Los personajes del Origen de los Guardianes pertenecen a Dreamworks Animation y al creador original de los libros William Joyce. Esta historia es sin fines de lucro y sólo como entretención.


Te hubiese gustado acercarte a él con una postura decidida, desprendiendo una confianza y burla que haría al chico vomitar de la indignación. Sin duda era una gran oportunidad para hacerlo enfadar pero… pero esa noche había otras prioridades.

Te acercaste a la mesa, teniendo siempre cuidado de no forzar tu pierna lastimada y procurando jamás verte débil ante él. Lo cual era difícil. Jamie no te había perdido de vista ni por un segundo, observaba cada uno de tus movimientos, pero no dijo nada, ni para burlarse, ni para quejarse por tu decisión de sentarte frente a él.

Y tú tampoco mencionaste palabra alguna, pese a que tenías varias ideas rondando por su cabeza.

No pudiste evitar pensar en los Guardianes. Si ellos estuvieran ahí y los hubieran visto a ambos, sin duda estarían tomándoles la temperatura, preocupados de que alguna enfermedad los hubiera llevado a caer en la demencia. Tú y Jamie jamás perdían la oportunidad de herirse, por lo que aquella situación era bastante inusual, hasta te arriesgabas a pensar que incluso parecía ir en contra de la naturaleza de ambos, pues sólo se miraban en silencio, expectantes, tal vez ansiosos de querer saltar a cortar el cuello del otro, pero obligándose a mantenerse quietos, como perros falderos que sin duda no eran.

No supiste cuanto tiempo había pasado, pero el contacto visual que habían estado manteniendo se vio interrumpido cuando tu estómago comenzó a gruñir. Esperabas que Jamie no hubiera escuchado, pero esa pequeña sonrisa que apareció en su rostro te indicó que tu repentina hambre no había pasado desapercibida.

Sin más preámbulos desviaste tu mirada hacia las manzanas. Extendiste el brazo para tomar una, pero apenas ibas a agarrar la fruta Jamie la apartó.

«Maldito idiota»

—¿Vas a molestarme otra vez? —preguntó, bastante serio y decidido. Tú sólo le sonreíste.

—Si lo pides no es divertido.

Él rodó los ojos. Tú dejaste de forzar la sonrisa.

—Sólo si te pones imbécil.

Y miró hacia el cielo por un momento, como si le suplicara a una divinidad que le otorgara paciencia.

—No puedo esperar más de ti. —murmuró finalmente, haciendo rodar la fruta para que la agarraras con tu mano.

—Ni de ti, te es difícil no ser idiota.

—Oh, qué lástima.

—Una pena.

—Me haces llorar.

Esta vez el silencio que compartieron fue tenso. No se molestaron en disimular, se miraron con desdén, e incluso tú le sonreíste, sabiendo perfectamente que eso lo irritaba por completo.

Pero el chico no se marchó.

Y tú tampoco lo hiciste.

En ese punto, comprendiste que Jamie debía de estar demasiado desesperado si estaba dispuesto a desvelarse contigo. Y lo peor, era que tú te encontrabas igual, no por nada controlabas tu lengua que estaba deseosa por soltar algún comentario que hundiera una estaca en su corazón.

—Me sorprende que no te hayan echado. —Le dijiste, luego de haber terminado de comer.

Si bien era cierto que no querías pasar la noche sola, el estar todo el tiempo en silencio sólo provocaría que ambos terminaran rindiéndose al sueño. Y dado que ambos no estaban dispuestos a desvelarse en soledad debías de aprovechar la oportunidad para sacar información.

Y mientras esperabas la respuesta estuviste atenta a cada movimiento o expresión facial que hiciera.

Pero nada.

O al menos nada que pudieras ver.

—No te echan a ti y me van a echar a mí. —Terminó por decir, son cierto tono jocoso que te hizo molestar.

—¿Qué insinúas?

