Disclaimer: Nada que reconozcan es mío. Lo demás sí.
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Hans soltó nuestras maletas sobre la cama y yo me dejé caer junto a ellas. No había sacado el tema de Hook y esperaba que su sangre empezara a limpiarse de Montecarlo. Tuve que bañar a Bruni, porque apestaba a humo y calcetines sucios después de pasarse todo el fin de semana en el apartamento de Naveen, y lo sequé con la toalla en el dormitorio.
—¡Vaya! ¡Ahora hueles mucho mejor! —dije entre risas mientras él se sacudía, rociándome con gotitas de agua; se levantó sobre las patas traseras y me cubrió la cara de besitos de cachorro—. Yo también te he echado de menos, pequeñín.
—¿Copo de nieve? —preguntó Hans, entrelazando los dedos nervioso.
—¿Sí? —dije mientras seguía frotando a Bruni con la suave toalla amarilla.
—Quiero hacerlo― soltó―, quiero pelear en Montecarlo.
—No— dije, sonriendo ante la cara feliz de nuestro cachorro. Él suspiró.
—No me estás escuchando. Voy a hacerlo― declaró, resuelto―. Dentro de unos meses verás que era la decisión correcta.
Levanté la mirada hacia él.
—Vas a trabajar para Hook.
Asintió nervioso y sonrió.
—Solo quiero cuidarte, Copito.
Mis ojos se inundaron de lágrimas al saber que estaba decidido.
—No quiero nada que hayas comprado con ese dinero, Hans… tampoco quiero tener nada que ver con Hook ni con Montecarlo, ni con ninguna otra cosa relacionada con ellos.
—Pues la idea de comprar un coche con el dinero ganado con mis peleas aquí no te planteaba ningún problema― espetó.
—Eso es diferente y lo sabes.
Hans frunció el ceño.
—Todo irá bien, Copito― trató de tranquilizarme―; ya lo verás.
Por un momento me quedé esperando reconocer algún destello de burla en sus ojos, esperando que me dijera que bromeaba. Sin embargo, lo único que veía era inseguridad y codicia.
—¿Por qué te has molestado en preguntármelo, Hans? Ibas a trabajar para Hook sin importar lo que yo dijera.
—Quiero tu apoyo en esto, pero es demasiado dinero para rechazarlo. Sería una locura decir que no.
Tuve que sentarme un momento, estupefacta. Cuando conseguí asimilarlo, asentí.
—Está bien, has tomado tu decisión.
La cara de Hans se iluminó.
—Ya verás, Copito, será genial— saltó de la cama, vino hasta mí y me besó en los dedos—. Me muero de hambre, ¿y tú?
Dije que no con la cabeza y me besó en la frente antes de dirigirse a la cocina. Una vez que sus pasos se alejaron del pasillo, cogí mi ropa de las perchas, dando gracias por tener sitio en mi maleta para la mayoría de mis pertenencias. Lágrimas de rabia me resbalaban por las mejillas.
Nunca debí haber llevado a Hans a ese lugar, no debí involucrarlo con mi pasado lleno de apuestas, alcohol y dinero. Había luchado con uñas y dientes por mantenerlo alejado de los aspectos oscuros de mi vida y, en cuanto la oportunidad se presentó, lo arrastré hasta el centro mismo de todo lo que odiaba sin pensármelo dos veces.
Hans sería parte de aquello y si no me dejaba salvarlo, tendría que salvarme a mí misma.
Llené la maleta hasta el límite y cerré la cremallera metiendo las cosas que sobresalían. La bajé de la cama y la arrastré por el pasillo, sin mirarlo cuando pasé por la cocina. Me apresuré a bajar las escaleras, aliviada al comprobar que Anya y Dimitri seguían besándose y riéndose en el aparcamiento, mientras pasaban el equipaje de ella del Charger al Honda.
—¿Copo de nieve? —lo escuché que me llamaba desde el umbral del apartamento, pero no me detuve. Toqué a Anya en la muñeca.
—Necesito que me lleves a Morgan.
—¿Qué ocurre? —preguntó al darse cuenta de la gravedad de la situación por mi expresión.
Miré detrás de mí y vi a Hans bajando corriendo las escaleras y cruzando el césped hasta donde estábamos nosotras.
—¿Qué estás haciendo? —quiso saber, señalando mi maleta.
Si se lo hubiera dicho en ese momento, habría perdido toda mi esperanza de separarme de Agnarr, de Montecarlo, de Hook y de todo lo que no quería en mi vida. Hans no me dejaría ir y por la mañana me habría convencido de aceptar su decisión.
Me rasqué la cabeza y sonreí, intentando conseguir algo de tiempo para pensar en una excusa.
—¿Copito?
