VII
Hold me while you wait

"I'm waiting up, saving all my precious time.
Losing light, I'm missing my same old us,
Before we learned our truth too late,
Resigned to fate, fading away."

En algún punto de la vida, se aprende lo que es el amor y lo que es el desamor. Lo que es arriesgarse y perder; lo que es no arriesgarse por miedo a perder. Las ventajas y desventajas que representaban ambas situaciones.

Sin embargo, las enseñanzas que deja cada experiencia cambia de acuerdo a la persona. Todo es según el color del cristal con el que se mira.

Un corazón roto causa emociones distintas entre aquél que lo posee y aquél que lo rompe. En ambos casos, el dolor existe y permanece hasta que ese corazón sana.

Así, no importa que detrás de una confesión no exista un mismo sentimiento. No importa si no se es correspondido, la sensibilidad y el conocimiento de haberle roto el corazón a alguien permanece.

Sachiko, por ejemplo, se enfrentaba a su primera confesión amorosa. Su primer rechazo, la primera desilusión amorosa que ella provocó. Y la culpa sobre su cuerpo, lo que hacía que sus piernas y brazos pesaran tanto, no la dejaban descansar sin importar los días que hubiesen pasado.

Durante siete días, la chica evitó encontrarse con el receptor e incluso, le ocultó a su mejor amiga lo que sucedió esa última noche que se encontraron. Por algún motivo que no alcanzaba a comprender, se sentía avergonzada. Temerosa de ser juzgada por rechazar al sujeto más codiciado de la escuela; por rechazar al que le entregó su primer beso. Sus primeros besos y algo más…

Debido a todas estas distracciones, se volvió común verla tropezar con algunas cosas o tirar por accidente sus lápices o cuadernos. Sus compañeros y amigos atribuyeron esa nueva torpeza al haber dejado el Club de Béisbol. Aunque, para su mala –o quizá buena– suerte, uno de sus compañeros podía suponer que se trataba de algo relacionado al ex capitán de Seidou. Mas por respeto a la chica y a la distancia que existía entre ellos fuera del campo de entrenamiento, prefirió callar sus suposiciones hasta que fue realmente necesario.

Hasta que Sachiko necesitó ser rescatada de un pasado que necesitaba enterrar:

—Yo sé que Miyuki-kun pidió que nadie más le entregara cartas, pero tienes que entenderme, Umemoto. —Le rogaba una estudiante desesperada, con un sobre azulado en las manos— Es mi última oportunidad de confesar mis sentimientos, no puedo perder.

El rostro de la antigua mánager no sólo expresaba negación, sino terror absoluto. Como si, a su vez, ella suplicara que no la obligaran a hacer eso.

A varios asientos de ahí, Shirasu le mostraba a Kawakami un artículo sobre el torneo de invierno. Empero, el pitcher estaba más interesado, por vez primera, en una chica antes que en un artículo deportivo. Ese gesto en Sachiko le comprobaba lo que sospechó desde días atrás.

A decir verdad, él nunca fue consciente de la popularidad de Miyuki hasta que Sachiko entró al comedor con un chocolate gigante y, detrás de ella, Yui arrastró un peluche de Derek Jeter tamaño real. Ambos eran obsequios de una chica adinerada que afirmaba podía comprar el amor del cátcher. Por supuesto, ambos regalos fueron rechazados; el chocolate se lo comió Azuma y el peluche se lo llevó Tetsu a su casa. Cuando eso ocurrió, apenas estaban a la mitad de su primer año.

A partir de ese momento, nadie se sorprendió tras ver las atenciones que recibía el receptor ni tras ver los múltiples obsequios que recibía en febrero o en su cumpleaños. Detrás de todos estos eventos, tampoco era raro ver a Sachiko entregando con total indiferencia varios de estos regalos. Que ellos se hicieran tan cercanos, entonces, no asombró a nadie.

