8


Habían pasado algunos días desde el encuentro de Deidara y Sakura, él no lograba sacársela de la mente y lo peor, es que ella no mostraba interés alguno en buscarlo. Él tenía la idea errónea que en algún momento del día siguiente a su noche ella lo llamaría incontables veces y le preguntaría si estaría pensando en ella, una parte de Deidara quería eso, lo quería para poder sacársela de la mente. Pero su indiferencia lo dejó extrañado. Extrañamente y en contra de sus principios de un encuentro de una sola noche, Deidara quería volver a verla, había algo en Sakura que lo había cautivado. Trataba de engañarse, pero no era muy bueno en eso, él sabía que desde el momento en que la vio parada junto a su doctor había tomado su atención. Y, qué decir de su estadía en el hospital, cada mejora que tuvo Deidara, Sakura la celebraba con él, y él se conmovía por ella.

En un acto impulsivo, Deidara tomó su teléfono y marcó un número.

—Hola Deidara, ¿qué sucede?—. Dijo la voz en la línea.

—Amigo Sasori hola, ¿cómo estás?

Sasori hizo un momento de silencio.

—¿Qué quieres?

—Nada solo quería llamarte.

—Tu odias las llamadas, ya dilo.

—¿Cuáles son tus horarios en el hospital?

Sasori se tomó un momento para contestar, se escuchaba mucho ruido del otro lado de la línea.

—¿Me quieres invitar a celebrar por haberte ganado en la galería?— Sasori rio, nadie se esperaba que Sasori ganara en el evento de la galería de arte, el favorito siempre había sido Deidara.

—Así es— mintió Deidara.

—No podré esta noche, tengo una cirugía esta tarde y se prolongará. Estoy a dos cirugías de empatar a la doctora Haruno.

—¿Estará en tu cirugía?—. Preguntó Deidara victorioso de que Sasori sacó a Sakura a la conversación él solo.

—No, ella saldrá a las siete, esa es mi hora de salida habitual por si quieres invitarme mañana.

—Hecho. Tengo que colgar.

Sasori tenía un par de cosas más que decirle a Deidara, pero el rubio colgó. El pelirrojo a lo lejos vio a su compañera y rival. En ese momento iría a restregarle la cirugía de esa tarde.


Sakura salió del hospital, tenía el cabello en un gran peinado alto, salió estirando su cuello y sus brazos, había sido otra guardia pesada. Estaba tan cansada que caminaba arrastrando los pies, a veces maldecía el querer ser saludable y no contaminar con un auto tan cerca de su trabajo, pero en ese momento ansiaba llegar pronto a su casa para bañarse y dormir. Ella comenzó a bajar los escalones de la entrada, lo primero que llamó su atención fue una figura masculina que estaba fotografiando el atardecer en compañía de los grandes edificios que rodeaban el hospital. Deidara estaba usando una camiseta roja y jeans, en su rostro tenía unos lentes oscuros y su cabello se movía con el viento. Sakura pensó que todo lo relacionado con Deidara era artístico.

Ella se acercó a paso lento hacia él.

—¿Tienes un proyecto en mente?—. Dijo Sakura y Deidara tomó una fotografía. Despegó los lentes oscuros del visor. Él estaba concentrado en la pantalla de la cámara.

—Algo así, estaba esperando a Sasori, cuando vi esa luz, es perfecta para una obra en la que estoy pensando.

Sakura le sonrió, el cansancio era evidente en sus ojos, pero aun así seguía viéndose hermosa.

—Tiene una cirugía, ¿vienes por la revancha del premio?

Deidara rio.

—No creo que eso sea tan importante.

Ella le dio una mirada inquietante, entrecerrando los ojos.

—Deberíamos hacer un equipo contra él, tú lo fastidias en el arte y yo en el hospital.

—¿Ya comenzó con la rivalidad?

Sakura le asintió con una sonrisa.

Ella comenzó a caminar, dejando a Deidara atrás. Él sonrió, ella era todo un enigma para él. Caminó hacia Sakura y le habló.

—Deberíamos hacer equipo más seguido—. Dijo Deidara.

Ella se giró para mirarlo. Deidara vio el esfuerzo sobrehumano que ella estaba haciendo para permanecer de pie.

—¿Quieres que te lleve a casa?

Sakura estaba demasiado cansada para discutir. Solo logró asentir y Deidara tomó su gran mochila, se la puso al hombro y comenzó a caminar con ella.

En silencio llegaron al convertible de Deidara. Él le abrió la puerta y ella se dejó caer en el asiento, se puso el cinturón y apoyó su rostro en él.

Deidara entró al auto y arrancó. Su plan no estaba saliendo como él esperaba, pero le hacía feliz tener su compañía.

—Entonces— comenzó Sakura. —¿Por qué estás aquí?

