Hinata
Pasó otra semana. Las cosas entre Naruto y yo deberían haberse suavizado y caído en una agradable platónica rutina.
Bueno, debería, podría, habría.
Después de que nosotros —o tal vez fue solo él— decidimos que no íbamos a ser algo más que amigos, la tensión sexual se hizo más densa.
Una mañana, me aseguré de que estaba despierta cuando salió de la ducha porque nunca se acordaba de llevar la ropa con él para cambiarse. Y se aseguró de dejar caer su toalla y darme un espectáculo, como siempre lo hacía. Cuando me miró en un momento, dándome un perfil de lado, mordí mi labio y deslicé la mano bajo la sábana como si fuera a tocarme.
Su mirada se calentó y su polla creció como una orden. Me quedé mirándolo mientras arqueaba mi espalda y aspiraba una respiración.
—Maldición —se atragantó.
Agarrando su basura, se precipitó fuera la habitación. La puerta del baño se estrelló un segundo más tarde y oí la ducha de nuevo. Me reí, pero luego dejé escapar un pequeño gemido cuando me puse a pensar en lo que estaba haciendo allí, tocándose y deslizando su cálida mano de arriba abajo en su grueso, húmedo, resbaladizo…
Así que, sí... Seguí adelante y me toqué de verdad. Terminé casi al mismo tiempo que él lo hizo porque con cautela asomó su cabeza en la habitación cuando todavía bajaba de las alturas.
—¿Ya terminaste de provocarme?
Sonreí y asentí. —Por favor, entra.
—Jesús. —Sacudió la cabeza y se dirigió desnudo a la cómoda—. Si tan solo hubieras dicho eso antes de que tomara una segunda ducha. —Cuando me reí, sacudió la cabeza—. Eso fue muy bajo.
Sin embargo, no podía sentirme culpable, porque me sentía demasiado bien. —Pero ¿no te sientes mucho mejor ahora?
Me atravesó con una mirada mientras jalaba sus vaqueros. —Me sentiría mejor si pudiera haber hecho eso dentro de ti.
A pesar de que estaba completamente saciada, mi cuerpo se calentó de nuevo. —Tal vez algún día —dije.
Su mirada se inundó con tristeza, pero asintió. —Sí. Tal vez.
Esa noche, él estaba más allá de intranquilo cuando llegó a casa del taller. Jugó con los bebés mientras yo terminaba la cena, pero aparecía constantemente en la cocina para chequearme y preguntar si podía ayudar en algo.
—Estás ayudando. —Lancé mis manos en el aire, estupefacta con su comportamiento ansioso—. Estás viendo a los niños. Ahora vete. Me estás volviendo loca con tus pasos e inquietud.
—No estoy inquieto —murmuró pero me dejó con un momento de paz.
No tenía que trabajar en Shinobi's, así que estaríamos juntos por el resto de la noche. Esa podría ser la razón de su estado nervioso. Empecé a preocuparme si lo había molestado esta mañana. Tal vez iba a echarme porque no podía soportar la forma en que lo había provocado. Ya había dejado claro que no volvería a tocarme. Mi tentación juguetona quizá dio la impresión de ser no tan juguetona para él.
Boruto se puso inquieto después de cenar, arrojando cosas y llorando cuando no se lo recogíamos lo suficientemente rápido. Porque Sumire no estaba causando ningún problema, la dejé con Naruto y centré mi atención en el niño, preguntándome qué pasaba con los chicos en este apartamento. Pero supongo que el niño quería acaparar toda mi atención porque tan pronto como éramos solo él y yo, se calmó y se fue derecho a dormir. Naruto cargaba a una Sumire durmiente unos segundos más tarde.
Pero con los niños calmados por un tiempo, eso solo nos dejaba a nosotros dos.
En silencio lo seguí a la sala de estar, pero él no se sentó. Se paseó de un lado de la habitación al otro.
Apoyándome contra la entrada del pasillo, lo observé, sabiendo que esto probablemente era todo. Iba a darme mis papeles de despido, salvo que no me iría gentilmente. Puse la mano en mi cadera y levanté una ceja. —¿Qué te pasa esta noche? Siéntate antes de que hagas un agujero en la alfombra.
Me miró, su mirada intensa, pero luego siguió mi orden y se encaramó en el borde del sofá donde retorcía sus manos entre sus rodillas extendidas. Era tan masculino y hermoso. El lamento se esparció a través de mí. Iba a extrañarlo.
—Voy a conseguir una anulación —espetó, sacándome de mi melancolía.
Mi mirada se disparó desde sus manos fuertemente entrelazadas a su casi expresión de pánico. —¿Qué?
Asintió, haciéndome saber que lo había oído bien. —Y voy a preguntarle a Fūka si puedo adoptar a Boruto.
El aliento dejó mis pulmones. Sacudí la cabeza. —Yo... está bien. —No te alteres. Solo porque esto era lo mejor que él podría decirme ahora mismo, tenía que haber una trampa. En alguna parre. Tomé otro pequeño respiro para calmarme—. Um, ¿crees que estará de acuerdo con eso?
Levantó sus manos en un ligero encogimiento de hombros. —No veo por qué no. Ha estado fuera por tanto tiempo y no lo ha comprobado ni una vez.
Entré de lleno en la sala de estar, dejando crecer mi esperanza. —¿Pero y si dice que no?
—Entonces... Nada. Nada cambia en absoluto. No tengo ningún derecho con él tal como ahora. Si servicios sociales vinieran aquí esta noche, se lo llevarían lejos. Lo he buscado en línea y leí todo lo que pude encontrar. Ser su padrastro en este estado no significa nada. Estoy albergando ilegalmente a ese niño. Así que, permanecer casado con Fūka tampoco está logrando nada. Por fin hoy me di cuenta. Lo único que está haciendo es mantenerme lejos de ti.
Tragué saliva. —Así que, ¿estás haciendo esto por mí? —¡Oh mi Dios! ¡Sí, sí, sí!
