¿Por qué tardaste tanto?

Capítulo 8

0o0o0oo0o0o0o0o0o0o0o0

Habían transcurrido un par de semanas desde la llegada de Li Syaoran y todo era un caos para mí. No era que el tipo fuera alguien malo, para nada. Pero sentía que tenía algo en contra mía porque desde que empezamos el proceso de evaluación e implementación de nuevas estrategias metodológicas y pedagógicas sugeridas por él, siempre encontraba algo que criticar en mi forma de aplicarlas.

Jamás admitiría frente a él que sus consejos y estrategias me estaban ayudando bastante. Sabía lo que hacía, se había preparado muy bien para esto, pero prefería que un perro me montara la pierna antes de hacérselo saber. Su maldito sarcasmo y su constante corrección estaban por volverme loca.

Por otro lado, Rika y Chiharu no me dejaban en paz, querían saber su estado civil y cosas de su vida privada, al igual que todas las maestras entusiasmadas con el par de prospectos que deambulaban en los pasillos. Estaba cansada del interrogatorio y no parecían comprender que la vida privada de Li me tenía sin cuidado.

―Vamos Sakura, cambia esa cara. No todo te puede estar saliendo mal ―trató de animarme Rika.
―No he dicho lo contrario, es sólo que... Li es alguien detestable, no hay paso que yo dé sin que cometa un error según él. Lo juro: ¡todo lo que hago está mal para ese cretino! ―resoplé.
―Vamos, amiga. Él solo está cumpliendo con su trabajo, además he visto grandes progresos con los chicos ―expresó Chiharu.
―Acepto que con su ayuda hemos tenido mejoras notables, incluso sus tutores se han acercado porque sienten la necesidad de un acompañamiento más profesional, pero ¿qué rayos le pasa conmigo? Su misión era ayudar con las dificultades de los chicos, no corregirme a mí ―señalé a Rika―. ¿Acaso Eriol hace lo mismo contigo?
―Eriol ha hecho muchos aportes y sugerencias que sé que van a servir de mucha ayuda en el futuro, recuerda que esto lo hacen porque es su misión. Además, si algo está mal en nuestros estudiantes también en nosotras lo está, Sakura ―ella tenía razón, pero el problema no estaba en las correcciones, si no en los modos―. Vamos, ya deja ese conflicto a un lado y busca cómo llevar la fiesta en paz, tenemos mucho tiempo para convivir con ellos. Demuestra tu madurez.
―Bien, me esforzaré por tolerar su insoportable forma de ser, aunque lo que no entiendo y tampoco pienso tolerar es que me corrija fuera de horario escolar.
―Bueno, eso te toca descubrirlo a ti ―el gesto de Chiharu era digno de una mujer analítica―. Aunque creo saber por qué.
―¿Será posible? ―preguntó Rika siguiéndole la corriente.
―Tal vez, uno nunca sabe ―respondió Chiharu.
―¿De qué hablan? ―pregunté, perdida. No entendía muy bien ese absurdo juego de palabras. ―¿En qué planeta vives, Sakura Kinomoto? ―preguntó mi amiga. Chiharu.
―Sigo sin entender ―respondí.
―Dejemos eso por la paz ―intervino Rika―. Mejor nos vamos a casa, se hace tarde.
―Cierto, es mi turno de hacer la cena. Nos vemos mañana chicas. ―Me despedí de ellas y tomamos caminos diferentes.

Tenía que hacer algo para dejar de enfrentarme con Li. Todos los días había algo nuevo por lo cual discutir y eso, a la larga, podría traerme problemas laborales y no podía llegar a ese punto. Yo seguía creyendo que lo hacía para desquitarse por lo que dije el primer día que lo vi, una actitud inmadura de alguien tan profesional como él, pero admitía que para discutir se necesitaba de dos. Se suponía que estábamos trabajando en equipo, deberíamos de llevar una relación de trabajo un poco más amena.

