8 Plan
[La Historia, imágenes y personajes NO me pertenecen, los tome para entretenimiento, SIN ánimo de LUCRO]
Hinata se llevó las manos a la cara boquiabierta. Ninguna corona fúnebre, ningún crespón negro en la puerta, indicaban que la casa estaba en duelo. Naruto por su parte se quedó atónito, sus sombríos ojos sondearon a su anfitrión.
—Lo siento... No he leído nada en las esquelas de los periódicos en Londres.
—No se han publicado.
La despreocupación de Greeley no engañó a Hinata, ese hombre se había encerrado en la habitación de su cuñada para llorar por su desaparición, estaba segura de ello.
—Milord, usted no me conoce —dijo— pero permítame que le de el pésame. Greeley miró a Hinata con burla.
—Gracias... Señorita, me parece usted demasiado decente para acompañar a Rasengan, ¿acaso se ha reformado?
—Déjela en paz —exclamó Naruto— ¿Cómo murió Hotaru? ¿Otro accidente? Greeley aplastó el cigarro antes de levantarse titubeando.
—Es usted despreciable. No sé que me contiene de darle un puñetazo en la cara.
—No me peleo con borrachos pero por una vez estoy dispuesto ha aceptar el desafío. El odio desfiguraba los rasgos de Greeley.
—¡Fanfarrón! Ha venido para arrastrar a Hotaru a una de sus trampas diabólicas. Pero ahora ella esta muerta, algo que evidentemente a usted le da completamente igual. Solo la deseaba porque su amigo la tuvo antes que usted. El hermoso capitán Randall con su magnifico uniforme rojo...
Naruto apretó los puños dispuesto a pelearse.
—No es usted digno de pronunciar ese nombre.
Para evitar la pelea, Hinata se metió entre los dos hombres.
—¡Deténganse! Por el amor de Dios, no estamos aquí para pelearnos. Se dirigió al dueño de la casa.
—Lord Greeley, no se ofenda, Naruto esta conmocionado por la noticia. Se lo ruego, siéntese.
Vacilando, Greeley terminó por dejarse caer en su sillón y escondió la cara entre las manos. Era la imagen misma de la desesperación.
—No quisiera molestarle —dijo ella con amabilidad— pero ¿podría contarnos el final de lady Greeley?
—Fiebre —murmuró él— La maldita fiebre se la llevó hace cerca de un mes.
Hinata se mordió los labios buscando frenéticamente una manera delicada de abordar la siguiente pregunta pero Naruto, que no tenía los mismos escrúpulos, se le adelantó.
—¿Era la fiebre consecuencia de un parto? —preguntó secamente— ¿Dio a luz una niña?
Greeley saltó como si hubiera recibido una cuchillada. Sus ojos rodeados de ojeras se fijaron en Naruto... Por un momento Hinata creyó que iba a responder afirmativamente pero, bruscamente, cogió la botella y la lanzó contra la pared.
Los trozos de vidrio se dispersaron por la alfombra y el olor del alcohol lleno el aire. Greeley se inclinó hacia delante, lívido.
—¡Salgan! —gritó— ¡Salgan antes de que les mate a los dos! Hinata, horrorizada, tiró a Naruto del brazo.
—Venga, tenemos que irnos. Él no se movió ni una pulgada.
—No. Antes tenemos que saber la verdad.
—No la sabrá, no va a decirnos nada más. —Le empujó hacia la puerta.—Hay una forma mejor de hacerlo —le dijo ella al oído— Sígame.
Él salió de mala gana. A penas se hubo cerrado la puerta tras ellos, el ruido de otro vaso roto llegó desde el interior de la habitación. Greeley lo estaba destruyendo todo en un nuevo acceso de ira.
Naruto miró belicosamente a Hinata con las manos en las caderas.
—La escucho ¿Cuál es esa manera que nos permitirá saber si Hotaru es la madre de Ino?
—Vamos a interrogar a los criados.
—¡Eso es una tontería! Greeley ha debido prohibirles hablar. Uno no divulga que su cuñada a puesto en el mundo a una pequeña bastarda.
—¿Tiene una idea mejor? ¿Cree realmente que se puede obligar a decir la verdad a un hombre que llora la desaparición de su cuñada?
—¿Su cuñada?
Naruto soltó una carcajada despectiva.
—Esta llorando por su ramera.
—¿Su ramera? Que...
De repente lo comprendió.
—Insinúa que lady Greeley y él...
—Exactamente.
—¡Esta equivocado! Ella era la viuda de su hermano... Estaban viviendo como hermanos.
—Como hermanos incestuosos. Hotaru carecía de moral, era peor que una prostituta.
Podía ser, pero el hecho de que pudiera ser la madre de Ino hacía que Hinata la considerara con indulgencia.
—¿No le da vergüenza? No hay que hablar mal de los muertos.
—Y usted no debería defender a alguien que no conoce de nada.
—No apruebo sus actos, pero me niego a criticarla. ¿Con que derecho la juzga usted? Usted se acostó con la amante de su mejor amigo.
