Un cowboy por navidad

Esta historia es una adaptación.

La historia original de Tess Curtis.

Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer.

Capítulo 9

Un día para Navidad

Había conseguido dormir relajadamente esa noche y lo agradecía, era algo que no había pensado que sucediera, dados los sueños recurrentes que estaba teniendo desde hacía varias semanas, por culpa de las fiestas. De ahí su deseo de pasarlas aislado, en un lugar donde el ambiente no le recordase continuamente que era Navidad. Algo que no servía de nada en absoluto, ya que en su cabeza sabía perfectamente el día que era. Esa noche haría dos años que había perdido a la persona que más había querido en su vida y no podía olvidarlo tan fácilmente.

—Buenos días —lo saludó ella, nada más bajar la escalera. Edward estaba en la cocina de pie al lado de la cafetera, taza en mano, mirando por la ventana. Y continuaba nevando, a pesar de que aquel día parecía que lo hacía de forma más leve.

—Buenos días —respondió él, algo más serio de lo habitual.

Bella tomó una taza del armario y, después de echar azúcar, se sirvió café. Edward siguió mirando por la ventana. Se le veía ensimismado y pensativo.

—Puedo comenzar a limpiar la nieve.

— ¿Perdón? —preguntó él, girando la cabeza hacia ella. No la había escuchado, su mente estaba casi bloqueada.

—Que comenzaré a limpiar la nieve una vez me tome el café.

—No, tranquila. Ya lo hago yo.

— ¿Estás bien? —preguntó ella, preocupada.

—Sí, sí —dijo, tratando de sonreír sinceramente, aunque no logró que le saliera del todo bien la mueca—. Es que con tanta nieve… Ya sabes, es un día de esos que necesito ejercitarme al aire libre. Creo que se me va a caer la casa encima en cualquier momento.

—Benzodiazepina —leyó ella en alto el nombre del bote que estaba delante de él—. ¿De verdad estás bien?

—Ni siquiera las he tomado. Solo estaba pensando si hacerlo o no, o si puedo soportar el día de hoy sin ellas.

La última parte de la frase había escapado de sus labios sin querer, la maldita costumbre, que había adquirido en los últimos tiempos de hablar solo, le había vuelto a jugar una mala pasada.

—Veo que te afecta muy en serio el día de hoy. No vamos a celebrar nada, no temas —le dijo Bella, tratando de tranquilizarlo.

—Es algo que no podría soportar.

Edward dejó de mirar por la ventana y, con el gesto contraído, agarró el bote de pastillas y se las puso en la mano a Bella.

—Guárdalas por mí, por favor —habló de nuevo él.

— ¿Seguro?

Edward asintió con la cabeza y trató de sonreír, aunque de nuevo, no le salió. Subió las escaleras para cambiarse de ropa y salir a quitar la nieve y hacer las tareas de los animales.

— ¿Quieres que vaya haciendo la comida? —le preguntó cuándo él se disponía a salir de la

casa.— Sí, lo que tú quieras, estás en tu casa.

Bella entendía a las personas a las que no les gustaba la Navidad, de hecho, a ella misma le había dejado de gustar, pero lo de Edward era demasiado grave, aquel frasco estaba sin desprecintar, pero debía sentirse realmente mal si estaba considerando tomarse una de aquellas pastillas ansiolíticas. ¿Qué le ocurría a aquel hombre?

Bella trató de quitarse los fantasmas de la cabeza al respecto, pero lo cierto era que ahora sentía cierto temor. Apenas hacía unos días que se conocían y de repente parecía que Edward ocultaba algo bastante grave que no le había contado. ¿Quizá se trataba de su divorcio?

Con todos aquellos pensamientos en la cabeza, hizo la comida, preparando unas chuletas que había encontrado en el refrigerador. También hizo un puré de patata casero y una guarnición de guisantes, zanahorias y brócoli. De cuando en cuando, había mirado hacia afuera por la ventana y había observado cómo Edward se afanaba con la nieve, que se seguía acumulando en la puerta sin descanso, desde hacía ya varios días. Poco después, lo había visto entrar en el establo y, cuando la comida estuvo hecha, la tapó para conservar el calor y decidió salir a llamarlo. Lo encontró cortando troncos dentro del granero y sudando por el ejercicio realizado.

—La comida está lista —dijo, tras observarlo durante unos instantes. Se le veía muy concentrado.

—Gracias —acertó a responder él, deteniéndose—. Había pensado que necesitaremos más leña para la chimenea.

Bella sonrió y se agachó para comenzar a recoger algunos de los troncos esparcidos por el suelo. No le cabía duda de que, con aquella cantidad que había cortado, habría al menos hasta Año Nuevo. Edward la ayudó y la colocaron en un montón que había cerca de la puerta del granero. Edward había tomado una ducha antes de comer y luego habían comido en el más absoluto silencio. Bella le había esquivado la mirada durante todo el tiempo. Sabía que le debía una explicación al respecto, pero no quería que la relación entre ambos cambiase o que ella comenzara a mirarlo con aquella mirada de pena y compasión que veía en la mayor parte de las personas que conocía.

—El día de Nochebuena de hace dos años fue el más duro de mi vida —se atrevió a confesarle al fin—. Eso es lo que me ocurre. —Edward le había llevado un café, mientras ella, sentada en uno de los sofás, hacía como que leía un libro. El comportamiento de Edward de ese día la había desconcertado. Habían pasado por su mente todo tipo de teorías rocambolescas, a cual peor. — Lo siento —dijo ella, dejando el libro a un lado.

Edward se sentó en la mesa de café, frente a ella. Quería ver todos los gestos de Bella y quería que ella viera que no le estaba mintiendo y que podía confiar en él. Solo que se habían conocido en la época del año equivocada.

—Perdí a la persona que más me importaba.

Edward cerró los ojos unos instantes, tratando de soportar el dolor de los sentimientos encontrados que tenía al respecto: la pérdida al saber que Zoe se les iba, la culpa de sentirse aliviado por su pérdida, ya que no tenía esperanza alguna.

—Shhhh —dijo Bella, incorporándose hacia delante en el asiento para poder posar el dedo índice en los labios de Edward—. No tienes que contármelo si no quieres.

—No quiero que tengas miedo de mí, Bell—respondió el, cogiéndole la mano para posarle un beso en el dorso.

—No lo tengo —le sonrió ella con cariño, sabiendo que había sido injusta al juzgar sin conocer el motivo de la existencia de aquel bote de ansiolíticos.


¡Especial de navidad!

Espero lo disfruten y me cuenten que les parece :)

Nos vemos.