Capítulo 10

Esta bien recordar la felicidad que sentiste.

Siempre me pregunte la razón por la que mis padres se habían casado. Cuando era pequeña mi madre solía hablarme de un padre del cual solo conocía el rostro a través de una vieja fotografía, sin embargo, nunca pregunte más de lo que creí que mi madre soportaría. Recuerdo su expresión de angustia cuando inocente traté de seguir la pista de donde estaba papá tras rebuscar en su armario prendas de él, desde ese momento decidí mantener mis dudas al mínimo. Sé que mamá me ama y aun con la ausencia de mi padre nunca me sentí sola, tenia a mis amigos y personas cercanas como los tíos amigos de mi madre, sin embargo, la duda de si a mi padre realmente le importaba, por más que quisiera ocultarla para no preocupar a quien trabajaba día y noche por mi bien, no lograba sacarla de mis pensamientos y solo crecía en mi interior.

.

.

.

-Sarada, quiero presentarte a tu hermano.

.

.

.

Fueron las palabras de mi madre quien débil sujetaba en brazos a quien ahora es parte de nuestra pequeña familia. Realmente nunca espere tener un hermano aun cuando de pequeña hubiese querido jugar con uno, simplemente me era impensable que mis padres, de la manera en que eran, en algún momento pudiesen considerar algo como aquello. Supongo que después de nuestro reencuentro papá quiso dejar en claro cuando amaba a mamá.

.

.

.

-Sarada, tengo un favor que pedirte.

Me dijo acariciando mi cabeza en aquella cama de hospital.

-Me encuentro muy cansada por el parto, mis fuerzas escasean por lo que no tardaré en quedarme dormida. Así que por favor cuando tu padre venga y conozca al pequeño abrázalo en mi lugar. El necesitará alguien en quien apoyarse aun cuando no lo pida.

Aquello me hizo sentir un tanto desconcertada, era verdad que desde que mamá había regresado de su misión con el anuncio de su embarazo, papá se mantuvo cuidándola, pero tan pronto como la ingresaron en el hospital desapareció a algún lugar sin decir una palabra. –"No te preocupes, todo saldrá bien"- Me dijo el séptimo con una sonrisa consolándome luego de hablar con papá y al final fue él junto con el sexto quienes se quedaron a mi lado esperando en aquella sala de espera. Por eso, no podía creer como mamá en el estado en que se encontraba me pedía apoyar a un hombre quien desapareció tan pronto como su esposa entro en labor de parto dejando a su hija siendo consolada por los miembros de su antiguo equipo.

-Esta bien.

Fue mi áspera respuesta. Mamá sonrió comprensiva seguramente sospechando mis pensamientos, sim embargo, no dijo más. Viendo en retrospectiva, seguramente ella sabía lo que ocurriría después por lo que no sé preocupo.

-Lo siento.

Aquella imagen quedo grabada en mi memoria tan fuertemente como un clavo siendo golpeado por un partillo en la pared. Ver a aquel hombre quien siempre considere el más fuerte rogaba perdón de rodillas mientras se aferraba a mamá, era algo que ni en mis más locos sueño creí que pudiese suceder. Mamá me había pedido ir a buscar a mi hermano a los cuneros, supongo que al ser ella nadie del cuerpo médico se negaría a una de sus peticiones, pues aun cuando su condición era débil ellos seguían firmemente acatando cada uno de sus requerimientos dándole tal libertad como para que aun cuando una enfermera debía ser la encargada aceptarán que yo realizara aquel mandato, dándonos el espacio familiar que necesitábamos.

-Está bien cariño, yo y él bebé estamos bien. Sarada también.

Lo consolaba en su débil estado. Me había atrevido a entrar a la habitación silenciosamente mientras cargaba a mi recién nacido hermano, pero no pude avanzar más de dos pasos tras cerrar la puerta al contemplar a mi padre, el famoso descendiente del clan Uchiha como nunca esperé.

-Lo siento.

Seguía disculpándose mientras se aferraba a mi madre cuan niño con débiles gemidos. Avance unos pasos en silencio tratando de que no se percatara de mí y logre ver pequeños temblores provenientes de sus anchos hombros.

-Ahora estamos bien. No estoy enojada y estoy segura de que Sarada entenderá.

Decía mirándome con ojos sinceros, pero tan débiles como si en cualquier momento ya no soportara mantenerlos abiertos.

-Te deje sola otra vez.

Pronuncio con tal arrepentimiento que incluso me dieron ganas de llorar en su lugar. Nunca había escuchado una voz proveniente de alguien con aquel tono tan doloroso y conmocionado.