—Creo que fui lo bastante directo. —Y sonrió, causando el mismo efecto que tu sonrisa provocaba en él.

—Ja, ja.

Como odiabas verlo sonreír.

Pero no le darías en el gusto.

Inhalaste y exhalaste, manteniendo en tu cara una expresión serena.

—Dime una cosa, cuando tú estabas afuera del árbol, esperando… ¿realmente hacías eso?

Frunció el ceño.

—Según tú, ¿qué otra cosa podría hacer aparte de esperar a que mis amigos volvieran sanos y a salvo?

—Esperarme a mí.

—Claaaro. —dijo rodando los ojos— Que delirante, ¿en qué mundo vives?

—En uno donde hay una cabaña que no le agradan las Sombras, por algo ahora no estás durmiendo con tus amiguitos.

—Ellos saben que fui al Campamento de Sombras.

—Sí, y fuiste una Sombra, ¿pero les contaste que lo continuas siendo?

Lo habías sorprendido y acorralado. Hubieras deseado tener una cámara para inmortalizar el momento, se había quedado sin palabras. Y una parte de ti quiso seguir destrozándolo, pero la otra parte te recordó que, a pesar de haber hecho una "tregua", está nunca fue acordada y Jamie en cualquier momento se podría marchar.

—Eso me suena a un no.

—Cállate.

Desvió la mirada, e incluso apoyó su espalda en la silla, buscando estar lo más alejado de ti.

Pero no se fue.

—No me harás callar, estar sólo mirando tu estúpida cara me da sueño, y ambos sabemos que si uno de los dos se duerme nos espera una muerte horrenda.

—Horrenda es decir poco. —murmuró, en un tono de voz tan lúgubre que te dio escalofríos.

—No me vas a volver a engañar… —Alzaste la barbilla, mirándolo totalmente decidida— Estoy segura de que sabes que no es así, pero estás intentando ponerme paranoica, igual que hiciste con los crujidos.

—¿Y asustarte? —Volvió a posar su mirada en ti, serio— ¿En qué me ayudaría que tuvieras miedo?

—No lo sé, sentí bastante miedo con los crujidos. —Y entonces entrecerraste los ojos— ¿O es que acaso planeabas que tuviera miedo para que la cabaña me matara?

—¿Qué te ma…? ¡¿Qué?! ¡¿Por qué clase de maniático me tomas?! —dijo, indignado y enojado a partes iguales.

—No lo sé, sólo digo los hechos como fueron.

Miró hacia el techo por unos segundos, suspirando, reuniendo toda su paciencia antes de volver a mirarte a los ojos.

—Yo no sabía que tan malo era la situación hasta que te volviste loca con Jack.

Lo señalaste.

—Pero lo sabías.

—Sí, sabía algo. Pero no fue hasta que perdiste la cabeza que me contaron lo peligrosa que puede llegar a ser la cabaña con las Sombras.

—Que inteligentes, esperaban que muriera.

—No.

No le gustas —remedaste, chillona— ¿Qué clase de advertencia es esa?

—Supuestamente sólo te iba avisar cuando las Sombras tuvieran miedo. Los crujidos son inofensivos.

—Pero si eres una Sombra queriendo atacar te delatan. —reflexionaste, Jamie asintió a tus palabras.

—Sí. Pensamos que sólo sería eso, pero con lo que te pasó… Hada descubrió que no es tan así.

—Quien sea que hizo está cabaña es alguien muy psicópata.

—Una trampa para psicópatas, creada por una psicópata. —Sonrió, pero notaste que no fue natural.

—Sí… una trampa perfecta para nosotros.

—Para ti querrás decir. Yo soy diferente.

—¿Diferente en qué?

—No me dejo consumir por el miedo. —dijo retador.

—Dirás: luchas para no ser consumido por el miedo.

—Desde que crucé el portal, ninguna de mis pisadas crujió.

—Oh, te mereces un aplauso. —Y aplaudiste una vez.

