VII
Llevaba más de una semana sin poder pegar ojo desde que Eric me reveló todo lo que sabía con respecto a la supuesta ruina que me llevó mi difunto marido unos meses atrás. Uno de sus informantes —de nombre desconocido— le avisó de que debía dinero al bar: a tres empleados y dos proveedores. Le habían llegado un par de avisos de embargo —que yo desconocía por completo—, pero que solucionó vendiendo algunas de sus pertenencias —con razón la última vez que estuve en el bar lo veía ligeramente más vacío, pero él alegó a que quiso hacerle una limpieza a la decoración, por lo que no le di mucha importancia.
El informante —llamémosle X— le llamó un mes atrás contándole los problemas económicos de Sam, por lo que Eric contactó con él para darle el dinero necesario. Sam se negó, pero días más tarde accedió sin más remedio tras recibir la amenaza de una de las excamareras con denunciarlo si no le pagaba los meses que le debía. Eric se encargó de todo e incluso le dio un poco de dinero extra por si acaso. También se ofreció a darle el dinero que faltaba en nuestra cuenta compartida, pero lo rechazó.
Gracias a las habilidades de Bill con la informática —aunque, por desgracia, no fue mucho, porque su PC estaba estropeado y tenía que arreglarlo, ya que se le apagaba solo por un problema del hardware, según me contó—, pudo averiguar que Sam depositó treinta mil dólares a una empresa llamada J&M Asociados. Llevaba desde entonces intentando averiguar qué era o por qué les dio tanto dinero, pero me preocupaba que Sam estuviera metido en algún problema grave del que no me quiso o pudo contar por mi estado. A veces odio que la gente me oculte cosas por no preocuparme, pero esta vez creo que Sam no estuvo muy acertado.
La gran incógnita aquí es dónde están los viente mil dólares restantes de los cincuenta mil que teníamos ahorrados entre los dos en nuestra cuenta conjunta. Eric me comentó de la visita de un Inspector de Sanidad, que ya sabía que estuvo en el bar y Sam me dijo que estaba solucionado, pero empiezo a pensar que es ahí donde desaparecieron los veinte mil que faltan. Aunque no estoy del todo segura. Tendré que seguir investigando.
No paro de preguntarme por qué Sam invirtió tantísimo dinero en una empresa de la que jamás me habló y por qué me lo ocultó. Hace seis meses, a mediados de enero, que hizo aquello, y la incógnita es tan grande como mi casa. ¿Tal vez quisiera el divorcio? Porque suena como a bufete de abogados y quizá quisiera esperar a nacer el bebé para comunicármelo. Pero por otro lado, él estaba muy contento conmigo. Puede que después se arrepintiese. Aunque, pensándolo bien, ¿tanto cuesta divorciarse? Porque lo dudo muchísimo. Bill sugirió que tal vez quisiera comprar algún terreno o algo por el estilo, pero para ese tipo de cosas (y más) ya tenemos al Sr. Cataliades. Por lo que sigue sin tener sentido.
No entendía nada y algo me decía que jamás lo iba a hacer. Eran preguntas que solo el propio Sam me podría explicar y ya no era posible.
Por suerte, el dinero del seguro ya está en mi cuenta. En la personal, donde además tengo el dinero que me dejó mi prima Claudine. Sam insistió en que ese dinero fuese solo mío y se negó a que lo compartiera con él. En nuestra cuenta solo entraba el que sacábamos del bar y nuestros ahorros. Y todo eso se esfumó en poco tiempo.
A la mente se me empezó a venir demasiadas cosas. Para empezar, ¿cuántas veces tendré que agradecerle a Eric todo lo que ha hecho por mí? He estado estos tres años enfadada con él, sin querer saber nada de él, cuando en verdad con quien debía estar enfadada era conmigo misma por no haber podido hacer nada por él. Me siento una mierda.
Quise devolverle todo el dinero que le dio a Sam —tras cobrar el dinero del seguro—, pero se negó en rotundo. A cambio, me pidió ser socios en el Merlotte's —creo que este es uno de los proyectos de los que nos habló hace unos días, pero no me lo dejó claro—, que le gustaría hacer unas cuantas mejoras, así que —con la condición de que siga siendo un lugar familiar— no me pude negar; no estaba para discutir con nadie, menos con Eric, por lo que no me parecía tan mala idea tenerlo de socio. Total, él es mejor en los negocios que yo. Por lo que no me quedará de otra que confiar en su buen ojo. Supongo que, de algún modo, es mi manera de agradecerle todo lo que está haciendo por mí y por mi hija.