-Eso no es verdad, estoy segura que lo más lejos que llegaste fue al techo sin saber que hacer para ayudar.

Trato de reír sin éxito debido al cansancio. Fue ahí cuando recordé como antes de entrar en labor mamá me dijo que si en algún momento necesitaba algo subiera al último piso, sin embargo, por la preocupación de verla en aquel estado solo ignore sus palabras.

-Tenia miedo de perderlos, no sabia que hacer. La impotencia me estaba matando, lo siento.

Siguió disculpándose, tal vez por eso no sé percato de mi presencia.

-Lo sé, fue lo mismo cuando Sarada nació. Lloras más fácilmente de lo que muchos creerían.

Le dijo acariciando suavemente su cabello como hacía poco lo había hecho conmigo.

-Sé que te sientes culpable por no poder hacer algo mientras yo daba a luz en mi débil estado y que temes más que nadie el que estemos en riesgo, pero estamos bien. Sarada es fuerte y ahora que nuestro bebé finalmente esta con nosotros soy la persona más feliz del mundo, así que no llores porque espantarás a los niños.

Dijo mientras me hacia una endeble seña para que me acercase.

-Sasuke-kun, él es nuestro hijo.

Declaro provocando que papá reaccionara conmocionado incorporándose en el acto, como si de un grave pecado se tratase que alguien aparte de mamá lo sorprenderá en aquel frágil estado.

-Se llamará Itachi.

Nos dijo con confianza como si no cupieran espacios para contradicciones.

-Itachi.

Repitió como si de un eco se tratase aun sin voltear, supongo que trataba de arreglar su aspecto antes de finalmente darnos la cara.

-Itachi.

Sentencio antes de finalmente cerrar los ojos rendida ente el cansancio.

-Vamos a sentarnos.

Le dije acercándome a una de las sillas cercanas mientras él se sentaba a mi lado en silencio.

- ¿Quieres cargarlo?

Pregunte y tras verlo asentir se lo entregue con cuidado.

-Todos dicen que es igual a ti, supongo que el gen Uchiha es bastante fuerte porque yo también luzco como tú.

Dije tratando de animarlo al verlo perdido en sus pensamientos mientras escrutaba al pequeño en su brazo.

-Aunque sería bueno si luciéramos un poco más como mamá. Todos siempre dicen que es muy hermosa.

Proseguí tratando de romper el incomodo silencio que se formaba aparentemente producto del espectáculo que acaba de presenciar.

-Te pareces a Sakura.

Me dijo con cálida sonrisa sin dejar de contemplar al pequeño.

-Bueno, todos dicen que tengo el carácter de mamá, pero en aspecto soy justo como tú.

Aclare.

-Para mí luces justo como Sakura.

Aquello me tomo por sorpresa, especialmente por la cálida sonrisa que me mostraba.

-Lamento no haber estado a tu lado en la sala de espera.

Se disculpo.

-No hay problema, el sexto y el séptimo estuvieron conmigo además de que el resto vino a ver como estábamos.

Le dije tratando de mostrar mi mejor sonrisa, así como de olvidar la pequeña molestia de hacia un rato, especialmente al comprender lo que mamá trato de expresarme.

-Debo haberme visto lamentable para ti hace un momento.

Dijo.

-Ciertamente no espere verte así, pero no fue algo malo. Creo que ahora te admiro más, no creo que cualquiera pueda revelar sus sentimientos de aquella manera tan sincera.

Mi padre me miro un momento analizando mi expresión volviéndose para observar al bebé.

-No es como si pudiese hacerlo con cualquiera. Antes de tu madre, las únicas personas que me habían visto llorar habían sido tus abuelos y tu tío.

Había escuchado acerca de ellos hacía mucho tiempo por vagos comentarios de mi madre, quien constantemente me llevaba de pequeña a sus tumbas para visitarlos, sin embargo, nunca pude saber exactamente quienes eran o como eran. Lo único que sabia eran sus nombres y que fueron la familia de mi padre, por eso nunca entendí la razón de hacerme visitar a unos parientes de un hombre que nos había dejado tanto tiempo para cumplir una misión.

-Supongo que Sakura no te conto mucho sobre ellos. Al final debería ser yo, siempre le dejo la parte pesada,

Hablo tras ver mi rostro de duda, aparentemente más para sí que para mí.

- Se sus nombres, supongo que mi hermano se llamará así en honor al tío Itachi.

Le dije.

