Capítulo 8

Sakura

En silencio me senté en mi escritorio mientras los estudiantes tenían su momento diario de lectura. Estaba tratando de concentrarme en las libretas de calificaciones, pero lo único que tenía en mente era Itachi Uchiha. ¿Por qué tiene que ser tan malditamente sexy? ¿Por qué el universo tiene que iluminarse cada vez que sonríe? ¿Por qué tiene que tener un cuerpo tan impresionante? ¿Por qué tiene que vivir al lado?

Me encontré pensando en él cada vez más; eso fue algo con lo que no conté cuando me mudé a Santa Mónica. Estaba distraída cuando sonó mi teléfono celular. Miré a la pantalla y vi que era un mensaje de Ino.

Temari tuvo una cita anoche con Óbito, pero nunca llegó a casa. ¡Supongo que consiguió un pedazo de ese hombre sexy!

Chica afortunada. Respondí.

¿Quieres pasar a cenar y tomar una copa esta noche? Preguntó Ino.

No puedo. Voy a ir con Itachi y Mila al carnaval.

¿Quién es Mila?

Es la sobrina de Itachi, que también es una de mis estudiantes.

Tenemos que adelantarnos en chismes. Llámame más tarde, y arreglamos para cenar.

Lo haré. Adiós.

Inmediatamente le envié un mensaje de texto a Temari.

¿Tuviste sexo con Óbito? Pregunté.

Unos minutos más tarde, respondió.

Sí, lo hice. Y fue maravilloso, Sakura. Es un Dios en la cama.

Sonreí ante su respuesta.

Me alegro de que te hayas divertido. ¿Sigues en su casa?

Sí, me estoy preparando para irme. Tengo una sesión de fotos en la ciudad en una hora.

¿Está allí Itachi? Pregunté.

No. No está. Por qué lo preguntas.

Solo preguntaba. Tengo que irme. El momento de lectura terminó.

Me pregunté por qué Itachi no me dijo que Temari había pasado la noche allí. Después de todo, era mi mejor amiga. El resto del día pasó rápido y, antes de darme cuenta, sonó la campana y los niños salieron corriendo del aula. Mientras me despedía de mis estudiantes, Tenten entró.

—Hola, Tenten. —Sonreí.

—¡Mami! —exclamó Mila mientras corría desde el otro lado del salón.

—Vi a Itachi afuera. ¿Te va a llevar a recoger tu auto? —preguntó.

—Sí. —Asentí con la cabeza.

—Eso es genial. Es bueno ver que Itachi te está ayudando.

Pensé que era un comentario un poco extraño y me pregunté qué quería decir con eso. Mi mente volvió a lo que Mila había dicho sobre la muerte de la novia de Itachi.

—Adiós, señorita Haruno. ¡La veré más tarde! —Mila sonrió.

—Adiós, Mila. Estoy deseando hacerlo.

—Que pasen un buen rato esta noche, Sakura —dijo Tenten mientras tomaba a Mila de la mano y salía del aula.

Agarré mi bolso y me dirigí al estacionamiento. Sonreí cuando vi el Jeep estacionado enfrente y a Itachi ahí sentado con sus Ray Bans puestas. Sentí una oleada de sensaciones ahí abajo. Y me odié por eso. Se giró hacia mí y me sonrió mientras me subía.

—¿Has tenido un buen día? —preguntó.

—Sí. Gracias por preguntar. ¿Qué hay de ti?

—Arreglé un par de baños, un lavabo con fugas y cambié una bombilla para la mujer del 4B.

—No sabía que cambiabas las bombillas. —Sonreí.

—Puedo hacer casi cualquier cosa.

—Entonces, si necesito que cambies mi bombilla, ¿lo harías por mí? —no podía creer lo que acababa de decir. ¿Diablos, cuál era el problema conmigo?

Itachi me miró y la comisura de su boca se elevó.

—Solo llámame y lo haré en un instante. Puedo cambiar todo lo que quieras.

—¿Cómo puedo llamarte si no tengo tu número? —Oh, Dios mío, no tengo control sobre mi boca. ¿Por qué estaba pasando esto? Esta no era yo.

Fuimos detenidos por una luz roja.

—Dame tu teléfono —dijo mientras extendía su mano.

Lo miré extrañada y luego lo coloqué en su mano. Anotó su número y me lo devolvió.

—Ahí, ahora tienes mi número. Si necesitas arreglar algo, llámame —dijo mientras la luz cambiaba.