—De hecho tienes razón, te estaba esperando porque en caso de que esta súper cabaña me descubriera, tus pisadas ibas a cubrir las mías… pero ya ves, no fue necesario. —Sonrió, tú lo miraste ofendida.

—Ya decía yo, Jamie no es más que una farsa. —dijiste cruzándote de brazos.

—Una farsa culpando a otro de una farsa, que interesante.

Y no perdía su estúpida sonrisa.

—Yo admito que soy una Sombra, los Guardianes lo saben, pero tú lo ocultaste. ¿Y sabes qué? No sé como mierda ellos piensan que dejaste de serlo.

—Porque confían en mí y en lo que les digo.

—¿Y qué? Una Sombra nunca deja de ser una Sombra, por más que pierda su rango, por más que haya sido expulsado o deserte, ¿o por qué crees que matan a los que se van?

—A mí no me mataron, tonta.

—Porque estás con los rebeldes, tonto. —Le dijiste burlesca, sonriendo como si lo hubieras hecho darse cuenta de que era un idiota. Pero él no perdió su sonrisa.

—¿Por qué crees que dejé de juntarme con ellos? Tonta.

—Igual sigues teniendo contacto con ellos, tonto.

Dejaron de hablar.

¿En qué momento habían empezado a sonreír?

Es más… ¡¿EN QUE PUTO MOMENTO SE LES HABÍA SOLTADO LA MALDITA LENGUA?!

Te tapaste la boca, mirando sorprendida a Jamie, quien estaba igual de confundido que tú.

¿Qué había pasado?

—¿Qué mierda hiciste?

—Yo no hice nada —Te respondió, apoyando sus manos en la mesa para remarcar sus palabras— ¿Por qué asumes que todo lo malo que te pasa es por mi culpa?

—Porque es verdad, todo lo malo que me ha ocurrido estos últimos días es gracias a ti. —dijiste apoyando tus manos en la mesa, acercando más tu rostro a él.

—Pues vete, ¡nos harías un gran favor!

—Lo haría si pudiera.

—Claro que puedes, a mí no me engañas, puedes caminar y no necesitas dirección para irte a la mierda.

—Que cretino más cínico. —Te alejaste de la mesa para utilizar tus manos y levantar tu pierna lastimada— ¿Se te olvida quién fue el pendejo que me hizo mierda la pierna?

Jamie te iba a responder, pero en ese momento pareció reaccionar.

—Está pasando de nuevo. —susurró.

Tú recién caíste en cuenta de a qué se refería.

—Esto está mal.

—No sé si mal… es que no se qué fin tiene. Ni cómo sucede. Estaría más tranquilo sí…

—Si supiéramos eso, pero no. —Lo interrumpiste— Y eso es lo que quiere Doña Cabaña, asustarnos, ¡que nos de miedo! ¡Pánico, pánico!

Jamie asintió.

—Tienes razón, lo mejor es quedarse callados.

—Es una grandísima idea. —dijiste sorprendida.

—Pues claro.

—Jamás se me hubiera ocurrido.

—Me harás sonrojar, no estoy acostumbrado a que…

—¡Está pasando de nuevo! —Lo interrumpiste, con ganas de revolverte el pelo por toda la situación.

Jamie pasó una mano por su cara.

—Por la Luna, no puedo creer que te iba a decir eso…

—Mira, no importa, tú idea de verdad me pareció buena. Desde ahora ninguno habla.

—Sí, estoy de acuerdo.

—Pero deja de hablar.

—Deja tú de hablar.

Ibas a responderle, pero el chico rápidamente te entregó una manzana. Él se había apresurado a comer una también.

Lo imitaste, con la boca llena no tendrían tiempo para hablar. Y eso era bueno, no querías admitir por segunda vez en voz alta que habías encontrado que Jamie Bennett tuvo una buena idea.