Hablando del Sr. Cataliades, me mandó a su sobrina Daintha porque a él le surgió un imprevisto. Su visita fue tan breve como su conversación. Apenas estuvo diez minutos, pero tampoco estaba de ánimos para nada, por lo que se lo agradecí. Me leyó el testamento de Sam en voz alta, me hizo firmar unos papeles y se marchó. Creo que he visto anuncios en la tele más largos que su visita. Antes de marcharse, me comentó que su tío me llamaría en cuanto pudiera, que quería hablar conmigo. ¿Sería para contarme lo de J&M Asociados? Ojalá.
Estuve todo el día algo intranquila, por lo que me puse a limpiar para intentar mantener la mente ocupada. Organicé el armario de Adele, que estaba un poco hecho un desastre, pero me vino bien para relajarme. Me puse música a todo volumen y canté a pleno pulmón, sabiendo que nadie me escucharía.
Bueno, sí. Adele. Pero ella no me va a delatar. ¿O sí? No, Adele. Soy tu madre y te ordeno que me guardes el secreto. Pobre. No tiene ni dos semanas y ya le estoy dando órdenes. Creo que con la pompa de baba me mandó a la mierda.
Yo también lo haría. Por discutir con un bebé de diez días. Hurra por mí.
Llamé a mi hermano, pero no estaba en casa. Lo cogió Michele, que parecía que estaba mejor.
—¿Cómo te encuentras?
—Ya casi no tengo nada.
—¿Te encuentras con ánimos para cuidar de un bebé?
—Sabes que siempre tengo ánimos si se trata de Adele. ¿Quieres que vaya un rato?
—Te lo agradecería mucho —le dije con suavidad; no quería parecer desesperada por deshacerme unas pocas horas de mi bebé, pero es que lo necesitaba—. Solo será un rato.
—¿A qué hora te viene bien? Yo estaré disponible para después de comer.
—Pues a esa hora me parece perfecto.
—¿A las 3 te parece bien?
—Eres un sol. ¿Seguro que no te importa?
—Si no me la dejas, te la secuestro. Tú decides.
Cuando colgué lo primero que hice fue hacerme algo de comer. Me hice un poco de pollo a la plancha y unas cuantas verduras salteadas. Me serví un generoso trozo de tarta de chocolate —receta de mi abuela— y un buen vaso de leche fresquita. Cuando termine, preparé todo para cuando viniera Michele a cuidar de la pequeña.
Le dejé un par de biberones en el frigorífico —no sé cómo conseguí exprimir tanto de mis pechos; no sabía que se pudiera sacar tanto— y algo para cenar —qué menos ya que se va a molestar en quedarse unas cuantas horas a cargo de mi bebé. Iba a darme una ducha, pero preferí hacerlo por la noche; con este calor, iba a sudar en cuanto saliera. Me aseé un poco, me cambié de ropa y me recogí el pelo en un moño —como pude, ya que con la media melena de ahora, me costaba recogerlo— y le cambié el pañal a Adele. Lo último que quería era dejar a mi cuñada una niña maloliente. Y si algo me gustaba de mi hija era que era tranquila y apenas se la escuchaba quejarse o llorar. Se quedó dormida en cuanto le di el pecho y justo oí el coche de Michele llegar por la parte de atrás. Cogí mi bolso, mis gafas de sol —que me coloqué en la cabeza— y salí a recibir a mi cuñada querida.
—Llegas un poco temprano —le comenté bajando las escaleras del porche trasero.
—Lo sé —contestó mientras cerraba la puerta del coche y se aseguraba de no dejarse nada encendido—. Al final he terminado antes de tiempo y quise venir antes a ver a mi adorable sobrina. ¿Dónde está?
—Echándose la siesta en su cuna. En una hora tiene la siguiente toma —le indiqué— y lo demás lo tienes todo anotado en la puerta de la nevera.
—Estás en todo —comentó echándose a reír.
—¡Ah! Se me olvidaba. El intercomunicador está encima de la mesa de la cocina. No quiero que te vuelvas loca buscándolo.
—Gracias por el dato, Sook.
