Miraculous, les aventures de Ladybug et Chat Noir y sus personajes son propiedad de Thomas Astruc y Zag Entertainment.

Palabras: 1188.

Octubre: Platillo

—Hasta la semana que viene, Thierry.

Marinette alzó la mirada del bordado que estaba realizando sobre el corpiño del vestido de novia de Mylène, para ver como Adrien cerraba la puerta tras despedir a su fisioterapeuta. Él le sonrió, en pie, sin la muleta que le había acompañado la última semana.

—Thierry dice que en un par de semanas me darán el alta definitiva.

—¡Eso es genial! —exclamó Marinette soltando los enseres sobre la mesa—. ¿Volverás a las pasarelas?

Adrien disintió despacio.

—No. No me apetece nada volver a esa vida, además he perdido mucha masa muscular, me costaría encontrar un diseñador que me quiera contratar.

—¿Entonces qué harás?

—Empezaré a buscar algo, no lo sé —susurró con un punto de timidez en la voz—. Nunca había pensado realmente en ello, no sé qué podría dárseme bien.

—Seguro que encontramos algo. —Su sonrisa comprensiva hizo que se sintiera menos inseguro—. Preguntaré a mis compañeros de trabajo por si conocen algún sitio en el que necesiten a alguien.

—Gracias.

Él también pensaba preguntar a sus viejos contactos. Había roto el vínculo con su padre y, aunque prefiriese no decirlo, eso le iba a cerrar cualquier puerta para volver a subirse a una pasarela o salir en un catálogo. No quería dejarse arrastrar por el pesimismo tras haber sobrevivido a aquel accidente y salir de él sin secuelas, pero lo tenía complicado. Además, no sería justo para Marinette que él se rindiese sin más y acabar viviendo de lo que ella ganase en cuanto se le acabasen los ahorros. Encontraría lo que fuera, aunque tuviese que limpiar váteres con un cepillo de dientes.

Marinette salió después de comer, rumbo a la oficina en la que trabajaba a media jornada para poder compaginar sus encargos como modista con un sustento económico que le ofrecía cierta estabilidad.

Estaba contenta. Adrien y ella había encajado bien en aquella repentina convivencia, se habían adaptado con sencillez, supuso que el haber sido un equipo durante tantos años mientras salvaban la ciudad había contribuido a ello.

Se querían, sus días eran geniales, sus noches intensas y apasionadas. Les iba bien. Les iría mucho mejor en adelante. Cuando Adrien se hubiese recuperado del todo podrían empezar a vivir sus vidas de verdad.

Marinette atendió llamadas, tomó pedidos, se mantuvo jovial y echó vistazos fugaces al reloj de la parte inferior derecha de la pantalla de su ordenador. Charló con sus compañeros en la puerta, tras finalizar la jornada, sobre la situación laboral de Adrien y le prometieron avisarla si daban con algo para él.

Cargada de optimismo regresó a su apartamento. El olor a comida la sorprendió al abrir la puerta.

—¿Qué es eso que huele tan bien?

—Bienvenida —saludó Adrien asomando la cabeza por el arco de entrada de la cocina—. ¿Por qué no te das una buena ducha y te pones cómoda? He preparado la cena.

—¿De verdad?

—Sí —pronunció con orgullo—. Cuando hayas acabado estará todo listo.

Obedeció, desnudándose y metiéndose bajo el chorro de agua caliente, sintiendo como sus músculos se relajaban y la calma la invadía. Estaba mucho más cansada de lo que admitiría jamás en voz alta ante Adrien.

Aquellos meses tras el accidente habían sido duros para ella. Primero su estado, las larguísimas horas velando su sueño en el hospital, acompañada por los sonidos de las máquinas y el olor a desinfectante; después la llegada a su apartamento, la readaptación a todo, las noches en blanco temiendo que le pasase algo mientras dormía, siempre atenta y vigilante a cualquier quejido o espasmo que pudiera indicar que algo no estaba bien. Ahora que, Adrien, estaba bien se daba cuenta de que, en realidad, seguía vigilante y nerviosa, preparada para saltar y asistirle en cualquier instante.

