Autora POV

En la oscuridad de la noche, una figura fantasmagórica, hecha de sombras, se movía a través del seiretei, evadiendo a los shinigamis que eran ajenos a su presencia. Observaba, analizaba, luego volvía a moverse… Ninguna de sus acciones parecía ser realizada al azar. Todas eran precisas, todas tenían un por qué.

La figura se detuvo, escondiéndose en la sombra de un arbusto, observando a la distancia el establecimiento en el que los Akuma Hunters se encontraban. Intentar acercarse sería un suicidio: la seguridad del edificio se había triplicado con la intención de proteger a la joven cazadora de cabellos rosados, sin contar que él mismo no poseía la fuerza suficiente para enfrentarse a cinco Akuma Hunters del calibre de ellos. Necesitaba un plan para acercarse.

La sombra se mantuvo oculta, hasta que algo llamó su atención: Uchiha Madara salía del establecimiento, solo, alejándose de la zona. La figura desconocida sonrió para sus adentros tomando una decisión.

En la oscuridad de la noche, siguió al hombre con sigilo. En la oscuridad de la noche, unos ojos rojo carmesí brillaron con un deseo que no era suyo.

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La pelirrosa caminaba de un lado a otro en la habitación. Los nervios la carcomían por dentro.

Era consciente de que ella misma había sido la que había solicitado hablar con Ichigo, pero tan pronto como le habían dicho que el pelinaranja ya se encontraba en la Sociedad de las Almas, todo el valor y seguridad que había poseído, se evaporó como agua en el desierto.

¿Cómo se suponía que debía mirarlo a los ojos y decirle: "Hey, tenemos que tener un hijo juntos el cual se convertirá en el próximo rey del universo entero"? No importa cuánto lo pensara, no había forma de hacer que aquellas palabras sonaran bien.

Si Ichigo la rechazaba… Bueno, eso sería comprensible… Tener un hijo era una responsabilidad muy grande que no todos estaban dispuestos a aceptar. Sin contar de que también podría presentarse el hecho de que el pelinaranja no se sintiera atraído por ella y le desagradara la idea de tener relaciones con ella. Estaba en todo su derecho de sentirse así… Aunque Sakura mentiría si muy dentro de si misma se sentía temerosa ante la idea de que eso fuese posible.

La pelirrosa sabía que no era la mujer más bella del mundo, y que sus atributos no eran tan grandes como los de su maestra Tsunade, o sus amigas Ino y Hinata… Pero esperaba por lo menos haber llamado la atención del pelinaranja.

Otra parte de ella, la parte más racional, la regañó por si quiera estarse atreviendo a pensar de ese modo. No había tenido esa clase de pensamientos desde que era pequeña y prácticamente babeaba por Sasuke. Había creído que esa faceta de si misma había quedado bastante atrás. Pero ahora, un simple chico humano la estaba haciendo comportarse así…

– Sakura-san. –la voz firme de Rukia se hizo escuchar, logrando sobresaltar a la pelirrosa quien no había estado prestando atención al entorno. Rápidamente se volteó hacia la puerta de la habitación, donde la pelinegra se encontraba.

– ¿S-Si, Kuchiki-san…? –inquirió la pelirrosa. Podía sentir sus manos temblando por los nervios.

– Ichigo ya está aquí. –anunció la pelinegra cruzándose de brazos.

– A-Ah, eso es…

– Te advierto. –Rukia la interrumpió, tomándola con la guardia baja. – No tengo intenciones de intervenir… Soy consciente de la seriedad de la situación. Pero si haces siquiera un simple movimiento para hacerle daño a Ichigo… Me encargaré de que no quede rastro de ti. –amenazó.

La pelirrosa abrió la boca sorprendida por la repentina amenaza. De todas las cosas que la pelinegra podía decirle, jamás se esperó que intentara amenazarla. Ni siquiera tuvo la oportunidad de responderle, ya que la shinigami dio media vuelta y se marchó de la habitación sin más. Unos pocos segundos después, Ichigo apareció en la puerta.

Sakura tragó grueso al ver al chico de cabellos naranjos frente a ella. Finalmente, había llegado el momento.

– Hey… –dijo Ichigo a modo de saludo, dando un par de pasos para entrar a la habitación.

Ichigo debía admitir que, cuando el gotei 13 solicitó su presencia en la Sociedad de las Almas, no había estado realmente sorprendido. Ya hasta incluso se le había vuelto un hábito visitar el lugar regularmente, aunque sea solo para hablar con Rukia o Renji. La sorpresa vino entonces cuando le informaron que, la razón de que su presencia fuese solicitada, era debido a Sakura.