Me dio un enorme abrazo, como si lleváramos meses sin vernos. No quise ver más allá de lo que me tenían permitido, pero Michele emitió un gesto dentro de su cabeza que me llamó mucho la atención. «No pienses en ello, no pienses en ello, no pienses en ello. Ella se dará cuenta». Me preocupé. La miré seria un momento a los ojos y me aparté de su abrazo.
—¿Va todo bien? —quise saber, procurando no estar preocupada, pero creo que no lo conseguí.
—Sí, tranquila. —Sabía que no lo estaba y que probablemente le volvería a preguntar, pero quería irme ya al Merlotte's.
Probablemente no sería nada y simplemente no quería preocuparme. Como siempre.
—Está bien. Cualquier cosa, me puedes contar. Cualquier cosa —remarqué.
—Ya lo sé —me sonrió, y pude ver un deje de tristeza en su sonrisa.
—Llámame si necesitas algo.
—Vete tranquila.
Asentí, con cierta preocupación aún presente, y me metí en el coche camino al bar.
Encendí la radio y me puse mi emisora de radio favorita. Lo puse a todo volumen cuando comenzó a sonar «I love rock 'n' roll» de Joan Jett, con quien canté a dúo. Me sentó de maravilla, porque fue como si todos mis problemas se hubiesen esfumado durante ese momento.
Al llegar, aparqué cerca de la casa prefabricada de Sam. Aunque él se vino a vivir conmigo al poco de empezar a salir —creo que fue a los tres meses—, decidimos mantenerla para descansar en las jornadas largas donde había más trabajo. Hace unos meses, Sam quiso ponerlo en alquiler para alguna camarera, pero al final lo descartó.
Al entrar, me di cuenta de que apenas había nadie. Tan solo un hombre que se estaba comiendo unas patatas fritas y una cerveza en la barra. Daba vueltas a una patata mojándola en el pegote de ketchup que tenía en la bandeja. Estaba pensativo. Sin querer, pude escuchar que no sabía cómo decirle a su esposa que hacía más de una semana que le habían echado del trabajo porque se tiraba a la mujer de su jefe.
¡Ups! Buena suerte, amigo. Seas quien seas.
—¡Sookie! —exclamó Holly detrás de mí, recibiéndome con los brazos abiertos—. ¡Qué alegría verte por aquí! Pensé que ya te habías olvidado de nosotros —bromeó.
—Lo siento mucho —le contesté, abrazándola con entusiasmo—. He estado tremendamente liada estos días con un montón de cosas y os he dejado un poco abandonados. De verdad, soy un desastre.
—No lo eres —comentó Terry, que se asomaba desde la cocina—. Tienes un bebé que cuidar sin tu marido. Raro es que hayas podido sacar un poco de tu tiempo para venir hasta aquí.
—Vosotros sois también mi responsabilidad.
—Ha sonado como si fuésemos tus hijos —bromeó Holly.
—Y prácticamente lo sois. —Le saqué la lengua.
—¿Cómo está la enana? —preguntó Terry, colocándose detrás de la barra.
—Cada vez más grande. Y eso que solo tiene unos días, pero parece que va creciendo por segundos.
—Hazte a la idea de que el primer año va a ser así —comentó Holly—. Cuando te quieras dar cuenta, empezará en el cole. Y un parpadeo más y está en el instituto.
—¿Cody ya va a empezar el instituto?
—Aún le queda un año, pero aún no me creo que el mes que viene vaya a cumplir once.
—Está hecho todo un hombrecito.
—Sí, pero desde que nació Heaven, está como descontrolado. Ha sacado unas notas este año bastante flojas y me preocupa bastante.
—Ya verás como solo es una etapa —intenté consolarla, pero ni siquiera yo sabía qué decirle.
—No lo sé. Pero me preocupa más que su padre se lo lleve. Ya me ha dicho que como no mejore este año, el próximo lo manda a un internado.
—Pero no puede hacer eso, ¿no?
—Como poder, puede. Otra cosa es que sea justo.
—Ojalá pudiera decirte algo que te anime, pero…
—Tranquila. Suficiente tienes con lo tuyo.
—¿Estáis los dos solos?
—Sí. Rocco, el nuevo cocinero, se fue hace media hora —respondió Terry; Rocco solo llevaba tres semanas trabajando para nosotros, desde que el anterior se marchara hace mes y medio—. Yo estoy limpiando la cocina, que le hace falta.
