Retroalimentación.

Guest chapter 7 . Dec 18, 2020: Hola. Antes de nada, una disculpa por esto de las dos semanas no cumplidas. Aproveché la jornada decembrina para darme un respiro, pero a partir de hoy, regresamos a la periodicidad de publicaciones. Espero no haber sido demasiado confuso en cómo llegamos al punto actual, y desde luego, me alegra que hayas disfrutado de como estos dos se convirtieron en lo que ahora tenemos, amantes deseosos y libres. ¡Gracias por comentar!

LizSaranjeiP chapter 7 . Dec 18, 2020: ¡Que dicha saber que te moví en más de una forma! Creo que todos esperábamos ver a estos dos felices a pesar de todo. El futuro se comenzará a obscurecer desde aquí, veamos qué tan profunda es la madriguera del conejo. ¡Gracias por comentar!

Wonder Grinch chapter 7 . Dec 19, 2020: Esta Ieran tenía que ser la madre perfecta. Estos son increíbles, y tal como dices, debían tener todo el amor que el matrimonio debía darles antes de agrandar la familia, ellos y nosotros merecían esto. ¡Gracias!

carmennj chapter 7 . Dec 19, 2020: Hola. En tanto sean discretos, no debería haber tanto problema… aunque considerando lo que se viene, el asunto de la sustitución será cualquier cosa. Pronto quedarán resueltos los enigmas, y sobre el final… pues digamos que lo merecían, al igual que nosotros. Espero que hayas disfrutado de las fiestas ¡Gracias por tu comentario!

cerezo01 chapter 7 . Dec 26, 2020: ¡Hola! Creo que era el paso lógico siguiente para ellos. Tenían la esperanza de tener una vida feliz, pero de la mano de responsabilidades tan grandes, podría ser de complicado a imposible, y eventualmente fracasarían, y entonces, llegó el plan. Y la principal víctima de ese plan, fue Ieran. Como padre puedo dar fe de que por mucho que pongas tus aspiraciones o deseos en tus hijos, ellos terminarán buscando su propio camino, y no te quedará de otra que aceptarlos y apoyarlos. Sakura es así, al menos en mi concepción, entregada, abnegada y lista para ser el apoyo de quien ama. Esa pregunta se responde desde la premisa del destino, podríamos decir que los primos, e incluso Sakura y Ieran misma sabían que el destino eventualmente vendría a reclamarlo como líder de su clan. Eres sabia al asumir que algo enorme y terrible viene a por nosotros, pero si te da tranquilidad, en efecto, ellos son una unidad. Tienes razón en decir que algunos momentos o situaciones de la vida marital de estos son apresurados, en especial porque tuvieron que crecer muy rápido, pero al final, el desenlace fue bueno para ambos. Esta Sakura también ha crecido mucho, y creí conveniente hacerla así de temeraria, además de que su motivación es la felicidad de su ser amado, no sólo es la pasión y el espíritu de aventura, sino también sus entrega. En lso próximos capítulos exploraremos lo que se les avecina. Espero que igualmente tú hayas tenido unas maravillosas fiestas, y que el siguiente año nos trate mejor a todos. ¡Un abrazo para ti!

Reader2109otp chapter 7 . Dec 31, 2020: Ahijada de mi corazón, un año increíble para ti este que inicia. Beiji-Hu y Ieran son de los favoritos, tienen corazones enormes. En efecto. Ella asumió que él seguiría su camino, pero lo cierto es que nuestros hijos no son nuestra propiedad. Sin embargo, la figura del destino abarcará con su sobra la vida de nuestros protagonistas más allá de los deseos de todos. Ese es un tema siempre, ahijada, desde el canon mismo: el amor, es el eje de todas estas historias, y no sólo el romántico entre nuestros protagonistas, sino el que se da en la familia y todas sus variantes. Es necesario que tarde o temprano comentes las escenas lemon, sobrina, es para tu crecimiento y tu bien. Una vez más, feliz año nuevo para ti, y un abrazo enorme para ti y los tuyos. ¡Seguimos en contacto!

zaoryGuerrero chapter 7 . Jan 5: Hola. Lo dice el adagio: "dime con quien te juntas y te diré quién eres". Nuestro protagonistas se han encargado a lo largo de su historia de rodearse de personas tan buenas como ellos, y eso comienza a dar resultados y retribuirlos en la búsqueda de su felicidad. Me alegra mucho que digas que este Li se apega al del canon, y es que creo que ciertamente es lo que él hubiera hecho, y más que nada, por la necesidad de dar a Sakura el amor y la vida que se merecía. Sobre el lemon… pues gracias, hago lo que puedo. ¡Gracias por comentar! Espero te guste lo que viene.