Pero lamentablemente, terminarías por hacerlo. Más pronto de lo que creías.


—Jaaaamieee, ¿sabes? Fue su-su-su…

—Súuuper. —Te dijo, con su cabeza apoyada en su mano.

—Seh, súuuuuper la idea de comer manzanas para no hablar, fue una geniaaal idea.

—Seh. —Sonrió.

—Pero creo que las manzanas nos hacen esto. —dijiste por lo bajo, como si alguien los fuera a espiar.

—También pensé lo mismo, pero luego me dije… naah, es una estupidez, o sea… ¿por qué…? ¿Por qué una manzana haría eso?

—No fue una —Levantaste el dedo índice, luego lo miraste con seriedad— ¡fueron varias!

—Eso sí, fueron varias.

—Varias, varias, varias.

—Sí, sí, sí.

—Y estamos borraaaachos.

—No, no, no. Para emborracharse no se necesita manzanas, Au... Aurey… o como te llames.

—Pero estamos en esta cabaaaña, que nos quiere mataaaar.

—Ya pero… ¿cómo nos va a matar si esto ni siquiera es malo? Mira… si sólo afecta al hablamiento.

—¿Hablamiento? ¿Eso existe?

—Mira.

—Te estoy mirando.

—Mira.

—¡Que te estoy mirando!

—Ridícula, tus ojos están puestos en el techo.

—Oh, verdad.

—Mira.

—Ahora sí, te veo.

—Mira.

—¡Que te veo Jamie, te veo!

—Es que intento levantarme pero no puedo.

—¿Cómo que no puedes?

—Ah, no. Tengo que moverme.

—¿Ves que eres tonto?

—Tú eres tonta. —Te dijo, comenzando a levantarse, y cayendo al suelo apenas estuvo de pie.

—Al menos no estoy en el suelo.

—Audrey… creo que también afecta a tu cuerpazo.

—Que débil cuerpazo tienes.

—A ver, levántate tú.

Lo hiciste, con mucha dificultad, pero lograste mantener en pie, aunque con la ayuda de la mesa. Te sujetaste de ella como si tu vida dependiera de ello, y mientras te acercabas a Jamie te diste cuenta de que tu visión no estaba siendo afectada.

—Oye tonto.

—¿Sí, tonta?

—Puedo ver.

—Yo también veo.

—No, no, ver bien.

—Ahhh, yo también.

—¿Qué tú también qué?

—Que veo. Oyeee, levantameee.

Con firmeza apoyaste tu brazo en la mesa mientras extendías tu mano hacia el chico. Jamie sujeto tu mano, pero apenas hizo fuera para levantarse tú terminaste por caer encima de él.

—¡Au, mi pie! —Te quejaste, mientras rodabas para dejar de aplastarlo.

—¿Qué pasó? ¿Te pegaste? —dijo mientras se sentaba.

—No, me quejé porque quería.

—O te emparejaste los pies.

—No, no, no.

—Sí, sí, sí.

—¡Que no! —exclamaste sentándote, mientras lo señalabas con el dedo índice.

—Bueno, ya. —Miró tu pie. Extendió la mano, pero como no llegaba a tu pie palmeó tu pierna.

—Sana, sana.

—Mi pierna mala es la otra.

—Uy, nada te pone contenta.

—Y no me gusta que me toquen los hombres. —Apartaste su mano.

—No te gusta que te toque yo, eso querrás decir.

—No, no, no.

—Sí, sí, sí.

—No, no… ohhh. —Te tapaste la boca, sorprendida.

—¿Por qué ohhh?

—Me besé con Jack, y Jack es un hombre.

—Oh por dios.

Jamie cayó, tú continuaste sentada, mirándolo desde arriba.

—No sabía que eras creyente.

—¿Sólo eso tienes que decir? —Te señaló, dejando que su dedo índice tocara tu mejilla.

—¿Qué más tengo que decirteee?

—¡Besaste a Jack!