Mientras íbamos hacia el garaje para recoger mi Explorer, una canción sonó en la radio que me resultaba demasiado familiar. Itachi se acercó y la subió. Miré hacia otro lado. Era una de las canciones de mi papá.

—Me encanta esta canción —dijo Itachi—. ¿Lo sabias?

—La he escuchado algunas veces —le dije mientras miraba mi teléfono.

Cuando finalmente llegamos al taller, Itachi estacionó el Jeep y ambos salimos.

—Hola, Kisame —dijo mientras chocaban sus puños.

—Hola, Itachi. Tenemos que ir al bar alguna vez, hombre.

—Lo sé. Ha pasado un tiempo. Esta es Sakura. Sakura, este es Kisame.

—Es un placer conocerte, Kisame —dije mientras le tendía mi mano.

—Es un placer conocerte a ti también, Sakura. Tu camioneta está arreglada y lista para andar.

Le pagué a Kisame lo que debía y le di las gracias mientras me llevaba al lugar donde estaba estacionada la Explorer. Itachi nos seguía de cerca.
Entré y giré la llave. Itachi se acercó y bajé la ventana.

—Te seguiré a casa en caso de que se rompa de nuevo.

—Gracias. Lo aprecio. —Sonreí.

Se dio vuelta y no pude evitar mirar su lindo trasero mientras caminaba de regreso a su Jeep. No importaba el lado que viera de él, adelante o atrás, todavía era sexy como el infierno.

Conduje a casa, mientras Itachi me seguía. Estacionamos en espacios continuos y caminamos hacia el edificio.

—¿A qué hora debería estar lista esta noche? —le pregunté.

—Mila estará en mi casa alrededor de las siete. Entonces, pasamos y te recogemos.

—Suena genial, y gracias de nuevo por tu ayuda —le dije mientras deslizaba mi llave en la cerradura.

—No hay problema. Te veré en un par de horas. —Entró en su apartamento y cerró la puerta.

Tiré mis bolsas sobre el mostrador de la cocina y caminé hacia el baño para tomar una ducha rápida. No tenía idea de lo que me iba a poner. Estaba parada en mi habitación, envuelta en una toalla, cuando oí un golpe en la puerta.

Mierda, pensé. Miré por la mirilla y vi que era Ino. Quite el seguro y abrí la puerta, colocándome detrás. Ino entró y me miró.

—Apuesto a que estabas deseando que ahora mismo fuera Itachi. —Sonrió.

—Muy chistosa —dije—. ¿Qué te trae por acá?

Ino me siguió a la habitación.

—Tenía una cita no muy lejos de aquí y pensé en visitarte. ¿Qué está pasando contigo y Itachi de todos modos?

—Nada. Solo somos amigos. ¿Por qué piensas que está pasando algo?

—No lo sé. Supongo que es esperanza. —Sonrió—. ¿Por lo menos lo encuentras atractivo?

Saqué mis pantalones cortos de jean del cajón y me los puse.

—Por supuesto que lo encuentro atractivo. ¿Has visto su culo? Tendrías que ser ciega para no notar eso.

—Bueno, al menos lo encuentras caliente; eso es un comienzo —dijo mientras se sentaba en la cama.

—Conoces mi pasado, y sabes que no iré por ese camino otra vez. Estoy feliz como estoy.

—Sakura, deja de intentar convencerte de eso. Tienes veintiséis años y has prometido mantenerte soltera y no salir con hombres por el resto de tu vida. Lo siento cariño, pero no va a suceder a menos que te metas en un convento.

—Muy graciosa, Ino —dije mientras me ponía mi camiseta negra. Recogí mi cepillo del tocador y comencé a pasarlo por mi cabello—. ¿Cómo debería usar mi cabello? —le pregunté mientras me miraba en el espejo.

—¿Por qué importa eso? no es como si estuvieras tratando de impresionar alguien.

Le lancé una mirada y entré al baño para lavarme los dientes. Ino me siguió detrás.

—Sabes que te amo, ¿verdad? —preguntó—. Solo quiero que seas feliz y no te conviertas en la anciana que se mantiene encerrada con sus doce gatos.

Me reí mientras me enjuagaba la boca y escupía en el fregadero.

—Ni siquiera tengo un gato.

—No todavía, no lo tienes. Pero has estado hablando sobre tal vez conseguirte uno.

Sonreí y le di una palmada en el brazo cuando salí del baño. Agarré mis botas vaqueras negras del armario y me las puse. Y camine por la sala.

—¿Qué piensas? —pregunté.

