Aquí el siguiente capítulo, espero les gusta y lamento mucho la tardanza, había puesto días para actualizar, pero se me hace difícil seguirlos, ni siquiera puedo comprometerme ahora.
Espero les guste.


...


— ¡Imposible! —por supuesto, lo que le esperó al día siguiente fueron negativas a su alrededor, sabía que sus palabras sonaban cobardes.

Y eso era algo inadmisible para estos hombres y mujeres.

—Sólo eres un mocoso, no puedes tomar esas decisiones. —uno de los hombre alzó la voz; se hizo un silencio luego de eso, muchos estuvieron de acuerdo con el arrebato.

— ¿Y quién lo hará? —Itachi había perdido hacía horas cualquier pretensión infantil que tuviera. — ¿Mi madre? Tiene todo el cuerpo vendado y no puede hablar sin llorar por mi hermano. —su tono fue más ácido de lo que el mismo esperaba. — ¿o tú? ¿Sabes algo que yo no? ¿O prefieres ir con todos a un suicidio colectivo?

— ¿Por qué no? —habló alguien más. —Así es cómo lo hacemos. Huir sería humillarnos y aceptar la derrota.

Eso recibió sonidos de aceptación.

Kazu y Iori a su lado tenías rostros oscuros, no muy felices por las palabras de los hombres. Sin embargo podía entenderlos, el 'cargo' de su padre era uno que se ganaba, él no podía esperar a ser bien recibido sólo por el respeto a Hiroshi, tratarlo como un joven maestro era una cosa, un líder era algo completamente diferente.

Se quedó en silencio ignorando las voces a su alrededor, pensando cómo convencerlos, pero cualquier razón que encontraba sólo sonaba a excusas, y tal vez lo fuera, tuvo que reconocerlo. Itachi nunca se había preocupado por el buen nombre o el respeto que le tuvieran, lo más cercano que tuvo a ello fue cuando estuvo con los akatsuki, pero ellos no solían tener relaciones con nadie más. El bajo mundo de Japón era relativamente más político.

—Joven maestro. —Las palabras de Iori lo sacaron de sus pensamientos, los rostros inconformes lo rodeaban. No podía hacer mucho.

—No los obligaré a seguirme. —pudo ver caras de sorpresa. —Necesito estar vivo para lograr mi venganza, y no lo lograré si sigo aquí. —se levantó y los miró con seriedad. —Quienes se queden, morirán o nos traicionarán para estar vivos. —Kazu se puso de pie a su lado. —Quienes vengan conmigo tendrán prohibido ayudarles o nos pondrán en riesgo. —Iori ocupó el lugar al otro lado. — Cada uno puede tomar su decisión, pero esta es mi advertencia, la decisión que tomen es definitiva.

Salió de la habitación dejando rostros sorprendidos.

— ¿Por qué es una decisión definitiva? —Kazu preguntó cuándo estaban solos los tres.

—Estoy seguro de que alguien nos traicionará llegado el momento. —Itachi no se sentía cómodo con lo que había dejado atrás en esa habitación. —no tendremos la capacidad de manejar topos. —su sien empezó a doler de nuevo. —Aunque haya quienes sean realmente nuestros no puedo arriesgarme, deben tomar una decisión y estar dispuesto a llegar hasta el final por ella.

Él no podría ayudarlos después de eso.


— ¿Estás seguro de tú decisión?

Aizawa no se volteó para ver a Present Mic.

—Sí.

Su acompañante y autonombrado amigo, no parecía sorprendido o herido por su mal humor.

—Pero, ¿Un niño? —lo escuchó sentarse. —era información importante, ¿y se la diste a un mocoso?

—Será más inteligente usando esa información que esos viejos estúpidos. — lo ancianos sólo intentarían asegurar su lugar, sabía que el niño iría hasta el final, tenía ese tipo de personalidad. Finalmente se volteó irritado. — ¿Por qué no dijiste todo esto antes?

— ¿Qué? Sólo confié en mi astuto amigo. —El hombre le sonreía. —Pero eso no cambia que es sólo un niño.

—No lo será para siempre. — volteo de nuevo, si seguía mirando a su acompañante intentaría romperle algo.

—Tendrán que esperar un buen tiempo. —Present Mic parecía impresionado. —No pensé que fueras tan paciente.