Por esa razón, cuando los rumores sobre el aparente enamoramiento de Sachiko llegaron a los oídos de Kawakami, éste no les dio importancia alguna. No había cosa que le interesara menos que eso… Hasta que vio cómo era atacada por una de las enamoradas de Miyuki. Hasta que la insultaron y le bloquearon la salida del salón sólo por esos rumores tan absurdos.

El pitcher quiso intervenir, mas cuando al fin se decidió a hacerlo, Miyuki ya levantaba una mano frente al rostro de la mánager. Tal vez de la forma más patética, pero Miyuki la había salvado. Quizá fue arrastrado por Kuramochi, pero él hizo más por Sachiko que Kawakami.

Y era algo que todavía pesaba en los hombros de ese lanzador.

—Lee el artículo con calma, ya vuelvo. —Le dijo a Shirasu antes de ponerse de pie.

La insistente chica frente a Umemoto no dejaba de rebatir cada argumento que ésta presentaba ante la negativa de ser nuevamente la intermediaria.

—Yo sé que alguien por ahí dijo que Miyuki-kun está interesado en otra chica, pero es una mentira. Si así fuera, él ya tendría novia. Así que, por favor, sólo…

—Lo que Umemoto quiere decir —intervino Kawakami, con una expresión amable—, es que Miyuki pasa su tiempo entrenando porque pronto será firmado para un equipo profesional. Y pidió que no se le molestara más —mintió. Sachiko lo observó con alivio y asintió, dándole la razón.

La fan, empero, hizo un gesto de desagrado y, antes de que volviera a insistir, el pitcher le sonrió.

—Pero, descuida, yo todavía puedo acercarme a él. A veces entrenamos juntos, después de todo. Puedo encargarme de tu carta.

Entonces, la muchacha de súbito se sonrojó; aun con el rubor en sus mejillas, le entregó el sobre al chico y salió apresurada del salón. Sachiko soltó un largo suspiro y recargó la frente en sus manos entrelazadas. Nori guardó la carta en su suéter y, un tanto temeroso, preguntó:

—¿Te encuentras bien, Umemoto?

La chica tardó en responder. Con el rabillo del ojo, se aseguró de que nadie los observara y negó con la cabeza.

—¿Quieres ir a la enfermería? —La ex mánager asintió y se levantó.

Kawakami la siguió afuera del salón. Sabía que Shirasu lo observaba, pero no le dio importancia.

El pasillo de tercer grado estaba algo abarrotado, mas ambos estudiantes se aseguraron de no separarse tanto. Nori fue testigo de cómo Sachiko ignoró a su amiga Yui y entonces él tuvo que excusarla:

—La llevaré a la enfermería, pero estará bien pronto —aseguró para la tranquilidad de la joven.

Su destino se encontraba en el pasillo del primer grado, cerca del comedor. Seguirle el paso fue un poco más complicado, pero Nori jamás perdió de vista la espalda de su compañera. Cuando entraron a la enfermería, ella afirmó que lo que le ocurría era un cólico menstrual especialmente agudo. La doctora a cargo miró de soslayo a Kawakami y éste, un tanto sonrojado por la facilidad con la cual Sachiko había soltado aquello, esbozó una pequeña sonrisa.

—Eres valiente al venir con ella. Me han tocado pacientes que agreden a su pareja cuando se encuentran en esos días —mencionó la doctora.

—No, no, ella no es mi novia. —Se apresuró a aclarar el pitcher. La médico le entregó una pastilla y un vaso de agua a Umemoto antes de volver a dirigirse al muchacho.

—Entonces déjame decirte que sumas puntos al acompañarla. Cuídala mientras yo voy por mi almuerzo. —Se levantó y al pasar a su lado, le palmeó los hombros a ambos estudiantes.

Sachiko tragó el medicamento y, acto seguido, se dejó caer en una de las camillas. Encogió sus piernas y las abrazó contra su pecho. El lanzador se apresuró a quitarse el suéter para cubrir las piernas de su acompañante. Acto seguido, se sentó en la orilla de la camilla.