—Me llevo mis cosas a Morgan. Allí hay muchas lavadoras y secadoras, y tengo una cantidad escandalosa de ropa para lavar.
—¿Te ibas sin decírmelo? ―frunció el ceño.
Miré a Anya y después a Hans, mientras buscaba la mentira más creíble.
—Iba a volver, Hansy; estás hecho un puñetero paranoico— dijo la pelirroja con la sonrisa desdeñosa que había usado para engañar a su abuela muchas veces.
—Oh— dijo él, todavía inseguro—, ¿te quedas aquí esta noche? —me preguntó, pellizcándome la tela del abrigo.
—No lo sé, supongo que depende de cuándo acabe de hacer la colada.
Hans sonrió y me acercó a él.
—Dentro de tres semanas pagaré a alguien para que te haga la colada. O puedes tirar la ropa sucia y comprarte nueva.
—¿Vas a luchar para Hook otra vez? —preguntó Anya, sin salir de su asombro.
—Me ha hecho una oferta que no podía rechazar.
—Hans…— empezó a decir Dimitri, pero él no lo dejó terminar.
—No insistan, joder. Si copo de nieve no me ha hecho cambiar de opinión, ustedes no lo conseguirán.
Anya me miró a los ojos y comprendió lo que pasaba.
—Bueno, será mejor que te llevemos, Elsa. Vas a tardar mucho en lavar toda esa ropa.
Asentí y Hans se inclinó para besarme. Lo acerqué más, paseando mis dedos por su corto cabello pelirrojo, olfateando el olor a loción y vodka de su piel, sabiendo que esa sería la última vez que sentiría sus labios contra los míos.
—Nos vemos después —dijo él contra mi oído—. Te quiero.
Dimitri metió mi maleta en el Honda, y Anya se sentó al volante. Hans cruzó los brazos sobre el pecho, charlando con Dimitri mientras la colorada a mi lado encendía el motor.
—No puedes quedarte en tu habitación esta noche, Elsa. Irá a buscarte allí directamente en cuanto averigüe lo que ocurre— declaró Anya mientras salía marcha atrás lentamente del aparcamiento. Los ojos se me llenaron de lágrimas que rodaron por mis mejillas.
—Lo sé.
La expresión alegre de Hans cambió al ver la mirada en mi cara. No tardó un momento en correr hacia mi ventanilla.
—¿Qué te pasa, Copito? —preguntó mientras golpeaba el cristal.
—Vamos, Anya— dije, secándome los ojos.
Centré la vista en la carretera que teníamos delante, mientras Hans corría junto al coche.
—¿Elsa? ¡Anastasia, para el jodido coche! —gritó, golpeando el cristal una y otra vez con la palma de la mano—. ¡Elsa, no lo hagas! —pidió, con la expresión de su cara deformada por la conciencia de los hechos y el miedo. Anastasia cogió la carretera principal y pisó fuerte el acelerador.
—Este asunto no me va a dejar tranquila, solo para que lo sepas.
Echó un vistazo por el espejo retrovisor y pateó el suelo del coche.
—Maldición, es Hans— murmuró sin aliento. Me volví y lo vi correr a toda velocidad detrás de nosotras, desapareciendo y reapareciendo entre las luces y las sombras de las farolas de la calle. Cuando llegó al final del bloque, se dio media vuelta y corrió hacia el apartamento—. Va a por su moto, nos seguirá a Morgan y montará una escena.
—Tú solo… corre, dormiré en tu habitación esta noche, ¿crees que a Vanessa* le importará?
—Nunca está… ¿de verdad piensa trabajar para Hook?
Se me había atragantado la respuesta en la garganta, así que simplemente asentí. Anastasia me cogió la mano y me la apretó.
—Has tomado la decisión correcta, Elsa. Si no te escucha a ti, no escuchará a nadie. No puedes pasar por todo eso otra vez.
Pude sentir como el corazón se me agrietaba un poco más, con Hans las cosas no eran sencillas, pero sí muy buenas. Quise golpearme por ser tan estúpida.
Porque era demasiado perfecto para durar, porque nada que fuese perfecto en mi vida duraba demasiado. Y él había sido la mejor parte.
El capítulo de hoy lo saqué de otro libro que, ¡advinaron!, leí en mi adolescencia: Beautiful Disaster.
Si alguien más lo leyó y está enomaorado(a) de Travisa Mad Dog Maddox como yo, que se manifieste ahora o que calle para siempre.
Espero que les haya gustado, si es así animenme a terminar el 2020 con un sensual comentario y un Fav n Follow ya que están por aquí hehe. Nos leemos en el especial de navidad que tengo preparado en mis historias Helsa. Gracias por seguir leyendo.
Entonces qué... ¿Review? ¿No? Ok.
Harry.