Miré mi reloj de pulsera. El hombre que había en la barra se acababa de marchar. No eran ni las tres y media de la tarde. Era penoso. Normalmente, a estas horas, solía estar medianamente lleno, aun siendo agosto. Pero imagino que las irregularidades de Sam han dejado huella hasta en la clientela.
—Chicos —comencé a decirles—, si a las cinco no ha entrado nadie más, cerrad y marchaos a casa. Tomaos el resto de la tarde libre.
—A mí no me importa quedarme aunque no entre nadie —comentó Terry—. Hay muchas cosas que hacer y que ordenar en la cocina, por lo que por mí no hay problema.
—Yo tampoco, Sook.
—Chicos —dije meneando la cabeza—, no vale la pena estar aquí. Prefiero que os marchéis y paséis el resto del día con vuestra familia.
—¿Estás segura? —quiso saber Terry—. Porque, de verdad, si quieres que te eche una mano en algo…
—No es necesario, en serio.
—¿Y qué vas a hacer?
—Tengo que buscar unos papeles en mi despacho y ponerme al día con todo. Sobre todo con los contratos. Os merecéis un aumento y tengo que ver cómo hacerlo.
—Sook —comenzó a decir Holly, avergonzada—, por mí todo está bien. No tienes que hacerlo ahora. No hay prisa.
—No, Holly. Vosotros habéis estado al pie del cañón a pesar de las circunstancias. No dejasteis tirado a Sam en ningún momento y eso merece su recompensa. Si tengo que ajustarme el cinturón para ello, lo haré.
—Sam me dio trabajo cuando nadie más se atrevía a hacerlo —murmuró Terry, con la mirada fija en el suelo; parecía ensimismado, recordando algún momento con Sam—. Él confió ciegamente en mí y ni siquiera me cuestionó nada. Siempre le estaré agradecido por eso.
—A mí me dio facilidades cuando me quedé embarazada y no puso ninguna pega cuando estuve de baja antes de tiempo. Se portó genial y, como ha dicho Terry, siempre le estaremos agradecidos. Es lo que menos que podíamos hacer por él. Sabíamos que estaba pasando una mala racha y sería solo temporal. Además, lo solucionó, ¿no? Nos dio todo lo que nos debía y un poco más por las molestias.
Eso me hizo recordar el asunto de Sam. Tal vez Terry o Holly supieran algo al respecto.
—Eso me recuerda —comencé a decir, sin pretender cambiar de tema, pero haciéndolo sin darme cuenta—. ¿ Sam os comentó algo de una empresa llamada J&M Asociados?
—No me suena de nada —contestó Terry rascándose la barbilla y negando con la cabeza.
—Yo no hablaba de esas cosas con él, tan solo cosas superficiales y de cortesía, pero de sus negocios y tal… —Imitó el mismo gesto que Terry.
—Está bien. Ya averiguaré qué es.
—¿Le has preguntado a Bill? —insinuó Holly—. Últimamente hablaban mucho y tenían más confianza que antes. Tal vez…
—No, no sabe nada.
—¿Es cierto que Eric ha vuelto a Luisiana? —Terry cambió de tema tan repentinamente que me dejó tan helada como las venas de un vampiro.
—Sí. Y hay novedades al respecto.
—¿Has vuelto con él? —preguntó Holly alzando una ceja; creo que se temía lo peor, no sé por qué.
—No, no. Pero hay algo que debéis saber, porque os atañe esto.
—¿Qué ocurre? —inquirió Terry.
—No es nada malo, pero necesario. No es oficial, pero es mi nuevo socio del Merlotte's.
Ambos empleados se quedaron mirándome en silencio. Era más que obvio que la noticia les había caído como un jarro de agua fría.
—No es lo que estáis pensando. Necesito que me ayude con el bar y él es bueno en los negocios. Tiene mucha más experiencia que yo y confío con él.
—¿Tenemos que preocuparnos?
—¡No! —No quise decirlo tan alto, pero así me salió—. No. Me ha prometido que todo va a quedarse como estaba, pero que habrá algunos cambios. Seguirá siendo un lugar para todo el mundo, como hasta ahora.
—¿Y qué cambios serán esos? —quiso saber Holly, preocupada.