Él se dio la vuelta y la aplastó contra la pared.
—¿Por qué me critica sin cesar? ¿Porque siempre cree que yo soy el villano en este asunto? Estaba cerca de ella, demasiado ceca, su olor masculino la turbaba.
—Usted... es el malo de la historia —consiguió articular— porque seduce a las mujeres.
—Y las mujeres me seducen a mí. Es recíproco. ¿Pretende acaso no haber disfrutado con nuestro beso?
Fue una observación mezquina pero Hinata no prestó atención. Esa boca tan cerca de la suya, la atraía como un imán. Tragó saliva con esfuerzo.
—Tienta a las mujeres honradas —murmuró.
—Pero ellas no me tientan a mí, prefiero las mujeres de mala vida.
—¿Por qué? —no pudo evitar preguntar— ¿Por qué continua viendo a mujeres que desprecia?
—Por placer. Me procuran sensaciones que ninguna mujer honrada podría darme jamás.
—¿Cómo puede estar tan seguro? ¿Y la felicidad? Quizá sería más feliz con una buena esposa.
—¡Tonterías! Para dejar claras las cosas ¿sabe cual era el juego favorito de Hotaru? Atrapó las muñecas de Hinata, las levanto por encima de su cabeza y las pegó a la pared.
—Le gustaba que la ataran a los postes de la cama. Entonces dejaba que sus amantes la acariciaran, le encantaba sentirse violada. Y ahora ¿qué opina Chipie? ¿Está sorprendida?
Ella solo pudo asentir con la cabeza. ¿Cómo podía haber imaginado algo así? Si, estaba sorprendida y azorada. Por un momento se vio a si misma atada, mientras Naruto descendía sobre ella... ¿Qué le hacía él exactamente a Hotaru? ¿Qué placeres prohibidos compartían? Hinata suspiró...le daba vergüenza sentir envidia de una muerta.
Naruto la soltó. Con aspecto abatido se pasó la mano por el pelo.
—No tendría que haber hablado de cosas tan intimas.
—No se disculpe. Es posible, ya que el capitán Randall esta muerto, que yo pueda convertirme en su amiga.
—¿Y vendría conmigo a recorrer las casas de mala fama de Londres?
—Quería decir que si necesita hablar con alguien...
—No gracias. Si siente algo de amistad por mi, hágame el favor de no perseguirme más. Hinata le siguió con el corazón encogido.
Él no la amaba, no la deseaba. Ella había desperdiciado su vida, con veintiséis años ya era una solterona que solo tenía los libros para entretenerse. Era demasiado tarde para cambiar, nunca correspondería al ideal femenino de Naruto. Como mucho podría convertirse en la madre de su hija bastarda.
El mayordomo les esperaba en el vestíbulo.
—Lo siento milord —dijo en cuanto vio a Naruto— No sabía como anunciarle el fallecimiento de milady.
—Ahora ya lo sé —respondió Naruto— Pero me gustaría hacerle una pregunta. ¿Tuvo lady Greeley un hijo antes de morir?
El mayordomo sacudió negativamente la cabeza con tanto vigor que su peluca blanca estuvo a punto de caer.
—Yo... No lo sé.
—Vamos, vamos, los criados seguro que hablaron de ello, es imposible esconder un embarazo y todavía más un parto.
—Milord, yo no soy la persona indicada...
—Por favor ayúdenos —intervino Hinata suavemente— Es muy importante para nosotros, nunca le diremos a nadie quien nos lo dijo.
—Lord Greeley nos prohíbe hablar de rumores. Naruto deslizó en su mano un soberano de oro.
—Es posible que esto le ayude a superar los escrúpulos.
El mayordomo deslizó la moneda en su bolsillo. Tras otro momento de duda, declaró en voz baja:
—Tiene razón milord. Yo mismo fui a buscar a la comadrona. El corazón de Hinata dejó de latir.
—¿Era una niña?
—Si.
—¿Dónde está ahora? —quiso saber Naruto— ¿Aquí? ¿En una institución?
Hinata contuvo el aliento. En un momento sabría la verdad. Una verdad que temía de repente, porque si Naruto era realmente el padre de Ino, ella no tendría derecho a conservarla.
El mayordomo miró a Naruto asombrado. Al fin se persignó con rapidez.
—La niña murió milord. Fue enterrada con su madre.
Naruto leyó la inscripción que había en la lápida de mármol en la cripta de una pequeña iglesia.
Lady Hotaru Badrick, vizcondesa de Greeley, esposa bienamada.
Descansaba al lado de su marido, no había ninguna alusión a que hubiera sido madre. A Naruto no le ex- trañó, no sentía ninguna pena, después del fracaso de su matrimonio no se había encariñado con ninguna de sus amantes.
Sin embargo cerró los ojos y rezó por el descanso del alma de Hotaru, después de todo le había dejado a Ino...Ya que poco a poco la certeza de que lady Greeley era la madre de la niña se estaba imponiendo en su mente.