Esperó unos segundos a que a su mente llegaran las palabras adecuadas, pero fue Umemoto la que habló primero:

—Tú también eres popular con las chicas, ¿verdad, Kawakami?

—¿Eh? ¿Lo dices por lo que acaba de pasar? —Sachiko asintió. Nori se rascó la cabeza— Bueno, no soy tan popular como Miyuki…

—Pero se te han declarado algunas chicas —adivinó.

—Ah, sí. Algunas… ¿Por qué lo preguntas?

—Y no tienes novia, así que tuviste que rechazarlas, ¿no es así? ¿No te sentías culpable por eso? —Su voz sonaba un tanto lejana. Nori no alcanzaba a entender qué era lo que quería preguntarle, pero no tuvo problemas con responder:

—No en realidad. Sólo cuando se trataba de alguien a quien conocía un poco más, pero… ¿Alguien se te declaró, Umemoto? —cuestionó repentinamente y ella asintió apenas. Sus piernas se encogieron aún más y entonces la comprensión llegó al lanzador:— ¡¿Kazuya se te declaró?! ¡¿Lo rechazaste?!

—¿Cómo es que…? ¡Tú sabías que yo le gustaba a Miyuki! —Lo acusó Sachiko incorporándose para mirarlo. La vergüenza llenó a Kawakami al verse descubierto.

—Bue-bueno, no es como que él fuera discreto. Todos sus amigos cercanos lo sospechábamos, al menos. —Se defendió, con ambas manos frente a él. Sachiko al principio pareció molesta, mas luego la vergüenza volvió a su rostro y ella regresó a la cama, de espaldas al pitcher—¿Umemoto?

La aludida apretó los puños alrededor del edredón. Todo ese tiempo, Miyuki tuvo razón. La única razón por la que él la besó, desde esa primera noche en las afueras del instituto, fue por sus sentimientos. Nunca fue un juego, nunca vio todo ese asunto del mismo modo que ella.

Todo ese tiempo, quien había jugado sola fue ella.

—Entonces, —Prosiguió Kawakami al ver su mutismo— ¿te sientes culpable por rechazar a Miyuki? ¿Estás segura de que no sientes nada por él?

—No lo que él. Me agrada, es divertido cuando no se dedica a hacerle la vida imposible a una persona; pero por más que lo intento, yo… No consigue gustarme, no importa qué haga. Pero de alguna forma, siento que estoy perdiendo.

—Tal vez es su amistad lo que sientes que pierdes. —Umemoto hizo un movimiento con la cabeza que le reveló que posiblemente estaba en lo correcto— ¿Por qué no hablas con él? Yo aún converso con algunas chicas que se me confesaron hace algún tiempo, así que, quizá no todo está perdido.

Sachiko lo consideró unos minutos. Desde aquella última noche, se dedicó a evitar a Miyuki por la culpa de verlo en un estado tan deplorable cuando dejó esa banca. Ella no conocía la experiencia de enamorarse o de que alguien le gustase; no tenía idea alguna de lo que era un corazón roto. Pero ahora sabía lo que era romper un corazón y no le gustaba esa sensación.

Tenía que repararlo. Tenía que enfrentarlo y arreglar lo que estuviese en sus manos.

Sin saberlo, la primera parte de su futuro la armó en esa enfermería, acompañada por Kawakami.

.

La segunda pieza se inspiró en lo ocurrido dos tardes después. Haruno fue a su salón para solicitar que le ayudase con algunas dudas respecto al manejo del box score y las estadísticas. Algunas jugadas eran más difíciles de percibir de lo que habría creído.

Gustosa por poder regresar a lo que más amaba, Sachiko le pidió verse después de la cena en el comedor del dormitorio. Ahí verían el último partido del torneo, ése que tanto trabajo parecía costarle a su heredera.

Fue en la segunda entrada cuando apareció la primera jugada que tanto le extrañó a Haruno. Un batazo sobre la línea de advertencia que iba de home al jardín derecho. La bola se metía y salía del cuadro, hasta detenerse dentro del jardín.

Haruno detuvo la grabación y miró a Sachiko.