Se puso de pie y regresó a ir de un lado a otro. —No estoy siendo justo contigo, Lunita. Sigo pensando en lo que dijiste la primera noche que decidiste quedarte y en cómo estabas preocupada acerca de nosotros estando equivocados. Lo último que quiero hacer es preocuparte por algo. Pero tienes razón. Besarte, desearte, solo estar aquí contigo mientras estoy legalmente atado a otra mujer... no debo estar haciendo eso. No quiero pertenecer a ella de ninguna manera cuando mi corazón es tuyo.
—Oh. —La palabra salió de mis labios en un jadeo aturdido—. Oh mi Dios. —Presioné la palma en mi pecho, deseando que ayudara a desacelerar los latidos de mi corazón, pero no ayudó en absoluto. Mi sangre corría con éxtasis.
Moviendo mis dedos hasta mi boca mientras las lágrimas llenaban mis ojos, dejé escapar una nerviosa, asustada, y emocionada risa. Pero, oh mi Dios. Naruto me amaba. Acababa de proclamar su amor de la manera más dulce, y más romántica de todas.
—Entonces vamos a preguntarle. —Me moví hacia él un paso y luego me detuve—. No puede hacer daño preguntar, ¿verdad?
Dio un paso hacia mí, solo para detenerse. Entusiasmo e incertidumbre llenaron sus ojos azules. —No puede hacer daño en absoluto.
—¿Sabes cómo encontrarla? —Me moví un paso más cerca y él respondió haciendo lo mismo.
—No físicamente, pero tengo una idea de cómo ponerme en contacto con ella. Si todavía está conectada a su cuenta de Facebook en la laptop que dejó, podría enviarle un mensaje.
Abrumada por la comprensión de que en realidad podríamos terminar juntos después de todo, me precipité hacia el sofá para sentarme y asimilar esto cuando comenzó a alcanzarme. Cubriéndome el rostro con las manos, me concentré en tomar respiraciones profundas.
—¿Lunita? —Se sentó a mi lado, sonando preocupado—. Nena, ¿qué ocurre? ¿No quieres…?
—¡Sí! —Dejé caer mis manos para enfrentarlo—. Sí quiero. Lo quiero... tanto.
Tomó mis manos y frotó su pulgar sobre mis nudillos. —Entonces, ¿qué ocurre?
—Solo... —Sacudí la cabeza, insegura de dónde comenzar. Por lo que espeté—: Ino fue la primera persona que amé de verdad, como que, en realidad me preocupo más por ella que por mí misma. Solo quiero verla feliz.
—Está bien —Asintió, siguiéndome hasta ahora y haciéndome saber que estaba dispuesto a escuchar.
—Y luego, supongo, de una manera tipo primo, amo también a Sai... porque es tan bueno para Ino y me dejó vivir con ellos cuando me odiaba.
Eso le hizo fruncir el ceño, así que me apresuré para añadir—: Y amo a Sumire. Casi tan pronto como supe que existía, se infiltró en mi corazón. —Agité una mano—. Es decir, después de que terminé de enloquecer porque había acabado de descubrir que iba a tener un bebé. Pero sí, me enamoré de ella casi de inmediato.
Naruto sonrió y apretó sus dedos alrededor de los míos.
—También amo a Boruto —le dije—, desde, como, el día que lo conocí.
Llevando mis manos a su boca, Naruto besó mis nudillos. —Gracias.
Asentí. —Entonces, todo este... amor... solo ocurrió en el último año. Uno pensaría que estaría abrumada por eso, ¿verdad? Digo, voy de básicamente no preocuparme por nadie más sino mi misma, y en realidad tampoco eso, a amar completamente a cuatro personas. Pero no estoy abrumada. En lo absoluto. De hecho, siento que tengo mucho más espacio, porque... —Subí la mirada y encontré su bella mirada azul—. También te amo.
Su rostro se llenó con un tipo de aturdimiento de conmoción y alegría. Luego susurró—: Lunita —antes de agarrarme por la nuca y arrastrarme hacia él.
Nuestras bocas chocaron. Lo inhalé mientras sus labios se estrellaron contra los míos. Pero ni eso no era suficiente. No lo suficientemente cerca. Mis dedos titubearon en agarrarlo, clavándose en la carne de su nuca y sobre sus hombros, con miedo a frenar porque necesitaba sentir cada centímetro de su cuerpo antes de perder mi oportunidad.
Estaba igual de desesperado, jalándome más cerca, justo en su regazo. Me puse de horcajadas y me deslicé hacia adelante hasta que pude sentir su erección a través de sus vaqueros como si conectara contra mi centro.
Nunca me había sentido tan carnal y deliciosa, como si todo mi cuerpo se había convertido en un recipiente para placer puro. O tal vez era el sentimiento de Naruto canalizándose en mí, porque nunca me había sentido así de conectada con otro ser humano. Él era yo, y yo era él, y éramos esta hermosa y retorcida masa de todas nuestras esperanzas y sueños uniéndose y explotando en una vertiginosa variedad de euforia.
—Por favor, dime que no estoy soñando. —Se separó de mi boca para jadear, justo antes de besar un camino por mi garganta y en el cuello de mi camisa.
—Deja de leer mi mente —dije y luego mordí el lóbulo de su oreja—.¿Esto te parece un sueño?
Gimió y echó su cabeza hacia atrás. —Maldición, sí. Mi tipo favorito de sueño.
Me reí entre dientes y decidí hacer en su cuello lo que él le había hecho al mío. Lamí el tatuaje de una raíz de árbol y luego me dio curiosidad por la tinta en su corazón. Además quería verlo sin camisa.
—Esto está en mi camino.
—Entonces, por supuesto. —Naruto fue rápido para tomar la tela en la parte posterior de su camisa y tirarla sobre su cabeza.
Mi visión se puso un poco difusa ante toda esa buena, bronceada y tonificada piel desnuda ante mí. Quería todo eso a la vez. Codiciosa, mis dedos se estiraron e inmediatamente rozaron sobre los suaves y duros planos de su perfecto lienzo. Y ese aro en el pezón... ooh. Iba a tener algo de diversión con eso. Mientras Naruto atrapaba el dobladillo de mi camisa y comenzaba a subirlo, por fin me centré en su tatuaje en el pecho.