—No los sé aún, pero os lo haré saber en cuanto hable con él y lleguemos a un acuerdo. Por el momento, tengo que hacer muchas cuentas. Así que, si me necesitáis, estaré en el despacho.
Asintieron y los dejé hacer lo que tuvieran que hacer.
Llevaba horas intentando encontrar algún papel que me dijera qué era el maldito J&M Asociados. No había nada, ni un recibo, ni un número de teléfono sospechoso, ni nada de nada. Empezaba a replantearme si no sería un negocio fantasma o algo, porque no era normal aquello. Hice varias llamadas para descartar posibilidades. Nada. Era como encontrar una aguja en un pajar.
Sonó, por cuarta vez en lo que llevaba de rato, mi teléfono. Era Michele. Al parecer, la niña no paraba de llorar desde que me marché —o eso decía ella— y me preguntaba qué hacer a cada rato. Me sentía horrible teniendo que ignorar su llamada, pero si fuese importante me mandaría un mensaje. A veces me preguntaba si Michele tenía de verdad madera como madre o es que yo tengo más sangre fría para estas cosas.
Volvió a sonar el móvil. Quise estamparlo contra la pared cuando lo cogí y descolgué.
—Cámbiale el pañal, Michele —dije atropelladamente, exasperada—. Seguro que llora por eso.
—No soy Michele. —Era la voz de Bill; tierra trágame.
—Bill… No pensé que fuese tan tarde —Miré mi reloj y, efectivamente, eran las nueve y diez.
—Si te sirve de consuelo, Michele se ha marchado ya a casa y me estoy haciendo cargo de Adele. Ya ha cenado y está durmiendo como un tronco en su cunita.
—¿De verdad? —Estaba terriblemente aliviada de ello—. No sabes cuánto te lo agradezco. Eres un sol.
—No es nada. ¿Te pillo ocupada?
—No. Ya no. Además, Eric estará a punto de llegar.
—Sí. Lo sé. Y es de eso de lo que te quería hablar.
—¿Sobre Eric? ¿Qué ocurre?
—Hay algo que no me encaja en todo este asunto de su regreso.
—¿A qué te refieres?
—A que está muy extraño. Le hago preguntas y me cambia de tema. Y cada vez me tiene más con la mosca detrás de la oreja.
—¿Pero de qué me hablas?
—Desde que regresó, no paro de pensar en todo lo relacionado a lo que sucedió en Oklahoma y el atentado que hubo.
—Fue una loca de la Hermandad del Sol, ya lo sabes.
—Sí, lo sé, pero… ¿cómo estamos seguros de que eso sea cierto?
—¿Qué insinúas?
—Tengo la sospecha de que Eric está detrás de todo.
—¿Qué? No digas disparates, Bill.
—¿Eso crees?
—Yo creo que está pasando por un momento un tanto extraño y simplemente no quiere hablar de lo que sucedió. No debe ser agradable saber que por muy poco no acaba siendo polvareda junto con ellos.
—Si eso es lo que quieres creer…
—Es lo que es. Además, no deberías hablar así de él. Podría acusarte de traición si se entera.
—De ser cierto lo que digo, lo suyo es mucho peor.
—¿Tienes pruebas?
—No. —Se quedó en silencio unos segundos—. Aún.
—Pues sin pruebas no puedes acusar a nadie.
—Lo sé, pero pensé que tal vez tú…
—¿Acusar a quién? —La voz de Eric resonó en el despacho y me pilló de improviso.
—Jason, te tengo que dejar —fue lo único que se me ocurrió antes de colgarle; lo último que quería era meter en problemas al nuevo sheriff de la zona cuatro—. Problemas con un compañero. Has llegado pronto.
—Estaba impaciente por verte —me sonrió de lado.
—¿Qué llevas ahí? —le pregunté mientras me levantaba de mi asiento; tenía las piernas un poco entumecidas de estar sentada en ese viejo sillón.
—Mi nuevo proyecto, pero antes quería hablarte del que tengo contigo, ¿recuerdas?
—Así es. Ya tengo los papeles para que seas oficialmente mi socio, pero ya sabes que no te los entregaré hasta que me digas todo lo que tienes pensado hacer.
Salí por la puerta delante de él y me siguió muy de cerca, cerrando el despacho al abandonarlo. Me puse detrás de la barra y él se sentó en un taburete.
—¿Un whisky? —bromeé.
—Escocés, por favor.
