Capítulo 18
¿Vamos a Singapur?
—Kurt, vas a dejar de llamarme a este teléfono, tengo otro número que prefiero utilizar.
Rachel respondía a la llamada de su amigo de aquella forma tan particular.
—Tenemos que hablar —fue rotundo.
—Mmm, ¿ahora? Estoy a punto de salir de casa —respondía mientras terminaba de peinarse. Algo que, por culpa del corte de pelo, empezaba a odiar.
—Sí, ahora mismo.
—¿Qué te pasa?
—A mi nada. ¿Qué te pasa a ti?
—¿A mí? Que yo sepa nada, estoy perfecta.
—Rachel, ¿me puedes explicar que pretendes hacer con Quinn? —fue directo.
—¿Qué? ¿A qué te refieres?
—¿Enamorar a Quinn Fabray? ¿Rebecca Green va a intentar enamorar a Quinn Fabray?
—Oh dios —se lamentó—, estúpida Jennifer, no sabe guardar un secreto.
—No, y menos si me la encuentro en un bar completamente borracha. Pero eso no es lo importante, lo importante es que veo que tenía razón cuando yo pensaba que estaba loca.
—Kurt, es asunto mio.
—No Rachel —espetó completamente serio—. ¿Qué pretendes? ¿No se supone que ibas a ir ahí para ayudarla? Para intentar hacerle entender que puede valerse por sí misma, para intentar subir su estado anímico.
—Eso es lo que hago.
—¿Enamorándola? Rachel, ¿te has vuelto loca?
—Kurt —abandonó el baño, desistiendo en su intento por peinarse—, escúchame, tú no entiendes nada porque no sabes nada. ¿Ok? Pero créeme, no es tan malo como lo parece.
—Berry, es Quinn Fabray, ¿te lo tengo que recordar? A ella no le gustan las chicas, y no me sirve de nada que me vengas diciendo que tú si sientes eso del amor platónico por ella. Eso no es válido para hacer lo que pretendes.
—Sí le gustan —respondía al tiempo que se dejaba caer sobre el sofá.
—¿Qué? ¿Qué dices?
—Kurt, tú no lo sabes, pero te aseguro que Quinn llegó a sentir algo muy fuerte por una chica. Y ahora le interesa Rebecca.
—Rebecca no existe y…y… ¿Qué es eso de que llegó a sentir algo por una chica? ¿Por quién? ¿Cuándo?
—Por mí, Kurt —confesó—. Quinn se enamoró de mi en el verano antes de graduarnos, ella me lo confesó.
—¿Qué? Oh dios mio, ¿qué dices? Eso no es verdad.
—Lo es Kurt, lo hemos mantenido entre nosotras durante todo este tiempo. Sólo Jennifer sabe algo porque descubrió una carta que yo le escribí cuando se vino aquí, y en la que le expresaba todo y…Bueno, supongo que Santana también lo sabe, no lo sé.
—Un momento…un momento, ¿me dices que todo eso sucedió en el verano antes de la graduación?
—Ajam…
—¿Y tú también sentías cosas?
—Sí Kurt, fue algo mutuo…
—Ok, eres una maldita mentirosa. ¿Te ibas a casar con Finn estando enamorada de Quinn?
—Oh dios —se lamentó—. Kurt, tiene una explicación.
—Pues estoy esperando a oírla. Porque te recuerdo que Finn es básicamente mi hermano, y si te llegas a casar con él de esa forma, te juro que no sé qué habría hecho.
—Kurt, yo estaba enamorada de Finn, yo le quería, pero durante aquel verano, algo pasó entre Quinn y yo, y las dos nos dimos cuenta. Las dos éramos conscientes de lo que nos pasaba. Pero sabíamos que era imposible —hizo una pausa—. Ya…ya sabes cómo es Quinn, jamás habría aceptado enamorarse de una chica en el instituto, y mucho menos si esa chica era yo. ¿Lo entiendes?
—Oh dios… ¿Me estás diciendo que seguías con Finn solo porque lo vuestro era imposible? Rachel, ¿estás hablando en serio?