Y fue cuando básicamente todo se fue al infierno.
—¿Qué dem...?
Retrocedí tan rápido que comencé a caer de su regazo.
—¿Lunita? —Naruto me atrapó, pero aparté su mano y corría al otro extremo del sofá, incapaz de dejar de estar boquiabierta en horror ante las palabras inscritas en su pecho.
—¿Qué pasa, nena?
Comenzó a arrastrarse hacia mí; su preocupación espesa y salvaje. Pero levanté una mano para mantenerlo a raya.
—Tu... tu pecho... los nombres.
Sus ojos se ensancharon. —Oh, mierda. Lo olvidé. —Golpeando su mano sobre la marca, cerró los ojos y sacudió la cabeza, maldiciendo entre dientes mientras bajaba su rostro.
—¿Olvidaste qué? —chillé—. ¿Que el nombre que me dices está tatuado en tu pecho? Que el nombre de mi hija está... Oh, mi Dios. ¿Qué mierda pasa?
Sus pestañas se abrieron. Sus ojos me suplicaban que me calmara incluso cuando levantó las manos en un gesto conciliador. —Prométeme que no te alteraras.
Oh, ese barco había zarpado, amigo. —Pero tú...tú... Oh. Mi. Dios. Eso no es tinta fresca, Naruto. Eso es... este tatuaje es viejo. Como años de viejo.
Sus ojos marrones se llenaron de preocupación mientras su mirada se precipitaba alrededor de mi rostro. —Sí.
—¿Cómo demonios puedes tener el nombre de mi hija tatuado en tu corazón durante años cuando ella a solo tiene unos pocos meses de edad? Y Boruto... Y oh mi Dios. ¿Lunita? ¿Hay otra Lunita en tu vida? Los tres nombres puestos juntos como si fuera una poderosa gran coincidencia. Eso no puede ser una coincidencia. El único nombre que no me está alterando ahora mismo es Himawari, pero la odio porque fue obviamente importante para ti.
—No, no... Te diré todo. Lo juro, Hinata. Pero es una… —Sacudió la cabeza y dejó escapar un suspiro—. Es una historia bastante loca, así que por favor trata de escuchar hasta el final. ¿De acuerdo?
Crucé los brazos sobre mi pecho, y seguro, él podía notar mi molestia. Había pellizcado mi boca con desagrado y coloqué todo tipo de paredes para bloquearlo porque sabía que lo que debía decir iba a doler. Él tenía una mirada de pánico y disculpa como si supiera que lo había jodido a lo grande. Ningún bastardo miraba de esa forma a menos que supieran que estaban a punto de alterar mayormente la vida de una mujer.
Cuando solo siguió mirándome, con aspecto asustado, puse los ojos en blanco. —Bien. —Agité mi mano para que comenzara a hablar ya.
—Muy bien. —Dejó escapar un largo suspiro y cerró los ojos antes de decir—: Hace diez años, el veintisiete de diciembre, Fūka trató de suicidarse.
Me estremecí ante la mención de mi cumpleaños, recordando cómo tuvo la fecha fijada como contraseña de su teléfono celular, lo que solo me confundía más. ¿Por qué diablos un intento de suicidio sería una fecha tan notable? Pero fui una buena chica y lo dejé seguir hablando acerca de cómo él visitó a la bruja que alteró a Fūka, esperando vengarse, y cómo se quedó atascado en una trampa de tobillo que había colocado en su patio. Incluso subió la pierna del pantalón para mostrarme las cicatrices alrededor de la base de su pie.
Luego comenzó a hablar de visiones, bailes de bodas y patios impecables. Solo lo miré fijamente, incapaz de… Sí, estaba demasiada aturdida para decir mucho sobre algo.
Pero de ninguna manera podía imaginarlo como el extraño y raro tipo de chico que le gusta la brujería.
Cuando terminó de hablar, dejó escapar otro suspiro y dijo—: ¿Y bien?
Sacudí la cabeza, aturdida. —Entonces, ¿tuviste esta visión cuando tenías catorce años donde me viste? ¿Nos viste casándonos y teniendo tres hijos juntos llamados Boruto, Sumire y Himawari?
Asintió lentamente. —Sí. Bueno, básicamente. Es decir, pensé que eran mis hijos biológicos. Me llamaban papá, y yo... Me sentí como su padre. No sé cómo describirlo. Fue tan real, como si estuviera viviéndolo, sintiéndolo, saboreándolo. Tú olías a lavanda, incluso entonces.
Levanté las manos para detenerlo porque esto se ponía abrumador. — Está bien, simplemente... desacelera.
Sin embargo, creo que tenía miedo de desacelerar, miedo de que lo llamaría loco y dejaría su culo chiflado. Siguió hablando. —Todo, me refiero a todo, ha coincidido hasta ahora. Estaba tan enojado con Fūka por llamar a su hijo Boruto. Pero se está convirtiendo en mi hijo, ¿no es así? ¿Y Sumire? ¿Cómo diablos podía predecir que la llamarías así? ¿O que estarías llevando el dibujo de una Luna en tu camisa la noche que te conocí? Y ese maldito cerdo rosa.
Hizo un gesto hacia el animal de peluche que había en el columpio porque ya rara vez utilizábamos el columpio. —Ella estaba sosteniéndolo en mi visión, y luego lo vi sentado en la ventana de la tienda de regalos del hospital la noche en que nació. Eso no es solo una coincidencia.
Cubrí mi boca con las manos mientras las lágrimas llenaron mis ojos. —Y sabías que tendría el pelo morado y un remolino.
Asintió. —Y en mi visión, bailábamos "Baby Love" en la recepción de nuestra boda, que resultó ser la primera canción que colocaste en la rocola esa noche.
No pude escuchar más. Me puse de pie y salí de la sala de estar lo más rápido que pude.
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Naruto
Tenía demasiado miedo para ir a ver, pero de igual forma caminé por el pasillo hacia nuestra habitación. Sabía que estaría allí, empacando sus cosas, recogiendo a Sumire y preparándose para dejarme.