Cogí un vaso y una botella del mejor escocés que tenía. Quince años, ponía en la etiqueta. Le eché hielo al vaso y lo llené con el líquido dorado. Eric cogió el vaso y se lo llevó a la nariz.
—Malta y jerez. Con un toque afrutado y algas. Excelente.
Me dejó sin saber qué decir. No me esperaba aquello.
—¿Entiendes de wiskis?
—¿Tanto te extraña?
—Supongo. ¿Lo has probado? Pensé que los vampiros no bebíais más que sangre.
—Lo podemos hacer a través de alguien que lo haya consumido previamente.
—Oh, vaya.
—Pero no es lo mismo. Creo que pierde mucho su toque y elegancia.
—Supongo.
—Viví en Culloden, Escocia hasta poco después de la batalla que hubo allí. Durante muchos años tuve que fingir que lo tomaba, pero aprendí a diferenciarlos solo con olerlos.
—Eres una caja de sorpresas.
Le serví una A positivo tras calentarla un poco y lo eché en un vaso de whisky. Cogió el vaso y lo chocó con el mío.
—Por nosotros —dijo antes de darle un sorbo y yo le di otro al mío. Hacía mucho que no bebía y ese trago me sentó bastante bien.
—¿Y bien? Tú dirás.
Se relamió la sangre artificial de la comisura de los labios. Del bolsillo trasero de su pantalón se sacó un papel que desplegó y comenzó a leerlo.
—Una barra de striptease, uniforme muy ceñido para las camareras, a ser posible con mucho escote y unos pantalones tan cortos que no deje nada a la imaginación…
Entrecerré los ojos y los puse en blanco.
—¿Qué? Tú me ofreciste whisky…
—Ahora en serio.
—Hay que cambiar el horno. Al menos uno de ellos. Está estropeado y habrá que reemplazarlo.
—Está bien, ¿qué más?
—Cambiar sillas, mesas y todo el suelo.
—¿Qué le ocurre a todo eso? Si hay sillas nuevas y el suelo está bien.
—Claro que las hay, pero hay de tres clases distintas y no hacen juego ni con las mesas ni con el resto de la decoración del local. Hay tres sillas cojas y dos mesas que se tambalean como si bailaran flamenco. El suelo tiene varias baldosas rotas, probablemente del desgaste del paso del tiempo.
Asentí. Me encogí de hombros.
—Más.
—El menú.
—¿Qué le ocurre al menú? Está bien así.
—No lo voy a cambiar, solo lo voy a mejorar.
—Está bien, ¿qué propones?
—Pizzas. Voy a poner un horno de piedra para ello.
—Me parece muy buena idea.
—Tal vez, si sale bien, las entreguemos a domicilio.
—Pero eso será más trabajo. No puedo tener al pobre Rocco trabajando el doble para los comensales de aquí y los de casa…
—Habrá un par de cocineros más. Dos en cada turno.
Resoplé. Esto ya no me convencía tanto, pero confiaba en Eric.
—Quiero reformar también el bar.
—¿Qué? ¿Para qué?
—Para agrandarlo un poco.
—¿Agrandarlo, para qué?
—Para poder poner un parque de bolas.
Eso sí que no me lo esperaba.
—Me dijiste que solo sería socio tuyo si esto seguía siendo un lugar familiar, pero cada vez que he entrado aquí solo me he encontrado con borrachos y trabajadores.
—Porque son los que más entran aquí.
—Lo sé, pero ahora que eres madre, tienes que pensar un poco como tal. Así que el parque de bolas vendrá bien.
—Me parece genial. ¿Algo más?
—Sí, un poco más. He estado hablando con el ayuntamiento y me ha dado permiso para poder poner un parque infantil con columpios detrás o al lado, no sé. Ya veremos dónde lo podemos poner.
Me estaba dejando sin palabras todas las propuestas que tenía en mente. Y yo que pensaba que lo quería convertir en un bar de vampiros o algo por el estilo, pero no es así. ¿Debería enamorarme ya o mejor me espero? No. Mejor me espero. No es buena idea.
—Por el momento, dejaré el estilo rústico del bar, pero le cambiaremos la decoración. No estoy muy seguro de si es buena idea tener animales disecados en las paredes. Si va a haber niños por en medio, todo eso va a ir fuera.
—Eso era cosa de Sam, y él ya no está, así que apruebo la propuesta.