Él vaciló, a través de los lentes oscuros la miró.

—¿Sales con alguien?—. Preguntó Deidara.

Sakura rio por lo bajo.

—No.

Él se detuvo en un semáforo en rojo.

—Tampoco yo.

Sakura se acomodó en el asiento. Y miró a Deidara. Era un ser hermoso, su piel apiñonada y su cabello rubio lo hacían ver angelical.

—El hospital donde trabajas ha sido renovado tres veces por la misma constructora, creo que será un buen desafío para probarme como arquitecto.

—Deidara, ¿qué ocurre en realidad?—Dijo ella sonriéndole.

—Está bien, no quiero que te parezca extraño y juro que no quiero sonar como un cliché, pero no dejo de pensar en la noche que estuvimos juntos.

Sakura no se esperaba eso, ella pensaba que Deidara lo olvidaría, igual que ella.

—No significó nada, lo sé, pero ¿por qué no lo volvemos a hacer?

Ella irguió su espalda, no negaba que a veces su subconsciente la traicionaba y sus músculos abdominales se contraían al pensar en Deidara encima de ella.

—Eres un espíritu libre ¿no?—. Dijo Sakura. —Sin compromisos.

—Seamos libres, te enseñaré la esencia de un espíritu libre.

Ella le sonrió. La idea no sonaba nada mal, de hecho, era brillante. Era solo sexo, divertido, placentero y ardiente.


Invierno

Sakura recibió un mensaje de texto:

D: ¿quieres pasar las fiestas conmigo? Prometo deliciosa comida y entretenimiento nocturno.

Sakura rio al leerlo, el día a través de la ventana era muy frío, de atmósfera blanca, como si estuvieran en una bola de cristal. Ella estaba sentada en un comedor pequeño con una taza en sus manos. En la casa un delicioso aroma a comida casera inundaba el lugar.

—Creo que al final sí pasaré las fiestas con alguien.

Kakashi estaba en la cocina haciendo los últimos detalles del desayuno. En su hombro tenía una toalla de cocina.

—Me alegra. ¿Ino te invitó?

Kakashi acercó ambos platos a la mesa y tomó asiento frente a su invitada.

—No—. Sakura le dio un trago a su taza. —Es un hombre.

Kakashi entendió de inmediato.

—¿El rubio que salió de tu apartamento el otro día?

Ambos se miraron en una complicidad graciosa, Kakashi había visitado a Sakura sin avisar un día y encontró a Deidara yéndose de su casa muy temprano por la mañana.

—Así es.

—¿Es algo serio?

—No, creo que por eso me gusta.

—Extraño tanto mis veintes—. Dijo Kakashi en un suspiro.

Ella rio

—Este es el mejor desayuno que has hecho.

Kakashi y Sakura tenían una tradición de desayunar juntos los veinticuatro de diciembre, la razón era porque Kakashi pasaba las fiestas con su padre y su familia. Sakura había ido a muchas fiestas con Kakashi cuando era niña, las fiestas de Año Nuevo eran de Tsunade. Y eran muy divertidas, su familia era una locura.

—Cada año dices eso de mi desayuno.

—Cada año mejoras.

Continuaron hablando toda la mañana, Sakura sacó de su mochila del hospital un regalo para Kakashi. Él se emocionó y lo abrió rápidamente, era un reloj y una novela.

—No me quedé atrás—. Dijo Kakashi.

Kakashi subió a su cuarto y bajó con una caja pequeña. Era un juego de esclava y collar, tenía sus iniciales grabadas.

Sakura y Kakashi terminaron el desayuno y ella se alistó para irse. En la puerta Sakura le dio un cálido abrazo que decía más que las palabras expresadas.

—Divierte con el artista—. Kakashi abrió la puerta para dejar salir a Sakura. Había nieve en el exterior, el aire frío era visible. Cuando Sakura llevaba un largo camino recorrido le gritó.

—¡Y usa protección!

Algunos vecinos vieron con sorpresa a Sakura y a Kakashi. Ella le dio una mirada molesta, pero después comenzó a reír y se despidió con la mano.


Primavera (actualmente)

Deidara pasó su mano por el rostro de Sakura, ella tenía un ligero rubor en sus mejillas.

—¿Me darás una respuesta?

Sakura acercó su rostro hacia él.

—Somos espíritus libres, me enseñaste eso.

Él le sonrió.

—Tú te mereces más, puedo darte más.

Ella veía la seriedad en sus ojos.

—Ven a la boda conmigo, como una pareja de verdad. Seamos reales.

Ella se acercó a él, su mente estaba confundida, deseaba tanto a Deidara y estaba acostumbrada a disfrutarse con él, nunca le había pasado por la mente que él quisiera formalizar. Deidara se acercó al cuello de Sakura, mordiendo su piel y después acariciando con su lengua, tomó su rostro con ambas manos y no pudo evitar perderse en su mirada,

—Quiero amarte—. Dijo Deidara.