—Si tengo que serlo. —se levantó irritado, su día se había arruinado. —no vemos.


Itachi se llevó una sorpresa mayúscula cuando al otro día, la mayoría de los hombres de su padre decidieron seguir sus planes, había pensado que serían mucho más tercos. El par de hombres que lo seguía en todo parecía orgullosos mientras le contaban cómo estaban las aguas en el grupo.

— ¿Me perdí de algo? —Iori a su lado sonrío divertido.

—Parece que les gustó cómo les hablaste.

— ¿Son masoquistas? —Itachi no había sido particularmente amable. Había esperado que algunos se ofendieran y dieran un paso atrás, no esto.

—Tal vez. —Kazu se acercó a su otro lado. —Puede que seas pequeño e incluso un niño, pero eres tan tenaz como tu padre.

—Eso es algo que ellos pueden respetar. —Iori finalizó.

Raros.

Asintió aliviado, raros o no, era un tema menos del cual preocuparse; no quería ver morir a todos esos hombres, aunque le llevaran la contraria e incluso si fueran groseros con él, no quería que murieran, eran hombres fieles a su padre, y merecían su respeto.

—Perfecto, ¿está todo listo? —caminó de nuevo a la sala de reunión. —Necesito dar las tareas lo más rápido que podamos. Cada día que pase estamos en peligro.

—Sí joven maestro.

Tanto Kazu como Iori parecían entender el nivel de gravedad.

El grupo que lo esperó era bastante grande como había predicho Iori, faltaban algunas personas pero no era algo que pudiera cambiar.

—Bien, empecemos.


Pero debió saberlo, nada sería sencillo.

Esa noche todas las familias yakuzas de la ciudad recibieron un 'regalo', la familia Fugaku no fue la excepción.

Itachi sintió como si su mundo que ya estaba de cabeza había girado de nuevo, con igual brusquedad y crueldad.

—Joven maestro... — Iori abrió de nuevo la boca pero no pudo decir nada, sus ojos rojos delataban su aparente calma.

Kazu hacía rato había salido de la habitación, aunque era más correcto decir que lo habían sacado a la fuerza temiendo que su reacción afectara aún más a Itachi.

Él mismo se veía tranquilo, como si la caja que había en su escritorio no contuviera la cabeza de su padre, como si no supiera que las demás partes de él estaban en los escritorios de las otras bandas de la ciudad, como una advertencia para quienes pensaran llevar la contraria.

Sus manos temblaban, las había apretado con fuerza hasta que la sangre goteaba al suelo, ni él ni nadie en la habitación le tomó importancia.

Por un momento realmente consideró seguir la idea inicial de los hombres de su padre y sólo ir en un ataque suicida. Pero la parte racional que lo había acompañado desde su vida anterior le insistía en que no lograría nada así, ni siquiera venganza.

— ¿El plan es el mismo? —Iori habló con voz monótona, lo conocía lo suficiente para saber que su rabia había llegado al punto en que no sabía cómo manejarse.

Itachi no miró los ojos de nadie, pensando en las expresiones de anhelo de seguir un ataque loco que los llevaría a una muerte temprana, su respuesta no sería muy bien recibida.

—Sí. —Esa sola palabra paso como lija por su garganta; suspiró sintiendo como si su energía se drenara después de hacer algo que no quería pero debía hacer.

—Bien. —los ojos que había cerrado se abrieron con sorpresa, los rostros que había esperado ansiosos de sangre lo miraban con ojos solemnes.

— ¿Qué? —se sintió tonto cuando lo dijo pero no era la reacción que pensó que tendrían.

—Aunque siguiéramos al jefe hasta el infierno, sigue siendo tu padre. —Iori le dio una sonrisa forzada— si incluso tú puedes tener la cabeza clara en este momento, nosotros no deberías defraudarte.

—No creo que tenga la cabeza clara. —su voz sonó ronca. Iori asintió.

—Lo sé. —puso una mano en su cabeza, la palma cubrió toda la parte superior recordándole lo pequeño que era aún. —ve a descansar, aunque sé que quieres hacerlo, déjame darle la noticia a tu madre.

Itachi sentía que era su responsabilidad, pero viendo el rostro preocupado de todos a su alrededor se permitió, aunque tal vez no se lo mereciera, esta indulgencia.

—Gracias.

Iori pareció aflojar su gesto tenso ante su palabra.