Él y Hinata habían dado una vuelta por el pueblo, interrogaron a la comadrona, esta les confirmó lo que había dicho el mayordomo. Lady Greeley había tenido un hijo en secreto, no sabía nada más salvo que la criatura había muerto poco después de su madre.
El vicario les dio una versión totalmente distinta. Nunca había oído hablar de un recién nacido, en cualquier caso no había ninguno en la tumba de lady Hotaru.
¿Quién decía la verdad?
Naruto estaba desmoralizado. Al notar una presencia en la iglesia miró en dirección a la entrada de la cripta. Hinata estaba de pie en medio de un haz de luz que entraba por un tragaluz. Luchó contra el deseo de cogerla en sus brazos. Su devoción por Ino le llegaba al alma, su ingenuidad le atraía, era tan amable, tan diferente de las demás mujeres...tan buena...
—Lleva un buen rato solo meditando —dijo— ¿A que conclusiones ha llegado?
—Que Hotaru es la madre de Ino. Hinata sacudió la cabeza.
—No es seguro.
—Estoy convencido de una cosa... No hay ningún bebé en la tumba. Porque lo dejaron en la puerta de su casa.
Su vehemente voz resonaba en la cripta.
—No estoy de acuerdo —respondió Hinata— Creo que el hijo de lady Greeley murió como dijeron el mayordomo y la comadrona.
—No hicieron más que repetir lo que habían oído. El vicario dijo algo muy distinto.
—Porque lord Greeley, preocupado por proteger la reputación de su cuñada, le escondió la verdad.
—También pudo pagar a los criados para mentir. Y dio órdenes para que se deshicieran de la niña.
—¿Pero porque hizo que la dejaran en mi casa? ¿Por qué no en la suya?
—El mensajero debió equivocarse de puerta. O se perdió y dejo el paquete en la casa más cercana a la mía.
—No creo en las coincidencias, y de todas formas no puede confirmar que Ino es hija suya. Me confesó que lady Greeley tenía relaciones amorosas con su cuñado.
—Se olvida de mi anillo.
—Lord Greeley le odia, quiere que se vea obligado a educar a una criatura que no es suya.
—Eso es una venganza femenina, ningún hombre habría pensado algo así. Me imagino más bien a lord Greeley mandando a la bastarda de su cuñada a un orfanato. De todas formas no se puede probar nada a menos que se procediera a una exhumación del cadáver. Dudo que Greeley no lo permita.
Hinata no dejó pasar la oportunidad.
—¡Escuche! Hemos interrogado a todas las mujeres de la lista. Tayuya Darling, lady Suiren, Samui Russel... Y he llegado a la conclusión de que usted no es el padre de Ino.
—Eso le gustaría. Usted quiere quedarse con Ino.
Hinata entrecerró los ojos, él había dado un paso hacia ella pero tuvo cuidado de no tocarla. Él tampoco se fiaba de su deseo.
—Quiero ser la madre de Ino —dijo ella por fin— Nunca lo he negado, pero no nos engañemos, es evidente que usted no es su padre.
—Hay una objeción a eso, la edad de la hija de Hotaru es la misma que la de Ino.
—Nacen centenares de criaturas todos los días, eso no quiere decir nada. Le gratificó con una mirada tozuda levantando la cabeza.
—Además, ¿por qué discutir? Me ha dicho un montón de veces que no quería asumir la responsabilidad de un bebé.
Ella tenía razón. Al principio esperaba que Ino no fuera hija suya, sin embargo, con el tiempo, cada vez que pensaba en ella, tan pequeña, tan frágil, le invadía una oleada de ternura. El deseo de verla crecer, de protegerla, había sustituido para él la búsqueda del placer.
Miró a Hinata. Ella estaba de pie delante del ventanal a la expectativa. Sintió pena por ella. Hinata Hyūga no tenía ninguna alegría en su vida. Y ahora él iba a darle el golpe de gracia.
—Estamos de acuerdo en un punto —dijo no sin esfuerzo—Es inútil discutir sobre esto. Al final de la temporada usted volverá a Wessex. Y Ino se quedará conmigo.
En cuanto volvieron a Londres Hinata subió al cuarto de los niños. Ino estaba parloteando en el agua jabonosa de su baño y salpicaba alegremente las paredes y el suelo. Lady Kushina en persona intentaba como podía dominar a la niña.
—Ya... ya... ángel mío. ¿Sabes que eres una niña muy inteligente?
Ino emitió un gorjeo y cerro su manita sobre una burbuja que explotó. El corazón de Hinata se contrajo. Le ardían los ojos pero movió los párpados hasta que ahuyentó las lágrimas. No lloraría, todavía no había perdido a Ino.
Se acercó encontrando de repente un cierto parecido entre la niña y lady Kushina. Esta se volvió con una sonrisa.
—¡Ah Hinata! No los esperaba hasta la hora del té. Me encanta jugar a las abuelas.