Sin embargo, cuando llegué a la puerta, todo lo que hacía era estar de pie frente a la cuna y mirando a los bebés durmiendo juntos. Sintiéndome, dijo, sin voltear—: Solo tenías que esperar a que me enamorara de él antes de decírmelo, ¿verdad?
Boruto. Ella no los iba a dejar, pero no debido a sus sentimientos por mí. Se quedaba por mi hijo. El dolor acuchilló mi estómago. Apoyé mi antebrazo contra el marco de la puerta y luego presioné mi cara en él.
—Entiendo por qué estás intranquila y sorprendida. Todo el asunto es jodidamente increíble. Es por eso que no sabía cómo decírtelo. Sabía que no me creerías. Pensarías que estaba loco, o delirando, o no sé qué.
Se volteó lentamente. Las lágrimas habían llenado sus ojos pero no se caían. —Oh, te creo.
Mordí mis nudillos, odiando lo lejos que me sentía de ella, lo mucho que me bloqueaba. —¿Entonces por qué estás tan enojada?
Sus ojos grises brillaron con ira. Apuntando su dedo hacia el frente del departamento, dijo entre dientes para no despertar a los niños—: Porque me dijiste que me amabas, idiota. Pero no me amas. Amas a una mujer que me has hecho ser en los últimos diez años.
—Lunita —empecé, con advertencia en mi voz. Me aparté de la puerta y di un paso hacia ella.
Levantó la mano. —No. No te atrevas a llamarme así. Nunca vuelvas a llamarme así. No soy tu Lunita. Soy Hinata Hyuga. Esa maldita Lunita es a la que amas, la mujer que has construido en tu cabeza. No yo.
—Tonterías —gruñí mientras cogía su cara con fuerza en mis manos—. Ni siquiera conozco a esa mujer. La vi durante treinta segundos hace diez malditos años. Todo lo que sé es que me sentí feliz con ella. Más feliz de lo que alguna vez me había sentido antes. Era esa sensación de paz, alegría y satisfacción lo que he estado buscando. Pero me enamoré de ti, Hinata Hyuga. Tú fuiste la que vino a mi casa para salvarme y cuidar a mi hijito. Tú fuiste a la que encontré sentada en el suelo, jugando con él y haciéndolo reír. Y es tu hermoso corazón el que me pone tan impaciente por correr a casa del trabajo cada noche, para así poder sentir tu suave y caliente cuerpo acurrucarse a mi lado en la cama. Así que nunca me digas cómo me siento por ti. Sé exactamente cómo me siento. Si no quieres que te llame por ese nombre de nuevo, bien. Hecho. Pero es esta persona... —Pongo mi palma contra su pecho y la presiono—. Esta es la mujer que amo.
Sus lágrimas se derramaron por sus mejillas. —Pero tal vez nunca te hubieras fijado en mí si no fuera por ella.
Negué, tratando de aclararlo. Me parecía muy extraño estuviera celosa de sí misma, que pudiera separar a Lunita de Hinata. Para mí, eran la misma, pero también la entendía perfectamente.
—Sabes qué —dije, lanzando las manos al aire, derrotado—, tienes razón. Probablemente no lo hubiera hecho.
Cuando su rostro se contrajo con la devastación, me incliné y besé con suavidad la comisura de su boca antes de pasar los dedos por su mejilla. —No eres el tipo de mujer que suelo buscar, y vi a ese imbécil que engendró a Sumire. Sé perfectamente que tampoco soy tu tipo. Voy a estar eternamente agradecido de que aquellos atisbos me hayan hecho fijarme en ti. De otra manera, nunca habría llegado a conocerte tan bien como lo hago o descubierto la increíble mujer que eres.
Esnifó y negó con la cabeza incluso mientras se inclinaba hacia mí. — Creo que esos atisbos te están cegando a la vanidosa, pretenciosa y perra egoísta que soy.
—Cállate —susurré y le di un beso, más fuerte esta vez—. Nadie golpea a la mujer que amo. —Deslicé los dedos de sus mejillas para acunar el cuello—. Nunca he sido tan feliz como lo he estado desde que pusiste un pie dentro de este apartamento.
Cogió mis codos, sus ojos serios. —Yo tampoco.
Presioné mi frente con la suya. —Entonces, ¿por qué estamos peleando?
—¿Estamos peleando? —Sus dedos se arrastraron hasta mis hombros.
Rocé mis labios sobre su mandíbula. —Creo que sí. Se siente que estoy tratando de convencerte de quedarte.
Soltándose con un suspiro, envolvió sus brazos alrededor de mí y me abrazó antes de mordisquear mi mandíbula con sus dientes. —Sabes que no me iré. Me convenciste con "tonterías".
Sonreí y luego gemí cuando su boca comenzó a viajar al sur, por mi garganta. Levanté mi barbilla para dejarle hacer lo que le gustara y tragué cuando lamió sobre mi pulso. Sus dedos recorrieron a lo largo de mi hombro y mi espalda.
Arqueé una ceja. —¿Así que he estado diciendo disparates como un idiota sobre cuánto te amo porque...?
Hizo un sonido de tarareo en la parte posterior de su garganta, que envió una emoción alarmante a través de mí y me puse más duro de lo que ya estaba.
—Porque me gusta escucharte decir disparates acerca de lo mucho que me amas.
Me reí entre dientes. —Mujer malvada. Voy a tener que castigarte por eso.
Llevándola hacia la cama, la dejé seguir besando mi cuello mientras el alivio me inundaba. Ella no se iba. Probablemente debería haberme alejado y ralentizado el ritmo, no presionarla justo después de mi gran revelación, pero sus dedos se deslizaban por la parte delantera de mi pecho hacia mi palpitante pene.
—¿Una nalgada? —conjeturó, levantando su mirada lo suficiente como para golpearme con una mirada curiosa.
Negué, levantándola por sus caderas, y apoyándola en la cama. Parado encima de ella, la vi estirarse en mis sábanas, viéndose ansiosa y deliciosa.
—Primero —le dije, inclinándome lo suficiente como para sacarle sus calcetines—. Voy a torturarte, tocándote y lamiéndote por todas partes hasta que estés retorciéndote y maldiciendo por más. —Desabroché el cierre de sus pantalones vaqueros y lamí mis labios—. Y luego voy a lamerte y tocarte incluso más tiempo.