—No, no es tan así. Yo, yo quería a Finn. Siempre lo quise, aun sabiendo lo que me sucedió con Quinn. Yo, yo estaba convencida de que todo había sido casual. Que nos pasó eso porque pasamos mucho tiempo juntas ese verano, y probablemente estábamos confundidas. Por eso yo seguí con Finn. Porque yo quería estar con él. Quinn opinaba igual. Ella me confesó que, que yo le gustaba, sí, pero sabia que no era real. Que todo era porque estábamos influenciadas por esos días que vivimos. Fue una larga historia, Kurt. Pero las dos sabíamos que era absurdo. Y por eso decidimos seguir como siempre. Por eso ella seguía tratándome como siempre, frente a vosotros…
— Oh dios…
—Luego, bueno, ya vino Nueva York, maduramos, y ya sabes lo que sucedió allí.
—Sí, que Quinn se enamoró de Jacob y tú hiciste lo posible por romper esa relación. Ahora lo entiendo todo.
—Hey…para, yo no quise romper la relación —le replicó molesta—. Jacob engañaba a Quinn y lo sabes. Era un estúpido, y mentiroso y Quinn no se merecía alguien así. Mi error fue que elegí la peor forma de demostrárselo.
—Ya claro… Estabas segura de que, si os veía Jennifer, ella se iba a poner de tu lado y podríais convencerla, ¿no es cierto?
—Sí Kurt, ese era el plan, y no es necesario que seas sarcástico. Ya sé que no fue el mejor ni el más acertado, pero Quinn no me creía cuando le decía que no era buen chico, y no encontré otra fórmula.
—Ok. ¿Y ahora? Eres consciente de que aquello fue un error, y vuelves a cometer una locura.
—¿Qué?
—Me estás diciendo que vas a intentar enamorar a Quinn, no te das cuenta que vuelves a cometer un error.
—Ok. Ok, calma. En primer lugar, yo no voy a intentar enamorar a Quinn, es ella la que está interesada en mí.
—¿En ti o en Rebecca?
—Odio que te pongas sarcástico.
—Rachel, estás loca —masculló perdiendo los nervios—. Vas a cometer el mayor error de tu vida. Y mira que ya has cometido bastantes…
—Quinn está interesada en Rebecca —le interrumpió—, pero no es nada serio, no se va a enamorar de Rebecca. Solo quiere pasarlo bien, seguir sintiéndose segura, Kurt. Y no voy a ser yo quien acabe con sus ganas. Si quiere flirtear conmigo porque le hace sentirse bien, créeme, voy a dejar que lo haga. No te haces una idea de lo que es verla sonreír, verla mostrarse segura, después de todo lo que le ha sucedido.
—Oh, claro. Adelante, Rachel Berry. Haz que se sienta bien, mintiéndole. Hazle creer que eres una chica especial, que se ilusione, y cuando menos lo espere, déjala sola. Rómpele el corazón de nuevo, y te marchas de ahí como si no hubieras existido. Bueno eso si antes no te descubre, porque no me quiero ni imaginar lo que va a suceder si descubre todo…
—No lo va a descubrir —interrumpía con apenas un susurro.
—Ya, veo que estás muy segura, igual que lo estabas cuando metías a Jacob en tu casa.
—Basta, no tengo tiempo de seguir hablando contigo —se enfadó.
—Porque sabes que digo la verdad. Si Quinn descubre que eres Rachel, puede que incluso llegue a entender que lo has hecho para estar cerca, para ayudarla. Pero si haces que haya algo más entre vosotras, te aseguro que se va a sentir ridícula. Va a creer que te has reído de ella, lo cierto, es que dudo que Quinn haya cambiado tanto como para no odiarte por el resto de su vida si eso sucede. Y no me creo que no te des cuenta de eso.
Claro que se daba cuenta, por eso no conseguía refutar aquellas palabras con nada más que silencio.
—Te das cuenta, ¿verdad?
Rachel tragaba saliva. Un par de lágrimas se asomaban a sus ojos.
—Estoy enamorada, Kurt —se derrumbó—. No he dejado de pensar en ella durante todo este tiempo, y saber que está ahí al lado y no poder abrazarla es lo peor que he vivido en mi vida. Y siento que tengo que agotar todas las opciones que tengo para hacer algo, no lo sé.
—Rachel, realmente me duele lo que te está sucediendo. Yo…yo sabía que sentías cosas por ella, aunque nunca te hayas atrevido a decirlo, y más aún después de lo que me acabas de contar sobre aquel último verano. Pero, tienes que ser sensata, no puedes conquistar a Quinn haciéndote pasar por otra persona. Ponte en su lugar.
Tenía razón. Kurt tenía toda la razón y eso no era bueno. Su ánimo comenzó a decaer tras ser realmente consciente de lo que estaba haciendo, rememorando aquel error que las separó por completo.