—Mejor —respondió Hinata con sinceridad— Es evidente que a Ino le gusta su compañía.
—Y a mi también —dijo la condesa llena de orgullo inclinándose hacia el bebé que seguía haciendo burbujas de jabón. — ¿Está mi pequeña sirena preparada para salir del agua?
La niña le dedicó una desdentada sonrisa.
Lady Kushina la levantó en brazos y luego la acostó en una toalla de lino. La pequeña se puso a dar patadas furiosa mientras rompía a llorar.
—¡Ya está! —suspiro la condesa—No lo conseguiré.
—Permítame —dijo Hinata.
Agitó un sonajero de plata y mientras Ino intentaba cogerlo la envolvió ágilmente con la toalla y luego la abrazó. Los ojos de Ino buscaron los suyos, y una mirada de reconocimiento iluminó su carita.
Entre ella se había forjado un vinculo invisible que se hacía más fuerte cada día. Puso los labios sobre los cabellos mojados y perfumados de la niña ¿cómo podría volver a su casa sin su pequeño tesoro? ¿Cómo se acostumbraría de nuevo a su aburrida vida? Desde el instante que tuvo a Ino en sus brazos el amor por ella surgió espontáneamente. La vida en realidad consistía en querer y educar a un niño. Aunque fuera el de Naruto...
—Hinata, serias una madre ideal —dijo lady Kushina mientras el bebé parloteaba— Se la ve muy feliz cuando te ve.
Hinata se sintió súbitamente presa de vértigo, las lagrimas llenaron sus ojos, se dio la vuelta apretando a la niña contra su pecho.
—¡Estas llorando!—exclamó lady Kushina— ¿Qué sucede Hinata? Por favor dime que te pasa.
—Nunca seré la madre de Ino. Jamás Lady Kushina frunció el ceño.
—¿Eso es lo que te ha dicho mi hijo?
—Si.
—¡Que se vaya al diablo! ¡Ayame! La italiana apareció de inmediato.
—¡Mi pequeño ángel! —exclamó cogiendo a Ino de los brazos de Hinata y desapareciendo para darle de comer.
Hinata la vio salir y un acceso de celos le encogió el estómago. Sintió el brazo de lady Kushina alrededor de sus hombros y se dejó llevar hasta un sillón cerca de la soleada ventana.
—Vamos, cuéntamelo todo.
Hinata cogió el pañuelo rodeado de encaje que le entregaba su madrina.
—Ya sabe que fuimos a Hampshire para hacerle algunas preguntas a la última persona de la lista.
—Si, la horrible Hotaru Badrick...Siento mucho que hayas tenido que enfrentarte a una criatura tan detestable.
—No la vimos...Esta muerta.
Con pocas palabras le contó a la condesa el viaje, mencionando los rumores según los cuales la hija de lady Greeley estaba muerta y enterrada con ella.
—Naruto no lo cree y piensa que Ino es su hija —terminó con un sollozo estrangulado— Yo le acusé de ser un mal padre.
Su última pelea le vino a la memoria y le pareció oír de nuevo la dura voz de Naruto.
—Cambiaré, me convertiré en un modelo de virtud.
—Usted no puede cambiar, es un libertino, un hombre divorciado, nunca conseguirá educar adecuadamente a una niña. Necesita una madre.
Entonces él le había lanzado una mirada helada.
—Ino es mía —había dicho— Me pertenece a mi.
—Quiere quedarse con ella —murmuró Hinata arrugando el pañuelo de batista entre los dedos— Sin embargo no tenemos ninguna prueba de que Ino sea hija suya y de lady Hotaru. Son solo conjeturas.
—Querida, hay que rendirse a la evidencia. Nunca habrá pruebas, en cuanto a mí, me basta con el anillo. Además Ino es el retrato exacto de mi hijo cuando tenía su edad. Hasta los seis meses tuvo los ojos verdes con azul, después solo fue azul.
—Ya me lo dijo —respondió Hinata— pero eso tampoco demuestra nada.
—Quizá deberíamos aceptar el hecho de que nunca sabremos la identidad de la madre de la niña. El destino te la envió, lo sé, pero Hinata ¿habrías respetado a Naruto si hubiera aceptado entregártela?
Con un nudo en la garganta Hinata confesó:
—No...Pero no puedo imaginarme la vida sin ella.
—Todavía no has perdido la batalla. Veamos... Naruto parece decidido a ser un padre para Ino. Tú por tu parte, quieres ser su madre. De modo que tenéis el mismo objetivo. ¿Has pensado en todas las posibles soluciones a ese problema?
—Ya no se a que atenerme... Y si vuelvo a Wessex no la volveré a ver.
—No me has entendido —dijo suavemente la condesa— Hazlo de manera que mi hijo quiera conservalas a las dos. Si juegas bien tus cartas conseguirás llevarle ante el pastor.
Hinata sintió renacer sus esperanzas, pero sacudió la cabeza lentamente.
—No, milady —susurró— nunca se casará conmigo.