—Oh, Dios. —Arqueó sus caderas y las levantó para ayudarme cuando enganché mis dedos en la cintura y deslicé sus pantalones por sus piernas, pero me detuve al llegar a sus rodillas.
Manteniendo sus piernas atrapadas en los bordes de la tela, me incliné y presioné mi boca en su montículo, justo a través de sus prístinas bragas rosa. Con un suspiro, se animó y agarró dos puñados de mi pelo. Mordisqueé suavemente en el hueso de su cadera, luego usé la punta de mi nariz para cruzar mi camino a lo largo de sus costillas, levantando su camisa mientras iba.
—Ven —murmuré cuando me quedé en el montículo de sus pechos—, déjame ayudarte a quitarte esto.
Cuando la tuve debajo con su sujetador y bragas, con los pantalones todavía aferrados a sus rodillas, dejé algunos besos alrededor de sus pechos cubiertos de encaje. Arrastrándome por encima de ella y apoyando mi peso sobre mis antebrazos, enmarqué cada lado de su cara.
—Hola —le dije, sonriéndole.
Me sonrió y me tocó la cara. —Hola a ti. Creo que aún no me sacaste del todo mis pantalones.
Le guiñé un ojo. —Por ahora, están donde los quiero. —Inclinándome cerca de su oído, le susurré—: Todo esto es parte de la tortura.
Se estremeció y me besó. Nuestras bocas se fundieron juntas. Sus labios se abrieron bajo los míos, y mi lengua rozó junto a la de ella. Debajo de mí, su cuerpo se levantó, tratando de frotarse contra el mío, así que bajé mis caderas a las de ella, y gimió, hundiendo sus dedos en mi pelo.
Mi erección se frotó en ella, y se alejó de mi boca para jadear en busca de aire por encima de mi hombro.
—Oh, Dios. Nunca... esto nunca...
Mis dientes atraparon su oreja y jalaron, haciéndola estremecerse y apretar su agarre en mi culo mientras echaba sus brazos alrededor de mí. — ¿Nunca qué?
Negó. —No lo sé. Solo... No estoy acostumbrada a sentir tanto. Es... Es...
—Perfección —terminé por ella.
—Sí.
Atacó mi boca, besándome con fuerza, lamiendo dentro y arañándome con sus ansiosas manos. Se prendió de mis aros en los labios con los dientes y tiró suavemente.
Gruñí y empujé más profundo mis caderas.
—Estoy empezando a ver qué tan tortuoso es tener mis pantalones ahí. Quiero tanto envolver mis piernas alrededor tuyo.
Las mías y las suyas juntas. Tuve la tentación de quitarlos, así como el resto de su ropa. Pero quería que esto durara.
—Me pregunto, ¿cómo sería besarte si tuvieras un aro en la lengua? — dijo mientras tocaba el aro de mi ceja.
—Conseguiré uno mañana —jadeé justo antes de enredar mi lengua con la de ella otra vez.
Nos besamos sin cesar.
Con creciente inquietud, Hinata se arqueó contra mí, tratando de liberarse de sus pantalones. —Por favor...
No pude aguantar más, así que los quité y los tiré por encima de mi hombro.
—Oh, gracias a Dios.
Ella de inmediato se movió para envolver mi cintura con sus piernas, pero atrapé su cadera.
—Todavía no.
Gimió. —Naruto.
Sonreí. —Eso es lo que me gusta escuchar, nena. Di mi nombre con esa voz sexy.
—Na... —Su cabeza cayó hacia atrás cuando comencé a besar un camino de regreso a su cuerpo —, ruto.
Me demoré alrededor de su bonito sujetador, enterré mi nariz en su escote y aspiré su celestial aroma a lavanda. Luego volví a moverme, lamiendo y mordisqueando, adorando cada centímetro. Cuando llegué a su ombligo, metí mi lengua en el interior, después agarré sus bragas con mis dientes y las quité. Se tensó con anticipación, haciéndome sonreír cuando comenzó a acariciar mi cabeza de forma alentadora. Pero me detuve cuando me encontré con su brillante cicatriz roja de cesárea.
La besé allí antes de levantar mi cara y acariciar su cadera. —Tu médico te ha autorizado para esto, ¿verdad?
Ella asintió, pero parecía como si estuviera aguantando su respiración. — Sí. Como hace un mes.
Curioso por tenerla de repente tensa, me quedé mirándola mientras besaba la cicatriz de nuevo, justo por encima de la línea del vello púbico.
—¿Estás bien? —pregunté.
Asintió, pero no parecía calmarse. Así que me arrastré por su cuerpo hasta que estuvimos mirándonos.
—¿Qué pasa? —Mi pregunta fue suave, pero todavía le hizo rechinar los dientes como si estuviera molesta consigo misma.
—Yo solo... —Sacudió la cabeza y me dio una pequeña risa—. Me estoy poniendo nerviosa, supongo. Quiero decir, tú y yo nunca... ya sabes... Antes. Y es todo tan intenso y abrumador y…
—Oye. —Acuné su mejilla y presioné nuestras frentes juntas—. No te preocupes. Nada tiene que suceder.
Sin embargo, eso pareció angustiarla más. —Pero quiero que…
La besé, silenciándola. Luego apoyé mi frente en la suya, sintiéndome muy afortunado de estar aquí con ella. Ya había conseguido más de lo que jamás creí posible; cualquier otra cosa sería un beneficio. —¿Qué tal esto? No pensemos en lo que viene después. No pensemos en el futuro. Simplemente disfrutemos de lo que está sucediendo.
Sus ojos se suavizan con adoración. —Eres el hombre más sabio que he conocido.
—Malditamente cierto. —La besé de nuevo.
Sus labios se relajaron bajo los míos. Entonces su cuerpo se fundió en mí y su respiración se aceleró. Cuando besarnos nos dejó débiles y sin aliento, sus piernas se movieron agitadamente. Deslicé los dedos entre sus muslos. Ella abrió la boca y apretó, pero sus manos se aferraron a mí, tratando de acercarme.
