CAPÍTULO 9 - EL ENEMIGO EN CASA

Todos nos pusimos a cubierto y en posición defensiva, aún no sabíamos cuántos eran ni las armas que llevaban. Lo que estaba claro es que si aún seguían aquí, era porque no habían conseguido encontrar los huevos.

Ignis volvió a elevarse hacia los cielos, lejos de las flechas enemigas, volando alrededor de un área, al parecer la que ocupaban nuestros enemigos.

Aemir: No puedo hacer lo mismo, no puedo lanzar la nube de cloro, podría alcanzar a los huevos y a vuestros amigos.

Mystika: No te preocupes, nosotros nos ocuparemos, tú deberías ponerte a salvo.

Con mi visión mejorada pude ver como algunos se iban acercando a lo lejos, escondiéndose entre los árboles a una buena velocidad. Eran demasiados y demasiado rápidos para contarlos.

Valkyon comenzó a dar órdenes a los guerreros Fenghuang, que fueron cambiando posiciones y poniendo sus armas a punto para usarlas. Algunos llevaban espadas o sables, pero otros usaban ballestas, por lo que serían los primeros en atacar y diezmar al máximo las filas enemigas. El problema es que ellos también atacarían con flechas.

Ignis se acercó veloz a las copas de los árboles y lanzó una ráfaga de fuego para luego salir de allí a la misma velocidad. Llovieron flechas hacia su posición, pero logró esquivarlas con habilidad. Solté el aire que estaba sosteniendo. Tenía que pensar en algo, estaban más cerca.

Valkyon: ¡AHORA!

Nuestros guerreros lanzaron sus saetas casi a ciegas entre los troncos de los árboles, hiriendo algún que otro enemigo. Ellos contraatacaron con menos éxito, pues sólo alguno de los proyectiles alcanzó a los nuestros. No dieron en ningún sitio vital, pero las flechas estaban envenenadas...

Mystika: Retirad a los heridos, Ignis puede eliminar el veneno.

El dragón volvió a lanzar fuego antes de silbarle para que volviera. Él me hizo caso y llegó a mi lado para recibir instrucciones.

Mystika: Ocúpate del veneno de los heridos, les harás falta.

Él se fue a la retaguardia, donde habían puesto a los heridos, que ya tenían los proyectiles fuera de su cuerpo y comenzó a curarles uno por uno.

Los elfos estaban muy cerca, sus flechas seguían acosándonos hasta que se detuvieron al no poder garantizar la seguridad de su compañeros que se acercaban con sus espadas. Los nuestros tuvieron que hacer lo mismo en cuanto Valkyon, hacha en mano, dio la orden de ir a por ellos.

Todos nos movilizamos hacia el grueso del enemigo. Yo saqué mis nuevas armas, mis cuchillos de luna creciente, cuando un elfo oscuro se dirigió a mí blandiendo un asta con una gran hoja afilada en cada extremo. Pude esquivarle y le clavé una de las puntas de mi arma.

Rugió más por la rabia y la sorpresa que por la gravedad de la herida y no perdió tiempo, contraatacando sin miramientos. Y quizás su arma era letal, pero era poco ligera y cómoda, lo que me daba cierta ventaja si sabía usarla bien.

El elfo colocó el asta en horizontal, preparado para moverla a conveniencia, esperando seguramente que retrocediera, pensando que tenía el la ventaja con un arma tan larga y peligrosa. Como mis armas quedaban encajadas en medio de mi mano, me dirigí rápidamente al asta con las palmas abiertas. Agarré la vara con ambas manos y me impulsé entre sus piernas al tiempo que volvía a agarrar bien mis cuchillos y cortaba la zona interna de sus pies, rajando sus ligamentos.

El elfo cayó de rodillas gritando de dolor. Este ya no se levantaría.

Miré a mis compañeros y vi a Valkyon luchando contra dos elfos a la vez con mucha destreza, usando tanto el hacha como la lanza del otro extremo. Aún así su desventaja empezaba a ser evidente. Saqué mis alas y me impulsé a toda velocidad hacia uno de los elfos, que no me vio llegar al estar enfocado en herir a mi chico.

Elfo oscuro: ¡Marwolaeth i'r Brenin Aurus!