—¿Por qué no? Eres bonita, inteligente y con un sentido práctico muy desarrollado, lo cual viene muy bien. Cuanto más lo pienso más me convenzo de que eres ideal para él.
—Se equivoca —suspiró Hinata— Él prefiere mujeres como lady Greeley. Él mismo me lo dijo.
—¡Tonterías! Todos los hombres dicen las mismas tonterías. Él cree que le gusta esa vida desenfrenada, pero en el fondo de si mismo es consciente de que la felicidad esta al lado de una esposa fiel y leal. A pesar de las apariencias Naruto es un hombre de honor.
Hinata se encogió de hombros sin creer una sola palabra. Desde luego el honor no era una de las cualidades de lord Rasengan.
—Ningún hombre de honor hubiera actuado como él, incluso se acostó con la amante del capitán Randall. La sonrisa de lady Kushina desapareció.
—¡Del capitán Randall —repitió con voz neutra.
—Si.
La tristeza ensombreció los ojos de la condesa, Hinata le cogió las manos entre las suyas.
—Milady perdóneme por haberla entristecido. Usted también le conocía, ya que Naruto y él eran amigos.
—No debería haber hablado así de un hombre que murió como un héroe.
Lady Kushina miró por la ventana, un rayo de sol iluminó su rostro y, por un momento, pareció haber envejecido. Luego giró la cabeza y la ilusión se desvaneció.
—Hinata, arréglatelas para casarte con Naruto, perdió a su mejor amigo y su matrimonio fue un desastre. Shion le humilló públicamente, es cierto que tiene muchas amantes pero ninguna de ellas le hace feliz. Necesita cariño.
—Tampoco será feliz conmigo, siempre estamos discutiendo.
—Porque los dos tenéis una fuerte personalidad. Te lo repito Hinata, Naruto necesita una esposa atenta que le ayude a convertirse en un buen padre.
—Me halaga pero estoy segura de que yo no soy la indicada. Hinata se mordió el labio.
—A veces lamento haberle hablado de Ino, si no le hubiera dicho nada sería completamente mía.
—No querida. Conociéndote hubieras acabado llena de remordimientos. No le hubieras quitado a Naruto la oportunidad de ser padre, de hacerse mejor amando a su hija.
—Si realmente se preocupara de Ino, se daría cuenta de que necesita una madre.
—Entonces haz algo. Haz que te desee. Conquístale como la noche del baile ¿No te parece seductor?
Hinata enrojeció. Una parte de ella negaba obstinadamente la atracción que Naruto ejercía sobre ella. La otra parte lo único que deseaba era repetir la experiencia. El deseo corría por sus venas como un río subterráneo. Se oyó decir a si misma con voz amarga:
—Un buen marido no necesita ser seductor.
—Pero si lo es mejor —respondió lady Kushina con malicia— Piénsalo. Lo más importante es el bienestar de Ino.
Lady Kushina se levantó y salió de la guardería.
Sentada en el sillón Hinata meditaba. Su madrina le había dado toda clase de consejos sin precisar los que servían para subyugar a un hombre. ¡Empieza por morderte la lengua y deja de hacerle reproches! Le dijo una vocecita interior. Las otras damas, como ella había podido notar, siempre estaban de acuerdo con los hombres...
¿Y después? ¿Qué tenía que hacer para que se fijara en ella? Para conquistarle como había dicho su madrina.
¡No lo conseguiré!
Pero si Naruto se casaba con ella, ella sería la madre de Ino.
Era evidente que no iba a ser fácil, Naruto no le había perdonado que hubiera conspirado con Shion aunque hubiera sido inocentemente. Podía ser implacable como lo fue cuando su divorcio y sobretodo no tenía ningún deseo de casarse de nuevo. Hinata recordó sus palabras delante de la casa de Shion: "Nunca volveré a cometer el error de casarme otra vez"
De nuevo sus pensamientos se dirigieron a la niña. Al crecer Ino, hija ilegítima de un notorio libertino, sufriría el oprobio de la sociedad, sería desgraciada y estaría sola en el mundo.
Pero si Hinata se casaba con Naruto y adoptaban oficialmente a Ino, esta se aprovecharía de todos los privilegios de su clase.
Ino necesitaba una madre. Después de todo había sido Hinata la que había subido directamente a la guardería y no Naruto, él no se preocupaba en absoluto por el bebé. No se preguntaba si había dormido bien, si había tenido pesadillas, si había cogido frío mientras dormía.
Desde luego la visitaría de vez en cuando y cuidaría de que no le faltara de nada, pero el resto sería responsabilidad de lady Kushina. Sin embargo esta pronto se casaría y se iría a vivir a la mansión de su nuevo esposo donde, inmersa en el torbellino social, no tendría tiempo de rodear a su nieta de atenciones.
Solo Hinata podía darle el cariño que necesita un niño. Solo Hinata estaba dispuesta a dedicarse a Ino, a ser una verdadera madre... si Naruto se casaba con ella.