Metiéndolos dentro de ella, me estremecí y cerré los ojos.
—Ah, mierda. Te sientes tan bien. Tan caliente y húmeda. Quiero probar esto. —Se tensó contra mí, sus ojos fuertemente cerrados mientras echaba su cabeza hacia atrás y agarraba mis hombros con fuerza.
—B...bien.
Sonreí. Bueno, está bien, entonces.
Hinata lloriqueó mientras yo bajaba. Gimió de placer cuando la lamí, empapando mi lengua con un sabor almizclado celestial. Mis dedos seguían bombeando el cálido hueco apretado mientras mi lengua masajeaba su clítoris, mi boca queriendo más.
—Oh... Oh... —Se encontraba tan cerca. Su excitación vibró a través de mí y su emoción fragante me llenó. Quería sumergirme en el interior de ese calor húmedo. Pero primero quería sentir su liberación contra mi boca.
—Vente para mí, Hinata —le pedí justo antes de morder su protuberancia sensible y empujar dos dedos profundamente. Ella se volvió loca, tirando de mi cabello desde las raíces y apretando sus muslos alrededor de mis oídos mientras gritaba un fuerte orgasmo. Disfruté cada segundo y gruñí con derrota cuando dos vocecitas se despertaron desde la cuna.
—Maldita sea. —Enterré mi cara en el estómago de Hinata mientras ella se calmaba—. Moveremos esa cuna a la otra habitación, mañana.
Debajo de mí, se echó a reír. Cómo podía siempre reírse en un momento como este, nunca lo sabré. No había absolutamente nada divertido sobre las bolas azules.
—Promesas, promesas —dijo mientras se retorcía debajo de mí para ver a los niños.
Me senté gruñonamente y crucé los brazos sobre mi pecho. Me trajo a Boruto, porque dijo que se encontraba seco. Después de cogerlo, y que ella se ocupara de cambiar el pañal de Sumire, sostuve a mi hijo para así mirarnos a los ojos. —Tenemos que hablar, jovencito. No puedes seguir haciendo esto. Despertarte antes que papi consiga su bum-bum no está bien.
—¿Bum-bum? —preguntó Hinata, sus ojos brillando mientras traía a Sumire a la cama con nosotros.
Me encogí de hombros. —Bueno, ¿cómo quieres que lo llame?
—En realidad, preferiría que no hablaras de sexo con él.
—Oye, tiene que tener esa charla algún día.
Resopló una carcajada y empezó a alimentar a Sumire, lo que destruyó lo mucho que mi cuerpo se había calmado. Mi polla vino de regreso a la vida. No podía dejar de mirar sus enormes y deliciosos pechos en exhibición. Podría incluso haber gemido un poco. Pero, maldita sea, esto era muy injusto.
Hinata atrapó mi mirada loca, mi visión desesperada, y la piedad llenó su mirada.
—¿Estás bien?
—¿Mmm? —Le di una pequeña sonrisa borracha mientras seguí mirando abiertamente—. Estoy increíble —dije—. Acabo de tener la mejor probada de mi vida. ¿Por qué?
Rodó los ojos, pero deslizó su mirada hacia el bulto duro sobresaliente de mis pantalones. —Sin embargo, no conseguiste nada por eso.
Solté un bufido. —Claro que sí. Eso fue jodidamente increíble. —Extendí la mano y acaricié el pelo de Sumire—. No creo que tenga algún condón de todos modos, así que... —Me encogí de hombros y le sonreí antes de volver mi atención a Luchador mientras trataba de aferrarse a los tatuajes en mi pecho.
—Todavía podría hacer algo por ti —ofreció, lo que disparó el interés de mi polla inmediatamente—. Después de que se vuelven a dormir...
Le besé el pelo a Luchador, sin importarme mucho lo que me pasaba.
Hacer venir a Hinata hizo valer la pena el par de bolas azules que le siguieron.
—Tal vez —le dije.
En realidad tenía intenciones de esperar y cobrar lo que ofreció, pero acabé quedándome dormido antes que ella terminara con los bebés. Me moví cuando Hinata pasó los dedos por mi pelo y me besó la mejilla, pero solo tuve la energía suficiente para tomarla en mis brazos y presionar su espalda contra mi pecho mientras balbuceaba—: Duerme.
Teníamos el resto de nuestras vidas para terminar lo que empezamos. Con una anulación en el horizonte y la adopción de Boruto puesta en marcha, era una vida que esperaba con anhelo.
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Tuve que trabajar hasta tarde en Shinobi's por el resto de la semana. Todo el tiempo libre que vi a Hinata, parecía desfallecida ya sea por el sueño o por tener sus manos llenas de niños.
Pero cada vez que nuestras miradas se encontraban en la habitación, las chispas entre nosotros se volvían casi tóxicas. Ella sonreía, se mordía el labio y se metía el pelo detrás de la oreja antes de mirar lejos con un rubor caliente. Me hacía gracia su evidente anticipación de la próxima vez que podríamos estar solos, y tendría que morderme el interior de mi boca para guardarme mi propio gemido de anticipación.
La próxima tarde libre que no tenía que trabajar era la del viernes. Llámame presuntuoso o demasiado esperanzador para mi propio bien, pero la noche del jueves abastecí el cajón de mi mesita de noche después de parar en una tienda en el camino a casa desde Shinobi's.
Cuando registré la ranura de correo en mi hora del almuerzo del viernes, la carta oficial que recibí me hizo estar aún más ansioso por pasar tiempo a solas con mi chica. Quería darle las gracias a Hinata por lo increíble que había sido durante estos últimos meses, a pesar de que ya sabía que nunca sería capaz de mostrarle el suficiente aprecio por todo lo que hizo por Boruto y por mí. Todavía tenía ganas de intentarlo, así que llamé a Ino para contarle mis planes.
—Hola, soy Naruto —dije cuando contestó.
Su saludo de retorno sonaba receloso. —Hola, Naruto. Todo... ¿Está bien? —Luego vino la preocupación—. ¿Hinata? ¿Sumire…?