VI.

Familia.

Shirakawa, prefectura de Gifu, Japón, un año después de la caída de Alruwh.

Enero golpeaba con su frío la universidad local de Shirakawa, ante la indiferencia de la mayor parte de sus estudiantes. Ahí, apoyada de su natural timidez y discreción, una jovencita de nuevo ingreso en medicina y cenicienta cabellera pasaba completamente desapercibida, apenas interactuando lo necesario con los otros alumnos y profesores en la modesta facultad.

Aunque no era necesariamente brillante, era una buena estudiante, disciplinada y responsable; su esmero era su mayor virtud, lo que la hizo del aprecio de los docentes en poco tiempo. A sus dieciocho, había vivido sola los últimos tres años, alejándose de aquel bello pueblo de los suburbios de Tokio llamado Tomoeda, donde uno de los más confusos y dolorosos episodios de su vida la convirtieron en una víctima del destino como tantas otras personas más, y aunque para ese momento ya había superado el recuerdo, había dejado una secuela apenas perceptible en su carácter: la imposibilidad de establecer vínculos profundos con las personas, en especial los hombres mayores, y una melancolía crónica que cada vez la acercaba más a una incipiente depresión. Quizás ella misma nunca lo notó, pero ese trauma seguía siendo un lastre, tirando de ella hacia abajo como un ancla, y que no le permitía crecer o siquiera manifestarlo.

Ella fue una niña cuya infancia se vio interrumpida y deformada. Tuvo suerte de que ninguno de los efectos de esa etapa de su vida dejara huellas físicas visibles, pero como solía suceder con las víctimas, tenía la impresión de que parte de ese abuso había sido su culpa, y se juró a sí misma facilitar la vida de cualquier niño, estuviera en esa situación o no. Por eso, luego de explorar las otras posibilidades, y haberse inclinado por la medicina, decidió que se especializaría en el cuidado de los niños. Buscaría volverse pediatra.

Con el paso del tiempo había logrado sublimar el resentimiento, el ansia de retribución por los años y la inocencia robada, aunque lo cierto era que vivían de alguna manera aún en su interior, pero por su carácter era imposible verlos, y ella misma creyó que dichas emociones se habían ahogado en el olvido, incapaces de resurgir o de cobrar factura en su vida nuevamente, pero estaban latentes aún en su ignorancia o deseos de no verlos. por eso mismo, se concentraría y buscaría la forma de mejorar el mundo para todos, un paciente a la vez.

En una se esas mañanas, por mera coincidencia Sakura pasaba cerca de la chica, llevando su bento hacia las mesitas de piedra de la escuela, lamentando que Hiroyuki tuviera clases a esa hora y haciéndola almorzar sola, y entonces vio unos caireles de color champaña muy particular, no pudiendo creer lo pequeño que le parecía el mundo.

Sakura, viendo a la joven completamente inmersa en un grueso libro, preguntó cautelosamente un "¿Akiho?" a sus espaldas. Su respuesta fue escuchar su propio nombre en los labios de la otra chica. Se dejaron llevar por la emoción del momento, abrazándose, y luego quedando tomadas de las manos, mientras se preguntaban todo lo que venía a sus cabezas. Supieron entonces que ambas estudiaban en el mismo campus, aunque en escuelas diferentes, y Shinomoto recibió con emoción la noticia de que Sakura era una mujer casada para ese momento, conmovida al saber que era su primer amor aquel que había finalmente triunfado, aunque con sus bemoles.

No teniendo mayor remedio dada la cercanía de las mujeres cuando finalmente se reunieron, los Sato relataron el extraño modo en que tuvieron que unir sus vidas y la forma como las llevaban para ese momento. Akiho también reconoció su legado, pero decidió ignorarlo, tratando de llevar una vida lo más alejada de ese camino, por lo cual, la elección de los Sato le pareció un bello ejemplo a seguir. No dudo ni por un segundo en manifestarles la felicidad que le transmitían al saber que podían vivir su amor finalmente lejos de todo y todos.