Desde luego sería una esposa rechazada y engañada pero no importaba, por el bien de Ino estaba dispuesta a sacrificarse, a casarse con Naruto. Era necesario que lo hiciera.
Naruto entró en la guardería, el suelo estaba frío bajo sus pies desnudos, solo los ronquidos de la niñera rompían el silencio.
La luz de su vela se reflejaba en los muebles, los mismos muebles de su niñez. Cuando era pequeño rara vez venía a Londres, una vez se había puesto enfermo. Metido en la cama recibió una breve visita de su madre que puso su mano fría en su frente ardiente. Su padre no había venido a verle.
Desde que podía recordar siempre quiso ganarse el afecto de su padre, pero el quinto conde de Rasengan era inaccesible. Después de una infancia solitaria y una adolescencia desgraciada se convirtió en lo que más detestaba su padre: un calavera.
Lo peor es que esa forma de vida había arraigado en él, ya no podía ser de otra forma y sin embargo era necesario que cambiara y la razón de ese cambio se encontraba ahí, delante de sus ojos.
Se acercó a la cuna y la luz de la vela iluminó la cara de la niña. Ino, acostada boca abajo y con la cabeza ladeada dormía apaciblemente. Sus largas pestañas daban sombra a su rosada mejilla, su minúsculo puño reposaba cerca de su boca. Mientras dormía se chupaba el pulgar.
Naruto estaba emocionado, hasta ese momento no había podido imaginar que alguien pudiera estar fascinado por un bebé. ¿Cómo podía uno sentirse atraído por un pequeño ser que ni siquiera andaba ni hablaba y cuyas únicas actividades eran dormir y comer? Sin embargo se producían cambios sutiles día a día.
Ya miraba los objetos, intentaba cogerlos y reconocía las caras.
Es mi hija. Y la quiero
Ya no importaba la identidad de la niña, que su madre fuera una degenerada como Hotaru Badrick ya no era importante. Él tenía la intención de educarla con dignidad.
Se inclinó para taparla con la colcha bordada.
Necesita una madre.
Solo pensarlo le hizo retroceder como si Hinata fuera a aparecer en cualquier momento. Hinata que pareció hundirse cuando él le anunció su decisión...Hinata que veía en esta niña su propia felicidad y salud mental, la única forma de escapar a su triste destino de solterona.
Naruto no iba a renunciar a la niña y no pensaba seguir el ridículo consejo de su madre. Chipie le haría llevar una vida infernal.
De pronto recordó los labios de Hinata, suaves y temblorosos bajo los suyos. Apartó esa imagen de su mente fastidiado al pensar que se había comportado como un adolescente en su primera cita amorosa.
Una quemadura en su mano le hizo dar un salto. Hizo una bola con un poco de cera fundida entre sus dedos antes de lanzarla al hogar lleno de cenizas.
¿Qué le estaba sucediendo? Hinata no era ninguna Venus, solo era una solterona que había bebido demasiado champán, entonces ¿por qué le obsesionaba ese beso?
Afortunadamente dentro de poco ella volvería a Wessex. ¡Buen viaje! Pensó. Hinata era la voz de su conciencia.
Tocó la mejilla de Ino, el cariño que sentía por ella le sorprendió, era la persona más importante para el en el mundo. No necesitaba a Hinata.
—¿Le he hablado de mis perros?
¡Solo tres veces!
Hinata asintió educadamente.
—Creo que ya los ha mencionado.
—Me siento muy orgulloso de ellos. Forman la manada más célebre del condado de Leicestershire. Nunca se les ha escapado ni un solo zorro.
Lord Inuzuka, temible cazador de zorros, se lanzó a una descripción de sus éxitos. Con su cabellera castaña, las mejillas marcadas con marcas rojas en cada una, el rostro complaciente, estaba considerado como uno de los mejores partidos de Inglaterra. Hinata le escuchaba distraída. A fuerza de sonreír tenía calambres en las mandíbulas, estaba tranquilamente sentada en el salón de su madrina quien recibía a sus visitas de los viernes.
El salón estaba lleno a rebosar, Natsu hablaba de las últimas novedades con otra matrona, lady Kushina charlaba con un grupo de damas. Entre las visitas, Hinata reconoció a dos caballeros con los que había bailado la noche de la fiesta.
La joven vigilaba la entrada con el rabillo del ojo, esperando la aparición de Naruto que brillaba por su ausencia. Hacía tres días que apenas se había encontrado con él. El conde salía a cabalgar muy pronto por las mañanas a Hyde Parck y cuando volvía se apresuraba a encerrarse en sus habitaciones.
Por la noche se negaba a acompañar a su madre al teatro o a las recepciones donde acudía la condesa con Hinata. El proyecto de seducir a Naruto estaba pues en serias dificultades.
—¿Aceptaría usted? —preguntó lord Inuzuka lleno de esperanza. Hinata parpadeó como si acabara de despertar bruscamente.
—Le pido perdón. No... no le he oído. El joven enrojeció.