Si aquello fracasaba, habría perdido a Quinn para siempre. Jamás le perdonaría algo así.
—¿Rachel? ¿Estás?
—Si Kurt, estoy —respondía secándose las lágrimas.
—Escúchame, no te digo esto para fastidiarte, no quiero que lo pases mal y me temo que, con esa intención, lo ibas a pasar muy, muy mal. Y Quinn no se merece algo así.
—Lo sé y te agradezco que me abras los ojos. La verdad es que estaba a punto de hacer algo que te aseguro no iba a tener explicación.
—¿Qué ibas a hacer?
—Iba a salir a cenar con ella, le dije que quería conocer un restaurante y se ofreció a ser mi acompañante.
—Bueno, eso no está mal.
—Pero si acabas de decir que…
—Rachel, puedes salir a cenar con ella, puedes salir de fiesta o sentarte a ver una peli, puedes hacer lo que quieras, pero como amigas…Es a lo que has ido.
—Entonces, ¿no crees que esté mal?
—Que dos chicas salgan a cenar no es malo. Ella querrá salir, querrá pasárselo bien y si tú le ayudas, habrás cumplido ese objetivo que te marcaste. Pero nada más. O sea, no te lances, no vayas a intentar algo de lo que te puedas arrepentir.
—Eso suena mejor.
—Es tu objetivo real. No te salgas de ese camino, Rachel.
—Cierto. Será, será mejor que termine de peinarme y de vestirme. Quinn ya debe estar esperándome.
Lo estaba. De hecho, Quinn llevaba casi 20 minutos lista, sentada en el sofá y esperando impaciente que su móvil marcase las 19:30 de la tarde. La hora exacta en la que Rebecca le había dicho que iba a pasar a buscarla.
Estaba nerviosa, no solo por el hecho de salir con ella, sino porque era la primera vez que salía sin alguna de sus amigas desde que había perdido la visión.
Santana, Britt, Dana, Michael e incluso María, la conocían perfectamente, sabían que cosas podía o no podía hacer, y con ellos siempre se sentía segura. Pero Rebecca era nueva, no la conocía en absoluto y temía volverse una completa histérica en presencia de la chica si veía que no le salían bien las cosas.
—Quinn, ¿de verdad estás nerviosa? —cuestionó Dana al tiempo que se acomodaba junto a ella en el sofá.
—No —mintió.
—Vamos, llevas 20 minutos ahí sentada, completamente rígida y tanteando el móvil continuamente. Estás que te mueres de los nervios.
—Olvídame.
—¿Qué te pasa? Vamos Quinn, solo vas a salir a cenar, no se acaba el mundo.
—Es la primera vez que voy a salir sin alguna de vosotras.
—Llevas dos días saliendo por la mañana, y vas sola.
—Lo más lejos que he ido ha sido a la floristería que hay cerca de Ellis Street. Hasta un niño recorre más distancia que yo. No es lo mismo.
—Bueno, no te preocupes, Rebecca es consciente de todo y podrá ayudarte si lo necesitas.
—Ese es el problema, no quiero que sepa que soy una completa inútil.
—¿Qué? ¿Qué dices? Tú no eres una inútil. De hecho, aquí estás. Es increíble lo que has avanzado. No es fácil superar lo que a ti te ha pasado y en apenas dos meses, ya casi lo controlas.
—¿Qué lo controlo? Vamos Dana, es un horror. Cada paso que doy es como si estuviera a punto de caer por un precipicio. Tengo esa sensación de vértigo constantemente.
—Quinn, llevas 60 días así, y ya consigues moverte por la casa perfectamente, te manejas en la cocina, excepto por la tostadora asesina. Utilizas la ducha sin ayuda. Por dios…Si incluso te vistes sin problemas, y te peinas sola. Y del maquillaje ni hablamos, porque ni siquiera lo necesitas con esa cara que tienes. Dios, me das asco por lo guapa que eres —añadió dándole un pequeño golpe en el hombro.
—Si me muevo por la casa es porque tengo contabilizados los pasos de un lado hasta otro, todo memorizado excepto cuando alguien deja una caja en mitad de la sala —le replicó con sarcasmo—. Ducharse no es tan complicado y vestirse, bueno ya sabes que tengo todo ordenado por colores y reconozco mi ropa, sé lo que va bien o no. Peinarme aun no lo llevo bien, y el maquillaje, lo dejo en tus manos o en las de Santana. Solo espero que no me maquilléis como a un payaso.