—Viernes de cumpleaños.
—¿Eso qué es?
—Que los viernes habrán cumpleaños. Ya sea de niños, de adolescentes, de adultos, de cervatillos o de quien sea. Pero serán los viernes por la tarde.
—Lo veo un poco arriesgado, pero me gusta.
—Podemos hacerlo a modo de prueba, si no funciona, lo quitamos sin problema.
Asentí.
—¿Alguna cosa más? Tengo la sensación de que te has tomado muy en serio los cambios.
—Solo una más, lo prometo: propaganda en carteles y vallas. Y tal vez panfletos que se vaya repartiendo por varios lugares: Bon Temps, Shreveport…
—¿Crees que va a ser necesario todo eso?
—Sookie —bebió un largo trago de su vaso sin dejar de mirarme a los ojos—, no es el primer negocio que llevo ni va a ser el último. Ni el único. Y nunca he fracasado. Porque yo jamás fracaso.
Eso me puso los pelos de punto. Me vino a la mente las sospechas de Bill y ahora no sabía qué pensar.
—Está bien. Confío en ti.
Arrugó la lista y la tiró a la papelera. Tensó un poco los hombros y quiso cambiar de tema.
—¿Por qué tengo la sensación de que no confías en mí?
—Sí que lo hago. No sé a qué viene eso…
—Antes no hablabas con Jason, ¿verdad?
Mierda.
—Bill sospecha de mí. Y te ha llamado a ver si tú también. ¿Me equivoco?
Tragué saliva y bajé la mirada.
—Yo no sospecho de ti. Son solo imaginaciones de Bill. Ya sabes cómo es.
—¿Estás segura, Sookie Stackhouse? —Apoyó los codos en la barra y acercó la cara un poco más a mí. El pelo le caía por los ojos y, por un momento, tuve la sensación de que podía controlar mi mente.
—¿Lo hiciste?
—¿Crees que lo hice?
Me estaba poniendo nerviosa. Tal vez eso es lo que pretendía. Pude verle un destello de diversión en su mirada.
—Eso vas a tener que decírmelo tú.
Se echó a reír. Apuró su vaso de sangre sintética sin apartar la vista en mí. Miró los papeles que había encima de la barra. Ya no me acordaba de ellos. Sacó un bolígrafo de su chaqueta, le quitó la capucha y firmó en donde indicaba su nombre. Se relamió los labios, me guiñó un ojo y me sonrió.
—Buenas noches, Sookie.
Y se marchó. Dejándome con la incógnita más grande de mi vida.
Como si no tuviera suficiente.
NDA: Antes que nada...
¡FELIZ AÑO NUEVO!
La verdad es que llevo como tres semanas con el archivo empezado pero no sé por qué, he estado poco inspirada. Pero no quería dejar esto sin actualizar antes del próximo año, que aquí solo quedan menos de tres horas a este 2020 que nos ha dado tan cosas negativas.
Pero me quedo con haber descubierto este fandom del que por suerte me he enamorado y me pienso quedar por mucho mucho tiempo.
Como reto, para el 2021 me he propuesto, no solo terminar este fic, sino también los otros que tengo en mente (continuaciones). No sé si lo conseguiré, pero al menos quiero tenerlo en mente.
No sé cómo me ha quedado el capítulo. Le he hecho tantos cambios y le he dado tantas vueltas, que ha quedado muy distinto a lo que tenía en mente, pero he de reconocer que me ha dejado muy satisfecha (las propuestas de Eric era lo único que tenía en mente desde hace mucho, pero lo demás no).
Muy muy pronto se sabrán más cosas. Pero tenedme paciencia, que Ruperta, mi musa, está un poco estresada últimamente. n.n"
Bueno, antes de terminar, como siempre, darle las gracias a todos los que me comentáis. La verdad es que he pasado un año bastante malo y escribir todo esto me ha venido de maravilla. Así que imaginad cuando recibo un review vuestro. Me alegráis siempre el día (y a veces la semana). :3
Thank you very much to Perfecta999, ciasteczko and ashmo2000 for your review. I wish you a very happy 2021 and a lot of love for you and your people. :)
También a Cari1973. Que pases un feliz año 2021 y mucho amor para ti y los tuyos.
Thank you for read me.
Love a happy new year to all! :)
See you soon! :3
~Miss Lefroy Fraser~
31/12/2020
