18. Confianza
Le llamó la atención que el chico desconocido, que no había tenido contacto antes con Heero, expresara una confianza ciega en él, en que no estaba abandonándolos, en que podría evitar que todos volaran por los aires en mil pedazos.
Y él que sí lo conocía, lo primero que había pensado es que estaba huyendo sin mirar atrás.
Se rio internamente. Heero le había robado después de que lo había salvado, ayudado a acomodar sus huesos, dado un lugar para reparar su máquina. ¿Por qué no se iría ahora dejándolo a su suerte?
Aquel chico estaba tan seguro de que lo lograría que le encargó apartar aviones cargadores para todos, incluso uno para Heero.
¿Pero a quién engañaba? Aunque era imposible que pudiera evitar esa explosión, de forma impensada también confiaba en ese idiota con tendencias suicidas. Sabía de lo que era capaz y sospechaba que el margen de lo imposible era amplio cuando se aplicaba a él.
Por supuesto, Heero obró el milagro.
Contento se despidió del chico rubio cuyo rostro, acaba de descubrir, era tan amable como la voz que había escuchado hasta entonces.
Ya había despegado, ¿pero a dónde debía ir?
Comenzó a dar vueltas en el cielo hasta que vio llegar el Wing al mismo hangar y abordar el cargador que le habían dejado listo.
Apenas se elevó en el aire, lo siguió. Quería estar con él, no le parecía justo que estuviese solo con lo mucho que le había afectado lo sucedido. A él no le gustaría estarlo en su lugar.