—Nunca se sabe —bromeó—, a lo mejor no quiero que ligues más que yo.
—Si me haces eso, te juro que me vengaré de la forma más terrorífica e inimaginable que puedas pensar.
—Ok… Así me gusta, Quinny. Veo que los nervios se han ido.
—Mierda —se lamentó—. ¿Por qué me lo recuerdas?
—¿Dónde vas? —cuestionó al ver como la rubia se levantaba del sofá.
—A mi habitación, necesito estar sola.
—Ok…Madre mía, ni que fueras a salir a cenar con una estrella de Hollywood.
Error, pensó Quinn al adentrarse en su habitación tras escuchar las palabras de su amiga. No era una estrella de Hollywood, pero si le recordaba a alguien que probablemente terminaría convirtiéndose en una estrella, y que irremediablemente empezaba a aparecer en sus pensamientos.
Allí dentro, en su habitación, el silencio provocaba que aquellos pensamientos sonasen mucho más altos y claro en su mente.
Salir con Rebecca, más allá de lo que pensaba Dana y lo que ella misma le había dado a entender, suponía un paso hacia adelante para afrontar de una vez el pánico que sentía cada vez que Santana le recordaba que no iba a vivir completamente tranquila, si no se daba la oportunidad de conocer a alguna chica. Sin embargo, Quinn siempre creyó que no iba a encontrar absolutamente a nadie que le hiciese replantearse su orientación sexual, como lo había hecho Rachel años atrás.
Rachel era la única que ejercía ese poder en ella, y así iba a seguir siéndolo, a pesar de querer ignorarlo.
Rebecca suponía una bocanada de aire fresco cuando más lo necesitaba, alguien que había llegado a su vida a, quizás, darle esa oportunidad de abrirse al mundo. Pero también era consciente de por qué se había interesado en ella. El absoluto y enloquecedor parecido de su voz con Rachel, era el culpable de que se hubiera decantado por ella.
Estar ciega y escuchar la voz de la chica, era la combinación perfecta para dejarse llevar de una vez por todas, porque le recordaba a ella. Porque era como si estuviese Rachel frente a ella, pero sin el rencor que aún seguía guardándole.
—¿Hora? —Quinn le hablaba a su teléfono móvil.
Son las 19:26
—Rachel —susurró. Un tono, dos tonos, tres tonos—. Oh dios. ¿Qué estoy haciendo? —se lamentó— OFF.
Era la palabra clave para abortar aquella llamada que había realizado casi por inercia. Apenas duró un segundo aquel pensamiento en su cabeza. Llamar a Rachel como lo había hecho durante los últimos días, pero no se percató hasta que no pasaron aquellos tonos que su número permanecía visible.
—Mierda Quinn, mierda Quinn —se dejó caer sobre la cama entre lamentos. Siendo consciente del tremendo error que había tenido.
—¿Quinn? —Rachel miraba completamente sorprendida la pantalla del móvil. Estaba a punto de salir de su apartamento cuando escuchó la llamada. Una llamada que ni siquiera le dio tiempo a atender, pero que la dejó completamente bloqueada. Era la primera vez, tras tres años, que su nombre aparecía en la pantalla. Y tuvo que ser justamente en ese instante. En aquel día en el que la esperaba a escasos metros de su apartamento.
Solo encontraba una explicación lógica; Quinn había hecho el intento de llamarla como estaba segura que había hecho en los días anteriores, y permanecer en silencio. Pero había cometido el error de no ocultar su número. Era la única explicación lógica que le encontraba a aquella acción después de asegurarse que la ventana de la terraza estaba completamente cerrada y que si Quinn, hipotéticamente, la había llamado desde su terraza, hubiese podido escuchar el sonido del móvil.
La rubia, maldiciéndose en su habitación, no iba a permitir que la duda quedase instalada en Rachel, ni por supuesto que tomase la determinación de responderle a aquella llamada.
Tuvo que tragar una gran bocanada de aire segundos antes de hablar de nuevo.
—Mensajes a Rachel.
Comunique su mensaje.
—Rachel, soy Quinn. He cometido un error al marcar un número y ha salido el tuyo. Olvídalo. Mensaje completo. Enviar mensaje.
Enviar mensaje.
No sabía si era lo mejor o no, pero debía evitar cualquier tipo de respuesta por su parte, y sabía perfectamente que Rachel siempre respondía a las llamadas, incluso si no conocía los números.
Solo esperaba que aquello diese resultado.
Y lo dio.