Desde ese momento, Sakura y Akiho se volvieron inseparables, tanto que la segunda constantemente se encontraba en casa del matrimonio. En un pacto sin palabras, la joven aspirante a médico hallaba en la pareja un alivio a los pesares propios de su autoimpuesta soledad, por el gran aprecio que sentía por Sakura y el enorme respeto que compartía con Hiroyuki.

Sakura, por su lado, teniendo a su familia y a Tomoyo a más de cuatrocientos kilómetros de distancia y lidiando con sus propios problemas, encontró en Akiho a la amiga y confidente que necesitaba para dar mayor armonía a su vida. Se compartieron todo, se contaron los secretos e inquietudes tan propios de convertirse en mujeres adultas funcionales, y se ayudaron mutuamente a establecerse.

Y fue una tarde en el invierno del segundo año de su carrera que la galena en ciernes se quedó atrapada en una fuerte tormenta. Con el auto atascado en la nieve y un teléfono sin batería, su único refugio era la casa de Sakura, a la que esperó no importunar con su llegada. Tal era la confianza que tenía una copia de sus llaves, y apenada entró a la estancia principal, pensando en qué excusa dar por tan intempestiva llegada.

La chica se quedó tensa y desconcertada en el recibidor, compartiendo una mirada confundida con la persona que ahí se encontró.

—Yo… creo que vine en un mal momento… lamento mucho la interrupción… —comenzaba a decir, apenada, y aparentemente planeando su escape hacia la fría intemperie.
—¿Señorita Shinomoto? —cuestionó el hombre maduro ante ella.
—¡Señor Kinomoto! —exclamó luego de finalmente reconocerlo. Le tomó unos segundos, pues la última vez que lo vio su cabello era completamente castaño, y no entrecano como para ese momento.
—Pasa directo a la cocina, hija, te llevaré una toalla.

La joven obedeció, aunque sintiendo algo de incomodidad. Hasta ese momento, el único hombre con el que se había sentido a gusto de departir era Hiroyuki, tenía cierta aprensión a otros varones, y más aún cuando eran mayores que ella. Con cierto aire precavido se sentó en el comedor, y con cautela tomó la toalla que Fujitaka le alcanzó sólo un minuto después.

—Disculpe por llegar así como así a una casa que no es mía, señor Kinomoto…
—No hay por qué pedir perdón, hija. Hay una tormenta espantosa allá afuera, Sakura y Hiroyuki no deben tardar en llegar, y entonces cenaremos.

Había algo diferente y especial en ese hombre, mismo que había visitado a su hija por el fin de semana. Akiho sabía por Sakura que su madre era una buena mujer, pero la realidad era que madre e hija apenas habían convivido. Luego de una larguísima conversación, llegó a la conclusión de que la mayor parte de las virtudes de carácter de su amiga, manaban de ese hombre de modos amables y charla interesante, incluso aquella que podría catalogarse como la máxima manifestación de lo que definía a Sakura: una inocencia y capacidad de sorpresa inagotables. A Akiho no le quedaban dudas de que ese aire tan cautivador fue el que terminó ganando el corazón de Nadeshiko en su juventud, y sentía una enorme admiración de que Sakura hubiera tenido a un hombre tan puro y amable como padre, uno incapaz de hacerle daño, incapaz de renegar de su propia descendencia como habían hecho con ella. Uno incapaz de sembrar sentimientos como el miedo o la mentira en una mente virgen como la suya en un cada vez más lejano pasado.

Más de dos horas después, Sakura y Hiroyuki entraron a la casa, disculpándose por el tiempo perdido en la tormenta de afuera, encontrando que Akiho y Fujitaka ya eran grandes amigos.


Alimentaron ese vínculo con el paso de los meses, de tal suerte que el hombre dedicaba tiempo para llamar a aquella hija no sanguínea tanto como a la legítima, y pedir que entre ambas se cuidaran, y aprovechaba a verlas a las dos cuando viajaba al oeste del país.

El grado de confianza que desarrollaron en algún punto fue tal, que un año después de conocerlo Akiho terminó abriéndose y sincerándose con él, y una tarde del verano siguiente, mientras esperaban a Sakura, se encontró a sí misma contándole todo lo que tuvo que pasar en los años previos. Le compartió que sus propios padres nunca la habían apreciado al ser una squib en una familia mágica, y que el único que se atrevió a acogerla era un hombre carismático, pero malvado, tanto que incluso luego de saber sus intenciones, la tenía cautiva sólo sometida con un muy marcado síndrome de Estocolmo. Con lágrimas en los ojos observó cómo Fujitaka obscurecía la mirada ante cada narración sobre lo que Kaito había hecho con ella, la forma tan ruin en que aquel hechicero se había aprovechado de su inocencia, y como, sin saberlo, Sakura la había liberado de esa vida, derrotando y enviando a su captor a su castigo.