Suponía que tardaría un tiempo en recuperar la normalidad, en volver a ser la de siempre, en dormir de un tirón sin sobresaltarse por el más mínimo cambio en su respiración. Pero lo conseguiría. Al menos lo deseaba con todas sus fuerzas.

Se secó la piel con delicadeza, se puso las braguitas y se envolvió con el albornoz antes de salir. Se asomó por la puerta encontrándose con la mesa perfectamente pertrechada con un par de velas aromáticas y un ramillete de flores en el centro. Le conmovió. Adrien había tenido muchos pequeños detalles con ella, pero aquello le llegó directo al corazón.

—Siéntate, la comida está lista —declaró observándola bien envuelta en su albornoz y con el pelo empapado—. Tu único deber en las próximas horas es el de relajarte y dejarte mimar.

Ella dejó escapar una risita enternecida y tomó asiento en su lugar de siempre. Se preguntó qué habría preparado para cenar.

—Espero que te guste.

Marinette observó el plato que acababa de dejar Adrien en la mesa frente a ella.

—Te aseguro que no es tan horrible como parece —musitó Adrien con orgullo—. Quería hacer algo para agradecerte todo lo que has hecho por mí, Marinette.

—No tenías que molestarte —siseó recibiendo con gusto un beso en los labios—. Tú habrías hecho lo mismo por mí.

Adrien se deshizo del delantal y se sentó a su lado con facilidad.

—No te lo comas, Marinette —farfulló Plagg deteniéndose sobre el plato—, no parece comestible.

El kwami de la destrucción esquivó con gracia el golpe que Tikki había pretendido darle para reprenderle.

—Admito que no soy un buen cocinero —musitó con una sonrisa franca en los labios—, pero es comestible.

—Seguro que está delicioso —murmuró llenándose de valor para cortar un pedazo de aquel plato de ingredientes indefinidos y llevárselo a la boca bajo la atenta mirada de Adrien y los dos kwami.

Si había habido un momento en el que Marinette hubiese deseado más que en ese instante que Hawk Moth lanzase un ataque no podía recordarlo. Tragó con esfuerzo y dibujó una sonrisa trémula y poco convincente.

—No te ha gustado.

—¡No, no, no! ¡Claro que me ha gustado! —exclamó soltando el tenedor bruscamente para mover las manos—. ¡Está… delicioso!

Sabía a rayos. ¿Pero cómo iba a decírselo después de haberse esforzado tanto por ella? Vio como movía la cabeza dejando patente que no creía lo que acababa de decirle.

—En serio, es solo que… estoy un poco preocupada ¡Eso! Estoy preocupada.

—¿Preocupada por qué?

Marinette se movió para poder sentarse en su regazo, lejos de aquella comida horrible, y se refugió entre sus brazos.

—Hawk Moth. No ha lanzado ningún ataque desde...

—Desde mi accidente.

Ella asintió. Desde que Adrien había vuelto a París se habían visto envueltos en algunos ataques sorpresivos interrumpiendo sus vidas, pero había parado todo en el mismo instante en el que Adrien había resultado herido.

—No sospecharás de mí, ¿verdad?

—No, claro que no, pero me resulta... extraño.

—Tal vez le ha ocurrido algo o ha perdido su prodigio.

Marinette le miró con preocupación.

—Si lo ha perdido podría aparecer alguien aún peor que él. Eso no me tranquiliza.

—Princesa, pase lo que pase, lograremos vencer y recuperaremos los prodigios.

Deseaba que fuese así, que la recuperación de Adrien marcase también el fin de Hawk Moth.

Continuará

Notas de la autora:
¡Hola! ¡Felices fiestas a todos! Con esto ya casi hemos llegado al final.
Nos leemos en unos días.