—Sé que, en teoría esa jugada debería ser un fair ball, pero estoy confundida. La pelota no se metió después de la primera base, sino que pasó por varios tropiezos. ¿Sigue considerándose igual?

Su superior le sonrió.

—Sí, sigue siendo fair ball. Incluso si después de pasar primera base de forma legal, se desvía hacia el territorio de foul, sigue siendo lo mismo. También es lo mismo si toca directamente la almohadilla y luego se sale o si en territorio de foul toca al umpire o a un jugador. —Haruno la miró un poco aterrorizada por la cantidad de posibilidades que existían para esa simple jugada— Tranquila, aprenderás en el proceso.

Y antes de que Haruno pudiera responder, la puerta del comedor se abrió y, por ella entraron dos personas. De inmediato, la mirada de Sachiko y la de uno de esos dos receptores se cruzaron. Un segundo más tarde, él rompió el contacto visual. Miraba a la actual mánager titular:

—Si les molestamos, podemos regresar más tarde.

—¿Eh? No, no es molestia, ¿verdad, Umemoto-senpai? —cuestionó Haruno, con la confianza de que esos dos solían llevarse bien. Empero, su superior mantenía la atención en sus rodillas.

—Están viendo el mismo partido que quería mostrarte, Miyuki-senpai —intervino Okumura—. Podríamos verlo juntos.

Kazuya no respondió de inmediato. Aún faltaba la aprobación de una de las chicas.

—Por mí no hay problema —musitó al fin.

Miyuki entonces tomó una de las sillas y esperó a que Okumura hiciera lo mismo. El cátcher rubio se sentó a un lado de Umemoto y Miyuki a un lado de éste. Tanto el de primer año, como la de segundo, sabían que algo debió ocurrir entre los de tercero para que mantuvieran esa actitud. Sin embargo, por respeto no debían entrometerse. Lo único que Haruno pudo hacer, entonces, fue tomar la mano de Sachiko con el objeto de infundirle valor. De hacerle saber que estaba acompañada.

El partido en la pantalla duraba apenas una hora con diecisiete minutos; el análisis por parte de los cátchers o de las mánagers lo alargó media hora más. Para cuando todas las dudas se resolvieron y se consiguió crear una estrategia que sirviera en encuentros posteriores, el reloj ya marcaba casi las once.

La casa de Haruno y la de Sachiko quedaban en direcciones opuestas. Siguiendo las pautas de Sawamura, Okumura se ofreció a acompañar a Haruno y, pronto, surgiendo de la nada, el mismo Sawamura se unió. Según él, había esperado al nuevo cátcher titular para correr un rato, pero ahora tenía la idea de correr de regreso de la casa de la chica.

Entre tanto, Sachiko caminó con Miyuki a su lado hasta la entrada del colegio. Ella no lo miró, pasó casi todo el tiempo jugando con sus propias manos y sintiendo cómo su corazón amenazaba con detenerse. La conversación con Kawakami resonaba en su cabeza. Sabía lo que quería pedir, pero parecía haber olvidado cómo hablar con él.

Tenía que armarse de valor antes de que llegasen a su casa… O eso creyó, porque justo después de pasar las puertas de la escuela, Miyuki se detuvo.

—Le dije a Rei-chan que la esperarías por aquí. Ella te llevará a tu casa. —Cual cubetada de agua fría, esas palabras la congelaron. Alzó el rostro hacia él. En sus ojos todavía había un atisbo del dolor de esa noche.

—Pero yo creí que tú ibas a…

—Estarás bien con Rei-chan. Yo tengo que levantarme temprano el día de mañana. —La interrumpió. Alzó la mano como despedida, mas Sachiko se adelantó.

—Espera, no te vayas. —Lo tomó de la manga del suéter y él apenas consiguió mirarla— Hablemos, ¿sí?

—¿De qué quieres hablar? —No podía negarlo. Una ligera capa de esperanza llenó su rostro por un momento. Esperanza que sólo culpabilizó a Sachiko una vez más.