—Supongo que esto cambia por completo lo que cree de mí, ¿cierto? —susurró ella, terminado su relato.
—¿A qué te refieres? —preguntó él, confundido.

Akiho nunca se atrevió a acusarlo de nada, pero tenía miedo de elevar la vista y leer en su mirada justo aquello que tanto temía y odiaba de quienes conocían su historia: lástima.

Le había contado a muy pocas personas en realidad, pero todos terminaban dándole ese sentimiento tan desagradable para ella, sólo una no lo había hecho: Sakura, que desbordada de compasión la tomó en brazos con lágrimas en los ojos.

Cuando finalmente se atrevió a hacer contacto visual, se encontró exactamente la misma compasión, pero acompañada de algo de esperanza, precisamente como el padre que levanta a su hijo después de la primera caída, la primera mentira o la primera borrachera. Supo en el mismo momento en que Fujitaka la tomó por los hombros y la acurrucó contra su pecho que había encontrado un lugar al que podía llamar "hogar".

—Nada podría cambiar la forma en que te veo, Shinomoto. La vida puede quitarnos cosas o ponernos en escenarios terribles, pero aunque el pasado puede moldear nuestro carácter, no define nuestro futuro, eso depende completamente de cada uno de nosotros. —La separó para verla a los ojos mientras daba un par de palmaditas en su coronilla—. Quizás tú pasado te privó de una familia, pero nosotros podemos ofrecerte una nueva… si quieres aceptarla.

Entendió las palabras, pero le tomó unos momentos asimilarlas. Finalmente no pudo evitar sonreír entre lágrimas, sabiendo que nada salido de los labios de ese hombre podía ser una mentira.

—Yo… gracias, me encantaría… pero sólo si accede a llamarme por mi nombre.
—Claro, Akiho. Y también me gustaría que me llamaras por el mío.
—¿Qué? ¡Yo no podría!
—¿Qué tal un honorífico entonces?
—¿Estaría bien? ¿Y si Sakura se molesta?
—Claro que no —declaró Sakura con voz quebrada a unos metros de ellos, tomada de la mano de Hiroyuki, Akiho se preguntó cuánto tiempo llevaría ahí sin que los notaran—. Nada me haría más feliz que reconocieras a mi papá como el tuyo. Eso por extensión nos haría hermanas.

Hiroyuki se quedó al margen, pero no pudo más que sonreír conmovido, viendo como Akiho era refugiada a la sombra de la familia Kinomoto en ese abrazo, tal como habían hecho con él mismo en el pasado.

La vida de los Sato encontró su rutina el par de años siguiente, Akiho estaba en esa casa al menos un par de veces al mes, cada bimestre o trimestre recibían a Tomoyo y Kurogane (siempre juntos), Touya y Yukito, e incluso Beiji-Hu y los miembros de la familia Li nuclear los visitaban. Meilin estaba al tanto de lo ocurrido con sus primos, pero se le pidió un silencio que ella respetó de manera ejemplar, y por métodos desconocidos hizo que Al callara al igual que ella.


Solos en una templada noche del inicio del otoño tres años después de finalizada la odisea, Sakura y Hiroyuki se profesaron con mares de ternura el amor que se tenían. Una noche sólo de ellos, romántica, serena, prácticamente perfecta.

Después de amarse como tanto disfrutaban, se quedaron charlando sobre el lecho, tomados de la mano, luchando contra el sueño en todos los temas que pudieron explorar, hasta que el cansancio finalmente pudo con ellos.

El sereno rostro del hombre se llenó de incertidumbre al comenzar sus tareas de aseo, y de hecho, parte del sueño se le fue. Sakura notó su desasosiego, y con suavidad preguntó qué era lo que ocurría.

—Esta cosa… se rompió… —susurró él, ligeramente alarmado.
—¿Qué cosa? —cuestionó ella, poniéndose alerta.
—El… el preservativo…


El tiempo, haciendo de las suyas, hizo que los temores de la pareja se convirtieran en nuevas esperanzas, y las suposiciones en confirmaciones. Los temores y traumas anteriores de la pareja volvieron vagamente, pero la mutua compañía y la promesa de prosperidad pronto asustó a esos fantasmas, permitiéndoles saborear la nueva oportunidad que la vida les daba.