—Mamá me dice que hablo demasiado deprisa. Le he preguntado si querría visitarnos con su tía...El campo esta maravilloso en primavera. Paseo a mis perros cuatro veces al día, son encantadores, los va a adorar.
—Gracias por su invitación pero mi tía está cansada y viaja poco últimamente.
—Ya veo... Entonces voy a describirle la propiedad. Nosotros poseemos los mejores bosques, la caza más abundante...
Y empezó un discurso interminable. Hinata no le escuchó. Acababa de entrar un hombre, sus espaldas eran anchas y vestía pantalones de montar, una camisa blanca y un chaleco gris bajo una chaqueta larga azul oscuro.
¡Naruto! Hinata se puso en pie de un salto.
—Perdóneme...
Lord Inuzuka miró como se alejaba con tristeza. Hinata atravesó la alfombra de Aubusson en dirección a Naruto quien se había reunido con su madre. La seda color canela de su vestido se movía entre sus tobillos, sabía que estaba atrayendo todas las miradas con su profundo escote y su medallón de oro balanceándose entre sus pechos. Unos pendientes de oro completaban su atuendo. Se le aceleró el pulso cuando estuvo al lado de él. Sin embargo Naruto apenas la saludó y continuó hablando con su madre.
—Me has mandado un mensaje urgente madre ¿Qué pasa que sea tan importante?
—No tenía otro modo de reunirme contigo. Nunca estás aquí. Siéntate y explícanos lo que te retiene lejos de esta casa estos días.
—Me encantaría hacerte compañía pero estaba a punto de salir.
—¿Otra vez? Sería de muy mala educación no hacer compañía a los invitados. ¿Dónde vas?
—A un sitio donde no van las damas.
Lady Kushina miró a Hinata ordenándole que dijera algo, ella buscó frenéticamente algo que decir.
—Hoy hace un buen día. Si va a salir a dar un paseo iré con usted.
—Excelente idea —aprobó lady Kushina— Vayan rápido y aprovechad el sol. Naruto se estaba poniendo los guantes.
—No me atrevo a apartar a Hinata de sus admiradores. Hasta luego señoras.
Hinata se mordió el labio, la asaltó un sentimiento de desilusión. Nunca conseguiría atraer la atención de ese sinvergüenza, cada día que pasaba sus posibilidades se hacían más pequeñas. Dentro de un mes terminaría la temporada y ella tendría que regresar a Wessex. Sin Ino.
—¿He oído bien? ¿Le gustaría dar un paseo? —dijo una voz a su espalda.
Se dio la vuelta y se encontró frente a Yamashiro. El inevitable Duxbury estaba a su lado, Hinata abrió la boca para rechazar la invitación pero lo pensó mejor. Un plan se empezó a formar en su cabeza.
—Si —dijo al fin— Me encantaría dar una vuelta por la ciudad.
Le pidió permiso a la tía Natsu quien se la concedió "con la condición de no ir más allá de Hyde Parck". Fue a retocar su peinado y se encontraron en el landó descapotado de Yamashiro.
Hinata levantó su rostro hacia el sol. Estaba encantada y tenía la impresión de ir a una aventura. Y quien sabe, quizás fuera así.
Los dos hombres se sentaron enfrente de ella y ella les miró con una sonrisa.
—Bueno señores—empezó—parecen estar muy enterados de las idas y venidas de los miembros de la alta sociedad.
—Pocas cosas se nos escapan ¿no es cierto Dux? —dijo Yamashiro. Duxbury asintió.
—No en efecto, aunque no seamos cotillas.
—Entonces supongo que puedo confiar en su discreción.
—Discreción es mi segundo nombre —dijo Yamashiro.
—¿Si? —se extrañó Duxbury— Creía que era Aoba.
—¡Es una broma imbécil! Si esta señorita nos confía un secreto, no lo divulgaré. Eso es lo que quería decir.
—Yo tampoco. Mis labios estás sellados.
—No es un secreto propiamente dicho —dijo Hinata— Más bien estoy buscando una pista. Siento mucha curiosidad por saber donde va lord Rasengan cada tarde. ¿Tiene alguna idea por casualidad?
Los dos hombres intercambiaron una mirada. Duxbury rió por lo bajo mientras Yamashiro le daba un codazo.
—¡No te rías! Es algo serio.
Duxbury se puso las manos en la boca con los ojos brillantes.
—Me imagino entonces que pueden satisfacer mi curiosidad —adivinó Hinata.
—Es posible... —respondió Yamashiro guiñando un ojo— A Namikaze no le gustará que revelemos sus secretos.
—No soy una completa extraña, he sido invitada por su madre —argumentó Hinata con paciencia— Tengo que hablar de él de algo muy importante. ¿Tendrían la bondad de llevarme con él?
—¿Ahora? —dijo Yamashiro — ¿Y nuestro paseo por el parque?
—¡No es justo!—gruñó Duxbury—Todas las mujeres persiguen a Namikaze.