—Están bien. Les está yendo bien.
—Oh. —El tono cauteloso de Ino volvió—. Entonces... ¿Qué pasa?
—Quiero salir con ella —dije deprisa las palabras—. Ya sabes, salir del apartamento por una noche. Para... tal vez una buena cena o algo así. Para pagarle lo mucho que nos ha ayudado a Boruto y a mí. No sé qué hubiéramos hecho sin ella. El dinero de niñera que le doy no es nada comparado a lo que realmente le debo. Así que pensé en algo extra… una noche fuera, lejos de los niños, sería mejor que nada. Sería un comienzo.
Ino hizo una pausa antes de responder a mi gran y larga explicación, y me mordí los aros de mi labio, pensando que le di una razón perfectamente lógica para que mi idea fuera ridícula.
Pero en cambio, dijo—: Eso es tan dulce. ¡Qué buena idea!
—¿En serio? —Gracias a Dios—. ¿Así que, podrás cuidarlos?
—¿Qué? —La adoración desapareció de su voz—. ¿Quieres decir, a los dos bebés? ¿Juntos?
Fruncí el ceño. ¿Por qué ha hecho que suene tan poco razonable? —Sí. ¿Sería eso un problema?
—No. Bueno... solo que... No soy Hinata. Ella hace que cuidar a dos bebés a la vez parezca fácil. ¿Pero yo? Un niño pequeñito, está bien. Podría hacer eso. Creo. Pero dos, tan cerca de la misma edad, tan jóvenes. ¿Qué pasa si…?
—Lo harás bien. Esta noche Shimura tampoco trabaja, ¿verdad? Haz que venga a ayudar. Y tienes mi número de teléfono. Puedes llamar en cualquier momento.
—Oh, buena idea. No pensé en traer a Sai. Está bien. ¿A qué hora?
¡Menos mal! Misión cumplida. Rápidamente, le dije—: Uh... Salgo del trabajo del taller a las cinco. Así que... ¿Tal vez a las cinco y media? Eso me daría un minuto para arreglarme.
—Pff... Chicos, ustedes y sus arreglos en un minuto. Simplemente no es justo. Nos lleva a las mujeres una buena hora prepararnos para una noche especial.
Sonreí. —Sí, pero los chicos no lucimos tan guapos como ustedes, señoritas, después de toda la preparación, así que opino que es un tiempo bien empleado.
—Mm-hmm. No es de extrañar que H. sea tan dulce contigo. Tienes una habilidad especial con los elogios. Pero de todos modos, voy a llevarle algo bonito para ponerse. Se enfadaría si supiera que sabía de su cita sorpresa, y la dejé ir con sus trapos viejos.
—No es una cita —fui rápido en corregirla—. No, solo cena…
—Y baile —interrumpió Ino—. Y tal vez un paseo iluminado por la luna en la playa. Tontear un poco por encima de la ropa y…
—Vale, listilla. Suficiente. —Puse los ojos en blanco—. Pero no vamos a llamarlo así. A menos que ella quiera.
—Lo que tú digas, jefe. Voy a llegar para el servicio de niñera a las cinco en punto, ¿de acuerdo?
Colgué, sacudiendo la cabeza. Sai sin duda tenía sus manos llenas con esa.
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Hinata
En serio me he establecido como Niñera Hyuga. Me sentía orgullosa de la rutina que por fin me sabía de memoria, porque no fue fácil de perfeccionar.
Por lo general, me levantaba a las siete con Sumire, el ave de la mañana. Para el momento en que ella se dormía para su siesta por la mañana, Boruto por fin abría sus legañosos ojitos. Él me ayudaba con el apartamento; siempre había algo para limpiar o arreglar. A la hora del almuerzo, Sumire se despertaba otra vez. Alimentar a ambos tomaba una gran cantidad de energía. Uno de ellos estaría siempre de mal humor si ponía demasiada atención en el otro. Pero entonces me daban un descanso cuando tomaban su siesta de la tarde juntos. Y es entonces cuando también me echaba la siesta, o me daba una ducha rápida.
Ya era hora que ambos despertaran de su siesta de la tarde cuando llamaron a la puerta principal. Le contesté el teléfono durante las últimas semanas, ante el despliegue de vendedores por teléfono, pero nadie vino a la puerta antes.
Revisé la mirilla, pero la persona al otro lado se encontraba demasiado cerca y solo pude distinguir la cima de su cabellera grisácea. Preguntándome si era algún pariente de Naruto, al olvidarme momentáneamente que estuvo en acogida temporal por lo que no tenía parientes, desbloqueé las cerraduras y abrí la puerta.
La había abierto apenas cuando la persona que llamaba finalmente se volvió y me sonrió amablemente —Hola, Hinata.
Di un grito ahogado. —Dios mío. —Cuando traté de cerrar la puerta, adelantó su pie y encajó un mocasín negro brillante en la jamba.
—Bueno, encanto. Esa no es manera de saludar a tu padre.
—Tú no eres mi jodido padre. —Cuando sonrió con su sonrisa malvada, lloriqueé. Respirando con dificultad, traté de concentrarme, calmarme, para poder racionalizar una forma de salir de esto—. ¿Qué quieres?
—Quiero que abras la puerta y me dejes entrar como una adulta antes de que tengas la atención de todos tus vecinos.
—¿Qué tal si me dejas en paz y te vas al infierno en vez de eso?
Hizo un sonido con la lengua y sacudió la cabeza. —Me debes más que eso.
Quedé boquiabierta. —Ni muerta.
Sus ojos se endurecieron, pero su sonrisa se mantuvo tranquila y amable, lo que siempre quería decir que tenía que estar más en guardia. —Sigues estando en nuestro seguro, ya sabes. ¿Cómo crees que pagaste esa factura del hospital?
Oh, Dios. Ni siquiera lo pensé. Era una estúpida. Creí que rompí todos los lazos con Bradshaw y Madeline Hyuga. Pero se me escapó uno de los más importantes.
—¿O pensabas en un reembolso? —continuó Shaw—. ¿Con tu sueldo de niñera? Tres semanas en la unidad de cuidados intensivos neonatales no es barato.