Me puse detrás de él y con las puntas de mis cuchillos, rajé su garganta en ambas direcciones, de forma tan profunda que hasta su sangre negra me salpicó hacia atrás. Esto le dio la oportunidad a Valkyon de acabar con el otro al cortar su cuerpo en dos. Nos miramos sonriendo unos segundos y él se fue a por otro elfo.

Y me giré para hacer lo mismo, pero de repente vi a uno de los elfos a medio metro de mí a punto de descargar su sable hacia mí. Instintivamente crucé mis brazos sobre mi cabeza y cerré los ojos. Pero nada pasó.

Al abrir los ojos y vi unas enormes alas de plumas azules y puntas doradas extendidas en todo su esplendor, tapándome por completo. Colin las cerró y pude ver al elfo que iba a atacarme en el suelo con una herida en el costado de su abdomen, sangrando profusamente. El Owlett humanizado se giró hacia mí al ver que el elfo ya no suponía ningún peligro.

Colin: ¿Estás bien?

Mystika: Sí, muchas gracias.

Hizo un gesto afirmativo con la cabeza y volvió a desplegar las alas para unirse a la batalla. Entonces vi al Hydracarys agarrar a otro elfo con su fuerte y larga cola y lanzarlo contra un árbol mientras se giraba para defenderse del ataque de otro elfo. Otros dos más se le acercaron por detrás.

Uní mis cuchillas en la mano izquierda y me concentré en mi mano derecha, en el calor que desprendían, en aumentarlo. Como las otras veces, mi palma comenzó a calentarse hasta que salió de ella una pequeña llama. Aún no había tenido la oportunidad de usar este arma natural, pero tenía que intentarlo, sólo necesitaba confianza y concentración.

Valkyon: Tú puedes hacerlo, fija tu objetivo y concentra tu fuerza.

Valkyon apareció detrás de mí y posó su mano en mi hombro para infundirme la seguridad que me faltaba. Él confiaba plenamente en mí.

El fuego de mi mano se hizo más potente, podía notar como toda la energía recorría mi cuerpo hacia mi brazo y se concentraba en esa llama. Fijé los objetivos, dos de los elfos que luchaban codo a codo contra Nicolae, concentré toda mi fuerza en ella y la dirigí hacia ellos.

Un fogonazo increíble arrasó con los dos cuerpos de piel oscura, sus ropas ardieron primero, mientras el olor a carne quemada inundaba nuestras fosas nasales. La escena era una mezcla entre desagradable y satisfactoria.

Valkyon: Sabía que podías hacerlo. ¿Estás bien?

Mystika: ... Un poco agotada, pero bien.

Valkyon hizo un gesto a uno de los guerreros Ren que se ocupaba de los heridos. Éste vino de inmediato.

Valkyon: ¿Tienes algún revitalizante?

Guerrero Ren: Claro.

El Fenghuang sacó un frasquito de entre sus ropas y se lo tendió a Valkyon para seguir con su tarea. Él me lo dio a mí para que me lo tomara, esto haría que parte de mi fuerza se restaurara más rápido, pero tenía claro que no podría usar mucho más de mi poder.

Volví a separar mis cuchillos en cuanto me sentí algo mejor, Valkyon me observaba algo preocupado, pero asintió con la cabeza y volvió a la batalla.

Parecía que nunca acababan de aparecer los elfos, o quizás era por su forma de moverse.

Como ya no tiraban flechas, Ignis ya podía volver a sobrevolarnos y atacar desde las alturas, aunque no fuera con fuego por el peligro que supondría. Le llamé y le di las instrucciones pertinentes. Una vez en el cielo, fijaba un objetivo que estuviera fácil de capturar, sin copas de árboles o muchas ramas de por medio para poder caer en picado y atacar sufriendo el mínimo daño.

Los elfos no lo esperaban y todo aquél que estaba en su punto de mira, acababa tendido en el suelo. Parecía que la batalla comenzaba a decantarse claramente a nuestro favor. Esto infundió una nueva ola de confianza entre nuestras filas, por lo que nos reagrupamos y fuimos a por el enemigo de forma más ordenada, para que no pudieran pillarnos por sorpresa.

En primera línea se pusieron unos pocos guerreros con escudos y armas más largas, detrás íbamos los demás. Avanzamos hacia ellos y aquél que se atrevió a atacarnos, terminó tiñendo de negro el lecho del bosque.

En pocos minutos, los elfos que sobrevivieron, se batieron en retirada de forma caótica y los dejamos marchar. Nuestros guerreros, todos nosotros, estábamos agotados, perseguirlos podía ser más contraproducente, así que decidimos quedarnos a comprobar los daños.