Rachel recibía el mensaje transformado en texto en su pantalla, y no terminaba de creerlo. Estaba segura de que no se había confundido, y lo sabía porque Quinn tenía que pronunciar su nombre para poder llamarla. No había margen de equivocación alguno, a menos que otra Rachel estuviese en su listado telefónico.
Ok, no te preocupes. Espero que estés bien. Besos. Rachel.
No pudo evitar dejar pasar esa oportunidad de hacerle ver que, aunque se había dado cuenta de la llamada, no iba a darle importancia, ni a saturarla a preguntas, como habría hecho en otra ocasión.
Era el momento de intentar un acercamiento con ella por esa vía, siendo la verdadera Rachel, y Britt se lo puso en bandeja con aquella llamada días antes.
—Paso a paso Rachel, paso a paso.
Nuevo mensaje recibido
Quinn volvía a lamentarse. Sabía que era ella sin duda. La conocía y sabía que aquello llegaría. Sin embargo, le sorprendió que fuese a través de un mensaje de texto y no una llamada.
—Leer —susurró con la voz entrecortada.
Ok, no te preocupes. Espero que estés bien. Besos. Rachel.
Sonrió.
Aquella voz automatizada de su teléfono, nada o poco tenía que ver con la voz de la morena, y lo agradeció. Escuchar aquella respuesta de su voz, habría significado algo más en ella, de eso estaba completamente segura.
Dos toques en la puerta, cortaron la segunda repetición de aquel mensaje.
—¿Quinn? Rebecca está aquí —fue Dana quien la interrumpió mientras abría la puerta tímidamente.
—¿Ya?
—Claro, son las 19:30. ¿No habías quedado a esa hora?
—Sí. ¡Oh dios! No me di cuenta de la hora que es.
—Pues no tardes. Te está esperando.
—Un momento…Dana, entra y cierra —se adelantó hacia la entrada, evitando que Rachel pudiese descubrir nada.
La morena ya permanecía en la entrada, aún con el pulso alterado tras aquella leve conversación vía mensaje, y expectante por saber cómo se iba a mostrar ante ella después de aquello.
—¿Qué pasa Quinn? te está esperando ahí afuera.
—¿Cómo va vestida? —cuestionó bajando la voz.
—¿Qué?
—Dana, quiero saber cómo va vestida. Voy a salir con ella y necesito hacerme una idea de cómo va. Y bueno, no voy a preguntarle directamente.
—Oh dios. Pues no sé, no me he fijado bien. Creo que lleva un vestido de media manga y…
—Asómate…Vamos, mírala y descríbemela.
—¿Qué? Vamos Quinn, se va a dar cuenta.
—No, venga por favor…
—Ok, ok, pero deja de darme tirones en el brazo —se quejó segundos antes de volverse hacia la puerta, y entreabriéndola lentamente, se dispuso a observar a la morena, que permanecía completamente ajena jugueteando con una pulsera que llevaba en su mano derecha.
—Ok, lleva un vestido monísimo, por encima de las rodillas y con algo de vuelo en la falda.
—¿Qué color?
—Beige…Es liso y lleva un cinturón más oscuro y un bolso a juego. Ah y los zapatos del mismo color. Está muy guapa.
—Ok…
—También lleva el pelo suelto y algo ondulado. Como si no se hubiera peinado, pero le queda bien.
—Ya Dana, ya es suficiente, solo necesitaba una leve idea para imaginármela. No quiero que me digas que número de pie calza.
—Y yo que sé. Eres tú la fetichista…
—¡Hey! —esgrimió dándole un pequeño golpe en el brazo—. Yo no soy fetichista. Es ser práctica. Nada más…
—Ya, claro. Pues vamos, sal —añadió invitándola a que abandonara la habitación.
—Hola Rebecca —saludaba alzando la voz, tratando de asimilar dónde se encontraba la morena en ese preciso instante.
—Hola Quinn —le respondió sonriente, mientras veía como Dana no dejaba de observarlas. A ambas.
No podía hacer otra cosa. Sus nervios y la incertidumbre desaparecieron por completo tras descubrir la tranquilidad en el rostro de la rubia, que perfectamente maquillado, lucía esplendida. Y no sólo su rostro. El pelo, alisado por completo le hacía recordar a la Quinn de los primeros años en el Glee club, cuando ambas comenzaron a compartir sala de ensayo. Solo había una cosa distinta, bueno quizás dos; una, que Quinn vestía de manera completamente distinta. Un vestido con mangas largas de un tono azulado y motivos florales, al más puro estilo años 60, y que a Quinn le sentaba de maravilla. Y segundo, la extraña sensación que provocaba al observar su mirada perdida en algún punto sobre el suelo.