Renunciando a la presión que aplicaba a la puerta, con pesar, di un paso atrás y le dejé entrar en el apartamento de Naruto. Pasó por encima del umbral, pareciendo ridículamente fuera de lugar en su suave traje de Gucci. Tras dar una mirada despectiva a la habitación de enfrente, se pasó la mano por su chaqueta y se volvió hacia mí.
Crucé los brazos sobre mi pecho y lo miré. —¿Aceptas pagos?
Vino la malvada y calculada sonrisa a la que estaba tan acostumbrada. — Sí, lo acepto. Pero no en forma monetaria.
Cuando su mirada se posó sobre mis pechos cargados de leche que no podían seguir completamente ocultos debajo de mis brazos, me reí. —Sigues siendo un libertino viejo asqueroso, ¿no es así?
Con un suspiro, sacudió la cabeza con tristeza, claramente decepcionado conmigo. —Y yo que vengo a darte las gracias por el regalo que me has enviado.
—¿Regalo? —Fruncí el ceño, inmediatamente sospechosa.
—¿Qué? ¿No te acuerdas de enviarme a Patricia Garrison hace un par de meses?
Oh, mierda. Mis ojos se abrieron de par en par. No tenía idea de que la violadora de Sai en realidad siguió mi consejo y se acercó a mi padre. Esto no era bueno. Dos personas malvadas como esas, haciendo un equipo.
—Me gustó mucho el juguete, cariño. Pero me temo que pude haberla roto.
—¿Tú...? —Querido Dios todopoderoso, ¿qué le hizo a la señora Garrison? Espera. No me importaba. Si ella estaba rota, sea lo que sea que significara eso, con suerte se hallaba fuera de nuestro camino para siempre.
—Algunas mujeres no pueden soportar un poco de trato duro. Sin duda no se hacen mujeres tan afables como tú y tu madre todos los días. Con el tiempo, las demás siempre renuncian a luchar y me dejan hacerlo a mi manera. Pero tú no. Nunca. Todavía recuerdo la forma en que me mirabas con ese fuego en tus ojos y la barbilla bien alta después de que me inclinara encima de ti…
—Por favor, no me digas que estás aquí solo para recordar el pasado porque prefiero vomitar en tus zapatos nuevos. —De hecho, debería hacerlo de todos modos. Pero joder, si hubiera sabido que ser desafiante cuando abusaba de mí solo lo excitaba más, me hubiera acurrucado en una bola y me hubiera encogido como siempre quise.
Mi piel estaba fría y mis nervios amarrados. No sé lo que haría si uno de los bebés se despertaba. No quería a este monstruo cerca de Sumire o Boruto.
—¿Qué diablos quieres de mí?
—Quiero que vuelvas a casa, por supuesto.
Bufé. —Estás delirando. Nunca voy a volver a poner un pie en ese lugar.
Él abrió los brazos y se echó a reír. —¿Prefieres quedarte aquí? ¿Con el idiota tatuado de la cara de metal? ¿En serio, Hinata? No me lo creo.
Esto hizo que mi estómago se removiera más al darme cuenta de que sabía quién era Naruto. Probablemente sabía cada secreto de Naruto y cómo hacerle daño. Oh, Dios. ¿En dónde había metido a mi chico tatuado, dulce e inocente?
Levantando la barbilla, me burlé. —Naruto Uzumaki es cien veces más hombre de lo que tú nunca podrías ser.
Mi declaración le divirtió. Entonces me di cuenta de cómo le gustaba cuando yo era audaz y desafiante. Al instante di un paso atrás, con el ceño fruncido.
—¿Por qué me quieres? Tú me echaste, ¿recuerdas? ¿Debido a Sumire? ¿Y qué pasa con ella? ¿O sigues pensando en intentar que me deshaga de ella? Buena suerte con eso, viejo.
Se encogió de hombros. —Decidimos con tu madre que puedes quedarte con la niña. Al menos se trata de una buena Worthington. Pero resulta que tener a una hija desaparecida es mucho más indecoroso que una joven que da a luz sin estar casada. Así que, se te permite volver. Tendremos que prepararte la habitación sobre la cochera donde se quedó Ino, por lo que el llanto no nos molestará.
—Que amable de tu parte —me burlé—. Pero respetuosamente, declino tu oferta. Gracias. —Entonces asentí con la barbilla hacia la salida—. Te puedes ir ahora.
Su risa todavía era divertida. —Vamos, querida. ¿No me puedes decir que no echas de menos tu antiguo estilo de vida?
Negué con la cabeza. —Ni siquiera un poco.
—Aumentaré tu prestación. El doble, incluso.
—Vete al diablo.
—Dios, he echado de menos tu boca sucia. —Cuando se acercó a mí, chillé y salté hacia atrás.
—¿Qué estás haciendo? ¡Fuera!
Él merodeaba detrás de mí, con los ojos enloquecidos con la excitación.
—Nadie se defiende como tú, Hinata. Tengo ansias de la forma en que sacas las garras y muerdes.
Oh, Dios. Oh, Dios. Oh, Dios. Estaba tan segura de que me había escapado para siempre, que nunca tendría que soportar otra de sus visitas.
El que esto estuviera ocurriendo aquí, en el lugar donde me había reído, amado, y donde me sentía más en casa de lo que me he sentido en cualquier lugar, fue aún más traumático.
—Vas a tener que follarte a mi cadáver frío antes de tocarme otra vez. Porque voy a luchar hasta que uno de nosotros esté muerto.
—Genial. —Sus ojos brillaban con placer sádico—. Esa es la forma en que me gusta. No es de extrañar que nunca pueda controlar mis impulsos cerca de ti.
Cuando se lanzó, salté a un lado, y luego salí corriendo. Cuando entré en la sala, me di cuenta que se dirigía directamente a los bebés. Esperaba llegar a una habitación y cerrarle la puerta en la cara, refugiándome y cerrarla hasta que Naruto viniera a casa. Pero ya era demasiado arriesgado, así que se salí a la cocina.
Iba a tener que darle lo que quería. Iba a tener que luchar.
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Continuará…