Aemir: {Ahora vengo Mystika}

Mystika: Claro, ve.

Sabía qué iba a hacer, tenía que comprobar que los huevos estaban a salvo. La dragona se transformó y voló en dirección a la cueva velozmente.

Valkyon: ¿Cómo estás?

Mystika: Bien, bien. ¿Y tú?

Valkyon: Con una nueva cicatriz dentro de unos días, pero nada serio.

Mystika: Déjame que lo vea.

Valkyon se giró mostrándome un buen corte en la espalda baja, allí donde no tenía la protección de su chaleco. Aún sangraba un poco, pero a parte de eso, era una herida inofensiva, pues no había cortado muy profundo.

Llamé al guerrero que me dio antes el revitalizante, estaba bastante atareado curando las heridas de los supervivientes, así que sólo le pedí vendajes limpios y algo para limpiar la herida y detener el sangrado. Éste me entregó todo lo que necesitaba y volvió a su tarea.

Mystika: Bien, vamos a curar eso.

Valkyon me dio acceso de nuevo a la herida y comencé a limpiar su corte con un líquido transparente que me recordaba al suero fisiológico de la Tierra, retirando así la sangre y suciedad acumulada alrededor. Luego eché un ungüento que servía para detener el sangrado y finalmente lo tapé con las vendas.

Mystika: Listo, esto aguantará hasta que volvamos al Templo, deberían darte unos puntos.

Valkyon se giró sonriendo para luego atraparme entre sus brazos.

Valkyon: Ya terminó.

Mystika: Ojalá...

Él me apartó unos centímetros para mirarme a los ojos de forma interrogante. Estaba segura que esto sólo era el principio, pues no sólo no habían conseguido los huevos, sino que el elfo al que había degollado, se había dirigido a Valkyon como "Aurus", además de haber sido rodeado constantemente por varios elfos a la vez.

Valkyon: Si no te conociera bien diría que estás más preocupada de lo que estábamos antes de comenzar la batalla.

Mystika: ¿Oíste al elfo ese antes de que lo degollara?

Valkyon afirmó sin pronunciar palabra y sin dejar de mirarme retiró la sangre del susodicho de mi cara con su pulgar, para luego depositar un beso tierno en mis labios.

Mystika: ¿Crees que alguien más lo escuchó?

Valkyon: Es posible.

Mystika: ¿Y no te preocupa por lo que dijo Huang Hua?

Valkyon: Tarde o temprano se iban a enterar y han visto el buen equipo que formamos, dentro y fuera del campo de batalla.

Le sonreí de lado y volví a meterme entre sus brazos apoyando mi cabeza en su pecho, cuando de repente escuchamos un rugido desde el aire. Miramos hacía el cielo y vimos a Aemir descender mientras se iba transformando. Su cara era de terror.

Ambos nos acercamos corriendo temiendo lo peor.

Mystika: Aemir, ¿¡Qué ocurre!?

Aemir: Se lo han llevado.

Valkyon: ¿Lo?

Aemir: El huevo negro.

Tenía una expresión de auténtico pavor y no era para menos, pero ¿por qué sólo el negro?, ¿por qué no llevarse todos los que podían? ¿Acaso el ataque había sido más una distracción para conseguir llevarse ese huevo?

Aemir nos hizo una señal para que la siguiéramos hasta la cueva, uniéndose Ignis por el camino. Ella se transformó al llegar bajo su guarida y agarró a Valkyon y luego a mí para elevarse dejándonos en la entrada. Ignis, a nuestro lado, fue lanzando pequeñas llamaradas para iluminar las sombrías paredes de piedra, guiándonos hasta el nido.

Me acerqué rápidamente y conté: uno blanco, uno azul, uno plateado, uno verde, uno bronce, uno ocre y otro cobre. Ni rastro del negro.

Aemir: He buscado por toda la cueva, en cada rincón. Ha sido mi casa durante varias décadas y no está.

La dragona estaba muy nerviosa, daba vueltas en el sitio y era incapaz de respirar hondo y parar.

Valkyon: Deben haber aprovechado que estábamos entretenidos combatiendo...

Mystika: ¿Por qué sólo el negro?... Aemir, ¿qué sabes sobre ellos?

