mientras se aseguraba que cierto youkai no estaba cerca- su acercamiento con Miroku se podria decir que es romantico-

Kagome algo sonrojada iba a responder cuando vio como el pobre periodista era levantado por el cuello de la parte trasera de su camisa por cierto peli plata quien tenia una mirada molesta- suficiente es hora de irse-

- QUEEEE! NO PIEDAD NECESITO SABER- miro a las chicas pidiendo ayuda estas solo sonrieron mientras se despedian- ES INJUSTO- Dijo mientras era tirado fuera de los estudios- Khe ya veran volvere a entrar y me asegurare que las respuestas de las lectoras sean respondidas -