—CAPÍTULO 8—. GAFAS.

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Diciembre,1999.

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La primera vez que Hermione reparó en Draco como algo más que su asistente, fue luego de una larga jornada en el ministerio.

Cada tarde, cuando salía de su oficina rumbo a casa, normalmente apenas murmuraba un "hasta mañana" sin prestar atención a quiénes estaban aún trabajando; pero en esa ocasión, estaba consciente de que eran pasadas las nueve de la noche, bastante más tarde que de costumbre y que su asistente aún no había podido irse por su culpa.

Draco estaba inclinado entre varios archivos, completamente concentrado en los documentos. Tenía el ceño fruncido, los labios dibujaban una delgada línea, el cabello un poco revuelto, el nudo de la corbata algo flojo, y llevaba puestas unas gafas cuadradas de pasta con montura negra que formaba un interesante conjunto con su perfecto rostro afilado. Además, lucía una barba incipiente que le daba un aspecto ligeramente desaliñado que le sentaba muy bien, pues lo mostraba como un ser humano más real y no como al siempre impecable y elegante modelo de portada de revista.

—Malfoy —interrumpió al joven mago, quien inmediatamente alzó su mirada cansada hacia ella—. No sabía que usaras gafas.

—Sólo cuando llevo muchas horas entre tantos papeles. Me descansan la vista —respondió poniéndose de pie y quitándose los lentes para luego presionar sus ojos con el dedo medio y pulgar de su mano izquierda.

—Ya hemos hablado de esto. No es necesario que te quedes tiempo extra. Han pasado cuatro horas desde que finalizó tu jornada.

—Sabes que prefiero irme cuando ya te hayas marchado, por si llegaras a ocupar algo.

—Lo que se presentara, creo que podría hacerlo por mi cuenta si fuera el caso.

—Estoy aquí para ayudarte, Granger, esas son las órdenes que me dio el ministro Shacklebolt y lo último que quiero, son problemas con él —repuso levantando los hombros con indiferencia.

—Soy tu jefa directa y te ordeno lo contrario. No es justo que, porque yo no pueda o quiera irme a hora de la salida, tengas que quedarte.

—Entonces no te quedes tan tarde —le dijo viéndola de reojo. Aún tras una larga jornada, seguía viéndose hermosa, a pesar de su cabello algo desordenado y el cansancio reflejado en su rostro.

—Nada me voy a hacer a casa. Allá me aburro, sola. En cambio, acá ocupada, se me pasan rápido las horas.

—Cualquiera diría que no tienes una vida social —sonrió guardando sus anteojos dentro de un estuche.

—Pues no, no la tengo. El año pasado que estuve en Hogwarts, Harry y Ron, con su entrenamiento como aurores, se acostumbraron a una rutina en la que ya no estoy presente. Ginny con el equipo de Quidditch y Luna como editora de El Quisquilloso, pasan muy ocupadas, y en los tiempos libres, ellos prefieren estar con sus parejas, y como yo no tengo a nadie, no me gusta hacer mal tercio —al decir esto, se lamentó inmediatamente, pues podía mal interpretarse, y la verdad era que ella disfrutaba mucho de su tiempo a solas y sus horas en el trabajo, pues amaba lo que hacía.

—Increíble que una heroína de guerra acepte que no tiene a nadie, cuando supongo que podría tener a quien quisiera a su lado con sólo chasquear los dedos —le dijo arreglándose el nudo de la corbata.

—No exageres, tampoco es así. No era mi intención que sonara a queja. Es simplemente que cada uno ha hecho su vida y eso me hace feliz, aunque ya no pasemos tanto tiempo juntos como antes. Después de todo, yo también hice la mía.

—Sólo trabajas, Granger. En mi caso, no tengo otra opción; prácticamente mi vida se resume en ir de la casa al trabajo. Pero tú, debieras sacar tiempo para divertirte —pasó una mano por su cabello con la intención de acomodarlo. Ya lucía más como el Draco de revista.

—Me divierto haciendo mi trabajo.

—Qué aburrida eres, así nunca conseguirás novio.

La joven se sonrojó levemente. Eso mismo le decían sus amigos.