Aemir: Los dragones negros pertenecían al clan Dragón Valea, eran el Clan más mezquino de todos los Dragones. Hacían alianzas con los seres más corruptos, humanos o faeries sin distinción.

Mystika: Y ahora un grupo de elfos oscuros se ha llevado el último huevo de dragón negro...

Valkyon: Y en la batalla anterior, a parte de elfos vinieron arpías, vampiros mercenarios, el mago que intentó drenar tu energía, ... Debemos llevarnos el resto de huevos de inmediato y comunicar todo esto a Huang Hua y al Cuartel.

Aemir fue a buscar a los humanizados para ayudarnos a llevar los huevos, para los que habíamos traído algunos sacos para repartir el peso y el bulto en sí.

Una vez los repartimos y cargamos, fuimos a buscar a los guerreros. Habían improvisado algunas camillas con ramas y tela para los heridos más graves y los fallecidos estaban envueltos en una mortaja, que también cargaron en camillas. Todos ayudamos a llevarlas, caminando a paso más lento de lo deseado, lo que nos llevaría toda la noche.

No podíamos parar, no sólo no era agradable pasearse con cadáveres con sus consecuencias, sino que algunos heridos necesitaban una mejor atención que la que se le podía brindar en medio de un bosque. Así que, a pesar del cansancio y de que el sol comenzaba a ponerse, continuamos el recorrido de vuelta al Templo.

Cuando la luz abandonó por completo el horizonte, hice que me relevaran de cargar con la camilla y yendo delante de la comitiva, hice aparecer una llama en cada una de mis manos, separándolas al máximo para iluminar la mayor porción de terreno posible.


[VALKYON]

Habían pasado ya algunas horas desde que partimos. Mystika iba en cabeza de la marcha iluminando el camino lo que debería estar agotándola más de lo que aparentaba. No se había recuperado aún del combate y no habíamos dormido desde hacía casi veinticuatro horas. Por suerte ya no quedaba mucho para llegar, aunque cada vez fuéramos más lentos y tuviéramos que ir haciendo más descansos.

Aunque habíamos salido victoriosos de la contienda, nuestro estado era casi lamentable, entre heridos, muertos y los ánimos del resto. Algunos de ellos habían perdido allí a un amigo.

Volví a mirar a Mystika, iba arrastrando los pies. Hice parar a todo el mundo para tomar otro descanso para recuperar algo de fuerzas. Nos quedaba aún alimento que nos animaría un poco.

Dejamos las camillas de los fallecidos un poco apartadas del grupo, que ya había reunido algunos palos para hacer una hoguera. Ignis la encendió y todos se reunieron allí, dejando los heridos cerca para que no perdieran mucho calor.

Mi prometida se acercó a mí, algo alejados del fuego que no necesitábamos para mantener nuestro cuerpo a una temperatura agradable. Se notaba todo el cansancio en su cara y en la forma de moverse. En seguida la atrapé entre mis brazos para que apoyara su peso sobre mí, Ella me envolvió también en un abrazo estrecho dándome un beso tierno en los labios antes de posar su cabeza sobre mi hombro.

No era sólo agotamiento físico.

Valkyon: ¿Cómo estás?

Mystika: Algo cansada, espero que no quede mucho para llegar.

Valkyon: Ven.

La llevé hacia un enorme árbol cercano para sentarnos en su base. Luego saqué algo de comida: pan y algo de queso, y le di un buen pedazo de cada. Ella me agradeció y comimos en silencio durante un rato. Mystika parecía perdida en sus pensamientos, con el ceño ligeramente fruncido y casi se podía escuchar a su cerebro funcionando sin parar.

Valkyon: ¿Qué te preocupa?

Mystika: Por dónde empezar...

Valkyon: Oye, darle vueltas a todo no te va a ayudar.

Mystika: ¿Y qué me podría ayudar?

Noté un tono juguetón, así que le seguí el juego con gusto. Le hice una señal con el dedo para que se acercara a mí, lo cual hizo sin duda, sentándose encima mío mientras me rodeaba con su brazo por encima del hombro.

Valkyon: Podría darte un masaje...

Mystika: Mhh... Lo cierto es que tengo las piernas bastante cansadas.

Con la mano que tenía libre comencé a masajear sus gemelos sin dejar de mirarla. Ella levantó una ceja, puso su mano sobre la mía agarrándola y la subió hasta el muslo. Dejé escapar un gruñido cuando la subió más de lo apropiado.