El invierno de ese año, la casa se llenó de júbilo cuando Tomoyo llegó en inesperada visita, con dos noticias enormes: contraería nupcias en sólo unas semanas, y estaba embarazada. La alegría, sin embargo, fue mucho mayor cuando Sakura informó que ella misma estaba encinta también, las lágrimas de felicidad de las primas, sin embargo, tuvieron competencia.

Y es que nunca habían visto a Cerbero llorar como hizo ese día.

Aunque con varios cientos de kilómetros de distancia, ese primero de junio, Yuziki Ou nació en la mansión Daidoji, mientras que Hien Sato hacía lo propio en el hospital distrital de Yumetani, con apenas unos minutos de diferencia.

Con un año de vida, Hien asistió en brazos de sus padres a la entrega de los diplomas de egreso de ambos. Dio sus primeros pasos ante la atenta mirada de Sakura, Hiroyuki, Cerbero y Akiho, y cuando tocaba visita, él y Yuzuki terminaban en conflictos que en más de una ocasión llevaban hasta los golpes, aunque no podía negarse el gran afecto que compartían. Para él, la dueña absoluta de sus afectos y veneración, era su madre, Sakura… hasta que poco después, alguien llegó a quitarle ese puesto. Nadeshiko Sato nació poco después del tercer cumpleaños de Hien, cambiando por completo su forma de ver la vida.

Hien era un niño alegre, tenía el candor de su madre, al parecer, heredado en sus ojos verdes y cabello color caramelo, aunque su cara era completamente idéntica a la de su padre. Hiroyuki a veces era duro con él, pero siempre le hizo saber cuánto lo amaba. Le encantaban las visitas del abuelo Fujitaka y de la abuela Ieran, por las curiosidades arqueológicas y mágicas que respectivamente le traían, y desde que comenzó a hablar, sus mejores amigos eran Kero y Yuzuki. Pero a quien acogió como dueño de su admiración, fue a su tío Touya, en quien veía al ejemplo mismo de la rectitud.

Nadeshiko, dueña de unos centelleantes citrinos por ojos y cabellera color chocolate, tenía hipnotizado a Fujitaka por el increíble parecido que tenía con su hija, y era un inagotable mar de curiosidad e inocencia. Hablaba poco, pero siempre eran preguntas las que nacían de sus labios, y en más de una ocasión puso en problemas a los adultos a su alrededor por lo agudo e inocente de sus reflexiones.

El contexto fue el más favorable para ellos durante esos cortos años en que la familia se asentó. Los niños crecieron en ambientes sanos y rodeados del afecto, mientras que Sakura y Hiroyuki prosperaron en carreras modestas, se convirtieron en la familia que siempre desearon, libres del ajetreo de las responsabilidades de la magia y su burocracia, del escrutinio público y los compromisos interminables, una vida tranquila y provinciana, en la cual las mayores preocupaciones estaban volcadas en cosas cotidianas y eventuales accidentes domésticos.

Debió pasar más de una década para que Akiho finalmente de convirtiera en pediatra como era su propósito, y aunque había un médico que llevaba la agenda de Hien y Nadeshiko, ella, entre sus prácticas profesionales y la obtención de la licencia, fue importándola poco a poco, hasta obtener la exclusividad en el cuidado de la salud de los niños de la familia.

Los Sato no renegaron de la magia, e incluso, en algún momento informaron sobre su herencia a sus hijos, y tampoco era como si fuera un gran secreto pensando que Kero ayudó directamente a su crianza y convivía con la familia como un miembro más de la misma, con eventuales intervenciones de las cartas.

Jamás, en ningún contexto y bajo ninguna circunstancia, los Sato dejaron fuera a Akiho. La trataron como una parte más de su familia, justo como si de la hermana de Sakura se tratara, incluso el siempre serio Touya la provocaba, logrando que en alguna ocasión rabiara tal como Sakura hacía en su niñez (y aún a la fecha). Ella nunca hizo la mención, pero sabía que quien estaba viviendo la historia de amor era Sakura, que Hien y Nadeshiko no eran sus hijos, que Fujitaka no era su padre, que no era ella la protagonista de tan hermoso cuento, esa felicidad, de alguna manera, no podía ser reclamada como propia… y aunque nunca lo manifestó, una pequeña inquietud que tenía que ver con la envidia siempre estuvo presente, aún cuando ella lograba mantenerla en silencio e inhibida todo el tiempo.