Sakura se quedó sin palabras, cerró los ojos cuando sintió a Deidara aproximarse a ella, su cuerpo caliente la excitaba, su vigorosidad era asombrosa, el comenzó a moverse dentro de ella, sus caricias eran bellas y sus movimientos eran placenteros. Sakura se dio cuenta que Deidara la estaba amando.


Al día siguiente por la mañana Sakura salió de la ducha, frotaba una toalla por su cabello, se miró en el espejo empañado y sonrió a sí misma, a pesar de todas las confusiones que estaba experimentando, agradecía estar con las personas que quería, rogó al cielo que pudiera tomar una decisión correcta.

El teléfono de Sakura sonó, ella vio el nombre de Deidara y contestó de inmediato.

—Sé que es tu día libre, y me siento mal por querer robártelo. Pero te tengo una propuesta.

—Es increíble que nunca tienes suficiente—. Dijo ella riendo. Sakura pudo escuchar la refrescante risa de Deidara a través de la línea.

—Tampoco tú, doctora—. Él hizo una pausa. —Ven conmigo a un proyecto que tiene la escuela de arte, te gustará.

Sakura pensó con detenimiento, su día libre pensaba dedicar en estar en ropa de dormir y leer en todo el día.

—De acuerdo—. Dijo ella, después de un minuto.

—Pasaré por ti en un rato, te recomiendo llevar ropa que no te moleste pintar.

Ella sonrió al colgar. ¿Lo estaba imaginando? Por fin tendría una cita de día con Deidara. Era una sensación extraña, muy nueva. Sin embargo, pensaba que aún eran amigos -con derechos- pero al final amigos.

Deidara llegó a la hora que prometió, el rubio usaba sus clásicos lentes oscuros, su cabello rubio caía por su cuello, era angelical, y tenía un carisma irresistible. Sakura se preguntó cómo habría sido Deidara cuando era más joven.

Ella subió al auto y emprendieron un viaje por la carretera, Sakura no se esperaba nada de eso. En todo el viaje conversaron de muchas cosas, Deidara estaba encantado con esa cita, uno de sus pensamientos era qué tal vez ellos no funcionaban para otra cosa más que tener sexo, pero no era así, su química sobrepasaba eso. Él pensaba que incluso podrían tener una conexión.

Sakura lo miró, él estaba concentrado en la carretera, aún era muy temprano.

—¿A dónde vamos?

—No eres paciente. Verás, alguien está llevando una de mis obras a un lugar de escasos recursos, algunas personas ofertaron por ella, pero decidí donarla...

Sakura sonrió, Deidara era una caja de sorpresas. Por alguna razón Sakura pensó en Sasuke, la confusión volvió a invadirla, el altruismo era algo que tenían en común Deidara y Sasuke.

—Pudimos venderla y dar el dinero a esa comunidad, pero preferimos darles la pintura para que los interesados vieran con quien trataban e intentar llamar la atención de más benefactores.

—Astuto—. Dijo Sakura.

—Y talentoso, no lo olvides.

Cuando llegaron al lugar, encontraron un sitio rodeado de naturaleza, las casas eran pequeñas, Sakura vio a algunos niños jugando, el sitio era humilde, sí, pero lleno de alegría. Los adultos mayores charlaban entre ellos, vigilando a los niños. Por alguna razón Sakura se sintió como en casa, ella había sido muy afortunada por tener a su madre, y la hubiera escogido mil veces más a escoger lujos y grandes propiedades.

—El artista llegó—. Dijo un hombre aproximándose a Deidara.

—Jovencito, es brillante tu idea, el mundo necesita más artistas como tú.

Deidara sonrió y estrechó la mano del caballero y de otros hombres que se acercaron. Él presentó a Sakura, los hombres le dieron una mirada a Deidara de complicidad. Conocían al rubio desde hace tantos años y nunca había salido con alguien formalmente. Estaban felices por él.

Deidara comenzó a trabajar y Sakura lo observó, él iba de un lado a otro juntando a los niños para darles un taller muy divertido sobre la pintura y el arte. Sakura se asombró con la pasión con la que hablaba de la historia del arte, el cómo tomaba con tanta delicadeza un pincel. Los niños lo imitaban, Deidara disfrutaba de eso.

Una mujer mayor, que residía en ese lugar se acercó a Sakura.

—El joven Deidara hizo algo muy noble, estamos muy agradecidos.

Sakura sonrió.

—Sí—. Contestó ella, como si estuviera en un encanto.

—¿Usted también es artista?—. Preguntó la mujer.

—No, pero sería un sueño serlo. Deidara ha intentado a que aprenda a pintar desde hace tiempo, pero soy muy mala—. Dijo Sakura.