—Eh… ¿Podemos…? —Tragó saliva— ¿Podemos ser amigos? ¿Podemos dejar atrás todo esto y volver a ser amigos?

Miyuki suspiró. De nuevo su expresión volvió a la anterior. Con sutileza, se deshizo del agarre de Umemoto.

—No puedo simplemente dejarlo atrás, ¿sabes? Rei-chan no tardará. —Se dio la vuelta. Sachiko volvió a sentir cómo lo perdía y, con el corazón estrujado, insistió:

—¡No estoy obligada a corresponderte! ¡¿Por qué no puedo pedirte que seamos sólo amigos?!

—Y yo no estoy obligado a ser tu amigo —contestó mirándola de perfil—. No puedes ser tan egoísta, Sachiko.

—¡Pero no quiero perder tu amistad! ¿Entonces qué tengo que hacer? ¿Es necesario salir contigo para…?

—Jamás te pedí que salieras conmigo —aclaró y luego sacudió la cabeza—. Mira, ahora no puedo ser tu amigo. Tal vez después, ¿bien? Sólo vete a casa.

—Pero, Kazuya…

—Lamento la demora. Estaba buscando un lugar para estacionarme. —La voz de Takashima Rei la interrumpió. Miyuki apenas miró a la reclutadora antes de meterse al colegio. Sachiko lo miró alejarse hasta que sintió sobre su hombro la mano de la profesora.

Verlo perderse en la oscuridad le entregó la segunda pauta para lo que forjaría su personalidad. Perder esa amistad, perder de esa forma esa amistad, le enseñó lo que aplicó durante tantos años.

.

Rei condujo el auto en silencio. Hasta que vio el hogar de Sachiko a unos cuantos metros, se decidió a hablar:

—Sé que no me corresponde a mí meterme en sus asuntos, pero permíteme un consejo, ¿de acuerdo? —Sachiko asintió— Dale tiempo. El corazón necesita su tiempo para sanar.

Los escuchó. Poco o mucho, Rei sabía lo que pasaba entre ellos. No tenía sentido sorprenderse o molestarse. Por ahora, sólo importaba tomar o cuestionar sus consejos.

—¿Cuánto? Nos graduamos en unos meses y luego él se irá con Los Gigantes.

—Todos los corazones tienen su tiempo de curación. No siempre es el mismo, sobre todo cuando se trata del primer amor. Pueden ser semanas, meses, años…

—¿Años? Pero… —Suspiró— Debí aceptarlo. Así al menos él me hablaría.

Rei sonrió. La edad de Sachiko le hacía creer que los años eran eternos, que perder un mes era demasiado. Lo comprendía.

—Nunca aceptes lo que no quieres, nadie puede obligarte a nada. Si lo hubieras aceptado, serías igual de infeliz porque le estarías mintiendo. —Sachiko bufó. Eso era cierto. Darle falsas esperanzas también dolía— El amor es maravilloso, no dejes que esta pesada experiencia te lo arruine. Sólo dense tiempo.

Sachiko se sintió molesta. Tiempo. Le pedían tiempo para que él se curara, pero nadie le decía qué debía hacer ella con su propio dolor. Aún no se enamoraba y ya detestaba ese sentimiento.

—Si el amor es tan maravilloso, ¿por qué sigues soltera? ¿Ah? —preguntó y de inmediato se arrepintió. La asesina mirada en Rei le advertía cuestionar ese hecho— Eh… Gracias por traerme. ¡Lo siento! —dijo antes de bajar del auto y huir al interior de su casa.

Finalmente, ahí estaba el tercer pilar de su futuro. La última pieza que compondría sus decisiones tomadas hasta la adultez. Sus fracasos y éxitos se regirían entonces por lo aprendido esa noche.

Y las consecuencias de éstos, no verían la luz hasta doce años después.

"I wish that I was good enough (hold me while you wait).
If only I could wake you up (hold me while you wait)
My love, my love, my love, my love,
Won't you stay a while? (Hold me while you wait)"