Aunque no podía quejarse en realidad. Tenía todo lo que necesitaba y un poco más, estaba rodeada de gente que la apreciaba y procuraba, había ganado una familia, y lo menos que podría hacer para pagarle a la vida por semejante regalo era corresponder con igual afecto a los que compartían su vida.

Se planteó una filosofía desde ese momento: tomaría de la vida y el destino todo lo que le diera. Respondería con entrega y felicidad a todas las oportunidades que se encontrara en el camino, y llevaría hasta el final cualquier propósito que el mundo le expusiera como propio.


—¿Doctora Shinomoto? —preguntó una noche una mujer, alcanzando a Akiho en el hospital donde finalizaba sus prácticas.
—Soy yo… ¿puedo ayudarla?
—¿Tiene un par de minutos?, le invito un café.

La médico en ciernes observó con detenimiento a la joven ante ella. Su atuendo era un poco extraño: llevaba un kimono y un hakama, cosas que no se usaban con tanta frecuencia en la modernidad, lo asumía por lo poco de esas prendas que podía ver por debajo de la larga gabardina negra que cubría casi toda su estatura. Se daba una idea de qué era lo que pasaba, tenía algunos años de no estar en presencia de alguien así, pero sabía que eran de confianza, así que accedió, pidiéndole que la siguiera hacia la cafetería del hospital.

—¿De qué oficina me visita, señorita…?
—Mori —respondió mientras daba un sorbo a su café—. Central tokiota del Mahonokeisatsu. Es allá donde se archivó su caso.
—¿Es por lo de…?
—Sí, el caso del hechicero clase D.
—Ya veo… pensé que el caso se había cerrado y…
—Y así fue. Él fue capturado, procesado y condenado. Cumplió la mayor parte de su condena en Azkaban, pero hubo una actualización que creímos que querría tener en consideración.
—¿Y qué es?
—Kaito pagó su deuda con la sociedad inglesa, y el Ministerio Británico de Magia le concedió la libertad, aunque privándolo de su magia y su título.
—Ya veo… —el rostro de Akiho se obscureció un poco.
—Sin embargo, el Estado Imperial Japonés de Asuntos Mágicos no olvidó las cosas horribles que hizo, y solicitó su extradición. El hechicero tenebroso Yuna Kaito fue repatriado y puesto en libertad condicionada con estricta vigilancia, en una casa de seguridad en los suburbios de Tokio, y tiene diversos mecanismos mágicos restrictivos para con usted. Él no podrá acercársele o investigarla, usted podría pasar frente a su nariz y no notar que estuvo ahí, a menos que usted desee verlo. Pero si acepta un consejo mío, por favor, no lo busque.
—Muchas gracias por informarme, oficial Mori… pero… ¿por qué cree que yo querría verlo en primer lugar?

La policía dio un nuevo sorbo a su café y sonrió condescendiente.

—No quisiera que usted reviviera las cosas penosas que pasó en su juventud, doctora, pero muchas víctimas de abuso suelen volver y buscar conciliación con sus abusadores, y más aún cuando son personas cercanas y con las que compartían un gran afecto. En mi experiencia, lo único que puedo decir es que ese hombre no tiene nada para usted, y sería mejor no volver a pensar en él.
—¿Y entonces por qué comunicarme que está en Japón?
—Porque no queremos que lo encuentre por accidente y le provoque un nuevo trauma —la agente se puso de pie, apurando lo que quedaba en su vaso—. Mi trabajo está cumplido, Gracias por su cooperación, doctora Shinomoto. Tenga una linda noche.

Ni bien puso un pie fuera de la cafetería, la oficial se esfumó.

Akiho se quedó pensativa.

¿Por qué querría volver a ver a Kaito? ¿Una reconciliación? ¿Para reclamarle todo el pasado y la niñez perdida?

¿Buscando retribución?

VII.

Fin.


Como siempre, un agradecimiento a mi lectora 0 de carácter Wonder Grinch, y a mi co editora Cherry Lee Up.

No se olviden de dejar una reseña, aunque sea pequeña, que es el único pago que recibo.

¡Hasta la actualización!