Ahora… el pelinaranja a penas conocía a la cazadora. Habían hablado realmente muy poco como para afirmar que la conocía. Pero había algo en la pelirrosa, como una especie de corriente magnética, que hacía que quisiera estar cerca de ella.

– Hey… –Sakura devolvió el saludo tímidamente. Su postura estaba bastante tensa, algo que no pasó desapercibido para los ojos de Ichigo.

– ¿Te encuentras bien? Pareces… nerviosa… –comentó el pelinaranja metiéndose las manos en los bolsillos. No estaba realmente seguro de si debía sentarse o hacer algo, por lo que decidió quedarse de pie.

– Estoy bien… –murmuró la pelirrosa. No había que ser un genio para saber que aquello era una mentira.

– Si tu lo dices… –habló por lo bajo Ichigo encogiéndose de hombros. Incluso si le preocupaba la pelirrosa, no iba a insistirle si ella no quería hablar del tema. – Entonces… ¿Me dijeron que querías hablar conmigo…?

– Uhm… Sí…

Un silencio incómodo recayó sobre ambos. El humano observaba a la chica esperando que esta comenzara a hablar, mientras que ella parecía dudosa de qué decir a continuación.

– ¿Entonces…? –preguntó Ichigo al ver que la joven no parecía tener intenciones de hablar.

Sakura tomó una respiración profunda mientras intentaba encontrar las palabras adecuadas para expresar las noticias.

– Encontramos el prisma… –dijo sin más dilataciones. Miró brevemente a Ichigo para observar su reacción, antes de continuar hablando. – Según pudimos investigar… El prisma del rey quedó bajo el cuidado de Otsutsuki Sakuya, una de los tres Akuma Hunters originales. Luego de su muerte, el prisma comenzó a pasar de generación en generación por sus descendientes… –hizo una pequeña pausa. Sus manos inconscientemente se posaron sobre su vientre, donde hipotéticamente se hallaba aquel místico artefacto que contenía el reiatsu y el conocimiento del rey. – Hasta donde sabemos, el prisma está dentro de mi cuerpo… Dentro de mi vientre… Lo que significa que soy la mujer que deberá engendrar al nuevo rey.

El pelinaranja abrió los ojos visiblemente sorprendido. Incluso si estaba al tanto del ritual, al igual que los demás no se había esperado este giro de acontecimientos. Era como si de alguna forma, todos esperasen que alguna identidad externa a ellos se encargase del asunto.

– Yo… Eso es…

– Y creo que tu puedes ser el hombre que debe acompañarme en esta tarea. –Sakura dijo antes de que Ichigo pudiese decir otra palabra.

Si antes había estado sorprendido por la situación, ahora se encontraba totalmente en shock por lo que la pelirrosa acababa de decirle.

Pasó un minuto… dos… cinco… diez… Ichigo no decía nada. No podía decir nada. Sus ojos estaban abiertos como platos, fijos en la chica. Mientras que su mandíbula prácticamente podía tocar el piso de lo abierta que tenía su boca.

Sakura frunció el ceño, sintiendo los nervios burbujear en su interior por el silencio del contrario.

– ¡D-Di algo! –exclamó exasperada.

Ichigo tragó grueso, sobresaltándose ante el grito de la ojijade.

– L-Lo siento… Y-Yo… Es que… –balbuceó. Le era muy difícil encontrar las palabras cuando aún no salía de su estupor.

– E-Entiendo… Entiendo si quieres negarte. Lo que te estoy pidiendo es una locura… Incluso yo todavía no consigo procesar la idea de que tengo que ser madre del ser más poderosos del universo… –murmuró Sakura. Sus manos jugaban con sus mangas, y su mirada estaba fija en el suelo. – Estás en todo tu derecho de negarte si no quieres asumir esta responsabilidad. Se lo diré a los demás y…

– ¡E-Espera! –Ichigo la interrumpió tomándola por los hombros, hecho que logró sobresaltar a la pelirrosa, haciendo que lo mirara a los ojos con sorpresa. – N-No… Ugh… No estoy diciendo que quiera negarme. S-Solo… Me tomaste por sorpresa. –el pelinaranja desvió la mirada levemente. – No pensé que fuese a tener una gran participación en este asunto, y me sorprendió que dijeses eso… ¿Por qué crees que soy yo? Fui el culpable de que el rey espiritual desapareciera en primer lugar… No merezco cargar con tal tarea…

La ojijade se mordió el labio. Con lentitud, levantó su mano, posándola sobre la mejilla del pelinaranja con dulzura.