—Descansa.


Itachi por supuesto no pudo dormir, pasó la noche en la habitación de una casa de seguridad.

Cambiando su plan, permitiéndose modificar ciertas cosas que habría necesitado para intentar liberar a su padre, con pesar dejó de lado esas ideas, sabiendo que necesitaba centrarse en lograr que su madre encontrara algo por lo cual querer seguir viviendo.

Para su inquietud no estaba muy seguro de que él fuera suficiente para que ella quisiera reponerse.

Si bien en cualquier otra circunstancia lo habría pensado, con los golpes continuos que su madre había recibido en las últimas horas, ya no estaba tan seguro.

—Joven amo. — la voz de Kazu lo sacó de sus pensamientos, notando que los rayos de sol entraban sutilmente a la habitación.

—Sigue. —cuando Kazu entró seguido de Iori se dio cuenta de que se había confiado por la voz que escuchó.

Cuando el par lo vio sentado en una cama sin signos de haber sido usada, con la misma ropa del día anterior y con unas más que posibles bolsas bajo los ojos, incluso el afable Kazu tuvo su rostro oscurecido. Iori por otro lado era más directo.

—Joven amo. —se acercó y lo miró con una sonrisa que no llegó a sus ojos. —Creo que la última palabra que dije anoche fue 'descansa', ¿estoy en lo correcto?

Itachi estaba tenso como si hubiera hecho una travesura y lo habían descubierto; pensando sobre ello, la situación era algo así.

—Bueno, sí. —su voz se hizo suave cuando terminó la segunda palabra.

—Entonces respóndeme. —su sonrisa se veía aún más falsa. — ¿descansó?

—… ¿tal vez? —su respuesta, que sonó como una pregunta, pareció irritar más al par.

—Espero que ésta sea la última vez. —Iori habló con seriedad. —si ocurre de nuevo, me meteré en la cama hasta que se duerma.

—Eso sería incómodo y tampoco podría… dormir. —Itachi se sentía un poco avergonzado de que su voz se perdiera de nuevo, no sabía el nivel de sano respeto que le tenía a Iori, era como un abuelo que cuando hablaba lo escuchabas aunque no gritara, sólo que a Iori le faltaban unos 40 años para verse como un abuelo.

— ¿Entendido? —su voz lo devolvió a la realidad.

—Sí señor. —su respuesta fue instantánea y entonces lo miró con algo parecido a la queja. —se supone que soy el joven maestro acá, ¿sabes?

Kazu se rio desde la puerta llamando su atención.

—Él te obedecerá y seguirá en todo, pero tu salud es primero, incluso que tus deseos. —se acercó y le dio una palmada suave que lo sacudió. —Estarás cansado pero no podemos dejarte dormir, tienes que acompañar a tu madre.

El gesto de Itachi se apretó de nuevo. Asintió con desgano.

—Estaré allí en un momento.

Entró al baño bajo las miradas preocupadas, se roció agua en el rostro con pensamientos amargos.

Por mucho que quisiera la realidad no cambiaría, ya había pasado por eso, horas, días y semanas de desear que todo fuera un mal sueño de esperar despertar y ver la cara agria de su padre, la amable de su madre y la inocente de su hermano.

Pero desearlo no había cambiado nada.

Y ésta vez tampoco lo haría.

Se miró al espejo, su infantil rostro se veía inusualmente serio, casi enojado.

— ¿Joven maestro? —la voz preocupada de Kazu llamó desde la puerta.

—Un momento. —siguió mirando al espejo.

Ese día iniciaría su plan de venganza, no estaba cerca, pero lo lograría. Había aprendido a tener paciencia.


...


Y aquí termina el capítulo, también termina la primera parte de esta historia, ¿supongo que es el primer arco?
Demoré más de lo que tenía planeado en un inicio para que Itachi creciera, en primer lugar no tenía planes de hacer de su infancia algo muy profundo, pero el camino por el que fue acabó gustándome.
Debo decir que dude mucho sobre hacer o no hacer ese último golpe a Itachi, pensé que eran demasiadas cosas malas para pasar, pero también pensé que la vida no funciona así, las cosas malas no dejan de pasar porque sea demasiado o no, y al final este fue el resultado.
Aún no decido cuántos años pasarán, así que ese dato lo descubrirán la próxima vez.
¡Nos leemos!