―Por ir tan concentrada puede tropezar, señorita ―escuché la voz de Eriol al lado mío.
―Que bueno que te veo, Eriol. ―Saludé, aunque no hace mucho nos habíamos despedido.
―¿Todo bien? ―preguntó―. Te llamé y no respondías.
―Disculpa, pensaba en algo.
―¿Puedo ayudarte? Ya sabes, cuentas conmigo ―indagó y sonrió.
―De hecho sí, pero no sé si tengas tiempo ―dije, recordando que iba tarde a casa.
―Con gusto puedo escucharte. Tengo tiempo ―sugirió.
―¿Me acompañas a casa? ―pregunté―. Te invito a comer algo.
―Claro que sí Sakura, vamos ―respondió ofreciéndome su brazo, gesto que, aunque lo agradecía me intimidó un poco y fingí que no me percaté.

0o0o0o0o0o0o0o0o0o0o0o0

―Tu casa sigue siendo igual de acogedora, Sakura ―dijo al llegar a la sala.
―Papá sigue cuidándola como si apenas fuera nueva ―comenté cerrando la puerta.
―Por cierto, no veo a tu papá ―ambos buscamos con la mirada y nos dimos cuenta que estábamos solos.
―Me imagino que tiene que impartir clases en la noche ―fui hasta la pizarra de los deberes―. Así es, tiene cátedra nocturna.
―No se cansa, eso es admirable ―Eriol apareció en mi campo de visión, detrás de la barra―. ¿No piensas seguir sus pasos?
―Yo creo que no. Me gusta más trabajar con niños ―expliqué―. ¿Dónde prefieres tomar el té, en la sala o aquí?
―¿A quién le corresponde hacer la cena? ―preguntó.
―A mí ―señalé la pizarra.
―Te ayudo ―Me siguió a la cocina.
―Tranquilo, puedo sola ―respondí poniéndome un delantal.
―Y no he dicho que no puedas, solo que quiero ayudarte. También me cuentas lo que te aqueja ―sacó de uno de los gaveteros otro delantal y se lo colocó encima. En todo el tiempo que estudiamos juntos habían sido muchas las ocasiones en que Eriol se había acostumbrado a pasar algunas tardes en mi casa en reuniones y tutorías.
―Está bien, muchas gracias Eriol ―saqué de la nevera algunos ingredientes.
―¿Qué tienes pensado cocinar? ―preguntó.
―Quiero hacer gyoza, si gustas puedes cortar la cebolleta ―dejé sobre la mesa lo mencionado.
―¿Y bien, qué es lo que te tiene distraída? ―preguntó empezando a cortar el vegetal.
―Distraída no. Lo que me pasa es que me preocupa un poco la actitud de Li ―expresé finalmente.
―¿Te ha hecho algo? ―dejó de cortar y me observó preocupado.
―No, bueno. No lo sé. Soy consciente de que no dejé una buena impresión ese primer día ―empecé a explicar―. Pero esa no es razón para que me trate del modo en que lo hace. Siempre hay algo malo en mí y él no duda ni un instante en hacerlo ve ―suspiré―. He llegado a pensar que todo lo que hago está mal... y lo que más me preocupa es que en algún momento sea declarada incompetente en mi labor.
―No hemos venido a eso. Nuestra misión es ayudar a los niños y a ustedes, nunca ha decir que no sean capaces de hacer el trabajo. Por ese lado quédate tranquila. ―Escuchar esas palabras me alegraban por un lado―. ¿Qué otro sentimiento te provoca la actitud de Syaoran?
―Intento agradarle y me frustra que ocurra todo lo contrario a pesar de esforzarme... Él me provoca a la primera oportunidad que encuentra... Es tan... ―callé. Mejor no decía nada, Eriol y Li eran amigos y compañeros de trabajo después de todo. Estaba segura de que si alguien quisiera ofenderme, él también me defendería.
―¿Quieres caerle bien a él? ―preguntó de nuevo.
―¿De eso se trata todo esto no? ―pregunté también.
―Te contaré algo ―dijo y regresó su atención a las cebollas―. Syaoran es un caso muy especial. Es un hombre solitario y poco expresivo, pero no es una mala persona. Aún cuando parece ser "ofensivo", él no lo hace con esa intención. Lo que pasa es que es crudamente sincero... O es eso lo que he visto en él desde que nos conocimos ―suspiró y me miró―. Es por eso que no tiene muchos amigos. No supongas nada, si tienes dudas, pregunta. Si tu deseo es agradar solo sé tú misma. No soy el indicado para decirte más cosas sobre su vida, me mataría si lo hago, pero te recomiendo que te animes a conocerlo. No es tan malo cuando logras conocerlo a profundidad.
―¿Entonces no puedes ayudarme? ―pregunté tratando de asimilar todo lo que me había contado.
―Yo sólo te daré un ligero empujón. Fuera del ambiente laboral es alguien muy agradable ―dijo―. Eso te puede servir.
―¿Cómo? ―pregunté algo escéptica.
―Te daré una pista: ¿Qué harás este domingo?
―Creo que nada relevante ―dije después de pensarlo por un momento.
―Genial, creo que no le hemos dado de manera oficial la bienvenida a Syaoran a la bella y tranquila Tomoeda. Llevamos dos semanas por acá y no hemos hecho nada más que trabajar, así que sería una genial idea salir a un lugar y comer algo especial. ¿No te gustaría?
―Eso me encantaría ―por un momento me emocioné―. ¿Cómo haremos para que él acepte?
―Querida Sakura, sé que puedes hacerlo por tu cuenta. Yo ya hice bastante ―sonrió.
―Me dejas la peor parte ―resoplé―. ¿Qué te parece un picnic? Yo podría cocinar toda la comida.
―Sería egoísta de nuestra parte si te dejamos a ti sola. Además, también nos acompañarán las demás, así Syaoran no sospechara nada. ―Eriol me pasó los ingredientes cortados para mezclarlos.
―¿Sospechar de ti? ―Encendí la estufa.
―No te imaginas la capacidad que tiene Syaoran para intuir las cosas que suceden a su alrededor. Pero sé que tú podrás convencerlo, hay algo en ti que le atrae. ―Eriol tomó asiento cerca de mí.
―Lo único que provoco en Li son ganas de mandarme a volar con un rayo ―estaba segura que si tuviera poderes mágicos lo haría.
―Tranquila, tal como dije, sólo sé tú misma y el tiempo se encargará de lo demás. Pero no tardes demasiado. ―Eriol observó su reloj―. Debo marcharme, Sakura.
―¿Por qué no te quedas a cenar? ―pregunté―. Es lo justo, me ayudaste con la comida.
―Agradezco tu invitación, pero Syaoran debe de estar esperando. Una vez a la semana nos reunimos para intercambiar experiencias del trabajo que estamos haciendo ―explicó y se puso de pie―. No quiero encontrarlo hecho un lobo furioso, es muy puntual. ¿Te parece que la cena quede para otra ocasión?
―Ahora si me dejas con miedo con respecto a Li, pero veré que hago. Y no creas que dejaré pasar tu rechazo a mi cena, soy muy buena cocinera ―señalé.
―Lo sé querida, lo sé. Te prometo que voy a compensar mi rechazo, pero ya sabes, el deber me llama. Saluda a tu padre de mi parte. Nos vemos mañana ―se despidió y lo acompañé hasta la puerta.
―Claro que lo haré. Gracias por todo Eriol.