Valkyon: {No puedes hacerme esto en público...}

Mystika rio de forma encantadora y luego me besó.

Mystika: ¿Sabes que te amo?

Valkyon: Creo que amas torturarme.

Mystika: También.

Ambos reímos y volvimos a besarnos antes de quedar abrazados y, de nuevo, en silencio. Sentí que mi cuerpo comenzó a relajarse con su contacto. Ni siquiera me había dado cuenta de lo tenso que estaba hasta ese momento. Y tenerla entre mis brazos, sana y salva, era lo único que necesitaba para ser feliz en ese momento.


Después de un rato relajados en brazos del otro, y cuando todo el mundo hubo descansado y comido, proseguimos nuestro camino. Según Valkyon no quedaba demasiado, así que sólo había que hacer un último esfuerzo.

Ignis iba a ratos caminando a mi lado y a ratos sobrevolando nuestras cabezas. Después de un rato se elevó y se adelantó hasta que le perdí de vista en la oscuridad. Inesperadamente vi una gran llamarada que iluminó un valle a través de unas montañas rocosas muy características. Estábamos ya en la Senda del Peregrino.

Esto nos animó para aumentar un poco el ritmo, así que en pocos minutos nos encontrábamos en la Gran Plaza, donde Feng Zifu nos esperaba con cara de cansado. Estaba claro que mi dragón le había despertado, a él y a medio Templo, con sus rugidos avisando de nuestra llegada. Y a pesar de despertarlos en medio del sueño, algunos ciudadanos comenzaron a hacerse cargo de los heridos y otros de los fallecidos bajo las órdenes de la mano derecha de Huang Hua.

Al entrar al Templo vimos a la líder ocuparse del equipo de curanderos, parando al vernos a Valkyon y a mí y acercándose.

Huang Hua: ¿Cómo ha ido? ¿Tenéis todos los huevos?

Valkyon: Casi todos... Se llevaron el negro.

Huang Hua: Elfos oscuros que sólo se llevan el huevo de dragón negro... No suena muy tranquilizador. No los quieren para venderlos, desde luego.

Mystika: Según Aemir, el Clan Valea tenía dragones negros.

Huang Hua: ¿Tú crees...?

Aunque parecía sorprendida, debió llegar a la misma conclusión que nosotros. Además, si existía una Rubí y un Aurus aquí en Eldarya, ¿por qué no iban a existir también descendientes de los otros ocho clanes Dragón y encontrarse en el mismo mundo?

Huang Hua se volvió un momento a los curanderos para decirles donde poner a los heridos menos graves y nos hizo un gesto para seguirla. Llegamos a la biblioteca del Templo, totalmente vacía y a oscuras a esas horas. En seguida encendió un par de linternas de queroseno, dejando una fija en la pared y la otra llevándola con ella hacia las estanterías del fondo de la sala.

Comenzó a buscar mientras iba iluminando los títulos a su paso, sacando alguno de vez en cuando. Yo leí cada tomo que colocaba en la mesa de estudio:

- Clan Sapira
- Clan Oker
- Clan Rubí
- Clan Valge
- Clan Valea
- Clan Aurus
- Clan Emrallt
- Clan Kan̄cu
- Clan Silfur
- Clan Bakri

Luego sacó algunos pergaminos, puso sus manos sobre la mesa y nos miró decidida.

Huang Hua: Aquí tenéis los libros que hablan de todos los clanes, sus alianzas, sus dragones, sus características y parte del linaje.

Mystika: Es mucha información...

Valkyon: Y un buen comienzo, mañana empezaremos a revisarlos.

Huang Hua: Bien, debo volver con mis compañeros, id a descansar, lo merecéis.

Valkyon y yo nos miramos, luego a los tomos que teníamos ante nosotros. Agarramos cada libro y cada documento y nos fuimos a nuestra habitación a dormir. De nada serviría ponerse a leer ahora, acabaríamos dormidos sobre ellos, mejor comenzar una vez descansados.

...

Despertamos cuando la habitación estaba totalmente iluminada, debía ser media mañana y aún así tenía la sensación de no haber dormido casi nada. Me giré en la cama y abracé a Valkyon por la espalda, rodeando su cintura con mi brazo. El agarró mi mano, la besó y se giró hacia mí.

Miré su cara somnolienta y retiré el pelo de su cara con una caricia.