—Sí… ¿qué tiene de malo?

—Que la persona que lo besó… ¡eres tú!

—¿Y qué tiene de malo?

—Que tú eres mala, malvada, malísima.

—Si soy mala, pero tú también.

—A mí se me perdona porque tengo buenas intenciones.

—Yo también tengo buenas intenciones.

—¿Tienes buenas intenciones?

—Sí, ayudar a una amiga es una muuuy buena intención.

—Yo también ayudo a mis amigos.

—¿Quedo perdonada?

—¡Perdonada!

—¡Síii! —Lo abrazaste, y él acomodó sus brazos para rodear tu cuerpo y corresponderte el gesto— ¡He sido perdonada!

—Siii, no sabía que hicieras cosas sin esperar algo a cambio.

—O sea, sí hay algo a cambio.

—Ya decía yo.

—Me conoces taaaaan bien.

—Por suerte tú no me conoces taaaan bien.

—Que sí te conozco bien.

—No me conoces, en el colegio sólo me insultabas, me escupías, me hacías zancadillas, me…

—Shhh, shhh. —Pusiste tu mano en su boca— No te hagas, se te daba bien actuar como corderito asustado.

Movió su cabeza para que tu mano dejara de tapar su boca.

—Y tú bien que te aprovechabas de eso.

—Te prestabas en bandeja de plata.

—Como si quisiera ser tratado así, tonta.

—Es mejor parecer inofensivo, ¿o no, tonto?

—Uhm, tienes un punto, pero porque me caes mal no te lo doy.

—¿Te caigo maaal?

—Sí, a veces, sí. Siempre. Sí.

—¿Queee? ¿Pero por quéee?

—Porque me tratas mal, pones a mis amigos en mi contra, y eres malvada, y… y eres malvada.

—Pero me habías perdonado.

—Oh, verdad.

—Eres mentiroso, también eres malvado.

—Uhm, tal vez.

—¿Por qué tal vez? Conmigo no lo pones en duda… y no soy taaan maaala.

—Hay cosas que no quiero decir, y tengo miedo de que salgan.

—No tengas miedo. No, no, no.

—Sí, sí, sí.

—¡Que no! —Le diste un manotazo— ¿Se te quitó el miedo?

—Si seguimos vivos, es un sí.

—¿Tanto miedo es?

—Sí, sí, sí.

—Si te consuela, yo también tengo miedo de decir cosas que arruinen toooodo.

—¿Arruinar tu malévolo plan?

—Sí, sí, sí.

—¿En ese malévolo plan tuyo me vas a destruir?

—Sí, sí, sí.

—Que doloroso… ni siquiera mereces que te siga abrazando.

—Sí lo merezco, porque adivina quién va a ser destruido.

—¿Yo, yo, yo?

—Que engreído. Tú no eres mi mundo.

—¿Entonces?

—¡Robín!

—¿Robín?

—Sí, sí, sí. Voy hacerlo pedazos, ¡que se arrepienta de haber nacido!

—¿Todo por Robín?

—Sí. Lo odio.

—Creí que a mí me odiabas.

—No, tonto.

—Siempre dices que me odias.

—Es mentira, tonto. A Robín deseo descuartizarlo, nunca he tenido ese deseo contigo.

—Es lo más tierno que me han dicho en mucho tiempo.

Ibas a decir algo más, pero el cuerpo que estaba bajo tuyo comenzó a tener ligeros espasmos, y cuando acomodaste tu cabeza para verlo viste unas lágrimas caer.

—¿Estás llorando?

—Puede.

—¿Estás llorando?

—¡Qué sí!

—¿Cómo lloras ahora?

—Porque he arruinado todo. Tengo miedo a que los Guardianes me rechacen, a que me vean con la misma cara de mierda con la que te ven a ti. Y mi hermana me odia, me odia muchísimo…

—No, no te odia.

—Sí lo hace.