—Creo que te ves bien, y Itachi no va a saber qué le pegó cuando te vea. —Sonrió—. No hay nada más sexy para un hombre que pantalones cortos de jean, camiseta sin mangas y botas de vaqueras.

Incliné la cabeza.

—¿Cómo lo sabes? —le pregunté.

—Salí con un vaquero una vez.

—Oh sí, ese tipo espeluznante de Montana que no te dejaba quitarte las botas mientras tenían relaciones sexuales y quería que lo montaras como a un toro.

—Síp, ese. —Se rio.

De repente, alguien llamó a la puerta. Y en el momento en que abrí, Itachi me miró de arriba abajo.

—¿Qué te dije? —Ino me susurró al oído mientras caminaba a mi lado—. Que se diviertan, y Sakura, asegúrate de llamarme mañana.

—Hola, Mila —le dije mientras le daba palmaditas en la cabeza—. Hola, Itachi. —Sonreí.

—¿Estás lista para irnos? —preguntó.

—Estoy lista. Solo déjame agarrar mi bolso y mi cámara.

Me volví y me dirigí a mi habitación. Podía sentir sus ojos mirándome mientras me alejaba. ¿Ya sabes esa sensación que tienes cuando sabes que alguien te está mirando? Esa es la sensación que tenía. Agarré mi bolso, puse mi cámara alrededor de mi cuello, y caminé de regreso a la sala.

—Te ves muy bonita, señorita Haruno, —dijo Mila—. Tío Itachi, ¿no se ve linda? preguntó Mila mientras tiraba de su pantalón.

—Sí, Mila, la señorita Haruno se ve bonita —dijo Itachi avergonzado.

Mila me miró y me guiñó un ojo. Necesitaba cuidarme de esta pequeña niña. Subimos al jeep de Itachi y nos dirigimos al carnaval.

—Esa es una buena cámara. Supongo que te gusta tomar fotos —dijo.

—Sí, me encanta tomar fotos. La fotografía siempre ha sido una pasión para mí. Algún día, me encantaría trabajar para una gran revista.

—¿Te refieres a National Geographic o algo así? —sonrió mientras me miraba.

Asentí con la cabeza.

—Sí, algo así. —Le devolví la sonrisa.

Los ojos de Mila se iluminaron en el momento en que vio las luces.

—¡No puedo esperar para entrar! —dijo emocionada mientras nos agarraba de las manos y nos arrastraba por el estacionamiento.

Itachi me miró y sonrió. Llegamos a la puerta y saqué mi billetera para pagar mi boleto.

—Yo pago tú boleto —dijo.

—Puedo comprar mi propio boleto, Itachi.

—Mila te invitó, así que compraré tu boleto.

Nos acercamos a la ventana y compró tres pulseras. Traté de darle dinero, pero no lo aceptó.

—Si te dejo comprar mi boleto, entonces esto se convierte en una cita. Y yo no tengo citas —le dije.

Me miró por un minuto.

—Puedo asegurarte que esta no es una cita. Y tampoco tengo citas.

—¿Podrían terminarla y apresurarse? —dijo Mila con una mala actitud.

—Hagamos un trato —dijo Itachi—. Puedes comprar la comida.

—Hecho —le dije mientras le tendía la mano y nos la estrechamos.

Ambos tomamos una de las manos de Mila mientras caminábamos alrededor del carnaval. Las luces eran brillantes, y la música que venía de los juegos sonaba fuerte a través de los altavoces. Mila vio un juego en el que quería subir, así que esperamos en la fila.

—¿Ves mucho a Mila? —le pregunté.

—Sí. Intento ayudar a Tenten tanto como puedo. Es difícil ser madre soltera.

—Estoy segura que lo es.

—¿Qué hay de tus padres?

—También ayudan mucho. En este momento, están en un crucero de un mes.

—¿Son dueños de los apartamentos? —le pregunté.

—Sí. Han sido dueños de esos apartamentos por más de veinte años. Recuerdo que compraron el edificio cuando yo tenía siete años. Es donde Tenten y yo pasamos la mayor parte de nuestra infancia. ¿Y tú? —preguntó.

No quería hablar sobre mi infancia o mi familia. No era un tema con el que me sintiera cómoda. Lo único que siempre quise fue una niñez normal y feliz. Puedo agradecerle a mamá y papá por no haber tenido eso. Me sentía horrible por tener que mentirle a Itachi sobre mi familia, pero no quería que supiera lo horrible que eran. No quería ser juzgada por sus acciones. Y en lo que a mí respecta, mi familia estaba muerta.

—Crecí en Seattle con mis padres y mi hermana. Murieron hace un par de años en un accidente.