Mystika: ¿Alguna vez te he dicho lo guapo que estás cuando te despiertas?

Valkyon rio aún con la voz ronca de quien acaba de despertar, lo que le hacía más atractivo. Me abrazó fuerte, notándole animado de buena mañana, y comenzó a darme besos en la mandíbula, subiendo hacia mi oreja.

Valkyon: {Tendríamos que levantarnos y leer esos documentos...}

Mystika: {Sí, cierto...}

Valkyon: {Entonces deberías detenerme}

Pero lejos de detenerle, le besé en la boca pegándome más a él. Él soltó un gruñido que hizo vibrar todo mi cuerpo. ¿Cómo iba a querer levantarme de la cama con Valkyon en ella?


[VALKYON]

Al final nos levantamos de la cama, quizás algo más agotados de lo que estábamos al despertar, pero con ganas de sumergirnos en la lectura sobre los clanes Dragón, sobre nuestros antepasados. Deseábamos poder encontrar no sólo información sobre posibles enemigos, sino lo más importante: mis orígenes. De ello podía depender el futuro de Eldarya o, quizás, de nuestra relación.

Nos vestimos rápido para ir a por algo de comer antes de comenzar la investigación y entonces comenzamos por el libro del Clan Valea. Era algo más urgente parar los ataques y recuperar el huevo de dragón en estos momentos que cualquier otra cosa.

Mystika leía con rapidez, pasando las hojas concentrada mientras yo ojeaba los documentos, donde explicaban donde estaba el hogar o los últimos asentamientos del Clan, tanto en la Tierra como en este mundo. Por desgracia se dejó de anotar hacía un par de siglos, y los que había anotado estaban medio en clave, con datos imprecisos y hablaban de lugares que a día de hoy no aparecían en el mapa. Lo único que parecía claro era que les gustaba crear sus poblados en zonas pantanosas y cálidas.

Mystika: Mira, estos son los últimos Dragones registrados en el árbol genealógico.

Me enseñó una intrincada trama de nombres de reyes, uniones y descendientes que comenzaban hace siglos, de cuando estaban en la Tierra y terminaba poco antes de la creación de Eldarya. El último Rey, Gide'onn, aparecía junto a dos recuadros, uno de una esposa muerta, la que fue Reina, y otro con interrogantes. De estos dos salía otro recuadro también con interrogantes, un o una descendiente desconocido.

Era, probablemente, la unión con una humana y su descendencia, desconocidos o secretos dadas las circunstancias. Fuimos recopilando toda la información relevante, apuntándola en una libreta, deseando que nos llevara a algún lado, o que le llevara a algo a los FengHuangs, que se encargarían de ese problema.

Mystika: ¡Mierda, mira Valk!

Mystika señalaba un pequeño apartado en el libro, algo difícil de leer por el desgaste de las hojas y la tinta, con una anotación al pie de la página. Me acerqué y entrecerrando los ojos leí en voz alta:
[... están acostumbrados a crear alianzas con seres y familias de naturaleza más oscura o corruptos. Entre ellos, se encuentran los Elfos Oscuros, con los que tienen relaciones desde el principio de los tiempos, así como con arpías, trolls y orcos.]
También existen rumores de una alianza con una de las Familias Fenghuang, la Familia Li, pero no hemos podido conseguir pruebas decisivas de ello.

Valkyon: Esto complica las cosas. Huang Hua debe saberlo de inmediato.

Mystika: Yo iré. Comienza con el de tu familia si quieres. Y atranca la puerta.

Me pareció exagerado lo de atrancar la puerta, nadie se atrevería hacer nada en el propio Templo, pero aún así lo hice por ella.

Luego volví a los libros y agarré el de mi familia buscando directamente la página del árbol genealógico. Como en el otro, había muchos nombres en un esquema interminable hasta el momento antes del gran sacrificio. Busqué los últimos antepasados escritos: Lance y Vigga. Ese tal Lance no podía ser mi hermano, el nombre no era el de nuestros padres y nunca se casó. Lo que sí era el descendiente directo de la realeza y Vigga su mujer, con el que no había registrada descendencia alguna. No había nada más. Podía ser que realmente no hubiera tenido descendencia en la Tierra, pero en teoría todos los Reyes y Reinas Dragon habían tenido descendencia híbrida con humanos. Puede que sólo no lo apuntaran.