—No, estoy segura de que ella no te quiere descuartizar.

—¿Tú crees?

—Claro, o ya estaría aquí intentándolo.

—Cierto, cierto.

Continuaste sobre él, sintiendo los espasmos que dejaba el llanto. Volviste apoyar tu cabeza sobre su pecho, sintiendo los latidos de su corazón, en un ritmo tan constante que sentías como tus párpados comenzaban a pesarte.

—¿Por qué crees que los Guardianes te van a rechazar? —preguntaste, luchando para mantener tus ojos abiertos.

—Les he mentido…

—¿Y qué? Son tus amigos, ¿no?

—Jack es mi mejor amigo.

—Jack para haber sido el espíritu del invierno, es un sol.

—Sí, por eso es un Guardián.

—Estoy segura de que lo entenderá.

—¿Cómo estás tan segura?

—Me besó, y eso que yo soy de lo peor, ¿cómo no va a perdonarte a ti?

Y nuevamente espasmos, sólo que está vez era por la risa de Jamie.

—¿No que tú lo habías besado?

—Sí.

—Eres el primer beso de Jack.

—Lo dudo.

—Estuvo mucho tiempo solo... Recién hace doce años conoció a los Guardianes, me conoció a mí… y nos hicimos amigos.

—¿Doce años…? Se llevaban tan bien que creí que fue hace más tiempo…

—No. Pero en esos dos años nos volvimos inseparables…

—¿Dos años?

—¿Juicio Final?

—Ah.

—¿Ya ves? Siglos en soledad… y apenas dos años compartiendo con amigos.

—Debe haber estado muy triste…

—Seh.

—Y para ser el Guardián de la Diversión no se le nota…

—Te lo dije… es un sol.

—Un sol…

—¿Audrey?

—¿Sí?

—No le hagas daño, ¿sí…? Puedes tratarme mal a mí… pero no con él…

—Eres… una buena persona…

—¿En serio lo crees…?

—Comparado conmigo… sí.

—Pero si no tuvieras que comparar…

—¿Por qué quieres saber…?

—No… no lo quiero decir… pero siento que… en… en cualquier momento lo voy a decir...

—Pero si yo hablo… no lo dirás…

—¿Y qué… vas a decir…?

—No lo sé… ¿qué quieres… que diga?

—¿En serio… vas a llevar a cabo tuu… tu malévolo plan?

—Sí… Tengo una amiga… que ayudar… y a un cretino… que destrozar.

—¿Robín…?

—No… no digas su nombre… lo atraes.

—Bueno… no lo diré…

—Gracias…

—De nada…

—Fue… agradable hablar contigo…

—Sí… deberíamos… hacerlo más…

—Sí… pero tú… te pones tonto…

—Tú igual…

—Oye…

—¿Sí…?

—Dejemos de… ser tontos…

—Buena… idea….

—¿Sabes…? Esto es… como una… borrachera…

—Sí… creo…

—¿Lo vamos… a olvidar…?

—Ojalá…

—Sí… ojalá…

—¿Últimas… palabras…?

—Me… caes mal… pero… no te odio.

—Me caes… mal… pero extraño… a mi amiga… Addy.

Cerraron los ojos, quedándose profundamente dormidos.

Y soñaron.

Pero con los sueños, comenzaron las pesadillas.


Chan!

Disculpen lo corto :( pero espero que el capítulo les haya parecido entretenido :D ¿Qué creen que pasará después? ¿Alguna teoría de que hará Doña Cabaña?

¡Y feliz año nuevo! No sé cuando lo leerán, pero espero que estén bien ˆ-ˆ

Respuesta para Princesa Ghots: En mi perfil he puesto la información con respecto a esa historia. Quizás la retome cuando termine Luz en la oscuridad, que ha recibido más apoyo, pero en estos momentos sólo puedo ir un fanfic a la vez. Igualmente gracias por hacerme saber que te pareció genial :D