—Dios, estás guapísima —espetó sin pensarlo.
—Gra…gracias —respondía acercándose a la chica—. ¿Nos vamos?
—Sí, cuando tú quieras. La reserva es a las 20:30, decidí retrasarla un poco para poder disfrutar del paseo. Así empiezas de guía —le dijo con dulzura.
—¿Vamos a ir andando?
—Si no te importa, me encantaría. El día está perfecto y —se detuvo—, bueno, si lo deseas pedimos un taxi.
—No, no, por mi perfecto. Me gusta andar.
—Ok. ¿Estás ya lista? ¿Tienes que llevarte algo más?
—Eh no…
—¿El bastón? —interrumpió Dana que permanecía de mera espectadora entre el encuentro de las dos chicas.
—Eh…Prefiero no llevármelo, pero si no hay más remedio.
—¿Qué pasa si no te lo llevas? —interrumpió Rachel rápidamente.
—Bueno…
—Es probable que te utilice a ti de bastón —se apresuró a responder Dana ante la duda que dejaba entrever Quinn.
—Ah…Entonces, perfecto. Yo hago de bastón.
—¿De verdad?
—Claro. De hecho, me encanta hacer de bastón —replicó divertida y Quinn se contagió de la sonrisa. Una sonrisa que llamó la atención de Dana, por supuesto—. No hay problema, Quinn. Si tú vas más cómoda así, pues sin bastón —añadió un tanto más seria.
—Ok. ¿Nos vamos?
—Vamos…
—Este es el momento en el que las madres les hacen una foto a sus hijas cuando van con su pareja al baile de graduación —bromeó Dana frente a ellas— ¡Oh dios! Estoy tan orgullosa de ti, Quinny.
—Eres idiota —masculló Quinn —abriendo la puerta del apartamento.
—Hey, que solo es una broma…
—Piérdete becaria —espetó tras invitar justo cuando ambas salían del apartamento y cerraba la puerta tras ella.
—Hey…Ser becaria no es un insulto —murmuró Rachel adelantándose hacia el ascensor, que permanecía abierto.
—Lo sé, pero a ella le fastidia mucho. Así que es peor que un insulto.
—¿Te llama Quinny? —preguntó mostrando una curiosidad fingida, mientras el ascensor ya bajaba hacia la calle.
—Igual que yo la llamo becaria, es su manera de molestarme.
—Oh. Entonces, mejor no lo anoto como apelativo cariñoso, ¿no?
—No por favor, prefiero que sigas llamándome Quinn.
—Perfecto. Quinn suena mucho mejor. Vamos, ya hemos llegado.
Quinn obedecía la orden de la morena y salía del ascensor delante de ella, con Rachel guiándola con su mano, que levemente se apoyaba en la espalda de la chica.
—¿Cómo hago de bastón? —cuestionó al llegar a la calle.
—Eh…Pues básicamente, permitiéndome que me sujete a ti.
—Bien. Pues adelante, hazlo tú porque yo no sé cómo es más cómodo para ti.
Quinn no tardó en acercarse a la morena y tras alzar la mano, la posicionó sobre su hombro.
—¿Así? ¿Vas cómoda así?
—Eh…Sí, no te preocupes, no quiero abusar de ti.
—Vamos Quinn, si me he ofrecido como bastón, es para que vayas igual de cómoda que vas con él.
—Nunca voy cómoda con el bastón, jamás me acostumbraré a eso.
—Entonces, ¿qué tal si en vez de un bastón, me convierto en una de tus amigas con las que sueles salir?
—Mucho mejor, sin duda.
—Bien, pues apóyate en mi como lo haría con ellas.
—¿Seguro?
—¿Eres así de indecisa para todo?
—A veces…
—Pues vamos, no lo seas ahora, y apóyate en mí.
—Ok…—Quinn dejó caer la mano que aún se apoyaba sobre el hombro de la chica, y la deslizó por el brazo hasta llegar al antebrazo de ésta, y aferrarse a él— Así, así estoy cómoda. Rachel siguió la acción de la rubia con la mirada y no dudó en permitir que se sujetara perfectamente a su brazo.
—Ok, pues… ¿Me llevas a Singapur?
—Eso está hecho. Te llevo a Singapur.