—Entonces es su pareja—. Dijo la mujer sin más.

Sakura estaba a punto de decir algo. Pero antes de eso observó a la mujer con detenimiento, estaba muy acalorada y noto como respiraba con lentitud.

—De hecho, soy médico, ¿quiere que la revise?

La mujer le sonrió y asintió. Sakura caminó junto a la mujer a un lugar que servía como clínica cuando el servicio de salud se dignaba a venir hasta ahí.

La pelirrosa llevaba un equipo básico de primeros auxilios. Revisó a la mujer y con una mirada se dio cuenta del problema.

—Lo mejor será hacer laboratorios, le dejaré este papel, ya están cubiertos los análisis, mientras tanto puede tomar esto—. Sakura le dio un frasco que estaba en la clínica del pueblo.

—Qué afortunado es el joven Deidara, usted cuida de él y de su corazón—. Dijo la mujer.

Sakura no se sintió mejor con eso.

—Conocimos al joven Deidara por un proyecto que tenía su constructora, ha hecho mucho por nuestras viviendas.

Sakura continuó revisando la presión de la mujer, era una suerte que dejaran todo el equipo médico en el rústico centro de salud.

—Es un hombre tan sensible, supongo que por eso usted está enamorada de él.

—Ah, yo...

La mujer sonrió, podía ver el nerviosismo de la joven médico.

—Bueno, pero ¿qué puedo decir yo? Solo soy una vieja—. La señora rio. —Solo digo lo que veo, el joven Deidara no dejaba de verla. Me hace feliz, él es tan bueno.

Sakura terminó de revisar a la mujer, y agradeció la charla.

Deidara estaba afuera del centro de salud, tenía su camisa manchada de pintura y sus pantalones tenían algunas rasgaduras.

—Mi equipo terminará el taller, deberíamos irnos ya para que puedas dormir temprano—. Dijo Deidara.

La mujer caminó hacia el corazón del lugar, sin antes darle un caluroso apretón de manos y su infinita gratitud hacia Deidara.

—¿Nos vamos?

Deidara le ofreció su mano a Sakura. Ella estaba en shock. La confusión era persistente, no podía dejar de pensar en lo que haría, sin embargo, tomó la mano de él y caminaron juntos hacia el auto.

A la mitad del viaje en carretera, el sol ya se había puesto. Sakura estaba sentada con sus piernas en el asiento, llevaba dormida un rato, el rubio se conmovió con la escena.

Deidara reconoció el sitio por el que estaban a punto de pasar. A lado de la carretera había un gran barranco, que estaba protegido con vallas de madera y había un sitio para aparcar. Él se estacionó ahí.

—Hola—. Dijo Deidara, despertando a Sakura. —Quiero que veas algo.

Sakura abrió los ojos con lentitud y trató de reconocer el lugar en el que estaban, los dos salieron del auto y contemplaron la escena que se estaba formando, el sol consumiéndose, dando lugar a la fría noche.

—En este lugar fue mi accidente hace un año. Después de eso supe que tenía que cambiar algunas cosas en mi vida. Poco a poco lo estoy logrando—. Dijo Deidara, y Sakura se asombró, ella no esperaba jamás ver a ese Deidara tan honesto.

—Tu eres una de las personas que me han ayudado a llegar a ese cambio—. Él se acercó a ella, podía ver la piel de Sakura erizándose por el frío. Él se sacó el suéter por la cabeza, su camisa se levantó , dejando ver la cicatriz que Sakura tantas veces había visto, la que ella le había hecho.

—Tú me preguntaste sobre mi libertad y no supe qué contestarte, ahora lo sé: soy libre cuando estoy contigo.

Sakura miró a Deidara, ella estaba atónita, no podía creer el cambio tan grande, cuando lo conoció, un tipo de corazón duro y en ese momento le estaba dando una declaración de amor tan hermosa.

Él le puso el suéter por la cabeza, Sakura metió sus brazos y Deidara sacó el cabello de ella que estaba dentro del suéter. La tomó por la nuca y la besó.


Cuando Deidara dejó a Sakura en su edificio ella se despidió desde la puerta, Deidara le lanzó un beso desde su convertible, ella le sonrió y se metió, la noche era fresca. Sakura subió las escaleras, conforme avanzaba sus pensamientos la envolvían, no sabía qué era lo que haría después.

Llegó a su apartamento y se asomó por la ventana para ver si Deidara seguía ahí. Él ya se había ido. Paseó pensativa por un rato por su apartamento. Pensó que tenía que pedir un consejo. Sakura tomó su teléfono y marcó.

—Hola, sé que es tarde...

—¿Qué sucede?

—¿Estoy interrumpiendo tu lectura de Icha-Icha?

Kakashi rio del otro lado de la línea.

—Me conoces bien niña. ¿Qué pasa?

—Creo que estoy confundida...