-Él era mi hermano mayor, la voluntad del fuego vivió en él más fuerte que en cualquier otro. Proteger la aldea y protegerme a mi fueron cosas que él hizo hasta su ultimo respiro y más allá de la muerte. Sakura una vez me dijo que el nombre que carga una persona puede ser una inspiración para ellos pues aquel nombre lleva el deseo de los padres por la persona en que se convertirá, así que supongo que lo que trata de transmitir es su deseo por que crezca fuerte y brinde el amor incondicional a la aldea y nuestra familia.

Explicó. Analice sus palabras siendo consiente que mamá ya me había hablado sobre el cómo papá eligió mi nombre tras una conversación con ella acerca de una diosa, decidiendo hacer algún tipo de juego de palabras. Pero lo cierto era que tras ver el rostro de papá al escucharlo mencionar por primera vez a su difunta familia la creencia de que eligió aquel mote para mi pequeño hermano se inclinaba más hacia los sentimientos de mi padre por mi tío y a quien mamá solía contarme que mi padre amo más que nadie.

-Puede que sea así, pero yo creo que lo que mamá trata de decir es que esta bien no olvidar a quienes amamos, pues ellos siempre regresan a nosotros ya sea en un pensamiento o en quienes sin saberlo nos recuerdan a ellos. Me refiero que aun cuando la voluntad del fuego crezca en él como lo hizo con el tío, también está bien que recuerdes cuanto lo amaste y cuan feliz fuiste a su lado, pues ahora nos tienes a nosotros como lo tuviste a él.

Exprese sin prestar demasiada atención a mis palabras, creyendo que aquellos pensamientos no habían traspasado de mi mente a mi boca.

-Realmente te pareces a tu madre.

Dijo sonriéndome con dulzura mientras lo veía derramar pequeñas lagrimas al aferrarse a mi pequeño hermano. Quise dudar al respecto, pero mi cuerpo simplemente no me lo permitió, sabía lo que ocurría, aquel hombre a quien siempre vislumbre como el más valiente y fuerte era más frágil de lo que esperaría y eso no era algo malo, pues en aquel momento mientras era yo quien lo abrazaba en consuelo me di cuenta que todos aquellos pensamientos que alguna vez tuve sobre si realmente le importábamos a papá me abandonaron, liberándome de la pesada carga en mi corazón. Papá amaba a mi pequeño hermano quien acababa de nacer, amaba a mi madre y me amaba a mí, nos amaba con tanta fuerza que no podía evitar llorar desconsoladamente ante la impotencia de no poder hacer nada cuando estábamos heridos y quizás, de la misma forma en la que lloró mientras se aferraba a mi madre lo había hecho el día que tuvo que dejarnos para cumplir su misión. Aquello calentó mi cuerpo como si quien estuviese recibiendo el abrazo fuese yo y al mismo tiempo una pequeña pero persistente duda se coló en mi mente. Papá nos ama, de eso no cabe duda, y ama tanto a mamá que la sola idea de perderla fue desgarradora para él, entonces ¿Qué pasaría si mamá no estuviese? Aquellos pensamientos me hicieron sentir culpable, no por la idea de que mi madre pudiese morir en un periodo cercano, sabía bien que mamá era lo suficientemente testadura para vivir mucho más tiempo que cualquiera, sino más bien ante la idea de que si en algún momento mamá le faltase a papá quizás el simplemente no lo soportaría…quizás su ferviente y cálido amor podrían llevarlo a un remolino de dolor del cual no podría salir. Aquello me aterro, sin embargo, preferí ignóralo pues sabia que eso no podría ocurrir. Mamá estaba bien y nosotros también, así que papá también lo estaba.

.

.

.

O eso creía. ¿En que momento todo se torno de esta manera? ¿Cuándo la felicidad se convirtió en amargura? ¿Cuándo el amor se convirtió en carga? Mire a mi alrededor sin poder procesar lo que acababa de suceder, luego mis manos llenas de aquel liquido rojo incapaz de saber a quién pertenecía. Preguntándome si era mía ante el insoportable dolor que sentía en mi pecho o de mi pequeño hermano bajo de mi…o de la mujer quien con una dulce sonrisa decía palabras inaudibles para mis oídos.

-Mamá… yo…

Trate de decir incapaz de separar mis manos de la katana que sostenía firmemente.

-Gracias Sarada… por mantener tu promesa.

Finalmente la logre escuchar decir sintiendo como los sentidos regresaban a mí. La vi caer cuando mis adoloridas manos liberaron el mango del arma, escuché a mi pequeño hermano gritar desconsoladamente tras percatarse de lo que estaba ocurriendo y finalmente lo vi a él.

-Papá.

Logre pronunciar cuando nuestros sharingan se encontraron.

-Perdón…

Aquella disculpa no supe de quien vino; de mí, de él o de alguien más.