(Lance... el nombre puede ser sólo una casualidad)


Llegué rápido a los aposentos de Huang Hua y piqué con energía deseando que estuviera allí y no tener que buscarla. El funeral por los caídos sería al anochecer, aún quedaban bastantes horas para eso.

La puerta se abrió y ante mi alivio apareció Huang Hua, algo sorprendida por mi ímpetu.

Mystika: Tenemos que hablar, en privado. Ya.

Sin pronunciar palabra, se apartó de la puerta dejándome pasar al interior. Por suerte estaba sola. Ella cerró la puerta y me miró interrogante.

Mystika: Siento molestarte, pero tengo algo muy importante que enseñarte.

Huang Hua: Siéntate y muéstramelo, por favor.

Me senté frente a ella en la mesita del té abriendo el libro por la página que necesitaba.

Mystika: Este libro es sobre el Clan Valea, aquí habla de sus alianzas y mira, este pie de página escrito a parte.

Entonces le señalé exactamente lo que tenía que leer y esperé. En cuanto terminó de leer pasó su mano por su cara como si pudiera borrar de su mente lo leído. Su piel había perdido unos tonos.

Huang Hua: Esto es... No sé ni qué decir. Si esto es cierto, teniendo en cuenta los acontecimientos, podría tener al enemigo alojado en casa.

Mystika: Sí, además no me dieron buena espina desde el primer momento, ocultan algo.

Huang Hua: Tendré que poner vigilancia a Valkyon, por si acaso.

Mystika: Uno de los elfos que le atacó dijo algo como: "Marguolaiz ir Brenin Aurus"

Huang Hua: Me temo que no conozco el idioma... Sólo entiendo "Aurus". Ellos saben lo que es. Tengo que encontrar a alguien que pueda traducirlo.

Mystika: Yo regresaré con Valkyon entonces, no quiero dejarlo solo con esos Li cerca.

Huang Hua asintió algo distraída, no la culpaba, era la líder de todos los clanes de su especie y al menos uno de ellos podía ser un traidor. Un traidor a la nuevas formas de hacer las cosas, a las nuevas leyes y, por lo tanto, un traidor a sus congéneres. Lo peor de todo era que no teníamos pruebas para tomar ningún tipo de acción, y con ello, Valkyon corría peligro. Quizás no entre las paredes del Templo, pero ¿qué pasaría en cuanto nos fuéramos?

Salí de su habitación aún más preocupada que antes, ya que Huang Hua no sólo no podía garantizar que la Familia Li fuera de fiar, sino que también sospechaba de ello. Cerré la puerta tras de mí y me dirigí a mi habitación.

Iba mirando de nuevo el libro sin prestar atención por donde pisaba hasta que casi me choco con alguien.

Mystika: ¡Oh, disculpa!

Elevé mi mirada de la hoja y me encontré con unos ojos negros y brillantes almendrados sobre una tez morena que me observaban con curiosidad a la par que desdén. En seguida la reconocí de la fiesta de bienvenida, la hermana de Malek.

Mystika: Huang Anahid.

Anahid: Mystika... Qué raro verte sola.

Mystika: ¿Algún problema con mi compañía habitual?

Ella no contestó, sólo sonrió de forma maliciosa. Y ahora que lo pensaba, quizás no tenían un problema conmigo de forma directa, no era por eso que no me miraban bien. Puede que todo fuera por Valkyon, por estar con él y esto no hacía más que avivar las sospechas de traición.

Mystika: Será mejor que no os acerquéis a mi prometido.

Anahid: Prometido eh... En fin, eres demasiado inteligente para tu propio bien.

Mystika: ¿Qué quieres decir?

Anahid: Que si realmente eres tan inteligente, harás lo que debes.

Mystika: ¿Y eso es?

La chica miró por encima de mi hombro, así que me giré de inmediato para ver acercarse a Malek con dos de sus hombres. Debían ser guardaespaldas o algo por el estilo debido a su tamaño y la actitud entorno a Malek.

Anahid: Por el momento, nos vas a acompañar.

Mystika: ¿¡Cómo!?

Anahid: Tu chico es fuerte, pero no va a poder hacer nada contra unos truquitos que teníamos preparados para él.

En cuanto intenté salir corriendo para ver si Valkyon estaba bien, cuatro manos me sujetaron firmemente, los acompañantes de Malek sin duda.

Anahid: Ven ahora o será la última vez que le veas.

CONTINUARÁ