0o0o0o0o0o0o0o0o0o0o0o0

―Hola hermanita ¿en quién piensas? ―apareció Tomoyo.
―En cosas privadas ―respondí.
―Puedes compartirlas conmigo. Antes hacías eso ―dijo sentándose en el sillón.
―No ha pasado nada relevante en mi vida cómo para compartirlo ―mentí.
―Andas a la defensiva ―expresó―. ¿Te hice algo?
―No, no me has hecho nada ―mentí de nuevo.
―¿Por qué no me habías contado que Eriol está trabajando contigo? ―preguntó―. Dices que no pasa nada relevante, pero me enteré de eso porque encontré al mismo Eriol en el parque.
―Porque es un trabajo confidencial, es un proyecto y no se puede filtrar nada a menos que sea aprobado ―respondí, esperando que con esa excusa dejara de molestar.
―Pero, yo soy tu hermana ―dijo con dramatismo.
―Ni a la familia, a nadie ―mentí otra vez. Ya no me reconocía.
―Como si fuera la cura del cáncer ―bufó―. Eriol está muy guapo, por cierto.
―Es un hombre muy galante y educado ―reconocí.
―¿Y el otro? ―preguntó.
―A él no lo conoces. ―No quería decir su nombre, pero tampoco podía fingir demencia como ella lo hacía―. Olvidé su nombre ―una mentira más―, sólo sé que su apellido es Li
―Sigo pensando que estás enojada por algo, pero no seguiré. ―Buscó su lugar en la mesa y se dispuso a comer.
―¿No esperas a papá? ―pregunté enojada, pero camuflé ese sentimiento. Ella no merecía saber lo que provocaba en mí.
―No, recordé que saldré con Yukito ―esa respuesta me dolió, pero la ignoré―. ¿Te conté que estamos saliendo? Espero no te molestes.
―Oh no, lamento que no me hayas dado antes la gran noticia ―mentí―. Que sean felices y no te preocupes por mí, eso ya es pasado.
―Bueno, apenas estamos empezando. Se trata de aprovechar y vivir la vida, pasarla bien. ―No me sorprendió, ella nada más buscaba diversión.
―Bueno, estaré en mi cuarto, provecho. ―La dejé sola, necesitaba mi refugio.