– No te castigues por eso… –murmuró con calma. De pronto era como si todas sus inquietudes se hubiesen desvanecido, y lo único que importara fuese confortar al chico frente a ella. – Ywach te estaba controlando cuando eso sucedió.

– Pero debí ser más fuerte, oponerme… –argumentó Ichigo, mirándola a los ojos. El jade de la pelirrosa chocaba con el café del pelinaranja.

– De nada sirve pensar en lo que podrías haber hecho. Es mejor concentrarte en lo que puedes hacer ahora. –contestó Sakura. Dejó escapar un pequeño suspiro, ladeando su cabeza, sin apartar la mirada de él. – Simplemente tenía mucho sentido para mi que tu seas la persona que debe acompañarme en este ritual. Eres un chico de gran corazón, un guerrero que ha ayudado a la sociedad de las almas en más de una ocasión. Incluso con los problemas que hubo en el camino, al final fuiste el único capaz de hacerle frente al rey quincy. –hizo una pequeña pausa. Su pulgar daba pequeños círculos acariciando la piel del muchacho. – Eres un humano… con sangre de quincy y shinigami, capaz de usar el fullbring, y con poderes de Hollow… Conmigo siendo una Akuma Hunter, el ciclo está completo. Es como si los cuatro mundos creados por el rey, se reunieran para darle vida nuevamente…

Ichigo buscó en los orbes jade de la pelirrosa… Un atisbo, algo, cualquier cosa que le indicara que la pelirrosa no era honesta. Pero no podía encontrar nada. La seriedad de su mirada y la convicción de sus palabras, no dejaba lugar a dudas de que la pelirrosa realmente creía en él como su compañero para aquel ritual.

– ¿Estás segura que quieres que sea yo…? –preguntó tímidamente. – Q-Quiero decir… T-Tendremos que acostarnos y, tal vez no te sientas cómoda con ello… –balbuceó torpemente.

– ¿Tu estás de acuerdo en hacerlo conmigo? –preguntó en respuesta Sakura. Sus mejillas habían adoptado una tonalidad rojiza.

El pelinaranja la observó, igualmente sonrojado.

Sería ciego si no aceptase que la muchacha frente a él era bastante atractiva. No era una super modelo, su cuerpo era el de una guerrera, pero sus rasgos tan exóticos la hacían agradable a la vista.

– P-Puede sonar una locura debido a que nos conocemos hace poco tiempo, pero… Si es contigo, no me molestaría hacerlo. –admitió Ichigo.

El corazón de la pelirrosa se aceleró al escucharlo.

– ¿E-Entonces…?

– Lo haré. Asumiré esta responsabilidad contigo. No te dejaré sola.

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Sakura tomó una respiración profunda mientras miraba hacia el frente. Finalmente había llegado el momento en el que ella e Ichigo serían trasladados a la dimensión del rey espíritu donde debía llevarse a cabo el ritual. Varios grupos habían llegado a la zona, listos para cumplir con la tarea de escoltarlos.

La división cero, algunos capitanes altamente calificados, los mismísimos líderes del averno, e incluso los Espada restantes estaban presentes. Todos concordaban en decir que, el nacimiento de un nuevo rey era un evento tan único que no podían permitir que fuese arruinado. Protegerlos a ambos era una prioridad, especialmente a ella quien sería la encargada de llevar al bebé en su vientre.

Tanto ella como Ichigo vestían con yukatas de un blanco puro. Una formalidad en la cual la división cero había insistido, y que no habían tenido problemas en cumplir. Su rosado cabello había sido recogido en un moño elegante, con pequeñas orquídeas blancas decorándolo. Ninguno de ellos portaba sus armas… de nuevo, una formalidad en la que habían insistido otros.

– Estamos listos para partir. –informó el líder de la división cero.

No pasó mucho tiempo antes de que el grupo comenzara a moverse de camino a la dimensión del rey espiritual.

Los pasos de Sakura eran algo dudosos, incluso cuando ella intentaba mantener erguida su postura y mostrar determinación. Ichigo pareció darse cuenta de esto, y disimuladamente tomó la mano de la joven, intentando brindarle apoyo. Pasase lo que pasase a partir de ahora, era algo que enfrentarían juntos.

Lo que nadie sabía… era que, en las sombras, una criatura maligna esperaba el momento adecuado para atacar…