—Yo no "persigo" a lord Rasengan—aseguró Hinata—Pero es de vital importancia que le encuentre. Se ha ido tan deprisa que no he podido detenerle.
Los dos amigos intercambiaron una mirada cómplice.
—Podría ser divertido ¡no crees? —preguntó Duxbury riendo.
—Si —aprobó Yamashiro — Pero la prevengo señorita, no es un lugar para damas como usted.
—Comprendo perfectamente su reticencia y le diré al conde que fui yo quien insistió en ir.
Hinata esperaba de todo corazón no estar cayendo en una trampa. De todas formas no tenía elección. Ya que Naruto la evitaba, era necesario que ella provocara en encuentro.
Yamashiro le gritó una dirección al cochero quien cambió de dirección. El landó atravesó la reja con remates dorados de Hyde Parck, giró al este siguió las fachadas de Mayfair y luego atravesó Covent Garden.
Las calles se estrecharon y al fin el vehículo se detuvo delante de un pequeño edificio de ladrillos negros por el polvo del carbón. Un portal de hierro y un pequeño patio lo alejaban de la calle. Si era un local comercial no había ningún letrero que lo demostrara.
—Si quieren esperarme —murmuró Hinata bajando del coche.
—¡Está bromeando! No me perdería esto por nada del mundo —anunció Yamashiro.
Duxbury y él continuaron hasta las escaleras, otro visitante iba delante de ellos, una especie de bruto con la nariz rota con el que sería mejor no encontrarse en un rincón por la noche. La curiosidad de Hinata estaba en su máximo punto
—¿Qué lugar es este? ¿Un garito clandestino? Sus acompañantes se rieron.
—Lo sabrá dentro de un momento—dijo Duxbury.
Subieron los escalones iluminados por antorchas hasta una puerta maciza que Yamashiro abrió.
—No es necesario llamar —precisó.
Hinata entró en un pequeño vestíbulo forrado de madera de roble. No había ningún mueble. Le llego el sonido de unas voces masculinas apagado por el grosor de las paredes, avanzó hasta una segunda puerta.
No era una casa de mala vida. La habitación de Tayuya Darling estaba decorada con un lujo insolente y flotaba en el aire un perfume de flores. En este lugar el ambiente estaba saturado de olor a moho y a hombre.
—¿Está usted seguro de que es aquí donde viene todas las tardes? —preguntó Hinata inquieta a pesar de todo.
—Seguro —la tranquilizó Duxbury.
—Por aquí querida.
Haciendo una reverencia, Yamashiro empujó la puerta.
En lugar de la sala llena de humo y mesas de juego que Hinata esperaba encontrar, se encontró en con un espacio abierto, la luz llegaba desde una vidriera hasta una docena de hombres medio desnudos. Uno de ellos, tumbado en el suelo, levantaba una barra metálica, sus músculos traicionaban el esfuerzo que estaba haciendo.
Otros daban puñetazos a unos sacos de cuero. Al final de la sala, un montón de ellos estaban alrededor de un ring y sobre el estrado de este peleaban dos boxeadores. Los espectadores les animaban con gritos y silbidos. Uno de los dos combatientes le dio un directo al otro. Hinata tembló, Un olor de cuero, de sudor y de polvo convertían el aire en irrespirable.
Las apuestas surgían por todas partes. ¿Estaría Naruto entre todos esos brutos ávidos de sangre? Hinata alargó el cuello para intentar verle...Nada.
Yamashiro se frotaba las manos.
—¡Demonios! Saxton el bárbaro contra Tom Headly el invencible —exclamó— Esto promete.
—Rápido, vamos a apostar —dijo Duxbury con los ojos brillantes. Se encaminaron hacia el ring, Hinata les siguió dando codazos.
—Señores, tengan la amabilidad de esperarme.
—¿También le interesan los combates de boxeo? —preguntó Yamashiro ralentizando el paso— Díganos la verdad señorita. ¿Le gusta mirar a los hombres con el torso desnudo dándose golpes?
—Por lo general las mujeres se desmayan cuando ven este tipo de espectáculos —añadió Duxbury con los ojos brillantes— Sin embargo es divertido.
—Si, debe ser maravilloso —murmuró Hinata.
—Entonces dese prisa —la apremió Yamashiro — Si no se va a perder el final.
Se abrieron camino hasta el ring entre los aplausos y los gritos. Se oyó una voz.
—¿Hinata?
Ella se dio la vuelta...y se encontró cara a cara con Naruto. Él estaba al lado de un saco de cuero lleno de virutas, con los puños cerrados como para golpear. Un mechón de pelo le caía sobre la frente y como única vestimenta llevaba los pantalones de montar. El sudor hacía brillar su torso.
Hinata le miró estupefacta y se puso completamente roja. Sus manos estaban húmedas, sin embargo no era la primera vez que le veía sin ropa. Furioso, él avanzó hacia ella.
—¿Usted aquí? ¿Qué demonios hace en este lugar? —exclamó él.
La Historia tiene la finalidad de Entretener.