Decepcionante, así era ella. Considerar la relación con una persona para ¿pasar el rato? Mi hermana formaba parte de ese grupo de personas con malos sentimientos. ¿Dónde quedaban las emociones que te provocaba ver a tu ser amado, la pasión que te generaba cada detalle que tiene contigo, el deseo de estar siempre con esa ser y compartir hasta el más mínimo detalle? De brindarle apoyo a esa persona cuando lo necesitaba, compartir alegrías y tristezas. ¿Como fui tan ciega para no darme cuenta de que para ella todo era un juego?

Papá, a pesar de haber enviudado tan joven nos enseñó el valor de la bondad, la honestidad, la solidaridad y otros sentimientos más, los cuales a mí me sirvieron para conseguir y ser lo que tenía y era. Pero ella, sólo estaba causando daño a los que estábamos a su alrededor ¿Qué haría con ella?

0o0o0o0o0o0o0o0o0o0o0

Papá llegó a casa un poco tarde, pero a pesar de eso lo esperé para estar un rato con él en la cena. Siempre me había gustado escuchar sus anécdotas, cada día había algo nuevo que contar. Él estaba al tanto del proyecto y me aconsejó poner en práctica todas las sugerencias que recibiera de mi acompañante.

Le alegró muchísimo saber que Eriol estaba de nuevo en Tomoeda, incluso me dijo que podía traerlos a casa cualquier día. Ver en él, ese semblante tan relajado y pacífico me llevaba a preguntarme cómo podía mantenerse así ¿sabría acaso de las andadas de su hija mayor?

0o0o0o0o0o0o0o0o0o0o0

Un nuevo día empezaba, y ya estaba poniendo en práctica el hábito de despertar más temprano, no quería que el señor puntualidad se atreviera a decirme algo si volvía a quedarme dormida. No señor, si algo había aprendido era que no podía cometer el mismo error dos veces.

―Buenos días, señor Li ―saludé.
―¿Tengo cara de anciano?
―¿Será que habrá un día en el que pueda contestar de manera más agradable? ―pregunté sintiendo la sangre subir a mi cabeza.
―En realidad creo que es usted quién quiere discutir, yo sólo hice la misma aclaratoria que usted. ―respondió de mala gana.
―¿Cómo está, señor Li? ―intenté ser cortés nuevamente, pero me lo estaba poniendo muy difícil.
―Bien, gracias. ―gruñó.
―Oye, yo no he hecho nada para que me trate así ¿Por qué lo hace? Sé que cometí un error aquel día, como adulto debe de aceptar las disculpas que le he pedido y seguir con este trabajo ―me sentía frustrada, quería hacer bien las cosas y este hombre era un hueso duro de roer, pero tenía que aprovechar esta oportunidad para hacerle ver su mal comportamiento―. Le ofrecí mi ayuda, hago lo mejor que puedo para cumplir con este proyecto y creo que al menos deberíamos de tener una relación cordial ¿no cree? ¿Por qué no empezamos de nuevo? Por el bien de nuestro trabajo.

Se quedó en silencio por unos segundos, lo suficiente como para hacerme creer que iría a reportarme con la directora y poner en riesgo mi puesto de trabajo. Pero su ceño pasó de ser uno fruncido a relajarse un poco. Aún así, su sonrisa me hacía temer lo peor.