Itachi me miró, y pude ver la empatía en sus ojos.

—Lo siento.

—Gracias. No me gusta hablar de eso —le dije para que no hiciera ninguna otra pregunta.

Itachi asintió con la cabeza. Finalmente llegamos al frente de la fila, y Mila se subió a la máquina. Nos quedamos allí, saludándola con la mano mientras el vagón en el que estaba sentada aceleró.

—Es una gran niña. —Sonreí.

—Es la mejor —dijo Itachi—. Es una gran parte de mi vida, y haría cualquier cosa para protegerla.

El viaje terminó y Mila bajó. Se agarró a nuestras manos una vez más y nos llevó a los juegos.

—Señorita Haruno, ¿te gustan los juegos? —preguntó mientras me miraba.

—Me encanta los juegos, Mila.

—También a mi tío. —Guiñó un ojo.

No pude evitar reírme.

—Mila, cuando no estamos en la escuela, puedes llamarme Sakura.

—¡¿En serio ?! —preguntó emocionada.

Itachi me miró y se rio.

—Solo recuerda, es la señorita Haruno durante el horario escolar —dijo.

—Está bien, lo recordaré —dijo mientras nos guiaba al puesto que tenía un enorme gato de peluche colgando de la tienda—. Quiero ese gato, tío Itachi —suplicó.

Me reí mientras nos acercábamos al juego de tumbar las botellas de leche. No había duda de que Itachi iba a ganar ese gato para Mila. Le pagó al tipo detrás de la cabina mientras le entregaba tres pelotas de béisbol. Le dijo a Itachi que se parara detrás de la línea. La miré y fruncí el ceño.

—Eso parece bastante atrás —dije.

—Nah, está bien. Solía jugar béisbol en la escuela secundaria. Puedo hacer esto. —Sonrió.

Itachi lanzó la primera pelota y derribó algunas botellas de leche. Había algo en verlo lanzar esas bolas que hacían que mi corazón latiera más rápido. Tenía miedo, porque de repente lo vi casi perfecto. Como prometió, ganó el gato para Mila.

—Toma —dijo mientras me entregaba una de las pelotas de béisbol—. Inténtalo.

Negué con la cabeza.

—No, no puedo lanzar. Solo haría el ridículo.

—Solo pruébalo por diversión. —Sonrió.

Suspiré mientras me colocaba detrás de la línea y arrojaba la pelota. Casi golpeo al hombre detrás del mostrador. Menos mal que se agachó. Itachi y Mila comenzaron a reír. De repente, Itachi se puso detrás mío, y me agarró la mano.

—Aquí, déjame ayudarte —dijo mientras seguía riendo.

Levantó mi mano sobre mi cabeza y contó hasta tres. Su toque era increíble, y mi pulso comenzó a volverse loco. Mi corazón latía rápidamente, y la sensación en mis partes bajas estaba de regreso. Cerré los ojos por un momento. En el tercer intento, me ayudó a lanzar la pelota. No hace falta decir que derribé todas las botellas de leche. Salté arriba y abajo, aplaudiendo mientras Mila animaba con entusiasmo, y Itachi me sonreía. El trabajador del carnaval me dijo que eligiera el animal que quisiera, así que escogí la versión más pequeña del gato de Mila.

—Mira, ahora tenemos el mismo —le dije mientras sostenía mi gato junto a Mila—. ¿Puedes hacerme un favor y sostenerlo mientras tomo algunas fotos?

—¡Claro que puedo! —dijo con entusiasmo.

Subí mi cámara y comencé a tomar fotos de Mila caminando frente a nosotros. La llamaba por su nombre y giraba la cabeza justo antes de presionar el botón.

—¿Por qué la fotografía? —preguntó Itachi con curiosidad.

—Me encanta capturar a las personas de una manera que normalmente no las verías cuando están paradas frente a ti. Las imágenes capturan las verdaderas emociones. ¿Sabes lo que dicen las personas eso de que "los ojos de una persona son la ventana hacia su alma"?

—Sí.

—Así es como me siento con las fotos. Siento que las fotografías captan la verdadera naturaleza de una persona en ese momento. Las personas no solo se convierten en imágenes, se convierten en historias. Si sabes a lo que me refiero.

—Sí, creo que sí. —Itachi sonrió mientras me miraba.

—Veo el mundo de manera diferente a través de la lente de una cámara. —Sonreí.

Me sentía cómoda hablando con Itachi. Demasiado cómoda, de hecho, y eso me estaba asustando.