―Mi único interés es y será el proyecto, del resto... buena suerte, señorita Kinomoto ―respondió entrando al salón.
―Bueno, no era la alianza que esperaba, pero algo era algo ―lo seguí en dirección al salón, quería lograr algo más―. Oye, quería preguntarle algo...
―No contestó preguntas personales ―contestó de cajón.
―Que grosero... Y la pregunta que quiero hacerle no tiene que ver ―bufé―. La verdad es que... Bueno...
―¿La abandonó la elocuencia? ―preguntó burlón.
―Ya, escuche, por favor. Estaba pensando que ya lleva dos semanas en este país y sería buena idea un almuerzo de bienvenida. Podemos hacer un día de campo, con los demás. ¿Qué dice?
―¿A quiénes se refiere con "los demás"? ―desconfiaba y su ceño fruncido era la prueba de ello.
―Me refiero a Eriol, Rika, Chiharu, usted y yo ¿Qué dice? ―expliqué.
―¿Y Eriol ya sabe? ―indagó levantando una ceja.
―No, pero él aceptará. Estoy segura ―aseveré.
―¿Qué quiere lograr con esto? ―insistió.
―Nada, bueno, sólo darles la bienvenida a los dos. Eso es todo. ―Solo esperaba que no fuera capaz de leer mentes o estaría en un gran lío y Eriol también.

Se quedó en silencio por unos segundos, parecía meditar su respuesta o pensar en una manera de deshacerse de mí. En ese lapso de tiempo me permití observar su rostro con mayor oportunidad. Que atractivo era, lástima que sólo se mantenía frunciendo el ceño.

―Bueno, está bien. Aceptaré con una condición. ¿Podrá con eso?
―Claro que sí. Me encantan los retos. ―Quise gritar, pero seguro me ganaba uno de sus regaños.
―Bueno, ya aceptó. No hay vuelta atrás ―dijo metiendo sus manos en los bolsillos del pantalón―. Me siento un poco nostálgico. Así que me gustaría comer mi platillo favorito ¿Conoce el dim sum?
―Eso es comida china ―afirmé―. Puedo buscarlo en un restaurante.
―Oh no. Quiero que sea casero. Para no perder el calor humano de la cocina hogareña. ―Era un... un ser malvado, ¿cómo iba yo a preparar eso?
―Nunca he intentado cocinar comida china. ―dije buscando un plan B en mi mente.
―Busque en internet y ya está comprometida. Ahí tiene el reto que quería. ―Sólo a él se le ocurría sugerir eso.
―Bien, vamos a ver quién sale ganador de este reto. ―Murmuré sujetando mis libros.
―La clase va a empezar ¿Acaso tengo que guiarla a su salón? ―Terminó su burla entrando al salón.

En definitiva necesitaría la ayuda de todos los dioses para cumplir con ese reto. Pero de algo estaba segura y era que no perdería la oportunidad de poner en su lugar a este tipo. Tenía que ver en mí a una persona normal y responsable no a alguien que sólo causaba problemas y contratiempos.

Lo único que no sabía era de dónde diablos iba a sacar dim sum casero si era un poco patosa para la cocina internacional.

0o0o0o0o0o0o0o0o0o0o0

N/A: Hola queridísimas criaturas de la creación. Espero estén teniendo un maravilloso fin de semana.

Uy... se viene el temerario dim sum les juro que se me antoja comerlo cada vez que leo sobre él y espero antes de mi cumpleaños poder hacerlo. ¿Qué les pareció esta discusión? Sakura lo enfrenta, no se deja a pesar de que el tipo se las pica para molestarla. ¿Por qué la molesta?

Gracias a ustedes por seguir con sus muestras de apoyo, cada comentario es un impulso más para seguir.

De manera especial por su ayuda agradezco a Rozyho, CherrysFeathers, CherryLeeUp y Pepsipez.

Espero leer sus comentarios sobre el capítulo y a pesar de que ya saben lo que va a ocurrir... ¿qué opinan?

Nos leemos en otra ocasión, les mando un fuerte abrazo.
Se despide Wonder Grinch/Lady Isabella.